Literatura 03
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Viajando a la Luna Desde
por: Dra. Ana María MORALES
Nueva España:
Utopía y Crítica Social en un Texto del Siglo XVIII. ¦
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as Syzigias y quadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un antíctona o havitador de la Luna, y dirigidas al Bachiller Don Ambrosio de Echeverría, entonador, que ha sido de kyries funerales en la Parroquia de el Jesús de dicha ciudad, y al presente profesor de loga-ríthmica en el pueblo de Mama de la península de Yucatán; para el año del Señor de 1775,[1] texto novohispano compuesto antes de 1773, está considerada la primera obra de ciencia ficción escrita en Hispanoamérica. Esto es porque, además de las efemérides acostumbradas en los pronósticos de temporales, contiene un relato que puede ser colocado dentro de la tradición de las sátiras sociales que aprovechan el pretexto de un viaje espacial para criticar las costumbres y la sociedad que en ese momento es presente, marcar burlonamente ciertas actitudes y costumbres, presentar un sistema de vida utópico.
Posiblemente uno de los temas más antiguos y universales de la literatura sea el de los viajes a un mundo exótico y muchas veces extraterrestre en donde la vida es mejor que como la conocemos. Su presencia puede constatarse en textos pertene-cientes a cualquier cultura y a cualquier época. Otro tema viejo es la crítica de los sistemas establecidos mediante su equiparación con otro alternativo que lo supera ampliamente. Así pues, los viajes, específicamente, el viaje a cuerpos celestes donde pueden encontrarse sociedades y gobierno utópicos, no es ni remotamente tema reciente, se puede encontrar desde relatos tradicionales para los que es posible revindicar incluso miles de años de existencia hasta llegar a H. G. Wells, tras haber pasando por Luciano de Samosata, Ariosto, Balbuena, Francis Godwin, Edgar Allan Poe y Jules Verne.
Sin embargo, el propósito de este trabajo no es la de hacer un catálogo de viajes a la Luna, por lo menos no de viajes que no estén relacionados con la intención satírica que señalé arriba como propia de las Syzigias.... Pues la sátira normalmente implica un trabajo literario en el cual el referente y la intención no son directos, así pues, no debe interpretarse en este tipo de textos el viaje interestelar como el principal actor, ni la primacía de la obra será el ingenio que permite al hombre llegar a la Luna, estos son los pretextos que le sirven para poder parodiar, ironizar o burlarse de un grupo de personas, un género literario o todo un sistema. En estos textos, el ingenio que más se aprecia es el de poder criticar o ridiculizar un mundo conocido mediante la descripción de otro alternativo.
Dentro de este tipo de obras con intenciones paródicas o satíricas que emplean el motivo del viaje a la luna es posible que el antecedente lejano más famoso sea la Verdadera historia de Luciano de Samosata. Esta Verdadera historia, que ya desde el título juega a parodiar, aparece ante el lector moderno como una obra originalísima que prefigura no sólo a Swift, Cyrano de Bergerac y Voltaire, sino a Julio Verne, H. G. Wells y a una parte de la ciencia ficción convencional. Es común encontrar referencias a la obra del autor griego como precur-sora de la literatura llamada fantástica o de la ciencia ficción, pero, lo que se ha perdido un poco de vista, con excepción de los trabajos especializados, es su carácter paródico. En las descripciones de Luciano es posible ver desde motivos homéricos exagerados a casi la caricatura hasta una abierta mofa al género de novela helenística e imperial que estuvo tan de boga en su época; pasando, desde luego, por la crítica a los libros de viajes que debían incluir, junto con datos completamente ciertos, buenas dosis de pasajes en los que los autores dejaban volar la imaginación.
