Investigador de la Escuela Superior de Economía del I.P.N.
En México, cuando se acerca el tiempo de definición política, donde se designa al sucesor del Presidente en turno, se observa una gran inquietud no sólo en los medios políticos que conforman la burocracia partido-Estado, sino que también esta inquietud se manifiesta en los medios empresariales. En unos esta angustia es producto de la incertidumbre de no saber si el grupo que asuma el poder, le brindará la oportunidad de continuar en la estructura burocrática ya sea al nivel de la élite política de la burocracia o en mandos menos importantes. En los otros (los empresarios), la incertidumbre tiene su origen, en la idea de no saber si habrá continuidad en la política económica o una nueva orientación de ésta, lo cual obviamente no será del agrado de los grupos empresariales y financieros que han encontrado en el modelo económico actual, un mecanismo eficaz para maximizar sus utilidades. Agregándose a esta preocupación eminentemente política, una más, la económica, ya que no obstante el optimismo que persiste por parte de los responsables de la política económica en México, lo cierto, es que hay inquietud en torno al desenvolvimiento de la economía mexicana en este año (1993), sobre todo a partir de varios focos rojos que presentan algunas variables claves para la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, hay un tercer elemento que en opinión de algunos resulta más preocupante que los dos anteriores, es decir, las expectativas derivadas en torno al proceso de aprobación del Tratado de Libre comercio (TLC), un ejemplo de ésto, fue el efecto que ocasionó la declaración de León E. Panetta (Director de la Oficina de Presupuesto del Gobierno de Clinton) quien afirmó: "Por el momento el TLC está muerto" (26-IV-1993), y el efecto inmediato fue una drástica caída en la bolsa de valores y de los bonos de deuda mexicana colocados en Estados Unidos, lo cual demuestra la gran preocupación en torno al TLC.
En este contexto, la nueva orientación de la política económica del gobierno norteamericano que preside William Clinton, necesariamente tendrá que tener un impacto en la estrategia económica y social de nuestro país, pues de aprobarse el TLC, no es difícil prever que también en México se tendrá que cambiar el rumbo de la política económica que se ha venido aplicando hasta hoy.
I: Una silenciosa integración a la economía norteamericana.
El tratado Trilateral de Libre Comercio (TTLC) no es simplemente la abolición o eliminación de tarifas arancelarias, sino que va más allá de una simple integración comercial de nuestro país con Estados Unidos y Canadá. Varias de estas formas de integración económica son: la creación de una área o zona de libre comercio, establecer una unión aduanera, un mercado común, una unión económica o una integración económica total.
En el caso de México con Estados Unidos, no se puede afirmar que esté dando una integración económica total, porque esta presupone, unificación de políticas monetarias, fiscal, social y anticíclica entre otros factores también importantes. Pero lo que sí se puede adelantar es que al menos estamos iniciandouna silenciosa marcha de integración económica al bloque de América del Norte, pero particularmente a la economía norteamericana.
Este proceso de integración de nuestra economía a la economía norteamericana, tiene su explicación en el hecho, que nuestro país no es ajeno al proceso de articulación e integración de los mercados nacionales, al contrario la política de ajuste macroeconómico y de cambio estructural aplicada durante 1982-1988, está inmersa en las mutaciones que se están desarrollando en la economía mundial, basta recordar que donde más énfasis hubo en la nueva estrategia de desarrollo fue en impulsar el cambio estructural en el sector externo, siendo uno de los ejes de la nueva política económica.
Con la crisis económica de 1982, se evidenciaron no solamente los problemas estructurales que había venido acumulando el modelo de desarrollo hasta entonces aplicado, sino que también se manifestaron las potencialidades de los conflictos sociales. Siendo estos factores internos y la influencia de los cambios estructurales en la economía mundial, los que determinaron que el nuevo grupo gobernante en México optara de acuerdo a su concepción teórica, por el diseño y aplicación de un nuevo modelo de desarrollo.
