Estudios de Género 01
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El Carácter Cultural y Religioso de la Transexualidad.
por: Mtra. Gabriela Cortés Sánchez[*]Introducción
Durante la edad media y la edad moderna los hermafroditas, travestís y transexuales eran considerados como casos de desviaciones o milagros de la naturaleza. En muchas ocasiones su aparición simbolizaba un mal augurio y la familia o el infortunado que lo padecía recibían el rechazo e incluso la furia de la sociedad. Algunos médicos y cirujanos de la época los atendían e incluso intentaron darle un tratamiento médico al problema. Las narraciones literarias o anécdotas de ciertos personajes constaban una realidad evidente. (Gómez, Cobo y Gastó 2006, 83).
Escultura del Dios hermafroditas que se exhibe en el Museo de Louvre
Entre los transexuales famosos en la historia tenemos a: el emperador romano Heliogábalo (218-222 d. C.) que manifestaba sentirse mujer. Este llegó a pedir a sus médicos que le practicasen una cirugía para cambiarse de sexo.
Hay referencias de transexualidad en la Iglesia Católica en la Edad Media, Santa Wilfrida, cuya historia dice que suplicó a Dios poder convertirse en varón y le fue concedido. Por su parte San Onofre pidió a Dios que le convirtiera en varón, y su cuerpo se masculinizó. Del Papa Juan VIII se ha dicho que biológicamente había nacido mujer, pero se hizo pasar toda su vida por hombre.
Otro caso que se puede mencionar es el de Juana de Arco que fue sacrificada por la Inquisición por brujería y usar de forma constante atuendos de hombre y conducirse como varón.
Entre los siglos XIX y XX el interés científico por la transexualidad adquiere especial relevancia en la sociedad occidental. Las descripciones pioneras en la literatura médica sobre este tema son elaboradas por el psiquiatra alemán Richard Freiher Von Kraft Ebing (Psychopatia sexualis, 1886) así como las primeras intervenciones quirúrgicas y hormonales en la primera mitad del siglo XX.
David Cauldwell introduce el término “transexualidad” en la literatura médica en su obra Psychopathia transexualis, publicada en 1949. No obstante el sexólogo alemán Magnus Hirschfeld ya la describía como una forma de intersexo, en 1923, sin hacer diferencia entre travestismo, transexualidad y homosexualidad afeminada.
En 1953 Harry Benjamin define el término clínico para transexualidad o transexualismo.
Fotografía de Loren Camerón[1]
Para muchos autores este comportamiento es una variación de conducta sexual, para otros es un problema enfocado a la identidad de género.
Para poder entender el fenómeno de la transexualidad es necesario hacer la distinción entre sexo y género: Estos dos conceptos se han establecido procedentes del movimiento feminista americano: “sex” se designa al sexo biológico; “gender” los roles sociales hombre y mujer atribuidos al sexo biológico. Esta distinción implica lo siguiente: el sexo biológico está fijado, pero los roles sociales son productos culturales que podrían ser de otro modo. (Schwantz, 2004: 381-382).
De acuerdo a los psicólogos la identidad de género, se suele adquirir a partir de los 18 meses y se mantiene de por vida. En la mayoría de la gente existe una concordancia entre la identidad de género, el sexo biológico y los documentos oficiales, pero no así en el caso de los transexuales.
La transexualidad implica que el cuerpo entero es transformado en una réplica del sexo opuesto mediante elementos simbólicos como los cosméticos o la ropa, pero también a través del uso de hormonas y de la cirugía. La transexualidad se puede dar a diferentes niveles desde el simple travestismo,[2] hasta el cambio de sexo total pasando por diversos grados de androginismo.[3] La frase que suele usar un transexual para definirse es: "soy una mujer (o un hombre) en un cuerpo de hombre (o de mujer), (Davidson y Neal 2002, 393). Su problema reside en la disociación que percibe entre su mente y cuerpo. No es un homosexual, ya que asume las relaciones con personas de su mismo género con la misma naturalidad que un heterosexual. En realidad está manifestando una homosexualidad a través del cuerpo y una heterosexualidad psíquica.
“Soy un hombre (o una mujer) en un cuerpo de mujer (u hombre)”
La primera operación de cambio de sexo se realizó en Europa en 1930. El pintor, alemán, Einar Wegener se transformó en mujer ignorando las precariedades quirúrgicas de aquella época. Una de las la cirugías que causó más revuelo mundial fue la que se practicó en un ex soldado llamado Cristine, originalmente George Jorgensen, en Copenhague en 1952.
