Un elemento del ritual curativo novohispano
Por: Edelmira Ramírez

Para citar este artículo: Ramírez, Edelmira, 2002, "Un elemento del ritual curativo novohispano". Disponible en el ARCHIVO de Tiempo y Escritura en http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/elementodelritualcurativonovohispano.htm

Desde la antigüedad, el sahumerio ha tenido múltiples usos, aquí solamente se mencionarán en qué fases de sus rituales la utilizaban los curanderos novohispanos, la mayoría de ellos herederos de las formas tradicionales que los antiguos mexicanos empleaban en sus curaciones.

En la misma definición de sahumar, proveniente del siglo XVI se explicita una de las funciones principales del sahumerio: “dar humo aromático a una cosa a fin de purificarla o para que huela bien”(Alonso: 1982, III, 3684).

Otra definición lo relaciona directamente con el uso terapéutico del sahumerio porque explica que,  sahumar es “hacer que el paciente reciba el humo del sahumerio”(Loc. cit), esto es, que al quemarse determinadas plantas, resinas, maderas u otro tipo de elementos, liberan sus esencias aromáticas que son benéficas para la salud.( Cf. Caland: 1995, 9)

Y como afirma Caland, “La fuerza del incienso descansa, por una parte, en sus sutiles vibraciones, y, por otra, en su aroma” (Loc. cit.)

En la época Colonial en la Nueva España, era frecuente el empleo del sahumerio como acto inicial de un ritual curativo, como lo hacia un curandero indio de Michoacán, quien por ejemplo cuando fue llamado para curar a un niño, “ principio con un sahumerio de cosa que llevaua consigo, y tomando diversas vezes algodón, y quemándolo cerca del estómago del enfermo, lo arrojaua hacia arriba, y al caer lo soplaua recio auentandolo mas lexos, haciendo otros ademanes, y visajes que a los circunstantes causaron terror, pareciéndoles superticiosos”(México.AGN: 317, 19, 1) 

En este ritual el manejo del sahumerio acompañado de la gestualización del curandero lo hacia muy espectacular, lo cual era parte del proceso curativo, pues impactaba tanto al enfermo como los que presenciaban la curación.

También era común que el sahumerio acompañase toda la curación, como lo describe  el doctor Joseph de Oliver, quien fue llamado para curar a una mujer que padecía de melancolía. El médico cuenta que un día “Allo a d[ic]ha enferma encendida en calentura y graves accidentes, que le aplicó las medecenas necesarias para corregirlos haciendole notable novedad lo repentino de ellas sin allar cossa donde emanasen” Tiempo después la enferma le comunicó a su médico que los síntomas que le habían sobrevenido eran resultado de la curación que le había hecho una curandera llamada Martina, quien había venido de Filipinas, ésta se encerró en el aposento de la enferma:

La desnudo en cueros [...] y puesto un brasero encendido [envuelta] en una fraçada y echando en la lumbre diferentes badulaques de yerbas, arroz y otras semillas y puesta la d[ic]ha [...] encima de d[ic]ho brasero receuia todo el bapor que salia de d[ic]ho badulaques en q[u]e ocupaban algun tiempo y q[ue]e la d[ich]a [...] se congojava mucho con el d[ic]ho vapor asta q[u]e no pudiendo sufrir mas se apartaba del y que esto lo hiço por tres vezes en tres viernes [...], que la lumbre q[u]e quedava en el brasero se havia de sacar de cassa y llevarla a enterrar a otra parte [...] y q[u]e le enseño un papel [...] que abia quedado en d[ic]hos badulaques.” (México. AGN: 420,  46,  68)

Lo interesante de este caso radica en el hecho de que toda la curación se realizaba por medio de la vaporización que surgía del sahumerio, es decir, éste era utilizado como instrumento exclusivo de la curación. Desgraciadamente la enferma no pudo detallar los componentes del sahumerio, pues no especifica todas las yerbas y semillas que utilizó la curandera, quien al parecer utilizaba elementos no muy comunes entre los curanderos novohispanos, como el arroz, lo que se  puede explicar porque provenía de Filipinas.

