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Las Páginas Obscuras de la
Historia de las Mujeres

por: Dra. Ana María Peppino Barale[*]

La violencia puede siempre destruir al poder;
del cañón de un arma brotan las órdenes
más eficaces
que determinan la más instantánea
y perfecta obediencia.
Lo que nunca podrá brotar de ahí es el poder.
Hannah Arendt

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l feminismo como teoría crítica ha expuesto la inequidad histórica, en el sentido de que por siglos el recuento del pasado ha venido presentando una realidad fragmentaria en la que se soslaya sistemáticamente la aportación de las mujeres. De ahí, la importancia de ir subsanando esa falla que responde a una apropiación de la realidad por parte de un sector de la humanidad. Así, ha aumentado el número de escritos que tienen a las mujeres como tema principal, con lo cual ellas van dejando de ser solamente el pretexto tradicional de innumerables composiciones pictóricas o literarias para ser consideradas como sujetos y convertirlas en objeto de análisis, no sólo de la historia sino del discurso y las representaciones contemporáneas.

Se trata de construir una historia contributiva para superar la línea que considera a las mujeres como víctimas del acontecer histórico y, en cambio, analizarlas como sujeto portador de símbolos, valores y comportamientos diferentes, por medio de estudios enfocados a describir sus actividades y su posicionamiento en la sociedad. Con esto no se trata de escribir una historia parcial, totalmente desligada de la de los hombres, sino que dicha recuperación debe formar parte una comprensión integral del devenir histórico.

En tal sentido, se está mirando el pasado de una manera nueva para consignar el tránsito de las mujeres en los diversos campos del saber humano, en las actividades políticas y económicas y en todas aquellas áreas públicas que habían sido representativas únicamente del mundo masculino. Pero es preciso resaltar que los registros deben ir más allá de la recuperación del mundo doméstico, familiar, cerrado y considerado el área femenina por antonomasia; más allá, también, de los momentos luminosos y paradigmáticos de la historia de la humanidad en que tantas mujeres han participado, para volver la mirada a las páginas que pueden considerarse obscuras, en el sentido de que su contenido se refiere a mujeres que habiendo tomado un camino ideológicamente divergente, subversivo del orden político y social imperante en su entorno nacional, se han unido a grupos que fueron radicalizando sus métodos contestatarios hasta acciones consideradas como terroristas. Al respecto, los intentos de Naciones Unidas por llegar a una definición, indispensable para una convención global contra el terrorismo, han fracasado repetidamente desde la Convención de 1972 donde se prohibió la tortura. El artículo del diplomático italiano Roberto Toscano (Parma, 1943), “Por una definición del terrorismo” [1], da luz sobre la dificultad de enmarcar hechos como tales, señala que se trata de:

Cualquier acto de violencia o amenaza, prescindiendo de sus motivaciones o intenciones, perpetrado con el objetivo de llevar a cabo un plan criminal individual o colectivo con el fin de aterrorizar a la gente o amenazarla con causarle daño o poner en peligro su vida, honor, libertad, seguridad, derechos.

Pero se añade la cláusula que sigue, con la cual se establece la distinción entre “terroristas” y “combatientes por la libertad”, así, queda excluida:

[...] la lucha de los pueblos, incluida la lucha armada contra el invasor extranjero, la agresión, el colonialismo y la hegemonía, que persigue la liberación y la autodeterminación de acuerdo con los principios del derecho internacional.

La diferenciación anterior da lugar a interminables discusiones, por lo que Toscano insiste en fijar parámetros que permitan dejar claro que el terrorismo no concierne a los fines, sino a los medios, por lo que no se lo debe definir “por la naturaleza de quien lo comete ni por la legitimidad de la causa, sino más bien por la naturaleza del objetivo, un objetivo que carece de toda relevancia militar, pero que posee en cambio otro alcance político-psicológico”. La guerrilla, dice, no es terrorismo, y ejemplifica que si se ataca a una unidad militar es guerrilla, en cambio, una bomba en un restaurante o un avión que se estrella voluntariamente contra un edificio civil, es terrorismo. Evidentemente se trata de acciones diferentes, si bien se lleven a cabo por los mismos grupos armados, por lo que es conveniente por lo menos en ponerse de acuerdo sobre “el destierro de un aspecto muy concreto de la violencia: la dirigida contra objetivos indefensos, no militares, con el fin de obtener resultados políticos y psicológicos”. En este sentido, la “violencia política” a diferencia del “terrorismo” tiene entre sus objetivos a personas o instituciones muy concretas, lo que no excluye arbitrariedades selectivas; en cambio, el terrorismo pretende, además, inspirar terror en colectivos cada vez más amplios. Se habla en este último caso de "socializar el miedo". Siguiendo esa precisión, la organización a que haré referencia aquí –ETA- ha trabajado en los dos registros.

Precisamente el terror y la repulsa se generan porque los ataques están dirigidos hacia una población civil inerme, ya sea para allegarse fondos a través del secuestro, por el cobro de “impuestos de guerra”, por extorsión, por ejecutar a quienes consideran “colaboracionistas” y, en su extremo, por atentados en sitios o servicios públicos con una cauda numerosa de víctimas inocentes. Se trata, en suma, de un asunto complejo que es campo de estudio de disciplinas como la sociología política, la psicología, el derecho, la antropología. Desde la historia se presenta la dificultad de tratar un proceso aún abierto y del que no se tiene la suficiente distancia como para analizarlo o exponerlo con mayor objetividad. Por ello, el pasado cercano desafía a la memoria de quienes participaron en estos procesos desde diferentes trincheras y de ahí que los testimonios constituyen una fuente importante para la reconstrucción de sucesos, con todas las inexactitudes, olvidos, confusiones y parcialidades a que haya lugar. En este camino, se trata de rearticular apreciaciones diversas generadas por el “uso público de la historia”, de ahí que para ello la investigación periodística y los estudios sociales con resultados notables que los hacen indispensables para ir reconstruyendo lo sucedido.
(Stabili, 2007, 12)

