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SIMBOLISMO
DE LA CRUZ ATRIAL DEL EXCONVENTO DE SAN JACINTO
por Edelmira Ramírez Leyva
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Una
de las formas más complejas y ricas del arte cristiano
novohispano se puede encontrar en las cruces atriales,
de las cuales afortunadamente, aún restan notables
ejemplos en México. Una exquisita muestra se puede
admirar en el Exconvento de San Jacinto, en San Ángel,
adjunto a la Parroquia del mismo nombre en la ciudad de
México.
Fray Bernardo de Bordils, de Mallorca, fundó
San Jacinto en 1599. Fue un convento dominico “que
sirvió como retiro preparatorio a los misioneros
que iban a Filipinas y Asia.” (G. Kubler 1982,
635-636).
La cruz atrial de San Jacinto data también del
siglo XVI. A primera vista llama la atención
su ubicación, ya que está situada sobre
una fuente circular, que a su vez está enmarcada
por un octágono.
Se trata de una cruz pasionaria, pero combinada con
los elementos clásicos del simbolismo dominico.
Una revisión de los significados de los símbolos
que integran la cruz podrá dar luz a elementos
que permitan conformar una interpretación del
discurso religioso que subyace en los símbolos
esculpidos en la cruz de San Jacinto.
En primer término, es importante determinar la
pluralidad de simbolismos que se le atribuyen a la cruz
misma.
Para el arte cristiano, la cruz se percibe como el
instrumento de la pasión de Jesucristo, y sobre
la cual murió; esto es de radical importancia
para el Cristianismo, ya que representa la culminación
del sacrificio del Hijo de Dios, que vino a la tierra
para salvar al hombre (EC [s. a.], 951) Es la salvación
del hombre a través del sacrificio del Hijo de
Dios, de aquí que la cruz se asocie con la “vida”,
visualizándola como el “Árbol de
la vida”; se trata de una inversión del
árbol de la vida paradisíaco, con claras
referencias al Génesis. En la iconografía
medieval, era común la representación
de la cruz como árbol con nudos y hasta con ramas”
(Cirlot 1978, 154).
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El árbol invertido es un símbolo del hombre,
macrocósmico y microcósmico a la vez; así
Platón dice que “el hombre es una planta
celeste, lo que significa que es como un árbol
invertido, cuyas raíces tienden hacia el cielo
y las ramas hacia abajo, hacia la tierra.”(Guénon
1969, 283). |
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En
este sentido, es claro, que la cruz de San Jacinto se
relaciona con el Árbol de la vida, tanto por su
ornamentación florida [1]
como
por el hecho de estar sobre la fuente circular octagonal.
Pues ésta remite a la imagen del paraíso
terrenal, donde cuatro ríos parten del centro,
es decir, del mismo pie del Árbol de la vida, y
se separan según las cuatro direcciones marcadas
por los puntos cardinales. En consecuencia, surgen de
una misma fuente que se deviene simbólica del “centro”
y del origen en actividad (Cirlot 1978, 211).
Tanto en
el Génesis como en el Apocalipsis
están presentes esas dos nociones, en el último
se lee:
Mostróme
también un río de agua vivífica,
claro como un cristal, que manaba del solio de Dios,
y del cordero. En medio de la plaza de la ciudad,
y de la una y otra parte del río estaban el
árbol de la vida, que produce doce frutos,
dando cada mes su fruto, y las hojas del Árbol
sanan a las gentes (Apoc., 22, 1-2).
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La fuente circular sobre la que descansa la cruz está
compuesta de doce partes, que aluden a los doce Apóstoles,
quienes al dispersar el Evangelio de Cristo, dieron
nueva vida a los hombres.
Y también con relación a la fuente hay
que tener presente la asociación del simbolismo
del agua con la resurrección, el bautismo, la
purificación; y en estos aspectos, la fuente
está íntimamente ligada al sentido del
renacer a una nueva vida espiritual.
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Estas significaciones
de la cruz, se relacionan, en el caso de la cruz de
San Jacinto, con la forma octogonal que enmarca al círculo
de la fuente y, “las fuentes bautismales tienen
a menudo una base octagonal” (Chevalier y Gheerbrant
1982, 685), lo cual no es extraño, ya que dicha
forma simboliza la resurrección. El octágono
evoca la vida eterna que se alcanza al sumergirse el
neófito en las fuentes bautismales. ( Chevalier
y Gheerbrant 1982, 685).
