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Solecismos: A propósito de malhablados

por: Gloria Cervantes Sánchez[*]

En su libro El lenguaje que usted habla (1948: ), Arrigo Coen nos refiere que el origen de la voz solecismo, es el “nombre que daban los griegos a la imitación del lenguaje de los solences, naturales de Soli, colonia ática en Sicilia, donde hablaban muy mal el griego”. Esta apreciación de los griegos puristas ha dado lugar a la denominación de uno de los casos más problemáticos en la sintaxis española: los solecismos.

El nivel sintáctico y el morfológico constituyen los niveles lingüísticos originales de la gramática occidental, como lo señala Jesús Tusón, en el recorrido histórico y conceptual de su libro Teorías gramaticales y análisis sintáctico, obra capital para la comprensión del concepto “gramática” y su desarrollo a lo largo del tiempo en la que abarca desde los plan-teamientos de la gramática filosófica griega hasta el modelo formalista de la gramática ge-nerativa (1960). Como se puede constatar, la gramática oracional cubre largos siglos como el único enfoque posible para explicar los sintagmas lingüísticos en las lenguas occidenta-les. Esta tendencia permanece hasta tiempos recientes, aun la gramática generativa de Noam Chomsky, considerada como la gran innovación a mediados del siglo XX, es una gramática oracional, es decir, su nivel descriptivo se refiere únicamente a las construccio-nes oracionales sin acceder en ningún caso al nivel transfrástico. La gramática para explicar el nivel textual surge en los años sesenta con el advenimiento de la semántica lingüística y el inicio de la pragmática [1].

El estudio del nivel sintáctico del español siempre ha sido azaroso por su complejidad, su terminología nocional más que funcional y su carácter prescriptivo, a pesar de que el es-pañol permite un alto grado de libertad en la construcción de oraciones. Más allá de orden lineal, propuesto por la gramática, el orden envolvente o psicológico, como lo denomina Gili y Gaya, guía una gran cantidad de producciones lingüísticas, en las que el hablante se orienta más por el principio de relevancia, es decir, por el interés que tiene en mencionar un elemento oracional antes que otro.

En 1921 Carlos González Peña [2] señalaba que los vicios de dicción contrarios a la sintaxis pueden reducirse a tres: el solecismo, la anfibología u obscuridad, y la monotonía y la pobreza del lenguaje. Incurrirá, por tanto, en solecismo, quien altere la concordancia o por el mal uso de las preposiciones desvirtúe el régimen; quien construya mal los casos complementarios o terminales, los relativos quien y cuyo o el gerundio; quien indebida-mente use el relativo que, en forma equivocada, emplee mal las preposiciones o contraríe los preceptos relativos a las oraciones. Desatenderse del oficio y uso de las partes de la oración constituye siempre un solecismo.

Andrés Santamaría (1989) en su Diccionario de incorrecciones (...) define el solecismo como la falta contra alguna regla de sintaxis, bien en la concordancia, en el régimen o en la construcción, como lo expresan los siguientes casos:

“La mayoría pensaron que no habrá huelga” Falta de concordancia (número)

“Fox confronta sus ideas contra López Obrador” Falta al régimen (preposicional)

“En la revista menciona el tema del SIDA” Falta en la construcción (oración incompleta sin sujeto)

Para explicar en qué consisten estos casos que se apartan de la norma 2 , no podemos recurrir a la gramática tradicional, puesto que en su afán preceptivo sólo se ocupa de señalar que es lo correcto e ignora el mundo de la lengua real en la que hay desequilibrios, asimetrías y usos equívocos. Esa tarea la cede a los libros de redacción que son de segunda categoría, según los criterios canónicos, dado que están en contacto con las realizaciones lingüísticas tal y como se actualizan en el habla y en las comunicaciones escritas. Los diccionarios de dudas, por su parte han emprendido la utilísima misión de resolver las inquietudes de los hablantes sobre la corrección de su lenguaje. Por fortuna existen numerosos diccionarios de esta clase que son una herramienta insustituible para el escribiente que intenta formarse como productor de sus textos e intenta hablar mejor. Del mismo modo se puede resolver dudas sobre el uso de la lengua en las páginas electrónicas, entre las que destaca el sitio de la Real Academia Española [3].

Uno de los desajustes sintácticos más frecuentes en la lengua escrita de los hablantes universitarios es el uso equivocado de preposiciones, como en el caso:

“ Mi hermano anunció su boda con mis padres”

El origen de esta deficiencia puede situarse en la práctica sintáctica escolar que desvincula el significado de los verbos y el régimen que marca el empleo de preposiciones. Se intuye que la adquisición memorística de las preposiciones tradicionalmente denominadas separa-bles, es suficiente para comprender sus variadísimas funciones. No se pugna por un análisis sintáctico funcional que esclarezca el empleo adecuado de estas partículas relacionantes que intervienen en la orientación del significado de las relaciones léxicas.

