Los Cromberger: una imprenta de Sevilla y Nueva España
Por: Luisa Martínez

Para citar este artículo: Martínez, Luisa, 2003, "Los Cromberger: una imprenta de Sevilla y Nueva España". Disponible en el ARCHIVO de Tiempo y Escritura en http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/loscrombergerunaimprentadesevilla.htm

Los primeros impresores españoles tendieron a instalar sus imprentas en centros de comercio debido entre otras cosas: al capital necesario para establecer las imprentas, el alto costo del papel, la lenta recuperación de la inversión y especialmente, los problemas de distribución. Durante el siglo XVI la tipografía española estuvo rezagada sin seguir la evolución generalizada de otros países. Durante muchos años predominaron los tipos góticos, el papel malo y los grandes formatos por lo que la apariencia del libro siguió siendo, ya muy avanzado el siglo, la del incunable.

España fue mercado de libros importados y un lugar donde se establecieron impresores y libreros de fuera, pues siguieron abundando los extranjeros, muchos de ellos representaban intereses familiares y de familias de otros países, sobre todo alemanas. La importación era considerable y se recibían libros jurídicos y textos clásicos principalmente de Italia y Francia. Esto se explica por varias razones: En primer lugar la situación de España y los elevados gastos de envío a los mercados internacionales, donde los españoles no podían competir con la producción local. En segundo lugar, la falta de espíritu comercial de las clases ricas, que no quisieron entrar en el negocio por el sentimiento generalizado de que las personas nobles o superiores no debían intervenir en actividades mecánicas y consecuentemente no le prestaron ayuda económica. Por último, tal vez la razón más importante fuera la pobreza e incultura del mercado interior, con pocos centros docentes, pocas ciudades populosas, carente de recursos económicos y con escasa capacidad para la lectura y afición a ella. Principalmente obras religiosas, novelas y obras históricas publicaron los impresores del gran centro comercial que era Sevilla, entre los que destaca la familia Cromberger, con tres miembros, Jacobo, Juan y Jácome, que rigieron sucesivamente el negocio.

Jacobo Cromberger, padre de la dinastía de impresores sevillanos, a principios del siglo XVI se encontraba en una buena posición para seguir con una brillante carrera de impresor y comerciante. Era propietario de la imprenta y del material que utilizaba, además Sevilla era un lugar muy bien situado para el desarrollo de sus actividades[1]. En una época en la que el transporte por tierra era lento y caro, los centros de la imprenta más importantes necesitaban acceso a los ríos o al mar, cosa que favoreció a ciudades como París, Venecia, Amberes y Sevilla.  Sevilla tenía una tradición de comercio con países mediterráneos, con Portugal y con el norte de Europa. Esto era importante para la imprenta española, ya que importaba grandes cantidades de papel, de mayor calidad, a Italia y Francia principalmente[2]. Los impresores sevillanos se preocuparon tanto por exportar sus libros como por satisfacer la demanda de la ciudad. Para esto era importante, si se quería recuperar la inversión en un tiempo adecuado, que los libros se distribuyeran en las ferias importantes así como en otras ciudades[3].

Jacobo Cromberger escogió bien la ciudad de Sevilla, porque los importantes centros de población del sur de España y de Portugal, que constituían su mercado potencial, no tenían imprentas o estaban inactivas. En la mayoría de estas ciudades había catedrales que encargaban grandes ediciones de obras litúrgicas y en ellas había también salida para libros más populares. “Hay constancia de unas 300 ediciones realizadas en Sevilla desde 1501 hasta 1520, mientras que sólo se hicieron 39 en Lisboa”[4]. Desde 1504 hasta su muerte en 1528, Cromberger dominó la industria ya que alrededor de dos tercios de los libros impresos en Sevilla salieron de su imprenta y esto lo sabemos porque la mayoría de los libros de los Cromberger llevaban su firma. Otro aspecto que ayudó a que Sevilla fuera un centro ideal para la imprenta, fueron los esclavos, que aparecían  como parte de las herramientas del taller. En 1540, cuando se hizo el inventario de la herencia de Juan Cromberger, los esclavos de la imprenta fueron también enumerados: “había tres negros que eran batidores, y un negro y un esclavo blanco (posiblemente árabe) que trabajaban como tiradores”[5].

