CONSIDERACIONES CRÍTICAS AL PLAN NACIONAL DE DESARROLLO 1995-2000. PERSPECTIVAS DE UNA ALTERNATIVA NEOKEYNESIANA.

Héctor R.Nuñez Estrada.


Introducción.

Los Planes Nacionales de Desarrollo tienen sus antecedentes en la programación sectorial surgida en los años setenta como un intento de racionalizar las acciones del sector público, surgieron programas en educación, agricultura, industria, etc. Posteriormente, a principios de los años ochenta, en el régimen de López Portillo se elabora el Plan Global de Desarrollo. Con estos precedentes en el sexenio de De la Madrid y en el de Salinas de Gortari se elaboran los Planes Nacionales de Desarrollo. Sin embargo, hay que considerar que dichos planes no eran un mero ejercicio técnico, sino que subyace en los dos últimos la concepción política neoliberal como resultado de que representantes de esa corriente tomaron el poder en 1982.

Sin embargo, existe un común denominador en todos ellos, establecen siempre objetivos de beneficio social y mejoramiento de los niveles de vida de la población, también fijan metas de alto crecimiento del producto interno bruto, sin embargo como es evidente por el estado actual de la mayor parte de la población muy poco o nada se ha cumplido, quizá de ahí se derive que en el discurso gubernamental siempre se repita el que "aun falta mucho por hacer". Hay que considerar también que las presentaciones de los Planes son fastuosas, pero debido a los resultados obtenidos y a que al final de cada sexenio se acumula tal desprestigio a los presidentes en turno que ya no se acuerdan de realizar la evaluación de lo alcanzado, en relación a lo que se fijó como objetivos y metas a alcanzar. Muchas veces, incluso, se realizaron acciones trascendentes que no se consideraron en los Planes, tales como la venta masiva de empresas públicas, la reprivatización de los bancos, el ingreso al TLC, firmas de acuerdos internacionales que han comprometido la soberanía nacional, etc.

Durante la etapa inicial de auge de la planeación en el aparato administrativo gubernamental se empezaron a formar cuerpos especializados, llegándose a establecer subsecretarías de planeación en casi todas las Secretarías de Estado e incluso la Secretaría de Programación y Presupuesto, que fue la entidad que tenía como responsabilidad la formulación y el seguimiento del Plan. Sin embargo con los recortes presupuestales desaparecieron estas dependencias especializadas, convirtiendo el ejercicio de planeación en un requisito a cumplir porque así lo señala la Constitución y la Ley de Planeación.

Hay que considerar que aunque han existido buzones y foros para recoger aportes de la población sobre los diversos capítulos del Plan, en realidad no se conocen los mecanismos de consulta y el cómo las sugerencias se tomarán en cuenta, desde mi punto de vista, los lineamientos establecidos plasman el contenido neoliberal, que el gobierno ha impulsado desde el régimen de De la Madrid, al margen de las aportaciones y propuestas que hagan los miembros de la sociedad.

De ahí que a pesar de la existencia de planes nacionales, las crisis recurrentes que se han presentado en la economía mexicana como resultado de la aplicación del llamado modelo neoliberal han provocado un cuestionamiento de amplios sectores sociales a los gobiernos que lo han instrumentado, ya que los efectos negativos lo resiente la mayor parte de la población, en términos de reducciones sustantivas de sus niveles de ingreso, de aumento desproporcionado en los volúmenes de desempleo, de problemas de subsistencia de gran cantidad de empresas de diverso tamaño y de subordinación de la política económica a los intereses directos del Fondo Monetario Internacional y del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Ese es el marco en el que se ha presentado el más reciente Plan Nacional de Desarrollo, que si bien en tiempo se presenta de acuerdo a lo establecido por la Ley de Planeación, en contenido, desde mi punto de vista, no analiza las causas estructurales que no han permitido un desarrollo económico sostenido en los últimos 12 años y por lo tanto no permite realizar una perspectiva con viabilidad.

Existe un debate desde diversas perspectivas teóricas y políticas en relación al rumbo del proceso de desarrollo que debe seguir nuestro país y del papel del Estado, la neoliberal ha sido la hegemónica desde 1982. Es evidente que una reorientación de la política económica hacia otro tipo de modelo presupone el ascenso de fuerzas sociales que permitan la sustitución del modelo neoliberal. Considero que el neoliberalismo corresponde a una corriente política de derecha que favorece, sin mediaciones, el poder del capital financiero y la subordinación absoluta del interés nacional a los de Estados Unidos, es como alguien ha dicho, la expresión del capitalismo salvaje.

En el presente artículo analizo el capítulo 5 del Plan Nacional de Desarrollo, denominado Crecimiento Económico, en el cual se plantean los objetivos de la política económica por instrumentar en el periodo 1995-2000, la estrategia para el crecimiento de la producción y del empleo presentados por el presidente Zedillo, a finales de mayo del presente año, que da continuidad a la política neoliberal. Posteriormente se incorporan concepciones neokeynesianas sobre el incremento de la producción y el empleo que constituyen una crítica al modelo neoliberal y que de hecho representan una alternativa que puede contribuir a enriquecer a las que en nuestro país se han ido construyendo paulatinamente, a fin de desmentir el aserto gubernamental de que solamente es viable el modelo que él ha impuesto y que a pesar de las profundas crisis considera que solamente se requieren algunos ajustes. Mi punto de vista es que la sociedad mexicana deberá considerar otros caminos, los cuales ha empezado a construir, con su acción, el despertar de la sociedad civil.

El capítulo económico del Plan Nacional de Desarrollo

Durante el llamado periodo del desarrollo estabilizador no existían los Planes Nacionales y México tuvo un crecimiento alto y sostenido durante un largo plazo. Paradójicamente a partir de 1982, en los últimos tres periodos presidenciales se han elaborado planes nacionales de desarrollo, cuando fue impuesto el modelo neoliberal que se basa en la desregulación de la actividad económica y en el retiro del Estado de la actividad productiva, el crecimiento en promedio ha sido sumamente bajo. También hay que considerar que la planeación se establece en México cuando ya había dado muestras de su inefectividad en países de economía centralizada y en países que la habían establecido de manera indicativa. El modelo neoliberal se basa en que todo debe regirlo las leyes del mercado, por lo cual desde esta perspectiva la planeación debería ser un contrasentido. Quizá por eso los objetivos y metas propuestas en los planes anteriores no solamente no se alcanzaron, sino que se tuvieron resultados inversos a los planteados en materia de crecimiento económico, empleo y bienestar para la población. Hay que agregar que el marco en el cual se presenta, por el presidente Zedillo, el nuevo Plan Nacional de Desarrollo es de una depresión económica muy severa, lo que hace más difícil alcanzar los objetivos y las metas establecidas.