A partir de 1983 nuestro país inicia un proceso de transición de una política proteccionista de importaciones a una política de liberalización comercial, por ejemplo en 1982 todas las importaciones eran sujetas a un permiso previo y existían 16 tasas impositivas de 0 a 100% y precios oficiales para valor unas 1,350 fracciones arancelarias, pero al finalizar 1988, el 96% de esas fracciones estaban exentas de permiso, reduciéndose a siete los niveles impositivos y a menos de 40 fracciones las sujetas a precios oficiales. Cuando México se adhirió al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés)en 1986, fue más allá de lo que estipula este organismo en cuanto apertura comercial, ya que el GATT exige que la tasa promedio de impuesto a la importación no rebase el 30% y México impuso una tasa de 9.78%.
La apertura comercial de México ha sido radical y ha concentrado las importaciones y exportaciones en un solo mercado, como podrá comprobarse en el cuadro 1, y esto también se ilustra en lo siguiente: el valor de las importaciones provenientes de Estados Unidos pasó de 66.27% del total en 1981 a 67.76% en 1989. Sin embargo, la respuesta de Estados Unidos a la apertura comercial de México, ha sido un mayor proteccionismo a través de barreras arancelarias y no arancelarias, como las cuotas de importación, impuestos compensatorios, regulaciones de marca, forma y controles fitosanitarios en especial a nuestros productos agropecuarios, así como otras reglamentaciones para bloquear nuestro comercio, como fue la ley de comercio de 1984 que se usó para presionar a sus socios comerciales para que dieran una mayor apertura a sus mercancías y capitales, también en 1986, R. Reagan impuso las llamadas cuotas voluntarias a los países productores de acero.
| Países y Bloques | Exportaciones | Importaciones |
| Estados Unidos | 68.7 | 67.9 |
| Canadá | 0.8 | 1.9 |
| Comunidad Europea | 12.8 | 14.2 |
| Japón | 5.8 | 4.8 |
| Aladi | 2.9 | 3.0 |
| Otros | 9.0 | 8.2 |
| Total | 1.1 | 7.0 |
| Fuente: Banco de México, Bancomext, 1992. | ||
Para México, el GATT no ha sido un instrumento eficaz para impulsar su apertura comercial, ya que en los últimos años este organismo multilateral ha tenido limitaciones para promover efectivamente la liberación del comercio mundial, de tal forma que para el gobierno mexicano el TTLC se presenta como una alternativa para complementar e impulsar su proyecto de modernización económica del país.
El proceso de integración de México al bloque de América del Norte se inicio formalmente el 24 y 25 de mayo de 1991, cuando 535 legisladores norteamericanos aprobaron (en la Cámara de Representantes por 231-192 y en el Senado por 59-36) el procedimiento "fast track" o vía rápida de negociación comercial, la cual da autoridad al Presidente Estadounidense, para que pueda iniciar acuerdos comerciales multilaterales (como el caso de la Ronda de Uruguay del GATT) o negociaciones bilaterales o trilaterales (como el TTLC de Norteamérica), evitando cualquier posibilidad que puedan sufrir enmiendas o modificaciones que obstaculicen o hagan lento el proceso de negociación. También el fast track contempló los posibles acuerdos que estableciera Estados Unidos en el marco de la llamada iniciativa de las Américas.
De acuerdo a los indicadores económicos y macroeconómicos del cuadro 2 y 3 el bloque de América del Norte va a ser de gran importancia a nivel mundial, aunque la relación entre las tres economías que lo conformarán es asimétrica, como se podrá observaren estos mismos cuadros (2 y ). Pero a pesar de estas sustanciales diferencias entre las tres economías, la suscripción del TTLC, dará origen al mercado regional más grande del mundo, incluyendo al de Europa, al de la Cuenca del Pacífico y al Mercado Común del Sur.