Aquí expongo la trayectoria de una militante para incorporarla al directorio de mujeres que se comprometieron con causas que consideraron en su momento necesarias para corregir el rumbo de sus países. Sin duda, mujeres valientes, arriesgadas, comprometidas, si bien los atentados contra la vida de otras personas en las que se vieron envueltas obscurezcan sus biografías. Esta parcialidad, la mirada sólo hacia un lado, cuando la neutralidad obliga a ver para ambos lados, la justifico por el deseo expreso de exponer que el lado “obscuro” de la historia de las mujeres puede responder a un deseo de romper las reglas de su entorno con respecto al papel tradicional que las sociedades patriarcales han asignados a uno y otro género, una forma de encontrar otro sentido a sus vidas, un camino para demostrar que son tan capaces como los hombres, una búsqueda de su propia identidad.

Ante el estereotipo de mujer débil, sentimental, respetuosa de la vida por su consideración de dadora de la misma, orientada al servicio hacia los demás, etcétera, los estudios de las mujeres van exhumando las figuras que desde la conquista y las luchas de independencia en territorio americano, se sumaron a los movimientos de resistencia primero y rebelión e insurrección más tarde. Así, no sólo es necesario actualizar y adecuar la visión acerca del variopinto panorama de mujeres que ha participado en la construcción de las sociedades nacionales actuales, sino que, revisando la historia cercana, es necesario fijar la atención, del mismo modo, en la presencia femenina en situaciones de violencia subversiva. Ellas que durante tantos siglos han sido agredidas y violentadas, que han sido y son las víctimas más numerosas en las guerras y luchas intestinas también son, a su vez, capaces de brincar al otro lado.

Si bien desde el feminismo se favorece una conducta antibélica y pacifista, por su misma esencia es rebelde. El “feminismo en sí mismo es un gran acto de rebelión”, pero entiende que “ninguna forma de agresión construye la libertad o la paz”, además que considera a la guerra –en todos sus grados, formas y expresiones- como “instrumento vertebral del poder del (des)orden y del dominio del sistema patriarcal, tal vez por eso la guerra ha sido siempre ‘cosa de hombres’, [si bien] feministas ‘igualitarias’ peleen porque se les permita incorporarse a los espacios masculinos dentro de sus lógicas.” (CICAM, 1999, 129)

Este caso, el de Dolores González Katarain, alias “Yoyes”, integrante de organización vasca ETA, es parte de un estudio más extenso que incluye a otras mujeres de latitudes distintas, es decir, lo que aquí presento es apenas el inicio de un buceo más profundo en el tema. Me interesó ella en especial porque fue la primera mujer en ocupar un puesto directivo en la aún hoy viva organización por su valor para romper con ese pasado y tratar de retomar una vida común a pesar del peligro que eso representaba y que le costó, efectivamente, la vida.

Yoyes

Para fijar el contexto mínimo donde se ubican las acciones de la activista estudiada, me limitaré a esbozar los datos principales de ETA, ya que, por la limitación que impone la extensión de un artículo, no es posible ahondar en la compleja trama del origen y desarrollo de dicha organización, así como de su relación con el contexto nacional e internacional de la época; se impone una presentación esquemática y con ello, se entiende, una sobre simplificación del fenómeno.

Por tratarse, repito, de un pasado muy cercano, la investigación periodística es primordial ya que brinda abundante información que permite extraer y cruzar datos para reconstruir los hechos, desafortunadamente mucha de ella esta en vasco, lo que me ha impedido tener acceso a un punto de vista más cercano al objeto de estudio.


La organización etarra[2]

ETA

El 17 de marzo de 2006 la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa [3] condenó unánimemente, las "graves y múltiples violaciones de Derechos Humanos cometidas en España por el régimen franquista, entre 1939 y 1975" y propuso que el día 18 de julio de 2006 sea considerado "día oficial de condena de la dictadura franquista". En las conclusiones del informe correspondiente se anota que "hay suficientes evidencias para probar que los abusos contra los derechos humanos bajo el régimen de Franco fueron extensivos y sistemáticos". Abusos que se extendieron hasta la imposición del castellano como lengua oficial y la prohibición de expresarse en las lenguas locales (catalán, vasco, gallego) y con ello suprimiendo parte de la identidad cultural de esas comunidades. En ese contexto sociocultural y político, en el País Vasco o Euskal Herria, se van organizando clandestinamente círculos de estudios para recuperar las señas de identidad a punto de extinguirse en esos años, como la lengua vasca (euskara), la historia y la literatura vascuence.

En 1952 un grupo de estudio universitario de Bilbao se organiza bajo el nombre de Ekin (emprender, en euskera) y en 1956 se fusiona con la organización juvenil del Partido Nacionalista Vasco (PNV), hasta su separación y formación de ETA el 31 de julio de 1959; la tradición católica y conservadora del primero ya no se ligaba con la tendencia de los segundos que pretendían constituirse en un movimiento de resistencia vasco siguiendo una estrategia de acción directa, tal como se fija en su ideario resultado de la primera asamblea (Belloc, Francia, mayo de 1962). Mientras que en el primer nacionalismo vasco, ya más que centenario, la pureza racial - entendida religiosamente- era el núcleo fundacional de la patria, con ETA el rasgo diferencial fundamental es la lengua, ya que considera que no hay fórmula más efectiva de acabar con un pueblo que eliminar su lengua nacional. Desde su origen, ETA intenta extirpar de la identidad vasca los atributos religiosos propios del planteamiento de Sabino Arana[4] y de sus seguidores.

