La Primera Crisis de la Globalización

Octavio García Rocha.

Profesor del Departamento de Administración de la UAM-A.


Nuevamente, como cada seis años, los habitantes de este México mágico nos enfrentamos a un nuevo saqueo; al despojo de la riqueza generada por el esfuerzo de los mexicanos, a la pérdida de bienestar, a la mengua del patrimonio familiar; a la inseguridad económica, al abatimiento de la dignidad. (Un jefe de familia empobrecido, en el mundo comercial y consumista actual, es visto con poca dignidad).

Nuevamente, al igual que en las devaluaciones de Luis Echeverría (1976), José López Portillo (1977 y 1982), y Miguel de la Madrid (seis devaluaciones), la presente devaluación de Salinas-Zedillo se remite a las mismas causas técnicas que en los casos anteriores:

a) finanzas públicas deficitarias, b) una tasa de inflación mayor que la norteamericana y c) un exceso de importaciones, que dan orígenes a déficits sucesivos de las balanzas comercial y de pagos.

Sin embargo, a pesar de que las causas técnicas de la pérdida de valor de la moneda se repiten en cada caso, el mercado histórico-económico en el que se expresa la devaluación actual es distinto al de las pasadas. La actual crisis nacional es la primera en el contexto de una "economía globalizada", es decir, de la internacionalización de la economía mexicana, fenómeno económico contemporáneo que se caracterizó por dos prioridades; a) la apertura indiscriminada del mercado nacional y b) la promoción de la inversión financiera del exterior a corto plazo, inestable y especulativa.

Tengo la convicción de que el proceso de globalización asumido por el gobierno de Salinas de Gortari, y del cual Ernesto Zedillo es copartícipe, toda vez que como Secretario de Programación y Presupuesto fue el autor del Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994 del Salinismo, y ahora encabeza la continuidad del programa neoliberal que inicio hace 12 años Miguel de la Madrid , cuyo grupo político se fijo conservar el poder a como diera lugar, cuando menos 18 años, para consolidar su proyecto. Tengo la convicción, decía, de que el proceso de globalización, los tiempos y las formas en que se asumió, constituyen la causa directa de la presente crisis. Esto es, sufrimos una profunda crisis estructural causada por decisiones y acciones emprendidas torpemente por el gobierno para acelerar la globalización o internacionalización de nuestra economía.

La asunción de esta primera premisa nos conduce necesariamente a una segunda: si la crisis se da en el marco de las economías globalizadas, las propuestas de solución deben expresarse en el mismo contexto, no puede ser de otra forma. es decir, los países involucrados en la globalización, las economías interdependientes, deben aportar las soluciones a la crisis que enfrentan, no por generosa solidaridad con el país en conflicto, sino por la estricta conveniencia de proteger la salud de sus propias economías. De hecho así está sucediendo, pero en condiciones onerosas para México.

Veamos algunos hechos:

1.- No hace mucho tiempo los países del mundo regían sus relaciones comerciales con el exterior en función de los intereses nacionales. Los Estados asumían una soberanía formal aunque sus real ejercicio siempre estuvo determinado por su posición en el orden económico internacional, es decir, si se trataba de un país industrializado o de un productor de artículos primarios.

Aún cuando el término globalización empezó a familiarizarse en los años ochenta, los Estados Unidos iniciaron la globalización de su economía al término de la Segunda Guerra Mundial a través de la acción de sus empresas transnacionales y con la colocación de sus recursos económicos y tecnológicos excedentes.

Rápidamente los países europeos hicieron conciencia de sus ventajas y evolucionaron hacia una globalización territorial y comercial, que dio origen más tarde a la Comunidad Económica Europea.

Hacia los años ochenta la globalización económica ya parecía implicar una mejor ruta para alcanzar la modernidad y la eficiencia, en sustitución de las teorías que, , como el proceso de sustitución de importaciones, impulsaban el desarrollo de lo Estados en términos nacionalistas, soberanos y autónomos. La globalización propone reemplazar esos modelos supuestamente agotados por otros de tipo más universal, que induzcan la inserción de una economía nacional en el concierto de los países que rigen la economía mundial. Los pasos a seguir son: 1o.) La apertura de los mercados de bienes y servicios mediante la reducción graduada de los aranceles y otras barras comerciales, y 2o.) la apertura graduada del mercado financiero nacional a las inversiones extranjeras.

