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Versos de mujeres al indígena que se europeizó, humilló a la Galia y pidió tres pesos “para que Margarita nos diera de comer”.

Por: Dra. Lilia Granillo Vazquez,[1]
Universidad Autónoma Metropolitana—Azcapotzalco

Resumen


Esta investigación rescata voces poéticas femeninas de uno de los personajes históricos más interesantes para nuestro país y para la poesía patriótica, y la ocasión propicia es el Bicentenario del Natalicio de Benito Juárez. El rescate se ubica dentro de la atención que liberales y conservadores concedieron a la cultura en la construcción de la identidad nacional y contrastan con visiones masculinas. Concluye con notas acerca de los primeros festejos del 18 de marzo, seguidas de una selección de textos acerca de Juárez en la vida de las mujeres.

Dios te libre de los hombres que aspiran a ser reyes, una fiera es más razonable…
(Carlota de Bélgica,
cit por Payno, Ca 1898)
[2]


Uno: Literatura juarista

En 1910, escribía la española Emilia Serrano, Baronesa de Wilson, que la inmensa y en ocasiones árida tarea de relatar la historia de México y sus gobernantes, se volvía grata cuando se trataba de

…personalidades que inspiran respetuosa admiración, y cuyo nombre se pronuncia con cariño y se conserva en el santuario de los recuerdos, como pura esencia en berberisco búcaro, como ejemplo puro e inmaculado de esclarecido civismo y de abnegación por la libertad de los pueblos…hemos escuchado con frecuencia un esclarecido nombre siempre repetido con amor, siempre presentado como símbolo de honradez y sinceridad, de modestia y de virtudes sociales y domésticas… Hemos visto pasar los años y crecer este tributo de pública veneración, y como el tiempo depura los hechos, éstos agigantan cada día más en el vasto panorama de la historia la figura de Benito Juárez. (Baronesa, 1910, II:27)

Aseguraba antes Francisco Sosa, que a Juárez

…propios y extraños le proclaman el hijo más esclarecido de México en el siglo XIX. Tenoch fundando la nacionalidad mexicana: Cuauhtémoc llegando hasta el martirio por defenderla; Hidalgo proclamando su emancipación y Juárez salvando su independencia, son las cuatro grandiosas figuras que deben sobresalir en todo libros destinado a enaltecer a México…(Sosa, (1884), 1985, 322)

Y aun antes, Rosa Carreto, la poetisa que durante la Intervención Francesa organizara “una sociedad de damas en Puebla encargadas de proporcionar ayuda a los heridos y de concuirrir a los centros de salud y enviar medicinas a los frentes de combate” (Schneider, 1992, 10) rendía culto a la firmeza juarista en la Fábula XLVII, “La nieve y la piedra”, diálogo imaginario entre Maximiliano, el arrogante, y Juárez, el impasible:

Sí, contestó la piedra,
Eres hermosa
Y grande, pero en cambio
Eres muy fofa…
(Schneider, 1992, 126)

La literatura ha sido pródiga poéticamente en torno a la figura de Benito Juárez, un hombre de compleja interioridad y apariencia sencilla. Indígena de raza pura, liberal cultísimo que en la adolescencia aprendió a hablar y escribir lengua española –“castilla” según la nombran todavía entre las etnias-- ese gran antagonista de Napoleón y de la monarquía europea, merecer epístolas de celebérrimos autores y luchadores allende el mar, que se publicaron en las varias lenguas de los periódicos de todo Occidente. Muchos, como Víctor Hugo, celebran primero el triunfo republicano (“Tenéis razón en creerme con vosotros. No os hace la guerra Francia, sino el imperio…Orozco, 1998, 13); y horrorizados por el inesperado giro de los acontecimientos –¿era inimaginable acaso que el buen salvaje osara triunfar ahí donde los civilizados europeos fracasaron?-- suplican luego misericordia para la aristocracia, como Garibaldi, entre otros:

Enemigos, sin embargo de la efusión de sangre, te suplicamos .por la vida de Maximiliano. ¡Perdónalo! Te lo suplicamos los conciudadanos del general Ghilardi fusilado de orden suya por sus esbirros, ¡Perdónalo! Devuélveselo a su familia compuesta de nuestros carniceros como un ejemplo de la generosidad del pueblo que vence al fin pero que perdona. (Orozco, 1898, 24)

Tan admirado fue en la Europa de luchas nacionalistas el de Guelatao, que fervientes admiradores bautizaron a sus hijos en honor a Benito. Ejemplo típico fue el padre de Mussolini, aunque Juárez tal vez hubiera declinado honor tan dudoso, como declinó siempre vivir en Chapultepec. De ideología liberal inmaculada, logra atraer el apoyo de Lincoln, con lo cual reestablece uno de los vínculos más vivos de la nación mexicana, el de la estadounidense. Barras y estrellas se oponen a la invasión, más allá de lo imaginable y secundan los afanes liberales aún a costa de las ganancias propias. Este plebeyo oaxaqueño y su generación convencen al emisario europeo. El propio Conde de Reus, el General Prim valora la fuerza de lo liberal mexicano y pronuncia ante el Viejo Mundo la causa mexicana: Este país es libre ya y no aceptara de nuevo el yugo europeo, lo mejor que podemos hacer es respetar su soberanía y comerciar con ellos, antes que intentar dominarlos, según recuenta la Baronesa de Wilson.