Es muy probable que a semejanza de muchos artesanos sevillanos embarcados en  muchos negocios, se echara mano de la numerosa población esclava por la que Sevilla era famosa en el siglo XVI y la empleara para reducir costos de mano de obra. No es de extrañarse que Cromberger hubiera utilizado esclavos de mano de obra, ya que en el contrato entre Juan Cromberger y Juan Pablos del 12 de junio de 1539, se acordaba la entrega de ciento veinte mil maravadíes, cien mil destinados al costo de la prensa, tinta, papel y otros aparejos, y el resto para pagar el flete y los pasajes de la esposa de Pablos, Gerónima Gutiérrez, de un ayudante, Gil Barbero y de un esclavo negro llamado Pedro[6]. Otra ventaja que ofrecía Sevilla que resultaría decisiva para Jacobo Cromberger fue el monopolio que se le concedió a la ciudad del comercio con las Indias, que acababan de descubrir. En la primera mitad del siglo XVI Sevilla fue una ciudad que ofrecía oportunidades únicas para las dos actividades a las que se dedicaría la familia Cromberger: la imprenta y el comercio. Inicialmente Jacobo Cromberger se dedicó sólo a imprimir. La primera edición que lleva su firma es In magistri Petri Hispani Logicam indagatio de 1503, pero durante toda la carrera de Jacobo y de sus sucesores se dedicaron a imprimir toda clase de libros.

El contraste entre los libros breves y otros mucho más largos indica que mantenía sus prensas ocupadas con obras cortas en los períodos existentes entre la impresión de libros más ambiciosos además de las impresiones baratas le proporcionaban ingresos necesarios para compensar las inversiones de las obras más costosas. En París, al menos, el capital invertido en una edición de un libro importante podía ser incluso mayor al costo de instalar una imprenta, por lo que se puede apreciar lo importante que era para el impresor asegurar que algunas de sus ediciones proporcionaran ganancias inmediatas[7]. Los pliegos sueltos, certificados, indulgencias y otros impresos efímeros deben haber sido importantes en esa estrategia, aunque casi nada se ha conservado de estas ediciones, pero gracias a los inventarios de las librerías de la época podemos darnos cuenta de las ediciones en pliegos. En 1528, la tienda de Jacobo contenía 50,500 “pliegos de coplas”; 21,000 “pliegos de oraciones”: más de 10,000 “pliegos de imágenes”; 3,000 “Rosarios de Nuestra Señora”; y cantidades menores de cartillas, y “artes de canto llano”[8]. Estos pliegos sueltos se vendían en las esquinas amarrados  a un cordel conocido con el nombre de “cordeles de ciego”, ya que eran los ciegos los encargados de contar de memoria, las noticias y coplas que vendían. Este sistema fue el antecesor de los puestos de periódico que conocemos actualmente.

Jacobo Cromberger complementó sus actividades editoriales de dos maneras. La primera, hizo varias ediciones por contrato, especialmente de obras litúrgicas que lo hicieron famoso en España. Esta clase de obras era muy costosa, especialmente los misales que eran caros de componer y lentos de imprimir ya que estaban impresos a dos colores por los dos lados del pliego, tenían una diversidad de tipos y exigían una cuidadosa corrección de pruebas. Era costumbre que las autoridades de la iglesia dieran un adelanto en dinero, pergamino o papel antes de que se comenzara el trabajo, ya que estas obras solían hacerse por contrato, lo que aseguraba que las prensas funcionaran sin largos períodos de inactividad y que los ingresos se produjeran a un ritmo regular. La segunda es que parece que Cromberger cimentó su negocio en una base económica lo suficientemente sólida como para poder diversificar sus actividades de impresor y editor. Desde 1508 Cromberger desempeñaba, además, el papel de librero y desde entonces hasta el fin de su vida, Jacobo vendió libros a gran escala y organizó una gran red de distribuidores, que iban desde el vendedor callejero hasta los grandes mercaderes de libros que recibían envíos de miles de libros y pagaban facturas de doscientos ducados o más[9].

A su muerte, la red comercial constaba en la lista de las deudas que tenían con él numerosos libreros, lo que permitió descubrir sus mercados más importantes. Vendió sus libros por toda España, Portugal y se sabe que se vendieron hasta en Alemania[10]. Además del negocio de los libros Jacobo empezó  a invertir en bienes raíces a partir de 1510. La mejora en los negocios implicó también la expansión de sus actividades de impresor y librero y aunque Cromberger nunca tuvo un mecenas lo que si tuvo fue el monopolio de ediciones litúrgicas en Sevilla y una estrecha relación con el cabildo sevillano, lo que cimentó su reputación, además de proporcionarle grandes beneficios de todo tipo. Otro trabajo que le trajo muchos beneficios fue la impresión de indulgencias, de las que imprimió miles. Sólo para la diócesis de Jaén imprimió 36,000 entre 1514 y 1516[11]. Los impresores podían tener grandes beneficios con las indulgencias, si eran poco escrupulosos e imprimían ejemplares de más que vendían por su cuenta. En 1512 vendió algunos pliegos de grabados de madera y dos mil “cartyllas de enseñar a leer” a una expedición franciscana que partió para evangelizar a los indios del Caribe. Este es el primer contacto con las Indias que se le conoce (y el primero conocido entre un impresor y el Nuevo Mundo) pero no lo prosiguió hasta la década de 1520-1530. Dos acontecimientos muy diferentes afectaron las actividades de Cromberger, uno fue la caída de Tenochtitlan y el otro fue el casamiento de su hija Catalina con Lázaro Nuremberger, un alemán con mucha experiencia en comercio internacional que organizaba el comercio entre el resto de Europa y el Nuevo Mundo a través de Sevilla.