Con la liberalización de las economías antes nacionales, se genero una simbiosis entre la globalización de los mercados y el progreso tecnológico; es decir, la apertura de los mercados facilitó la difusión de las tecnologías, de ahí que países como Japón, apoyados en un acelerado cambio tecnológico, pudieron concurrir ventajosamente a los mercados globalizados. Hoy día es una premisa que las actividades intensivas en conocimientos y tecnología constituyan la punta de lanza del comercio internacional.

La Globalización Mexicana

A principios de 1989 un grupo de intelectuales preguntó al recién ungido presidente Carlos Salinas de Gortari, si México iría a un mercado libre con Estados Unidos y Canadá. Salinas se opuso enfáticamente a ese proyecto por considerar que la economía mexicana estaba en desventaja por su menor grado de desarrollo. Pocos meses después, en actitud opuesta a sus declaraciones, Salinas inició la globalización de la economía mexicana, no de manera gradual como lo manejan lo cánones: esto es, ajustando la reducción de aranceles a la apertura de los mercados externos y a las posibilidades de competencia exitosa de nuestros productos en el mercado internacionalizado, sino con acciones y ritmos acelerados sin precedentes en la globalización de las economías:

a) El gobierno salinista inició una violenta apertura comercial cancelando los permisos de importación y derogando el código aduanero mediante una intensa reducción arancelaria.

b) Eliminó el control de precios y salarios.

c) Decidió la reducción del Estado, abatiendo el gasto público y privatizando el sistema bancario y los organismos y empresas del sector público.

d) Acordó un menor deslizamiento del peso con respecto al dólar.

Esta abrupta y torpe política para emprender el proceso globalizador provocó que la oportunidad histórica de insertar nuestra economía de manera gradual y selectiva en el concierto de economías internacionalizadas fracasara, cancelándose una importante vía adicional para el desarrollo nacional que debiera haber apoyado la expansión y consolidación de la planta industrial y del mercado interno. A cambio, el método salinista de apertura al exterior provocó en los hechos una globalización económica subordinada, penetrada y dominada; esto es, una internacionalización apegada al interés del capital, particularmente norteamericano.

Los efectos de esta política no se hicieron esperar:

1o.) Sucesivos y crecientes déficits de la balanza comercial. habiendo existido en 1988 un superávit de 1,667 millones de dólares, a partir del primer año del gobierno salinista los desequilibrios comerciales determinaron que la cuenta corriente de la balanza de pagos registrara déficits crecientes y recurrentes en 1989 de 6,085.3 m. de d.; 1990, 8,106.6; 1991, 13,787.7; 1992, 24,804.3; 1993, 23,392.7; y 1994,28,500 m. de d., lo que equivale a un déficit acumulado en cuenta corriente durante el sexenio salinista del orden de los 104,677.6 mill. de dólares.

2o.) Como la apertura externa canceló de hecho el ahorro interno, el financiamiento de las importaciones obligó a recurrir a nuevo endeudamiento externo. Así en 1993 se contrataron créditos por 13,400 m. de d. y en 1994 por 8,600; incrementándose la deuda externa del país a un total de 136 mil m. de d. al cierre de diciembre de 1994.

3o.) La captación de ahorro externo vía inversión financiera privada acorto plazo, inestable y especulativa ( el famoso capital golondrino), también coadyuvó a financiar los déficits comerciales y de servicios. La inversión extranjera acumulada durante el gobierno de Carlos Salinas hasta agosto de 1994, ascendió a más de 48 mil millones de dólares.

4o.) La apertura comercial de Salinas se inició desde el primer año de gobierno, no espero a la firma del tratado de libre comercio (TLC). Lo que se puso en marcha el 1o. de enero de 1994 fue un tratado de libre inversión y la formalización del acuerdo comercial.