Por
lo que se refiere a la forma circular de la fuente,
hay que recordar que esta forma se asocia al emblema
solar; además, tiene correspondencia con el número
10 (retorno a la unidad tras la multiplicidad), por
lo que se relaciona con el cielo, la perfección
y la eternidad. (Cirlot 1978, 1309). De esta forma el
círculo de la fuente está acorde y subraya
su contenido, el agua de la vida eterna, que para mantenerla
viva y renovarla se vale de los cuatro Evangelistas
simbolizados por el tetramorfos, como “arqueros
que defienden las verdades y el orden de Cristo –centro-
Los símbolos del tetramorfos siguen el esquema
tradicional, en donde el Ángel alado simboliza
a San Mateo, el león a San Marcos, el buey a
San Lucas y el Águila da San Juan.” (Cirlot,
1978, 438). |
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San
Jerónimo fijó la fórmula de las equivalencias
simbólicas del tetramorfos: león: resurrección,
águila: ascensión; hombre; encarnación;
buey: pasión:”(11) Por otra parte el tetramorfos
cristiano es una expresión de la antigua idea de
que “una manifestación del principio de cuaternidad,
ligado a la idea de situación y a la intuición
del espacio como orden.”(Cirlot 1978, 436).
Sin embargo,
diversas interpretaciones se han dado a esos símbolos,
una significación que parece apropiada es la
siguiente:
Esas
figuras expresan uno de los aspectos de la figura
innombrable de Cristo. Ninguna imagen agota la riqueza
del Verbo Encarnado, ni ningún hombre traduce
lo infinito de la divinidad. Con estas reservas
se interpretan los animales simbólicos, como
sigue: el león afirma la realeza de Cristo
triunfante de la muerte, por su muerte sobre la
cruz; el águila revela la sublimidad del
Salvador, que vive en las alturas celestes ( Chevalier
y Gheerbrant 1982, 322) El buey, símbolo
de las fuerzas cósmicas, pero también
el sacrificio ( Cirlot 1978, 104)
De esta manera, representan simbólicamente,
uno de los aspectos de la personalidad misma del Redentor.
(Chevalier y Gheerbrant 1982, 322).
Por
otra parte, también se relaciona con los cuatro
puntos cardinales, los cuales a su vez tienen una significación
con respecto a la cruz misma, ya que está,
Dirigida
hacia los cuatro puntos cardinales, es la base de
todos los símbolos de orientación, en
los diferentes niveles de existencia del hombre. La
orientación total del hombre exige un triple
acuerdo: la orientación del sujeto animal con
relación a sí mismo; la orientación
espacial con relación a los puntos cardinales
terrestres; la orientación temporal con relación
a los puntos cardinales celestes. [2]
(Chevalier y Gheerbrat, 318).
En consecuencia, como afirman los autores antes citados,
la cruz es el símbolo más universal, totalizador
y sintético, pero también es símbolo
de lo intermediario, tiene una función de medida,
tiene un poder tanto centrípeto como centrífugo.
Es vía de comunicación, difusión,
emanación, a la vez de reunión y recapitulación.
Incluye también en su simbolismo el valor de
un símbolo ascencional.(Chevalier y Gherbrant,
318); tiene una estrecha relación con la resurrección
y ascensión del Señor; con la elevación
de las almas por el camino de la nueva vida.
Por lo que concierne a los símbolos que ornamentan
los ejes de la cruz del exconvento de San Jacinto presenta
dos tipos de símbolos, los que están relacionados
con la pasión del Salvador, como son justamente
“las armas de Cristo” y los relacionados
con la teología dominica.[3]
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En cuanto a los instrumentos de la Pasión cabe
recordar que desde la Edad Media la devoción
de la cruz comprendía todos los instrumentos
de la pasión, reunidos en una especie de trofeo
denominado las Armas de Cristo, al que se le atribuían
poderes mágicos. Este motivo tenía una
procedencia eminentemente popular, a pesar del elemento
heráldico. (Réau 1957, 508-509).
Los
elementos que entran en la composición de las
Armas del Cristo se fueron multiplicando poco a poco:
En el siglo
XIII, se reducían a seis: la corona de espinas,
la columna y los azotes de la flagelación,
la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la Transfisión.
