La televisión estatal en la era del neoliberalismo: autosuficiencia y privatización, 1982- 1994*

Antonio E. Zarur Osorio

Profesor del Departamento de Administración de la UAM-A.


* Este documento es un avance del proyecto
de Investigación, El Estado Frente al Modelo de
Televisión Adoptado en México.

Presionados por el agotamiento del modelo de desarrollo, seguido particularmente desde la década de los cincuentas, que se caracterizó por la participación activa y creciente del Estado en la economía, mismo que hizo crisis a principios de los ochenta y que arrojó un enorme déficit en las cuentas públicas y un pesado endeudamiento externo, los artífices de la política económica nacional, locales y no, dieron inicio a un proceso de desestatización de la economía, que incluyó la privatización y liquidación de una enorme cantidad de empresas públicas, la disminución del gasto público, el despido de miles de burócratas y en general lo que se llamó el achicamiento del Estado.

Para finales del sexenio salinista y con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), se habían efectuado un total de 418 procesos de venta, fusión, liquidación, extinción y transferencia de entidades paraestatales, quedando únicamente 246 empresas de las 1155 que existían hasta 1982, año en que dio inicio todo este procesos de desestatización. 1

Según esta misma información, durante el gobierno de Salinas, se desincorporaron 269 empresas, dato que no concuerda con lo informado por el propio Salinas en 1992, durante su cuarto informe de gobierno, al señalar que habían sido desincorporadas 362 entidades paraestatales y al 30 de septiembre, de ese año, existían 221.

La readecuación de la intervención del Estado en la economía, rompió también con el discurso que había respaldado todo aquel proceso. Cuando José López Portillo nacionalizó la banca privada en 1982 dijo: "La Revolución se libera de temores y acelera su paso", con Salinas se privatiza nuevamente la banca y el discurso revolucionario ya no existe más. Ahora, se acuña una nueva divisa discursiva: El Liberalismo Social, que Emilio Lozoya, Secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal define -frente a Salinas- así: "es un principio juarista y en él está el equilibrio entre libertad y justicia, que no cancela la riqueza, sino que busca su incremento y su mejor distribución, además de que combate la pobreza mediante la solidaridad (SIC) entre los grupos comunitarios".2

Hoy con ese discurso se arropan los "modernizadores" al romper con el modelo del Estado- Benefactor.

El proceso de desestatización de la economía ha implicado un alto costo para la formación social mexicana como ha sido la "ruptura de la estabilidad", una profunda crisis social así como la agudización de las tendencias concentradoras del capital, frente al empobrecimiento de las mayorías nacionales, que han llegado inclusive a la hambruna, como es el caso de los Tarahumaras en Chihuahua.

Efectivamente, la desestatización ha sido un proceso inducido por las consecuencias de la alta participación del Estado en la economía, que arrojó como resultados una larga lista de entidades deficitarias, así como una severa crisis fiscal y un enorme endeudamiento externo, pero también un poderoso sector privado que se benefició notoriamente de la actividad estatal y ahora de las privatizaciones.

Para septiembre de 1993 y según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) el 38% del Ingreso se concentraba en el 10% de la población, mientras que el resto de la población había disminuido su participación del 67% en 1984 al 62% en ese año. 3

Manuel Espinosa Yglesias, exbanquero y el principal accionista de Bancomer al momento de ser éste nacionalizado, se ha referido al proceso privatizador, desnudándolo de alguna manera, al señalar que: "en aras de lograr el mejor precio y la mayor rapidez en la desincorporación de las empresas estatales, el gobierno mexicano decidió venderlas a grandes grupos económicos y provocó con ello que los elegidos concentren la riqueza y manejen prácticamente la economía de todo el país".