Desde 1993 distintas instancias nacionales y del exterior encendían focos rojos señalando los riesgos del desequilibrio comercial y de la sobrevaluación del peso. El gobierno mexicano hizo caso omiso de esas advertencias en función de razones de orden económico y político. En lo económico, pensaron que una devaluación restaría credibilidad al país y provocaría la fuga de capitales así como la suspensión del flujo de la inversión extranjera. En lo político, se propusieron no afectar las elecciones presidenciales del 21 de agosto a favor de Ernesto Zedillo y no debilitar la candidatura de Carlos Salinas a la presidencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Con el tiempo lo que debía ocurrir, ocurrió. Fatalmente la devaluación se dio después de agotar, casi, las reservas del Banco de México. Fueron usadas para amortiguar el impacto de la excesiva demanda de dólares, primero para financiar las cuantiosas importaciones de bienes y servicios, después para mantener la política cambiaria y contener la fuga de capitales. De dic. de 1993 a dic. de 1994 las reservas nacionales se redujeron en 23,400 m. de d., y en sólo tres semanas del gobierno de Zedillo disminuyeron en 11,104 millones de dólares.

Propuestas para salir de la crisis

El gobierno ha propuesto un Programa de Emergencia Económica que se circunscribe a tres objetivos:

1) Reducir ordenadamente el déficit de cuenta corriente a niveles manejables en el corto plazo. 2) Recuperar la actividad económica y el empleo y, 3) evitar mayores efectos inflacionarios causados por la devaluación.

Se trata de un programa coyuntural que no resuelve de fondo el problema que es básicamente estructural. Es como soplarle a la herida profunda para mitigar el dolor.

Cuauhtémoc Cárdenas va más a fondo en su propuesta "por un gobierno de salvación". Coincidimos con su programa de 14 puntos para salir de la crisis y reorientar el proceso económico hacia la consecución de objetivos, como la generación de empleo, el crecimiento económico y la competitividad con el exterior. Apoyamos particularmente su propuesta No. 10 referida a "no reducir la inversión y el gasto públicos considerados en el presupuesto federal, ni elevar el pago de la deuda externa estimado en pesos en el mismo presupuesto. Esto es, no transferir a pago de deuda, recursos destinados a inversión y gasto público".

Sin embargo, en apego al realismo económico nos preguntamos ¿entonces quién va a absorber el costo de la deuda externa y de los créditos adicionales para salir de la crisis? Evidentemente las economías globalizadas como beneficiarias y corresponsales deberían asumir parte importante del costo de la crisis.

Pensamos que las medidas anticrisis que se han propuesto, asumen al gobierno y al pueblo de México, organizado o no, como responsables únicos para sacar adelante al país, en los mismo términos y con la misma asunción de responsabilidades y quebrantos con que se han asumido las devaluaciones en México, desde la postguerra, acudiendo al crédito externo como la única tabla de salvación y acrecentando la deuda y la dependencia de la nación.

Se nos olvida que México, bien o mal, emprendió un proceso intenso de internacionalización de su economía, que tiene firmado un Tratado de Libre Comercio (que debe ser renegociado) con E.U. y Canadá, que forma parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que se ha integrado a la comunidad de la Cuenca del Pacífico, que ha celebrado acuerdos de libre comercio con varios países latinoamericanos; en fin, que se ha avanzado, torpe y riesgosamente, pero avanzado, hacia una economía globalizada.

Hoy día los mercados económicos y financieros del mundo están cada vez más integrados y las políticas nacionales son crecientemente interdependientes. No podemos volver al proteccionismo a ultranza ni a la substitución de importaciones amañada, la globalización implica riesgos y obligaciones, pero también implica, o debería implicar, ventajas y derechos con respecto al resto de economías internacionalizadas. Hoy existe una evidente multipolaridad y enormes interdependencias entre las economías avanzadas y las de los países en desarrollo.

