Reseña

Foro del Partido de la Revolución Democrática sobre la Reforma Política en el Distrito Federal

Reseña de las ponencias de Luis Javier Garrido y Amalia García


El pasado mes de septiembre el Partido de la Revolución Democrática organizó diversos foros para abordar el problema de la democratización del Distrito Federal. Uno de estos actos se celebró en la Delegación Benito Juárez, donde participaron el entonces panista Bernardo Bátiz, por el PRI Antonio Martínez Báez, el escritor Carlos Monsiváis, la asambleísta Amalia García y el doctor Luis Javier Garrido. A continuación se reproduce parte de lo expuesto por Amalia García y Luis Javier Garrido, donde ambos plantean su particular punto de vista respecto de la Reforma Política para el Distrito Federal.

El doctor Luis Javier Garrido, politólogo y estudioso del sistema político mexicano señaló que los ciudadanos del Distrito Federal somos de segunda porque:

  1. No tenemos derechos políticos plenos.
  2. No podemos elegir a nuestro gobernante.
  3. No podemos elegir a un poder legislativo local.
  4. No podemos elegir a funcionarios municipales.
  5. Frecuentemente no tenemos derecho a ser hombres de la calle.

En la celebrada novela de Carlos Fuentes escrita hace 35 años, La región más transparente del aire, la acción concluye sobre el puente de Nonoalco, donde se detiene uno de los personajes: Gladis García enciende el último cigarrillo de la noche y tras dejar caer el cerillo sobre los techos de lámina y respirar la madrugada de la ciudad, el vapor de trenes, la somnolencia de la calle, los tufos de gasolina y alcohol, escucha la voz de Ixca Cienfuegos, que viene con los tumultos silenciosos de todas las cosas, entre el polvo de la ciudad para tocar la mano de Gladis, y decirle, aquí nos tocó, qué le vamos a hacer: en "La Región más Transparente del Aire".

Sí, aquí nos tocó, pero esta ciudad cuyo desastre es consecuencia más de su forma de gobierno que de la acción de los ciudadanos, está empezando a cambiar por voluntad de los ciudadanos.

El problema fundamental de la Ciudad de México es, ante todo, un problema de gobierno. Hoy en día es claro que si éste no se resuelve, los demás problemas van a seguir creciendo.

La Ciudad de México ha tenido una forma de ejercicio del poder, vertical y autoritaria, sin participación real de la ciudadanía. La capital, la mayor concentración humana de finales del siglo XX, en la que los problemas son enormes y la calidad de vida es cada vez peor, está resultando casi ingobernable.

Para resolver los problemas de la ciudad, ésta tiene que regresar a manos de los ciudadanos a fin de que participen en la resolución de los problemas y puedan decidir como en cualquier ciudad democrática del presente.

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari ha dado pruebas evidentes de que no quiere que se democratice el país, ni mucho menos la Ciudad de México. El gobierno actual no ha cumplido siquiera sus promesas de campaña sobre las propuestas de democratización. No hay, a todas luces, ninguna voluntad política de que cambie el estatus político de la Ciudad de México. Tenemos evidencia de que la situación actual no va a producir un cambio si no viene de una movilización intensa de la ciudadanía que acompañe a las demandas de los dos partidos democráticos, el PAN y el PRD.

El regente es un funcionario ilegítimo, porque no debemos olvidar que en 1988 fue un poco más del 30 por ciento de la votación ciudadana, según las cifras oficiales, la que se le otorgó al Partido Revolucionario Institucional. En 1991, en las elecciones legislativas intermedias, fue la única entidad del país en donde el PRI obtuvo minoría, de tal manera que la mayoría de la ciudadanía se ha manifestado en su contra.

Resulta absurdo que a la altura del cuarto año del sexenio sigamos teniendo un gobierno esencialmente priísta, que no responde a la voluntad soberana de los habitantes del Distrito Federal y que apenas hasta este cuarto año de gobierno se estén abriendo consultas.

En 1987, el gobierno de Miguel de la Madrid creó la Asamblea de Representantes donde los representantes de los partidos, y no necesariamente de la ciudadanía, han planteado algunos problemas. Esto debe mencionarse, la Asamblea de Representantes ha sido una instancia de complacencia y convalidación del régimen del Distrito Federal, en donde se ha permitido que se hagan actos ceremoniales como el que el regente vaya a leer un supuesto informe a la ciudadanía.

Lo que se requiere, pues, es una reforma profunda, una reforma seria. Esta lógica gradualista de pequeños avances simplemente no funciona en el caso de la Ciudad de México.