EN el siglo XV la cuestión se complica. Se
añaden los treinta dineros de Judas alineados
o cayendo en cascada de una bolsa, la linterna del
Mal y su oreja atada al cuchillo de San Pedro, el
gallo de la negación; una cabeza que escupe,
la mano que abofetea a Cristo, la columna de la Flagelación,
el aguamanil y la fuente del lavamiento de las manos
de Pilatos, el velo de la Verónica, la túnica
sin costura y los dados que sirvieron para tirar las
suertes, el martillo que clava los clavos, las escaleras
y las tenazas del Descendimiento de la cruz. Un himno
en latín enumera las piezas del triunfo: “He
aquí el vinagre, la hiel, la cana/ los esputos,
los clavos, la lanza/Llamado el noble triunfo/ del
Redentor del Mundo/Cunando, inmolado, ha vencido (Réau,
1957, 508-509).
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Así
pues, es claro que la cruz de San Jacinto retoma de la
tradición medieval las armas de Cristo, de las
cuales utiliza la mayoría de las citadas: dados,
clavos, azotes, tenazas martillo, espada, el gallo, la
corona de espinas, los 30 dineros, la caña con
la esponja y la inscripción de INRI, ésta
última no mencionada anteriormente.
Particularizando el simbolismo de cada uno de los instrumentos
de la pasión representados en la cruz de San Jacinto,
se encuentra los siguientes: La bolsa con las treinta
monedas no está representada por las monedas en
sí, sino mediante una bolsa cerrada y sobre ella
está escrito el número 30. De esta manera
representa “las treinta piezas de plata que recibió
Judas Iscariote [y que] simbolizan la Pasión. El
texto bíblico lo describe así: “Entonces
Judas Iscariote […] fue a verse con los príncipes
de los sacerdotes, y les dijo: ¿Qué queréis
darme, y yo lo pondré en vuestra manos? Y se convinieron
con él treinta monedas de plata.”(Ferguson,
1956, 260). |
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La
bolsa de las treinta monedas se asocia a la traición
de Judas, y a su arrepentimiento, que consumado el sacrificio
ya de nada vale:
Entonces,
Judas, el que le había entregado, viendo a
Jesús sentenciado, arrepentido de lo hecho,
restituyó las treinta monedas de plata a los
príncipes de los sacerdotes y a los ancianos
diciendo: Yo he pecado, pues he vendido la sangre
inocente. A lo que dijeron ellos. A nosotros ¿qué
nos importa? Allá te las hayas. Más
él, arrojando el dinero en el templo, se fue,
y echándose un lazo, se ahorcó. Pero
los príncipes de los sacerdotes, recogidas
las monedas, dijeron: No es lícito meterlas
en el tesoro del templo, siendo, como sin precio de
sangre. Y habiéndolo tratado en consejo, compraron
con ellas el campo de un alfarero, para sepultura
de los extranjeros. Por lo cual se llamó dicho
campo Haceldama, esto es, campo de sangre, y así
se llama hoy día. Con lo que vino a cumplirse
lo que dijo el profeta Jeremías…(Mateo,
27, 3-9).
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El
gallo es el símbolo de las negaciones de Pedro,
pasaje ampliamente conocido a través de los Evangelios.[4]
A pesar de ser evidente que la presencia del gallo en
la cruz dominica de San Jacinto se relaciona obviamente
con San Pedro, no hay que olvidar otras significaciones
que se desprenden del símbolo del gallo, como aquella
que lo refiere en el sentido de “emblema de Cristo”: |
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El gallo
es un símbolo solar de luz y resurrección.
En Job el gallo es ya el símbolo de la inteligencia
venida de Dios… el gallo anuncia el nacimiento
del día, como el Mesías, anuncia el
día que sucede a la noche. También figura
sobre las flechas de las iglesias y las torres de
las catedrales. Esta posición en la cima de
los templos puede evocar la supremacía de lo
espiritual en la vida humana, el origen celeste de
la iluminación salvadora, la vigilancia del
alma atenta a percibir en las tinieblas de la noche
las primeras claridades del espíritu que se
eleva. (Chevalier y Gheerbrant 1982 , 282-283).
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Los
azotes representan una fuerte síntesis de la flagelación
de Cristo. Los Evangelistas son muy parcos en la descripción
específica de este pasaje particular, pues se limitan
a decir: “ Tomó entonces Pilato a Jesús,
y mando azotarle”. (Juan 19, 1) No describen como
eran los azotes con que flagelaron. En el arte del medioevo,
“el Cristo flagelado es encuadrado por sus prefiguras
del Antiguo Testamento: 1.Lamec golpeado por sus dos mujeres.
2. Job golpeado por su mujer. 3 El rey Aquis atado a un
árbol y flagelado por orden de Holofernes, por
haber dicho la verdad.”(Réau 1957, 452).