Bandera

La diferencia entre ambas posturas se hace explícita en el discurso sobre su convicción de que la jerarquía católica es cómplice del régimen que oprime al pueblo vasco, aunque reconoce que una parte del clero ha demostrado desde la guerra civil estar a la vanguardia de la lucha.[5] ETA proclama la necesidad de una revolución total, una lucha de vida o muerte, para emancipar al pueblo vasco y, es así, que se fue conformando como un Movimiento de Liberación Nacional al estilo de los movimientos tercermundistas de la época, a los que ofreció su solidaridad y apoyo, tal es así, que en mayo de 1972 manifiesta públicamente un acuerdo con ellas en compañía de otros dos movimientos de liberación europeos: el Frente de Liberación Bretón [6] y el IRA[7].

Las siglas ETA significan Euskadi Ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad); se autodeclara independentista y nacionalista vasca, de ideología marxista-leninista y sigue la lucha armada como método para alcanzar la independencia de lo que el nacionalismo vasco denomina ancestralmente Euskal Herria y que comprende territorio español y francés.

Bandera

Desde su origen, a partir la escisión fundacional, la historia de ETA no es lineal ni única, se van sucediendo distintos rompimientos entre sus miembros que difieren en las líneas a seguir, tal como se van haciendo presente en sus distintas asambleas. Siguiendo el resultado de las asambleas de ETA, se puede tener un panorama de los cambios, reacomodos y fracturas, resultantes de las divergencias en cuanto a la línea a seguir, particularmente ante los atentados[8] y las muertes consecuentes. En la III Asamblea (1964) se adopta la lucha armada como la vía oportuna para alcanzar las metas fijadas y, también, se decidió por unanimidad la ruptura con el PNV por considerar que sus acciones no eran favorables a los fines de la liberación nacional. En la IV Asamblea (1965), se hacen visible las fracturas -que se irán ahondando en las siguientes reuniones hasta más escisiones y formación de nuevos grupos-, entre quienes favorecían el quehacer de la organización en luchas propiamente políticas y los que apoyaban la actividad armada y aprobaban el uso de la violencia para conseguir fondos económicos, corriente que prevaleció. En la V Asamblea, celebrada en dos fases 1966 y 1967, se decide la creación de cuatro frentes o grupos de trabajo interno que se mantendrán a lo largo de los años: político, militar, económico y cultural.

En 1970, durante la VI Asamblea las tensiones entre militaristas y obreristas provocan una escisión entre ambos grupos que van recibiendo denominaciones de acuerdo con su apego a las resoluciones de tal o cual Asamblea. Algunos se integran con sectores idóneos de otras organizaciones.

Cuando se inicia la llamada transición a la democracia española, después de la muerte de Francisco Franco acaecida el 20 de noviembre de 1975, hay dos ETA: la militar (ETAm) y la político militar (ETApm). Esta última aceptó la amnistía concedida por el gobierno español, abandonando la violencia e integrándose al partido político Euskadiko Ezkerra (izquierda del País Vasco), que posteriormente se fusiona con el PSE-PSOE. Ante dicha postura, buena parte de su militancia, particularmente los comandos bereziak (especiales) dedicados a las acciones violentas más importantes, se integraron a ETAm que, en adelante, volvió a ser ETA sin apellido, misma que considera que el sistema constitucional postfranquista no ofrece cambios esenciales con respecto al derecho de autodeterminación del país vasco, por lo que decide continuar con la línea que venía defendiendo el predominio de la lucha armada y los aspectos nacionalistas sobre la política y los aspectos obreristas o revolucionarios. Los atentados aumentaron en número e intensidad. Mientras que los realizados bajo el régimen de Franco se podrían justificar por las condiciones imperantes en España, ante la negación de la línea dura de ETA a incorporarse al proceso democratizador, ha ido perdiendo apoyos públicos, siendo condenados sus actos y calificados de terroristas por fuerzas políticas y sociales desde la aprobación del Estatuto de Autonomí¬a del País Vasco de 1979 -también llamado Estatuto de Gernika-, hasta la actualidad.

Durante la dictadura de Francisco Franco y la transición española, con los gobiernos de Unión de Centro Democrático, existieron diversas organizaciones que utilizaron prácticas terroristas para enfrentarse a ETA, como el Batallón Vasco Español (BVE), la Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista), ATE (Anti Terrorismo ETA), o los Grupos Armados Españoles (GAE). Entre 1983 y 19867, los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) practicaron el terrorismo de Estado, con la colaboración de altos funcionarios del Ministerio del Interior de España, entonces dirigido por el gobierno del Partido Socialista Obrero Español del presidente Felipe González. Sus acciones se dirigieron particularmente contra ETA y contra militantes de la izquierda independentista vasca. Esta etapa supone una parte del periodo de "la guerra sucia" en la historia de España y también en la de Francia, porque según se reveló en los juicios, los atentados y secuestros de los GAL fueron perpetrados en su mayoría por mercenarios franceses contratados por policías españoles, financiados con fondos reservados, y organizados desde el propio ministerio del Interior, a través de responsables de la lucha antiterrorista del País Vasco.

Miembros_de_ETA

Es necesario entender que ETA no es una organización aislada, sino que está considerada la vanguardia armada del Movimiento de Liberación Nacional Vasco o MLNV que conglomera “al auténtico pueblo vasco”, formando así, una especie de “contrasociedad”[9] que asume cualquier ataque a una de sus partes como infligida al conjunto. Esta concepción de inspiración movimientista -mayo del 68-, es crítica del papel que desempeñan los partidos políticos, particularmente por su tendencia a los personalismos entorno a un líder y por ello intentan reemplazar el liderazgo individual por uno colectivo, mismo que marca las directrices a seguir por el movimiento. De la misma manera, incorporarse al movimiento en alguna de sus ramas, no responde generalmente a un origen netamente individual sino que es –como en el país vasco- parte del ámbito familiar y comunitario. En el caso de las mujeres muchas han sido, o son, hijas, hermanas o parejas de militantes.

