La Castañeda
Por: Guadalupe Ríos

Para citar este artículo: Ríos, Guadalupe, 2003, "La Castañeda". Disponible en el ARCHIVO de Tiempo y Escritura en http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/lacastañedarios.htm

El Manicomio General de La Castañeda fue instituido en el año de 1910 con la doble función de hospital y asilo para la atención psiquiátrica de enfermos mentales de ambos sexos, de  cualquier edad, nacionalidad y religión. Un objetivo secundario fue proporcionar enseñanza médica mediante la participación de las clínicas de psiquiatría en sus pabellones.

¿Quiénes eran los ciudadanos que llegaban a esa institución? Este moderno hospital estuvo poblado de niños, delincuentes, ancianos, alcohólicos, drogadictos y prostitutas. De acuerdo con el Reglamento de 1913, los enfermos estuvieron distribuidos en las siguientes secciones: el Pabellón de las Distinguidos recibió a pensionistas de primera clase, sin distinción de padecimientos; el Pabellón de Observación, era destinado a indigentes y pensionistas de segunda y tercera clase, que permanecían el tiempo necesario para su clasificación; una sección especial se reservaba a los toxicómanos; el Pabellón de Peligrosos albergó a los asilados violentos, impulsivos o agitados, también resguardaba a los presos cuya seguridad no podía garantizar.

Además existían los pabellones de Epilépticos, de Imbéciles y de Infecciosos; en esta última sala fueron canalizadas las prostitutas. Tal parece que el manicomio de los años revolucionarios de México albergó a los homosexuales, enfermos venéreos y toso aquellos que postergaban la razón en aras a las demandas de la pasión. (González, 1995:64-65)

Las autoridades definieron la locura como una enfermedad que distorsionaba el funcionamiento de la mente, quienes la padecían manifestaban incoherencia en el lenguaje y desequilibrio humoral expresado en los desórdenes físicos del cuerpo. Un caso es el de Sara Santos detenida en la calle de Mesones, en 1910:

Mujer de 18 años de edad, mexicana, detenida por vestir de rojo y medias acanaladas negras, blusa de satín blanco, desgarrado por el frente, dando un espectáculo inmoral pues se asomaban los pechos. (AHSS Manicomio General Expedientes Clínicos, 1910:58-59)

Para distinguir la locura las autoridades se distinguieron del funcionamiento mental y la forma de expresarse de las pacientes, que resultaron ser de suma importancia para a las autoridades porque si algo caracterizó a todos los pacientes fue la ausencia de razón (Sacristán,1992:99-102). Los médicos en su intento de discernir la locura, observaban, ya no la mente de la acusada, sino su aspecto externo, como ocurrió en el caso de Serafina de la Peña, prostituta de 25 años de edad, acusada de escupir a dos agentes en la cara en el año de 1919, quien murió de infección intestinal. La paciente presentaba los siguientes síntomas: ojos caídos, el color de pálido, falta de apetito y del dormir, carácter violento y asocial; el diagnóstico, locura. (AHSS, Ibidem., 51)

Los encargados de la salud mental tenían, en principio, la intención de ayudar a aquella mujeres que necesitaran comprensión, apoyo, y quizás, asesoramiento. Esta actitud, válida y humana aunque paternalista, encontró escollos con demasiada frecuencia.

Con frecuencia nos damos cuenta de que a lo que podía hacerse a favor  de una paciente se oponía un poderoso sistema, el cual generaba precisamente los problemas que trataba de solucionar (un sistema que engendraba enfermos mentales de la misma manera en que los prisioneros engendraban la delincuencia y el crimen.)

Hay hechos que no pueden ser ignorados: el estigma y la discriminación que pesaban sobre las que hubieran sido catalogadas como prostitutas y además como enfermas mentales, la debilidad provocada por los fármacos que se administraban, la falta de apoyo de la sociedad, el poco deseo de buscar ayuda profesional, la controversia constante a propósito de la efectividad del personal médico y administrativo, la negación de los derechos y de los pacientes contribuyeron a empeorar la salud de las pacientes

Debido a las pésimas condiciones en que se encontraban las internas en La Castañeda, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz decidió, en 1967, inaugurar granjas-hospitales ubicadas en las afueras de la ciudad, a donde fueron trasladados los 5 000 habitantes del antiguo manicomio.

Bibliografía

  •  ARCHIVO HISTÓRICO DE LA SECRETARÍA DE SALUD (AHSS). Fondo Manicomio General
    1910     Expedientes clínicos. México.
  • GONZÁLEZ DEL OLMO, Félix
    1995     La Castañeda. México: Secretaría de Salud.
  • MARCOS, Silvia
    1987    Manicomios y prisiones. México: Fontamara.
  • SACRISTAN, María Cristina.
    1992    Locura e inquisición en la Nueva España 1571-1769. México: FCE.

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