En el Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000 se establece el objetivo estratégico fundamental que se propone: "Promover un crecimiento económico vigoroso y sustentable que fortalezca la soberanía nacional, y redunde en favor tanto del bienestar social de todos los mexicanos, como de una convivencia fincada en la democracia y en la justicia" (PND, 1995). Este objetivo no deja de ser un deseo sin ningún fundamento a la luz de los resultados de 12 años de neoliberalismo y del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y del Acuerdo firmado entre los Estados Unidos de América y México para la estabilización de la Economía Mexicana, cuyas cláusulas no dejan duda de que la política económica que se instrumenta en México se elabora en Washington y que por tanto han vulnerado la soberanía económica, aunque alguien podría rectificar de que se elabora aquí y se aprueba en Washington, con cuya corrección estaría de acuerdo (ver: Núñez, et. al., 1995). Como resultado de tales acuerdos se aplica el PARAUSE que es un programa depresivo que atenta contra el bienestar de la población, pues aparte de que ha bajado los niveles de ingreso está provocando niveles de desempleo sin precedente en la población.

La profundidad de la contracción provocada por los acuerdos internacionales comentados se expresa en diversos indicadores, entre otros, en la reducción de la base monetaria, pues según cifras del Banco de México, el 31 de diciembre de 1994 había 56,935 millones de nuevos pesos y para el 16 de junio de 1995 se contrajo a 47,046, es decir, una reducción del circulante de -9,889 millones de nuevos pesos, alrededor del 15%. También el crédito interno neto se colapsó de 24,197 millones de nuevos pesos el 31 de diciembre de 1994 a solamente N$-17,321 millones el 16 de junio de 1995, lo que implica una reducción de -41,518 millones de nuevos pesos, lo cual significa que en términos netos el crédito ha estado cerrado y solamente hay pagos a empréstitos anteriores, lo cual se debe entre otros factores a la reducción de los flujos de efectivo, disminución de las ventas, caída de las expectativas y la alta tasa de interés activa (datos publicados en El Financiero, 22 de junio de 1995).

La inversión productiva también se ha desplomado, lo cual significa que la inversión bruta fija haya sido negativa durante el primer bimestre del año, de acuerdo al analista Marcos Chávez, "La inversión productiva continúa registrando su desplome más dramático de los 12 últimos años, lo cual obstaculizará la posibilidad de que la economía se recupere a tasas de crecimiento socialmente aceptables en el menor tiempo posible" (Chávez, Marcos. El Financiero. 21 de junio de 1995).

La oferta y demanda agregadas también tienen fuertes retrocesos, pues de acuerdo a datos de la Secretaría de Hacienda, analizados por Elvia Gutiérrez, el consumo privado cayó 8.7% durante el primer trimestre, expresa que: "La paralización del mercado interno motivó que se diera una drástica disminución en el consumo de bienes duraderos de 41.2 por ciento real, respecto al igual periodo de 1994" (Gutiérrez, Elvia. El Financiero. 23 de junio de 1995).

La recuperación de la pequeña y mediana empresa que constituyen la mayor parte de establecimientos del país y las que más absorben empleo, de acuerdo al Secretario de Hacienda "iniciarán su recuperación hasta 1996, mientras los próximos meses serán los más difíciles para la planta productiva nacional2 (Arroyo, Elba. El Financiero. 20 de junio de 1995).

En relación a las tasas de desempleo, la de desempleo abierto, de acuerdo a INEGI representó 6.3% de la población económicamente activa, o sea, alrededor de 2 millones de desocupados, cifra que contrasta con otras estimaciones, por ejemplo, la del Secretario del Trabajo que declara alrededor de 6 millones de desocupados, hasta otras que llegan a 12 millones (El Financiero. 20 de junio de 1995).

En el Plan Nacional de Desarrollo no se hace un recuento de las causas y consecuencias de las crisis recurrentes y los efectos sobre la actividad productiva y la población que la aplicación del modelo neoliberal ha tenido en los últimos 12 años y medio incluido el sexenio actual, hay una defensa del mismo rumbo sin cuestionar la estructura del mencionado modelo y solamente se plantean ajustes. Si bien se reconoce la necesidad de alcanzar un crecimiento dinámico y sostenido a fin de generar empleos, solamente se reconoce que: "la población económicamente activa es de alrededor de 35 millones, cada año algo menos de un millón de personas buscan incorporarse al mercado de trabajo" (PND, 1995). En ningún momento se hace el diagnóstico completo y correcto, que los niveles de desempleo abarcan proporciones cercanas al 30% de la población económicamente activa como resultado de los ajustes neoliberales. Hay que también considerar que dichos ajustes pueden llegar a dañar en forma irreversible tanto a la planta productiva como a sectores amplios de trabajadores, muchos de los cuales al quedar desempleados difícilmente volverán a incorporarse a la actividad laboral.

El proceso de crecimiento del desempleo continúa, ¿cuál es la prospectiva?, ante escenarios desastrosos para la población la propuesta es el cambio de rumbo, pues los resultados son el incremento del desempleo abierto y seudo ocupaciones en el sector informal. Ante esta situación, las autoridades gubernamentales se han manifestado inflexibles, no tienen sensibilidad ante el padecimiento de la población de efectos perniciosos que ellas mismas generan. Recuérdese al respecto el comentario del Director-Gerente del FMI, de que ningún otro país hubiera soportado lo que está pasando México.

En el Plan se reconoce que solamente para absorber a los nuevos demandantes de empleo que se incorporan cada año al mercado de trabajo la economía deberá crecer en casi cinco por ciento anual, pero si se quiere incorporar a subempleados y desempleados actuales, la "meta del Plan Nacional sea que, una vez superada la crisis financiera actual y consolidada la recuperación económica, se alcancen tasas sostenidas de crecimiento superiores al cinco por ciento anual". En torno a esta meta existen varias consideraciones, en primer lugar es un error caracterizar a la crisis actual como meramente financiera. Si bien se detonó en el sector financiero, es evidente que penetró en el sector productivo y que también existen causas gestadas en el seno de la actividad productiva. El mismo Secretario de Hacienda lo tuvo que reconocer en reciente reunión del FMI, al señalar que la economía real resiente los efectos de la crisis. La baja en la producción, en las ventas, las utilidades y el empleo son manifestaciones evidentes de que no es solamente crisis financiera.