Y agregó "la concentración de la riqueza es uno de los factores que impiden la libre competencia ... la formación de estos grandes grupos impide la entrada de más competidores, y da lugar a monopolios o en el mejor de los casos a oligopolios".4

Básicamente fue a principios de 1983 que se dio inicio al llamado proceso de modernización de la estructura productiva nacional y que sin duda ha implicado la implementación de todo un proyecto de nación, diferente, de alguna manera, al que se vino desarrollando hasta 1982, que culminó con la nacionalización de los bancos privados del páis y con una severa crisis, que sentó las bases para el abandono de ese modelo por agotamiento y la adopción de otro, que incluyó:

Dentro de este nuevo proyecto de nación impulsado por el salinismo, particularmente, es que se da la privatización de las empresas estatales de televisión, a lo que habré de avocarme ahora.

1.- Los antecedentes

La televisión del Estado y en general la televisión es un instrumento del que se sirve el poder para gobernar y obtener los consensos necesarios que le permitan lograr sus objetivos.

En México la televisión surge en los años cincuenta con una orientación básicamente mercantil, que incluye el manejo de este importante medio de comunicación, por parte de concesionarios privados y que se ha caracterizado por una estructura prácticamente monopólica, que ha conferido a sus propietarios un enorme poder derivado de su capacidad para influir sobre las conciencias y voluntad de millones de mexicanos, así como de la enorme fortuna que han amasado a lo largo de los años y para lo cual ha contado con el apoyo gubernamental.

En la historia de la televisión mexicana se pueden identificar tres grandes periodos:

a) El surgimiento. Que tiene que ver con la adopción del modelo comercial-privado estadounidense y la aparición de los primeros concesionarios, que fueron notoriamente apoyados en sus proyectos empresariales por los gobiernos mexicanos, quienes lo utilizaron como instrumento ideológico de legitimación.

b) Expansión monopólica de la Televisión Privada. Esta segunda etapa se caracteriza por la integración del monopolio de la televisión privada en México, que se concreta en el año de 1972 con la fusión de Telesistema Mexicano y Televisión Independiente de México en una sola empresa denominada Televisa.

En este periodo la televisión se convierte en un instrumento ideológico del gran capital monopólico y entra en contradicción, en diversas ocasiones, con los gobiernos en turno.

Es precisamente en el año de 1972, el mismo en que se crea Televisa, que el gobierno de Luis Echeverría adquiere de Francisco Aguirre la Corporación Mexicana de Radio y Televisión (CMRT), concesionaria de canal 13.

Este periodo comprende de 1970 a 1982.

c) Vinculación Recíproca. Este periodo da inicio en el año de 1983 y tiene plena coincidencia con la puesta en marcha del proyecto neoliberal de modernización.

Televisa tiene una enorme penetración y es el soporte ideológico del modelo neoliberal así como del grupo en el poder que lo impulsa, estableciéndose una relación de apoyo recíproco del que depende la sobrevivencia de todos ellos.

Este periodo se caracteriza también por el desarrollo impresionante de las tecnologías en telecomunicaciones, mismos que adoptan la televisora privada, iniciando a la par su internacionalización.

Durante este periodo, la televisión estatal se ve obligada al autofinanciamiento de sus operaciones, lo que la lleva a un creciente comercialización y culmina en 1993 con la privatización de Televisión Azteca, último nombre que se le dio a la empresa pública.

Como antes lo señalé, la participación directa del Estado en el campo de la televisión, data prácticamente de 1972 al adquirir el gobierno Canal 13, aunque cabe señalar que el Estado Mexicano ha venido participando en la gestión directa de la televisión desde 1959, año en que inicia operaciones Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional, esto independientemente de la regulación que ejerce a través de la legislación sobre televisión, que en nuestro país existe formalmente desde 1950, en que se "lanzó al aire" el Canal Cuatro de la Ciudad de México.

En 1972 inicia la televisión estatal con un proyecto amplio y de alcance nacional al adquirir Somex el 100% de las acciones de Corporación Mexicana de Radio y Televisión, concesionaria desde 1968 del canal 13. A partir de entonces, la empresa estatal padeció todo tipo de modificaciones en sus contenidos, orientación, estructura, funciones, directivos, etc. que desembocaron en diversas reestructuraciones.