Christine uno de los primeros transexuales mujeres (1952)
Otro de los primeros transexuales famosos, fue Amanda Lear, conocida por ser el segundo gran amor en la vida de Salvador Dalí. Amanda Lear en sus memorias, cuenta que Dalí, en cierta ocasión le dijo: "Eres angelical, el ser perfecto, eres hombre y mujer a la vez". (Milá, 1999).
Amanda Lear amante de Dalí, una mujer transexual
El carácter cultural
El carácter cultural se designa como la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí. Mediante la cultura los individuos transmiten costumbres, tradiciones, valores y códigos de conducta que deben prevalecer en la sociedad. Asimismo, cada cultura establece durante la niñez los roles femeninos y masculinos que sus miembros deben poseer:
Los roles masculinos y femeninos se definen en buena medida por las diferencias en sus pautas de exhibición de la piel, arreglo corporal, vestimenta, peinado, el timbre y tono de voz, el uso del lenguaje, los gestos y manierismos, la forma de moverse, andar y de usar el cuerpo e incluso los tipos de aproximaciones y contactos de orden táctil que se les permite o se prohíben al hombre o a la mujer. (Freud 1970, 35)
En México y muchas otras sociedades, antes de nacer un bebé, la familia escoge colores, vestidos y hasta juguetes. La niña debe reflejar ternura e inocencia; nada de brusquedades; el niño apostura, gallardía, pero no llorar porque "los hombres no lloran". Para ella las muñecas, para él carritos, pistolas, pelotas.
“Color rosa para las niñas”
“Color azul para los niños”
Silvia Esparza, psicóloga y educadora del jardín de niños Tilloli en San Juan de Aragón afirma que:
Es el hogar donde se establece primero la designación de actitudes y roles. A la niña se le da libertad emocional, pero se le limita en cuanto al desarrollo motriz. En el plano psicológico, existen diferencias, como la mayor sensibilidad de la mujer pero no tienen que ver con características específicas, pues hombres y mujeres tienen las mismas potencialidades. (Hernández 1982,12-15)
De esta forma, la familia impone al niño un elaborado sistema de prejuicios contra las elecciones y deseos propios. Hay una restricción a lo audiovisual, en las modalidades sensoriales de comunicación entre personas, con tabúes muy marcados en contra de que los miembros de la familia se toquen, huelen y gusten mutuamente. El abrazo y la aproximación transexual se consideran peligrosos y reprobables. La represión ocupa todos los rincones de la existencia: el cuerpo humano no es fuente de placer sino de salud, en el sentido material y moral. Octavio Paz señala al respecto:
La unificación moral de la ciencia y la moral puritana dentro del sistema capitalista, permite, sin necesidad de acudir a la coerción directa, la imposición de normas que condenan a las singularidades, las excepciones y las desviaciones. La función de esos patrones de normalidad con el dominio de la sexualidad no es distinta a la de la cocina "sana" e insípida en la esfera de la gastronomía: la extirpación de lo extraño, lo diferente, lo ambiguo lo impuro. 2002, 20)
Consecuentemente, la familia se especializa en la creación de roles para sus miembros, en vez de permitir la libre búsqueda de la identidad personal.
Por otro lado, esta clasificación de niños y niñas como poseedores de sus propias costumbres masculinas y femeninas, está tan cargada de juicios de valores y estereotipos que podría parecer injustificado considerar como algo anormal los patrones opuestos de conducta. Consideramos que estos patrones o roles culturales pueden ser un detonante para la subsistencia del transexualismo ya que si no existieran, un hombre podría considerar que sus rasgos e intereses tradicionalmente femeninos serían una variación masculina normal, más que un signo patognomónico de ser una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre o viceversa ya que como en un inicio se explicó que mientras el sexo es algo fijado los roles de género son productos culturales que podrían ser de otra forma.
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Juana de Arco
Es importante señalar que la cultura sexual de nuestros días se genera a partir de la obra de W. Reich, "Revolución Sexual". El factor que desencadena esta revolución es la aparición de la píldora anticonceptiva en 1953 ya que gracias a su eficacia, permite que la humanidad por primera vez en su historia, disocie sexualidad y reproducción.
|sigue>Así mismo, confluyen nuevos factores que impulsan este cambio social en el último tercio del siglo XX: los nuevos roles de la mujer, la creciente conciencia de la libertad humana, el influjo de los medios de comunicación y su recurso a la genitalidad como medio de propaganda.
La mujer, hasta entonces adiestrada y moldeada para conquistar al hombre abandona ese estereotipo y emprende una competencia con el hombre en los terrenos que hasta entonces habían sido de su dominio. A partir de ese momento, las relaciones hombre-mujer, comienzan a debilitarse fundamentalmente en sectores que no se sienten seducidos por el nuevo rol de la mujer.