Existen diversas perspectivas en torno a la situación en que nos encontramos, el presidente Zedillo ha insistido desde finales del mes de marzo acerca de los resultados alentadores por la aplicación del Programa de Ajuste, en la clausura de la XVII de la Asamblea General del Consejo Coordinador Empresarial declaró que: "Hemos comprobado que el programa es el adecuado y que vamos en la dirección correcta... Ustedes conocen los avances en la corrección del déficit en la balanza comercial con el exterior. En el primer cuatrimestre se registró un saldo positivo en esa balanza de mil 340 millones de dólares. Ustedes conocen el avance en el fortalecimiento de las finanzas públicas que refleja un incremento real de 80% en el superávit del sector público. Ustedes conocen la favorable evolución del perfil de nuestras obligaciones externas...que en mayo comenzó a registrarse una tendencia decreciente en el aumento de precios" (La Jornada. 16 de junio de 1995).

En relación al saldo positivo de la balanza comercial, Marcos Chávez ha señalado que: "La parálisis de la inversión se refleja en parte, en la mejoría de la balanza comercial, pues las compras de bienes intermedios y de capital requeridos del exterior tendieron a reducirse...se interrumpió la recuperación de inversión de 1994...y con ello la modernización de la planta productiva, afectándose el proceso de internacionalización de la economía" (Chávez, Marcos. El Financiero. 21 de junio de 1995).

Otra consideración que se incorpora al Plan Nacional de Desarrollo es la propuesta reiterada como en los Planes anteriores de que el ahorro interno debe ser la base del crecimiento, asignándole al ahorro externo el carácter de complementario. Sin embargo hay que recordar que el sistema financiero permite la libre movilidad de capitales y que el capital financiero especulativo no tiene por lo tanto barreras ni se pretende imponerle regulaciones. No se prevén en el Plan mecanismos de defensa de lo que puede quedar de soberanía económica frente a los embates del capital especulativo y aunque él en términos de inversión productiva del capital externo sea complementario, en la esfera de la circulación del capital este podrá seguir realizando movimientos altamente especulativos en los mercados financieros como lo ha hecho en los años pasados.

Al respecto existe absoluta claridad en los países más desarrollados, pues en la reciente reunión del Grupo de los Siete en el mes de junio, se consideró: "que la especulación es un elemento perverso que ha infiltrado los sistemas financieros del planeta y que al quedar fuera de control, es causa de estrepitosos derrumbes de las economías...lesiona sobre todo a la economía real, deteriora las unidades productivas y deja sin empleo a millones de personas" (La Jornada, 19 de junio). Estos gobiernos como representantes del capital internacional no sugirieron el establecimiento de medidas de control de dicho capital especulativo, a lo más se decidió crear un fondo de rescate para casos como el de México y reconocer que la especulación es el SIDA de las finanzas como apuntó el presidente Chirac.

Otra consideración es acerca del crecimiento del ahorro interno que se pretende incrementarlo progresivamente de 16% del PIB en 1994 a 22% en el año 2000. Habría que tomar en cuenta si por un lado se construyen las condiciones de certidumbre para que eso suceda, pues en el Plan se reconoce "la caída del ahorro privado interno en los últimos años" (PND, 1995). Por otra parte con la crisis presente los niveles de ingreso y por lo tanto de ahorro se reducirán significativamente, sobre todo de las familias, de las empresas medianas, pequeñas y microempresas, sus posibilidades de incrementar el ahorro futuro son muy difíciles, pues su lucha actual es de subsistencia. Las empresas vinculadas a la exportación que tienen excedentes no necesariamente tienen que invertir en México, recuérdense los procesos de expansión de empresas como Cemex y Televisa que han invertido en la compra de filiales en Europa, Sudamérica y en los Estados Unidos.

No podemos dejar de mencionar otros objetivos económicos que si bien ahora no son presentados en un lugar destacado, sí se siguen considerando como centrales, sobre todo rodeándolos de una justificación ideológica que a la luz de los resultados es insostenible, recuérdese que durante el salinismo el combate a la inflación fue un objetivo central, en el nuevo Plan también se reitera que: "Un crecimiento elevado, sostenido y equitativo también requiere condiciones de creciente estabilidad de precios. En condiciones de alta inflación, tarde o temprano, el crecimiento económico se agota y desemboca en crisis financieras. Además, el crecimiento así logrado es inequitativo, pues la inflación contribuye a la reducción del ingreso real de la mayoría de la población" (PND, 1995).

Si se siguen manejando concepciones teóricas al margen del proceso histórico real se puede justificar lo que sea, no hay que olvidar que solamente hace unos meses con inflación decreciente y de un dígito no hubo crecimiento sostenido y se desembocó también en la peor crisis financiera que hemos vivido en los últimos decenios. También con esa baja inflación tuvimos el proceso más acentuado de agudización de la desigualdad y se han reducido los niveles de ingreso de la población. La visión acrítica del modelo neoliberal como un todo llevaron a los formuladores del Plan a recurrir a los textos que lo justifican, pero que en nuestro caso no corresponden a la realidad.

Para los elaboradores del Plan 1995-2000 el México moderno, cuando se empezó a salir de la crisis más profunda fue a mediados de los ochenta: "cuando se inició un proceso de apertura comercial y de corrección estructural de las finanzas públicas... A partir de 1988 el proceso de ajuste estructural se aceleró. La apertura comercial prácticamente se generalizó, se abrieron nuevos campos para la inversión privada mediante la privatización de empresas públicas y se aligeró la regulación de varios sectores económicos. También se fortalecieron significativamente las finanzas públicas, lo que mejoró el ahorro público" (PND, 1995). Si bien no se menciona al Salinismo como el impulsor del milagro mexicano hasta antes de diciembre de 1994, si se sobrentiende que el modelo continuará con pequeños ajustes durante el actual periodo Zedillista, es decir, habrá continuidad.