Durante la Edad Media y el Renacimiento los viajes a otros astros siguieron siendo usados para criticar más o menos explícitamente a la sociedad por autores como Rabelais, Ariosto, Tomás Moro, o Campanella. En el Renacimiento la pluralidad de los mundos se convirtió no sólo en una polémica interesante; merced a nuevos descubrimientos y a sucesos tan famosos como los juicios a Galileo y Bruno, el tema se tornó peligroso y coyuntural. Los siglos XVI, XVII y XVIII conocieron numerosas propuestas de filósofos y científicos Ticho-Brahe, Descartes, Pascal, Bacon, Newton que de maneras variadas y con mayor o menor fortuna tocaron el asunto. A la par de los científicos, algunos escritores con ese espíritu enciclopedista que ya se dejaba sentir desde tiempos anteriores a la Enciclopédie encontraron en el tema de los mundos alternativos, y tal vez ayudados por la represión que sufrían estas ideas, un camino para la crítica social y filosófico-teológica.
Tal fue el caso de Los estados e imperios de la Luna y Los estados e imperios del Sol, de Cyrano de Bergerac. Este libro guarda importantes similitudes con la Verdadera historia o Relatos verídicos-, tiene una deuda evidente con Rabelais y conoce y dialoga con El hombre en la Luna de Francis Goldwin. [2] Así, en Los estados... Cyrano no sólo hace mención de los más actuales descubrimientos científicos de los que se disponía en su época para justificar de manera bastante irónica el viaje y con ironía certera impugna la validez de los modos de vida y las creencias de sus contemporáneos, sino que expone a veces sin sutileza alguna las más desacralizantes teorías de los libertinos, que formulan condenas a las ideas preestablecidas del catolicismo y el dogma.
Sin embargo, como en muchos otros casos de viajes interestelares de antes del siglo XIX, en el texto de Cyrano, como las Syzigias..., el procedimiento empleado para alcanzar la Luna no descansa en el uso de ninguna técnica específica que pueda vencer las limitaciones de la tecnología del momento en que se escriben, [3] sino en una burla abierta de algunas creencias populares. [4] Un poco más tarde, casi contemporáneo a las Syzigias..., Voltaire publica su Micromega. En este cuento Voltaire efectivamente da muestras de tener deudas con Rabelais, Cyrano y Swift, pero también con los empiristas ingleses. Nuevamente es posible encontrar la combinación ciencia, imaginación y crítica junto con la relativización que sufren el hombre y su mundo, característica que tan bien se mostraba en Cyrano.
Por lo que respecta al texto novohispano, tal vez no sea posible hablar de influencias, pero sí de temas, tradiciones y estilos que perduran y, algunas veces casi inconscientemente, permean otros textos. Así estas obras, las de los científicos y las de filósofos y escritores, desde Rabelais y Galileo hasta Voltaire y Newton, pasando por Swift y Descartes, probablemente son antecesores, sin que importe cuan directos, de las Syzigias..., que si bien dista de ser una obra tan lograda como son El Otro mundo de Cyrano de Bergerac o Micromega, pertenece a la misma línea de sátira e imaginación que emplea explicaciones científicas para justificar algunas vicisitudes de la trama y da una descripción de un mundo que “por su buen gobierno y tiene, a pesar de un estilo descuidado y pedante a la vez, suficientes merecimientos para ser considerada como un texto injustamente ignorado.”[5]
Pues las Sicigias y cuadraturas... no ha llamado demasiado la atención de investigadores serios salvo Pablo González Casanova, quien le dedica una pequeña parte en su libro La literatura perseguida en la crisis de la Colonia (: 69-107); los demás estudiosos que se han abocado a trabajar en los fondos documentales de la Inquisición no han reparado demasiado en él. El relato toma la forma de una supuesta carta que remite el secretario del Ateneo lunar al bachiller don Ambro-sio de Espinosa, quien por medios desconocidos ha hecho llegar hasta allá una carta con mediciones astro-nómicas bastante acertadas. La misiva contiene la narración de la llegada al satélite de un científico francés. Habla un habitador de la Luna:
Estando para disolverse el Congreso, a que yo asistí como secretario y computista, vimos como a distancia de dos millas y media (¡quien lo pensara!) un carro o bajel volante, instruido de dos alas y un timón, puesto donde debe estar, que venía rompiendo nuestra atmósfera con una celeridad increíble. Al principio pensamos que todo era ilusión, pues no hay memoria ni tradición de haberse visto jamás en nuestro orbe hombre alguno en cuerpo y alma. Salimos a conducirle a nuestro Ateneo y, después de haber hecho el arráez una profunda reverencia, dio cuenta muy por menor de su viaje y destino del que nosotros sólo podremos hacer un extracto muy diminuto, y él, allá de vuelta, podrá explayarse cuanto pueda y quiera (:560).[6]
