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Juárez, el Presidente Vitalicio

Por: Edelmira Ramírez Leyva [1]
(México, UAM-A)

Es realmente curioso notar, como ya lo han mencionado otros estudiosos, la ausencia de obras literarias que tengan como tema a Benito Juárez, en especial, no se puede hablar de grandes novelas del héroe republicano, pues como bien afirma Eugenia Revueltas: “Llama al atención que frente a los innumerables trabajos históricos en torno a la figura de Juárez, los novelescos, por el contrario, son escasos, tanto en número como en calidad” (Aguilar 2006, 1)

Eugenia Revueltas explica la razón: “Lo que sucede es que Juárez se ha convertido en una estatua, en un mineral. Se ha oficializado de tal modo que se ha vuelto en una convención utilizada en términos de manipulación (…) Entonces para los creadores que son libertarios y contestatarios no es un personaje que los atraiga.” (Aguilar 2006, 1)

Sin embargo, en la literatura popular sí se puede encontrar una gama de distintos géneros menores que toman a Juárez como fuente de inspiración, los cuales van del corrido a la canción popular.

Por lo que toca a la poesía, algunos grandes poetas han incursionado en el tema como Carlos Pellicer, que le dedica dos interesantes poemas: Gran Prosa por el triunfo de la República y A Juárez.

En este caso, se va a revisar el segundo poema, que como el mismo título lo advierte, el tema es justamente Benito Juárez, en donde Pellicer une la historia y la poesía, ofreciendo incluso una interpretación de la actuación del héroe.

El poema se convierte en una especie de biografía poetizada de Juárez que va tocando diversas etapas de la vida del excelso liberal.

En su poema A Juárez, Pellicer hace una alabanza al héroe triunfante, ofreciendo al mismo tiempo su visión de los acontecimientos desde una perspectiva reflexiva, partiendo de la información histórica clásica sobre Juárez, pero evaluando algunas acciones centrales del connotado presidente liberal, y con todo ello arma una estructura, en donde los recursos literarios le dan al poema su dimensión estética y, le infunde mayor grandeza a la imagen del héroe de la que de por si ya le ha sido instaurada en la perspectiva mítica a través del tiempo.

El poema está dividido en tres partes, que el autor distingue con números romanos y cada una de ellas esta compuesta por un soneto.

En la primera parte, la cuarteta inicial abre el poema con una idea central: a) la de una patria movilizada que sigue a su líder en una acción que preludia un triunfo. Los versos que contienen tal idea y la imagen: “Toda a fuego la Patria te siguió como en onda/de lava, lentamente, como quien va a triunfar,” implicitan el momento histórico en que Ignacio Comonfort, en 1858, después de disolver el Congreso, abandona la presidencia y se exilia en Estados Unidos. Zuluoga asume entonces la Jefatura del movimiento conservador, mientras que Juárez, como Presidente de la Suprema Corte de Justicia, de acuerdo a ley, asume la presidencia interina de la República el 19 de enero de 1958 en la ciudad de Guanajuato, aunque no reconocida por los conservadores, sino sólo por los liberales y es el tiempo, también, del inicio de la cruenta guerra civil o guerra de Reforma en la que lucharon encarnecidamente conservadores y liberales, y Juárez desempeñó un papel protagónico. (Encarta 2005, on line).

La esplendida imagen con que se inicia el poema de la patria siguiendo a su héroe esta adicionada con un hipérbaton para enfatizar la sinécdoque “toda a fuego la patria” en donde resalta el hecho hiperbólico de que toda la patria sigue a su pre-héroe y en esto hay que advertir una interpretación del autor, porque en sentido estricto no fue toda la patria la que siguió a Juárez, en tanto que estaba dividida claramente en liberales y conservadores, pues como afirma érika Pani: “La confrontación que asoló al país entre 1858 y 1860 fue de una duración y de una violencia sin precedentes en la vida independiente. Esto se debe sobre todo a la intransigencia de las posiciones encontradas. (Pani 2002, 30).