De acuerdo a los elaboradores del Plan el modelo neoliberal no es el que falla, pues reconocen que a pesar de cambios que a su juicio fueron espectaculares al decir que: "Infortunadamente, el indispensable proceso de cambio estructural no se materializó en un crecimiento económico significativo, a pesar de que entre 1989 y 1994 el país tuvo el mayor ahorro externo de su historia. En ese lapso la tasa promedio anual de crecimiento del PIB fue de tres por ciento. Si se toma en cuenta la transformación estructural y el cuantioso ahorro externo disponible, puede verse que el crecimiento económico de esos años resultó particularmente reducido. Es muy ilustrativo el caso de 1993, cuando ingresó ahorro externo equivalente a casi siete por ciento del PIB y se alcanzó un crecimiento del producto de sólo 0.6 por ciento" (PND, 1995). No dicen que el modelo falló en su estructura y que su aplicación fue originando factores que conducirían a su crisis en un corto plazo al desaparecer las expectativas sobre el crecimiento económico que no se alcanzaron a pesar del manejo ideológico triunfalista.

Los elaboradores del plan analizan que: "la crisis fue precedida de un periodo en que confluyeron la disponibilidad de recursos externos, el aumento sin precedente en el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y la sobrevaluación del tipo de cambio real del peso respecto a las monedas de nuestros principales socios comerciales" (PND, 1995). Lo que los analistas gubernamentales han explicado como causas de las crisis, pueden también ser vistos como resultados de la política económica aplicada, pues la apertura comercial indiscriminada no se dio por generación espontánea, lo cual provocó un crecimiento más que proporcional de las importaciones y los flujos de ahorro externo eran atraídos con altos rendimientos especulativos en los mercados de dinero y capitales.

Al respecto existen otras interpretaciones, un grupo de profesores universitarios en un libro publicado a finales de marzo del presente año señalaban que: "Hay que analizar que se produjo una gran contradicción, pues mientras más grande era la afluencia de capitales, el crecimiento productivo era sumamente bajo o nulo y se tenían que pagar altos costos financieros que hacían más difícil el crecimiento de la producción... El capital financiero y las autoridades gubernamentales se encontraban en una interacción dialéctica, pues el primero aprovechaba las condiciones especulativas generadas por el propio gobierno ya que creaba condiciones para altas ganancias de capital en la Bolsa y pagaba tasas de interés superiores a las internacionales en el mercado de dinero" (Núñez, et. al., 1995).

La política deliberada de atraer capitales externos con marcado énfasis a la especulación se realizó a costos muy elevados para el país, pues dichas ganancias extraordinarias no se invirtieron finalmente en México.

El capital externo captado no se tradujo mas que en pequeña proporción en inversión productiva, pues ante la apertura acelerada e indiscriminada del mercado externo, "en presencia de un aparato productivo escasamente integrado, marcado por la carencia de una política industrial que como compensación fomentara la productividad en los sectores que finalmente han sido desintegrados. Al carecerse de política industrial el sector financiero no pudo ponerse al servicio del desarrollo, entonces se enfocó a la especulación donde el capital financiero nos ha demostrado nuevamente se voracidad" (Núñez et al., 1995).

De acuerdo al PND, "El problema de fondo no fue que nuestra economía tuviese importantes transformaciones y contase con ahorro externo en montos muy significativos. El problema fue que ese ahorro externo no se tradujo en una mayor inversión y crecimiento del PIB" (PND, 1995). Como ya dije anteriormente el problema de fondo fueron las transformaciones, es decir la apertura y desregulación acelerada y la ausencia de política industrial, el capital externo en su mayor proporción no se destinaba a la inversión productiva, situación que fue detectada desde 1993 cuando sólo la Bolsa acumuló más de 50 mil millones de dólares.

Obsérvese como hay un reconocimiento de que el ahorro pudiera no traducirse en inversión productiva, sin embargo a mi juicio, existe una interpretación errónea respecto del papel del ahorro interno que disminuyó del 22% a menos de 16% del PIB en el periodo 1988-1994, se dice en el PND que: "No hay duda de que, si durante esos años el ahorro interno se hubiese mantenido al menos estable, se habría tenido un crecimiento más dinámico de la inversión y del PIB" (PND, 1995). Parte significativa del ahorro interno también fue canalizado a la bolsa y a títulos de deuda gubernamentales con fines especulativos, pues suponer que el capital interno se mueve por leyes distintas que el capital internacional es equívoco. El capital, tanto externo como interno sin diferencia, invariablemente se canalizará en su mayor proporción a la inversión especulativa cuando los rendimientos en los mercados financieros sean superiores a la tasa de ganancia que existe en la inversión productiva.

En las causas que explican la disminución del ahorro interno, de acuerdo al PND, están la sobrevaluación del peso que induce a mayores niveles de consumo, también señala una causa que a mi me parece esencial en relación al ahorro y a la reinversión de utilidades de las empresas, expresa que: "Es probable que la reducción del margen de utilidades que necesariamente causó el proceso de apertura y de mayor competencia económica interna y externa haya sido mucho mayor al apreciarse el tipo de cambio real. En otras palabras, el efecto en la moderación de utilidades que deliberadamente buscó la apertura a la competencia internacional se exacerbó con la apreciación real de la paridad y afectó el ahorro de las empresas" (PND, 1995). Agrega otros factores explicativos tales como la baja en los impuestos al consumo en 1990 y el aumento en la disponibilidad de crédito, que elevaron la capacidad de compra.

A mi modo de ver no solamente se afectó el ahorro, sino también la inversión productiva de las empresas, la entrada de mercancías a precios más bajos que los internos provocó en muchas ramas industriales que las expectativas futuras sobre la rentabilidad de la inversión no fuera aceptable, lo cual seguramente provocó diversos efectos, tales como:
a) Sustituir la tecnología de producción para hacerse competitivo bajando costos.

b) Cambiando su inversión a ramas con menor competencia o dedicándose a la comercialización de los bienes importados.

c) Saliendo del proceso productivo. Los efectos sobre la inversión a su vez modificaron la estructura ocupacional, tanto en el número de trabajadores ocupados como en las calificaciones requeridas para poder permanecer en la planta productiva.