Después de los aciagos años de lopezportillismo, la paraestatal se encontró en una situación francamente desastrosa, caracterizada por el caos administrativo, la carencia de un proyecto definido, el ir y venir de directores, la corrupción y luchas internas, protagonizadas por los diversos grupos que ahí se desempeñan. La administración de la empresa se "consultaba" inclusive con los espíritus, tal como lo señaló Emma Godoy, íntima amiga de Margarita López Portillo, directora de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, quien señaló: "como no, si todo lo quería consultar ella en sus sesiones de los sábados. Que tenía un problema personal o social o un problema de la Nación, pues lo consultaba en esas sesiones donde los extraterrestres, ¿si los extraterrestres! daban soluciones".5

En 1983 inicia una nueva etapa para la televisión estatal, se plantea organizar y modernizar todas las Redes de Televisión Pública. Es así que el 25 de marzo de 1983 se publica en el Diario Oficial la creación del Instituto Mexicano de Televisión (IMT) cuyo objetivo sería operar, de manera integrada las estaciones de televisión, unidades de producción, repetidores y redes de televisión pertenecientes al Estado: Corporación Mexicana de Radio y Televisión S.A., Televisión de la República Mexicana, Canal ( de Monterrey, Productora Nacional de Radio y Televisión, Teleproductora del Distrito Federal, Canal 2 de Chihuahua y Canal 11 de Ciudad Juárez.

El IMT dio origen al Sistema Estatal de Televisión denominado Imevisión que se integraría por Canal 13 y un par de nuevos permisos: Canal 7 y Canal 22.

Para entonces se pretendía que con Canal 7, la Televisión Estatal diversificara sus fuentes de financiamiento y que su operación no se sufragará únicamente con fondos públicos, que para 1985 ascendían a 6,951 millones de pesos (Ver cuadros 1 y 2). La meta era que para 1987, la televisión estatal fuera autosuficiente.

CUADRO 1
Instituto Mexicano de Televisión
Estado de Posición Financiera al 21 de diciembre de 1985
(Miles de pesos)
ACTIVOPASIVO
Circulante:Circulante:
Efectivo$ 1'318,896Proveedores$ 1'651,024
Clientes3'160,646Otras cuentas por pagar890,847
Deudores Diversos2'881,503Impuestos y derechos970,926
Anticipo a proveedores104,681Compensación de adeudos(278,481)
Filiales7'098,920Anticipo de clientes3'389,871
Almacenes7'098,920Anticipos para el mundial1'208,880
Derechos de intercambio139,026Filiales1'524,180
Suma el activo circulante$ 16'437,129Obligaciones por intercambio3,809
Fijo:Suma el pasivo circulante$ 9'361,056
Propiedades, Planta y Equipo
menos Dep. Acum. (3'161)
$ 85,383
Equipo en tránsito1'579,970Patrimonio:
Suma el activo fijo1'665,353Resultado de ejercicios
Anteriores
$ 1'246,278
Diferido:Resultado del ejercicio3'649,819
Gastos anticipados$ 97,962Aportaciones del Gob. Federal4'954,283
Derechos de exhibición y transmisión993,804Suma el patrimonio$ 9'850,380
Adquisición de Mat. Filmíco77,188
Suma el activo diferido$ 1'108,954
Suma el activo$ 19'211,43336Suma el pasivo y capital$ 19'211,436
Fuente: Imevisión, 1986.

CUADRO 2
Ingresos de Imevisión

(Millones de pesos)
Antecedentes198419851986
Comercialización5,726.676,756.56,967.6
Recursos Fiscales8,580.06,951.04,020.0
Servicios al Gobierno---
Etiquetados892.61,333.42,256.8
Déficit Presupuestal-1,572.121,021.6
Financiamiento---
Total15,235.2717,100.021,021.6
Compromiso198419851986
Comercialización25,123.069,460.0148,759.0
Recursos Fiscales13,498.0--
Servicios al Gobierno8,979.012,734.026,741.0
Etiquetados4,500.010,507.422,581.3
Déficit Presupuestal4,533.0--
Financiamiento6,000.09,500.012,000.0
Meta Adicional de Ingresos
por Ventas
4,533.0--
Total162,633.0102,201.9210,081.0
Fuente: Convenio para el cambio estructural y la rehabilitación financiera de
Imevisión, 1987.