Como ejemplo de lo anterior en el Pacífico Asiático se han estructurado sistemas interdependientes caracterizados por actividades de redespliegue industrial, intercambio comercial e inversiones intrarregionales que han posibilitado a las naciones integrantes el logro de tasas de crecimiento de 7 y 8% anual y de empleo de 7 y 14%. Esta interdependencia ha determinado una suerte común entre países como Corea-Taiwan-Singapur y Hong Kong o entre Tailandia-Malasia-Indonesia y Filipinas.

México con su economía globalizada tiene que sortear solo los embates de su crisis. Porque no podemos decir que el crédito leonino que ofrece Estados Unidos hasta por 40 mil millones de dólares, pudiera considerarse como ayuda. No cuando condiciona 16 veces el préstamo y lo sujeta a costos políticos y financieros impagables.

Sin embargo, no deja de asombrarnos y nos mueve a meditación la respuesta tan inmediata y amplia que las economías internacionalizadas han tenido para México. Este es un hecho desusado, nunca antes habían concurrido tan decididamente a rescatar a una economía devaluada. Miguel de la Madrid sufrió todo su sexenio la falta de apoyo del crédito externo, lo que lo llevó a elevar tasas de interés hasta del 150 por ciento.

¿Por qué ahora E.U. ofrece créditos hasta por 40 mil m. de d.?, ¿Cómo logra Clinton un consenso tan rápido de las dos cámaras de representantes de su país, de los banqueros, de los partidos republicano y demócrata, y de los inversionistas orivados recientemente engañados por Serra Puche y profundamente molestos por la pérdida de más de 10 mil m. de d. que les ocasiono la devaluación mexicana? ¿Por qué el gobierno japonés ofrece mil millones de inmediato y adicionalmente cinco de sus bancos ofrecen varios miles de millones más? ¿Por qué acude al rescate España y Canadá y los llamados tigres asiáticos? ¿Por qué los gobiernos de Colombia, Argentina, Chile y Brasil crean un Fondo de Solidaridad Económica para México por mil millones de dólares?

Esta avalancha crediticia no se debe a una sorpresiva solidaridad del capitalismo salvaje con el simpático México. Más bien las razones las encontramos en los hechos que han sufrido y/o podrán sufrir las economías globalizadas:

a) El presidente Clinton aseguró que "una prolongada crisis económica en México puede golpear severamente la economía de Estados Unidos y podría llevar a un incremento superior al 30% en la emigración de ilegales hacia su territorio".

b) La crisis mexicana ha provocado la caida de las bolsas de valores de Filipinas, Hong Kong, Tailandia, Malasia, Taiwan, Singapur, Corea del Sur e incluso la japonesa. "El efecto tequila" como lo denominaron los asiáticos, originó la devaluación del peso filipino ante el dólar en 1.75%. Los inversionistas extranjeros no desean invertir en mercados emergentes ante el temor que despertó la crisis mexicana.

c) En América Latina las bolsas de valores de Brasil, Argentina y Chile sufrieron ciertos quebrantos. Europa ha resentido la crisis mexicana mediante el cierre de diversas empresas en Alemania, Holanda, Italia y España.

d) George Weise, Comisionado General del Servicio de Aduanas de E.U. afirmó que las exportaciones de su país a México en los últimos años habían venido siendo las más altas de su historia comercial y que ahora podrían reducirse drásticamente si no se apoyaba rápidamente al país para recuperar la estabilidad perdida.

Como puede observarse las crisis actuales repercuten en la economía mundial a causa de la internacionalización del capital a través de bloques como el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, el Foro para la Cooperación económica de Asia-Pacífico y la Unión Europea.

En éste tenor, ¿qué pasaría con las economías globalizadas si la crisis mexicana se prolonga y profundiza? Evidentemente que sufrirán profundamente también. George Soros, financista estadounidense, advirtió durante la primera sesión plenaria del 25 Foro Económico mundial en Davos, Suiza, que si se dejara que México se hundiera, se hundiría el mercado mundial de capitales y las repercusiones a escala global amenazarían con la desintegración del sistema financiero y comercial internacional. Estas son las verdaderas razones por las que ocurren solícitos a ofrecer créditos que apoyen la recuperación.