¿Cuál ha sido la participación de las mujeres en ETA en esta etapa? La lista de los dirigentes históricos señalan a hombres, jóvenes y solteros –por lo menos en el momento del ingreso-. A medida que iban en aumento los destierros, encarcelamientos y muerte del núcleo inicial fue creciendo la necesidad de incorporar a mujeres no sólo para labores de enlace, abastecimiento o actividades de apoyo, sino en las acciones violentas, en los atentados.

Seguramente las mujeres han tenido una presencia mucho más activa en las organizaciones subversivas mundiales de las que se tienen noticias. Pero si revisamos las listas de integrantes de las cúpulas operativas o políticas encontramos a pocas. Se considera a González Katarain, como la primera mujer que llega a ocupar un puesto directivo en la organización vasca ETA donde había ingresado en 1971; en 1973, por seguridad, pasa a Bayona, suroeste de Francia y ahí, tras el ajusticiamiento[10] en 1978 del principal dirigente, José Miguel Beñarán, “Argala” (1949), a manos del “terrorismo tardofranquista” que vengó el atentado contra Carrero Blanco [11] se hace cargo de la oficina política de ETA junto a Eugenio Etxebeste, Antxon (1951). Al poco tiempo se enfrenta al sector más violento de ETA y en 1980 se exilia en México [12]. De regreso, el 10 de septiembre de 1986 fue asesinada por el etarra José Ramón López Ruiz, “Kubati”. Por el corto tiempo que desempeño su papel como dirigente, se puede decir que Yoyes tuvo más protagonismo cuando fue asesinada, que como miembro de ETA.

Mujer en la ventana[13]

Mapa de la Provincia de Guipúzcoa,
Comunidad Autónoma del País Vasco

Provincia_de_Guipúzcoa

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María Dolores González Katarain, nació el 14 de mayo de 1954 en Villafranca de Ordicia (Guipúzcoa, España). Tenía apenas 17 años cuando ingresó a ETA en un momento que la popularidad del movimiento crece notablemente por la brutal represión de las fuerzas legales e ilegales del franquismo, alcanzando grandes muestras de solidaridad -no sólo interna sino también de otras partes de Europa y del mundo-, con motivo del proceso de Burgos en que se juzga a dieciséis de sus militantes en un juicio sumarísimo –Consejo de Guerra- de acuerdo con el Decreto-Ley sobre Bandidaje y Terrorismo (agosto de 1968), por el cual algunos delitos civiles pasan a depender de la jurisdicción militar, mismo que resultaba un instrumento útil para la represión de las actividades políticas. Destaca la durísima sentencia, que superaba las peticiones del fiscal: seis penas de muerte y 752 años de
cárcel. [14]

En los últimos años del franquismo la tensión social, laboral y política iba en aumento. Los conflictos laborales de empleados de la banca, la construcción, las Universidades o el Metro de Madrid, se sumaron a los paros y huelgas en las cuencas mineras. En total, se llevaron a cabo más de 1,500 huelgas, con más de 400,000 huelguistas.

En 1973, Joxe Etxeberría, “Beltza”, voló por los aires al explotar la bomba que transportaba en su automóvil, se lo considera la primera relación sentimental conocida de Dolores. No siempre salían bien los atentados, aunque no todos tienen ese final donde la víctima es el propio victimario, por ejemplo Yoyes salió ilesa cuando no se logró la voladura de un autobús de la Guardia Civil en la carretera de Martutene[15] a San Sebastián; pero su comando fue identificado y ella pasa a Bayona (Francia), donde dirige un grupo (talde), especie de comando formado sólo por mujeres que no habían sido fichadas y, por lo tanto, consideradas residentes legales.

Pocos meses antes de la muerte de Franco, en 1975, conoce a Juan José Dorronsoro. Si bien Juanjo no era militante de ETA y le llevaba diez años a Yoyes, coincidían en tres aspectos: un sentimiento religioso profundo, un apasionado interés por la lectura y una duda sobre la necesidad de la lucha armada después de la muerte de Franco. Quizás él influyó en la reflexión sobre este último punto que la llevo a tomar la decisión de separarse de ETA, es decir, que fue quien le dijo “Venga, vuelve a casa”, según lo expuesto en una entrevista a Adriana Faranda, ex dirigente de las Brigadas Rojas italianas, que señaló que nadie le había dicho a ella esas palabras y por eso siguió por el camino de la violencia hasta que la detuvieron –aunque ella sigue viva y Yoyes no-. Lo cierto es que acompaña a Yoyes en su exilio en México donde nace Akaitz, el hijo de ambos. Sin embargo, su voz no tocó las fibras adecuadas o no pronunció siquiera las palabras que hicieran desistir a Dolores de regresar al país vasco a pesar de estar consciente del peligro que corría, tal como escribió en su diario: “Me voy a morir y es mejor una muerte rápida, aunque sea violenta”. ¿Crónica de una muerte anunciada? ¿Se trata de la imposibilidad de escapar a eso que llaman destino? ¿Quiso apurar inconscientemente el trago amargo pero inevitable? En 2 de septiembre de 1985 anota en su diario: “Akaitz y Juanjo rondan sin cesar en mi cabeza. La mierda que flota en mi país, también huele. Quisiera salir corriendo, ¿pero adónde?”.

