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| IMPORTANCIA
DEL CONCEPTO DE HISTORIA Y TRADICIÓN
de Hans-Georg Gadamer
Por: María Elvira Buelna Serrano
[1]
Lucino Gutiérrez Herrera [2]
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| Introducción |
| Este
artículo se propone plantear el concepto de historia
y de tradición que formuló Hans-Georg Gadamer
en su obra: Verdad y método. Sus propuestas
han adquirido relevancia en los años posteriores a
la década de los ochentas del siglo pasado, en particular
por el auge de la llamada posmodernidad, aunque su obra la
publicó desde los años sesentas y es producto
de una generación que vivió la guerra y la posguerra
y se cuestionó el “progreso” y “desarrollo”
que suponía el avance científico, pero que originó
la destrucción y muerte de miles de seres humanos.
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| I.
La crítica a la cientificidad |
| Hans-Georg
Gadamer partió de la filosofía crítica
alemana encabezada por Nietzsche, Husserl, y sobre todo Heidegger,
para formular una concepción novedosa de la historia
basada en la imposibilidad de la misma sin el dialogo a través
del tiempo y con base en la tradición. Para él
los textos son los instrumentos de comunicación entre
las culturas e interpretadas por el historiador desde la propia.
Dialogo en el tiempo en el marco de una ciencia del espíritu,
no de la razón positiva, o sea, desde la historicidad
individual.
La ampliación de los horizontes culturales implica
para este autor la comunicación para comprender el
presente.. Su respuesta intelectual es atractiva y vigente,
en tanto implica un principio metodológico crítico
que sostiene la necesidad de responder con nuevas concepciones
cognitivas ante el cambio del mundo manifiesto, ya por variaciones
en el estado de las artes o por variaciones la organización
social o la política.
Para él,
la historia es producto de la experiencia de la vida, de nuestras
concepciones y de nuestras reflexiones teóricas del
tiempo coyuntural de la propia existencia. Por eso, su propuesta
es como una invitación para que ahora, tras las convulsiones
de finales del siglo pasado, como ayer, se abra nuestro espíritu
al cambio en las concepciones con las que se construye la
historia o la teoría de la comprensión histórica.
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| 1.
Relativismo histórico documental |
| Gadamer
considera que durante los siglos XIX y XX la filosofía
de la historia intentaba resolver cuál era el contenido
de sus problemas fundamentales [3].
Para ello, propuso como teoría la relación axiológica,
es decir, como Kant, un axioma incuestionable, preexistente,
de manera que definía un fenómeno como el “hecho
histórico”, la causa que daba origen a un sinfín
de efectos.
Para él, uno de los aportes más relevantes
de esa filosofía de la historia es el concepto de historicidad,
pero no concuerda con la definición de que sea el modo
como se estructuran los procesos, para él, la historicidad
no se enmarca en tales estructuras, sino que es el modo de
ser del hombre en la historia, y el hombre sólo puede
comprenderse a fondo en su historicidad [4].
Gadamer critica la supuesta objetividad del historiador,
la exigencia de que éste no debe estar sometido a su
presente, sino comprender a partir del momento histórico
que estudia. La contradicción que encuentra este filósofo
en tal exigencia es que el historiado tendría que liberarse
de su propia situación histórica, pero si lo
lograse, no podría tener sentido histórico porque
éste es producto de su propia época [5]
.
De cualquier forma, opina que es necesaria la conciencia
histórico-efectual, es decir, la que explica los efectos
por las causa, porque esta conciencia es la que propicia la
comprensión histórica y permite formular preguntas
a partir de lo que somos para encontrar respuestas en el pasado,
lo que también conduce a plantearse posibilidades de
futuro[6] .
Para Gadamer, descubrir significa comprenderse en lo escrito,
entre los textos, porque, como Gadamer argumenta, la comprensión
histórica implica sostener un diálogo en el
tiempo en donde cada texto es un reflejo de la vida. Así,
no se trata de una lectura ejecutada por su naturaleza lingüística,
sino por su naturaleza social. Por ello, el alemán
formuló la propuesta de ampliación de los horizontes
culturales, y por esto propone la filosofía hermenéutica
como el fundamento de las que designaría como ciencias
del espíritu, ambos conceptos contribuyen a replantear
el quehacer histórico.