En el PND se reconocen los efectos de la apertura sobre la inversión, aunque no se cuantifican las proporciones, se señala que: "el cambio estructural por el que atravesó nuestra economía incidió sobre su tasa de crecimiento, como consecuencia de que el acervo de capital con que contaba nuestro país, apropiado para una economía esencialmente cerrada al comercio internacional, tuvo que ser reemplazado conforme se dio el proceso de apertura comercial. Así, al dedicarse a reemplazar capital obsoleto, parte del esfuerzo de inversión realizado en los últimos años no se reflejó en una expansión de la planta productiva, sino que mantuvo el nivel de la capacidad productiva en el contexto de una economía abierta" (PND, 1995). En este apartado no se recogieron las persistentes críticas empresariales sobre la naturaleza indiscriminada de la apertura comercial y su efecto devastador sobre algunas ramas y la ausencia de política industrial por parte del gobierno para enfrentar la embestida de dicha apertura.

No comparto la conclusión acerca de las causas esenciales de las crisis y el bajo crecimiento de la economía que señala el Plan: "puede concluirse que la insuficiencia del ahorro interno ha sido el elemento común y fundamental en las crisis financieras que recurrentemente ha vivido nuestro país y la causa principal del estancamiento económico" (PND, 1995). Se omite aquí una evaluación crítica tanto del modelo neoliberal y los efectos perniciosos de la apertura acelerada de la economía, de la naturaleza especulativa del capital financiero y de que la globalización abarca también la internacionalización de los capitales, por lo cual es nostálgico y se convierte en un planteamiento solamente ideológico el pensar que únicamente con el ahorro interno se podrán alcanzar niveles competitivos que requieren grandes inversiones de capital.

Al respecto la correduría estadounidense Merril Lynch ha declarado recientemente que: "Para crecer a un ritmo de 3 por ciento o más, México continuará su dependencia de los capitales foráneos como resultado del perfil demográfico y estructural de la economía...a partir de 1990 la economía mexicana se torna cada vez más dependiente de la inversión foránea" (Arroyo, Elba. El Financiero. 21 de junio de 1995).

De hecho el PND 1995-2000 es una ratificación del modelo salinista en la época del presidente Zedillo, pues no se plantea ningún cambio de rumbo, al contrario se establece que uno de los retos es: "consolidar e intensificar los cambios estructurales emprendidos durante la última década y que son indispensables para contar con una economía productiva, eficiente y en expansión" (PND, 1995).

En el PND se omite, seguramente en forma deliberada, un análisis de la situación actual y de los efectos de la política contraccionista sobre la economía y la sociedad, sobre el aumento del desempleo, la elevación de las tasas de interés y los problemas ocasionados a los bancos y a los deudores por el crecimiento de la cartera vencida, tanto personas físicas como empresas, muchas de las cuales no tienen más alternativas que cerrar. Las críticas del sector empresarial a la política económica del Gobierno se han acentuado. No se señala como se realizará el pago del crédito de salvamento por 50 mil millones de dólares que otorgó el FMI y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Esta es la prospectiva de corto y mediano plazo para la economía mexicana. Según las autoridades gubernamentales una vez que se supere la difícil situación actual sobrevendrá el milagro, es decir creceremos a ritmos sostenidos de tasas superiores al 5% anual y habrá más empleos y mejores salarios. Dados los múltiples ejemplos de los resultados excluyentes para la mayor parte de la población por la aplicación del modelo neoliberal en América Latina y en México, me inclino a pensar que eso es un espejismo y un canto de sirenas. No en balde la población mexicana ha sustituido el slogan de la campaña presidencial: El sabe como hacerlo, por el de: ¿El sabe cómo hacerlo?

La alternativa Neokeynesiana frente al modelo neoliberal.

La presentación de la alternativa neokeynesiana parte de la revisión de algunos de los planteamientos teóricos fundamentales de los economistas que se encuentran desarrollando esta corriente, en torno al crecimiento del empleo por medio tanto de la utilización de la capacidad instalada como por la inversión y paralelamente discutir los límites que se establecen a la razón de apalancamiento como fuente de financiamiento en economías abiertas, donde debido a lo intenso de la competencia no es posible pensar en un crecimiento paulatino de dicha razón al requerirse por parte de las empresas fuertes volúmenes de financiamiento para enfrentarla y que determina las condiciones para alcanzar el pleno empleo, situación analizada como posible por esta corriente.

Ante los problemas generalizados en el fin de siglo en la mayor parte de los países, como son el desempleo, la disminución en la demanda efectiva y la baja en la utilización de la capacidad instalada, provocados por los programas de ajuste neoliberales, se requiere de acuerdo a esta concepción, de un modelo de ajuste expansivo que aborde en el sector de la producción las posibilidades del incremento en el empleo, de los recursos productivos, en el incremento de los beneficios y los salarios a través de crecimientos en la productividad, todo lo cual se traducirá en crecimiento de la demanda efectiva.

También deberán considerarse las fuentes de los recursos financieros externos a las empresas (adicionales a los beneficios y utilidades no distribuidas), a fin de que puedan hacer posible la mencionada expansión productiva en los términos que la han planteado, para lo cual se requiere también una expansión crediticia que permita a los empresarios elevar su razón de apalancamiento financiero (P/K), que en la mayoría de los establecimientos industriales de nuestro país es menor que la unidad, aunque en este sentido M. Lavoie, uno de los principales teóricos del neokeynesianismo, advierte sobre el problema del riesgo que es un limitante al crecimiento de la razón de apalancamiento, como veremos en el modelo que presenta para analizar los fondos totales para el financiamiento de la expansión.

Consideramos que las tendencias existentes en el desarrollo del capitalismo contemporáneo, derivadas entre otras causas de las profundas reformas financieras que han llevado a la libre movilidad de capitales, a la globalización de la economía y a la formación de grandes grupos regionales, nos obligan a pensar que las nuevas formas de financiamiento serán uno de los factores determinantes de la inversión y por lo tanto de la utilización de las capacidades instaladas. Las empresas podrán responder a sus expectativas de ganancia con incrementos de la inversión dependientes cada vez menos de sus propios recursos a través de una tendencia creciente de la razón de apalancamiento P/K.

Planteamientos Keynesianos y Poskeynesianos sobre ocupación y desempleo.