Urge una reforma política en el Distrito Federal, para que los ciudadanos nominalmente tengamos derechos políticos plenos, y no sea el regente de la Ciudad de México el que proponga una reforma política. Es inadmisible que se siga discutiendo si va a haber un régimen municipal en el Distrito Federal, tiene que establecerse y cumplirse con el espíritu originario del artículo 115 constitucional. Es inadmisible la propuesta oficial, en el sentido de elegir a los delegados por sufragio universal directo. Los delegados no pueden suplir a los funcionarios municipales.

Hubo una afirmación del señor Camacho Solís, que me pareció esencialmente preocupante, en uno de sus informes ante la Asamblea de Representantes. Dijo que "no podemos remitirnos a modelos del pasado, a formas de gobierno pretéritas", esto quiere decir que casi todo el mundo vive bajo el régimen municipal, bajo formas de gobierno arcaicas y lo que nos está proponiendo es elegir delegados. Entonces van a ser delegados de quién, del regente o del pueblo.

Urge establecer el estado 32. Hay varias opciones técnicas. El maestro Antonio Martínez Báez nos propone una que suena muy sensata: simplemente desaparecer el Distrito Federal. En 1987 se presentó otra consistente en reducir el Distrito Federal a los límites antiguos del Centro Histórico, esto es, lo que era el Distrito Federal antes de la contrarreforma del general Santa Ana, en el año de 1854.

Esto no puede seguirse discutiendo. Sin embargo, no vemos más que explicaciones embarazosas de funcionarios que están buscando en los archivos cómo argumentar el porqué no puede establecerse el régimen municipal en el Distrito Federal, además del porqué no podía existir un gobernador electo, en donde está la sede del señor titular del poder ejecutivo federal y toda una serie de argumentaciones que no vienen al caso.

Urge una movilización de los partidos democráticos, del PAN y del PRD, en torno a la necesidad urgente de transformar el Distrito Federal en el estado 32.

Cuál es el camino: reformar la Constitución para restablecer el régimen municipal y dar nacimiento al estado 32, proceso que obliga a convocar a un constituyente y establecer los mecanismos para elegir a un gobernador de este estado, llámese Valle de México, de Anáhuac o como decida la ciudadanía, a la vez que se elige un poder legislativo correspondiente, concluyó.

Por su parte, la asambleísta Amalia García consideró que una de las cuestiones que más preocupan en sociedades autoritarias, en sociedades cerradas, es que se convierte en un asunto muy difícil el esbozar abiertamente una opinión.

Los silencios cuentan. Los silencios sirven para aclarar conductas sobre todo del poder. Yo estoy de acuerdo con Luis Javier Garrido cuando señala que es necesaria una movilización de la ciudadanía. Sin esa acción es imposible impulsar un cambio. Sin embargo, la movilización de la ciudadanía necesitamos concebirla de múltiples maneras, por lo que creo que los silencios cuentan, por lo que es muy importante que haya quienes hagan pronunciamientos que hagan oír su voz y que manifiesten opiniones discrepantes sobre las que tiene el poder.

Los foros como éste son resultado de un esfuerzo enorme para no admitir el estado de cosas actual, por lo que resulta alentador observar una ciudadanía más activa. Las elecciones de 1988 mostraron eso. Lo que ha cambiado en México, es que millones de mexicanos no están dispuestos a mantenerse callados, o a permanecer en sus casas cuando hay un poder que los aplasta.

La discusión sobre la democratización del Distrito Federal es muy importante porque tiene que ver con lo que nos hemos planteado sobre la reforma del Estado. Hemos dicho muchos mexicanos que queremos construir una nueva república democrática, y no se puede hablar de tan inmensa empresa si no se plantea la posibilidad de que haya una democracia representativa en esta parte del país. Por supuesto, coincido con Carlos Monsiváis y con Luis Javier Garrido en el sentido de que se necesita caminar más lejos. No resulta suficiente elegir a nuestras autoridades, así como tener una cámara local que legisle, no es suficiente tener oyentes, necesitamos que cambie aquello que ha sido el corazón del sistema político mexicano: el centralismo, el presidencialismo despótico y el sistema del partido de Estado.

