Gestión y estrategia / No. 14 / Julio-Diciembre, 1998 /
UAM-A

Ubicación teórica y conceptual de los estudios prospectivos: relación con el método de escenarios en la enseñanza universitaria de la administración

Bertha G. Lozano Avilés
Jaime Ramírez Faúndez
Enrique Vázquez Garatachea


El perfil académico-profesional del administrador:
algunas reflexiones en torno a su configuración
Problemas conceptuales y metodológicos del ejercicio prospectivo
Definición de los principales conceptos de un ejercicio prospectivo
Metodologías de los ejercicios propectivos:
El método de escenarios
Evolución y caminos
El momento estratégico
Conclusiones
Fuentes Bibliográficas

 
Desde hace varios años, al interior del Departamento de Administración de la UAM Azcapotzalco nos preguntamos acerca de la pertinencia y actualidad de nuestro plan de estudios. De estos cuestionamientos nace una reflexión dirigida, sobre todo, a las cuestiones relacionadas con los propósitos y características esenciales que debería tener un programa o curricula de estudio para la licenciatura de administración que permitiese, por un lado, mantener el espíritu y propósitos del modelo de universidad pública formulado por nuestra institución y, por otro, que le posibilitara adecuarse a las necesidades y demandas provenientes del aparato productivo, ahora en un profundo proceso de transformación, en la búsqueda de su supervivencia entre las turbulencias y dinámicas de una competitividad impuesta por los procesos y redes globalizadores.

Con este trabajo intentamos participar de manera eficaz en un diálogo que debiera involucrar a toda la comunidad, mediante una reflexión basada, además de en la intuición o pericia (emanada de forma inmediata de nuestra experiencia como docentes), también en el análisis y conclusiones derivadas de investigaciones en el ámbito de la temática del programa de estudios. El propósito de nuestra investigación pretende realizar estudios prospectivos acerca de la probable evolución del entorno y de las conductas estratégicas de los actores que, en forma decisiva, determinan las demandas referidas a la formación de los profesionales universitarios de la administración, mismas que, bien sabemos, deben ser tomadas en cuenta en la configuración del perfil de un administrador, considerando como referencia obligada las necesidades de la propia licenciatura.

En esta oportunidad queremos informar de los resultados alcanzados en esta tarea, referidos a las dificultades y soluciones sugeridas por nuestro equipo en torno a la ubicación teórica y conceptual de los estudios prospectivos y, en particular, a las cuestiones relacionadas con el método de escenarios aplicados a la temática de la enseñanza profesional universitaria de la administración.

Es preciso anotar además, que la actualidad del tema no proviene únicamente de nuestras inquietudes como miembros de una universidad pública atenta a las demandas del mundo productivo, ya que también, y quizá más importante es que intentamos reaccionar ante el cuestionamiento de los paradigmas de comprensión teórica con los cuales procuramos explicar la realidad, lo cual está estrechamente relacionado con los problemas teóricos y conceptuales no resueltos que hemos ubicado en la revisión bibliográfica efectuada sobre este tema.

Nos referimos sobre todo a las características que asume la complejidad del entorno y a la distinta naturaleza que adopta la incertidumbre, misma que los actores deben disminuir en pos de la consecusión de sus objetivos estratégicos al interior de las redes globales.

Para efectos de la exposición dividiremos el trabajo en tres apartados: el primero se dedica a la delimitación de la temática y a la ubicación de las cuestiones teóricas más importantes involucradas en los intentos de comprensión y apropiación práctica de los problemas relacionados con los desafíos que enfrenta la educación superior; al perfil profesional y las competencias requeridas en un mundo del trabajo desmaterializado, así como a la evolución del entorno que impone la necesaria modificación de las conductas y estrategias de los actores sociales inmersos en un mundo globalizado que carece de sentido y de proyecto.

El segundo apartado enuncia los problemas conceptuales y metodológicos que se derivan de las dificultades para efectuar estudios prospectivos, ya que cuando se incrementa drásticamente la complejidad y la incertidumbre, cambia de naturaleza. Y, por último, el tercero lo dedicamos a un análisis de diferentes propuestas metodológicas y conceptuales en torno a los estudios prospectivos, con particular énfasis al método de escenarios. Finalizamos la exposición con algunas conclusiones que serán utilizadas para el ulterior desarrollo de nuestra investigación.
 

El perfil académico-profesional del administrador:
algunas reflexiones en torno a su configuración

La adecuación permanente del perfil académico profesional es una preocupación sustancial del trabajo universitario que intenta superar la brecha existente entre la generación de nuevos conocimientos (dinámica, extensión y profundidad) y las capacidades individuales e institucionales para aprehender, reproducir y difundir los conocimientos acumulados, a la vez que subsanar las deficiencias del proceso de formación que inhiben un pleno desarrollo de la imaginación, la capacidad creativa, los talentos, habilidades y destrezas de nuestros alumnos. Esta preocupación que parece no tener fin ni límite es parte constitutiva de cualquier empresa pedagógica, así como responsabilidad permanente de todo educador.

Sin embargo, aparecen urgencias y demandas de la sociedad que hacen olvidar que la preocupación por la calidad de la educación es esencial, y en primer instancia una preocupación del educador pues ésta depende, en gran medida, de la relación que se establezca con el educando. Sentada esta premisa veamos el sentido y origen de las demandas externas por mejorar sensiblemente la calidad del proceso educativo en la enseñanza superior. A continuación dedicamos nuestra atención hacia las determinaciones  objetivas que intervienen en la configuración del perfil académico profesional.

Dos procesos parecen determinantes en el origen y contenido de las demandas para una mejor educación. Uno es el proceso de globalización, el otro, el rápido desarrollo, extensión y profundidad que se observa en el conocimiento científico y tecnológico. Ya bastante se ha hablado de estos procesos; en esta ocasión nos interesa resaltar algunos aspectos que consideramos medulares; comencemos con la globalización.