Pero para 1987 las cosas no habían mejorado por lo que el gobierno federal y el IMT firmaron un Convenio para el cambio estructural y rehabilitación financiera, donde el Instituto se comprometía a saneas sus finanzas y lograr en 1989 la autonomía financiera (Ver cuadro 2) y para ello era necesario adaptar su programación a las necesidades de los anunciantes.

Este convenio de rehabilitación financiera supuso que el gobierno federal asumiera para de los pasivos, a cambio de compromisos en materia de producción y productividad.

Otras empresas estatales involucradas en este proceso de rehabilitación fueron: Ferrocarriles Nacionales de México, Comisión Federal de Electricidad, Siderúrgica Mexicana, Conasupo, Alimentos Balanceados Mexicanos, Productos Pesqueros Mexicanos, Fábricas de Papel Tuxtepc, Mexicana de Papel Periódico, Turborreactores de México, Macocozac y Fertimex.

Para 1988 las cosas seguían sin cambiar y por el contrario, se habían profundizado una serie de problemáticas que arrastraba la empresa.

Al asumir la dirección general del IMT, en diciembre de 1988, Antonio Alvarez Lima se encuentra con este panorama:

Frente a este panorama, a la nueva administración se plantea una serie de alternativas:
  1. Dejar las cosas como estaban.
  2. Proponer a la Presidencia de la República la privatización.
  3. Rescatar lo rescatable.
En 1989 se elaboró un diagnóstico de la situación de la empresa y en 1990 se decidió redimensionarla para privatizar una parte de ella. Se tomaron una serie de medidas como el despido masivo de personal, de cinco mil empleados que existían para 1985, en 1990 quedan únicamente mil doscientos.

Además, se optó por eliminar 162 programas que no generaban recursos y con ellos se fueron más de la mitad de los "free lancers" que ahí trabajaban.

Complementario a ello y de acuerdo con el proyecto salinista, se decide poner en venta la Red 7 y el canal 22 y con los recursos provenientes de esa transacción se pensaba, originalmente, saldar las cuentas de Canal 13.

El 7 de diciembre de 1990, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la convocatoria para concesionar las frecuencias del canal 7 y 22 de la Ciudad de México.

2. La privatización de la televisión Estatal.

La televisión Estatal "no busca competir con Televisa, el nuevo canal (se refería al 7) no pretende competir con Televisa y tendrá como línea de acción el nacionalismo revolucionario, principio de la economía mixta que rige en el país" afirmó Pablo Marentes, director de Imevisión el día que se presentó al sistema televisivo estatal agregó "la televisión estatal quedó completamente reestructurada, al crearse... Imevisión".6

Efectivamente la televisión pública nunca entró en competencia con el monopolio privado de la televisión, fueron tantos los proyectos, tantos los directores, tal la corrupción, la desorganización y la falta de voluntad política que el proyecto de la televisión estatal mexicana nunca cristalizó y si contribuyó con ello al fortalecimiento de su aparente competidor, pues se veía en la ineficiencia gubernamental una buena justificación para la existencia de la libre empresa que no experimenta con los dineros públicos, sino que arriesga lo que tanto esfuerzo han juntado.

Aparte, con tanto cambio que publico se podía generar, si cuando se empezaba a aficionar a la alternativa, se daban las sustituciones, que en muchos casos eran con personal proveniente de la mismísima Televisa.

Jorge Saldaña, uno de los "free lancers" corrido, afirmaba: "he tenido el placer de servir a 16 directores en Canal 13 y no creo que este medio se encuentre en una situación lamentable... preciso que este canal ha sido boicoteado, zancadillado y que algunas veces se le ha quitado la esencia de lo que debería ser, al grado que ocasionalmente, se han tomado medidas que benefician a nuestros competidores e inclusive para nulificar núcleos de auditorio".7

La decisión de privatizar la televisión estatal no fue difícil ya que la televisión privada estaba cumpliendo la parte importantes, en cuanto a la difusión del mensaje gubernamental y había demostrado suficientemente su efectividad y compromiso con el proyecto modernizador impulsado por Miguel de la Madrid y Carlos Salinas.

