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Conquistadoras

por: Ana Maria Peppino Barale [*]

RESEÑA

Conquistadoras. Mujeres heroicas de la conquista de América.
de VEGA, CARLOS B.
USA: McFarland 2003.


El autor refiere a la sorpresa de sus alumnas –mayoría- y alumnos de español de la Universidad Estatal de Montclair (New Jersey, USA), cuando tuvieron noticias del contenido. Una de ellas tomó la palabra para expresar que nunca se le había hablado en sus clases de historia de la presencia de esas mujeres y que esa situación no sólo la avergonzaba sino que la indignaba; hace años, en un foro sobre la mujer en la historia, una estudiante universitaria reclamó lo mismo y pidió a las y los ponentes una explicación al respecto; “me siento –dijo- traicionada por mi educación, por mis maestros y por mis libros”.[1] Otra de las alumnas de Vega, expresó su sorpresa de que no sólo se presentara a las españolas, blancas y cristianas, sino que también se incluyera a indias y negras de las que se tiene aún menos noticias. Afortunadamente en este caso el autor de Conquistadoras participa con su estudio a quitar una parte del velo que la historia tradicionalmente ha corrido sobre la participación de las mujeres en la historia. Carlos Vega, con amoroso rescate bibliográfico, asienta los nombres de mujeres que acompañaron a los españoles en sus primeros años en las tierras nuevas, también de mestizas, indias y mujeres negras. En este sentido abre posibilidades para profundizar en la historia de muchas de las nombradas de las que poco o nada se conoce actualmente.

Escrito en español por un profesor de dicha lengua, no historiador de carrera, pero profundamente afectado por “la parquedad documental que existía sobre” mujeres con cuyos nombres se había topado mientras recopilaba información para su libro The Truth Must Be Told: How Spain and Hispanics Helped Build The United States, por lo que decidió reparar esa injusticia producto de la indiferencia o la ignorancia. Igualmente, impulsado por la convivencia con conquistadoras de nuevo cuño: su madre Emilia, su hermana María “Coqui” y su esposa cubana Dagmar, a las que dedica su obra.

De los siete capítulos, el primero dedicado a las “Consideraciones preliminares”, donde se traza un contexto del mestizaje inicial, producto de la mezcla entre conquistadores y mujeres indígenas, favorecidos en la etapa temprana por la escasez de mujeres españolas. Vega, natural de España, apoyándose en diferentes historiadores, recalca el hecho contrario a lo comúnmente difundido de que el español estaba poseído por la sed de oro, cuando en la realidad “derramó su sangre, derrochó esfuerzo, plantó su casa, y allí nacieron sus hijos blancos o amarillentos”. Así, el autor reniega de la visión prevaleciente que presentan al conquistador español como depredador, hombre sin entrañas y vil, dedicado a ultrajar a la mujeres nativas y, particularmente en este último punto, recurre a citas extensas de diversas fuentes históricas depositadas en bibliotecas e instituciones españolas e hispanoamericanas.

El capítulo dos se dedica a una cronología histórica de los hechos más relevantes entre los siglos XV-XVII, para dar una visión del mundo en que se desenvolvieron las conquistadoras.

Los tres apartados siguientes, se dedican sucesivamente a aspectos generales de la vida de la mujer española, de la mujer india y de la mujer negra. En el capítulo tres, se asienta que después del descubrimiento entre las primeras españolas casadas, en cumplimiento de las disposiciones reales que les exigían acompañar a su marido, arribaron a Santo Domingo en el tercer viaje colombino y después en la expedición de Nicolás de Ovando, en febrero de 1502. Las solteras venían a América desde España por obligación y compromiso más que por propia decisión y, como no podían viajar solas, generalmente acompañaban a damas nobles tal como se relata en la llegada de María de Toledo, esposa del virrey Diego Colón, a tierras dominicanas y, posteriormente, al arribo de Teresa de Castro, esposa del virrey García Hurtado de Mendoza, a Lima en 1590, acompañada de un séquito de alrededor de quinientas damas solteras. Así, se van presentando datos interesantes sobre el número en aumento de españolas que llegaba a las tierras nuevas, que eran consideradas “como una extensión más de la península y nunca como una mera colonia”.

El capítulo cuarto se refiere al trato cruel y de menosprecio dado por los indígenas a sus mujeres según los escritos del Inca Garcilaso de la Vega, Bernal Díaz del Castillo y otros; dichos contenidos narran costumbres acerca de la virginidad, prostitución e incesto.

El quinto, presenta la dureza del destino de los hombres y mujeres traídos desde África desde 1493, en el segundo viaje de Colón a La Española. Posteriormente distintas órdenes católicas abogan por la importación de esclavos negros de Guinea y en 1513 Fernando el Católico autoriza la concesión de licencias para ello. El autor recalca que los españoles los compraban y los hacían trabajar pero que “nunca comerciaron con ellos”, a diferencia de Inglaterra que en 1713 por el tratado de Utrecht obtiene el monopolio de la trata de esclavos. Siguen las referencias a tan vergonzoso negocio que dejó pingües ganancias no sólo a los ingleses sino también a holandeses y portugueses (en cifras, los mayores “negreros”). Vega considera a las mujeres negras como las más sufridas y vejadas y de las que menos noticias se tienen y, por lo tanto, el campo que requiere más investigación porque es sabido que es necesario leer los archivos con otra mirada para que comience a develarse la historia de estas mujeres africanas más allá de los números fríos que dejan las listas de esclavos traídos a América. Es decir, la deuda mayor la tenemos con esta parte fundacional de nuestro continente.