Relata el antropólogo Mikel Arzumendi, que el 7 de septiembre de 1986 encontró paseando en la playa de San Sebastián a Dolores con su marido Juan José y su hijo Akaitz. “Pero, que haces aquí?”, le preguntó con asombro, y recordó los carteles con su rostro pegados en las paredes del barrio de Gros, “Yoyes, estás muerta”, y recordó también las pintas: “Yoyes traidora chivata arrepentida”, lo que parecía una campaña de “ablandamiento” de la conciencia ciudadana para justificar el ulterior ajusticiamiento.

graffiti

Días después, con motivo de la fiesta patronal de Ordicia, Dolores recorría con su hijo una exposición de maquinaria agrícola en la plaza José Miguel de Barandiarán. ¿Se sentía segura? ¿confiaba, a pesar de los antecedentes, en que la dejarían en paz? ¿enajenada por su decisión de tener una vida normal no midió las consecuencias? ¿no pensó en al seguridad de su pequeño? Distraída, quizás, no prestó atención a la presencia de un conocido, José Miguel Lasa Getaria, “Fermín”, que según reconstrucciones posteriores, la identificó como el objetivo ante de regresar inmediatamente al frontón de pelota vasca que sería su coartada. A Antonio López Ruiz, “Kubati” [16], no le tembló el pulso –“soy un profesional y obedezco órdenes”, dijo durante su juicio-, ni vaciló ante la presencia del pequeño; abordó a su víctima por la espalda y mientras le soltaba la sentencia de muerte le disparo a la cabeza.

Asesinato

La noticia del hecho sangriento se extendió rápidamente, pero el partido de pelota no se interrumpió -había muchas apuestas- y las fiestas patronales, tampoco. Mientras algunos miraron hacia otro lado, otros justificaron el crimen y algunos antiguos miembros de ETA lo condenaron. Su dramática muerte, y en presencia de su pequeño hijo, sacudió la conciencia de muchos nacionalistas.

Aún no queda claro por qué Yoyes regresó, sería cuestión de preguntárselo a su viudo, [17] si es que confiaron en sus acercamientos con ETA, o no aquilataron la respuesta de los medios de comunicación y del propio gobierno español, que presentó su regreso como una acogida a las medidas de reinserción que entonces existían, aunque propiamente la línea seguida por Dolores fue la de apegarse al perdón gubernamental decretado por el gobierno de Adolfo Suárez en 1977, en que se declaraba la amnistía general para todos los presos políticos exentos de sangre y sobre ella no pesaba ninguna causa al respecto. Sin embargo, temiendo la reacción de sus antiguos compañeros, en enero de 1985 se trasladó a París y después a San Juan de Luz para entrevistarse con el dirigente Domingo Iturbe Abasolo, “Txomin”. Encuentro que en un primer momento fue frustrado por Eugenio Etxebeste, “Antxón”, pero que en agosto pudo llevarse a cabo. “Txomin”, al parecer, le aseguró que mientras él dirigiera ETA no habría represalias contra, con la salvedad de que se hiciera discretamente para que no pudiera utilizarse con fines propagandísticos, pero el 25 de abril de 1986, fue detenido y tomaron la dirección los “duros” desde donde salió posteriormente la orden de “cobrarle su traición al pueblo vasco”.

La noticia de su regreso no podía pasar inadvertida, la repercusión mediática no se hizo esperar, ella fue objeto de una campaña de utilización política. El semanario Cambio 16 publicó un amplio reportaje con el título "El regreso de la etarra" y la fotografía de Yoyes en portada, lo que fue considerado por algunos analistas como detonante de su condena a muerte. Yoyes no era ninguna traidora, no expreso su arrepentimiento, no denunció o dio pistas para localizar a los comandos como posteriormente hicieron muchos de los encarcelados (entre ellos su propio asesino). A menos que el delito haya sido su discrepancia con la violencia in crescendo a la que ya no consideraba pertinente, y otro, su decisión no exenta de dudas y miedo, de ser simplemente Dolores y defender su derecho a una vida personal, como madre y como pareja.

Días antes de su asesinato, Dolores confiaba a una amiga: “En mi pueblo he visto muchas pintadas que dicen: 'Yoyes, traidora'. Es como si todos se hubieran puesto de acuerdo para matarme”. Por qué regresó, olvidando que las organizaciones como ETA exigen el cumplimiento de normas que resulta imposible desobedecer y seguir vivo. La larga lista de ejecutados por traición –aún encarcelados[18]- confirma la trampa sin salida que significa tratar de abandonar la organización y solicitar la reinserción [19] en la sociedad. Como toda organización militarizada la obediencia es condición sine qua non porque de ella depende la seguridad del grupo y de sus acciones, en caso de que alguno de sus miembros estuviera en peligro de ser apresado era enviado a otros lugares donde recibirían la protección de organizaciones afines y donde podrían continuar con acciones de apoyo.

Ejemplo cercano a ella fue el caso de Eduardo Moreno Bergareche, Pertur (1950), con el cual había vivido una temporada y con quien había participado en las reuniones (1975) de las que surgió la alternativa KAS (Koordinadora Abertzale Socialista, considerada el brazo político de ETA). Ella, como portavoz de ETAm y él, de ETApm. Este último grupo llamado también los polimilis -y donde se encuentran los comandos encargados de las acciones militares de mayor envergadura conocidos como bereziak-, sufre una ruptura en su seno por el secuestro y posterior asesinato del industrial Angel Berazadi; la parte militar de la organización decidió asesinar al secuestrado, en contra de la opinión de la parte política encabezada por Pertur. El 23 de julio de 1976, este último desaparece sin dejar rastro y hasta la fecha no se ha aclarado el suceso, aunque al parecer se había citado con Miguel Angel Apalategui, Apala, y Francisco Mújica Garmendia, Pakito - también involucrado en la muerte de Yoyes-, dos de los etarras históricos más radicales y contrarios a las ideas de Eduardo Moreno, por lo que se presume lo hayan ajusticiado.