El siguiente verso completa la idea indicando como lo seguía la Patria: “como en onda de lava, lentamente,” es decir, con toda la fuerza implacable del fuego avasallante de ese tempo y esa cadencia lenta de la onda de lava. Es decir, la imagen conlleva una comparación implícita de toda la efervescencia del momento en que los liberales y los conservadores inician la cruenta guerra de Reforma.

La Patria sigue al Presidente liberal, porque como dice Rabasa:

El grande hombre era Juárez. Presintió los acontecimientos que en la incubación del pasado tenían una vida latente, pronto a convertirse en fuerza y en acción, y para dominarlos, comenzó por obedecer a la necesidad de que había de producirlos […] Como jefe de una sociedad en peligro, asumió todo el poder, se arrogó todas las facultades, hasta la de darse las más absolutas, y antes de dictar una medida extrema, cuidaba de expedir un decreto, que le atribuyese la autoridad para ello, como para fundar siempre en una ley el ejército de su poder sin límites. (Quirarte 1983, 142-143).

La cadencia del movimiento en que se mueve la onda esta ligada a la idea del triunfo anticipado y asegurado, ya que por eso se mueve así “como quien va a triunfar”, es decir, se mueve así porque ya se sabe o se intuye el triunfo.

Evidentemente se trata de una alabanza a Juárez y, la exaltación del héroe está dada por las espléndidas imágenes construidas mediante una rica gama de figuras retóricas, aunque contradigan la versión histórica.

Los dos siguientes versos que completan esta primera cuarteta remiten a las cualidades que caracterizaron a Juárez, esto es, la paciencia a la que le adiciona una sutil reminiscencia de su estirpe indígena. Su paciencia expresada con la metáfora un “nopal de paciencia”, que alude a la vez a su origen indígena, por medio del empleo del vocablo “nopal”, símbolo por excelencia del hombre mexicano del campo y en especial indígena y también del paisaje mexicano. Por otra parte, las características del vegetal se pueden asociar a las cualidades del líder republicano: su resistencia al medio ambiente, su postura hierática, imperturbable al entorno, sin importar las inclemencias del tiempo. Su verdor en medio de la tierra árida, crean una imagen ad hoc para simbolizar las características del héroe. Además, el símil del nopal efectivamente responde por su vida como dice poeta “por tu vida responde”.

Pellicer incluye un elemento vegetal más para describir simbólicamente otra cualidad del virtuoso héroe, así dice: “y detrás de unos robles se escuche siempre el mar”. Es posible que Pellicer haya elegido el símbolo del roble para aludir a una de las cualidades evidentes de Juárez, esto es, su fuerza interior, manifiesta en las actitudes que manifestó durante los oscuros periodos que precedieron al establecimiento de la República liberal, que tanta sangre y destrucción causaron al país, pues como indica Chevalier “El roble es en cualquier tiempo y lugar sinónimo de fuerza; es ésta, con toda evidencia, la impresión que da el árbol en edad adulta […] simboliza tanto la fuerza moral como la fuerza física. (Chevalier 1999, 445) Pero los otros simbolismos que se atribuyen al roble también se pueden aplicar a la descripción de la personalidad de Juárez, como la solidez y la potencia (Chevalier 1999, 445). Por otra parte, en diversas culturas, el roble se ha asociado al eje del mundo (Chevalier 1999, 445 ) y se puede decir que Juárez simbolizó el eje que sostuvo la lucha liberal durante la guerra de Reforma y la Intervención.

Estas menciones constantes del Poeta a las cualidades o virtudes del adalid de la causa republicana se constituye en el poema como un recurso retórico esencial y, en este sentido, cabe aquí hacer alusión a la retórica antigua que incluía en su catálogo a la figura ejemplar: la imago, que aparece a principios de s. I. a.C. como una nueva forma de exemplum: el personaje ejemplar que “designa la encarnación de una virtud en una figura” (Barthes 1970, 48), en la Edad Media esa figura tuvo un gran auge, al grado que se organizó un repertorio de exempla, destinados a persuadir de llevar a la práctica las virtudes ejemplificadas por la figura ejemplar. (Cf. Barthes 1970, 48).