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En la cruz de San Jacinto se destacan dos tipos de
azotes –los cuales aparecen cruzados-: uno es
un haz abultado como de varas y el otro parece ser un
látigo compuesto de azotes que terminan en la
punta con un objeto abultado. Dentro de la iconografía
del arte cristiano correspondiente a este tema Reau
señala lo siguiente:
Bajo la
influencia del teatro de la Pasión, los verdugos,
cuyo aspecto es a menudo caricaturesco, rivalizan
en brutalidad. Son generalmente en número de
tres. Uno de ellos tiene un látigo de correhuelas
de cuero (flagellum), a veces armado de huecesillos
o de balas de plomo, el otro haz de varas; un tercero
esta en trance de atar un nuevo paquete de varas para
remplazar las que se han roto con la violencia de
los golpes.(Réau 1957, 452).
El cristo coronado de espinas y el acto de la flagelación,
símbolo de la Pasión dio lugar en el arte
cristiano a la cristalización como símbolos
de los instrumentos que se utilizaron para la flagelación.
La descripción que hace san Mateo de ese momento
puntualiza los elementos:
En seguida,
los soldados del presidente, cogiendo a Jesús
y poniéndole en el atrio del pretorio, juntaron
alrededor de el la cohorte o compañía
toda entera: y desnudándole le cubrieron con
un manto de grana; y entretejiendo una corona de espinas,
se la pusieron sobre la cabeza, y una caña
por cetro en su mano derecha. Y con la rodilla hincada
en la tierra, le escarnecían, diciendo: Dios
te salve, rey de los judíos. Y escupiéndole,
tomaban la caña, y le herían en la cabeza.(Mateo
27-30).
Ferguson indica que “la corona de espinas con
que los solados coronaron a Cristo antes de la crucifixión
parodiaba la corona de rosas de los emperadores romanos”
(Ferguson 1956, 32) Sin embargo, la corona encierra
simbolismos más profundos.
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Chevalier
afirma que el simbolismo de la corona presenta tres
aspectos principales:
Su lugar
en la cima de la cabeza le confiere una significación
prominente: comparte no sólo los valores de
la cabeza, cima del cuerpo humano, sino los valores
del que sobrepasa la cabeza, un don venido de lo alto;
marca carácter trascendente de un cumplimiento.
Su forma circular indica la perfección y la
participación en la naturaleza celeste, donde
el círculo es el símbolo, unida a la
corona es lo que está debajo de él y
lo que está arriba, pero marcando los límites
que separan lo terrestre lo celeste; lo humano de
lo divino: recompensa de una prueba, la corona es
una promesa de vida inmortal [ …]. La naturaleza
del acto heroico.(Chevalier y Gheerbrant 1982, 303)
De esta manera todos los valores aquí descritos
pueden aplicarse a la corona de espinas de Cristo y
verse, aparte del sentido tradicional, como un símbolo
del sacrificio y del sufrimiento del Hijo de Dios por
los hombres, que revierte el sentido de burla que implicó
el acto mismo de la coronación en función
de otros valores trascendentes derivados de su sacrificio.
La naturaleza de la corona que los verdugos le colocan
a Cristo también tiene un simbolismo; según
René Guénon la corona de la pasión
estaba hecha de espinas de acacia, y puede tener relación
con la corona de rayos: “Las espinas se identifican,
por una inversión del simbolismo con los rayos
luminosos que emanan del cuerpo del redentor. Es de
hecho que el Cristo coronado de espinas es a veces representado
bajo un aspecto resplandeciente.”(Guénon
1969, 409).
Cirlot señala una serie de relaciones entre
las espinas y la cruz que refuerzan el simbolismo propio
de la cruz:
Se halla
en relación con el eje del universo, por lo
tanto con la cruz. La espina de la rosa acentúa
la contraposición, que también hallamos
en el simbolismo de la cruz, de la conjunción
de la tesis y antítesis, de las ideas de existencia
y no existencia, éxtasis y angustia, placer
y dolor. La corona de espinas da a la espina el carácter
malévolo de toda multiplicidad y la eleva a
simbolismo cósmico por su forma circular.(Cirlot
1978, 31).
La caña
con la esponja presente en la cruz atrial de San Jacinto
remite al momento anterior a la crucifixión en
donde los solados le dan a Cristo vino con hiel: “Llegando
al sitio llamado Gólgota, que quiere decir el
lugar de la calavera, diéronle a beber vino con
hiel; más en cuanto lo gustó, no quiso
beberlo”(Mateo 27, 33-35). |
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El
martillo y los clavos resumen el acto mismo de la crucifixión.