Si en alguna parte del país están claras y precisas todas las formas de dominio sobre los ciudadanos, es en el Distrito Federal. En esta parte del país se vive lo que es el presidencialismo de manera más aguda. Una queja cotidiana en los estados es la queja contra el centralismo. Sin embargo, quienes vivimos en esta área del país sufrimos de manera más brutal el centralismo. En algunos estados se puede dar la lucha y a veces cambiar las decisiones del poder central como sucedió en Guanajuato o en San Luis Potosí. Se pueden preparar las condiciones de lucha más a fondo contra el poder central. En el Distrito Federal estamos imposibilitados para dar esta lucha contra el poder central cuando tenemos una designación desde arriba, por lo que no tenemos la posibilidad ni siquiera de dar estas batallas ciudadanas.

La lucha contra el centralismo se presenta más clara y más aguda en esta parte del país, al igual que la lucha contra el autoritarismo.

Cuando se habla de la democracia para el Distrito Federal, quienes están en el gobierno intentan decir que es un asunto que le interesa sólo a los partidos políticos y no a los ciudadanos que habitan esta magna ciudad. Camacho Solís en la Asamblea de Representantes, después de numerar sus propuestas en relación con los problemas cotidianos de los que vivimos aquí (agua, luz, drenaje, contaminación, seguridad), al final dijo: "hemos hablado de las preocupaciones de los habitantes de la ciudad, ahora hablemos del tema que a ustedes les interesa, que es la reforma política".

El tema de la reforma política no les interesa sólo a los partidos políticos, ni sólo a los representantes de la Asamblea, porque si algo está estrechamente vinculado con la democracia es la posibilidad de solucionar los asuntos cotidianos de quienes vivimos aquí.

En la comparecencia del regente, decía que seguramente la anulación del municipio en 1928 se debió a que había caciquismos, contradicciones y una lucha, por lo que no había que regresar, instaurando los municipios, al caciquismo, a las contradicciones y a la lucha. Según él, para acabar con el caciquismo y demás, había que desaparecer la institución y el régimen municipal en todo el país.

Los argumentos para oponerse a la creación de un estado aquí son de otro tipo. En esa comparecencia Camacho Solís hizo referencia a las finanzas. Decía que para esta región del país, la aportación que hace la Federación es inmensa para el ámbito educativo y otras áreas que el financiamiento y la participación del presupuesto nacional en esta zona es imprescindible. Al respecto, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la Asamblea de Representantes ha insistido para que se nos informe. Ante esta iniciativa, la Comisión de Gobierno de la Asamblea de Representantes se negó a hacer el trámite respectivo. Por su cuenta, el PRD hizo la solicitud al secretario de Hacienda y Crédito Público, Pedro Aspe Armella, quien nos informó que en relación con la recaudación federal, el Distrito Federal recauda 46 billones y la Federación le regresa al Distrito Federal sólo 5.49 billones, es decir, que la aportación nuestra es enorme.

Entonces, el argumento de que el Distrito Federal depende de las finanzas federales y de que no podría sobrevivir resulta muy endeble. Esta ciudad aporta en finanzas a la Federación una gran parte de lo que necesita para su sobrevivencia. El otro argumento al que más se recurre es que habría ingobernabilidad, y que dos poderes no podrían subsistir juntos en la misma zona geográfica. Este argumento es utilizado por quienes tienen el poder y no desean dejarlo, lanzan libelos de que habría caos y desequilibrios.

El argumento real es que desde hace varios años el PRI no tiene la mayoría en el Distrito Federal. En un sistema democrático pueden convivir gobiernos que responden a los intereses de distintos ciudadanos y pueden funcionar los asuntos del Estado y de la Nación. Los ejemplos están en Francia, en donde puede tener el gobierno un partido; los diputados pertenecer a otro, y la capital de la Nación puede ser gobernada por otro partido.

El temor de que habría ingobernabilidad, se cae cuando nosotros vemos lo que ya está sucediendo en otras partes del país. En Yucatán, por ejemplo, estando el gobierno estatal en manos del PRI, en Mérida el gobierno está en manos del PAN, y las cosas marchan perfectamente.

Sin duda, hay un consenso entre los partidos de oposición, la sociedad civil y personas entre sí, sobre que el Distrito Federal debe ser una entidad libre y soberana. Camacho Solís habló sobre la pertinencia de que el D.F. deba tener un gobierno propio y no dice que entiende por gobierno propio, para nosotros gobierno propio quiere decir: que esta entidad sea una entidad libre y soberana, como son las entidades del resto del país. Que las autoridades sean producto del voto directo universal y directo.

En este país se ha venido generando una decisión de lucha, se viene gestando a nivel nacional una gran fuerza ciudadana para el cambio.