El relato nos da una breve descripción de algunos lugares de interés en la Luna: “el País de los Sordos” (:565), que termina en un puente magnífico llamado “el Puente de los Asnos” (:565), “los Campos Elisios” (:566), y “una ciudad donde reside el Sherif, con todas sus casas, calles, plazas, etcétera, de plata” (:566). La mención de que los altos dirigentes del Ateneo Lunar aprovecharán el regreso del viajero a la Tierra para enviar la carta de respuesta al bachiller residente en Yucatán a Ambrosio de Espinosa, almanaquista sensato y amigo de materialistas llevados al infierno ya que antes habían declarado que “el Atisbador se nos manifiesta uno de los pocos terrícolas menos desatentos y más bien criados” (:557),[7] es el primer pretexto para iniciar la sátira. Dicha carta, además de contener fechas y efemérides además del Pronóstico de temporales que lo precede, sirve para que, al cobijo de razones que descansan sobre la ubicación geográfica de la Península de Yucatán y la influencia del movimiento de la Tierra en sus moradores, el autor se explaye burlonamente sobre las características de mezquindad, incultura, lujuria y necedad de los vecinos del bachiller don Ambrosio de Echeverría y el franciscano Antonio de Rivas. [8]
Entre tanto, nosotros tomamos la gustosa diversión de colocar la ciudad de Mérida de Yucatán debajo del meridiano inmóvil de un globo geográfico que aquí dejó monsieur Dutalón y hallamos que su latitud septentrional es 20 grados 20 minutos; lo mismo que teníamos observado (como también su situación a la mitad del tercer clima, cuyo día máximo del año debe ser de 13 horas, 15 minutos). Y, como desde aquí vemos que gira la Tierra de Poniente a Levante sobre su propio eje, a proporción del movimiento de la equinoccial terrestre, le corresponde a esa Península, según su paralelo, cuatro leguas españolas en un minuto de tiempo. Verdaderamente es un milagro continuado de la Omnipotencia que todos sus habitadores no sean lanzados por esos aires con un movimiento muchísimo más impetuoso que el que a la piedra da la honda pastoril por la tangente de su círculo. En esta consideración, debéis padecer vértigo o desvanecimiento de cabeza permanente, que impida las funciones y reflexiones de una alma racional; dándoos, como gente sin un adarme de seso, a todo género de profanidades, al lujo, a la farándula, al dolo, a la perfidia, a la alevosía, a la simulación profunda, a la codicia sórdida, a la ambición violenta hasta pisar descaradamente lo sagrado; una adulación fastidiosa hasta el abatimiento; una calumnia detestable hasta el más alto grado de malicia; una discordia perpetua entre la lengua y el corazón; una sensualidad más que brutal, que sólo con la muerte acaba; una mendacidad por herencia, una volubilidad, o inconstancia por temperamento y otras torpezas indignas de la naturaleza racional, que pueden llenar de borrones más papel, que conduce una flota al Puerto de la Vera Cruz. (:566-567)
El autor del texto, al igual que el presunto bachiller, hace gala “a la vuelta de uno u otro sarcasmo, que mañosamente y como al descuido, deja caer, tira algunos bellos rasgos de erudición nada vulgar”. Y llena su relato de alusiones a la Biblia y a autores clásicos como Séneca, Plinio o Marcial, además de numerosos datos sobre física, astronomía, astrología y pronósticos de temporales. Respeta, o al menos parece familiarizado, algunas de las convenciones de lo que podría considerarse un género de sátira social enmarcada en narraciones de viajes espaciales. Rasgos que desde Luciano aparecen como típicos y tópicos de este tipo de relato, como pueden ser la mención de Faetón y la plata (las Sicigias afirman que el viaje de Faetón es el culpable del incendio que pone en peligro las memorias de la Luna, pues: “nuestras memorias que estaban gravadas en láminas de plata, que es el papel de que aún hoy usamos, no pudieron resistir a la actividad de un fuego voracísimo” [:559]) relacionada con la luna y la alusión a la situación que reina en el Sol,[9] además, proporciona datos de los que ya Cyrano había hablado, como es la localización en el lado oscuro de la Luna del Paraíso ya no terrenal sino lunar (Cyrano : 41-60).
