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| RESEÑA
DEL LIBRO
HISTORIA Y RELIGIÓN EN PROFECÍA DE GUATIMOC
de Margarita Alegría de la Colina
Reseña: Edelmira Ramírez Leyva
Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco
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El
libro de Margarita Alegría, Historia y religión
en Profecía de Guatimoc es importante porque
se ocupa de uno de los poetas relevantes de la primera
mitad del siglo XIX en México.
Sin embargo, otra de las razones por la cual resulta
especialmente valioso es por el hecho de que el análisis
realizado se efectuó bajo la perspectiva de los
Estudios Culturales, como el subtítulo mismo
lo indica: Símbolos y representaciones culturales,
enmarcándolo con precisión en ese status.
Me parece importante el hecho de que la Dra. Alegría
haya tomado esta perspectiva de los estudios culturales
para la realización de su estudio, pues como
afirma Sullivan “La cultura es el terreno donde
se lucha por la hegemonía, y se la establece;
se la considera entonces el territorio de las luchas
culturales”, (Sullivan 1997 90 ) tal como sucede
en la Profecía de Guatimoc.
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| La autora
asevera que Ignacio Rodríguez Galván contribuyó
a la fundación del romanticismo mexicano, para
demostrarlo identifica las tradiciones intelectuales de
la época, perfilando los valores y la cultura de
esa etapa, no sólo a través de la producción
del escritor, sino también investigando las fuentes
que lo alimentaron, y que de alguna manera fueron propiciadas
por el destino, al llevarlo a trabajar al lado de su tío,
el ilustre impresor Don Mariano Galván, quien también
era dueño de una librería.
Las lecturas de Rodríguez Galván no sólo
hablan de su formación, sino también de
lo que se editaba y consumía en su tiempo. La
lista de los principales autores da una idea de ello,
en primer lugar, destaca una de las lecturas que constituyó
una influencia fundamental para la creación de
su obra, que fue la Biblia, la cual leyó
y releyó infinidad de veces; también profundizó
en los padres de la Iglesia, en especial San Agustín
y, entre los autores no religiosos se pueden citar:
Byron, Víctor Hugo, Madam Stäel, Chateaubriand,
Lamartine, Dumas, Vicente Monti, Espronceda, Ochoa,
Delavigne, Dante, Manzoni y de la tradición española,
los clásicos: los prelopistas, más los
dramaturgos, narradores y poetas de los Siglos de Oro.
Marcado por esas fuentes e imbuido de los ideales de
su época, Rodríguez Galván plasmará
en su gran poema Profecía de Guatimoc
la resignificación de las concepciones del México
Antiguo en busca de la identidad nacional, pero engarzándolas
con la religión católica, logrando vincular
la historia de los orígenes con la religión
cristiana.
Como la misma autora señala, en el poema Rodríguez
Galván reflexiona sobre varias etapas de la historia
del poder en México, tomando figuras paradigmáticas
como Cortés, Alvarado, pero también Santa
Anna, el dictador de su época; también
alude a la historia de la dominación que sufría
ese México del siglo XIX que trataba de consolidar
su Independencia a contraflujo de los deseos europeos
por dominar a México.
Margarita Alegría muestra cómo en la
obra de Ignacio Rodríguez se deducen las prácticas
culturales del México santanista, que aunque
veladas por la construcción, los conceptos, la
poética y la retórica empleadas, subyace
una crítica que atiende a los diversos factores
políticos en juego durante la primera mitad del
siglo XIX.
El panorama del romanticismo mexicano y por ende de
Profecía de Guatimoc no puede entenderse
al margen de la política. El aspecto cultural
del siglo XIX, profundamente señalado por las
luchas políticos y el acecho extranjero en el
intento por lograr la independencia real del país.
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A
principios del siglo XIX, la influencia colonial sigue
imperando en la cultura en general, incluyendo desde luego
al arte, por lo tanto, la literatura no se escapa de ello.