Los avances tecnológicos de la cirugía estética y la sexualidad coinciden con este momento y surgen los transexuales. Ernest Milá afirma:
Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres, extremizan hasta la caricatura los caracteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tenía como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestí o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi unánimemente recurre a maquillajes y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados. Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo. (1999)
Debido a que en México, la revolución sexual y en específico, el Feminismo no fueron acogidos de manera generalizada, los roles de la mujer, no se transformaron en todos los estratos sociales. Esto es lógico, ya que no se puede desmontar de forma universal las costumbres forjadas durante milenio: en la sociedad mexicana persisten viejo mitos y estructuras mentales de corte machista e intolerante. El machismo" se designa como un complejo de supremacía masculina y todas las conductas y actitudes asociadas a esta. En las clases sociales bajas, a la niña se le estimula menos para el estudio y se le canaliza a tareas del hogar, porque aún se piensa que para ella, esto es suficiente ya que se casará y la mantendrán. En cambio, el hombre va a ser jefe de familia.
En los casos en que se ubica a la mujer en el sector productivo su situación laboral es peor que la de los hombres, ellas trabajan más y ganan menos, ya que tras el trabajo remunerado deben de realizar las tareas del hogar, en las cuales muy pocos hombres colaboran al cincuenta por ciento. La responsabilidad de los hijos y la anticoncepción recae básicamente sobre la mujer y en muchos casos también la preocupación por el sustento.
Tal vez en donde puedan surgir contradicciones y críticas al orden social y cultural sea en la clase media, ya que es justamente en este estrato social en donde los roles de hombres y mujeres se ven alterados y entremezclados por la necesidad de mantener un nivel de vida.
Lo anterior contradice la hipótesis de Ernest Milá respecto a la recepción del transexualismo en el contexto mexicano pues los roles de género no han cambiado a nivel macro. El estereotipo de la mujer mexicana subsiste: un ser abnegado y sacrificado, un ser humano de segunda. Lo cual nos lleva pensar que un transexual de hombre a mujer en nuestro país sufre aún más.
Tal es el caso que apareció en la Crónica el pasado febrero de 2009 donde un encabezado resalta: “En Chihuahua no cesan agresiones contra transexuales”. Y el artículo específica que hace casi un año elementos de la Policía Militar de Ciudad Juárez, Chihuahua, mejor conocida como “Milipol”, golpeó poco más de 40 mujeres transgénero y transexuales, cuyas casas fueron destruidas como parte de un operativo policiaco. Por esto es necesario insistir en un cuestionamiento de la educación, de las formas de interacción humana y del orden general de la sociedad para que exista un cambio sustancial en la asignación de funciones y roles dentro de la cultura mexicana.
El carácter Religioso
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Otro aspecto esencial que influye los valores y conductas sociales de una cultura es la religión. Si tomamos en cuenta, que el segundo país con el mayor número de Católicos es México (95 millones) podremos entender la influencia del pensamiento judeo-cristiano en nuestra sociedad. De acuerdo a Foucault, el cristianismo se define a través de tres rasgos:
- La imposición de la monogamia
- La reproducción como única y exclusiva función de la sexualidad.
- La descalificación general del placer sexual
De igual, el mismo autor, piensa que el cristianismo instaura una forma de poder mediante la sexualidad a la cual se concibe como algo de lo que los individuos deben desconfiar porque induce a la tentación y a la caída. Pero, al mismo tiempo no se debe rechazar del todo porque es necesario hacer funcionar al cuerpo con fines de reproducción. (Foucault 2004,136-137)
Esta forma de pensamiento ha tenido un fuerte impacto en nuestra sociedad por lo que cualquier forma condición sexual fuera del seno de la familia monogámica resulta ilegal, amoral e incluso se llega a calificar por la medicina oficial, como patológica. Respecto a las variantes sexuales del hombre y la mujer, la Biblia, fundamento de esta forma de pensamiento, contiene numerosas referencias éticas. Entre ellas destaca el libro del Levítico, donde se habla de la prohibición de la relación carnal entre miembros del mismo sexo:
El que se apareé con varón como si este fuere mujer, los dos cometieron abominación; mueran sin remisión; caiga su sangre sobre ellos. (Levítico 20, 13)
Es claro que el contexto lleva a descalificar el comportamiento homosexual masculino. Llama la atención la expresión "como si este fuera mujer" ya que parece que el comportamiento sexual pasivo conlleva algo degradante para el sexo masculino. Esta advertencia sólo se dirige a los varones.