O bien, las complicadas mediciones que son necesarias para averiguar la extensión de un puente o las distancias entre las regiones de la Luna:
...nosotros sabemos, por repetidas observaciones, que el diámetro verdadero de la Luna con el de la Tierra guarda la proporción de 33 con 121, con la diferencia de una fracción minutísima, y, a este respecto, es importante dividir el viaje que vais a hacer en 3 distancias, siguiendo el vertical, que pasa por el Sudueste. La primera distancia es de 132 leguas y termina en un monte de plata que puede observarse muy bien desde la Tierra con el subsidio de la dióptrica, y aun medirse geométricamente; pues se levanta sobre el plano horizontal 296 hexápedas, que hacen 2,066 pies de Castilla con corta diferencia. La segunda distancia es el País de los Sordos, y termina en un puente magnífico, de una estructura acabada, llamado el Puente de los Asnos, cuyo número de arcos es tal que restando 188, y del mismo número de arcos restando 48, los residuos, o restas, son como
12 con 8=
2256 _ _ 12V 8V_ _ 386.Hecha la análisis conveniente, habréis pasado el puente con el gusto de saber cuántos arcos tiene el Puente de los Asnos. En la tercera distancia, cuya mayor parte ocupan los Campos Elisios [...]. De modo, que el cuadrado de la primera distancia, 132 leguas, juntamente con los dos cuadrados de la segunda y tercera distancias expresadas, suman 1,585,584. (:555-556)
Medidas y cálculos un tanto cuanto ociosos (más aún tomando en cuenta el nombre del puente y la razón por la cual es importante conocerlos), pero que también reflejan convenciones genéricas de este tipo de sátiras y que están presentes desde el Icaromenipo de Luciano de Samosata.[10]
El texto, probablemente escrito por el franciscano fray Antonio de Rivas, exdefinidor de la provincia de San José de Yucatán, formó parte de las pruebas que se presentaron en su contra en el juicio que le hizo el Santo Oficio por proposiciones. Y aunque el franciscano sólo parecía ser culpable de poco aficionado a la misa u más a la “invenctiva” (:567) , el cuadernillo en el que aparecen las Sicigias... bastó para encontrar material suficiente sobre proposiciones y juzgarlo por haber expresado juicios erróneos en cuanto a las almas y los infiernos. A pesar de que nunca se condenó abiertamente la imaginación o la ficción por sí misma,[11] la Inquisición, siempre vigilante a mantener el estado de las cosas tal cual vio con malos ojos el viaje a la Luna.
Syzigias y quadraturas... puede con facilidad ser vista como una obra subversiva y sediciosa, que podía ser interpretada como una muestra abierta de las tendencias de los enciclopedistas y liberales franceses poco píos y dados a incurrir en errores de fe que tanto temían los inquisidores novohispanos; además, esta obra de ficción podía percibirse como publicidad peligrosa para las nuevas ideas de la física experimental, que aún no dejaban de inquietar a la Inquisición. Aunque en 1775 ya era vieja la precaución de cuidar que las ideas de los franceses tocaran lo menos posible a los españoles y no se infiltraran en las colonias.
Igualmente, no olvidemos que las Sicigias, criticando a todos, no olvida a los eclesiásticos y la Inquisición: así por ejemplo, cuando monsieur Dutalón da su confianza a un amigo cura, éste no tarda en traicionarlo, ocasionando que el viajero “previ-niendo que al vérseme discurrir por el aire se encendería una hoguera para ser quemado públicamente en la plaza como mágico” (:561), tenga que huir y refugiarse en una isla para terminar su proyecto.
