LA CIUDAD: DESARROLLO CON POBREZA

Anahí Gallardo Velázquez


EL ROL DE LAS CIUDADES EN EL PROCESO DE DESARROLLO

Las ciudades han sido estudiadas desde diversos ángulos: la administración, la economía, la sociología, la política, la planificación urbana, etc., pero todos coinciden en considerar que su estudio es de vital importancia, en tanto que en ellas se concentran importantes aglomeraciones poblacionales, que si bien demandan volúmenes crecientes de bienes y servicios, también ofrecen el recurso más valioso para el desarrollo de la sociedad: el recurso humano.

Precisamente una cuestión de análisis controvertido, es la que se refiere al rol que ha jugado la ciudad en el desarrollo económico, dada la depauperización social que hoy reporta.

En general, existe acuerdo de que en el siglo XX las ciudades han cumplido de manera eficaz varias tareas en el sostenimiento del sistema.

Comercialmente, generan mercados, centros de intercambio necesarios para la conversión de economías de subsistencia a economías dinerarias.

Industrialmente, concentran crecientes volúmenes de fuerza de trabajo, lo que permite reducir los costos salariales y apoyar así, la acumulación de capital.

Políticamente, dada la heterogeneidad de su población, producen una mixtura y atomización social que ayuda a atenuar los conflictos sociales.

Socialmente, la mixtura de su gente implica la coexistencia de una diversidad de ideas y estímulos que posibilita el cambio de actitudes, creencias y valores.

Por otro lado, también hay consenso, de que la urbanización ha generado problemas económicos, políticos, sociales y ecológicos cada vez más difíciles de resolver.

El creciente flujo migratorio hacia las ciudades, por ejemplo, incrementa la demanda no atendida de bienes y servicios básicos: alimentación, vivienda, salud, educación, recreación; y si a ello sumamos el alto nivel de desempleo y el impacto de las crisis económicas, el resultado es la existencia de una población urbana cada vez más pobre, mientras que en el polo opuesto se observa a otra población cuyos patrones de consumo y de vida favorecen el derroche de los bienes y servicios básicos, todo lo cual impide el desarrollo integral de la sociedad.

En suma, la situación de las grandes ciudades enfrenta hoy los problemas acumulados del desarrollo con pobreza, los cuales son ya de impostergable atención.

LAS CIUDADES DE LOS PAÍSES SUBDESARROLLADOS ANTE EL PROCESO DE AJUSTE MACROECONÓMICO

Para la década de los ochenta, las metrópolis de los países subdesarrollados sufren un grave deterioro en sus condiciones de vida, cuando a raíz de la recesión económica mundial, seguida de la crisis de pagos de la deuda externa, se implementan políticas de estabilización y ajuste que repercuten en un mayor estancamiento económico y, por ende, en un menor bienestar social.

En efecto, con el objetivo explícito de controlar la inflación, pero sobre todo con la finalidad implícita del pago puntual de la deuda externa, se ha dado un severo recorte presupuestal que ha reducido sustancialmente el gasto público dedicado a desarrollo social e inversión, incrementando el gasto para el pago del servicio de la deuda.

En el caso de lo países latinoamericanos el problema se agudiza cuando a partir de 1983 (CUADRO 1) se convierten en exportadores netos de capital, esto es, cuando el valor de los nuevos préstamos contratados es menor a los pagos hechos por concepto de amortizaciones e intereses.

CUADRO 1
Latinoamérica y El Caribe
Deuda externa: transferencia neta de recursos
(millones de dólares)
Concepto 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987
Nuevos préstamos 44,085 60,879 50,698 30,963 28,272 20,157 20,353 19,575
Servicio total de la deuda 38,559 44,617 48,558 40,695 44,703 42,300 42,288 38,186
Transferencias netas 5,526 16,262 2,140 (10,002) (16,431) (22,143) (21,935) (18,611)
Fuente: World Debt Tables, Banco Mundial, 1989.

Dicho de otra manera, el resultado entre 1983 y 1987 fue un monto acumulado de 89,122 millones de dólares de transferencias netas al exterior, mismos recursos que se perdieron para el desarrollo de la región (Banco Mundial, 1989).

Esta pérdida se refleja, de acuerdo a CEPAL (1990), en el decremento que tuvo el PIB por habitante, reportándose para el periodo 1981-1989 (CUADRO 2) una tasa de crecimiento en América Latina de -8.3%, con un mayor deterioro en los países exportadores de petróleo, donde la tasa fue de -14.2%, en tanto que en los países no petroleros se registró una tasa de -4.8%, justamente porque los países no petroleros fueron los que más se endeudaron.