El sahumerio también se manejaba entre las diversas fases de un ritual, como el caso de una chichigua que para curar a una niña proponía la siguiente curación:

Refregaria a la criatura todo el cuerpo de arriba abaxo con chiles anchos, y luego la metería en el rescoldo, con lo que señalaría la persona que habia hecho el mal a la Criatura y esta quedaria buena; que después la zahumaria con basura de cuatro esquinas, y luego le picaria el corazon a la Niña con un alcobeta  nueva h[as]ta que le saliera la sangre. (México. AGN: 1180, 17,  380r.)

Pero también empleaban el sahumerio para concluir  algunos rituales curativos, por ejemplo en los post-partos, como se puede derivar de la siguiente descripción:

En la hacienda de ganado mayor nombrada Solinante [...] dos mulatos acompañados de un indio sirvientes en dicha hacienda “tomaron en brazos a las doce de la noche. Una criatura que abia nacido aquel día y anduvieron con ella alrededor de un corral que seruia [para] enserrar las lleguas de d[ic]ha Hacienda y en las cuatro esquinas de el quemaron Copali en unas brasas que para este efecto llevavan y que echo esto volvieron la Criatura, a donde estava su madre. (México. AGN: 529, 35,  494).

Este ritual post parto parece estar estrechamente relacionado con las antiguas costumbres prehispánicas, en las que tanto durante el parto como después, el fuego jugaba un papel importante, así como su relación con el número cuatro y los puntos cardinales, como lo detalla Jacinto de la Serna al explicar la siguiente invocación que hacían las parteras:

Nueve Vezes aporreado, mi Padre las quatro Cañas, que echan llamas con cabellos rubios; muger blanca; amarillo espiritado, [así de la Serna explica que la partera]  llama al fuego mi Padre las quatro cañas. Padre, por el nombre, que ordinariamente le dan: las quatro cañas, le dice, porque todas vezes, que el signo Acatl cauia en numero de quatro, hazian fiesta al fuego, y lo sacavan nueuo, fuera de las vezes, que por obligación de sus fiestas le sacavan, y celebravan; también por las quatro cañas, ó leños, con que se enciende; por las quatro salidas del Sol. La muger blanca es por methaphora el copal; y el vautli, ó yeerbaniz es el amarillo espiritado. Estos generos preparados para el tiempo del parto, pone a parir á su preñada (Serna: 1953, 249-250)

El copal que el indio utiliza para sahumar al niño puede considerarse uno de los elementos clásicos para elaborar el sahumerio tanto en la época prehispánica, como en la Colonia, aunque no el único. El copalli fue sumamente importante entre los antiguos mexicanos y no sólo lo usaban para curaciones, sino era muy apreciado y empleado en sus rituales religiosos tanto públicos como privados, era también frecuente su empleo para hacer ofrendas. La compra-venta de resinas para estos usos debió haber sido tan importante que había el oficio de vendedor de resina, como puede constatarse en Sahagún (Sahagún: 1985, 574).

Como puede observarse a través de esta pequeña cala en tema revisado, se puede concluir que el uso del sahumerio en la época Colonial, fuera como medio curativo o parte de él constituía una terapéutica sumamente refinada, muy sutil,  basado en la aromaterapia y especialmente en la penetración vibratoria del humo que se desprende de la quema de los compuesto que se preparan para cada caso.  Desempeñaba varias funciones y se empleaba en diferentes etapas de los rituales de curación.

 

 Bibliografía

  • ALONSO, Martín.
    1982     Enciclopedia del idioma. Madrid: Edit. Aguilar.
  • CALAND, Marianne y Patrick.
    1995     El uso mágico y espiritual d inciensos y sahumerios. Madrid: Editorial EDAF.

  • México, AGN. Ramo Inquisición, vol. 317,   exp.19, f. 1.

  • México, AGN. Ramo Inquisición, vol. 420,   exp.46, f. 68.

  • México, AGN. Ramo Inquisición, vol. 1180,  exp.17, f. 380r.

  • México, AGN. Ramo Inquisición, vol. 529,   exp. 35, f. 494.

  • SERNA, Jacinto de la.     
    1953     Tratado de las idolatrías, supersticiones, dioses, ritos, hechicerías y
    otras costumbres gentílicas de las razas aborígenes de México. México: Ediciones Fuente Cultural.

  • SAHAGÚN, Bernardino de.
    1985      Historia general de las cosas de la Nueva España. México:
    Editorial Porrúa.

 

 

Regresar a la página principal