San Onofre
También puede citarse del Deuteronomio la condena a las prácticas homosexuales y travestismo:
La mujer no se viste de hombre, ni el hombre se viste de mujer, por ser abominable delante de Dios (Deuteronomio 22, 5)
Un ejemplo de cómo este precepto ha tenido impactó durante largo tiempo es la Revolución Francesa cuando las mujeres participaron con los mismo derechos que los hombres. Pertenecían a las asociaciones políticas, fundaban sus propias asociaciones y defendían la causa de la mujer en los periódicos. Pero cuando los líderes del movimiento empezaron a pedirles que se vistiesen como los hombres, la convención las castigó y les privó del derecho de reunión y cerró sus asociaciones. (Schwantz 2007,388)
En el Génesis, es conocido el texto de Sodoma, que originó el término sodomía, para referirse al pecado homosexual. (Génesis 18 y 19) Hay diversas interpretaciones sobre este pasaje bíblico, dos de ellas son las siguientes:
- El pecado de los sodomitas no fue la homosexualidad sino la violación a la ley de la hospitalidad, que era de suma relevancia en los pueblos antiguos.
- El pecado de los sodomitas fue desear una "carne diferente".
La segunda interpretación es vinculada a una falta de tolerancia de la Iglesia Cristiana frente a cualquier forma de diversidad. San Pablo aborda los conceptos de homosexualidad y lesbianismo en su epístola a los romanos que dice:
Por eso dios los abandonó a los deseos de su depravado corazón a los vicios de su impureza, en tanto grado que deshonraron ellos mismos sus propios. Por eso los entregó Dios a pasiones infames. Pues sus mismas mujeres invirtieron el uso natural en el que es contrario a su naturaleza. Del mismo modo los varones, desechando el uso natural de la mujer, se abrasaron en amores brutales de unos con otros, los varones de los varones, cometiendo torpezas y recibiendo en sí mismos la paga merecida de su obcecación. (Epístola a los Romanos, 24-27)
En este texto se puede interpretar que se castiga a la persona con preferencia sexual, heterosexual porque abandona el uso sexual de acuerdo a su género. Es importante destacar que la homosexualidad femenina también es sancionada.
Otro ejemplo dentro de la Biblia respecto a la sexualidad se encuentra en la primera carta de San Pablo a los Corintios:
¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No queráis cegaros, hermanos míos, ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avarientos, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los que viven en rapiña han de pasar por el reino de Dios. (6,9-10)
Nos parece relevante destacar que en este fragmento aparecen nuevamente los afeminados y sodomitas como individuos con conducta reprobable y por lo tanto no son admitidos dentro del reino de Dios.
Existen más pasajes bíblicos que abordan aspectos sexuales del ser humano, pero no podemos citarlos a todos debido a los límites temáticos de este trabajo. Empero, podemos afirmar que los cinco textos mencionados establecen las conductas sexuales consideradas como pecados contra la naturaleza humana.
Cualquier variante sexual encaminada a cometer estos pecados ya sea homosexualismo, lesbianismo, travestismo o transexualismo, es sancionada. Es substancial recordar que uno de los rasgos fundamentales del cristianismo es ver a la sexualidad únicamente como la capacidad brindada por Dios al ser humano para engendrar y perpetuar su imagen divina Resumiendo y citando a Focault podemos decir que:
La civilización judeo-cristiana se ha distinguido por favorecer las conductas de rechazo hacia cualquier forma que traspase los límites establecidos por la moral dominante, a saber, el matrimonio, la monogamia, la sexualidad reproductiva y la limitación y la descalificación del placer. (2004, 138)
Conclusión
El objetivo de este trabajo fue abordar la transexualidad a partir de aspectos culturales y religiosos que influyen la manera en como a la sociedad la percibe. Es imprescindible aclarar el estudio no tiene pretensiones de convencer los motivos de la transexualidad. Nuestro interés es concientizar a nuestros lectores sobre su existencia y los valores culturales y religiosos a los que se enfrentan quienes tienen el valor de practicarse una cirugía de cambio de sexo.
NOTAS:
[*] Mtra. Gabriela Cortés Sánchez
Licenciada en Derecho por la UAM-A, estudios de posgrado en la Maestría de Lingüística Aplicada en el CELE de la UNAM.
Profesora – investigadora de tiempo completo en la Coordinación de Lenguas Extranjeras del Departamento de Humaniades de la UAM-A. Coordinadora del Grupo de Investigación en Lingüística Aplicada.
Recientemente publicó “El significado del silencio como un valor cultural en la clase de lenguas extranjeras” y “La construcción del significado en un Contexto Intercultural”, (UAM,2000)
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[1] Loren Camerón es un fotógrafo que ha publicado múltiples libros de fotografía acerca de la identidad transgenérica |Arriba
[2] El travestí consiste en utilizar vestidos del otro sexo para conseguir la estimulación sexual, pero reconoce su verdadera identidad sexual. |Arriba
[3] El andrógino se define como un ser que contiene las dos polaridades, masculina y femenina |Arriba
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