La era de los enfrentamientos había quedado en el pasado y el discurso oficial es semejante al que las concesionarios utilizaron, particularmente para criticar a los sexenios de Echeverría y López Portillo. Tanto el gobierno salinista como el empresario Emilio Azcárraga se entendieron y reconocieron su afinidad de intereses: a mí me interesa que subsistas tú, para que prospere mi proyecto y viceversa.

Con el doble propósito de: a)hacer más atractivo el paquete y, b) legitimar la privatización de la Cadena más importante de la Televisión Estatal, sin demeritar el discurso oficial sobre TV como "opción para el desarrollo de la cultura", Carlos Salinas decidió por no privatizar el limitado Canal 22 de UHF e incorporar al Canal 13 en el paquete para privatizar el 7.

Y efectivamente en marzo de 1992, la Secretaría de Gobernación anunció la privatización de Corporación Mexicana de Radio y Televisión, Canal 13 que se sumaba al paquete del 7, el periódico El Nacional, la Compañía Operadora de Teatros (Cotsa) y los Estudios América.

Ante la oferta, el semanario Época, que preside Abraham Zabludovsky, y que es vocero de la empresa en que colaboran él y su padre, Televisa, manifestó: "La decisión del gobierno de poner en venta su principal órgano de televisión debe ser vista como parte de la Reforma del Estado, pero también como expresión de una voluntad de sostener otro tipo de relaciones con los medios de información y por consecuencia con la sociedad en su conjunto".

"Canal 13 es en la lista de vergüenzas nacionales una de las mayores. De tumbo en tumbo desde su compra por Somex -hace 20 años- ha sido ámbito de corrupción, ineficacia e ineptitud en grado mayúsculo. Sólo recordar el desfile de directores que nada hicieron nace dos sexenios basta para llenar de pena y coraje a quien tenga memoria".

"El descuido, la burocracia, el dejar hacer y dejar pasar mientras el bolsillo engorda no son fórmulas de administración que pueden lograr el éxito de una televisora, ni de ningún otro negocio".8

Este último párrafo es importante pues si alguien se ha beneficiado del dejar hacer y dejar pasar y ha engordado los bolsillos hasta llegar a las listas de ricos de la Revista Forbes han sido ellos y particularmente Emilio Azcárraga Milmo, quien ante la complacencia y fomento gubernamental ha generado una de las grandes fortunas en nuestro país, amén de que si privatizar significa abrir los medios a la sociedad, ello no ha pasado por Chapultepec 18 y ahora, por Periférico 4121.

"Militante orgulloso y disciplinado, Emilio Azcárraga, el Tigre, uno de los principales millonarios del mundo y presidente del grupo Televisa, siempre ha puesto a disposición del PRI todo el poder y recursos del consorcio" escribe Salvador Corro en Proceso, y agrega: "En febrero del año pasado (1993) Azcárraga confesó: "gracias al Presidente de la República se nos ha concedido la posibilidad de dos canales para explotar esta tecnología (de alta definición)".

"¿Quién ayuda a quién? Es una relación simbiótica que quedó demostrada en 1993, cuando el Presidente Salinas pidió ayuda económica a los más ricos del país en favor del PRI, para que siga siendo el gran partido de México...".

"El primero en responder fue Azcárraga: "he ganado tanto dinero en estos años que me comprometo a aportar una cantidad mayor... el Tigre se había comprometido a dar al PRI 70 millones de dólares".9

Fue finalmente el 3 de marzo de 1993 que el gobierno federal a través de la SHCP anunció las bases para participar en la privatización del paquete de medios de comunicación.

Para participar en el proceso de subasta se inscribieron cuatro grupos:

Para entonces la situación de la televisora estatal se había modificado ya sensiblemente, pues con el propósito de obtener la concesión, en vez del permiso, para la operación del Canal 7, se crearon nueve empresas que la obtuvieron: Impulsora de Televisión del Centro, Corporación Televisiva de la Frontera Norte, Impulsora de Televisión del Norte, Corporación Televisiva del Noreste, Compañía de Televisión de la Península, Compañía Mexicana de Televisión de Occidente, Televisión Olmeca y Televisora Mexicana del Sur; y además se liquidaron el Instituto Mexicano de Televisión y la Corporación Mexicana de Radio y Televisión creándose una nueva empresa denominada Televisión Azteca, que no tenía pasivos, se habían desmantelado los feudos y el personal no superaba los cuatrocientos.