El despliegue planetario de una competencia exacerbada que no deja ningún espacio inmune, es una nueva característica que asume el capitalismo como proceso mundial. Anteriormente el patrón de acumulación no sólo permitía la coexistencia de mercados distintos, regulados por diversos modelos de acumulación y de eficiencia sino, más aún, se reproducía en esta diferencia.

Uno de los efectos más destacados de lo anterior, es la imposición de un paradigma único del quehacer eficiente. Su apropiación por parte de los productores determinará en forma inmediata sus capacidades competitivas y, por tanto, su existencia como productor.

Aquellos que no puedan, no sepan o no quieran adoptar ese patrón de eficiencia se verán excluidos del mercado, pues los mercados diferenciados o protegidos desaparecerán rápidamente. Si la premisa es cierta, nuestra permanente preocupación por formar profesionales para mercados particulares, específicos de los países en desarrollo, ya no tendría mucho sentido. Parece ser, en cambio, que la tendencia es hacia la homogeneización del proceso de formación de los egresados de la educación superior.

Veamos ahora algunos aspectos del progreso científico y tecnológico con relación a las necesidades de formación educativa; tales avances modifican de manera ineluctable las calificaciones que requieren los nuevos procesos de producción. Las máquinas e instrumentos se vuelven más inteligentes al ser guiados por sistemas y procesos capaces de discernir y aprender de sus propios errores. Junto a ello, observamos una creciente desmaterialización del proceso productivo. Una parte importante del excedente está constituido en las sociedades modernas por bienes intangibles.

En este contexto, las tareas exigen cada vez más capacidades intelectuales tales como el diseño, el estudio y análisis de procesos complejos e interactivos que se realizan al interior de estructuras organizacionales y funcionales donde se disminuyen drásticamente las jerarquías y las tareas se desarrollan con base en proyectos llevados a cabo por equipos constituidos por trabajadores polivalentes. En este sentido, los trabajadores dejan de ser apéndices de las máquinas, objetos intercambiables. Ahora las tareas se personalizan.

Por estas razones la idea de una calificación precisa, específica, ligada a la idea de la pericia material ya no es determinante para conseguir empleo. En la actualidad las empresas exigen de sus trabajadores potenciales un conjunto de competencias específicas que combinen la calificación propiamente dicha, adquirida mediante la formación técnica y profesional, el comportamiento social, la aptitud para trabajar en equipo, la capacidad de iniciativa y la capacidad de asumir riesgos; en síntesis, un trabajador como sujeto del cambio que pone su empeño personal en éste.

Entonces las capacidades de aprendizaje, de comunicación  y trabajo en equipos; la de enfrentar y solucionar conflictos así como la capacidad para establecer relaciones estables y eficaces entre las personas parecen ser los requisitos indispensables para la adquisición de un empleo. A ello se debe agregar otra, la de acopiar y procesar informaciones específicas y personalizadas, destinadas a un proyecto específico.

Una primera conclusión que podría deducirse es que lo primero es aprender a conocer. Aquí, sin embargo, hay que tener en cuenta los rápidos cambios derivados de los avances de las ciencias y de las nuevas formas que asumen las tareas económicas. Parece conveniente compaginar una cultura general, suficientemente amplia, con la posibilidad de estudiar a fondo un número reducido de materias destinadas a la obtención de pericias específicas. Esta cultura general sirve de pasaporte para una educación permanente, en la medida en que supone un aliciente y sienta las bases para el aprendizaje para toda la vida.

Otra de las cuestiones importantes a considerar consiste en el aprender a hacer. En este sentido, conviene no limitarse a conseguir el aprendizaje de un oficio sino más bien, facilitar la adquisición de una competencia que permita hacer frente a numerosas situaciones, algunas imprevisibles, facilitando el trabajo en equipo.

En este contexto, la formación profesional debe ser comprendida como parte de un sistema mayor, aún más integrante, de una sociedad educativa basada en la adquisición, la actualización y el uso de los conocimientos. Mientras que la sociedad de la información se desarrolla multiplicando con ello las posibilidades de acceso a los datos y a los hechos, la educación debe permitir que todos puedan aprovechar dicha información, recabarla, relacionarla, ordenarla, manejarla y utilizarla.

En este sentido, se deben reconsiderar y unir las distintas etapas del proceso educativo bajo el supuesto de una educación para toda la vida que, entre sus ventajas, otorga flexibilidad, diversidad y accesibilidad en el tiempo y en el espacio y cuyo propósito es la estructuración continua de la persona, de sus conocimientos y aptitudes pero también de sus facultad de juicio y acción.

La Universidad debe diversificar su oferta constituyéndose como la plataforma privilegiada de la educación para toda la vida, con este fin debe abrir sus puertas también a los adultos que quieran reanudar los estudios, adaptar y enriquecer sus conocimientos o satisfacer sus ansias de aprender en todos los ámbitos del saber científico, tecnológico y cultural.
 

Problemas conceptuales y metodológicos del ejercicio prospectivo

Incremento de la complejidad y cambio de naturaleza de la incertidumbre

Una de las preocupaciones constantes que es posible ubicar en casi todos los autores dedicados al análisis de los principales problemas que enfrenta la sociedad contemporánea es, sin duda, la intensidad y la velocidad de los cambios que ha tornado al mundo cada vez más complejo y ha impregnado a los acontecimientos de una incertidumbre cuya calidad aún no podemos claramente identificar.

Para los miembros de las sociedades modernas, la permanente modificación de las condiciones de vida no representa una gran novedad. Nuestro mundo se ha caracterizado, justamente, por un cambio permanente en todo orden de cosas y a tal situación nos hemos adaptado. Más aún, podría incluso argumentarse que para los individuos en las sociedades del presente, la idea del cambio permanente de alguna manera se ha constituido como una forma regular de concebir la vida y hasta la concepción misma de bienestar está estrechamente ligada a la presencia de la novedad, del cambio como tal, en tanto se vincula de forma inmediata con nuevas y mejores formas de satisfacer las necesidades.