Jacobo y Lázaro emprendieron grandes empresas en el comercio con el Nuevo Mundo. Cromberger se había embarcado seriamente en el comercio  con las colonias en una época en la que le estaba legalmente prohibido por el hecho de ser extranjero y Lázaro tuvo la necesidad de recurrir a prestanombres quienes le debían favores o dinero. Esto terminó al ser los primeros alemanes que obtuvieron una licencia para viajar a las Indias y comerciar con las colonias en el año de 1525, como resultado de solicitar el favor al emperador un año antes[12]. Jacobo cultivó a los altos dignatarios de las colonias como Fray Tomás Ortíz, Vicario General de Nueva España con quien tuvo relación con la exportación de tejidos a Santo Domingo, con Juan Francisco, un antiguo colega que había ido como factor de la familia a la Española y, el más importante para efectos de este estudio fue Fray Juan de Zumárraga, obispo electo de México que en ocasiones le sirvió de agente[13]. Las actividades de Lázaro fueron más importantes que las de Jacobo, pero éste además de asociarse a menudo con Lázaro hizo muchos negocios por su cuenta. En 1528 tenían asuntos e intereses en Santo Domingo, la ciudad de México y Yucatán. Jacobo fue uno de los mejores impresores en la historia de la industria tipográfica en España. La producción que tuvo, además de prolífica fue de una gran calidad como la de los demás miembros de la primera generación de impresores alemanes que se establecieron en España. Supo hacer una carrera de impresor empezando por la posición de mero ayudante, haciendo un buen matrimonio y con el criterio correcto sobre el tipo de libros que el mercado compraría ya que raramente imprimió obras que no se vendieran bien. Sus negocios con Lázaro Nuremberger y la apertura comercial con el Nuevo Mundo significaron que la experiencia ganada como librero y su extensa red de contactos fueron provechosamente utilizadas en algunas de las aventuras comerciales más ambiciosas con las Colonias. La diversidad de obras que salieron de sus prensas — desde pliegos sueltos hasta libros litúrgicos y ediciones de los clásicos— el equilibrio de las ediciones que producían ingresos rápidos e ingresos a largo plazo y, la diversificación de las inversiones en su imprenta, venta de libros, propiedades, tierras y el comercio dieron a su negocio un grado elevado de estabilidad y flexibilidad. A su muerte, los bienes que dejó Jacobo en herencia mostraban su prosperidad. Tenía amplias inversiones, esclavos negros y norafricanos. Las existencias de su librería eran superiores a 160,000 unidades y su herencia fue evaluada en 12,000 ducados[14].

Más importante aún, había legado a su hijo Juan, que había aprendido el oficio de impresor a su lado, una imprenta floreciente y bien equipada, una amplia red de clientes para sus libros y un interés activo por el comercio americano. Todo esto sería consolidado por la siguiente generación Cromberger. Un dato curioso es que cuando Jacobo murió, Fray Juan de Zumárraga le debía aún 15,000 maravedíes[15]. Los que no sabemos es si esta deuda fue saldada a los herederos de Jacobo y si fue saldada en moneda o con favores, lo que nos hace pensar en diferentes opciones con respecto al establecimiento de la imprenta a México y del por qué fueron los Cromberger los responsables de esta empresa y no otro impresor. A la muerte de Jacobo estaba claro quien ocuparía su lugar. Juan Cromberger había trabajado con Jacobo al menos durante tres años, conocía a muchos de los socios de su padre que eran impresores y libreros y era natural que se hiciera cargo de la imprenta y continuara cultivando relaciones con los antiguos colegas y agentes de su padre, como Fray Juan de Zumárraga. Además, Juan había empezado en el comercio con el Nuevo Mundo desde 1525. Juan había heredado casi 6,000 ducados así como el control de las prensas y material que venía manejando desde 1525. Una parte de este dinero la componían sumas que libreros de toda España le debían a Jacobo y que Juan trató de cobrar en los siguientes diez años[16]. Con Juan la imprenta fue productiva y aunque se establecieron nuevos impresores en Sevilla en la época en la que él operaba, ninguno se aproximaba a la producción de su taller que imprimió alrededor del 55% de las ediciones Sevillanas de 1529 a 1540 que se han conservado[17].