Sin embargo, para nuestro país las asimetrías entre las tres economías es motivo de preocupación, ya que "surge la hipótesis de que no se puede hablar de términos de igualdad cuando pactan países desigualles". sobre todo cuando desde el inicio de las negociaciones, Estados Unidos mostró ser hábil para tratar de ganar de todas y cláusula por cláusula.
| Conceptos | E.U.A. | Canadá | México | Suma| Población (millones de personas) | 2.48 | 26.2
| 85.0 | 360.0 | Crecimiento poblacion (V%) | 1.0 | 1.2 | 1.9 | Superficie | 93 73.0 | 9 976.0 | 19 58.0 | 21 307.0 | PNB (mmdls) | 5 424.6 | 680.0 | 227.6 | 6 332.2 | PNB per cápita (dólares) | 21 803 | 25 954.2 | 2 677.6 | 17 589.4 | Déficit en Cuenta Corriente(mmdls) | 68.9 | 10.6 | 5.2 | 84.7 | Inflación (V%) | 5.5 | 4.8 | 29.9 | Activos de los | seis principales bancos (mdls) 681 196.0 | 368 215.0 | 60 039.0 | 1 109 450.0 | Tasas de Interés Bancarias (% promedio) | Depósitos | 7.00 | 12.09 | 36.25 | Préstamos | 10.92 | 13.33 | 40.00 | Fuente:Indicadores financieros del Fondo Monetario Internacional y
|
Mercado de Valores No. 15 NAFINSA (1991 y 1992). MDLS=Miles de dólares MMDLS=Miles de millones de dólares V%=Valor porcentual |
Una interrogante que surge de la anterior hipótesis, es ¿qué impacto tendrá el libre comercio en la sociedad mexicana más allá de sus naturales consecuencias económicas? Respecto a esta interrogante debe tomarse muy en cuenta que tanto en Estados Unidos como en México, se teme y se rechaza la idea que la integración económica deba trascender los límites comerciales. No obstante un tratado o zona de libre comercio en cierta forma es una etapa transitoria hacia una integración económica mayor entre los países que suscriben, ya sea un esquema bilateral o multilateral.
| Conceptos | México | Canadá | EUA |
| Crecimiento PIB | 3.9 | 1.0 | 0.9 |
| Inflación | 26.7 | 4.5 | 5.5 |
| Tasa Interés | 34.7 | 12.8 | 7.5 |
| Salario Industrial/hora | 1.9 | 12.3 | 10.8 |
| Déficit cuenta corriente | 2.2 | 2.5 | 1.7 |
| (%PIB) | |||
| Déficit Financiero | 3.9 | 4.1 | 4.0 |
| Fuente:Mercado de Valores No. 15, Informe Anual, 1990 del Banco de México. 1991. | |||
Otro aspecto que ha sido motivo de preocupación en el proceso de conformación del TTLC, es que contrariamente al debate que se dio en el Congreso de Estados Unidos para aprobar el "Fast track", en el Congreso mexicano no se dio un debate similar y esto fue duramente cuestionado por los legisladores norteamericanos. También este proceso del TTLC, ha sido fuertemente criticado por las organizaciones laborales de Estados Unidos y Canadá, ya que en este último país, un efecto del Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos, ha sido alrededor de 160 mil desempleados, según estimaciones de la diputada canadiense Dawn Black, quién afirmó que el desempleo se originó por el cruce de empresas a su frontera Sur,1 motivo entre otros, por lo que trabajadores de estos países no ven con beneplácito la integración de México a este bloque, sobre todo por lo barato que es la mano de obra en nuestro país.
Difícilmente alguien podrá afirmar que hubo consenso en las opiniones (de empresarios, trabajadores, académicos y otros sectores sociales) en pro y en contra del tratado entre los tres países. Pero pese a la polarización de opiniones, finalmente el 12 de junio en Toronto, Canadá, representantes de México, Estados Unidos y Canadá acordaron la integración de seis temas de negociación que fueron abordados por 17 grupos de trabajo, aunque posteriormente el 8 y 9 de Julio en Washington, se acordó que las negociaciones se abordarán en 18 grupos de trabajo.
II El Programa económico de Clinton y su impacto en el TLC.
Desde su campaña como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, William Clinton planteó un cambio en la política económica, partiendo del diagnóstico de que Estados Unidos está rezagado tanto de Japón como de Alemania y ésto ha ocasionado que los inversionistas busquen otras opciones más favorables.