Gadamer sustenta que la ciencia moderna sigue el principio
cartesiano de sólo tomar como cierto aquello de lo
que no se puede dudar [7].
Pero la historia no cumple este requisito, sino que intenta
descifrar constantemente los fragmentos que le dan sentido
a la historia, por lo cual la tarea del historiador es una
de carácter hermenéutico porque consiste en
comprender los acontecimientos, y, por tanto, la experiencia
histórica no es la del sentido, el plan, la razón
[8].
Piensa que historicismos, a pesar de criticar el racionalismo
de la Ilustración, compartía con ella su principal
prejucio, el de estar contra todo prejuicio[9]
, ya que el sujeto que analizaba la historia como objeto,
es decir, el historiador, no lograba evadirse de su propio
contexto histórico-efectual [10],
el de la cientificidad.
Para este filósofo, vivimos una época en donde
la ciencia domina la naturaleza de manera progresiva, establece
reglas administrativas sobre la convivencia humana, crea constantemente
nuevas tareas de la investigación científica
que fomentan el desarrollo, la planificación, la remoción
de daños, despliega el poder de la ofuscación,
e insiste en que ella es la vía de configuración
del progreso y crea un sistema al que se somete la conciencia
individual [11].
Pero también sostiene que la disciplina histórica
no es una ciencia en este sentido, sino una ciencia del espíritu
derivada de la filosofía de la práctica enunciada
por Aristóteles, y por eso argumenta que el estudio
de la historia no puede ser visto como transcurso, sino como
comprensión de lo que sale al paso y nos conciernes
y nos sirve para interpretarnos, porque a cada momento enfrentamos
el dilema de la continuidad de la historia y el instante de
la existencia.
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| 2.
La tradición como evento histórico |
| Gadamer
cuestiona la pretendida objetividad del historicismo, el cual
concibe como una entre otras experiencias históricas.
Para él lo importante es que, como humanos, sabemos que
estamos inmersos en un proceso histórico sin saber cómo,
y que sólo podemos percatarnos de lo que ha sucedido
mediante un esfuerzo de reflexión, es decir, mediante
el desarrollo de la conciencia histórica. Por ello, afirma,
la historia debe escribirse de nuevo desde cada presente [12].
Como filósofo,
considera que lo fundamental no es discernir acerca del oficio
del historiador, sino del hombre en general, cualquiera que
sea su profesión. Para éste, el ser humano requiere
de la historia para comprenderse a sí mismo, por tanto,
la comprensión histórica es lo que nos permite
interpretarnos desde el presente. Esta comprensión
se define en el ámbito de la conciencia histórico-efectual,
es decir, las relaciones causa-efecto que dan continuidad
a esa conciencia y nos remiten al enigma del tiempo que fluye,
pero que sólo logramos desarrollarla cuando somos capaces
de “extraer del fluir incesante de los cambios, la continuidad
de la estructura histórica” [13],
cuyo conjunto constituye una época. Para él
lo más importante no es encontrar la estructura histórica
epocal, sino comprender nuestro presente, saber que lo que
se conserva del pasado tiene su propio significado, y, por
tanto, es la realización de la tradición en
las vivencias cotidianas, tradición que tiene como
función formular preguntas acerca de lo que hemos llegado
a ser, y cuyas respuestas nos permiten plantearnos el futuro.
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| II.
Gadamer o sobre el enfoque histórico existencial |
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1. La
historicidad tiene que ver con el sentido existencial del
hombre, no con el sentido metahistórico hegeliano
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| En el
proceso de construcción de la posmodernidad, cuando se
critican las pretensiones de una verdad fríamente racional,
entretenida como producto de la supremacía del hombre
sobre la naturaleza, el concepto hermenéutico de historicidad
recupera o reivindica la verdad inmediata y originaria como
la del arte. Ésta, al igual que la histórica,
es una verdad que parte de la experiencia existencial ante el
entorno, que no deviene de un movimiento histórico orientado
hacia algo. Para Gadamer, los temas esenciales de la experiencia
humana se plasman en el arte y en la historia [14].
Gadamer considera
que requerimos comprender la obra de arte, cualquiera que
sea ésta, porque es parte de un acontecer que le da
sentido, tanto al arte, como a cualquier otro género
de tradición. Por ello se encuentra íntimamente
relacionado con la conciencia histórica existencia.