Sin embargo, a pesar del cambio permanente el mundo era en gran medida previsible pues a pesar de la constante variación no se consideraba desconocido. En la actualidad las circunstancias son otras. La acentuada aceleración del cambio genera una realidad que resulta incomprensible al menos de manera inmediata; con ello la previsión se dificulta.

En efecto, conjuntamente con modificar los productos, sistemas y estructuras productivas y de consumo, la intensidad y dinámica del cambio diluye todas las certezas, generando una incertidumbre de otro tipo, de otra calidad. Algunos autores plantean, incluso, que nos enfrentamos a un cambio de la naturaleza misma de la incertidumbre y que la nueva forma de ésta en ningún caso puede ser aprehendida y mucho menos manipulada con los métodos, conceptos y supuestos teóricos con los que hasta ahora se pretende conocer y predecir el comportamiento de la realidad.

En lugar de la regularidad que al parecer anteriormente existía, entre las causas y sus efectos, nos enfrentamos a fenómenos irregulares que escapan a nuestra comprensión y, por tanto, disminuyen drásticamente las capacidades de manipulación de la realidad. Estamos frente a un proceso de transformación que no se explica únicamente como producto de una evolución acumulativa y acelerada de los fenómenos y procesos que conforman la realidad.

Por el contrario, encaramos una evolución acelerada drásticamente que genera turbulencias y zonas de inestabilidad que tienden a permanecer, conformando estructuras que alteran notablemente la morfología de los fenómenos. Además, se constituye un campo propicio para las mutaciones (salto cualitativo que conduce a una nueva calidad de fenómenos); de allí es que podemos explicar la inusual proliferación de la diversidad y que, al mismo tiempo, nos permite razonar en torno a las inesperadas y frecuentes fluctuaciones que son, en última instancia, los responsables de la sorprendente variedad y riqueza de formas y estructuras que observamos en la realidad.

Esta situación nos llevó a plantearnos la siguiente hipótesis de trabajo: el vertiginoso mudar de la realidad y la irregularidad con que se presentan los fenómenos son características propias de las etapas de transición. Es una transición doble, y a su vez estaría doblemente determinada.

Lo anterior quiere apuntar el hecho de que estamos presenciando la transición simultánea de dos procesos de suma importancia en la sociedad contemporánea, y aunque recíprocamente determinados y potenciados, deben analizarse en forma separada dado sus alcances y la magnitud de sus consecuencias. Nos referimos, por una parte, a la transición que se inaugura ante el declive de un paradigma científico dominante (ante la pérdida de su capacidad explicativa), lo que permite la irrupción de nuevos paradigmas que refutan y pretenden otorgar nuevas formas de comprensión de la realidad y, por otra, a la transición abierta a partir de la superposición de dos patrones de acumulación o, mejor dicho, la superposición de dos lógicas distintas de acumulación, lo cual se revela en la metamorfosis que experimenta el proceso de generación de valor en las empresas “valor-conocimiento” donde, de manera inmediata, la generación de nuevo valor depende de la apropiación, por partes de los productores, de las formas más avanzadas del conocimiento.

En este contexto, destacamos la aparición de ciertas estructuras organizacionales particulares denominadas por Prigogine como estructuras de “no equilibrio” o “estructuras disipativas”. Dichos conceptos, originalmente acuñados para el análisis de una nueva calidad de fenómenos de la materia, se han trasladado al campo de las ciencias sociales bajo el supuesto de que las capacidades de adaptación y de estructuración del comportamiento y de las interacciones humanas –ubicadas en un estado de transición–, pueden aprehender de a partir de dos características fundamentales de los sistemas dinámicos no lineales, capaces de verificar transiciones bajo condiciones de no equilibrio: la aparición y permanencia de estructuras de no equilibrio y la “bifurcación” hacia nuevas ramas de solución (fuente de innovación y diversificación dado que dota a los sistemas de un tipo nuevo de soluciones). Estas características, pensamos, podrían utilizarse en la comprensión del comportamiento e interacción entre los actores sociales, sus organizaciones e instituciones. Lo anterior sustenta el supuesto de que los modelos dinámicos no lineales, con sus posibilidades para la evolución y el cambio, son los más adecuados para la descripción de los problemas actuales de las organizaciones económicas sujetas a un proceso incesante de innovación, en el contexto de una época de transición en que prolifera la diversidad y se incrementan los niveles de complejidad y de incertidumbre.

Si lo anterior es correcto, deberíamos introducir nuevas categorías de análisis para la aprehensión de la realidad, pues en una etapa de transición deben enfrentarse fenómenos complejos e irregulares que no pueden reducirse, ni mucho menos comprenderse a partir de determinaciones causales lineales y unívocas, como tampoco se explicarán por determinaciones teleológicas que no consideren los juegos estratégicos de los actores en condiciones de extrema complejidad, vasta dinámica y altos niveles de incertidumbre.

De aquí , pensamos, se puede justificar el cambio de perspectiva propuesto, que enfoca su atención sobre procesos muy singulares en los cuales emergen estructuras sistémicas que no requieren (mejor dicho, no buscan) recuperar las condiciones del equilibrio y, por el contrario, se reproducen en ella. Esta idea se genera en la física del no equilibrio (teoría de sistemas dinámicos) y sustenta el hecho de que la materia se comporta de una forma radicalmente distinta en condiciones de no equilibrio, en donde los fenómenos irreversibles desempeñan un papel fundamental. En tales condiciones surgen correlaciones de largo alcance; con lo cual aparece una nueva coherencia, revelándose así el papel creador de este tipo de estructuras. Dichas estructuras espaciotemporales son imposibles de realizar en equilibrio y, al parecer, sólo existen mientras el sistema disipa energía y permanece en interacción con el mundo exterior (Prigogine,1997).