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En el capítulo seis, Vega presenta a las “protagonistas”, seis españolas y dos mestizas, mujeres de abolengo que superaron su papel tradicional de hijas, esposas y madres para enfrentar con gran entereza, valentía y tenacidad las dificultades que se les presentaron. Así, la ya mencionada MARÍA DE TOLEDO (1474-1549), que al enviudar defendió con “ahínco y tenacidad y por tan largo tiempo” los intereses de la familia Colón, quizás con más empeño que su famoso suegro y que su marido Diego, Virrey de La Española. Le sigue BEATRIZ DE LA CUEVA (Jaén, Andalucía, ca 1500), “la desventurada gobernadora”, emparentada con la anterior, que sale de España junto a su esposo el Adelantado Pedro de Alvarado para arribar a Guatemala en abril de 1530; a la muerte de éste (México, julio de 1541), Beatriz “llamó a su casa al obispo y a los alcaldes y regidores de la ciudad y trató con ellos que la eligiesen gobernadora en lugar del adelantado, con la misma autoridad y poder que él tenía”, interrumpida abruptamente su gestión el 11 de septiembre de 1541, cuando el Volcán del Agua hace erupción y destruye a la vieja Guatemala, encontrándose doña Beatriz entre las múltiples víctimas.

Igualmente, la segoviana MARÍA ARIAS DE PEÑALOSA casada con Rodrigo de Contreras gobernador de Nicaragua, tuvo que superar continuas intrigas y vicisitudes que la llevaron a defender a su familia de los enemigos de su esposo, de sus hijos y de su propio padre, Pedrarias Dávila. En 1664, ANA FRANCISCA DE BORJA casó con el conde Lemos que fue nombrado virrey del Perú por cédula real de María de Austria, y que lo autorizó a que “en caso de que el mejor servicio del reino le obligase a abandonar a Lima, pusiese las riendas del gobierno en manos de su consorte”, tal como sucedió cuando debió ir a Puno a sofocar una rebelión. Por su parte ISABEL BARRETO Y QUIRÓS “primera y única almiranta de la Hispanidad”, fue esposa de Álvaro de Mendaña, Adelantado de las Islas de Santa Cruz, que fue autorizado para organizar una segunda expedición por el Pacífico que salió del Callao en 1595, lo acompañaba su esposa Isabel que tuvo que tomar el mando “como Adelantada del mar Océano” luego de la muerte de Mendaña, tomando la decisión en contra de toda la tripulación de cambiar el rumbo hacia Manila en vista de las malas condiciones de las naves. También ISABEL (o Inés) DE BOBADILLA, esposa del extremeño Hernando de Soto, Adelantado de La Florida y gobernador de Cuba, quedó a cargo del gobierno de la isla en 1539, mientras él continuaba su expedición por las costas de La Florida. Por último, siguen las hijas mestizas de dos famosos conquistadores y de dos nativas nobles, una inca –la ñusta Inés Huayles Yupanqui- y la otra mexicana –Luisa Xiconténcalt, princesa de Tlaxcala-.

La primera, FRANCISCA PIZARRO (1534-1598) pierde a su padre Francisco cuando es asesinado en Lima por los almagronistas (1541) y comienza su doloroso camino hacia España donde es recibida por su tío Hernando, con quien se casa más tarde, sumando a sus problemas los de él que fue preso y tuvieron que defenderse de numerosos pleitos, al parecer comunes entre la corona y los conquistadores. La segunda, LEONOR ALVARADO (1524-1583) hija natural del ya mencionado Pedro de Alvarado, quien antes de partir para el Perú la casa con el muy mayor Pedro de Portocarrero, con la intención de no dejar la desamparada en Guatemala a la muerte de su madre; viuda, Leonor se casa con Francisco de la Cueva (1541) nombrado teniente gobernador de Guatemala y se encarga de construir una mausoleo en la primitiva catedral de la Antigua Guatemala, ahí traslada los restos de su padre desde México y el de su madrastra Beatriz de la Cueva “efectuando su traslación con pompa y fausto muy ilustre”.

En el capítulo siete, el autor presenta una relación de más de 40 mujeres, españolas, mestizas e indígenas, que destacaron en aquella época; de algunas, los datos son aún más escuetos que la mayoría, sin embargo representan un acicate para ampliar los estudios ya sea para descubrir nuevos datos o para reunir lo ya escrito en biografías que den el valor que se merecen las conquistadoras.

En fin, se trata de un libro interesante, polémico, con extensas citas de fuentes privilegiadas -en el sentido de su difícil acceso-, y que denota una minuciosa revisión de las mismas para extraer los mínimos datos que se refieren a las mujeres que, como lo dice en sus conclusiones, tienen “igual derecho de considerárselas protagonistas junto al hombre de la historia de su tiempo”. Su lectura es altamente aprovechable para quienes quieren incursionar en este apasionante reto que es descubrir –quitar el velo- la otra cara de la historia trasatlántica.


NOTAS:
[*] Ana Maria Peppino Barale |Arriba
Profesora- investigadora del Departamento de Humanidades, Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco (México, DF) Doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Investigadora Nacional. Autora de cuatro libros sobre radios educativas, populares y comunitarias en América Latina y de artículos en revistas especializadas sobre: comunicación social; mujeres en la comunicación, la ciencia, las artes, la literatura y la historia; y, tecnologías aplicadas a la educación.
[1] Valle, Norma; Berta Hiriart y Ana María Amado. ABC de un periodismo no sexista. 2002 Disponible en: www.fempress.cl/ABC/cap1.html |Arriba