El arte cristiano, dice Réau “vacila entre
dos fórmulas: la cruz es extendida en el suelo
o eregida.”(Réau 1957, 473).
En cuanto
a la primera forma, algunos han creído descubrir
el origen de esta representación en las Meditaciones
del Pseudos-Buenaventura que habría tomado
del Pseudos Anselmo, en una visión de Santa
Brígida o en el Teatro de los misterios, pero
en realidad este tema es muy anterior al siglo XI
en el arte bizantino y es de aquí que pasa
al arte francés, italiano y flamenco.(Réau
1957, 473-474).
Después
de haber clavado a Jesús sobre la cruz extendida
sobre la tierra, los verdugos levantan con un gran refuerzo
de cuerdas, el instrumento del suplicio después
de haber hundido el pie en un agujero clavado. Esta es
la fórmula que adopto el Concilio de Trento.(Réau
1957, 474).
La cruz levantada antes de ser clavado Cristo es otra
versión, en ésta Cristo sube de frente
o hacia atrás con la ayuda de un taburete o una
escalera baja y pone los pies sobre el escaño.
Los verdugos, trepados sobre las dos escaleras más
altas, apoyados sobre los brazos de la cruz le clavan
entonces las manos. Jesús trepa solo sin ninguna
ayuda, un criado de verdugo puesto sobre el travesaño
de la cruz, lo empuña por el brazo.(Reau 1957,
473).
Con respecto a los clavos dice Réau que la tradición
universalmente recibida sabe que Jesús fue fijado
en la cruz con clavos y no con cuerdas:
En los monumentos de la alta Edad Media, el cuerpo de
Cristo es fijado por cuatro clavos, después,
el siglo XIII con tres clavos solamente, los dos pies
estaban clavados uno sobre otro.[5]
(Réau 1957, 480) En la cruz analizada
se toma la tradición del siglo XIII.
La
inscripción INRI, los dados, la esponja (nuevamente)
y la espada son también símbolos de la
pasión, todos juntos relacionados con la secuencia
que San Juan describe de este modo:
Escribió
asimismo, Pilato un letrero y púsole sobre
la cruz. En el estaba escrito: JESUS NAZARENO, REY
DE LOS JUDIOS. Este rótulo le leyeron muchos
de los judíos, porque el lugar en que fue Jesús
crucificado estaba contiguo a la ciudad, y el título
estaba en hebreo, en griego y en latín. Y los
pontífices de los judíos; sino que ÉL
ha dicho: Yo soy el Rey de los judíos. Respondió
Pilato: Lo escrito, escrito está. Entretanto,
los soldados habiendo crucificado a Jesús,
tomaron sus vestidos (de que hicieron cuatro partes:
una para cada soldado) y la túnica. La cual
era sin costura, y de un solo tejido de arriba abajo.
Por lo que dijeron entre sí: No la dividamos,
más echemos suertes para ver de quién
será. Con lo que se cumplió la Escritura,
que dice: Partieron entre sí mis vestidos,
y sortearon mi túnica. Y esto es lo que hicieron
los soldados (Juan 19, 19-24).
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En
cuanto a la esponja y los dados, San Juan lo refiere
de la siguiente manera:
sabiendo
Jesús que todas las cosas estaban a punto de
ser cumplidas, para que se cumpliese la Escritura
dijo: Tengo sed. Estaba puesto allí un vaso
lleno de vinagre. Los soldados, pues, empapando el
vinagre, y envolviéndola a una caña
de hisopo, aplicáronsela a la boca. Jesús,
luego que chupó el vinagre, dijo: Todo está
cumplido. E inclinando la cabeza, entregó su
espíritu. Como era día de preparación,
o viernes, para que los cuerpos no quedasen en la
cruz el sábado (que cabalmente era aquel un
sábado muy solemne), suplicaron los judíos
a Pilato que se les quebrasen las piernas a los crucificados
y lo quitasen de allí. Vinieron, pues, los
soldados, y rompieron las piernas del primero, y del
otro, que había sido crucificado con El. Mas
al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto,
no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados
con la lanza, le abrió el costado, y al instante
salió sangre y agua. (Juan 19, 28-34).