De ahí que algunos poetas y pensadores intenten
la creación de una literatura auténticamente
nacional. La
preocupación histórica y política
fue un tema persistente en la obra de Rodríguez
Galván, que si bien es una característica
del romanticismo, no hay que olvidar que su pertenencia
a la Academia de Letrán debió haberlo
influido en ese aspecto en forma definitiva. |
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La Academia
de San Juan de Letrán se fundó en junio
de 1836, se instaló en el Colegio de San Juan de
Letrán. Entre los fundadores figuran: José
Ma. Lacunza, Guillermo Prieto, Manuel Carpio y Andrés
Quintana Roo, quien fue su primer presidente. La Academia
poco a poco se fue convirtiendo en un centro cultural
de primera importancia. Tuvo una gran relevancia en la
formación de las letras nacionales como centro
de estímulo, crítica y definición
de tendencias (Perales 1957, 75), pero lo más trascendental
fue según Guillermo Prieto: “su tendencia
decidida a mexicanizar la literatura, emancipándola
de toda otra y dándole carácter peculiar”
(Peña 1990, 140).
Pero como escritor romántico que fue Ignacio Rodríguez
también estuvo muy presente en él, la idea
del valor individual, tendencia a la soledad, a la melancolía,
la proclamación de la libertad en todos sus sentidos,
la libre expresión de los sentimientos. Rodríguez
Galván ha sido considerado el poeta romántico
por excelencia, José Emilio Pacheco afirma que
fue
un
adelantado en varios campos: primer romántico
mexicano,
primer poeta maldito, primero que escribe
desde el punto de
ista del mestizo que ha logrado hacerse de una
cultura litera-
ria reservada a los criollos. Sus poemas muestran
una clara
conciencia política y una intensidad
expresiva que, fuera de
Heredia, no se encuentra en sus contemporáneos.
Nadie ha
discrepado de Menéndez Pelayo en su consideración
de la
“Profecía de Guatimoc” como
obra maestra del romanticismo
en este país.(Carballo 2001,. 212).
Todas esas características del poeta y de su
obra tienen relación con una de las aportaciones
centrales del libro de Margarita Alegría de la
Colina, que es el haber identificado cómo Ignacio
Rodríguez utilizó la poética de
la sublimidad de Longino para sus creaciones, con el
afán de mover la conciencia del lector hacia
un sentimiento nacional en un país cuyos pobladores
no tenían conciencia de la identidad común.
“Lo sublime como noción estética
fue objeto de apasionados debates en la segunda mitad
del siglo XVIII. A partir del concepto de emoción
profunda, comparable al desconcierto o al terror, dictada
por la visión de fenómenos naturales,
se pasó a adoptar el término para indicar
también la eficacia representativa de una obra
de arte… El concepto de lo sublime entró
a formar parte de la mentalidad y las pasiones románticas
junto a las relaciones entre el alma y la naturaleza…
y al concepto de que el arte podía ser un vehículo
de sensaciones sublimes…”.(Ciseri 2004.264-265)
Y justamente la autora demuestra que el poema sobre
Guatimoc es un extraordinario ejemplo de la expresión
de lo sublime.
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La
investigadora toma como marco teórico para desarrollar
este tópico a dos teóricos Erich Auerbach
y a Longino. Menciona que en su interpretación
de lo figural, Auerbach “establece una relación
entre dos acontecimientos o personas, según la
cual cada uno de ellos no sólo tiene significación
propia, sino que apunta también al otro, y este
por su parte, asume en sí a aquél, o lo
consuma” (Alegría 2004, 74) y todo esto vinculado
a la reducción de la interpretación del
Antiguo Testamento.
Y según la autora en Profecía de
Guatimoc, el poeta figura “a Cuauhtémoc
con la imagen cristina del profeta y, en otro sentido,
incluso con la de Cristo mismo (Alegría 2004,
69).
A la interpretación figural hay que agregar
una interpretación agustiniana de la temporalidad
histórica y la teoría de la sublimidad
de Longino, todo esto para crear “una obra estética
que contribuyera a fortalecer el proyecto ideológico
nacional, tan caro a los románticos.
Por lo que toca a la sublimidad, Longino definió
lo sublime “como lo que constituye la suprema
perfección y excelencia del discurso porque arrebata,
transporta y produce admiración mezclada con
asombro y sorpresa.” (Alegría 2004, 79)
y, agrega que aunque la naturaleza es lo más
necesario para llegar a lo grande, si el arte no la
dirige semeja a un ciego que no sabe a dónde
va” (Alegría 2004, 79).