Por lo tanto, la conciencia hermenéutica abarca a la
conciencia estética, pero la hermenéutica, a
su vez, se autodetermina porque incluye la experiencia del
arte [15]
. Parece concordar con Dilthey cuando menciona que éste
último concebía el arte como “el órgano
privilegiado por el cual se comprende la vida, porque, situado
“en los confines del saber y de la acción”,
permite a la vida revelarse ella misma en una profundidad
donde la observación, la reflexión y la teoría
no tienen acceso”[16]
.
Con convicción
crítica, promueve la revisión del concepto decimonónico
de cientificidad porque éste, al idealizar a la historia
como ciencia racional, objetiva, antiprejuiciosa, antiteológica
y antiteleológica, la formaliza y la limita metodológicamente
porque antepone su significado metahistórico a la de
comprensión del ser humano, y le impone una función
de justificación racional del desarrollo, del progreso,
de las naciones, eliminando o minimizando la conciencia de
la persona en la historia y del sentido de la verdad.
El filósofo
alemán, al proponer su concepto de historicidad, induce
un sentido histórico fiel a las exigencias de la experiencia
humana como vivencia que responde a la sensación elemental
de existencia. Por ésta razón se afirma que
la hermenéutica gadameriana enfrenta a la tradición
mecánico-causal con otra que tiene su raíz en
el existencialismo vital originario.
Sus propuestas
realizadas se explican en el contexto de dos guerras que han,
como tragedias, hecho perder la autoconciencia de la filosofía
de la historia y generado un entorno de duda, mismo que hacía
posible el restablecer la naturaleza dialéctica comunicativa
del filosofar griego, y, por la cual, buscar en la interpretación
el sentido de la comunicación orientado por las cosas
mismas, esclareciendo la posibilidad y los límites,
tanto de la realidad personal, como de los acontecimientos
humanos en su singularidad histórica.
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2. El
sentido dialéctico de la relación hombre-experiencia
histórica
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| Entonces
la relevancia del método histórico hermenéutico
consiste en el reconocimiento expreso de que la posibilidad
de comunicación no puede ser negada nunca entre los seres
humanos, ni en el tiempo contemporáneo, ni entre tiempos
asimétricos. Su
procedimiento es universal en tanto lee los acontecimientos
en la interpretación de su propia tradición,
y hace explícitos los supuestos en que se sustenta
el punto de vista originario sobre la realidad presente. Para
lograr esto utiliza el diálogo como instrumento, porque
a través de él, hace inteligible la comunicación
humana en el tiempo, y permite apreciar la diversidad histórica
de sus realizaciones culturales.
Hermenéutica
filosófica es útil para analizar su relevancia
en al visión del mundo en todas sus formas de comunicación
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| de
la interpersonal |
a
|
la manipulación
social |
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| de
la experiencia individual |
a
|
la experiencia del
individuo |
| en
sociedad |
|
hacia la sociedad |
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| de
la tradición basada en |
a |
la reflexión
emancipadora |
| religión,
derecho, arte o filosofía |
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| El avance
del conocimiento hace que se pierda el encantamiento que producen
los milagros cuando se les comprende. La apropiación
de la tradición se resuelve en una evidencia en la que
nos pertenece y nosotros le pertenecemos. Ambas cosas (tradición
– nosotros) confluyen en mundo compartido – abarca
la historia y el presente, y encuentra su vinculación
en el discurso de unos y otros seres humanos [17].
Así,
su método reivindica los aspectos ontológico
existenciales presentes siempre en las ciencias del espíritu
y, desde luego, constitutivos en el arte y en la historia,
y, con ellos, insta la funcionalidad práctica de la
historicidad al responder a la pregunta de cómo y en
virtud de qué la voluntad humana conforma el recuerdo,
es decir, la responsabilidad histórica en tanto tiene
como objeto la verdad.
Gadamer no se conforma
con argumentar sobre la unicidad de las ciencias del comportamiento,
sino que, al hacerlo, recupera su conciencia ontológica.