Se designó a Carlos Gutiérrez Jaime, director de la empresa quien sustituyó a Romeo Flores Caballero, el que salió en medio de fuertes acusaciones de corrupción e ineptitud.

La empresa es considerada como un gran negocio potencial y según finalistas financieros "la red televisiva estatal con base en sus activos no vale más de 300 millones de dólares... y el ganador tendrá que invertir de entrada 70 millones de dólares adicionales al precio de los canales- por lo que el gobierno estima obtener 500 millones de dólares-, para la educación del equipo".10

3. Conclusión

En julio de 1993, el gobierno federal falló a favor del grupo Radio Televisora del Centro que presentó la mejor oferta por el "paquete": 465 millones de dólares.

Una vez definido el proceso, Salinas ofreció invertir treinta millones de dólares para ampliar la cobertura, el Canal 13 opera 53 estaciones y el 7 con 40. "No le vamos a quitar el mercado a Televisa, pero sí creceremos".11

El resultado más evidente de este proceso fue que el gobierno salinista falló a favor de quien pagó más y no del que presentó el mejor proyecto, tal y como se adujo en diversas ocasiones por los voceros gubernamentales.

Sobre esta privatización señaló Lorenzo Meyer "la enorme simplificación del mundo que hacen los economistas neoliberales mexicanos, llevó al secretario de Hacienda a privatizar los canales de televisión del Estado fijándose única y exclusivamente en quién pagaba más olvidándose por entero del papel social de la televisión".12

Cuando Carlos Salinas habló del paquete de medios, dijo que se trataba de una oportunidad para abrir mayores cauces de participación de la sociedad civil en el uso y en el manejo de los medios electrónicos de comunicación masiva, pero evidentemente la oportunidad fue aprovechada por alguien de la sociedades civil con 645 millones de dólares y quien se define como "un hombre peculiar, apoyador del PRI y que no cree en la democracia y piensa que ésta no existe en México. Espera que pase mucho tiempo antes de que se presente en el país pues hoy los mexicanos no están preparados para ella... y opina que el proyecto de su grupo no es político sino de entretenimiento".13

Con la privatización de Televisión Azteca concluyó la intervención directa del Estado en el campo de la televisión en un proyecto de alcance nacional. Hoy sólo quedan el Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional y el Canal 22 de la banda de UHF, limitados en su cobertura.

Durante los veintiún años que duró la presencia estatal en la televisión, no fue posible crear un proyecto con características propias y bien definidas, sino por el contrario, se desarrollo un estilo de gestión y televisión que fue sujeto de los vaivenes sexenales, de los caprichos del poder inclusive, de la corrupción solapada, de la carencia de una voluntad política y del poderío económico y político que ha adquirido el virtual monopolio de la televisión comercial en México, Televisa, que a últimas fechas se alió con la privatizada Teléfonos de México para explotar Cablevisión. Esta fusión, que se da al final del sexenio salinista, ilustra suficientemente el nivel de identificación de intereses a los que llegaron la cúpula del poder de México y los concesionarios privados de la televisión; amén de analizar el papel jugado por el monopolio en el reciente proceso electoral donde se privilegió al candidato oficial, Ernesto Zedillo.