La reforma económica de Clinton plantea una transformación de la economía norteamericana y con ésta se busca superar la grave situación por la que atraviesa este país, producto de la obsesión de la ortodoxia neoliberal, en aplicar una política económica que generó un elevado desempleo, deterioro salarial, empobrecimiento de amplios sectores de la sociedad norteamericana, aunado a un deterioro de la infraestructura, baja productividad, rezago en la educación y sobre todo se gestó la peor crisis fiscal de toda la historia económica de este país.
Pero la posibilidad del éxito del programa económico de Clinton, no sólo depende de factores internos, sino también de los externos, recuérdese que se está configurando una nueva división internacional del trabajo, donde el signo de ésta, será la globalización de la economía y la formación de bloques económicos regionales.
El nuevo rumbo de la política económica que plantea Clinton abandona la línea neoliberal que predominó en las estrategias económicas que se aplicaron en América Latina, pues la reestructuración estadounidense asume el compromiso de reducir los costos sociales del ajuste.
Otro aspecto relevante de este programa es que busca ajustar los desequilibrios, sin diminuir la demanda ni ocasionar recesión, al contrario, el programa es expansivo en cuanto al crecimiento económico.
En cuanto al foco rojo que representa el déficit presupuestal, se pretende reducirlo a través de un ajuste progresivo en los ingresos tributarios y el gasto público.
La parte de la política social del programa, pone énfasis en el control de los efectos que pueda tener el programa en la estructura de la distribución del ingreso. También se busca proteger y crear más empleos, impulsando una mayor productividad a través de la capacitación con el fin de alcanzar una mayor competitividad internacional. Pero para lograr esto último, se utiliza como palanca, la inversión en educación, ciencia y tecnología.
Independientemente de la controversia que ha originado este programa entre los economistas, lo cierto es que éste hace un claro deslinde con el conservadurismo neoliberal, al plantear el Plan Clinton un ajuste sin recesión, ni efectos regresivos sobre la distribución del ingreso.
Esta nueva orientación de la política económica estadounidense, necesariamente afectará a la economía internacional, sobre todo si se logra la expansión económica que se ha planteado el programa y en ese sentido el ajuste y reforma económica estadounidense afectará a nuestro país. Ya que de aprobarse el TLC, México se enfrentará a una economía norteamericana en proceso de reestructuración, en la cual las inversiones estarán orientadas a las áreas económicas de alta tecnología, industrias anticontaminantes, transportación de alta velocidad (ferrocarriles, etc.), programas de capacitación con el fin de tener mano de obra calificada y lo más importante un programa económico que en la lógica de su diseño rompe con la ortodoxia en la política económica. Por lo cual, no es difícil prever que en los nuevos puntos de negociación que haga México con la administración Clinton se tendrá que hacer en el marco de esta concepción económica, de ahí la preocupación que ha planteado Estados Unidos en los referente a la ecología y la cuestión laboral.
III. Consideraciones finales.
Como observamos anteriormente, la apertura comercial en México ha sido radical, unilateral y casi completa, "sin precedente en esos tres términos en la historia reciente del mundo".2 Pero, lejos de lograr sus objetivos esta política, ha conseguido: Una concentración de las exportaciones, subordinando nuestra economía a la norteamericana, además no se logró integrar la industria mexicana y sólo se ha beneficiado a las empresas con capacidad exportadora (nacionales y trasnacionales), fortaleciendo a las empresas trasnacionales que comandan al sector exportador. Por otra parte, a partir de 1983 a cambio de un ingreso extraordinario que es irrepetible, el Estado mexicano ha estado vendiendo empresas que significan que el Estado vaya perdiendo el control directo de áreas estratégicas de mayor trascendencia para el futuro de nuestro país.