El uso de las preposiciones en el español contemporáneo tiene una historia muy antigua.

Para comprender a cabalidad en qué consiste este fenómeno lingüístico es necesario volver el rostro a la historia de la lengua española, tarea de arqueología lingüística, en la que sólo eruditos de la talla de Menéndez Pidal pueden brindarnos la guía para rastrear con certeza los orígenes de los desatinos sintácticos llamados solecismos: “El fondo primitivo del idioma español, su elemento esencial, es el latín vulgar, propagado en España desde fines del siglo III antes de Cristo” (1962:3) que convivió al lado del latín clásico desde estas épocas remotas. Este latín vulgar se distingue principalmente en la tendencia a expresar por perífrasis lo que en latín clásico se expresaba por una síntesis gramatical: para el genitivo plural sintético cervorum, decía el vulgo: de cervos; el comparativo sintético, grandiores, se perdió también y se sustituyó por la perífrasis magis grandis.

Con la pérdida de la declinación latina se han simplificado notablemente las leyes de concordancia en las lenguas románicas [4], las cuales quedan limitadas al ajuste entre las categorías gramaticales del género, número y persona. En español, además, por el hecho de estar contenido el sujeto en la desinencia verbal, la concordancia de verbo y sujeto rige únicamente para los casos de determinación y desarrollo del sujeto fuera del verbo que lo contiene.

La historia de la declinación y conjugación - señala Menéndez Pidal - sería incomprensible por la sola fonética, sin tener en cuenta la tendencia analítica del romance manifestada continuamente por el uso de las preposiciones y el artículo en la flexión nominal. Además la influencia analógica tiene su principal campo de acción en la morfología, pues actúa principalmente para asimilar categorías de palabras que desempeñan igual función gramatical.

Moretti et al.(1994:323) define la preposición como una de las partes invariables del discurso, una clase de palabra que establece relaciones lógico-gramaticales entre dos elementos en una oración de los cuales el primero subordina al segundo. Las preposiciones junto a la palabra que preceden, forman sintagmas cuyas funciones dependen estrictamente de la preposición utilizada en dicha construcción.

Fueron los estóicos los primeros en definir el conjunto de palabras que servían para establecer relaciones de dependencia entre los dos elementos en el discurso. Los filólogos de Alejandría dieron vida al concepto de CONJUNTO Y PRAEPOSITIO (del latín praeponere) definiendo estas últimas como los elementos que se anteponen a una palabra para establecer una relación de dependencia entre ésta y un elemento primario. Aunque la etimología del término preposición hace referencia a la ubicación de esta clase de palabras respecto al sintagma que acompañan en la oración, no dice nada acerca de sus funciones.

Bolaño e Isla en su Historia de la Lengua Española, señala que el primer cambio notable entre el latín clásico y el latín vulgar es la reducción de cinco declinaciones latinas a tres. La 5ª se refunde en la 1ª y la 4ª en la 2ª. Los seis casos de la declinación latina, por la tendencia analítica de la lengua vulgar x a expresar por medio de preposiciones las relaciones de dependencia que el latín clásico expresaba con desinencias, empezando a reducirse a uno solo: el acusativo.|sigue>

Las partículas son palabras sin contenido ideológico alguno. Ellas sirven simplemente para indicar la interdependencia de palabras u oraciones o para modificar el significado de adjetivo y verbo (el adverbio). La necesidad de expresar esta dependencia, además del desgaste de las mismas, hizo que muchas preposiciones, conjunciones y adverbios se perdieran, sustituyeran unas a otras o se formaran nuevas, compuestas de las simples:

  • Ab cedió su lugar a de y per
  • Ex a de
  • Ob a pro y per
  • De+ex+de > desde
  • Ab+ante > abante>ante
  • Ad < a
  • Circa< cerca

El cambio más importante desde el punto de vista sintáctico entre el latín clásico y el latín vulgar fue la sustitución del hipérbaton, a veces violento, del primero por un orden más lógico y natural del segundo. En otras palabras, la sintaxis lógica sustituyó a la figurada que podía interponer entre la palabra regente y la regida otros términos no ligadas con aquellas ni por el sentido ni por la concordancia. O sea, el latín vulgar procedía en marcha más lógica y ordenada que logró imponerse definitivamente.