De hecho, resulta claro que el poema de Pellicer esta basado en el héroe virtuoso Juárez, ejemplo de los valores Republicanos.

En el primer verso de la segunda cuarteta hay una afirmación contundente relacionada con la idea de que el virtuoso héroe también tiene ambición, aunque esta atribución, de alguna manera, es una continuación de la primera idea contenida en los dos primeros versos de la estrofa anterior, pues aquí nuevamente adhiere todo el país al adalid republicano, pero esta vez a su ambición, calificada por el poeta como “ambición redonda;” lo inquietante del vocablo “ambición” en un poema laudatorio puede explicarse no con uno de los sentidos clásicos del vocablo que “desde el siglo XV significa “pasión por conseguir poder, honras, dignidades, fama o dinero. (Alonso 1982, I, 310), sino con el calificativo de “redonda” que lo acompaña, lo que puede interpretarse de varias maneras, o bien el autor quiso hablar duna “ambición de Juárez por lograr que México se convirtiese en una República liberal y el adjetivo, en tal caso, aludiría a la perfección del deseo del héroe por una patria mejor, o bien, la ambición es entendida como sinónimo del anhelo por liberar a la patria, y en última instancia podría referir al deseo de poder de un hombre, que lo alcanza, pero que a la vez deja beneficios a la nación con sus actos.

En el siguiente verso, Pellicer cambia totalmente de idea y retoma el tópico del pasado indígena de Juárez, en el que destaca el andar del héroe, es decir que no permaneció estático en su estrato indígena de nacimiento, sino que salió de ese cielo para trabajar por su patria.

Y en el tercero y cuarto versos se introduce la metáfora “la historia a cada sol vio como se desfonda/ todo el pantano infame que te quiso atajar,” que sugiere el cambio de tiempo, esto es de año con año, durante el cual, la historia ha sido testigo de cómo se ha ido limpiando la imagen negativa que habían construido sus adversarios, al inicio los conservadores por su actitud reformista y republicana. Posteriormente, Juárez también tuvo adversarios liberales, especialmente durante la República Restaurada, por su persistencia en el poder. El Poeta ofrece una interpretación y una evaluación del héroe a la distancia de los hechos históricos ocurridos en el siglo XIX, y califica la visión con una hipálage de contenido negativo: “pantano infame”, que sintetiza la actitud de todo el bloque enemigo sobre la actuación de Juárez, enfatizada por la humanización que hace del pantano; degradando y descalificando así, aún más, esas actitudes que, según el poeta, el paso del tiempo ha ido eliminado.

La estrofa tercera alude a las pocas palabras que pronunció Juárez, que se dispersaron y después se valorizaron por la pureza de la actitud de Juárez, pero esa pureza no incluye signos de flaqueza o debilidad, al contrario se contrasta con la fuerza de la virilidad de sus acciones.

La última estrofa de la primera parte continua con el tema de las palabras, que compara con “enormes diamantes”, y que equipara con la “verdad de los amantes”.

En la segunda parte del poema, Pellicer hace un recuento biográfico del héroe con grandes pinceladas. Inicia el poema con dos versos: “Sobria de barro indígena la verdad de tu vida/ tuvo niñez de espigas y maduró en maíz” que sintetizan la precariedad de la niñez indígena y campesina de Juárez, a través de metáforas continuadas y desplazamientos calificativos que tildan esa vida de sobria, lo cual es enfatizado con un hipérbaton inicial; de esta manera, Pellicer sintetiza toda la vida indígena del héroe.

Ese ambiente sintetizado por la sobriedad del barro indígena, es referido por Bazant con los siguientes términos:

Juárez nació en 1806 de padres indígenas en el pueblo de Guelatao, no lejos de la ciudad de Oaxaca. El poblado estaba en un área solitaria, de montañas boscosas y torrentes intransitables durante parte del año. Cuando el pueblo no estaba aislado del mundo exterior, el viaje a Oaxaca tomaba de uno a dos días.
(Bazant 1986, 65)
Huérfano desde la primera infancia, Juárez decidió a la edad de 12 años reunirse con su hermana en la capital del estado donde trabajaba como doméstica de la familia de un generoso comerciante italiano; años después Juárez se casaría con la hija adoptiva del comerciante
(Bazant 1986, 65) |sigue >>