No faltan tampoco sarcasmos algo ambiguos y rebuscados como los que dedica a los materialistas:
Aquí iba a hablar el presidente del Ateneo cuando distrajo nuestra atención una tropa de ministros infernales que entrándose en la Asamblea. El jefe, que era de muy mala catadura, sin hacer cortesía se explicó de este modo: “nosotros, de orden de nuestro Príncipe, vamos muy lejos de aquí, cuanto de aquí dista el Globo Solar; conducimos el alma de un materialista que en el punto de la separación del cuerpo fue arrastrada a la puerta del infierno, en donde no quiso recibirle Luzbel, diciendo que estaba informado por sus esbirros que rodean toda la Tierra que era un espíritu inquieto, turbulento, enemigo de la Sociedad Racional y de la espiritualidad de la alma; que, en su opinión, la madre que le parió, no era de mejor condición que el zorro, el puerco espín, el escarabajo y otro cualquiera vil insecto de la Tierra cuya alma muere con el cuerpo; que no quería aumentar el desorden, la confusión y el horror que eternamente habita en su república, tal cual ella es, con el establecimiento de un impío. Y que luego, luego, escoltado por un destacamento de cuatrocientos demonios, fuese llevado a aquel gran pirofilacio, el Sol”. “¿Al Sol?”, dijo el presidente del Ateneo, “¿en dónde el Altísimo colocó su trono y pabellón?” “Sí, monsieur, al Sol, repuso Dutalón: porque en el Sol colocó el infierno un anglicano, natural de Londres, llamado Suvidin, que en una disertación, con los dos versículos 8 y 9 de el capítulo 16 de el Apocalipsis, pretende persuadir que el lugar de los condenados está en medio de el Sol, en donde el Demonio fijó su trono y que ésta es la razón porque tantas naciones en el orbe terráqueo hayan adorado al Sol como Dios”. (:563-564)
A decir de su proceso, las actitudes de fray Manuel Antonio de Rivas no coincidían con las que se consideraban propias en un hombre de su condición. Poco afecto a la misa y los coros (El Señor Inquisidor Fiscal del Santo Oficio contra fray Manuel Antonio de Rivas... fols. 13r-14r) dado a la especulación y las “travesuras” de la imaginación ( fol. 24r), en efecto, Manuel Antonio de Rivas se revela como el hombre capaz de escribir el relato de las Sicigias. La narración da buenas muestras de imaginación, tal vez sea “un escarceo poco original, con alusiones personales que lo afean, y lamentables disparates estilísticos” (González Casanova: 96), pero también es cierto que explora un terreno poco hollado en la literatura no sólo novohispana sino de lengua española de su época. Sobre esta pobreza imaginativa que afectaba por igual a España que a los virreinatos y colonias americanas, Luis Alberto de Cuenca señala que “no fue es nuestro país un siglo [el XVIII] especialmente fantástico” (: 60); sin embargo, en el ámbito de la sátira fantástica, el texto novohispano puede colocarse al lado de la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias zotes, del padre Isla o de Diego de Torres Villaroel, que -como Rabelais y el autor del texto pretexto de este artículo- se dedicó en sus almanaques a hacer gala de fantasía y magia. Por su parte, otro afrancesado -como el autor del texto que nos ocupa-, Leandro Fernández de Moratín, publica casi contemporáneamente a las Syzigias... su Derrota de los pedantes (1789), disparatada historia semimitológica.
El texto novohispano cabe en la misma línea que todas estas obras que si bien han sido tachadas de ramplonas y aburridas no dejan de mostrar una misma intención satírica y algunas veces, como en el caso de las Sicigias... demuestran una gran familiaridad con los modos literarios de fuera de la Península y dejan ver a un verdadero interesado en las novedades científicas, capaz de jugar a agredir a Descartes y otros dioptristas y de ensalzar a Newton; de dialogar con varios textos a la vez y ofrecer su propia versión de la sociedad en que le tocó desarrollarse.