Critica la construcción histórica fundamentada
en el principio de racionalidad porque se preocupa más
por la certeza que por la verdad. Sostiene que la base de
la conciencia histórica del hombre moderno consiste
en comprender el privilegio de tener una conciencia plena
de la historicidad de todo presente, y de la relatividad de
todas las opiniones. |
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3. Relatividad
y necesidad de lo otro
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| En vista
de que la conciencia histórica es el privilegio que tiene
el hombre moderno de tener conciencia de la historicidad de
todo presente y de la relatividad de todas las opiniones, Gadamer
define el sentido histórico como la disponibilidad o
talento del historiador para comprender el pasado desde su propio
contexto [18].
Establecido
el hecho de la relatividad cognitiva, la comprensión
de nuestro momento histórico no puede hacerse desde
la provisionalidad que lo determina, sino desde el sentido
interno que le da la historicidad y que lo constituye, motivo
por el cual se edifica en el contacto no funcional de lo otro.
A partir de los
conceptos de la filosofía de la historia de Dilthey
y Heidegger, proponer el de historicidad con un carácter
ontológico, es decir, como el modo de ser del hombre
en la historia. Esto lo destacó en la conferencia que
dictara en 1965 sobre “La continuidad de la historia
y el instante de la existencia” de la siguiente manera:
El esquema siguientes
destaca el la crítica al concepto de historicismo que
prevaleció durante el siglo XIX y primera mitad del
siglo XX, la de la filosofía de la historia que desarrolló
Dilthey y la de Heidegger, representantes del romanticismo
y existencialismo, respectivamente, y que confluían
en partir del concepto de hecho histórico como fundamento
del contenido de los problemas que teóricos sobre la
disciplina.
En los siglos XIX
y XX. Filosofía de la historia trataba de resolver
cuál era su contenido esencial de sus problemas fundamentales.
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La continuidad en la historia remite al enigma del tiempo que
fluye La verdad de la conciencia histórica parece alcanzar
su perfección cuando percibe el devenir en el pasar y
el pasar en el devenir, y cuando extrae del fluir incesante
de los cambios la continuidad de la estructura histórica”
pp. 135-136.
Época
La comprensión de la historia – vista no como
transcurso sino como comprensión de lo que sale al
paso interpretándonos y concerniéndonos a nosotros
mismos
La comprensión histórica está definida
por la conciencia histórico-efectual.
El recuerdo que conserva algo = realización vital
de la tradición misma
Su misión = no ampliar indefinidamente y de manera
arbitraria el horizonte del pasado, sino formular preguntas
y encontrar respuestas que descubrimos partiendo de lo que
hemos llegado a ser, como posibilidad de futuro [19].
La historicidad tiene un sentido práctico al realzar
la estructura y el comportamiento cotidiano de lo social,
al evadir el peligro de que la comprensión de lo sucedido
se fragmente a consecuencia de que el hacer humano se pretenda
asir desde la dispersión de los saberes, o desde una
orientación teleológica que parta del conocedor
hacia el conocido.
Así se comprende el por qué su historicidad
no tiene que ver con la meta histórica, sino con la
conciencia del ser sobre su sentido. De ahí que sostenga
que la autoafirmación del ser debe entenderse como
comportamiento vital, donde la historicidad se comprende como
la conciencia que vincula lo ontológico, lo natural
y lo espiritual, es decir lo causal natural con la motivación
histórica.
En Gadamer
la autoafirmación es imposible sin la comprensión
de que en el tiempo no hay perspectivas sin expectativas,
ni prospectivas sin retrospectivas; el principio dialéctico
existencial hace preciso pensar conjuntamente el ser y el
tiempo como la unidad de contrarios. Ser sin tiempo conduce
al relativismo, la historicidad obliga a reconocer la mutua
relación de pertenencia entre el conocedor y el conocido,
abandonando toda tradición romántica o metahistórica
de estar permanentemente más preocupados por la certeza
de las particularidades o de las finalidades que por la verdad.