Juan Manuel Soares Gamboa, Daniel, (1953)[20] – miembro del comando Madrid, en 1995 pidió perdón por sus crímenes y durante su estancia en prisión ha colaborado con la justicia para desmantelar comandos- fue uno de los que votó por el asesinato de Yoyes, y ha señalado que ella “tenía claro que quería vivir en su pueblo y reivindicarse como ciudadana vasca. Eso le costó la vida”. En una entrevista se le preguntó si se tiene miedo cuando se decide el camino de la disidencia en ETA, como él hizo:

¿Qué si se tiene miedo? Claro que se tiene miedo. Estoy convencido de que más de un militante de ETA quisiera dejarlo; lo que pasa es que para ellos es imposible. Se les amenaza con la familia, se les amenaza con quemarles propiedades o negocios de la familia, se les amenaza con la propia muerte. (El Mundo, 12/6/2006)

Soares no es el único arrepentido. Sin embargo Dolores parece no haber expresado arrepentimiento sino más bien, como lo refleja en su diario, un desaliento cada vez mayor ante la línea dura, inclemente, adoptada por la dirección de ETA que no admitía la vía pacífica ni ningún entendimiento que llevara a ella; cuando ya llevaba cinco años alejada de la organización etarra se pregunta: “¿Cómo me voy a identificar con dirigentes que lo único que saben hacer es aplaudir los atentados y pedir más muertos?”.

En una entrevista de Lourdes Garzón con una integrante de ETA residente en Bayona, Francia, identificada figurativamente como “Amaya”, ésta expresa su sentimiento acerca de cómo terminó Yoyes:

Me da pena su traición, pero no su muerte. Estábamos cerca de ella en la medida en que era posible, porque Yoyes era una mujer difícil. Muy dura, capaz de despertar un respeto terrible en los hombres que la rodeaban. Respeto y, a veces, hasta miedo. Muy consecuente con sus ideas y sus decisiones. Por eso resultaba complicado acercarse, siempre tropezabas con una barrera. Le gustaba mandar y, quizá, también ser la única que mandaba. No digo que no estuviera muy preparada políticamente, lo estaba. Sólo que recuerdo una Yoyes muy distinta de la imagen dulcificada que nos quieren vender los medios de comunicación, la literatura o el cine. (elmundo.es, 1999)

Amaya recuerda que en un pueblo del país vasco francés, un grupo de mujeres que se fueron organizando, habían dejado claro su preferencia por las posturas más duras de la organización después del atentado de la calle Correo de Madrid (13 de septiembre de 1974) en el que murieron 12 personas; cuatro años después Yoyes se encargó de la oficina política de ETAm. De ahí la extrañeza de Amaya que se pregunta: “¿cómo podemos entender que renegara de sus principios de esa manera cuando volvió de México? Sobre todo, porque ella habría ordenado la muerte de cualquiera en las mismas circunstancias”. De ahí, que reniega de la imagen “edulcorada” y errónea que presentan los medios de comunicación y el cine, no sólo de Yoyes -refiriéndose en ese momento a la película sobre su vida dirigida por Helena Taberna- sino en general. Los presentan como monstruos o con tintes idílicos, lejos de la cotidianeidad que los asemeja al resto, si bien se ve complicada por las persecuciones y detenciones, particularmente en aquella época del GAL y del BVE, y por la muerte de amigos cercanos o familiares. El marido de Amaya también era miembro activo y en esas circunstancias recuerda lo difícil de la relación, por el temor presente siempre de no volver a ver a la pareja y, además, los hijos también deben sobrellevarlo lo mejor posible. Tanto Amaya como Yoyes convivieron con parejas que sabían de sus actividades o las compartían, pero en muchos casos el militante ocultaba su condición y la esposa o el esposo, según el caso, no tenían ni idea de con quien vivían y se encontraban de improviso con su muerte o detención, sin saber por qué. “nunca entendí esa ignorancia”, concluye Amaya.

María Dolores González Katarain quedó entre dos mundos, el que dejó atrás y al que quiere regresar y el de su militancia, donde el fin justifica los medios. Quiere liberarse de ese pasado al que nadie la obligó, ya no entiende a la violencia como el único camino, quiere su libertad para decidir su propio camino. Cuántas dudas habrá tenido que superar para rectificar el rumbo de su vida, quizás la lejanía, la vida en pareja y el nacimiento del hijo, le hicieron desear, volver a su casa y vivir sin violencia. Pero se olvida que la intolerancia de ETA no acepta las aventuras personales porque el individuo está supeditado al grupo.

Dolores no quiere convertirse en una Yoyes masculinizada para ser considerada como igual por sus compañeros etarras y por eso se pregunta:

[...] cómo lograr que estos hombres comprendan que la liberación de la mujer es un objetivo revolucionario para que lo asuman plenamente [...]; cómo lograr que desgajada de lo específicamente feminista, mantenga vivo el problema y sepa distinguir lo revolucionario de lo anecdótico y reformista; cómo fusionar revolución y liberación de la mujer. (YOYES, 57)

La indarra (fuerza) de las mujeres no debe medirse por el número de atentados cometidos y cuánto más sangrientos o con más víctimas resulten. En ese sentido se trataría de igualar la violencia masculina y eso sería caer en la trampa de considerar positivo para la acción “revolucionaria” sólo la actitud del hombre. ¿No es posible reelaborar el concepto de género desde parámetros que reconozcan la diferencia?¿Para que la aportación femenina en la construcción de las sociedades sea válida, tiene necesariamente que seguir los patrones masculinos? No lo creo, si fuera así el feminismo habría fracasado en su intento de que las mujeres se constituyen en sujeto histórico desde su propia y particular forma de entender el mundo. ¿O se trata de compartir el patriarcado?

En los orígenes de ETA no se encuentran mujeres en puestos destacados y en los sesenta van incorporándose en labores directas de infraestructura. Esto no quiere decir que madres, esposas o hermanas, no hayan desde un primer momento y antes, participado indirectamente al compartir la idea de la necesidad de una lucha por “la patria vasca”. Sin embargo, parece evidente que con el paso del tiempo las mujeres no se conforman con cumplir con un papel contenedor y pasivo y reclaman poder efectivo, es decir, participar activamente en aquellas situaciones que han sido definidas tradicionalmente como masculinas

En este sentido, la mujer empieza a imitar los aspectos más llamativos y tal vez más burdos de la conducta masculina. Así en los años 80 comienza a hacerse familiar la presencia femenina en los actos más espectaculares de la organización: las acciones armadas. A medida que la mujer coge el hierro y, sobre todo, en la medida que muere por el hierro, se observa en los comentarios de mis informantes varones una mayor aceptación de la mujer en la organización. La integración se paga en sangre. (Alcedo, 1997)


Por último...