Finalmente, es también, como casi todos los textos que presentan sociedades alternativas en medio de estos relatos de viajes a la Luna, una utopía de vida placentera:
...que en todo el Universo no puede darse lugar más cómodo, más ameno, ni más delicioso para habitación de vivientes que adoren y alaben al Criador. Yo apuesto que si hubiera discurrido por todas estas regiones cualquiera de los que condenan como absurda la opinión de colocar en la Luna el Paraíso de donde fue empujado el buen padre Adán, por dar gusto a una mujer (¡ojalá no se hubiera derribado a su posteridad esta fácil condescendencia!), acaso moderara su sentir. ¡Qué maravillas y bellezas de naturaleza, que aquí pasan por ordinarias y no pueden contemplarse sin estupor y asombro! ¡Qué gobierno tan dulce y acomodado a la temperie de los antíctonas! Ciertamente, allá nuestro globo terráqueo, por su constitución, ha menester distinción de clases, en donde la suerte de los que gobiernan es la más infeliz; porque si el superior gobierna mal, a todos desagrada, si gobierna bien, a pocos podrá agradar, siendo muy pocos los amantes de la justicia y equidad. (567-568)
Como puede observarse, hay una construcción plena del mundo utópico. Los elementos de los más clásicos no lugares están aquí: el gobierno perfecto, la abolición de las clases, las costumbres perfectas y moderadas. Desde Platón hasta Swiff, son todos estos los elementos desde donde las Utopías nos miran con suficiencia, juegan a demostrarnos que el mundo de los humanos siempre es desagradable y que sólo lejos de nosotros mismos es posible vivir mejor.
Finalmente, aunque en ocasiones se ha señalado a distintas utopías y sátiras sociales que emplean el pretexto del viaje a la Luna u otros lugares extraños, lejanos o inaccesibles como antecedente de las ficciones científicas o de la literatura fantástica, no debemos descuidar que es evidente que tanto las utopías como las sátiras sociales son construcciones mentales, que han instaurado su paradigma de realidad con el reflejo caricaturizado o atroz de la realidad que pretenden criticar, que son asumidamente paródicas o contrastantes y no plantear la posibilidad de que existan como relatos de irrupción o escándalo en un sistema de funcionamiento de realidad.[12] La ironía y la distancia hacen que las reflexiones utópicas sobre las posibilidades de un mundo mejor no dejan de tener el fuerte referente de su espejo social y no se preocupen por presentar hechos o condiciones que puedan pasar por verosímiles en un contexto científico respetuoso de las leyes naturales o posibilidades mecánicas o científicas, condición imprescindible para la ciencia ficción. Las Sicigias y cuadraturas de Antonio de Rivas es un texto satírico y, pese a sus limitaciones, entretenido, aunque no por su filiación con la ciencia ficción. Las críticas, feroces o irónicas, que la narración novohispana lanza contra los desordenes morales, la maledicencia, la falta de tolerancia, la falsa erudición y otros defectos humanos es la base para construcción del sistema que puede considerarse utópico (más bien anti-utópico) en el texto. La descripción de la sociedad que, por contraste, se ofrece como perfecta permite no sólo estas críticas, sino plantea de inmediato la necesidad de relativizar la importancia que se pone en los detalles más nimios de nuestra sociedad. De la misma manera que cuando Luciano habla del espejo que le permite ver a la Tierra desde la Luna y se coloca en una perspectiva externa, desde donde le es posible evaluar mejor lo que sucede , así en las Sicigias, aparece la mirada fingidamente objetiva, aunque aquí, agudizada su lejanía ante la focalización que se hace al permitir la voz al habitador de la Luna, al espectador ajeno y no comprometido que puede darse el lujo de describir con acritud los defectos y deficiencias de una forma que ningún involucrado podría hacer, ni siquiera uno que, como señala, Louis Vax tuviera la distancia que tiene un personaje de utopía, capaz de ironizar y seguir sintiéndose seguro en su mundo. [13]