La utilidad del traslado de esas categorías analíticas propias de la física para facilitar una mejor comprensión de los fenómenos sociales, radica, a nuestro parecer, en la posibilidad de distinguir un nuevo tipo o clase de determinación de la turbulencia propia de la transición: la probabilística. Se podría afirmar, entonces, que los acontecimientos sociales estarían triplemente determinados.

La primera determinación es la teleológica. En alguna medida, los fenómenos sociales están determinados por las metas y aspiraciones humanas a través de las cuales los sujetos sociales pretenden, de manera deliberada, transformar la realidad con el fin de realizar sus propios intereses.

La segunda determinación es la denominada causal. Al igual que en los fenómenos naturales (hasta hace muy poco se pensaba que así actuaba la naturaleza), existen determinaciones objetivas; es decir, independientes de la voluntad de los sujetos. A partir de la observación del comportamiento de la naturaleza, se le conoce y sistematiza al amparo de una relación lineal, unívoca, de carácter necesario, entre las causas y efectos. Lo anterior posibilitó que las ciencias naturales alcanzaran la certidumbre, asociada a una descripción determinística de la realidad.

La tercera determinación es visible en estructuras disipativas o de no equilibrio, las que se guían por las leyes probabilísticas, tema que posteriormente abordaremos en la parte dedicada al plan como ejercicio social.

Lo que nos interesa destacar en este momento, es que la probabilidad, el determinismo causal y la determinación teleológica, no se oponen sino que más bien se complementan. Es justamente, a nuestro juicio, que en este equilibrio reside la capacidad de una interpretación eficaz de la realidad cambiante, propia de una etapa de transición.

Veamos algo más acerca de esta determinación probabilística. En la evolución de un sistema que se encuentra en una etapa de disipación de energía se producen fenómenos irreversibles que abren un punto de bifurcación al interior del proceso evolutivo. De esta ramificación emergen varias soluciones y la elección de éstas es dada por un proceso probabilístico. Una importante propiedad de estas bifurcaciones es su acrecentada sensibilidad, la cual se hace explícita en el hecho de que bastan pequeñas variaciones para romper la simetría; la regularidad y, por tanto, las probabilidades de la emergencia de nuevas estructuras, radicalmente distintas a las antiguas estructuras de equilibrio, es muy alta. ¿Lo anterior podría explicar nuestro concepto de transición? Creemos que sí, pero también podría servir para comprender algo más acerca de la complejidad y de la nueva calidad que adopta la incertidumbre.

Estos serán los temas siguientes; iniciamos con la complejidad. En el lenguaje cotidiano, ésta se asocia frentemente con complicación, esto es, con el incremento del grado de dificultad para comprender un suceso o para manipular ciertos eventos. Sin embargo esta identificación no resulta suficiente para comprender la evolución, diversificación e inestabilidad que transita por doquier.

Al iniciar la búsqueda sobre el origen del término, lo vemos asociado indisolublemente con la biología. Efectivamente, en ese dominio del saber los organismos complejos se inician en el momento en que se acumulan y diversifican las moléculas formadas por cadenas de carbono o moléculas orgánicas, a partir de la cualidad de esta clase de átomos que pueden conformar ...una cantidad ilimitada  de cadenas distintas en su tamaño, ramificación, plegamiento y composición (Maturana y Varela 1984: 22), lo cual favorece la diversidad morfológica y química de las moléculas orgánicas, lo que permite, precisamente, la existencia de los seres vivos.

Posteriormente, en este mismo campo del saber la complejidad enuncia ciertas capacidades de algunos componentes moleculares que permiten la unidad autopoiética celular, lo que a su vez posibilita el establecimiento de una red continua de interacciones dinámicas conocidas como metabolismo celular. En este paso es cuando percibimos la aparición de un borde, límite o membrana, esto es, una cierta arquitectura espacial, en la cual se integra una precisa red de transformaciones que permite la conformación de una organización, aquello que lo define como una unidad autónoma; de acuerdo a Maturana, es aquella unidad o sistema capaz de especificar su propia legalidad.

De estos aportes es preciso rescatar dos cosas: la complejidad se explica a partir de un proceso evolutivo de transformación por etapas sin discontinuidad. Igualmente, la complejidad posibilita la organización y se reproduce en ésta, y se entiende por organización al conjunto de relaciones que deben existir entre los componentes de algo y al interior de una misma estructura, para que se reconozca como miembro de una clase específica. La transformación por etapas continuas y la organización conforman las unidades autopoiéticas, organizaciones capaces de generar las condiciones de su autoproducción mediante la interacción continua y estable entres sus componentes internos y entre la organización y su entorno.

Otra contribución importante sobre el tema de la complejidad la encontramos en los trabajos de Luhman acerca de las decisiones al interior de las organizaciones. Para este autor un sistema es complejo cuando por su tamaño (número de elementos incluidos) las interacciones o combinaciones entre sus elementos no se pueden dar entre todos y cada uno de sus elementos, por lo que las relaciones deben producirse selectivamente.

En efecto, un cálculo matemático nos indica que un incremento aritmético en el número de elementos provoca el aumento geométrico del número posible de interacciones, y dados los límites en las capacidades de control y autoregulación de los sistemas, se impone la selectividad interna. Así, los elementos no estarán determinados únicamente por su número y característica común sino que también, serán calificados diferencialmente de acuerdo con la relación en que se encuentran con respecto de otros elementos del sistema. En resumen, la complejidad disminuye la potencialidad para relacionarse internamente, de manera inmediata y universal entre todos y cada uno de los elementos del sistema.