La dificultad de tratar hechos cercanos reside en que apenas se está contando la historia. SI bien en este caso la protagonista cumple el 10 de septiembre de 2007, veintiún años de muerta, ETA sigue siendo una organización viva e igualmente muchos de los aquí nombrado. De hecho, los mismos que participaron en la muerte de Yoyes, hoy, desde la prisión, consideran que los métodos violentos ya no son los adecuados para la organización, pero ésta aprieta su mano para sembrar el terror entre sus propios miembros encarcelados. ¿Cómo discriminar entre la información objetiva y aquella manejada para desmembrar a ETA? Se requiere continuar o ampliar un trabajo etnográfico con entrevistas a profundidad para ir atando los cabos que aún están sueltos o que han sido mal anudados. De ahí que, aquí he presentado una versión producto de la una extensa indagación bibliohemerográfica para ubicar no sólo el contexto sino la presencia de una mujer que optó muy joven por un camino difícil, arriesgado, pero que, se puede decir, no era una decisión extraordinaria entre los jóvenes de su Guipúzcoa natal. El empleo de la violencia siempre presenta una disyuntiva moral. El problema es que la violencia siempre genera más violencia y resulta difícil salir de ese círculo vicioso. Siempre habrá razones para ejercerla y serán apoyadas o repudiadas según la causa que la impulsa y, sobre todo, dependerá de que lado se esta. Cuando en el mítico film de Gillo Pontecorvo, “La batalla de Argel” (1965) -uno de los títulos más emblemáticos del cine anticolonialistas- se recrea la lucha de liberación del pueblo argelino de la tutela francesa y, ante el cerco impuesto a la casbah el papel de las mujeres fue fundamental, a ellas no se las revisaba con la minuciosidad empleada en los hombres, y así en una canasta de huevos, por ejemplo, cobijaban la bomba que momentos después estallaría en algún café concurrido de Argel. ¿Se justificaban las muertes? El espectador comprende que se trata de obtener la liberación a toda costa, cueste lo que cueste. En todo caso Pontecorvo retrata la brutalidad de ambos bandos. Los franceses después de su derrota en Indochina debieron comprender que se podría ganar una batalla pero no la guerra, contra la decisión de un pueblo de obtener su libertad. ¿Cuál es nuestra posición al respecto? La respuesta no es sencilla. ¿Deben las mujeres sumarse al terror? ¿Por qué no?¿Por qué sí? Depende de la conciencia individual, de la historia personal, del grupo familiar y, particularmente, de los años que se tienen. La juventud es generosa, no está atada aún a exigencias o lazos afectivos que obligan a serenarse y, por otro lado, las injusticias están por todos lados.

Es importante estudiar el caso de tantas mujeres privadas de sus derechos que ven su incorporación a grupos armados como una manera de liberación para ellas mismas, tal como lo señaló Reha Baran, combatiente del PKK (Partido de los trabajadores de Kurdistán), perteneciente a una sociedad donde prima la sumisión de las mujeres al padre, al marido o al hijo, y donde no tienen derecho a la instrucción ni ha hablar o estar presentes en reuniones masculinas. Igualmente recordar los comentarios de indígenas chiapanecas integrantes del EZLN que encontraron un espacio de mayor igualdad con el hombre, donde tuvieron la oportunidad de usar por primera vez una toalla sanitaria o anticonceptivos, o de ser comandantas.

Aquí resulta esclarecedora la reflexión que Dolores escribió en su diario en 1983, y que ilustra la suposición de que un movimiento revolucionario también construye una comunidad más respetuosa de las mujeres y su desenvolvimiento:

La esperanza de que me impondría como mujer en un mundo de hombres me empujaba, me sentía fuerte, yo diría que llena de vida y entusiasmo. Y cuando me impuse como mujer, o al menos así lo sentí, ya era demasiado tarde, me había agotado en la lucha, o el triunfo no me daba nada. Primero, comprendía que era algo individual, que no se traducía en más respeto y solidaridad para con otras mujeres, y segundo, ese triunfo era la derrota de mi lucha como mujer en un futuro no muy lejano." (Yoyes, 60).

Así, al comprobar que en la nueva comunidad se repiten los parámetros de conducta en los que ha sido socializada, viene el desengaño e incluso el deseo de abandono. Si la organización no ha sido capaz de construir un nuevo paradigma de comportamiento, sino que éste responde al modelo cultural heredado, las mujeres pueden entender que no merece la pena el sacrificio que comprende militar para construir una sociedad asentada sobre los mismos valores que la oprimen. En esta vertiente, la historia de un pasado reciente y conflictivo, implica un desafío para registrar e interpretar el paso de las mujeres combatientes en él y así, explicitar si la violencia es considerada por las mujeres como un medio válido para la transformación social.