Juan Sánchez ha escrito una Vida literaria de Benito Juárez en 1902, que reeditó la UNAM en 1972, con ocasión del centenario luctuoso. Más bien se trata de una vida académica, nos aclara en el prólogo álvaro Matute. Con todo, este documento evidencia también las dotes literarias de Juárez, dotes que se aprecian en las cartas familiares tanto como en los documentos de Estado, en la oratoria e incluso en la redacción legislativa. El estilo juarista merece ser estudiado en otra ocasión, también el estro poético, expresión solemne, letrada, clásica, libre del exaltamiento romántico que acaba en melodrama, cae siempre en lo que se convirtió entonces en “el buen tono”; dotó a la distinción –en términos de Bordieau—de un matiz peculiar. Universal por la trascendencia, microrregional por los orígenes, varón sorprendente de audacias viajeras, escapadas legendarias y rostro enigmático o inescrutable, habita en el eterno mexicano. ¿Qué poeta nacional lo es sin mencionar a Juárez? Amado Nervo se feminiza, lo venera como Padre, lo hace exclamar:

¡ Eras tú, mi Señor; tú que soñando
estás en el Panteón de San Fernando
bajo el dórico abrigo en que reposas
eres tú que en tu sueño peregtino,
ves marchar a la patria en su camino
rimando risas y regando rosas!
(Nervo, “La raza de bronce”,
1972 II: 1413)

Ser de inauditos enfrentamientos y argumentos casi imposibles, de exilios y migraciones que evocan los recorridos desde Aztlán,, de retiros a la vida provinciana y retornos a la tribuna, hombre de míticos renacimientos cual el Ave Fénix, contraste en plenitud como la cultura nacional mexicana. Bien escribía de él, en 1910, la Baronesa de Wilson [3] ,

Juárez como robusta encina expuesta al choque del huracán, como potente nave combatida en deshecha tempestad, hacía frente a tantos y diferentes elementos
(Serrano, 1910: II, 282)

Ni qué decir de tanta y tanta frase célebre, aforismo, apotegma y refranes que deambulan por los corredores de la vida pública y privada de la lengua española tanto en México como en el ámbito trasatlántico. Es pues Juárez emisor y receptor, autor y lector, inspirador, productor, transmisor y reproductor de un estilo literario y de tanta obra que bien cabría constituir ya la literatura juarista.


Dos: Rasgos de distinción

Acerca de la importancia del cultivo de las Bellas Artes en el México Independiente, afirma Beatriz de la Fuente:

Tanto liberales como conservadores entendieron la cultura como un vehículo para educar, unificar y dar rostro a la nación que había surgido del movimiento de Independencia. Dentro del proyecto de educación, la cultura y el arte fueron considerados como medios para mejorar la sociedad, la cual a los ojos de unos y otros debería ser transformada para lograr una nación libre, moderna y progresista, que estuviera a la altura de las otras naciones con las que se mantuvieran relaciones. La educación fue tenida como panacea a lo largo del siglo XIX, se pensó que a través de ella se llegarían a integrar todos los elementos de la sociedad y que asimismo se lograría “mano de obra” adecuada al progreso, así como sujetos cultos necesarios para la buena imagen y la efectiva comunicación con los países modernos ya instalados en el progreso.
(De La Fuente. 1985. 94-95)

Hacia 1840, la vida cultural en la Capital de la República quedó a cargo de los personajes acaudalados, que erán, además de pudientes, personas letradas, cultivados. Enriquecido el pasado colonial de la ciudad de México, manejaron la ciencia, el arte y la literatura. Hombres instruidos en seminarios locales, viajaron al Viejo Continente por su educación superior. Su formación eminentemente conservadora si acaso les permitía moverse hacia la política liberal moderada. Sus capacidades fueron orientadas para dirigir la vida cultural con propuesta de constitución de sociedades, asociaciones y organizaciones protectoras de la intelectualidad nacional de mediado del siglo XIX.

Por ejemplo, la Academia de san Carlos, fue amparada a la luz de la logia masónica escocesa; esto la impulsó políticamente y fue un centro dinámico que convocaba a la población española a partir de la Independencia. Desde ahí, los notables capitalinos se concentraron en captar otros grupos y sectores tanto económicos como culturales. En 1835, el liberal Valentín Gómez Farías establece el “moderno” Instituto Mexicano de Geografía y Estadística: Entre otras, retoman impulso la Academia de la Lengua, La Academia Nacional de Historia, inclusive estos varones cultos deciden las reformas de 1843 a la Academia de Bellas Artes en San Carlos. Hubo así una postulación tradicional, continuista que favoreció, apoyó e instrumentó el nacimiento de instituciones tutelares de la cultura y la creación artística. Tanto particulares como gobierno caminaron por la misma senda. Al tiempo, las tendencias liberales pudieron recorrer sus propios derroteros oposicionistas dejando ver la eficacia conservadora en la cultura; no así en política y economía, motivo por el cual se fortalecieron para implementar las reformas de la década del los cincuenta.