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En el siguiente verso, Pellicer hace alusión a un detalle de la biografía infantil del héroe, el de la oveja perdida, pues como se sabe, Benito Juárez nació en

el poblado de San Pablo Guelatao, del municipio de Santo Tomás Ixtlan, estado de Oaxaca el 21 de marzo de 1806, hijo de los campesinos indígenas Marcelino Juárez y BNrígida García, quienes murieron cuando Benito Juárez tenía tres años, por lo que con sus hermanas Josefa y Rosa se fue a vivir con los abuelos paternos, Pedro Juárez y Justa López, de edad avanzada, y no pasó mucho tiempo para que murieran. Sus hermanas se fueron a la ciudad de Oaxaca a trabajar como sirvientas, mientras el niño Juárez se quedó en la casa del tío Bernardino López, quien lo empleaba como pastor, empezó a enseñarle a hablar castellano y le hacía asistir a la escuela parroquial del lugar. Cuando unos arrieros le robaron una oveja no quiso esperar la reprimenda y escapó a la ciudad de Oaxaca, en donde lo recibió su hermana Josefa que trabajaba en la casa del italiano Antonio Maza; era el año de 1818.” (Orozco 1993, 320).

El incidente de la oveja fue la coyuntura que motivó al pequeño Juárez para cambiar su destino, de ahí el verso “Ganaste tu destino por la oveja perdida” y, posteriormente los destinos del país, lo que el Poeta expresa con la metáfora “y le diste a los árboles una nueva raíz.”

En la siguiente estrofa continua la idea de la pobreza inicial en la vida de Juárez, que el poeta expresa como“pobreza zurcida” con un hipálage muy afortunado porque el termino zurcido no solo alude a la pobreza, sino también a cómo el suceder de su vida va remendándole esa pobreza y con la siguiente metáfora: “y la mano del día que te dio su barniz” indicar cómo le cambió la vida.

Los dos versos con los que cierra la segunda estrofa vuelven a repetir la estructura de la segunda cuarteta en donde cambia el tema para volver a las cualidades del héroe, como son la justicia y la solemnidad que caracterizaron a Juárez: “La justicia en tus labios sus torres consolida/ y tu solemnidad tiene un aire feliz.” La justicia es relacionada con la torre, que simboliza solidez y ascensión. “Expresa la elevación de algo o elevarse por encima de la norma vital o social” (Osiris 1991, 170) y el vocablo feliz, por contraposición, le otorga a la solemnidad juarista tan característica del Presidente Juárez un sentido positivo.

En el siguiente terceto, Pellicer introduce el delicado tema de la Presidencia vitalicia, pero no en una forma crítica, sino como algo merecido. Para concluir citando la obra republicana que forjó Juárez, de tal manera que el poeta le dice al Presidente: “La república es mar navegable y secreto si el tiempo te consulta”. O sea que Juárez llega a tener el dominio de la nación el conocimiento de los secretos de su funcionamiento por eso puede ser su Presidente vitalicio.

Pero para explicar dicho merecimiento se puede recurrir al mito de Juárez que se fue forjando desde su primera etapa política en su natal Oaxaca bajo la luz de la teoría de Pearson quien explica que la vida del héroe es una travesía que “incluye tres etapas principales: la preparación, el periplo y el regreso” (Pearson 1992, 23).

Si se traspone la trayectoria vital de Juárez a estas etapas veremos que las cumple de manera cabal y exitosamente, tanto es así que a lo largo de los años se fue convirtiendo en el héroe arquetípico nacional por excelencia, vigente hasta nuestros días con gran vitalidad.

Pearson afirma que durante la preparación, “enfrentamos el desafío de probar que somos competentes, valientes, y poseemos humanidad y fidelidad a ideales nobles” (Pearson 1992, 23). Juárez cumple a pulso esta etapa desde sus primeros tiempos de vida política en su natal Oaxaca, su oposición a Santa Anna, su destierro, su regreso para incorporarse al Plan de Ayutla y al proyecto reformista.