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4. La
imposibilidad de saberse históricamente sin dialogar
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| Desde
la reflexión filosófica, como los griegos, da
al devenir un sentido productivo prudencial, donde la conciencia
histórica no es la forma privilegiada de adueñarnos
y apropiarnos de la historia, sino una forma de autoconocimiento
compartido. La hermenéutica histórica no sustrae
la reflexión de su contexto, ni se piensa como un momento
superior, sino que pretende reconocer la acción en la
tradición de su praxis social, esclareciendo en esta
forma un sentido del ser histórico que no se conforma
nunca en el saberse en sí mismo, sino en referencia a
los demás, y por lo tanto, en la conciencia plena de
su historicidad. Para
Gadamer, el lenguaje manifiesta un intento de cambio constante,
la reiterada tentación de sumergirse en otra persona
con la que se establece un diálogo. El diálogo
facilita el proceso de comprensión, es decir, el de
incluirse en otro, pone a prueba los prejuicios, los expone
a la duda o al contraste con los del otro. Este es el potencial
que contiene la alteridad porque nos presenta la oportunidad
de contrastar lo que pensamos, creemos o sentimos. Por tanto,
el diálogo establece un puente de comunicación
y de construcción de identidades sobre la otredad,
o bien, configura barreras que limitan la entrega y nos impide
expresarnos y comunicarnos [20]
.
Compartir las creencias
y decisiones comunes con los demás, en la convivencia
con la sociedad constituye, según piensa, en poseer
la dignidad del ser para mí y de la autocomprensión
humana. Las personas, en general, acogen al otro y aceptan
el intercambio. Esto facilita la construcción de un
mundo de convenciones común [21]
. |
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5. La
finitud como propuesta cognitiva en el planteamiento histórico
de Gadamer
|
| La metodología
no es como procedimiento, sino un principio. Consiste en formular
un planteamiento crítico respecto de la teoría
del conocimiento aplicado a las ciencias del comportamiento,
porque en materia de las ciencias del espíritu y el arte,
es imposible sostener la independencia del sujeto cognoscente
del objeto por conocer. En ellas, por lo general, el sujeto
modifica el objeto conocido. No hay la posibilidad de la inconexión
entre ambos. Por eso, la historicidad y la temporalidad son
elementos conformadores del conocimiento de las relaciones entre
el ser y el ser en el tiempo. Por
consiguiente, su método no implica un proceder correcto,
sino un afirmar el carácter o naturaleza ontológica
del lenguaje como medio de comprensión e interpretación
en el tiempo. Pensar el ser desde el lenguaje implica deliberar
sobre el hombre en su experiencia temporal en el mundo; implica
también el rechazo de que en el arte y en la historia
la verdad pueda verificarse con los medios de que dispone
la metodología de la ciencia.
Tiempo, historia
y finitud es una trilogía donde el problema de la historia
está desdoblado en otra trilogía de lo sucedido:
los acontecimientos, el recuento de ellos y la historicidad
del ser como sujeto de estas acciones. La unidad de su planteamiento
la desarrolla mediante el concepto de tradición,. el
cual, como categoría, permite construir, interpretar
y dar armonía a la comprensión y su interpretación.
La tradición logra esto porque comparte el modo de
ser de nuestro ser con el tiempo, y con ello manifiesta su
carácter finito e inacabado.
El lenguaje es
un medio de comunicación entre tradiciones, pero también
lo es establece el concepto de la tradición. Por consiguiente
no es un instrumento estático. Un texto por eso, a
la vez que es finitud, es mecanismo al encuentro con otras
tradiciones. Se constituye en una apertura del mundo expresada
a través de la palabra organizada.
En este sentido,
el ser que puede ser comprendido es lenguaje, y el que puede
ser comprendido en el tiempo proporciona una visión
de la historia transmitiendo mensajes, un diálogo de
preguntas y respuestas del acontecer del ser.
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6. Los
horizontes históricos gadamerianos
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| Un
horizonte implica una concepción ceñida por la
tradición, la fusión de horizontes lograda la
apertura histórica en el sentido de que hace coexistir
las visiones o cosmovisiones científico-técnica
en el tiempo del mundo al que estamos arrojados, y es el mundo
representado en los textos. Por consiguiente, toda comprensión
esta circunscrita a una determinada apertura histórica
Un texto
representa una continuidad entre presente y pasado. El intérprete
puede funcionar desde su horizonte presente y el del pasado,
interpretando aquello que pertenece a su propia tradición,
es decir, desde su propio horizonte. Por lo tanto, no hay
un pasado dado al que se acceda desde un presente dado
La hermenéutica
tiene que elaborar un horizonte de interpretación donde
la fusión de horizontes parte de la un planteamiento
histórico-efectual que reconoce el carácter
situacional de toda comprensión, Por ello la conciencia
desde la que se esgrime la argumentación gadameriana
no es una conciencia teórica, sino práctica,
una conciencia efectual que reconoce los límites de
cada presente.