Si bien los neoliberales plantean la no intervención gubernamental y de que no hay razón para que existan las instituciones, ya que con su acción impiden por ejemplo los ajustes salariales a la baja, las fluctuaciones de los precios y la reactivación de la producción, es decir, bloqueando un ajuste automático del mercado. Lo cierto es que la profundización del ajuste puede ser tal, que no haya el tiempo suficiente para experimentar su libre aplicación al generar en la sociedad situaciones de conflicto que llegan a cuestionar incluso la legitimidad de los gobiernos que han tratado de aplicar el llamado modelo neoliberal, como está resultando en el caso de México.

También dentro del pensamiento Keynesiano han existido diversas interpretaciones, pues como señala Hyman Minsky, se le redujo en el pasado a planteamientos de intervención gubernamental a través de la política fiscal, tratando de encajonar sus críticas a los clásicos, dentro del modelo IS-LM, que ha sido criticado por la misma realidad, como decía precisamente Keynes, al no ajustarse los hechos al mencionado modelo. Al respecto vale recordar por su vigencia la multicitada crítica que Keynes hace al final del capitulo de El Principio de la Demanda Efectiva: "En mi opinión, el celebrado optimismo de la teoría económica tradicional puede encontrarse en el hecho de no haber tenido en cuenta la rémora que una insuficiencia de la demanda efectiva puede significar para la prosperidad; porque es evidente que en una sociedad que funcionara de acuerdo con los postulados clásicos debería existir una tendencia natural hacia el empleo óptimo de los recursos. Puede suceder muy bien que la teoría clásica represente el camino que nuestra economía debería seguir; pero suponer que en realidad lo hace así es eliminar graciosamente nuestras dificultades" (Keynes, J.M., 1963). Este planteamiento a pesar de haber sido formulado hace casi 60 años sigue conservando su frescura, y puede ser aplicado por la crítica en la aplicación y los resultados obtenidos del modelo neoliberal, por ejemplo, a casos como México.

En el modelo poskeynesiano se parte de que existe capacidad productiva ociosa y desempleo involuntario, definido por Keynes de la siguiente forma: "los hombres se encuentran involuntariamente sin empleo cuando, en el caso de que se produzca una pequeña alza en el precio de los artículos para asalariados, en relación con el salario nominal, tanto la oferta total de mano de obra dispuesta a trabajar por el salario nominal corriente como la demanda total de la misma a dicho salario son mayores que el volumen de ocupación existente" (Keynes, J.M., 1963). Otro punto de partida lo constituye el que las fuentes de los recursos financieros no sólo son las utilidades retenidas, sino que también hay beneficios e instituciones crediticias y mercado de valores. En este sentido la expansión económica no puede depender exclusivamente del ahorro interno sobre todo si consideramos economías abiertas donde la competencia se agudiza, si las empresas no se modernizan aceleradamente tenderán a desaparecer por lo cual requerirán recurrir al crédito para la adquisición de tecnología y equipos que los mantenga en el mercado.

Se plantea que la demanda de trabajo pueden tener pendiente positiva y corresponder aumentos en la demanda de trabajadores a salarios reales crecientes, con incremento en los beneficios, en el producto y en la productividad del trabajo, a través de un proceso de utilización de la capacidad instalada, hasta llegar a la ocupación plena, lo cual repercutirá en aumentos de la demanda efectiva.

En la Teoría General, Keynes plantea que el empleo depende de la función de oferta global, de la propensión a consumir y del volumen de inversión, por lo cual las fluctuaciones de ésta -de no haber cambios en la propensión a consumir- se traducirá en fluctuaciones del nivel de ocupación. Es decir, una baja en la inversión puede traducirse en un descenso en el nivel de empleo, con lo cual se reduciría la demanda efectiva. De ahí que como expresa Lavoie, retomando el planteamiento original Keynesiano: "Hay desempleo debido a deficiencia en demanda efectiva, no porque los salarios reales son muy altos" (Lavoie, M. 1992).

La crisis se explica por un colapso repentino de la eficacia marginal del capital, lo cual precipita un aumento en la preferencia por la liquidez y un alza en la tasa de interés, lo cual puede agravar aún más el descenso de la inversión. Esta situación no sólo provoca desocupación friccional y voluntaria, ya que origina otro tipo de desocupación que como señala Keynes, "...los postulados clásicos no admiten la posibilidad de una tercera, que definiré como involuntaria" (Keynes, J.M., 1963). Al respecto, Joan Robinson plantea que "el volumen de desempleo involuntario es igual a la suma de trabajos que, en la condiciones existentes, la población estaría dispuesta a aceptar, pero que se ve impedida de hacerlo" (Robinson, 1959).

Keynes también expresa la actitud del empresario de maximizar los beneficios, para este autor, "el costo de factores y las ganancias juntos dan lo que definiremos como el ingreso total derivado del empleo proporcionado por el empresario. Las ganancias de éste, así definidas, deben ser, y son, la cantidad que procura elevar al máximo cuando decide qué volumen de empleo ofrecerá" (Keynes, J.M., 1963). Visto desde otro ángulo, la ocupación estará determinada en un nivel en el cual el empresario espere recibir la mayor ganancia y dependerá de: "a) de la función de la oferta global,... b) de la propensión a consumir... c) del volumen de inversión... Esta es la esencia de la teoría general de la ocupación" (Keynes, J.M., 1963).

El resultado de acuerdo con los poskeynesianos, es que se genera capacidad productiva ociosa, por lo cual en el corto plazo el incremento del producto y el empleo no requieren de una inversión adicional hasta que se alcance la utilización total de la capacidad instalada. A partir de ese punto, de no haberse alcanzado la ocupación plena de los trabajadores se requerirán nuevas inversiones, lo cual nos hace entrar al largo plazo donde necesariamente debe existir acumulación de capital.

El modelo de expansión de empleo

Nos proponemos en el presente modelo plantear fundamentalmente dos objetivos que se interactúan:

La inversión estaría determinada por:

    1.- I = f(UTR, B, P/K),

La inversión I, es una función de las utilidades retenidas o no distribuidas UTR, de los beneficios B del empresario y de su razón de apalancamiento financiero P/K, por lo cual establecerá una interrelación muy estrecha con el sector crediticio y de flujos, pues una proporción cada vez mayor de la inversión será financiada a través de pasivos, tomando en consideración medianas y pequeñas empresas que para su subsistencia y desarrollo tienen que entrar a la competencia con empresas internacionales.

