Producto de un proceso electoral poco claro, es decir lo menos, Carlos Salinas asume la presidencia de la República el primero de diciembre de 1988 en medio de una severa crisis de legitimidad cuyas consecuencias eran para entonces impredecibles.
Fortalecía la imagen presidencial, para lo cual el señor Salinas se valió de todos los recursos disponibles: económicos, administrativos, publicitarios, etc., el gobierno de México se dio a la tarea de incorporar a la nación a la "modernidad", mediante la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, con el cual quedaría constituido un mercado de más de 360 millones de consumidores y con un producto interno bruto global de 6 billones de dólares.
Según Salinas este tratado se negociaría con "prudencia, abierta y públicamente y con total apego a la Constitución" y con el se fomentaría un crecimiento económico sostenido, a través de mayores flujos de comercio e inversión.
Una vez puesto en vigor el TLC, el primero de enero de 1994 y a tres meses de concluir su gestión, Salinas aseguraba que su gobierno dejaría una economía en plena recuperación. "Los tiempos son ya de crecimiento, más empleos, estabilidad en los precios, con una tasa inflacionaria anual del seis por ciento. Ahí están los hechos: economía con estabilidad de precios y en crecimiento; democracia acreditada y sociedad con ánimo y compromiso de armonía y de justicia".
Respecto a las empresas el señor Salinas afirmaba que "las empresas contaban con más opciones para la adquisición de insumos, equipo, tecnología, para impulsar su transformación, los trabajadores verán incrementados sus ingresos reales sobre una base de productividad, en un entorno de baja inflación y los consumidores podrán acceder a una amplia variedad de productos de alta calidad a precios internacionales".
Parecía que Chiapas no hubiese existido, que Luis Donaldo Colosio no había sido asesinado y más aún, que los focos rojos de la economía, como la sobrevaluación del peso y el creciente déficit en la balanza de pagos, no estuvieran encendidos.
La "mesa puesta" afirmaba Jaime Serra, ya que el país cuenta con bases sólidas; pero los empresarios pensaban diferente: enfrentaban graves problemas como la contracción del mercado interno, el incremento de los costos de materias primas, el alto costo del dinero, competencia desleal, la desaparición de un gran número de empresas porque resultaba más barato importar un producto que producirlo en México.
Para la industria del vestido, el sexenio salinista significó: perder el 40% del mercado interno, desaparición de tres mil quinientas empresas y 5% de empleo.
Los saldos salinistas y los retos del futuro empresarial es el tema que abordan aquí los distintos estudiosos que participan.
Presentamos en el número, 13 artículos originales que abordan la temática desde una perspectiva amplia y crítica, que incluyen el sexenio salinista y aún el nuevo gobierno de Ernesto Zedillo, como es el caso de " Saldo Salinista y la crisis del gobierno del presidente Zedillo" del prof. Héctor Nuñez.
Participan conjuntamente profesores de nuestro Departamento y de la Universidad Nacional Autónoma de México, lo cual enriquece nuestro quehacer universitario. Adelante encontrarán diversas temáticas que van de lo más general a lo particular y que plantean una evaluación del Salinismo y los retos que todo ello impone al futuro de las empresas mexicanas.