En cuanto a los prefijos –añade el fonetita mexicano- son por regla general de origen latino. Algunos griegos entran en la composición de palabras cultas o técnicas. Pueden ser preposiciones y adverbios. Unos fueron utilizados ya en el latín clásico: exconsul, procónsul, procónsul; intervallum, cognatu (cuñado). Otros proceden del latín vulgar: anteannu > antaño, inodiu>enojo, ultra mare< ultramar. Y la mayor parte entran a formar composiciones ya en romance: antepecho, adios, contraveneno, embozo, sobretodo.

Ya en los siglos XVI y XVII son de uso corriente las preposiciones cabe y so que se conservan hoy en poesía principalmente. El régimen preposicional difería bastante del nuestro. La preposición a con acusativo de persona o casa personificada empieza a extenderse también en el siglo XVI, Valdés condena su omisión por la anfibología a que se presta, Lope de Vega y Quevedo en el siglo XVII todavía no la emplean con regularidad.

Preposición Parte invariable de la oración cuyo oficio es denotar el régimen o relación que entre sí tienen dos palabras o términos.

La lingüística contemporánea ofrece diversos estudios en los que se analizan la función y la importancia de la preposición como clase de palabra. Alarcos Llorach (1994) señala que las preposiciones además de ser elementos funcionales, poseen un valor semántico que les permite oponerse entre sí para denotar sentidos diferentes, como se puede ilustrar en los ejemplos: “ se sentarán a la mesa”; “se sentarán en la mesa”. En los que el cambio de preposiciones transforma el sentido de la oración.

La teoría de las preposiciones de Pottier (1968) señala diversas características de las preposiciones tanto en el campo morfológico como en el sintáctico y semántico. Pottier define la preposición como una palabra morfológicamente invariable, por no sufrir ningún accidente gramatical, que relaciona un elemento o sintagma “A” con uno “B”, y cuyo valor lexical es único, puesto que el mismo es la imagen de todos los matices de la preposición realizados en el discurso, en cada uno de sus usos.

Alarcos Llorach coincide con lo señalado por Pottier, en cuanto a que una preposición puede adquirir diversos valores en el discurso, pero para definirla verdaderamente hay que estudiar su esencia, la sustancia del significado que está basada en el conjunto de rasgos comunes a cada uno de sus usos en el discurso. Este conjunto de características constituye la unidad de la preposición en la lengua, cuyos rasgos son difíciles de definir debido a los innumerables efectos de sentido que se pueden encontrar en los múltiples usos de las preposiciones en enunciados concretos. Las preposiciones distan de ser elementos vacíos carentes de valor semántico/lexical, dado que pueden determinar el sentido de un sintagma al cual están integrados, el cambio de preposición en un sintagma puede transformar totalmente el sentido del mismo, como se puede evidenciar en ejemplos como:”Yo vivo con mis hijos”; “Yo vivo de mis hijos”.

Esto indica que las preposiciones aparte de su función, están dotadas de un significado más o menos explícito según los contextos. De otro modo: las preposiciones, además de ser índices funcionales, comportan un valor léxico.

Preposiciones como palabras invariables que enlazan un elemento sintáctico cualquiera con un complemento sustantivo. El elemento sintáctico de donde parte la relación es inicial; el concepto sustantivo complementario es terminal, cualquiera que sea el orden que guarden entre sí dentro de la oración. Las preposiciones (excepto según) carecen de acento propio y se usan siempre en proclisis con su término, con lo cual se expresa y fortalece su unidad sintáctica. Las preposiciones pueden considerarse dentro del grupo de sincategoremáticos, es decir, palabras que por sí solas no tienen un significado propio.

Algunos casos frecuentes de preposiciones mal empleadas son:

  • La preposición a denota el complemento directo de persona y el indirecto.
  • La preposición de en del
  • La relación verbo preposición
  • en base a
  • hasta

La oración inicial “Mi hermano anunció su boda con mis padres” que hemos seleccionado para el análisis, nos remite a problemas de dos tipos. Por un lado, desde el punto de vista semántico ocasiona una doble lectura del enunciado. Se puede entender que el hermano se va a casar con sus padres, o bien de manera muy forzada que está anunciando su boda al lado de sus padres. Esta ambigüedad léxica [5] ocasionada por la palabra con, se deriva del régimen que comúnmente se emplea en verbos relacionados con este dominio, el verbo casarse con o contraer matrimonio con o tener boda con que son los usos más reiterados.

De acuerdo con la semántica estructural en la que en la lengua todo es oposición, con tiene par mínimo en sin que expresa un sentido opuesto al primero. Si se hace la permutación en la expresión analizada: “Mi hermano anunció su boda sin mis padres” en este caso se aclara el significado de la primera opción construida a partir de con.