CUADRO 2
América Latina y El Caribe
Evolución del producto interno bruto por habitante
(tasas de incremento)
1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 19891 1981-
1989
América Latina (excluye Cuba) - 1.9 - 3.5 - 5.0 1.2 1.3 1.4 0.7 - 1.5 - 1.0 - 8.3
Exportadores de petróleo 3.3 - 3.1 - 7.4 0.1 - 0.1 - 3.3 - 1.0 - 0.8 - 2.6 - 14.2
Bolivia - 1.7 - 6.9 - 9.0 - 3.0 - 2.8 - 5.6 - 0.6 0.0 - 0.4 - 26.6
Ecuador 0.9 - 1.7 - 3.8 2.0 2.1 0.7 - 11.5 14.1 - 2.0 - 1.1
México 6.1 - 3.0 - 6.5 1.2 0.2 - 6.0 - 0.8 - 1.1 0.8 - 9.2
Perú 1.6 - 2.3 - 14.1 2.1 - 0.3 6.2 4.6 - 10.9 - 12.4 - 24.7
Trinidad y Tobago - 1.8 - 1.2 - 15.0 - 4.9 - 4.5 - 4.3 - 8.3 - 4.9 - 5.3 - 40.8
Venezuela - 4.0 - 4.0 - 8.1 - 4.2 - 1.0 3.1 - 0.5 2.1 - 10.8 - 24.9
No exportadores de petróleo - 5.3 - 3.9 - 3.4 1.9 2.2 4.4 1.6 - 1.9 - 0.1 - 4.8
Fuente: CEPAL, Transformación productiva con equidad, Chile, 1990.
1 Cifras preliminares.

La ONU (1989) por su parte señala que, efectivamente, el agotamiento de los patrones de crecimiento en los países del tercer mundo ha provocado un incremento en el nivel de la pobreza.

Reconociendo que durante el periodo 1970-1985, cuando el pago del servicio de la deuda aumentó significativamente, el número de pobres en los países subdesarrollados tuvo un incremento de 22%, y en América Latina el aumento fue aún mayor: 26%.

De esta manera se reporta que para el año de 1986, América Latina tiene cerca de 250 millones de personas viviendo en condiciones de pobreza, es decir, el 61% del total de su población; y para 1990 este número aumenta a 270 millones, es decir, al 62% de la población total, de los cuales 33% son pobres crónicos, esto es, 144 millones de personas (PNUD, 1990).

Se destaca también que la incidencia de la pobreza en los países subdesarrollados ha sido mayor en las zonas urbanas.

Para el periodo 1970-1985, el aumento de la pobreza en las zonas rurales fue de 11%, mientras que en las urbanas alcanzó el 73%. En América Latina el incremento de la población pobre en las zonas urbanas fue de 117% (ONU, 1989).

Lo anterior, provocado por el crecimiento de su población urbana, pero sobre todo, por la aplicación de políticas de austeridad que implicaron la reducción de subsidios de bienes y servicios públicos y una mayor contracción económica.

Así, para los estudiosos de las metrópolis del tercer mundo, como el inglés Alan Gilbert (1992), la terrible verdad es que mientras las condiciones económicas no cambien, la calidad de vida en las ciudades se seguirá deteriorando.

EL IMPACTO DEL AJUSTE EN MÉXICO

Presumiblemente el impacto del programa de estabilización implantado en México a partir de 1983, tendría pequeños costos en términos de crecimiento, pero esto no fue así, la tasa de crecimiento medio anual del PIB durante el periodo de Miguel de la Madrid, fue apenas de 0.18% (CUADRO 3).

CUADRO 3
Producto Interno Bruto
(miles de millones de pesos de 1980)
Año PIB Tasa de
crecimiento
1980 4,470.1 8.77
1981 4,862.2 - 0.62
1982 4,831.9 - 4.20
1983 4,628.9 3.61
1985 4,920.4 2.59
1986 4,735,7 - 3.75
1987 4,817.7 1.73
1988 4,884,2 1.38
Fuente: Instituto Nacional de Estadística,
Geografía e Informática,
Cuentas Nacionales.

El sobreajuste inicial (shock ortodoxo) dejó poco espacio para la recuperación (Nora Lustig, 1990).

Los obstáculos básicos al crecimiento fueron: un ambiente externo desfavorable, pero sobre todo la vulnerabilidad económica del país, impuesta por el creciente pago de la deuda que, como ya se ha señalado, se puede apreciar al revisar los montos de transferencia neta de recursos al exterior.

Así se observa (CUADRO 4) que, de los nuevos préstamos contratados en 1982 con un monto de 12,509 millones de dólares, y después de hacer el pago por servicio de la deuda, al país sólo ingresaron en términos netos 194 millones de dólares.