La inversión creciente dinamiza el sistema productivo y provoca las innovaciones, que de acuerdo con Kalecki son factores de desarrollo, "que impiden que el sistema se quede en situación estática y engendran una tendencia ascendente a largo plazo. La acumulación de capital, resultante del hecho de que la inversión a largo plazo es superior al nivel de depreciación, amplía a su vez el alcance de la influencia de los `factores del desarrollo' y contribuye de esa manera a sostener la tendencia a largo plazo. El aumento de las ganancias y de la producción que se suscita como resultado del movimiento de ascenso de la inversión tiende a provocar una tasa más elevada de crecimiento" (Kalecki, M., 1956).

De acuerdo con H. Minsky, los aspectos monetarios y financieros nunca pueden ser dejados de lado en ningún análisis económico (Prólogo a Post-Keynesian Monetary Economics. Arestis, Philip. 1988). El sector financiero debe estar íntimamente vinculado con los otros dos, pues no basta solamente contar con flujos importantes de recursos financieros, sino además se requiere una estructura institucional para su canalización eficiente y además deben existir expectativas favorables para que dichos recursos se canalicen preferentemente hacia la inversión productiva, es decir, a cubrir requerimientos de capital de trabajo y de activos fijos. De no darse estas condiciones los recursos financieros serán dirigidos a actividades especulativas, con lo cual el sector producción y la inversión no se verán favorecidos.

Para establecer las interrelaciones entre las diversas variables que se manejarán en el sector productivo, partiremos de algunos planteamientos básicos de los poskeynesianos en torno a la producción, por ejemplo, la función producción no tendrá la forma tradicional, ya que en el mediano y largo plazo puede haber cambios en la tecnología y por lo tanto los equipos y maquinaria pueden ser cambiados por otros más eficientes.

En el corto plazo el stock de capital es constante, es decir, los coeficientes de producción pueden considerarse fijos, el trabajo no puede sustituir el capital o a la inversa. Si se parte de la no utilización plena de la capacidad instalada, existirá una función de utilización, Y = Lz, que permitirá un crecimiento del empleo.

La producción Y estará en función:

    2.- Y = f( L, K, z, u, B, W)

del volumen de empleo L, de la capacidad instalada K, de la productividad del trabajo z, de la utilización de la capacidad instalada u, de los beneficios B, y del nivel de salarios W.

La productividad del trabajo se determinará en la relación del producto y el trabajo:

    3.- z = Y/L

    4.- z = f( K, W, B, u)

donde la productividad del trabajo es una función de la capacidad instalada, de los salarios y de los beneficios y como expresa Lavoie, "La productividad por trabajador es una función creciente de la tasa de utilización de la capacidad" (Lavoie, Marc. 1992), lo cual a su vez también genera un incremento del empleo.

La tasa de empleo, es decir, la proporción del volumen de empleo y la población económicamente activa PEA, nos indica el nivel de utilización del trabajo.

    5.- e = L/PEA

Dicha tasa estará en función:

    6.- e = f(z, K, u, W)

de la productividad del trabajo, de la capacidad instalada, de la utilización de la capacidad instalada y del nivel de salarios.

Evidentemente el empresario no tendrá incentivos en aumentar el grado de utilización de la capacidad instalada, si no considera incrementar sus beneficios, los cuales están determinados por la diferencia entre el producto y la masa salarial. Anisi lo expresa en el siguiente sentido: "Siendo zo la productividad del trabajo y Wo el salario real, los beneficios reales B pueden escribirse como la diferencia entre la producción total Y y la masa salarial en términos reales" (Anisi, David, 1982).

De acuerdo al planteamiento anterior:

    7.- B = Y - MS

Donde Y es el resultado de multiplicar el volumen de empleo por la productividad del trabajo:

    8.- Y = L (z)

Los poskeynesianos hacen gran énfasis y pretenden "...demostrar la importancia central de la demanda efectiva para la demanda agregada de trabajo" (Lavoie, M. 1992).

La masa salarial se obtiene multiplicando el volumen de empleo por los salarios reales:

    9.- MS = L(W)

Los beneficios dependerán del volumen de empleo multiplicado por la diferencia entre productividad y salarios. En esta relación funcional un crecimiento del nivel de empleo puede incrementar los beneficios siempre y cuando el crecimiento de la productividad sea mayor que el incremento salarial.

    10.- B = L (z- W)

La anterior expresión la podemos considerar como ingresos, tal como lo señala Kalecki: " el ingreso de los trabajadores consistirá en salarios y sueldos, mientras que el ingreso de los capitalistas o ganancias brutas incluirá la depreciación y las ganancias no distribuidas, los dividendos y los retiros en efectivo de los negocios personales, las rentas y los intereses " (Kalecki, M. 1956). En este sentido, una parte de la inversión bruta tendrá como fuente las ganancias brutas. También David Anisi plantea que: " Para cualquier salario real inferior a la productividad del trabajo los beneficios se maximizan utilizando toda la capacidad instalada " (Anisi, D. 1982).

La utilización de la capacidad instalada " u " la podemos expresar como la relación entre la capacidad utilizada Ke y la capacidad instalada K.

    11.- u = Ke/K

Si se parte de una situación de u<1, y se quiere tender a la ocupación total de la capacidad instalada, es decir u = 1, se requiere de acuerdo con (10), que haya beneficios crecientes, hasta alcanzar la plena utilización de la capacidad instalada, lo cual se logrará con un incremento en el número de trabajadores, de la productividad del trabajo y de los salarios, siem pre y cuando, como lo dijimos anteriormente, los incrementos de z sean mayores a los incrementos de W. Como lo ha planteado D. Anisi, la maximización de beneficios lleva a contratar la máxima cantidad de trabajo que permite esa capacidad (Anisi, D. 1982). En este caso la curva de la demanda de trabajo tendría pendiente positiva con salarios reales crecientes, lo que a su vez permitirá el incremento del producto y de la demanda efectiva a través del incremento en el consumo y en el incremento de la inversión que expresamos en el sector de gasto, a partir de la función de utilización. Al respecto M. Lavoie expresa que "...hay en general una relación positiva entre demanda de trabajo y la tasa de salario real, en contraste con el punto de vista neoclásico " (Lavoie, M. 1992).