Cuando la vertiente liberal retomó el poder de la nación hacia 1855, se articula con la cultura la caída de la hegemonía conservadora. Se percibe cierta crisis tanto de creación como económica; se matiza el declive conservador por la perdida de suscriptores y apuntaló la efervescencia liberal moderada. Liberales fervientes -- recalcitrantes y radicales dirán algunos-- como Ignacio Ramírez o Melchor Ocampo, o Altamirano retoman entonces el liderazgo cultural, e incluso se apoderan de la Academia de San Carlos, último reducto conservador: tenían presente que hacia 1833, veinte años atrás, se había opuesto frontalmente al grupo liberal dirigido por Valentín Gómez Farias. Los notables de la época fueron soldados, juristas, polígrafos, periodistas, hacendados, que cambiaban la puma por la espada según la nación o la patria lo requirieran. La evidencia de su impronta en la República queda a la vista en la obra de la literatura nacional. Aunque, como los renacentistas ingleses, en realidad preferían la pluma. Tal como Juárez, cuya vida doméstica era ejemplar. Y es que la civilidad incluía a la cultura y el trato refinado.

A medida que esta facción (los liberales puros) obtuvo preponderancia política se fue apoderando de las instituciones y de las propuestas culturales que habían surgido de la iniciativa de los conservadores, trastocándolas en canales oficiales de carácter liberal. Ya fueran de tendencia liberal o conservadora, la actividad de los profesionistas estuvo ligada al gobierno donde desempeñaron diferentes cargos públicos, equilibrando la injerencia militar dentro del mismo., y su predominio fue mayor en le desarrollo y fomento de la cultura al ser en su mayoría fundadores de instituciones culturales, participar como miembros dentro ellas o bien patrocinar la injerencia militar dentro del mismo...)
(De La Fuente. 1985. 97-98)

La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística sustituyó a la Academia aristrocratizante e impulsó la domesticidad. Cabe notar que nuestro Benemérito no vacilaba en exponer sus ideas ni en mostrar sus sentimientos:

“Dicen los cronistas Justo Sierra, Pantaleón Tovar, José Díaz Covarrubias, Gabino F. Bustamante —testigos presenciales en el solemne acto del 15 de julio de 1867— que cuando la bandera de la patria majestuosamente fue izada en el mástil del Palacio Nacional, el Presidente de la República don Benito Juárez lloró. Así desbordó la emoción contenida en aquel rostro impasible que con anterioridad, desde las ocho de la mañana, había llegado acompañado del pueblo a la garita de Belén y Paseo de Bucareli, donde en un tribunal erigida lo esperaban las autoridades civiles y militares que le dieron la bienvenida, después de su titánica campaña en la que llevó al triunfo a las armas liberales contra la invasión francesa…

Las lágrimas surcaban aquel mediodía su rostro, al recordar a sus compañeros de armas que con sus vidas fecundaron anhelos de libertad. A los amigos entrañables que por mezquinos intereses lo habían atacado entre los que estaban González Ortega, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez y tantos liberales en los que él un día confió. Por la mujer amada que con él compartió el destierro y la amargura del luto; por quien una mañana de tantas, escribió un recado a un familiar que hoy al contemplarlo nos llena de emoción cuando de su puño y letra leemos: “Dale a Margaritas tres pesos para que podamos comer.

Ante Juárez, la nación mexicana se humaniza, se suaviza, se feminiza. Dígalo si no, Guillermo Prieto que se convirtió en la Musa Callejera:

“Afuera, en el zócalo, en las calles, el pueblo desbordaba el entusiasmo de acariciar su sueño hecho realidad con gritos de júbilo, deseos de mejoría, sin faltar la ironía sangrienta, pero realista de su musa popular:

—¡A qué susto, don Remigio,
Ya no queda ni vestigio
De la infame intervención!
—Pero usted ayer decía
Pestes contra el gorro frigio,
Y a Escobedo maldecía,
Y elogiaba a Miramón...
—¿Ayer? Eso era demencia... ¡Moriré al pie de un cañón Por la santa independencia! [4]
(Civeira. 1968. 94-95)


Tres: Más allá del Quijote, ni con la Iglesia topó…

Las expresiones republicanas de la época evidencian la extrapolación del poder espiritual al político, de lo sacro a lo profano con una prodigalidad digna de estudio. Noes que la Iglesia retroceda, es que Juarez convence tanto que incluso la vence: el malabarismo poético es más que metáfora o retórica, convicción enraizada en las profundidades del ser nacional. Ante Juárez, la liturgia religiosa y el discurso eclesiástico se secularizan. Más que acabar con el Estado Confesional, el discurso público se cristianiza, la independencia se canoniza y el Presidente es, de nuevo, el Sumo Sacerdote. El 21 de marzo se convirtió en capilla abierta simbólica. Veamos la primera vez que se festejó el cumpleaños juarista; dio la noticia el conocido diario El Monitor Republicano:

Era el 21 de marzo de 1858. El poder militar se enseñoreaba de la república. Entre el humo de los combates y la polvareda de las derrotas se veían dispersas las fuerzas y las esperanzas de la Reforma; de esta idea -Cristo que se había levantado en 1857 iluminando con la fe de Miguel Lerdo nuestro mundo político; que abandonada por Comonfort, recogida y enarbolada como un estandarte por Juárez, aparecía como un promesa de bien, blanqueando en un mar tormentoso, fijada cobre peligrosísimos escollos. (...)
En una tosca mesa del comedor de la hacienda (cercana al lago de Ectipaque, cercano a Guadalajara), se sentaba Juárez y los individuos ya mencionados como sus Ministros, Iniestra, Valle, León Guzmán, Matías Romero, Francisco Zendejas, Juan Mateos, Fernando Sort y otros pocos más.
Repentinamente invadieron el patio de la hacienda con estrépito multitud de indígenas, conduciendo en sus manos ramos de flores. Venían precedidos por alegres tamboriles, y se adelantaban grupos de bailadores gritando: “¡Viva el Presidente! ¡Viva Juárez” y lo rodearon, deshojando sus flores y diciendo mil tiernas palabras por su cumpleaños.
El sitio era humilde, los majares pobrísimos, la concurrencia se componía de los fragmentos del poder, y sin embargo, ¡cuán pura se sentía la alegría¡ ¡Cuán sincero el homenaje! Rebozaban en esperanza las almas, circulaba como una corriente magnética el presentimiento de triunfo. Aquella ente infeliz cubría de flores nuestro infortunio: parece que sabía que engalanaba su regeneración, deshojando rosas a nuestro paso. A Juárez se le veía grande como nunca. (...)
Así Juárez en 1858, derramando en el éter las semillas del evangelio de la Reforma, hallaba terrenos escondidos pero fértiles que acogían sus ideas. Cada palabra suya era la larva depositada en una conciencia. En Zacatepec, Ortega y los suyos, en Durango, Patoni: en Chihuahua, Muñoz, en Morelia, Huerta; en Veracruz, Zamora; en el sur, Álvarez; En Puebla, Llave, y en todas partes discípulos suyos, como en los días del cristianismo floreciente los discípulos de Jesús, le auguraban victoria, reían del peligro, confundían los honores de la muerte misma...” [5]
(Sierra. 1983. 7-11)

…La cívica ceremonia consistió en un discurso pronunciado por el señor licenciado Agustín Arroyo de Anda. A nombre de la “Asociación Patriótica Mexicana”; otro del joven José R. del Castillo, redactor de la Patria, quien hablo por la Prensa Asociada; otro del señor licenciado Apolinar Velasco; otro del señor coronel Lázaro Pavía, unos versos leídos por la niña Sara González, en representación de las escuelas lancasterianas, unos humildes cuartetos del que esto escribe, y por último, unas soberbias quintillas admirablemente recitadas por Juan de Dios Peza, que fue el héroe de la fiesta. Cada una de sus cinceladas estrofas, saludadas por triples salvas de merecidísimos aplausos, fue un latigazo del fuego aplicado al rostro de los cobardes villanos que aún se atreven a insultar la memoria de Juárez”.[6]

Dos días después, anunciaba el Diario del Hogar que el Ayuntamiento del Paso del Norte solicitaría a la Legislatura del Estado de Chihuahua, que se le diese la categoría de ciudad llevando el nombre de Juárez. (Sierra. 1983. 62-63) Seguramente entonces Juárez recibió con beneplácito juicioso y austeridad estratégica lo que parecía un gran reconocimiento. Hoy, ante el oprobio de la tragedia femenina llamada insulsamente “Las muertes de Juárez”, ante el dolor de las mexicanas que se protegen en asociaciones como “Nuestras hijas de regreso a Casa”, Don Benito, amoroso padre, esposo y ciudadano preclaro, declinaría ante la ignominia, el dudoso honor y se aprestaría a resolver tal oprobio y tanta injusticia. Recordemos hoy aquí las voces femeninas que en poesía han ensalzado a Juarez con la esperanza de que se rescate con ello el espíritu heroico que animó la palabra poética y las acciones públicas.


Selección poética

Saludo infantil [7]

Ilustre padre de la patria mía,
tú, de todos sus hijos el más bueno,
el que más apurara la agonía
al ver su pabellón lleno de cieno.
Tú, modelo de honor y de hidalguía,
que lleno de virtud y de fe lleno, supiste así vencer con tu constancia
la aspiración innoble de la Francia.

Hoy que la patria te saluda ufana
y que gloria por doquiera se pregona,
hoy que en mil ecos la nación indiana
himnos de amor a tu virtud entona;
por mi mano tus sienes engalana
y a su nombre te ciño esta corona:
ella es de tu virtud el premio solo,
la cual se canta ya de polo a polo.

Acéptala, señor. Enternecidos
tus amigos del alma te la ofrecen;
tus amigos sinceros, que hoy henchidos]
de placer y entusiasmo se estremecen
al ver que entre héroes mil esclarecidos]
tus glorias inmortales resplandecen:
por eso te la ofrecen este día,
y con ellos, señor, la madre mía.
Y que jamás, jamás de tu memoria
puedan borrar el tiempo y la distancia
este día el más grande de tu historia
¡y de vergüenza más para la Francia!
Y para conquistar completa gloria,
jamás olvides a la tierna infancia:
protégela cual padre dulce y bueno
y de mil bendiciones serás lleno.
(Magdaleno 1972, 24-25)

El beso de la pureza [8]

Tu grande gloria y tu victoria han sido
vencer al que jamás fuera vencido…
(Magdaleno 1972, 25)

Margarita [9]

Juárez tuvo dos amores
—México y su Margarita—
la esposa egregia y bendita
que soportó los mayores
peligros y sinsabores
por el prócer de más fama
y por lo mucho que ama
a sus doce hijos menores.