La síntesis que realizamos de estas dos visiones referidas a la complejidad pretende integrar ambas perspectivas. La complejidad sería resultado de un proceso evolutivo, en el cual la transformación en etapas continuas allana la integración e interrelación estable entre un determinado conjunto de elementos entre sí y con su entorno, lo cual interviene, necesariamente, en la conformación de unidades autónomas y autopoiéticas. De Luhman se rescata la idea de un proceso de selectividad interna y de mediaciones que regulan, posibilitan, ordenan y otorgan cierto sentido a la densa red de interrelaciones en un sistema complejo.

Las cuestiones aún por resolver con relación a la complejidad son: ¿cómo debe ser comprendida en una etapa de transición cuando se acelera drásticamente la evolución? y ¿cómo explicar la aparición de estructuras de no equilibrio que se reproducen en la inestabilidad y en la irregularidad? Como se puede observar, resulta necesaria una ulterior reflexión de la complejidad en etapas de transición para comprender con claridad la proliferación de la diversidad y la aparición de estructuras que se reproducen sin tener que repetir las condiciones del equilibrio sistémico, como el caso de las estructuras disipativas. (Prigogine,1977).

Por su parte, la incertidumbre, definida como las amenazas y oportunidades que presenta el devenir, siempre ha acompañado a las actividades humanas. Su naturaleza primaria reside en la necesidad natural. En otras palabras, en la actuación imprevisible e incontrolable de los factores naturales que limitan o impiden la realización de las metas. Sin embargo, surge otra clase de incertidumbre, la que por ahora llamaremos artificial. Este tipo singular de incertidumbre se genera al asignar los recursos a través de los mecanismos endógenos y espontáneos del mercado capitalista. En efecto, la incertidumbre “artificial” o económica surge en un momento histórico específico: la consolidación del sistema económico de mercado a partir de una situación que le es inherente: la comprobación de la racionalidad es expost. Veamos que nos quiere decir jerga económica.

Los productores en el mercado en tanto individuos atomizados, no buscan otra cosa que la realización de su interés privado. En pos de este objetivo, establecen relaciones con otros individuos procurando la realización de la transacción económica en la cual, como productores, realizan su ganancia; y como consumidores adquieren bienes para satisfacer sus necesidades. Estas interrelaciones, cuyo único fin es asegurar la transacción, están reguladas por la competencia.

Con relación a la incertidumbre, postulamos la idea de que en las etapas de transición, necesariamente, adquiere una naturaleza distinta, por tanto no puede reducirse por medio de los modelos y métodos habituales para los ejercicios de previsión. De lo anterior se puede deducir que no es sólo un cambio de modelos, técnicas y métodos lo que se requiere para manipular esta nueva clase de incertidumbre. Por el contrario, se requiere, entre otras cosas, la adopción de un nuevo paradigma teórico que facilite la comprensión de estos fenómenos que rebasan la normalidad.

Ubicando lo anterior en el contexto de los ejercicios prospectivos, se observa que contiene, al menos, las siguientes implicaciones: el ejercicio prospectivo deberá encontrar y ubicar una forma distinta de aproximación a los fenómenos que busca interpretar, igualmente deberá readecuar los métodos y conceptos para afrontar los problemas de una realidad rica en diversidad y variabilidad, lo que implica necesariamente el incremento de los niveles y grados de la complejidad al tiempo que modifica la naturaleza misma de la incertidumbre.

Estas respuestas deben incluir tolerancia hacia la ambigüedad; pluralidad de perspectivas; focalización hacia los problemas culturales, (en particular a los problemas de identidad) etcétera, condiciones que no pueden integrarse a los modelos e instrumentos de previsión concebidos para la comprensión y análisis de problemas regulares. Por el contrario, un ejercicio de previsión eficiente debe concebirse de forma tal que sea capaz de integrar elementos insuficientemente estructurados, pues de esta manera se propicia la aprehensión eficaz de la ambigüedad que prevalece en la realidad. Estas ambigüedades, incertidumbres, y diversidades que se dispersan profusamente en una acelerada dinámica generan turbulencias propias de situaciones de transición.

En este sentido, el ejercicio prospectivo debe concebirse desde sistemas inestables, abiertos y extraordinariamente sensibles a nuevas ramas de solución. En síntesis, debemos imaginar un ejercicio prospectivo para las estructuras de “noequilibrio” o “estructuras disipativas”, que no aseguran su reproducción en la recuperación de las condiciones del equilibrio. Esta situación de transición se caracterizaría por:

Definición de los principales conceptos de un ejercicio prospectivo

Después de la ubicación del contexto y señalados los dilemas teóricos y los problemas más importantes, pasamos a la definición conceptual de los términos más habituales utilizados en el análisis prospectivo. Iniciaremos presentando una aproximación diseñada a partir de nuestras propias reflexiones. Esta nueva forma de acercarse a los conceptos se fundamenta en la hipótesis de que los términos proyección, pronósticos, prospectiva y plan poseen nexos comunes en tanto comparten los tres momentos esenciales de todo ejercicio de previsión, a saber: la fijación de objetivos, la selección de medios y el cálculo instrumental que adecúa los medios a los fines. La identificación de estos fundamentos comunes nos guiará, posteriormente, a la caracterización de los elementos específicos de cada uno de estos instrumentos a través de los cuales se pretende auscultar el futuro.

Iniciamos con la definición de nuestro concepto de previsión. Si observamos a las comunidades humanas desde la perspectiva de su evolución histórica, veremos que una de las primeras formas de división social del trabajo se originó con los chamanes, hechiceros y magos. Estos interpretaban los signos presentes en la naturaleza con el propósito de hacer comprensible el universo y, con ello, el destino. De esta manera, se impregna de sentido el obrar humano y se asegura la cohesión social de su comunidad (Cassirer:1946). Los adivinos llevan a cabo su tarea formulando augurios, profecías y adivinaciones. Aunque estos ejercicios buscan de igual manera predecir o anunciar el futuro, no tienen la misma connotación que los ejercicios de previsión que se realizan en las sociedades modernas.