En cuanto a la travesía, afirma Pearson que “abandonamos la seguridad de la familia, o la tribu y nos embarcamos en una misión en que hallaremos, muerte, sufrimiento y amor” (Pearson 1992, 23), que en la trayectoria de Juárez abarcaría desde la asunción de la Presidencia interina por parte del Gobierno liberal, la Guerra Civil y la Intervención Francesa, en donde soporta con fuerza, paciencia, dignidad y solemnidad las vejaciones, las derrotas y, en suma, todo el penoso proceso que sufre el Presidente liberal para retornar triunfante, ya que en la etapa del retorno de la misión, “nos convertimos en Gobernantes de nuestros reinos, que se han transformado porque nosotros hemos cambiado” (Pearson 1992, 23) Juárez regresa a México como el heroe triunfante de los ideales liberales, pero al mismo tiempo esto le genera otra lucha más que debe enfrentar como para probar doblemente su competencia y nuevamente resulta triunfador. “Con el regreso del héroe el reino se transforma y recobra una vez más su vitalidad cuando el joven héroe se transforma en el nuevo Gobernante” (Pearson 1992, 210) Y ciertamente, México, junto con su héroe se transformó, porque él tuvo la fuerza para llevarlo a cabo, en suma, para convertir a su nación en una República liberal.

Sólo que en la última fase el héroe Juárez se estanca, porque comete el error de no renovarse, pues como afirma Pearson “debemos renacer y renovarnos continuamente, o nos convertiremos en ogros tiránicos, aferrados dogmáticamente a nuestras viejas verdades en detrimento de nuestros reinos.” (Pearson 1992, 23) Esto fue lo que le ocurrió a Juárez en la última fase de la República Liberal, desatando la lucha entre los propios liberales y caminando hacia un proceso de descomposición que la muerte interrumpe, de ahí el sentido el calificativo de “Presidente vitalicio” que le adjudica Pellicer.

Al final de la segunda parte, el Poeta cita el tributo que le hace a Juárez con el poema y recuerda que esto es posible gracias al imaginario del héroe mítico que se fue construyendo en el pueblo a lo largo del tiempo. Y desde luego por los efectos el actuar que ese mítico héroe provocó en el pueblo, ya que logró sembrar la esperanza promisoria de un México mejor: “Y si una flor silvestre puedo dejarte ahora/ es porque el pueblo siente que en su esperanza adulta/ tu fe le dará cantos para esperar la aurora”

En la tercera parte, el soneto que concluye el poema cambia totalmente el tono con relación a las dos partes anteriores, ya que aquí Pellicer hace una reflexión personal sobre la vida de Juárez, a partir de la vista de las fachadas de Mitla, en Oaxaca estado natal de Juárez.

El poeta evoca lo que fue la vida del héroe y con una metáfora traslada la arquitectura de Mitla a la vida de Juárez con una comparación implícita: “pensé en la geometría de tu existencia,” en donde cada greca de la construcción de Mitla lo remitía al “gesto paladín” de Juárez, otra de sus características, esta vez un movimiento gestual típico del estadista.

En el segundo cuarteto, Pellicer define y sintetiza en forma abstracta lo que fue la vida de Juárez: jornadas de precisión y ajuste, enfrentando siempre situaciones difíciles, lo que formula a través de la antítesis metafórica “montaña/jardín”. Agrega en los dos siguientes versos el característico silencio de Juárez y la mano siempre lista para actuar con valor y enfrentar las situaciones bélicas; nuevamente se trae a colación idea de la columna, como algo que sostiene, pero que a diferencia de la columna, no se mantiene siempre estático, por el contrario esta presto a levantar batalla, de ahí el verso “esbelto polvorín”.