Floral ayuda exquisita
—emblema de su bondad—
esta dama fue en verdad
la celeste margarita
que guió a Juárez al progreso.
¡Por esto, con gran decoro,
está escrito en el Congreso
su nombre con letras de oro!
(Magdaleno 1972, 29) |Sigue>>


Selección poética
(Continuación) |Párrafo anterior

Musa Callejera[10]

Gran romance

I
Pisó la enferma
la tierra veracruzana,
y entre vivas de contento,
y entre estrepitosas salvas,
las jarochitas nerviosas
de cachirulo y mascadas,
y sus gruesos tabaquillos,
las negras más descocadas;
de la nacional milicia
no se diga ni palabra,
que era una hoguera brillante
por lo valiente y lo guapa.
como en procesión entramos
al relumbrar de las hachas,
redoblando los tambores,
repicando las campanas,
y agolpándose la gente
a mirar a los que pasan.
Iba el primero el gran Juárez,
a quién Zamora acompaña,
y a quien adoraba el pueblo
porque era muy grande su alma.
Manuel Ruiz, ministro enclenque,
detrás de Juárez Marchaba
con León Guzmán, que ufano
en su brazo se apoyaba;
seguía la comitiva
de la gente más granada;
agitaban sus pañuelos
en los balcones las damas
y nos arrojaban flores
por puertas y por ventanas.
Así los recibió alegre
la bien preparada casa
en Puerta merced famosa
con esmero preparada.

II
INTIMIDADES

instaláronse en la casa
que fungía de palacio,
Ocampo y Prieto reunidos,
y Juárez en otro cuarto
que por su facha modesta
y su ausencia de aparato
era para el camarista
sin duda predestinado.
Estaba la azotehuela
vecina, vecino el baño
con otros departamentos,
que mentarlos no es del caso,
Juárez sólo se servía
por no molestar al criado.
Al despertar con el alba
tomaba frío su baño,
lo mismo en Paso del Norte
que en Veracruz abrasado.
Levántase con la aurora
Juárez y la agua sobrante
de la cara y de las manos
sacaba en una bandeja
con el mayor desenfado,
cuando topó con la criada
que tenía encomendado
el gobierno de la casa,
que era negra de alto rango,
con la malicia en los ojos,
los retobos en los labios,
la ligereza en el cuerpo,
y lo manola en el garbo.
Y ésta del desconocida
oyendo la voz de mando,
le dijo casi con ira
—¡habrá indio más igualado!
El agua lleve si quiere,
yo no sirvo a los lacayos—.
Juárez, humilde en silencio,
tiró el agua y volvió al baño,
el arranque de la negra
con sonrisa celebrando.

III
EL ALMUERZO

A la hora del almuerzo,
y de Juárez en espera,
ministros y convidados
se formaron en la puerta,
y detrás de aquella valla
esta esperando la negra
quién será el presidente
para darle preferencia;
ya se fijaba en Ocampo
y le hacía horrenda mueca,
ya en Guzmán, mostrando dudas,
por su traje y cara enferma;
ya en mí, a quien todos trataban
con confianza y con llaneza.
Oyóse ruido de pasos,
sale un hombre de las piezas,
todos con gran compostura
le hacemos la reverencia;
y la negra soltó un grito
emprendiendo la carrera,
este, le grita: “Petrona”
(nombre de la heroína nuestra).
—No me detenga crijtiano,
déjeme usted que me muera,
porque no hay mujer más bruta
en toditita la tierra—.
Juárez serenó a Petrona
refiriéndonos su anécdota,
y de cariño y confianza
le dio repetidas muestras.
Aquello mostró de Juárez,
la bondad y la modestia,
que eran entre sus virtudes
sin disputa las primeras
columnas en que estribaba
su indisputable grandeza.[11]
(Magdaleno 1972, 53-54)

Margarita Maza de Juárez

Bello su rostro, inmensa su ternura,
a la hora del placer desparecía;
más derramando el bien, resplandecía]
en momentos de prueba y amargura.

Al herirla implacable desventura,
la familia, en su seno, guarecía
como ave amante que polluelos cría,]
del halcón desafiando la bravura.

En medio del poder, de lauros llena,
su pobreza sublime recordaba,
de vil jactancia y vanidad ajena,

y del regio palacio desertaba
para aliviar solícita la pena
del que en miseria y soledad lloraba.]
(Magdaleno 1972, 55)

¡Oh, padre de los libres! [12]

En cambio de los gritos que la escoria]
aún alza en tu redor con insolencia,
yo quiero consagrar a tu memoria,
de mi cítara humilde, la cadencia.

¡Oh, padre de los libres, cuya gloria
se levanta inmortal en mi conciencia!]
El derecho te debe su victoria
y la patria su santa independencia.

¡Honor a quien salvaba en su camino,]
por mares y desiertos solitarios,
la causa que amparaba la justicia!

Que luchó como un león con el destino,]
y humillando el poder de sus contrarios,]
triunfó de la traición y la malicia.
(Magdaleno 1972, 88)

.. HIDALGO [13]
(fragmento de un Canto)

¡Oh! cuantas veces
cuando la luz del moribundo día
bañando el horizonte
los pálidos celajes encendía,
y la sombra ligera
del apartado monte
iba triste ganando la pradera
y el rumor de la tarde se apagaba
y sólo entre la yerba se escuchaba
del insecto perdido
el tenue y melancólico zumbido,
la soledad y la quietud buscando,
triste y absorto en su pesar profundo]
atravesando el rústico sendero
sin recordar al mundo,
guiaba sus pasos al tranquilo otero.
Ni bastaba a sacarle
del éxtasis que entonces le embargaba]
el saludo de humilde peregrino,
ni el canto de los rudos labradores,
ni respetuoso adiós que en su camino]
le daban los pastores,
ni las últimas notas que suaves
al despedir al sol lanzan las aves.