Ignacio Rodríguez Galván siguió
puntualmente las prescripciones de Longino, por ejemplo,
sitúa varios de sus poemas en escenarios naturales.
Alegría de la Colina señala que la Profecía
a Guatimoc se inicia enmarcado en un escenario
natural:
Tras negros
nubarrones asomaba/Pálido rayo de luciente
luna,/ Tenuemente blanqueando los peñascos/
Que de Chapultepec la falda visten./ Cenicientos á
trechos, amarillos,/ O cubiertos de musgo verdinegro/
A trechos se miraban; y la vista/ De los lugares de
profundas sombras /Con terror y respeto se apartaba”
( Alegría 2004, 169).
Siguiendo
a Longino, Rodríguez Galván enfatiza diversos
recursos estilísticos, así como el uso
de abundantes figuras retóricas, como el efecto
de amplificación, los cambios de personas, números
y género, el uso de la perífrasis, metáforas,
interrogaciones, admiraciones, negaciones, la prosopopeya
y el hipérbaton, por citar algunas.
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La
estructura de la Profecía de Guatimoc
resulta compleja por la cantidad de recursos que el autor
utilizó para su construcción y que Margarita
Alegría logró identificar con precisión.
Algunos de ellos son por ejemplo, el uso del sueño
como un medio esencial, que le sirve al autor de base
para introducir lo figural, así como la multitud
de elementos que crean lo sublime y lo patético
en el poema.
Mediante el sueño, el poeta accede a un tiempo
y a un espacio donde puede aquietar su conciencia y
descender sobre sí mismo, lo que le propicia
la posibilidad de un acercamiento con Dios, quien lo
dota de inspiración divina, alcanzando la sublimidad.
Ese estado que linda entre la vigilia y el sueño
le permite al autor cumplir con otra característica
de lo sublime, el trastocamiento del tiempo basado en
la concepción católica cristiana; para
analizarlo la autora revisa las concepciones teóricas
agustinianas y también retoma a Paul Ricoeur.
Margarita Alegría especifica que San Agustín
habla del “presente de las cosas pasadas, presente
de las presentes, y presente de las futuras.”
(Alegría 2004,129) Y agrega “El tiempo
ha de medirse por su paso […] no medimos el espacio
del futuro porque todavía no existe, tampoco
el presente porque no tiene espacio alguno, ni el pretérito
porque lo que ya no es no puede medirse. (Alegría
2004,130) Lo que se mide, según San Aagustín,
es el espacio que hay entre el principio y el fin de
algo, por lo que no se puede medir lo que no tenga términos
fijos, lo que realmente se mide es la impresión
que queda en la memoria acerca de las cosas que pasan.
(Alegría 2004, 130). Esta concepción del
tiempo agustiniano juega un papel relevante en la profecía
que emite Guatimoc, el héroe mítico.
Es
también el sueño el que le otorga al poeta
la posibilidad de contactar a la muerte, a través
de los muertos, mezclándose así, lo sagrado
con la muerte, de esta manera es que el poeta puede
tener un diálogo con el último emperador
del México antiguo.
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Con
la aparición del héroe se introduce el mito
envueltos en un simbolismo, en donde está presente
con claridad el sincretismo cultural. Para analizar estos
tópicos, la autora se basa en Darcy Ribeiro, quien
afirma que el sincretismo cultural es “un producto
típico de los procesos civilizatorios de actualización
histórica (Alegría, 140), en donde se fusionan
las matrices de los pueblos en conjunción (Alegría
2004, 141) a).
Este tema resulta ser clave en la obra de Rodríguez
Galván y también para su vida misma. Margarita
Alegría señala que el poeta introduce
en su obra a Cuauhtémoc, el héroe mítico
por excelencia de los antiguos mexicanos, pero con la
visión decimonónica, es decir, sacralizado
y sincretizado con el Cristo Mesiánico para revisar
el pasado histórico y perfilar el futuro, introduciendo
a la historia remota y a la presente como magíster
vita, siguiendo muy de cerca el concepto agustiniano
del tiempo y de la historia.