CUADRO 4
MÉXICO
Deuda externa: transferencia neta de recursos
(millones de dólares)
Concepto 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987
Nuevos préstamos 11,600 17,016 12,509 7,196 7,276 5,025 5,461 8,550
Servicio total de la deuda 9,351 10,641 12,315 12,988 15,920 14,515 12,299 11,425
Transferencias netas 2,249 6,375 194 (5,792) (8,644) (9,489) (6,838) (2,874)
Fuente: World Debt Tables, Banco Mundial, 1987.

Para los siguientes años, 1983-1987, la situación empeoró, ya que en lugar de entradas se reportaron salidas de recursos en promedio del orden de 6,700 millones de dólares al año (Gráfica I).

Justamente esto es lo que acentuó la desaceleración económica del país, misma que se refleja en la evolución del PIB por habitante (CUADRO 2), y que reporta para el periodo 1981-1989, una tasa de crecimiento de -9.2%, es decir, un decremento de casi 10% del ingreso que correspondería a cada habitante al iniciar los ochenta.

Por otro lado, y considerando a la población asalariada, se tiene que su participación en el ingreso total declinó de 37.5% en 1981 a 24.8% en 1989 (CUADRO 5), esto es, que el proceso de concentración del ingreso se agudizó, correspondiéndole a la población trabajadora menos de una cuarta parte de la riqueza nacional (Gráfica II).

CUADRO 5
Composición del Producto Interno Bruto
(miles de millones de pesos)
Año PIB Remuneración
de asalariados
Participación
(%)
Excedente
de explotación
1980 4,4,70.1 1,610.9 36.0 2,516.3
1981 6,127.6 2,295.4 37.5 3,374.6
1982 9,797.8 3,450.2 35.2 5,489.7
1983 17,878.7 5,247.7 29.4 11,305.2
1984 29,471.6 8,444.8 28.7 18,651.3
1985 47,391.7 13,589.8 28.7 29,374.4
1986 79,535.6 22,605.2 28.4 50,611.6
1987 193,701.4 51,362.2 26.5 123,628.6
1988 392,714.9 101,284.3 25.8 255,863.6
1989 511,537.5 126,625.3 24.8 337,123.6
Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Cuentas Nacionales.

Otro indicador contundente del saldo negativo de la crisis es el que se observa en la situación de los salarios reales, mismos que sufrieron una severa contracción de alrededor del 50% en el periodo 1982-1988.

Considerando la tasa media anual de crecimiento del salario mínimo entre 1976 y 1990 (CUADRO 6), se registran decrecimientos de 4.6%, 7.1% y 13.7% en los sexenios de López Portillo, Miguel de la Madrid y Salinas de Gortari, respectivamente.

CUADRO 6
Salario mínimo general mensual nominal
y real 1970-1990
Año Salario mínimo
mensual
1)
Salario mínimo
mensual real
2)
Indice del
salario real
Tasa media anual
de crecimiento
por sexenio
1976 2,162.35 2,162.35 100.0
José López Portillo
1977 2,772.48 2,150.88 99.5
1978 3,146.10 2,076.63 96.0
1979 3,641.31 2,033.11 94.0
1980 4,276.98 1,889.96 87.4
1981 5,564.72 1,922.18 88.9
1982 7,814.98 1,698.91 78.6 - 4.61
Miguel de la Madrid Hurtado
1983 13,115.37 1,412.38 65.3
1984 20,232.00 1,316.76 60.9
1985 31,490.97 1,299.24 60.1
1986 53,736.57 1,190.47 55.1
1987 117,297.40 1,120.92 51.8
1988 218,875.82 976.65 45.2 - 7.11
Carlos Salinas de Gortari
1989 247,862.60 921.66 42.6
1990 277,824.99 795.28 36.8 - 13.71
Fuente: Tomado de: Rafael Sánchez Berlanga. "Los salarios de la modernidad", en El Cotidiano, Nº. 38, 1990, p.36
1) Ponderado por el número de meses que rigió el anterior y el nuevo salario mínimo legal.
2) Deflactado con el INPC, 1976 = 100

En suma, a partir de la política neoliberal se incrementaron los pobres del país de 32.6 millones de personas en 1981, a 49.9 millones en 1988, afectando a más del 60% de la población, incluyendo a 18 millones que padecen pobreza extrema (Enrique Hernández Laos, 1990).

DESEMPLEO Y BIENESTAR EN LA CIUDAD DE MÉXICO

Para 1990, y de acuerdo a los resultados del XI Censo General de Población, el país tenía 81,249,645 habitantes, con 31,320 localidades urbanas, residiendo en ellas el 71% de la población nacional, 58 millones. Indice del proceso de urbanización alcanzado, ya que para los años setenta el porcentaje de población urbana era 50% del total.