.
Por tal motivo el concepto, de horizonte nunca es cerrado
y, precisamente por ello, permiten una fusión. Cerrar
un horizonte sería absurdo porque hace nuestro camino
y nosotros lo hacemos hacia él, ya que al construir
la historia hacemos remembranza, reinterpretación y
transformación.
Así queda
especificado que el interprete se acerca al texto con su propia
tradición y, entonces, la interacción del sujeto
y el objeto, que sostiene es, en principio, una critica al
positivismo que sostiene a la objetividad cognitiva en la
historia. El horizonte es un medio para encontrar la continuidad
del pasado.
Con ello se concluye
que el saber es saberse. La hermenéutica se sabe en
contraste al positivismo frágil y contingente, cada
interpretación juega a inventarse, cada una es, expresamente,
sólo una posibilidad, no anticipa otro modo de ser,
es una entre otras. No tiene mayor pretensión que hacer
explícitas las argumentaciones de que el trabajo histórico
es puente comunicativo de decisiones presentes y pasadas.
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| NOTAS: |
|
| [1]
Ma. Elvira Buelna Serrano. Prof. Titular “C”
del Departamento de Humanidades, División de CSH de la
Unidad Azcapotzalco |
| |
| [2]
Mtro. Lucino Gutiérrez Herrera.
Prof. Titular “C”. Departamento de Economía.
División de CSH de la Unidad Azcaptzalco |
| |
| [3]
H. Gadamer. “La continuidad
de la historia y el instante de la existencia” (1965)
en Verdad y método II. Salamanca., Sígueme,
2000. pp. 133-134 |
| |
| [4]
Ibid.
p. 134. |
| |
| [5]
H. Gadamer. El problema de
la conciencia histórica. Madrid, Técnos,
2001. p. 58. |
| |
| [6]
H. Gadamer. “La continuidad
de la historia y el instante de la existencia” (1965).
Op. cit. pp.143. |
| |
| [7]
H. Gadamer. Verdad y método
I. Salamanca, Sígueme, 1996. p. 338. |
| |
| [8]
H. Gadamer. p. 255 “Réplica
a Hermenéutica y crítica de la ideología
(1971)” en Verdad y método II. Salamanca,
Sígueme, 2000. p. 255 |
| |
| [9]
H. Gadamer. Verdad y método
I Op. Cit. P. 337 |
| |
| [10]
H. Gadamer. “Retórica,
hermenéutica y crítica de la ideología.
Comentarios metacríticos a Verdad y método
I. (1967) en Verdad y método II. Salamanca,
Sígueme, 2000. p. 231. |
| |
| [11]
H. Gadamer. p. 255 “Réplica
a Hermenéutica y crítica de la ideología
(1971)” Op. cit. p. 243. |
| |
| [12]
H. Gadamer. “Texto e interpretación”
(1984) en Verdad y método II. Salamanca, Sígueme,
2000. p. 321. |
| |
| [13]
H. Gadamer. “La continuidad
de la historia y el instante de la existencia” (1965).
Op. cit. pp.134-143. |
| |
| [14]
H. Gadamer. “Problemas
de la razón práctica” (1980) en Verdad
y método II. Op. Cit. p. 313 |
| |
| [15]
H. Gadamer. Verdad y método
I. Op. Cit. P. 217. |
| |
| [16]
H. Gadamer. El problema de
la conciencia histórica. Op. Cit. p. 61. |
| |
[17]
H. Gadamer. “Retórica,
hermenéutica y crítica de la ideología.
Comentarios metacríticos (1967) en Verdad y método
II.
Op. Cit. Pp. 225-230. |
| |
| [18]
H. Gadamer. El problema de
la conciencia histórica. Op. Cit. pp. 41-42. |
| |
| [19]
H. Gadamer.“La continuidad
de la historia y el instante de la existencia” (1965)
en Verdad y Método II. Op. Cit. pp. 133-143.
|
| |
| [20]
H. Gadamer. “Texto e interpretación (1984)”
en Verdad y método II. Op. Cit. Pp. 324-325.
|
| |
| [21]
H. Gadamer. “Problemas
de la razón práctica (1980) en Verdad y método
II. Op. Cit. P 315. |
| |
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