En relación a la crítica al neoliberalismo que pretende la existencia de correcciones como efectos de medidas desreguladoras, en los modelos poskeynesianos como lo señala David Anisi, hay " ausencia de todo corrector automático de la subutilización del trabajo y del capital " (Anisi, David. 1982). En este sentido se diferencian de los planteamientos neoclásicos, en los cuales el exceso de oferta de trabajo se reajusta con la baja de la tasa de salario.

De acuerdo con Lavoie, " Un decremento en la tasa de salario real solamente empeoraría la tasa de desempleo, dado que conduciría a declinar a la demanda efectiva y a bajar el nivel de empleo " (Lavoie, Marc. 1992). Esta es una de las diferencias esenciales entre ambos modelos.

De acuerdo con los poskeynesianos hay desempleo por deficiencias en la demanda efectiva y no porque los salarios reales sean altos, estoy de acuerdo con el autor citado en que: " Los llamados mecanismos de mercado no ayudan en el caso de desempleo keynesiano, dado que la cura para el desempleo son los salarios más altos y no el reducirlos " (Lavoie, Marc. 1992). Como al respecto lo han pretendido los gobiernos de diversos países de América Latina y México en particular, lo que ha provocado como en la etapa actual, contracciones en la demanda efectiva.

Es imperativo el cambio de modelo de desarrollo dentro del proceso globalizador, muchos países han conservado sus márgenes de negociación, México tiene que recuperarlos y formular políticas económica, financiera, industrial, social, etc., que verdaderamente nos de acceso a un desarrollo sostenido y al mejoramiento real de los niveles de vida de la mayor parte de la población, al respecto autores como Pablo Arroyo y Fernando A. Noriega han concluido que: " El modelo de desarrollo seguido por México durante los últimos años ha demostrado ya su inviabilidad. Insistir en él implicaría el riesgo de orillar a la sociedad a efectos todavía más amargos que los ya experimentados. Es imperativo redefinir el modelo de desarrollo hacia otro que centre su atención en la búsqueda de aquel bienestar y cohesión social que el mercado libre es incapaz de garantizar " (Arroyo, Pablo y Noriega, Fernando A. 1995).

En relación a la política económica a que da lugar la concepción teórica neoclásica, L. Pasinetti expresa que " se ha mostrado que el tipo tradicional de política económica no puede lograr y mantener el pleno empleo de los recursos, ni puede producir una mayor distribución equitativa del ingreso y de la riqueza. La política económica poskeynesiana inicia con el supuesto de que una 'reestructuración' es de vital importancia si los objetivos referidos deben alcanzarse. Se requieren políticas que afecten el lado de la demanda así como el de la oferta. Lo central en las políticas del lado de la oferta son la socialización de inversiones, planeación de ingresos y políticas industriales. Esto es consistente con el punto de vista de Kalecki concerniente al desarrollo de instituciones políticas y sociales que reflejen un incremento del trabajo hasta lograr el pleno empleo " ( Pasinetti, L. 1992). Evidentemente lo anterior no podrá lograrse solamente con el efecto de la mano invisible, las autoridades gubernamentales, al igual que en países que tienen un alto nivel de producción y empleo, como Corea y Japón, deberán encauzar el proceso de desarrollo y ser protagonistas del mismo.

En el caso de México alcanzar esta propuesta no es nada fácil, la sociedad civil deberá tomar conciencia de que tendrá que movilizarse masivamente para lograr un cambio de rumbo, a mi juicio incluso rebasando las estructuras de los partidos políticos, pues solamente así podrá derrotar a los representantes del neoliberalismo que siguen pregonando que todo va bien a pesar de los resultados nefastos para la sociedad.

Conclusiones

Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000 es una ratificación del modelo salinista que fue impuesto por el FMI y que tiene su continuidad en la época del presidente Zedillo, pues no se plantea ningún cambio de rumbo, al contrario y pese a los resultados negativos para la población mexicana, considera válido seguir consolidando lo que los elaboradores del plan llaman " los cambios estructurales de la última década ".

El Plan Nacional de Desarrollo omite cualquier referencia a los acuerdos que el Gobierno mexicano ha firmado con el FMI y con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, cuyo clausulado compromete el rumbo del desarrollo y violenta la soberanía económica del país, por lo cual se ha aplicado un nuevo plan de choque de carácter contraccionista, que profundiza los problemas económicos y sociales.

No se contempla en el Plan Nacional de Desarrollo ningún mecanismo de regulación y control para el capital financiero especulativo, cuya acción en los mercados financieros para obtener elevadas ganancias en una interacción dialéctica con las autoridades gubernamentales, provocó que hubiera una salida masiva de capitales y que el gobierno se situara en la insolvencia.

Ante las expectativas que ofrece la realidad económica, la sociedad civil debe organizarse para defenderse de los embates de la política neoliberal continuada con mucho mayor rigor en el presente régimen, pues el programa de ajuste actual no tiene precedentes por los efectos nocivos sobre la sociedad y la economía, por más que al igual que siempre, se magnifiquen los llamados éxitos macroeconómicos que contrastan diametralmente con lo que vive la población.

Las alternativas al modelo neoliberal que deberá construir la sociedad civil deben partir de la crítica a que los mecanismos de libre mercado han sido totalmente inoperantes para lograr el crecimiento sostenido de la economía mexicana y plantear que corresponde al Estado como representante de la sociedad recuperar la conducción económica con un objetivo real de lograr el bienestar y el desarrollo del país, para lo cual se debe recuperar en forma impostergable la soberanía económica y dejar de representar exclusivamente los intereses del capital financiero.

Una de las corrientes teóricas que permitirán avanzar en la construcción de dichas alternativas lo constituye la concepción neokeynesiana del desarrollo que sustenta que no puede haber ajustes automáticos del mercado sin la intervención gubernamental y en su crítica al neoliberalismo evidencia que los programas de ajuste tienen efectos destructivos sobre la demanda efectiva, sobre el empleo y sobre las perspectivas de la inversión.

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Pasinetti, L. The Megacorp and Macrodynamics. William Millberg. ME Sharpe Inc. USA. 1992.

Plan Nacional de Desarrollo. Poder Ejecutivo Federal. Diario Oficial. 31 de mayo de 1995.

Robinson, Joan. Ensayos de Economía Poskeynesiana. FCE. 1959.

Hector Nuñez Estrada
Profesor investigador de la UAM-Azcapotzalco
DCSH / Departamento de administración