Sentado en una peña, o sobre el tronco]
del árbol derribado,
apoyada la barba sobre el pecho
y en piélago insondable de confusos
y grandes pensamientos, abismado,
cavando, sin sentirlo,
con el bastón la removida tierra,
se agrupaban en su alma generosa
las imágenes fieles de la guerra.
parecíale oír entre las sombras
el eco de los bélicos clarines,
y alzarse ante su vista
por mágicos conjuros evocada,
la sangrienta batalla encarnizada;
y escuchaba el cargar de los pesados]
y fieros escuadrones,
y los fuegos cerrados,
y los gritos de indómitos soldados,
y fuertes batallones
cruzando la extensión de la llanura
entre la nube obscura
de humo y polvo que se alza del combate;]
el terror infundiendo los cañones
entre torrentes de rojiza llama
vomitar con estruendo
un huracán de bronce, que bramando,]
va al exterminio por doquier sembrando,]
y la confusa y ronca gritería,
y ayes, maldiciones y gemidos,
y pesado rodar la artillería,
y confusos ruidos
en rumor espantoso confundidos.

Más el combate dura y más se empeña.]
Abre Hidalgo los ojos con espanto,
y es que duda si sueña
o si es la realidad; mas el encanto
disipa de repente
desde la aldea cercana
el pausado tañir de una campana,
se deshacen ligeras
las imágenes todas del combate,
e incierta entre el dolor y la alegría
aquella alma, por fin, vuelve a la tierra]
meditando si en esa profecía
que muestra el porvenir en lontananza,]
se encierra el desengaño o la esperanza.]
(De Llorca. 2003. 137-139)

POETISAS MEXICANAS [14]

EL 5 DE MAYO DE 1862

Jamás ¡oh Patria! imaginar pudiste
Que á sonar en tu playa volverían
Europeos cañones,
Cuando á tu suelo americano diste
Por muralla tu noble independencia,
Por obstáculo el odio que sentiste,
Y un mar de hirviente sangre entre tus lares]
Y su ambición territorial pusiste.
Mas defraudada tu feliz certeza,
La buena fe de tu esperanza hollada,]
Atónita de pronto contemplaste
Que el pueblo hermano, la nación querida,]
Cuyas nobles proezas celebraste,
Aquella cuyos hechos aplaudiste,
Cuyas manos amantes estrechaste,
Obedeciendo el bárbaro mandato
De un déspota altanero,
Ahogada con el yelmo de Luis once
Las ideas progresistas en su frente;
Y loca, inconsecuente y temeraria,
Venía á ensayar contigo en el presente]
Su guerra de conquista legendaria.
Débil tú ante su fuerza, ante su fama;]
Desconocida, obscura, sin renombre,]
Te alzaste erguida ante la vil afrenta;]
En sostener tu honor no vacilaste,
Y á los sables blandidos en Magenta
Tu valeroso pecho presentaste.

En el combate desigual y fiero,
En la lucha homicida,
Día de gloria la fortuna quiso
Conceder á tus armas , y ese día
En aquel que cantó tu poesía,
Que en letras de oro consignó tu historia,]
Y el que hoy contempla la memoria mía]
Como un destello de tu noble gloria.
Si fué efímero el triunfo que lograste;]
Si después á la fuerza sucumbiste,
Esa página bella no borraste;
Ella en la fojas de tu vida existe,
Y te revela que el altivo pueblo
Que se alza y lucha, que combate y muere,]
Puede erguir sin sonrojo la cabeza.
Hay ideas que ensalzan al vencido
Y dan al vencedor triaste memoria:
Es Leónidas más grande en su caída
Que Jerjes el tirano en su victoria.

Conserva, Patria, el lauro que ganaste,]
aunque pequeño ante la Europa sea;]
No son los pueblos niños los que obtienen]
Los grandes triunfos, ni por siempre ondea]
La enseña vencedora.
Los pueblos todos al nacer lloraron;
Antes de ser señores siervos fueron
Y por grandes catástrofes pasaron.
La misma Galia que humilló tu frente,]
Fué esclava un tiempo del romano imperio,]
Y aun en la cumbre ya de la grandeza,]
Más de una vez los golpes de la suerte]
Doblar la hicieron la triunfal cabeza.
Así después del sol resplandeciente
Que la epopeya de Wagram alumbra,]
Alza Moscow su nieve en la tiniebla
Y Waterloo su fango en la penumbra.

Los grandes cataclismos de los pueblos]
Son impulsos que van hacia el progreso,]

Y tú aprendiste en las lecciones rudas]
Que la experiencia en tu pasado inicia,]
Que si la fuerza bruta disminuye,
La que nunca desciende es la justicia.]
Y hoy que comprendes al través del tiempo]
Que fué un puñado de invasores, sólo]
Esclavos de un tirano,
El que intentó matar tu autonomía,
Al mismo tiempo que tu triunfo cantas,]
Generosa é indulgente en tu hidalguía,]
Al pueblo liberal otra vez tiendes
Tus brazos fraternales y tu olivo;
Que si la Francia autómata y esclava
Bajo el mando imperial te era enemiga,]
Hoy, que su yerros el pasado allana,
La Francia de Gambetta fué tu amiga,]
Y la Francia de Thiers será tú hermana.]
(Vigil. 1977 104-106)

EN EL 16 DE SEPTIEMBRE DE 1862 [15]

No en lo pasado a su virtud modelo
Ni copia al porvenir dará la historia;
Ni el laurel inmortal de su victoria
Marchitarán los siglos con su vuelo.
GERTRUDIS G. DE AVELLANEDA

Marcó el dedo de Dios la hora suprema]
Que libertar á México debía;
Y á un esfuerzo sublime, la cadena
Rota cayó que el cuello le oprimía.