En Rodríguez Galván, el héroe
, el mito y los símbolos incluidos en el Poema
a Guatimoc están permeados por la influencia
de las creencias originarias de la religión católica,
que asimila el poeta en especial a través de
su asidua lectura de la Biblia.
Para tratar ese mítico pasado renacido nada
mejor que el género religioso ad hoc,
como es la profecía, que esta animada por el
espíritu divino. En Profecía de Guatimoc,
es el héroe mismo quien profetiza el futuro de
los tiranos nacionales y extranjeros de la nación:
El que
del infeliz el llanto vierte,/ amargo llanto verterá
angustiado,/ el que huella al endeble, será
hollado; el que la muerte da, recibe muerte;/ y el
que amasa su esplendida fortuna/ con sangre de la
víctima llorosa,/ su sangre beberá si
sed lo seca,/ sus miembros comerá, si hambre
lo acosa (Alegría 147-148).
En última instancia se llega a considerar la
historia como profecía. Pero el poema no habla
de una sola profecía, el recurso es empleado
para que el mítico héroe emita otras profecías
dirigidas al poeta y sus preocupaciones íntimas.
En el siglo XIX, Cuauhtémoc se concibió
como “símbolo de un nacionalismo vinculado
a la religión católica, pero también
de raíces prehispánicas.” (Alegría
2004, 151). Se trata pues del rescate de las raíces
originarias de la identidad del México Antiguo
a través del héroe que se entrega al sacrificio
para defender a su patria con la vida misma ante el
extranjero que la avasalla, pero presentado en el poema
bajo la perspectiva del Mesías crístico
de un poeta mestizo, profundamente creyente de la religión
cristiana. A tono con la perspectiva romántica,
Rodríguez Galván sincretiza los símbolos,
los mitos y los héroes nacionales.
Otro símbolo sincretizado que identifica la
autora es la introducción del Cerro de Chapultepec
en donde al inicio del Poema se sitúa la aparición
de Guatimoc. Dicho Cerro es un símbolo que permite
la elevación hacia lo divino, pero manteniendo
contacto con lo terreno. La autora lo muestra como una
síntesis de la pirámide prehispánica,
el Olimpo griego y el Monte Sinaí en donde Moisés
recibió las Tablas de la fe.
Así pues, el Poema Profecía de Guatimoc
es una síntesis del pensamiento romántico
que construyó Ignacio Rodríguez Galván
con una infinidad de recursos tomados de la tradición
occidental, pero rescatando los símbolos de identidad
nacional que tanto requería el país en
los albores del siglo XIX. El poema da cuenta del proceso
del desarrollo político, religioso, histórico,
estético e intelectual que vivía el poeta
en su momento.
Por todo lo anteriormente dicho es que considero que
el libro de Margarita Alegría de la Colina, Historia
y Religión en Profecía de Guatimoc
viene a llenar un hueco en la historia de la literatura
mexicana del siglo XIX y constituye una verdadera aportación
a la historia cultural de las letras nacionales.
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| BIBLIOGRAFÍA: |
- ALEGRÍA DE LA COLINA, MARGARITA.
2004 Historia y religión en Profecía de
Guatimoc. Símbolos y representaciones culturales.
México, UAM-A.División de Ciencias Sociales
y Humanidades.
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- CARBALLO, EMMANUEL.
2001 Diccionario crítico de las letras mexicanas
en el siglo XIX. Con la
colaboración de Jesús Gómez Morán
y Norma Elizabet Salazar Hernández. México
Océano/CONACULTA.
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- CICERI, LLARIA.
2004 El romanticismo. 1780-1860. Barcelona, Electa.
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- GONZÁLEZ PEÑA, CARLOS.
1990 Historia de la literatura mexicana desde los orígenes
hasta nuestros
días. México, Editorial Porrúa.
(Sepan cuantos, 44).
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- O’SULLIVAN, TIM, ET AL.
1997 Conceptos clave en comunicación y estudios
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Amorrortu Editores.
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- PERALES OJEDA, ALICIA.
1957 Asociaciones literarias mexicanas. Siglo XIX.
México, UNAM. CEL.IM
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