NOTAS:
[*] Dra. Ana María Peppino Barale.
Profesora- investigadora del Departamento de Humanidades, Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco (México, DF) Doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Investigadora Nacional. Autora de cuatro libros sobre radios educativas, populares y comunitarias en América Latina y de artículos en revistas especializadas sobre: comunicación social; mujeres en la comunicación, la ciencia, las artes, la literatura y la historia; y, tecnologías aplicadas a la educación. |Arriba
[1] El País, 3 de julio de 2002. |Arriba
[2] Etarra: miembros de ETA. Neologismo creado por la prensa española agregando al nombre de la organización el sufijo vasco con el que se forman los gentilicios. |Arriba
[3] El Consejo de Europa se estableció en 1949, engloba a 47 países más cinco estados observadores (Vaticano, Estados Unidos, Japón y México); su finalidad: “la defensa de los derechos humanos y de la democracia parlamentaria garante del estado de derecho donde prima la ley, así como potenciar la identidad europea entre todos los ciudadanos de este continente.” |Arriba
[4] Sabino Arana Goiri (1865 -1903), considerado padre del nacionalismo vasco y fundador del actual Partido Nacionalista Vasco (PNV), carlista, católico recalcitrante, acuñó el nombre Euzkadi para la patria vasca, reemplazando al antiguo Euskal Herria e izó por primera vez la bandera nacional vasca, la "Ikurriña"-ver foto-. |Arriba
[5] Por ejemplo, la I Asamblea (1962) se celebra en el monasterio benedictino de Belloc (Francia), la IV Asamblea (Guipúzcoa, 1965) en la Casa de Ejercicios Espirituales de los jesuitas de Loyola (Azpeitia); V Asamblea, en su primera fase (Guipúzcoa, 1966) se realizó en la casa parroquial de Gaztelu. |Arriba
[6] El Frente de Liberación de Bretaña fue fundado en 1966 para reclamar el establecimiento de los fueros y derechos de Bretaña anteriores al Tratado Franco-Bretón de 1532, manifestándose como partidario de la lucha de clases, del celtismo y del europeísmo. |Arriba
[7] El Ejército Republicano Irlandés o IRA, del inglés Irish Republican Army, defiende un estado sin lazos con el Reino Unido, formado por la isla entera de Irlanda, incluyendo Irlanda del Norte. Tal como ETA ha sufrido divisiones y recomposiciones desde que el IRA antiguo luchó en la guerra de independencia, durante las primeras décadas del siglo XX. |Arriba
[8] En la época franquista cometen el primer atentado de gran trascendencia al ejecutar, en 1968, al torturador Melitón Manzanas, jefe de la policía secreta de San Sebastián, seguido en diciembre de 1973, por el atentado contra el almirante y presidente de gobierno Luis Carrero Blanco en Madrid. |Arriba
[9] Esta “contrasociedad” que aparenta reemplazar al estado, digamos, legal, ha sido considerado como una religión de sustitución. Ver Francisco José Llera Ramo, "La red terrorista: subcultura de la violencia y nacionalismo en Euskadi", en Antonio Robles (ed.) La sangre de las naciones. Identidades nacionales y violencia política. Granada, Universidad de Granada, pp. 267-296. Llera Ramo, ha sido señalado como objetivo por ETA y tuvo que abandonar en 2002 su cátedra en la Universidad del País Vasco y la región vasca. |Arriba
[10] De acuerdo con lo expuesto a Antonio Rubio por “Leonidas”, nombre clave del ex militar que formó parte del comando que hizo volar el Renault en que viajaba el líder etarra, fue en venganza por el atentado contra Carrero Blanco. Disponible en: www.elmundo.es/crónica/2003/427 |Arriba
[11] Ver Rubio, Antonio. “Yo maté al asesino de Carrero Blanco”. Disponible en: www.el-mundo.es/cronica/2003/427 |Arriba
[12] La información sobre su estadía en México es confusa y no he podido constatarla, así que me abstengo de repetirla. |Arriba
[13] Referido a la publicación de su diario: Yoyes, desde la ventana, mismo que me fue imposible conseguir por lo que los párrafos que aquí refiero han sido tomados de diferentes publicaciones. |Arriba
[14] El País vasco terminó 1969 “con un saldo de 1,953 detenidos y 300 personas que se vieron obligadas a exiliarse. El Tribunal de Orden Público había condenado con 223 años de cárcel a 93 militantes de partidos políticos ilegales, y se habían realizado dos Consejos de Guerra, uno de ellos sentenciado con una pena de muerte, aunque conmutada en último momento.” http://historiadehoy.iespana.es/burgos.htm |Arriba
[15] Martutene, barrio situado al sur de San Sebastián (España) en las riberas del río Urumea. |Arriba
[16] “Kubati” fue detenido el 11 de noviembre de 1987, en Tolosa (Guipúzcoa), a raíz de una operación que la Guardia Civil que denominó «Akaitz», en homenaje al pequeño huérfano, y fue acusado de ser el responsable del "comando Goyerri Costa" y del asesinato de Dolores González Catarain "Yoyes", condenado a 1.076 años de cárcel sólo purgará los 30 años de acuerdo con la Ley de Cumplimiento Máximo, si es que no consigue antes un licenciamiento anticipado como ya lo ha solicitado. |Arriba
[17] Juanjo se jubiló anticipadamente en 2004 del liceo Donostiarra de Santo Tomás, de San Sebastián, que imparte sus clases únicamente en euskera; ahora su pasión es el arte. El hijo vive en Barcelona y la vida de ambos, tras la ejecución, ha estado marcada por la discreción. La Guardia Civil, que ha seguido los movimientos de Akaitz, declara: “Tenemos idea de que intentaron contactar con él [simpatizantes abertzales de los círculos universitarios vascos y navarros] y que los mandó a la mierda. Nunca se le ha identificado en una manifestación ni en ningún acto público de ningún sitio. Es como el padre, gente discreta”. |Arriba
[18] Ver una lista de etarras muertos en prisión: “Suïcidis? Execucions? Ombra dins les cel.les” Llistat dels militants d'ETA morts a presó (extret d'Euskal Herria.com) febrero 28 de 2006. Disponible en: http://barcelona.indymedia.org/newswire |Arriba
[19] La política de reinserción fue promovida por el ministro centrista Juan José Rosón y el abogado izquierdista Juan María Bandrés para que terroristas que quisieran abandonar la lucha armada pudieran regresar al País Vasco y vivir en paz. |Arriba
[20] El periodista Matias Antolín en el libro Agur, ETA (Madrid: Temas de hoy, 1997) recoge las memorias de Soares. |Arriba