La sangre
derramada “es el símbolo perfecto del sacrificio”(Cirlot
1978, 399) El cáliz representado arriba de la
cabeza de Cristo en la cruz de San Jacinto puede también
estar ligado con la sangre y el agua que fluían
del costado de Cristo.
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Múltiples
repercusiones en cuanto a rituales y significaciones
surgieron del acto del soldado al abrir el costado de
Cristo, uno significativo es el que refiere Jung en
San Crisóstomo, referente a la observación
de que “el mismo Cristo fue el primero que bebió
en el vino su propia sangre.”(Jung, 58). Pero
también podría incluirse el Cáliz
entre las armas de Cristo, si se asocia al pasaje de
San Luchas que dice:
Salió,
pues, acabada la cena, y se fue según costumbre,
hasta el monte de los olivos para orar. Y llegado
que fue allí les dijo: Orad para que no caigáis
en la tentación. Y apartándose de ellos
como la distancia de un tiro de piedra, hincada las
rodillas, hacía oración, diciendo: Padre
mío, si es de tu agrado, aleja de mi este cáliz;
no obstante, no se haga mi voluntad sino la tuya.
En esto se le apareció un ángel del
cielo, confortándole. (Lucas 22, 39-43).
Según Réau el cáliz es una simple
metáfora de la cual se sirve Cristo hablando
de su Pasión como de una copa de hiel que debía
beber hasta la hez. Esta metáfora ha sido tomada
por los artistas al pie de la letra. (Réa 1957,
428-429).
A partir
del siglo XIX, representaban casi siempre en la escena
de la agonía “ en el monte de los olivos”,
un cáliz puesto sobre una roca con una hostia
suspendida arriba. Sólo Lucas menciona la aparición
de un ángel que porta generalmente la cruz,
después toma el cáliz, sin duda porque
estaba habituado a verlo, en la escena de la Crucifixión
reuniendo en un cáliz la sangre de Cristo en
la cruz. Sin embargo, el cáliz no es un atributo
indispensable. Mantenga y Durero lo substituyen por
los instrumentos de la Pasión. (Réau
1957, 428-429).
La escalera
y las tenazas esculpidas en la cruz atrial de San Jacinto
están relacionadas con el Descendimiento de la
Cruz, aunque en los Evangelios se menciona y sólo
se cita brevemente el que José de Arimatea bajase
al Señor: “José, comprada una sábana,
bajó a Jesús de la cruz y le envolvía
en la sábana, y le puso en su sepulcro abierto”
(Marcos 15, 46). |
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En
suma, se puede decir que todos los símbolos hasta
aquí citados, que están representados
en la cruz atrial del exconvento de San Jacinto están
asociados de una u otra manera con la Pasión
de Cristo: se trata de las Armas de Cristo recogidas
de la tradición medieval. Sin embargo, combinadas
con éstas se encuentran otros símbolos,
por ejemplo, las rosas, las cuales, como todas las flores
son símbolo del centro, y si en realidad se trata
de rosas, las representadas en la cruz de Santo Domingo
habría que recordar que la rosa es “un
símbolo de finalidad de logro absoluto y de perfección”(Cirlot
1978, 390 Y entonces, sería un símbolo
de la consumación del sacrificio de Cristo por
los hombres.
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La
palma, aparte de ser uno de los símbolos del escudo
dominico, es también de victoria, de ascensión,
de regeneración de inmortalidad. Por tanto está
ligada a la resurrección de Cristo resultado del
drama del Calvario. (Chevalier y Gheerbrant 1982, 724).
Los dos corazones laterales esculpidos en la cruz de
San Jacinto conllevan una gran riqueza simbólica:
El corazón
de Cristo es el símbolo más completo
de revelación de Dios, ya que se hace en Cristo
y por Cristo en su aspecto más amable de Corazón
que se da, y se define: “Dios es caridad”,
Dios es Corazón. Es la mismisidad más
íntima de Cristo, Cristo en su amplitud humano-divina
considerado en el aspecto más “cristiano”,
en el centro mismo de su esencialidad personal. [6]
(Herrán 1959, 168-169, 186-187).
El agua de la vida brota del corazón de Cristo,
es el manantial de todo lo que representa el orden sobrenatural,
la efusión de su Espíritu, origen de vida,
santidad y consolación.(Herrán 1959, 170-171).
El corazón herido es símbolo y metáfora
del amor Cristo hacia los hombres. (Herrán 1959,
178) El fuego que sale de uno de los corazones representados
en la cruz de San Jacinto se vincula también
con el amor, simbolizado precisamente por el fuego,
pues Cristo ardía en la cruz por el fuego del
amor hacia todo el mundo. (Herrán 1959, 179).