Para los miembros de las sociedades tradicionales, desde las sociedades más arcaicas hasta aquellas que anteceden a la modernidad, el futuro no era el principio articulador de la vida social. Para la mayor parte de estas comunidades, el futuro ya estaba escrito y era asumido por los miembros como su destino, como una etapa más del devenir al interior de una particular concepción cosmogónica que excluye al ser humano del proceso evolutivo de transformación. Esta concepción está sintetizada en el mito del eterno retorno. La preocupación por el devenir se reduce a lo inmediato en tanto lo trascendente se conoce a través del mito. Por tal motivo la auscultación del futuro tenía fines prácticos inmediatos tales como la resolución de una enfermedad, prevenir el comportamiento de las lluvias y, en consecuencia, el resultado de las cosechas. En síntesis, el conocimiento del futuro se refería a las peripecias y avatares que deben afrontar los individuos y sus comunidades, en el cumplimiento de su propio destino.

Para las sociedades modernas, en cambio, el futuro tiene un significado e importancia radicalmente distinta. La concepción del futuro tiene un fin utilitario preciso: disminuir la incertidumbre que se genera al interior de las actividades económicas. Después de estas consideraciones, a manera de introducción del tema, llega el  momento de dedicar nuestra atención al concepto de previsión. Postulamos que los ejercicios mencionados anteriormente son ejercicios de previsión, los cuales tienen elementos comunes:

Estos tres momentos son posibles de ubicar en todas las actividades humanas en tanto éstas sean predeterminadas teleológicamente. Veamos que significa esto. El trabajo podría definirse como aquella actividad humana específica, a través de la cual los miembros de la sociedad buscan apropiarse de la naturaleza a fin de satisfacer sus necesidades. Esta actividad humana transformadora está determinada teleológicamente. En otras palabras, es un proceso cuya secuencia y resultado final están predeterminados por una meta o fin. Sin embargo, esta no es la única determinación de la actividad humana. Falta mencionar la determinación causal. En efecto, la actividad humana está doblemente predeterminada: una es la determinación de tipo teleológico; la otra, de tipo natural, en cuanto, como seres vivos estamos sujetos a la legalidad de la naturaleza, presente en nuestro código genético. Veamos algo más acerca de la determinación teleológica.

La especie humana presenta una específica evolución en su interacción regular y estable entre los individuos y sus comunidades, el rasgo esencial de esta relación lo es que tal interacción es mediada por el lenguaje. En el ámbito lingüístico, más específicamente, en su desarrollo, es donde debemos buscar el origen y potenciación “del continuo incremento de la capacidad de hacer distinciones” lo que, a su vez, se constituye en fundamento de coordinaciones regulares que permiten conductas cooperativas entre individuos que conviven en una comunidad. Así pues, inicia el proceso de socialización a partir de la continua cooperación de una familia extendida (Maturana y Varela 1984:145).

De la misma manera podría explicarse la aparición de la conciencia y su ulterior desarrollo ya que, a diferencia de lo que se pensaba anteriormente, el tamaño del cerebro, aunque condición necesaria, no es condición suficiente para explicar el origen de la conciencia, capacidad singular de abstracción al parecer es propia y exclusiva del ser humano.  La consciencia es la facultad que permite un manipulación muy peculiar del tiempo. Unicamente “adelantando el tiempo”, esto es, situándonos en el futuro, podemos fijar metas, fines u objetivos. A su vez, “retrasando el tiempo”, podemos seleccionar los medios acumulados en el pasado; “en el presente” realizamos el cálculo instrumental que optimiza la relación entre fines y medios, operación que orienta la acción humana y le permite ordenar los procesos y sus secuencias. En este manejo del tiempo destaca la concepción del futuro.

La capacidad de concebir el futuro explica el origen de la predeterminación teleológica en tanto que deviene de ésta la presunción de algo existente únicamente en el porvenir, y que se hace efectivo, influye en el presente. Sin embargo, es difícil concebir que “algo no existente”, tiene presencia, que de algún modo se materializa, pues actúa en el presente de cierta forma. Más bien, tenderíamos a pensar que ese algo “preexiste” y se hace real de algún modo; de ahí su capacidad de conducción.
Ese proyecto tendría, pues, que anticiparse en su contenido, pero como algo irreal, por algún poder hecho presente, sin que por ello sea estrictamente real, en ese mismo presente que pretende influir.

Lo anterior es posible sólo en el interior de una conciencia. La conciencia tiene la asombrosa libertad de poder pensar o imaginar con tanta anticipación como se desee lo que todavía no es efectivo. Lo anticipado tiene, entonces, la manera de ser de algo existente sólo in mens, pero ahí existe de hecho antes de su posible realización. Es la manera del ser del pensamiento, de la intención, del fin propuesto. Veamos en forma esquemática cómo funciona.

Primer acto: proposición del fin en la conciencia saltando al flujo del tiempo; o bien, como anticipación de lo venidero.

Segundo acto: selección de los medios, partiendo del fin propuesto en la conciencia (predeterminación retroactiva).

Tercer acto: realización por medio de la serie de los medios seleccionados; proceso real en la linealidad del tiempo, en su transcurrir real, fuera de la conciencia.

Los actos primero y segundo ocurren exclusivamente in mens. Sólo son posibles por la singular autonomía de movimiento que tiene la conciencia, en la intuición del tiempo. En el tiempo real, en efecto, no puede desplazarse libremente ninguna cosa o persona, al estar todo ligado a su lugar temporal, sin poder salir de éste. Sólo en la imaginación el hombre puede colocarse en otros tiempos, demorarse en el pasado, anticipar lo venidero, acelerar, detener o hacer correr hacia atrás el flujo del tiempo. Sólo de esta manera es posible que seleccione los medios retrocediendo desde el fin propuesto, pues aquí tiene que recorrer, hacia atrás, la secuencia del tiempo.