Con el TTLC se abrirán las puertas a empresarios de las grande naciones industrializadas y las compañías nacionales tendrán que competir con estas empresas que tienen un financiamiento foráneo barato, ya que la banca internacional dará preferencia a sus connacionales. También se piensa que con el TTLC, México tendrá acceso a mejores tecnologías, pero se olvida que el mercado de tecnología no se comporta con reglas de un mercado de libre competencia, sino por el contrario, en su interior operan reglas de un mercado oligopólico. Otra consideración es que el gobierno enfrentará una fuerte presión de los empresarios, tanto nacionales como extranjeros, para que modifique la ley laboral de México, ya que ésta rebasa a la norteamericana, en lo referente a participación de utilidades, el tiempo extra, la liquidación de personal y derechos de huelga. Pues bajo el argumento que tengamos estructuras competitivas, se quiere dar marcha atrás a las conquistas laborales en nuestro país, y en ese sentido el tratado traerá pocos beneficios para los trabajadores mexicanos, tanto los del campo como los del sector industrial. También debe recordarse que aunque con el tratado llegaran nuevas inversiones extranjeras, éstas podrían no ser suficientes para absorber el desempleo que se originara en la pequeña y mediana industria que quiebre, ante la ofensiva de las grandes empresas trasnacionales.
El principal argumento de los negociadores mexicanos es que, con el Tratado se garantizara el acceso al mercado estadounidense de productos manufacturados y materias primas mexicanas, pero es necesario señalar que este argumento también fue manejado por Canadá para negociar el ALCEUC (Acuerdo de Libre Comercio de Estados Unidos-Canadá) y esto quiere decir, que el Tratado no será suficiente para asegurar el acceso de nuestros productos a los mercados septentrionales, pues ahora Canadá, al igual que México, busca acrecentar su participación en el mercado estadounidense y considero que este elemento se ha visto con ligereza.
Según varios analistas las principales ventajas del TTLC para nuestro país serian: Asegurar el acceso al mercado norteamericano, acelerar los flujos de capital e inversión, aumento del empleo, una menor inflación se elevaría la productividad y la competitividad internacional, lo cual traería como consecuencia un mayor ingreso de divisas para cubrir el servicio de la deuda externa. Sin embargo, debo precisar que México no debe asumir el papel de país maquinadora que el pretenden dar Canadá y Estados Unidos, al contrario México debe considera los puntos de complementación con estos países, por ejemplo: mano de obra barata a cambio de innovaciones tecnológicas,3 y a partir de ésto, diseñar una estrategia de negociación sectorial con el objetivo de equilibrar el intercambio comercial con estos dos colosos del Norte, sin olvidar proteger el rubro de nuestra cultura como identidad nacional.
En el corto plazo la tarea del gobierno debe ser, seguir con el proceso de ajuste macroeconómico interno y tratar de orientar la política económica al logro de un mejoramiento efectivo de los niveles de bienestar social de la población, pues hasta hoy, a pesar de las virtudes del Pronasol, en el rubro de los salarios no se ha observado una evolución favorable de éstos.
En el largo plazo, el proceso de ajuste debe incluir una política de integración que asegure una conversión del aparato productivo, con el objeto de hacerlo competitivo. Un factor importante en todo este proceso, es que en el corto y mediano plazo el Estado tiene que implementar un modelo de desarrollo educativo y tecnológico, que sea motor efectivo del cambio estructural en nuestro país. Pero el desarrollo científico y tecnológico sólo se logrará si el sector público y el sector privado (que necesariamente deberá participar), asignan una parte considerable de su gasto a la investigación, como se hace en los países altamente industrializados e incluso Clinton así lo propone en su programa económico.
En mi opinión la nueva orientación de la política económica estadounidense, tendrá necesariamente que afectar el proceso de aprobación e instrumentación del TLC, ya que ahora se tiene una nueva concepción del funcionamiento de la economía y en ese sentido la administración Clinton tratará de incidir no sólo en nuestro país, sino también en Canadá.
Esta nueva política económica estadounidense no es novedosa ya que en otros periodos históricos, tanto en Estados Unidos como en Europa, se han aplicado algunos instrumentos de los que hace uso el Plan Clinton, sin embargo, no se puede negar la virtud de este programa al contemplar la reducción de los costos sociales del ajuste, con el fin de evitar un agravamiento de la pobreza producto de los programas ortodoxos.
Y aunque Estados unidos necesita al igual que México el TLC, tanto por razones políticas como económicas, México no puede ni debe seguir apostando todo al TTLC, al contrario, se deben buscar otras fuentes de inversión y no depender solamente de la inversión extranjera directa (IED), pero ésto "debe ir de la mano con una real diversificación del crédito y de la banca",4 ya que debemos tener presente que con el TTLC, las trasnacionales que llegarán, cuentan con el financiamiento foráneo barato y esto será una gran desventaja para la industria nacional, quien además enfrenta un financiamiento caro y discriminatorio.