El corazón abierto de Cristo se considera nido,
refugio y morada constante del corazón más
cercano al suyo, el de su Madre Santísima. (Herrán
1959, 182).
El corazón traspasado es quizá uno de
los símbolos más complejos. San Luis Grignon
de Montfor, en su poema Les tresors infinis du Coeur
de Jesús, le sintetiza de esta forma:
`Corazón
de los corazones sublimes´, ´fuente de
los dones del Espíritu Santo`, `manantial de
vida`,`arsenal de todas las armas`,`retiro de los
perfectos`, `refugio de los pecadores`, `santa al
cabo del Esposo`, arca viviente de los secretos`,
`hontanar de luz``paraíso de la tierra`, `trono
sublime de caridad`, `milagro del mundo que contiene
reunida, con el cielo, la tierra y el mar, a toda
la Santa Trinidad’(Herrán 1959, 184-185).
La estrella y la flor que aparecen en la cruz de San
Jacinto en conexión con el corazón se
derivan claramente de los emblemas clásicos de
Santo Domingo, y por consecuencia, de la Orden. La estrella
aparte del recuerdo de la leyenda de Santo Domingo niño,
puede simbolizar el amor del Santo a Cristo: su obra
lo hace acreedor a poder estar en el corazón
de Cristo. Y la flor posiblemente se enlace con la devoción
a la Virgen que tenía la orden dominica, significando
la unión de los dos corazones.
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El
símbolo de la Flor de lis también proviene
del escudo dominico, que recuerda la Cruz de la Orden
de Calatrava correspondiente a la familia de Santo Domingo,
los Condes de Guzmán.(Salazar Monroy 1942, 1 vol
sin pag.).
Sin embargo, la Flor de lis, tiene significaciones
mucho más complejas, se relaciona ante todo con
Jesús y con María, su madre. Su división
en seis pétalos y seis estambres, con un número
perfecto; deviene en esta flor una nota de perfección
que se duplica por sus doce partes, las más aparentes,
lo cual es aplicable a Cristo por lo que se refiere
a la doble perfección de su divinidad y de su
humanidad. El Lis agradable por su forma exterior, es
a la vez útil por sus propiedades, de éstas,
una de las más importantes es la de calmar las
inflamaciones, por lo que se le conoce como emblema
de la Madre de Dios, quien en su fecundidad virginal,
devino útil y amable al mundo.(Auber 1871, 541-542).
Tomás de Cantimpre, dominico del siglo XIII
insiste en la relación de la Flor de lis con
la Virgen: “La bienaventurada virginidad se compara
al lis, por su blancura de nieve y también porque
el corazón de esta flor está protegido
por sus seis envolturas, parece guardarlo de todo contacto
de los peligros exteriores.”(Auber 1871, 543)
Y también lo asocia a San José en cuanto
a “hombre fiel a la pureza de corazón,
a la vida interior y a la calma perfecta del alma y
de los sentidos.”(Auber 1871, 544).
La Flor de lis también es considerada como una
alegoría de la Iglesia y del alma fiel.(Auber
1871, 542).
Y otro significado importante del Llis, asociado a Cristo,
es la que la concibe como:
La flor
del amor, de un amor intenso, pero que en su ambigüedad
puede ser irrealizado, rechazado o sublimado. Si es
sublimado el lis es la flor de la gloria. En este
sentido se asocia con el loto. También es una
flor solar: flor de la gloria y origen de fecundidad.
En la tradición bíblicas es el símbolo
de elección, demuestra de ser amado. El lis
es también símbolo de abandono a la
voluntad de Dios, es decir a la Providencia. Por último,
el lis de los valles se relaciona con el árbol
de la vida plantado en el Paraíso. Que restituye
la vida pura, promesa de inmortalidad y de salud..(Auber
1871, 578).
Haciendo una breve recapitulación en cuanto a
la significación del complejo de símbolos
representados en la cruz dominica del exconvento de
San Jacinto tenemos, por lo menos tres vías claramente
definidas: la que se refiere a la cruz con su inseparable
relación la Pasión de Cristo, incluyendo
aquí a las armas de Crisóstomo trofeo
y realización victorioso del sacrificio de Cristo
en función de la salvación del hombre,
que Dios ofrece al mundo a través de su Hijo.