No es explicable entonces por qué imponen términos tan onerosos e indignos, como las 16 condiciones que apunta Clinton, si finalmente sólo están protegiendo su propia estabilidad económica. E.U. es el país mayormente interesado en la recuperación de México, por las mismas razones de interés que tuvo al crear un TLC de Norteamérica y al globalizar al economía mexicana, ya que por este medio pudo, durante el salinato, usar a México para dar salida a sus inventarios acumulados y así poder reanimar su industria manufacturera sobresaturada, generar más de 700 mil empleos y reactivar la economía norteamericana. Un México en crisis, afectaría a las principales economías latinoamericanas y reduciría considerablemente el mercado natural de los excedentes productivos estadounidenses. Es decir, los involucraría también en su caída.

Los apoyos para salir de la crisis, hoy día no pueden, no deben darse en los mismos términos (o peores) que en tiempos pasados, cuando sólo existía el estado nacionalista aislado. Ahora el nuevo orden económico internacional que se está construyendo a partir de la globalización de las economías, debe asumir los riesgos y ventajas, las obligaciones y derechos que el propio proceso les confiere a las naciones.

La organización Mundial de Comercio (OMC), la Comunidad Económica Europea, el foro para la Cooperación Económica Asia-Pacífico, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU) deben asumir ya su responsabilidad o ser sustituidos por nuevos organismos multilaterales que aceleren el establecimiento del Nuevo Orden Económico Internacional que, entre otros cambios positivos, asegure mecanismos de previsión y rescate.

1) Mecanismos de previsión que detecten oportunamente el riesgo de crisis nacional e implementen medidas para evitarla.

Mecanismos que impidan que una cúpula gobernante maneje la economía de un país con fines personales o de grupo y en contra de los intereses de la nación. En la presente crisis mexicana organismos internacionales detectaron desde dos años antes la sobrevaluación del peso y el excesivo déficit en cuenta corriente y, fuera de mencionarlo, nada hicieron para corregir ese desequilibrio.

2) Mecanismos de rescate que verdaderamente ayuden a la rápida recuperación económica del país en desgracia, para que logre prontamente su estabilidad y no se vea mayormente afectado el bienestar de sus habitantes. México no requiere de créditos caros y condicionados al cumplimiento de hechos políticos, económicos y sociales inaceptables para salir de su crisis. Los países líderes de la globalización, siendo los mayormente beneficiados deben absorber parte importante de los costos de recuperación y estabilización de un Estado en crisis, ya que de no hacerlo los efectos negativos se les revertirán.

El F.M.I., el BM y los gobiernos de los países involucrados deben aceptar expresamente que la crisis de México representa un peligro real de crisis mundial, cuya solución no depende sólo de nuestro país, sino de todos, por lo que conjuntamente deben hacerse cargo de la situación y aportar los medios económicos que se requieren y de los cuales disponen. Es trascendental que este apoyo de la comunidad globalizada mundial se dé en términos de costos financieros "cero", es decir, "costos de rescate" y con absoluto respeto a nuestra soberanía económica y política. Sólo así se podrá anular el riesgo de que una crisis financiera nacional derive en crisis del sistema financiero internacional.

La OMC debe surgir como un modelo de institución multinacional de alcance universal que trabaje para lograr un producto compendiado entre los valores de la globalización y los del nacionalismo político y por esa vía, asegurar una economía nacional y/o internacional con capacidad para crear prosperidad y desarrollo para todos.

México por su parte, debe avanzar aceleradamente en las impostergables reformas electoral y del Estado que garanticen gobiernos legítimos, que asuman programas económicos de acuerdo con la ciudadanía y no a espaldas de ella, que sean capaces de armonizar y articular principios de defensa de los intereses nacionales, soberanos y autónomos con las ventajas comerciales, financieras y tecnológicas de la globalización. Gobiernos que coloquen a México a al altura de la modernidad y eficiencia política que los tiempos reclaman.