Nuestro país debe diversificar sus exportaciones y no depender de un solo mercado, ya que esto representaría una dependencia no sólo económica de Estados Unidos, sino que incluso ésta se extendería a aspectos sociales y políticos. Para evitar esta dependencia, México debe seguir una "estrategia de negociación comercial de diversificación del portafolio"5 que permita a nuestro país, pasar de una integración altamente concentrada a una integración diversificada, o sea integrarnos a otros bloques económicos, incluso al MERCOSUR (Mercado Común del Sur) de reciente creación, que con una población de 190 millones de habitantes y una capacidad estimada de movilizar mercancías por cinco mil 500 millones de dólares, resulta un mercado atractivo para nuestro país, y además debe considerarse que es un mercado latinoamericano.
Lo anterior no quiere decir que me oponga al TTLC, pues hacerlo sería negar que "el proceso de globalización es una de las expresiones del actual reacomodo de las estructuras y relaciones de poder y conflicto a escala internacional".6 Pero a lo que sí me opongo, es que México no enfrente con audacia la globalización económica que implica una competencia por mercados e inversión, el acceso al mercado septentrional, no debe ser a costa de nuestra soberanía, ni mucho menos se debe institucionalizar la consulta de nuestra política económica al gobierno norteamericano. Al contrario, debe haber plena libertad en el diseño de nuestra política económica, ya que una meta de ésta en el nuevo periodo de transición que iniciamos, debe ser reducir al mínimo los costos del proceso de integración comercial al mercado de América del Norte, sobre todo proteger la pequeña y mediana industria, evitando con esto que la tasa de desempleo se eleve, y pese a que nuestra principal ventaja comparativa son los bajos salarios, en el mediano plazo se debe buscar una elevación del salario real y vía productividad absorber este aumento para que no repercuta en los precios finales y nos reste competitividad.
Finalmente, un motivo de preocupación, es que aunque se diga lo contrario, la aprobación del TTLC, representa la definición de nuestro futuro, ya sea como nación independiente o como un satélite más del Coloso del Norte, ya que con el derrumbe de la URSS como una potencia mundial y con "el final de la guerra fría", el balance de poderes cambió. El nuevo orden mundial que propuso George Bush ala triunfo de su país en la guerra de Golfo Pérsico, como señaló Noam Chomsky, "esta basado más en la competencia económica y la supremacía militar, que en la armonía".7.
Al cambiar la orientación de la política económica estadounidense, seguramente en nuestro país se tendrá que repensar el modelo económico en curso y su probable modificación, lo cual sería saludable, con el fin de revertir la pobreza. Pero es importante señalar que una integración comercial, no necesariamentedebe implicar una silenciosa integración económica a Estados Unidos.
El proceso de transición que iniciara México con la aprobación del TTLC, al menos debe asegurar tres factores fundamentales:
NOTAS:
1.- Véase La Jornada. México, del 13 de noviembre de 1990, p.25.
2.- En esta afirmación coincido con Carlos Acosta. Véase, Revista Proceso, núm. 760, México, 27 de mayo de 1991, p. 6. 3.- Cfr. Avila Connellys, Claudia. "El mercado de América del Norte, espacio económico para México" en Comercio Exterior, Vol. 41, núm. 7, México, julio de 1991, p. 664.
4.- Ver, Corro Barrientos, Bernardo. "Apertura Comercial de México y nueva proyección mundial de Estados Unidos" en Comercio Exterior, op. cit., p. 681.
5.- Véase, Villareal, René. México ante los bloques económicos" en La Jornada, México, 7 de mayo de 1991, pp. 1 y 22.
6.- Ver, Gutiérrez Pérez, Antonio. "Globalización de los mercados: desafíos y límites" en la Jornada, México, 27 de abril de 1991, p. 23.
7.- Ver, Chomsky, Noam. "E:U. busca la libre explotación de México" en La Jornada, México, 2 de diciembre de 1990, pp.1 y 12.