Juan también continuó surtiendo la red de libreros establecida por su padre, sobre todo los tres mercados más importantes que servían, los cuales eran: Sevilla y el resto de Andalucía, Portugal y, el norte de Castilla, Salamanca, Toledo y por supuesto Medina del Campo en donde se llevaba a cabo la entonces famosa feria del libro[18]. Siguió el ejemplo de su padre en otros tipos de negocios tanto en España como en las Indias. Su actividad principal aparte de la imprenta, fue el comercio y sus actividades comerciales se centraban en el Nuevo Mundo y tenía como socio a su cuñado Lázaro Nuremberger. Juan también participó en el comercio de joyas con Lázaro y Christoph Raiser con quienes buscó un factor para que representara sus intereses mercantiles y mineros en México. En 1535 escogieron a Hans Henschel de Basilea para que fuera a México en su nombre. Hans era probablemente el “Juan de Basilea” que trabajó con Jacobo durante más de 20 años[19]. Juan no dependía de Lázaro para las empresas comerciales ya que en 1536 era lo suficientemente próspero para invertir 3,000 ducados en un cargamento de diversas mercancías que envió a México. Fletó una nave llamada “Los tres reyes” para ir a Veracruz. La persona que acompañó estas mercancías fue Guido de Labezaris quien era el hijo de un librero de Sevilla al que Juan pidió que representara sus intereses en la ciudad de México. Debía de distribuir la mercancía que le enviaría Juan y se ocuparía de los libros que le remitirían desde Sevilla. También debía de encargarse de los negocios de Lázaro y Raiser en el caso de que le llegara a ocurrir algo a Hans Henschel[20]. Los negocios redituaron, ya que tan sólo en 1539 Juan recibió 1,000 pesos de oro y más de 1,000 marcos de plata[21]. Parte de este dinero sería invertido en el proyecto por el que son más conocidos los Cromberger en la historia tipográfica: la fundación de la primera imprenta de América.



[1] En contraste con la mayoría de los impresores del siglo XVI, no hay constancia de que Jacobo se hubiera endeudado para financiar ediciones. Al contrario los Cromberger prestaron frecuentemente a otros.

[2] España tuvo la primera fábrica de papel de Europa, pero en el siglo XVI los centros más importantes de esta industria estaban en Francia e Italia. En el siglo XVI había aparecido en España el papel italiano que era de mucho mejor calidad y poco a poco fue reemplazando al español. Para mediados del siglo XVI el papel fue el más importante artículo de exportación francés a España ya que era el adecuado para la impresión de misales, mientras que el español se utilizaba para libros más baratos.

[3] Norton, F. J. La imprenta en España, p.133.

[4] Griffin, Clive. Los Cromberger. p.58.

[5] Gestoso y Pérez, José. Ensayo de un diccionario  de los artífices que florecieron en Sevilla desde el siglo XIII al XVIII. p. 74.

[6] Griffin, Clive. Los Cromberger p.59. Cuando Cromberger  envió  su esclavo Pedro a México estaba tasado en 100 ducados o 37,000 maravedíes. Pero Pedro era probablemente un artesano calificado y tendría un precio excesivamente caro, ya que el precio medio de un esclavo negro en Sevilla en 1513 era de alrededor de 11,000 maravedíes.

[7] Febvre y Martin The coming of the book. p. 166.

[8] Griffin, Clive. Los Cromberger. p.62.

[9] Ibid. p. 67.

[10] Ibid. p. 70.

[11] Griffin, Clive. Los Cromberger. p.81.

[12] Aiton, Arthur Scott. Antonio de Mendoza .p.107. Griffin, Clive. Op. cit. p.94. La licencia era sólo para viajar y comerciar aunque Aiton asegura que en esta época también aseguró el derecho a imprimir ediciones en Nueva España.

[13] Griffin, Clive. Op. cit. p.96.

[14] González Palencia, Ángel. Obras. p.133. En 1548, después de la alta inflación que sufrió España, Pedro de Medina consideraba muy ricos a los comerciantes de libros de Medina del Campo que tenían una fortuna de 10,000 a 12,000 ducados.

[15] Gestoso y Pérez, José. Noticias inéditas de impresores sevillanos. p.51.

[16] Griffin, Clive. Op. cit. p.108.

[17] Ibid. p.108.

[18] Fevre y Martin. The comming of the book. p.226.

[19] Otte, Enrique. Jacob and Hans Cromberger. p.146.

[20] Glive Griffin. Op. cit.p.115.

[21] Otte, Enrique. Op. cit. pp.161-162.

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