El penúltimo terceto remite a un hecho sobresaliente de la vida de Juárez que tuvo lugar en Guadalajara, ya que probablemente aquí el autor está haciendo referencia a la célebre escena de Guadalajara, cuando el Gobierno Republicano se hallaba establecido en esa ciudad durante el peregrinaje que efectúa Juárez durante la Guerra Civil, cuando se amotina el Coronel conservador Antonio Landa, quien aprehende a Juárez “en compañía de sus ministros, ordenando su fusilamiento” ( Cárdenas 1979, 279), sin embargo esto no ocurrió porque Guillermo Prieto se interpuso entre Juárez y los fusiles; haciendo uso de su elocuencia, obligó a los soldados a deponer sus armas. (Historia… 1984, sin. pag.) Prieto pronunció un brillante discurso que salvó salva la vida a Juárez, de ahí la metáfora “la jerarquía/ del hombre sobre el tigre al trueno degolló.”

Y en la última estrofa, Pellicer vuelve a su reflexión sobre Juárez a partir de Mitla haciendo una transposición de las fachadas de esa antigua ciudad a la mirada de Juárez donde puede ver los caminos que el héroe abrió para México. “Pienso otra vez en Mitla y en sus fachadas leo/ lo que hay en tu mirada cuando en tus ojos veo/ los caminos de México que tu mano apuntó.”

En este sentido cabe recordar que a pesar de lo polémico que puede ser cualquier héroe histórico, Juárez hizo aportaciones fundacionales a la nación, pues como afirma José Manuel Villalpando: “Fue el primer modernizado de la nación, promulgó las Leyes de Reforma, venció a los conservadores, derrotó a la intervención francesa, ejecutó al emperador que usurpó la soberanía nacional, impuso un gobierno de libertades.” (EFE 2006, on line).


A JUÁREZ

Carlos Pellicer

I

Toda a fuego la Patria te siguió como en onda
de lava, lentamente, como quien va a triunfar.
Un nopal de paciencia por tu vida responda
y detrás de unos robles se escuche siempre el mar.]

México entró en el ámbito de tu ambición redonda.]
Bajo del cielo indígena tu destino fue andar.
La historia a cada sol vio cómo se desfonda
todo el pantano infame que te quiso atajar.

Unas cuantas palabras para siempre dijeron
Los (sic) que, como palomas, de tu pecho salieron]
a volar en un cielo de blancura viril.

Y esas pocas palabras, como enormes diamantes,]
son también la desnuda verdad de los amantes
que ante un estricto cielo se miran de perfil.

II

Sobria de barro indígena la verdead de tu vida
tuvo niñez de espigas y maduró en maíz
Ganaste tu destino por la oveja perdida
y le diste a los árboles una nueva raíz.

Yo miro junto a un lago tu pobreza zurcida
y la mano del día que te dio su barniz.
La justicia en tus labios sus torres consolida
y tu solemnidad tiene un aire feliz.

Eres el Presidente vitalicio, a pesar
de tanta noche lúgubre. La República es mar
navegable y secreto si el tiempo te consulta.

Y si una flor silvestre puedo dejarte ahora
es porque el pueblo siente que en su esperanza adulta]
tu fe le dará cantos para esperar la aurora.

III

Mirando las fachadas de Mitla –nunca nada
fue más bello en el mundo que esos muros sin fin-]
pensé en la geometría de tu existencia y cada
greca me traducía tu gesto paladín.

De precisión y ajuste tu vida fue jornada,
por la montaña siempre; jamás por el jardín.
Un silencio telúrico y una mano empuñada.
La columna secreta de esbelto polvorín.

Hace apenas cien años la pólvora de un día
mortal, Guadalajara mojó. La jerarquía
del hombre sobre el tigre al trueno degolló.

Pienso otra vez en Mitla y en sus fachadas leo
lo que hay en tu mirada cuando en tus ojos veo
los caminos de México que tu mano apuntó.

México, 1960
(Pellicer 1986: 468-469)








NOTAS:
[1] Edelmira Ramírez Leyva
Es Doctora en Letras por la UNAM. Actualmente es profesora-investigadora del Departamento de Humanidades de la Didisión de Ciencias y Humanidades de la UAM-A. Pertenece al Cuerpo Académico Historia y Cultura en México, siglos XVI-XXI. Ha publicado diversos estudios sobre la época Novohispana y la cultura mexicana.|Arriba

BIBLIOGRAFÍA:
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