El mundo de Colón fué esclavizado
Tres siglos por el déspota orgulloso;
Más una voz se escucha, y conturbado]
En su alto asiento retembló el coloso.]

Grita Hidalgo, y Allende, el gran Morelos,]
Y otros mil esforzados campeones,
Que elevando su fama hasta los cielos]
Tremolaron del libre los pendones.

Y á mi Patria dejaron por herencia
Honor y libertad, grandeza y gloria,
Afianzada su noble independencia,
Y una brillante pagina en su historia.

Y se levanta una nación potente;
Soplo de libertad mece su cuna,
Y vencido quedo el león rugiente
Por el águila audaz de Moctezuma.

Las más grandes, las ínclitas naciones,]
Saludan á la reina de Occidente;
Y ella levanta su orgullosa frente,
Y enarbola sus altos pabellones.

Mas ¡ay! Que en nuestro hermoso y rico suelo]
Sus gérmenes dejara el despotismo;
Y cubriendo sus miras con un velo,
Abre bajo sus pies profundo abismo.

El odio y la venganza son su tea
Encienden la discordia despiadada;
La mano fraticida en la pelea
Hunde en el seno fraternal la espada.]

Apenas ¡ay! Su bazo ensangrentado
Descansa de una guerra asoladora;
Respira apenas el pecho destrozado
El aura de la paz consoladora;

Cuando allá lejos, en su rabia loca,
Desata la traición nueva tormenta;
Y de nuevo la Patria se ensangrienta;]
Y de nuevo á la lucha la provoca.

Y ávido de poder, sediento de oro,
El tirano, lanzando el anatema,
Quiere arrancar de América el tesoro]
Para incrustarlo en su imperial diadema.]

Y surcaron las naves invasoras,
Henchidas de guerreros, nuestros mares;]
Y sus fuerzas injustas y opresoras,
Inundan nuestras playas á millares.

Faltando á su palabra, á su decoro,
Adelantan sus fieros escuadrones,
Sellando su perfidia y su decoro,
Preñados de metralla sus cañones.

El mexicano, cual león herido,
Que así mira ultrajado su derecho,
Valiente opone su desnudo pecho,
Y lanza de la guerra el alarido.

¡Viva la Patria y mueran los tiranos!
Grita furioso y entra en la pelea;
Y aunque cansadas de luchas sus manos,]
Incendio asolador doquiera humea.

Su denuedo incansable y esforzado
En la lucha decide su destino;
Y muerde el polvo, y huye avergonzado]
El que venció en Magenta y Solferino.]

Jóvenes bellas de la Patria mía,
Cubrid de flores su enlutada fosa;
Llorad con gratitud sobre la losa,
Que está cubriendo su ceniza fría.

¡Gloria! ¡ Gloria por siempre á los valientes,]
Que dar honor á México supieron!
¡Qué aureola inmortal ciña las frentes]
De los que por la Patria sucumbieron!]

Mas...... pronto, mexicanos,
Aprestaos al combate;
Del francés el embate
Os vuelve á provocar.
Saltan ya en nuestras playas
Sus fieros batallones;
Sus soberbias legiones
Manda el tirano audaz.

Corred, salvad la Patria,
Valientes mexicanos,
Que tiemblen los tiranos;
Que tiemble el opresor.
Pelead bajo la sombra
Del pabellón de iguala:
¡él la senda os señala
De libertad y honor!

Justa y noble es la causa
Que defendéis valientes;
Ceñirá vuestras frentes
El vencedor laurel.
Dad lección de grandeza
Al necio que os insulta,
Cuya palabra oculta
De la traición la hiel.

Corred, la Patria os llama;
Oíd...... el cañón ruge;
Al enemigo empuje
La tierra tiemble ya.
Jurad vencer valientes
O perecer con gloria,
Y vuestra es la victoria......
¡México triunfará!
(Vigil. 1977. 354-357)

Fábula XLVII
La nieve y la Piedra [16]

Cierta ocasión le dijo
   la nieve blanca
á una pequeña piedra
   que cerca estaba:
   Amiga mía,
lástima me da verte
   tan pequeñita.
Yo á más de ser hermosa,
   puedo, si quiero,
aumentar mi volumen
   á un grado inmenso.
   Quizá mañana
tendré mayor tamaño
   que esas montañas.
Sí, contestó la piedra,
   eres hermosa
y grande, pero en cambio
   eres muy fofa,
   y tu grandeza
quizá mañana mismo
   desaparezca.

También suele haber hombres
   en este mundo
Que tienen la creencia de valer mucho;]
   Pero se engañan
Pues sí mucho parecen,
   No valen nada.