El acto tercero, la realización del fin, no es sólo un proceso real, que transcurre en el sentido del fluir del tiempo real. Como casi todos los procesos, es también causal. En éste, los medios en serie, uno al otro, se afectan causalmente, al mismo tiempo que están predeterminados por un fin. El medio anterior produce causalmente al posterior y, todos juntos, forman una serie causal. La gran diferencia, respecto de otras series causales, es que en este caso los distintos miembros de la serie se eligen deliberadamente, justo para que produzcan causalmente el efecto deseado. Los procesos causales tienen también, sin duda, un sentido e incluso una dirección, por su contenido, pero en estos la dirección no está trazada previamente, sino que se limita a resultar de los factores causales mismos. Por lo mismo, el proceso no necesita limitación alguna.

Para finalizar esta parte dedicada a la previsión, queremos concluir afirmando que toda actividad humana está predeterminada (su secuencia y resultado final) por una meta o fin. Es, por tanto, una facultad genérica. Y, segundo, que todo ejercicio de previsión está compuesto por tres momentos: determinación de un fin o meta (anticipando el futuro); selección de medios (retrocediendo el tiempo); y realización de la actividad, lo que supone un cálculo que optimiza la relación entre medios y fines y una serie de medios, previamente seleccionados, que se determinan causalmente unos a otros.

Esta síntesis nos permite ratificar que la auscultación racional del futuro, que tiene como fin la reducción de la incertidumbre económica, además de ser un ejercicio de previsión, es también un ejercicio de cálculo; ambas características son esenciales para comprender este tipo de ejercicios.

Las proyecciones se basan en la regularidad de los fenómenos económicos. A partir de un conjunto de datos, que miden y califican interrelaciones funcionales y eventos del pasado, se efectúa una extrapolación temporal de los mismos, misma que se sustenta en modelos macroeconómicos y métodos matemáticos y estadísticos. El propósito básico de las proyecciones es lograr una estabilidad relativa, normalmente presente en el comportamiento de las tendencias económicas.
Justamente, a partir de dicha regularidad se pueden conocer estas tendencias, haciendo posible la construcción de una imagen del futuro de naturaleza probabilística. Las predicciones, en cambio, aunque se basan en los mismos métodos anteriores, se distinguir de las proyecciones por su carácter determinista: se presentan como enunciados irrebatibles, con pretensión de exactitud. Los pronósticos, por otra parte, pretenden ser juicios razonados acerca del comportamiento de una o más variables económicas que tienen una incidencia principal sobre los resultados finales de alguna actividad o evento.

Por último, el análisis prospectivo es un ejercicio de previsión fundado en una perspectiva holística, integral, en vez de las visiones parciales o desintegradoras de los acontecimiento económicos.
Además, combina los elementos cuantitativos y cualitativos, con lo cual posibilita el diseño de las imágenes de los futuros deseados, pues este ejercicio no propone únicamente “adelantar” el futuro sino también quiere construirlo, determinando las condiciones de su viabilidad.
 

Metodologías de los ejercicios propectivos:
El método de escenarios

los ejercicios prospectivos

El gran desencanto que ha provocado la planificación económica global ha dirigido la atención de los especialistas hacia la realización de los ejercicios prospectivos, pues a pesar de la “desilusión”, la preocupación de los actores económicos (frente a un incremento de la complejidad y de la incertidumbre), por anticipar los hechos y por reflexionar antes de actuar no ha desaparecido, por el contrario, se ha elevado notablemente y, en consecuencia, muchas veces se plantea este ejercicio prospectivo como una alternativa a la planificación económica. Creemos que esta última visión no es correcta. Ambos son ejercicios de previsión y cálculo y aunque poseen ámbitos, fines y tareas específicas que los particularizan, en la realidad resultan complementarios. Esta confusión tiene, sin pretenderlo, un efecto benéfico; ha contribuido a un desarrollo importante de los métodos del ejercicio prospectivo.

Como mencionamos anteriormente, el análisis prospectivo es un ejercicio de previsión fundado en una perspectiva holística, integral, contrario a las visiones parciales o desintegradoras de los acontecimientos económicos. Además, combina los elementos cuantitativos y cualitativos, con lo que hace posible el diseño de las imágenes de los futuros deseados, en tanto se pretende determinar las condiciones de su viabilidad. (no sólo los futuros deseados sino también los futuros probables). Para llegar a esta definición del análisis prospectivo se tuvo que luchar contra la confusión de términos y, al mismo tiempo integrar algunos elementos que no estaban presentes desde sus inicios.

En cuanto a la primera tarea M. Godet, (1991) ha hecho un aporte considerable. Define la proyección como la prolongación en el futuro de una evolución pasada de acuerdo con algunas hipótesis de extrapolación o de inflexión de tendencias. La previsión sería la apreciación, con un cierto grado de confianza (probabilidad) de la evolución de una tendencia hacia un horizonte dado.
Casi siempre se trata de una apreciación numérica efectuada a partir de datos del pasado y con base en algunas hipótesis. En el caso de la prospectiva, ésta se presenta como el panorama de los futuros posibles, es decir: de los escenarios que no son improbables teniendo en cuenta la determinación del pasado y la confrontación de los proyectos de los actores. Cada escenario (representación coherente de hipótesis) puede ser objeto de una apreciación numérica, es decir de una previsión. Y, por último, por planificación se debe entender aquella concepción de un futuro deseado así como los medios reales para alcanzarlo.