Con relación a esto mismo se siguen una serie
de símbolos que enfatizan el triunfo de ese sacrificio
y el amor de Cristo a los hombres. Todo unido recuerda
y ofrece al hombre la posibilidad de trascendencia a
través del Hijo de Dios.
Por
otra parte, están los símbolos dominicos
asociados al culto a la veneración. Indispensables
en la representación como elementos que marcan
su procedencia.
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| NOTAS: |
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| [1]
Cada uno de los brazos de la cruz está
ornamentado con una flor un poco diferente a la
del centro, con ramas y hojas; rematan en flor de
lis, y sobre este remate se puede ver en ambos brazos
una flor igual a la del centro, pero con tallos
y hojas grandes. La cara inferior de los brazos
también tiene una flor igual a la de la anterior.
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| [2]
“La orientación espacial se articula
sobre el eje este-oeste, marcadas por la salida
y el recogerse del sol. La orientación temporal
se articula sobre el eje de rotación del
mundo, a al vez sur-norte y bajo- alto. El cruce
de esos dos ejes mayores realiza a la cruz de orientación
total. La concordancia en el hombre de dos orientaciones
animal y espacial lo pone en resonancia con el mundo
terrestre inmanente; el de las tres orientaciones,
anima, espacial, y temporal, con Edmundo supra-temporal
trascendiendo, por y a través del medio ambiente
terrestre.” (Chevalier y Gheerbrat, 318) |
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|
[3]
En la cara anterior de la Cruz de San Jacinto, vista
desde la parte superior, se puede ver que su eje
longitudinal está rematado con una placa
cuadrangular, que en la superficie y enmarcado por
un ribete delgado, deja ver la inscripción
clásica INRI.
En el cruce de los ejes, el centro, está
esculpido un rostro del Cristo sangrante, coronado
de espinas. Es el típico modelo latino, de
rostro delgado, con barba y bigote.
Entre el remate y el rostro de Cristo, está
esculpida una flor de cuatro pétalos, que
tratándose de una cruz dominica, bien podría
ser una rosa.
Sobre el mismo eje longitudinal, inmediatamente
abajo del rostro de Cristo se mira una custodia,
exponiendo una hostia.
Abajo de la custodia está un gallo; enseguida
descendiendo, una escalera de seis peldaños;
a esta le siguen dos azotes cruzados; abajo los
tres clavos y por último tres dados.
En la cara de la base del mismo eje se lee la siguiente
inscripción: Sta. Cruz dum volvitur orbis
En cuanto a los brazos de la cruz, cada uno está
ornamentado con una flor un poco diferente a la
del centro, con ramas y hojas; rematan en flor de
lis y sobre este remate se puede ver en ambos brazos,
una flor igual a la del centro, pero con tallos
y hojas grandes. La cara interior de los brazos
también tiene una flor igual a la de la anterior.
Por lo que se refiere a la cara posterior del eje
longitudinal se ven en el remate, encuadrada, la
palabra PAX.
Siguen al remate tres flores pequeñas entrelazadas
con sus tallos: debajo de ellas se observan tres
hojas grandes que salen de un tallo que se entretejen
o procede de las flores de los brazos, que son iguales
a los de la cara anterior.
En el cruce de los ejes, en lugar del rostro de
Cristo se encuentra una flor de cuatro pétalos,
similar a la que se han descrito anteriormente,
la acompañan tallos con dos hojas que se
aproximan a las flores de los brazos.
Abajo de la rosa central, hay otras dos flores,
sólo que más pequeñas: enseguida,
abarcando una gran parte de lo que resta de este
eje esta esculpida una palma. Abajo, en el lado
izquierdo de la base de la palma se ve la bolsa
con las 30 monedas: en el derecho, unas pinzas y
un martillo. |
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| [4]
Véase Lucas 22, 31-34
y 54-62. |
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| [5]
A partir de la Contrarreforma
no se observa ninguna regla. El teólogo Molano,
en su tratado sobre Santas Imágenes que registra
la doctrina del Concilio de Trento deja a los artistas
toda libertad sobre este asunto. (Réau 1957,
480). |
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|
| [6]
“ Pío XII afirma:
EL corazón del Salvador en cierta manera
refleja la imagen de la Divina Persona del Verbo
y asimismo de sus dos naturalezas, human y divina;
y en él podemos considerar no sólo
un símbolo, sino también como un compendio
de nuestra redención [….] Del corazón
de Cristo brota el ‘agua’, la nueva
vida que produce eternidad.” (Herrán
1959, 182). |
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| BIBLIOGRAFÍA
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