En cuanto a las zonas metropolitanas de las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey, éstas albergaban para 1990 a una cuarta parte de la población, es decir, a 20 millones de habitantes. En lo particular, el Area Metropolitana de la Ciudad de México (AMCM) tiene 15 millones de habitantes y está conformada por 16 delegaciones y 27 municipios conurbados del Estado de México. En relación a su volumen poblacional es 5 veces más grande que el Area Metropolitana de Guadalajara, 6 veces mayor que la ciudad de Monterrey y se ubica entre las 3 ciudades más pobladas del mundo (Carlos Jarque, 1992).

La Ciudad de México se constituye así en fiel reflejo de los avances y retrocesos que a nivel económico, social y político vive el país.

Desde los años ochenta, ha sido escenario fundamental de los efectos regresivos de la crisis, particularmente cuando la política de austeridad limita el gasto público destinado a desarrollo urbano, así como el gasto de capital dedicado a reinversión productiva.

El crecimiento urbano, bajo esta situación, es mayor que el económico, o sea que el flujo de inmigrantes al AMCM es mayor que la expansión del mercado de trabajo, lo que incide en el desempleo y en el subempleo y, por supuesto, en los niveles de bienestar.

En relación a la tasa de desempleo que detentan las principales áreas urbanas del país, se indica que ésta ha venido disminuyendo y que en el periodo 1988-1992, decreció de 3.5% a 2.9% (INEGI, 1992).

Sin embargo, en términos desagregados y comparándola con el PIB, se observa (CUADRO 7) que en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, la tasa de desempleo abierto no siempre disminuye y tiene una correlación negativa con la tasa de crecimiento del PIB.

Para la Ciudad de México, en los años en que la producción se decrementó, 1983 y 1986, la tasa de desempleo se incrementó y viceversa (Gráfica III)

CUADRO 7
Crecimiento del PIB y tasa de desempleo
abierto en áreas urbanas
(porcentajes)
Tasa de desempleo abierto
Años PIB Cd. México Guadalajara Monterrey
1982 - 0.60 4.90 3.80 4.90
1983 - 4.10 6.50 7.50 9.80
1984 3.60 5.80 6.10 7.50
1985 2.60 4.90 3.40 5.40
1986 - 3.80 5.10 3.20 5.40
1987 1.70 4.40 3.00 5.30
1988 1.40 4.30 2.50 4.00
1989 3.10 3.70 1.70 3.10
1990 3.90 3.30 1.60 3.40
1991 2.90 1.90 3.40
Fuente: INEGI, Cuentas Nacionales; INEGI, Encuesta Nacional de Empleo Urbano.

Ahora bien, si observamos la evolución de la estructura del empleo, se evidencia otro aspecto de la problemática referido a la participación de la población económicamente activa en actividades diferentes a las asalariadas, como trabajadores por cuenta propia, sin remuneración, subcontratistas, etc., esto es, el desarrollo de la economía informal ante la incapacidad de la sociedad para ofrecer empleos suficientes y bien remunerados que hagan posible el mejoramiento de la calidad de vida.

Revisando información publicada por INEGI (CUADRO 8), para 1982-1989 se tiene que a medida que la proporción de asalariados disminuye su participación en el total de los trabajadores, aumenta la proporción de los empleados por cuenta propia y de los trabajadores sin remuneración.

Así que mientras los asalariados disminuyeron su participación de 81.2% a 73%, los empleados por cuenta propia aumentaron ésta de 13.3% a 17.6% y los trabajadores sin remuneración de 2.7% a 5.0%, respectivamente.

CUADRO 8
Estructura del empleo en zonas urbanas
Años Asalariados Empleados Trabajadores
por cuenta propia
Trabajadores
sin pago
Otros * Total
1982 81.2 2.8 13.3 2.7 0.0 100.0
1985 76.5 3.7 14.8 5.0 0.0 100.0
1988 73.7 4.3 16.7 5.1 0.2 100.0
1989 73.0 4.2 17.6 4.9 0.3 100.0
1990 73.7 4.2 17.4 4.5 0.2 100.0
1991 74.2 4.6 16.5 4.5 0.2 100.0
* Incluye a los trabajadores cooperativistas, subcontratistas, y otros trabajadores.
Fuente: Elaborado con base en datos de la Encuesta Nacional de Empleo Urbano, INEGI, varios años.

Ante esta situación, el Estado diseña una política de mejoramiento social, que se ve condicionada al pequeño margen de maniobra que le deja la política de austeridad.

En este contexto se postula que los sectores sociales deben asumir su propia responsabilidad para el logro del bienestar, aunque se acepta que la población no dispone de recursos propios para llevarla adelante.

Obviamente lo que se requiere es mejorar sustancialmente el empleo, acompañado de una política de distribución del ingreso más justa; se requiere, en suma, llegar al fondo del problema si es que se busca entrar al sendero del desarrollo integral.

Erradicar el desarrollo con pobreza, sin duda, hará resurgir las potencialidades creativas de una población aletargada por la sumisión económica.


BIBLIOGRAFÍA

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