La televisión es un medio poderosos y el señor Salinas los utilizó ampliamente en los últimos días de su sexenio, bien para someternos a un auténtico bombardeo propagandístico de Solidaridad o para una entrevista autoelogiosa, con Rolando Cordera y Ricardo Rocha de Televisión Azteca y Televisa (la unidad sublimada) la que utilizó para hablar de sus logros, de la democracia, la justicia social y el Estado de derecho en que vivimos los mexicanos. Al canto del cisne, el jueves 17 de noviembre, un par de policías judiciales me interceptaron en la Alameda a punta de pistola y al grito de ¡identifícate, no somos rateros, somos policías! Me identifiqué, y me trajeron de aquí para allá, sin orden de aprehensión o acusación alguna de por medio, únicamente me decían: estás en un lío muy gordo. ¿Cuál?, pregunté y la única "acusación": "eres un comeniños" me dijo uno, (el jefe aparentemente), le pregunté: ¿Qué es eso? y me respondió ¿Qué cosas de valor traes?, yo: nada. Una hora después y no sin antes quedarse con mi credencial de trabajador de la Universidad Autónoma Metropolitana, me dijeron: "Te puedes ir".

"Efecto boomerang", le llaman los estudiosos de la Comunicación a aquél que se produce cuando el mensaje difundido en los medios no concuerda con lo que sucede en la realidad, y aún más es diametralmente opuesto y se le revierte al emisor de manera tal como sucede en nuestro país: la falta de credibilidad de que goza el gobierno y en este caso el modernizador Salinas, cuyas privatizaciones fueron "absolutamente transparentes", como en el caso de Teléfonos de México, por citar solamente uno.


Notas

1.La Jornada, 1 de diciembre de 1994.

2. Emilio Lozoya,, habló en el CXXI aniversario del fallecimiento de Benito Juárez y además comentó: "con la puesta en marcha del liberalismo social en el terreno económico se ha logrado: reducir la inflación, crecer a ritmos más altos que en de la población, reducir el pago de servicio de la deuda, sanear las finanzas públicas, mantener el superávit fiscal, desincorporar empresas no estratégicas ni prioritarias, aumentar el gasto social, abrir nuestra economía y actualizar el marco legal al nuevo contexto económico".

3. La Jornada, 4 de junio de 1994.

4. La Jornada, 4 de junio de 1994

5. Proceso 206, 13 de octubre de 1989.

6. La Jornada, 3 de mayo de 1985.

7. Uno más Uno, 13 de junio de 1983.

8. Época, 6 de abril de 1992.

9. Proceso, 4 de julio de 1994.En la nota se agrega además que "la prensa internacional lo reconoce como el hombre más rico de América Latina. La revista estadounidense Forbes le atribuye una fortuna cercana a los 3,000 millones de dólares". "Algunas cifras dan idea de su poder y su riqueza: Televisa tiene presencia en 90% de los telehogares mexicanos, unos 13.5 millones. La señal de su empresa llega a Estados Unidos, Centro y Sudamérica, Europa y el norte de África. Actualmente es propietaria y opera tres cadenas de televisión (Canales 2, 4 y 5) y una estación que transmite en el área metropolitana (Canal 9). Próximamente se agregarán 62 emisoras que operarán en 28 Estados de la República".

"Televisa es también líder en televisión por cable, es propietaria y maneja 10 estaciones de radio, es el tercer productor más grande de grabaciones de música. Es dueña de los equipos de fútbol América y Necaxa y titular de los derechos fiduciarios del Estadio Azteca".

"Tiene tres empresas que se dedican a la publicación de revistas, además posee los diarios Ovaciones y Summa y controla el 37% de la empresa más grande, en el país, que se dedica a arrendar anuncios exteriores".

"Es dueño de la mitad del grupo Videovisa..."

"Suyo es también el museo de Arte Contemporáneo y un fuerte paquete de Aeromar... Televisa es copropietaria de empresas televisoras de Venezuela, Chile -agrego yo Estados Unidos, España, Perú- y está en tratos similares de Brasil y Argentina.

"El tigre Azcárraga acompaña con frecuencia al Presidente de la República en sus giras internacionales y públicamente dice estar agradecido de la presente Administración".

10. El Financiero, 15 de mayo de 1993.

En el mismo texto se agrega la queja de Damaris Valero de Telemundo "Nunca pudimos vender nuestro producto a Imevisión. Las negociaciones con la empresa eran difíciles por los constantes cambios de sus dirigentes".

11. El Financiero, 17 de noviembre de 1993.

12. Excélsior, 29 de julio de 1993.

13. El Financiero, 19 de julio de 1993.