Schneider, 1992, 126-127




NOTAS:
NOTAS:
[1] Dra. Lilia Granillo Vazquez
Profesora titular del Departamento de Humanidades; responsable de la investigación registrada ante Consejo Divisional de Ciencias Sociales y Humanidades # 282, Historia documental de las mujeres en México e Iberoamérica.  |Arriba
[2] Recomendación de Carlota a María Victoria, Duquesa de Aosta, esposa de Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Emmanuel II, para que no acepte ser reina fuera de Italia (tras la caída de los Borbones en 1870, Amadeo fue electo Rey de España, pero renunció en plena segunda guerra carlista, en 1873, en (ver Igler, 2001, 307), “Carta de Doña Carlota, ex - emperatriz de México, a Duquesa de Aosta,”Ca. 1870. … Teissl (2001, 104) duda de la autoría y distingue entre los aplausos para Carlota en Leipzig, y los que Payno pudiera recibir acá, cita a Vargas Rea, Ca. 1940, que la prologa para una Biblioteca Aportación Histórica Mexicana así “Esta preciosa carta fue leída ante una junta de la Sociedad Hispano Americana de Leipzig en 1883, y aplaudida con frenesí, dos años después se publicó en la Revista Germánica Teissl abre una investigación sobre la autenticidad de tan singular expresión; argumenta que la Carlota de Payno asume que los asesinos del Imperio fueron la ambición femenina –la de ella--, la de la aristocracia europea y la de los plebeyos mexicanos, “aquellos hombres que nos vinieron a buscar…” La desastrosa aventura del Imperio Mexicano da pie a la recomendación.  |Arriba
[3] aristócrata española que pasó gran parte de su vida en América, y que emprendió la historia de México y sus gobernantes de 1519 a 1910, bajo el amparo de Porfirio Díaz como marco para el Centenario de 1810.
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[4] EL SIGLO DIEZ Y NUEVE. México, sábado 27 de julio de 1867.  |Arriba
[5] EL MONITOR REPUBLICANO. —Editorial. —Cumpleaños del Presidente de la República. —. Recuerdos de 1858. —Diez años después. Recuerdos de 1858. —México, marzo de 1868  |Arriba
[6] EL SIGLO DIEZ Y NUEVE. —Charla Semanaria. —México, 24 de marzo de 1888.  |Arriba
[7] Anónimo
La reseña de las festividades organizadas para recibir al Benemérito el 15 de julio de 1867, consigna la gran manifestación en su honor. Un grupo de niñas, en tal acto se acercó al señor Juárez y le colocó una corona de laurel; otra de estas mismas niñas leía entretanto los versos del anterior “Saludo Infantil”. Nada más hermoso que este homenaje al presidente Juárez, hombre de vida privada intachable, y padre, dentro del hogar que compartió con la dignísima Maza, de varios hijos.  |Arriba
[8] Niña Luisa Baz
Según la crónica del soldado, periodista y poeta don Pantaleón Tovar, el dístico anterior iba bordado en un pañuelo donde también lucía el águila de nuestra bandera; pañuelo que fue obsequiado por la niña Luisa Baz al patricio restaurador de la república, don Benito Juárez, en el banquete ofrecido a éste el 15 de julio de 1867. Podemos titular esta bellísima composición, certera en su brevedad, “El Beso de la Pureza”.  |Arriba
[9] Galileo Cruz Robles
Entre las composiciones que con mayor donaire interpretan las niñas de México, se encuentran esta octavas a doña margarita maza de Juárez. Su autor es don Galileo Cruz Robles, poeta muy estimado en el estado de Chiapas, donde nació en 1887. Don Galileo es médico y mayor del ejército y, orgullosamente, ostenta el título de “veterano de la Revolución”.  |Arriba
[10] Guillermo Prieto
Verso publicado en la célebre colección "Musa Callejera"  |Arriba
[11] diciembre de 1896 |Arriba
[12] Rosa Espino
es el heterónimo femenino de Vicente Riva Palacio. |Arriba
[13] Josefa Murillo
La exquisita poetisa veracruzana, nació en Tlacotalpan, Ver., en 1860 y falleció en esta misma población en 18898. Don Amado Nervo nos la presenta en tres palabras: “Vivió escondida y murió en flor... como una violeta.” Agreguemos que estudió en su ciudad natal y a los 15 años de edad publicó su primer libro de versos. Su obra fue dada a conocer por el novelista don Cayetano Rodríguez Beltrán en 1899, en un homenaje póstumo.   |Arriba
[14] Laureana Wright de Kleinhans |Arriba
[15] Guadalupe Calderón  |Arriba
[16] Rosa Carreto  |Arriba

BIBLIOGRAFÍA:
Arriba
  • Barones de Wilson, (Emilia Serrano) 1910, México y sus gobernantes, de 1519 a 1910, Biografías, retratos y autógrafos (iconografía completa) con una reseña histórica anterior al descubrimiento y conquista, Editora Nacional, México, 2 t
  • De la Fuente, Beatriz, 1985, Las Academias de Arte. VII Coloquio Internacional en Guanajuato, Instituto de Investigaciones Estéticas. UNAM. México. 1985. p.362
  • Igler, Susanne y R. Spiller, (eds), 2001, Más nuevas del Imperio, Estudios interdisciplinarios acerca de Carlota de México, Universitat Erlangen—Numberg, Vervuert Iberoamericana, Alemania.
  • Orozco, Ricardo, 1998, La muerte de Maximiliano de Habsburgo, Centro de Estudios Históricos del Porfiriato CEHIPO/Centro Comunitario Cultural y Librero México y lo mexicano, México
  • Schneider, Luis Mario, 1992, Rosa Carreto, Obras completas, Comisión Puebla V Centenario, México
  • Sosa, Francisco, 1985, Biografías de Mexicanos Distinguidos, (1a ed. 1884), Porrúa Sepan Cuantos, México
  • Teissl, Vereina 2001, “Carta de Carlota: enigma de un escrito o crónica de una investigación (work in progress)”, en Igler, Op. Cit., pp. 103—117, y Anexo, 307 a 315.