“Mi hermano anunció su boda con mis padres”
“Mi hermano anunció su boda sin mis padres”

Desde otro punto de vista, el problema es sintáctico pues muestra el uso equivocado de la preposición con en un contexto que no le corresponde. Tal vez lo más correcto y aceptable sería recurrir a locuciones preposicionales que se forman con adverbios, como en las siguientes opciones:

“Mi hermano anunció su boda junto a mis padres
“Mi hermano anunció su boda al lado de mis padres
“Mi hermano anunció su boda en compañía de mis padres”

El rastreo de las proposiciones a través de la historia de la lengua y de las teorías gramaticales, permite avanzar en el conocimiento de la complejidad sintáctica del español, al analizar su particularidad de lengua analítica que en su etapa de desarrollo actual marca la necesidad de formular nuevos modelos sintácticos de enseñanza de la lengua, con propuestas más acordes al avance que han tenido los estudios lingüísticos en los diversos niveles.

Es necesario emprender el análisis del comportamiento lingüístico y cognoscitivo de aprendientes que han hecho a un lado el aprendizaje memorístico y se abocan a plantearse problemas re-lacionados con su realidad que es la de la era de la información y que consideran la gramá-tica más en el sentido de M.A.K. Halliday, como un instrumento para construir la experiencia.


NOTAS:
[*]Gloria María Antonia Cervantes y Sánchez.
Profesora Titular “C” de Tiempo Completo del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana. Miembro del Grupo de investigación: Discursos Sociales y Comunicación. Estudió la licenciatura en Letras en la BUAP, donde también curso la maestría en Ciencias del Lenguaje. Su campo de investigación es la lingüística del texto, los modelos de comprensión de lectura y la investigación educativa.
Proyecto de investigación: “La construcción de conceptos en el nivel universitario”.Ha escrito manuales en colaboración: Cómo leer la Ciencia para Todos (FCE), Manual de géneros discursivos (UAM-A); Palabras que se alternan (UAM-A); artículos especializados: Construcción de una teoría de la lectura”, “La autocorrección, una estrategia de aprendizaje”; “Desarrollo de habilidades argumentativas en lengua escrita”; publicados en la Revista Fuentes Humanísticas de la UAM-A. Organizadora del Coloquio de Redacción Universitaria en colaboración con la UDLA-P, con siete ediciones; del Coloquio de Lectura y Cognición celebrado trimestralmente durante seis años. Temas de interés recientes: la Competencia en el Manejo de Información; Estrategias de investigación.|Arriba
[1] La gramática textual describe y explica fenómenos no observables en el nivel de la oración, tales como la coherencia y la cohesión y las relaciones entre el texto y el contexto. La ciencia del Texto de Teun Van Dijk..|Arriba
[2] Las consideraciones de González Peña denotan el grado de desarrollo que en esa época presentaban los niveles linguísticos en cuanto a la enumeración de problemas de distinta índole, considerados en el mismo nivel.|Arriba
[3] La aparición de páginas electrónicas para consulta de usuarios interesados en el empleo correcto del español, ha hecho surgir sitios de consulta rápida y documentada para fines específicos como la del Fondo de Español Urgente que opera para auxiliar a periodistas de los diarios madrileños: www.fondeu.es. |Arriba
[4] Uno de los medios de relación interna es la concordancia, o sea la igualdad de género y número entre sustantivo y adjetivo, y la igualdad de número y persona entre verbo y su sujeto.|Arriba
[5] La semántiga señala como ambigüedad al efecto de significado que permite que una expresión tenga más de una lectura. Distingue la ambigüedad léxica de la sintáctica. La modalidad léxica ocurre cuando un vocablo causa el doble significado, en tanto que la sintáctica es producida por el orden oracional de los componentes. |Arriba

BIBLIOGRAFÍA: Arriba
ALEGRíA DE LA COLINA, MARGARITA.
2004 Historia y religión en Profecía de Guatimoc. Símbolos y representaciones culturales. México, UAM-A.División de Ciencias Sociales y Humanidades.
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2001 Diccionario crítico de las letras mexicanas en el siglo XIX. Con la colaboración de Jesús Gómez Morán y Norma Elizabet Salazar Hernández. México Océano/CONACULTA.
CICERI, LLARIA.
2004 El romanticismo. 1780-1860. Barcelona, Electa.
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1990 Historia de la literatura mexicana desde los orígenes hasta nuestros días. México, Editorial Porrúa. (Sepan cuantos, 44).
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1997 Conceptos clave en comunicación y estudios culturales. Buenos Aires, Amorrortu Editores.
PERALES OJEDA, ALICIA.
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