En la segunda tarea la preocupación es la incorporación y posterior integración de tres elementos que resultan claves para el ejercicio prospectivo: la alerta prospectiva, la voluntad estratégica y la movilización colectiva frente a las amenazas y oportunidades del entorno en función de los objetivos estratégicos. Estos axiomas son las tres reglas de oro de la cultura estratégica en pos de la competitividad y la excelencia, mismos que se resumen en la trilogía: anticipación, acción, apropiación.

Por otra parte, cabe destacar que la prospectiva no es neutra frente al futuro ya que busca intervenir en su conformación en función de los intereses de los actores que se ven beneficiados con la realización de esta clase de ejercicios. Por tanto, depende siempre de decisiones subjetivas con relación a la perspectiva con que se enfrentan los problemas; a las hipótesis formuladas para la interpretación de los mismos y; a los fines a través de los cuales los intereses se realizan. El intento de reducir la incertidumbre obliga a apostar por un futuro deseable y al mismo tiempo probable. La eficacia y credibilidad del ejercicio prospectivo dependerá entonces no sólo de la capacidad de prever los acontecimientos futuros, sino también de los elementos que brinda a la dirección y coordinación de actividades tendientes a conformar dicho futuro de acuerdo con los intereses de los actores que lo conciben y ejecutan. En ese sentido, los errores más comunes en que se incurren, tanto en el diseño como en la ejecución de los ejercicios prospectivos, pueden agruparse en tres tipos: el primer tipo de riesgo consiste en aplicar al futuro una hipótesis que finalmente no resultará cierta; el segundo tipo de riesgo consiste en excluir una hipótesis que finalmente resultará cierta, por último, el tercer tipo de riesgo consiste en no plantearse las preguntas adecuadas, es decir, en no integrar en la reflexión prospectiva las hipótesis o los acontecimientos que jugarán un papel determinante para el futuro.

Cabe señalar, por otra parte, que la prospectiva pretende responder a tres necesidades que se presentan en todos los ejercicios de previsión:

Por último, es preciso advertir que la realización de ejercicios de previsión, particularmente los prospectivos mediante el método de escenarios, es una tarea compleja debido a que los métodos e instrumentos que forman el arsenal acumulado en este tipo de previsión –tanto en su práctica como en su reflexión–, revelaban insuficiencias y lagunas difíciles de colmar, las que tienden a incrementarse y adquirir complejidad cuando el ejercicio prospectivo se proyecta sobre fenómenos irregulares, de extraordinaria dinámica y versatilidad, que son, precisamente la expresión de una etapa de transición.

La prospectiva comprende al menos cinco conjuntos de tareas: aquellas relacionadas con la prospectiva y previsión; las dedicadas a los métodos de escenarios; las dirigidas a la identificación de las variables claves (el análisis estructural); las vinculadas a la comprensión de las conductas de los actores, (análisis del pasado y de los proyectos futuros) y aquellas orientadas a la reducción de la incertidumbre ( métodos de expertos).

En esta ocasión dedicaremos nuestra atención sólo a uno de los conjuntos mencionados, al método de escenarios. Recordemos que hemos ubicado los acontecimientos actuales como característicos de una etapa de transición en donde prolifera la diversidad, se incrementa la complejidad y la incertidumbre adopta una naturaleza distinta. En este contexto, el ejercicio de prospectiva, es decir el esclarecimiento de los escenarios más probables, debe ser concebido, diseñado y ejecutado con una perspectiva radicalmente distinta a la tradicional. El ejercicio prospectivo debe incluir grados de tolerancia hacia la ambigüedad; pluralidad de perspectivas; focalización hacia los problemas culturales (con particular énfasis en los de la identidad), etcétera, condiciones que no pueden ser integradas en los modelos e instrumentos de previsión concebidos para comprender problemas bien estructurados que se desarrollan en la regularidad y que pueden ser explicados a partir de una causalidad lineal unívoca.

Por el contrario, se debe ubicar el ejercicio prospectivo en un diseño que integre elementos insuficientemente estructurados, a través de los cuales se intentará la aprehensión de la ambigüedad y la incertidumbre que son inherentes a un estado de transición. Se requiere una previsión para sistemas inestables, abiertos y extraordinariamente sensibles a nuevas ramas de solución. Por lo tanto, cuando se intenta definir la prospectiva como el conjunto de previsiones por escenarios se habrán de tomar en cuenta los señalamientos hechos al ejercicio prospectivo.

El método de escenarios, orígenes y definiciones

El término escenario fue introducido en la prospectiva por H Kahn cuando publicó su libro El año 2000, en el que seguía un modelo propio de un género literario que ponía a la imaginación al servicio de una predicción. En Francia el equipo de la OTAM fue el primero en utilizar el método de escenarios con ocasión de un estudio de prospectiva geográfica realizado para la DATAR. Posteriormente, hacia el fin de los años setenta los norteamericanos Gordon, Elmer y Dalkey entre otros, desarrollaron varios métodos, formalizado de construcción de escenarios, la mayoría de ellos basados en entrevistas con expertos: DELFI, matrices de impactos cruzados, etcétera.

En la práctica no existe un solo método de escenarios, sino muchas maneras de construir escenarios. Sin embargo, a pesar de dicha dispersión existe cierto consenso para atribuir el calificativo a un análisis que comprende un cierto número de etapas precisas (análisis de sistemas, retrospectiva, estrategias de actores, elaboración de escenarios) y encadenadas en una secuencia lógica. Con mayor frecuencia, y para fines operativos, se ha coincidido en definir al escenario como aquel conjunto formado por la descripción de una situación a futuro y del curso de los eventos que permiten pasar de la situación de origen a la situación futura.

Tradicionalmente, se distinguen: los escenarios posibles, todo aquello que es posible imaginar; los escenarios realizables, aquello que es posible teniendo en cuenta las restricciones; y los escenarios deseables, que se encuentran en algún lugar dentro de lo posible pero que no todos son necesariamente realizables. Estos escenarios pueden clasificarse, según su naturaleza o su probabilidad como tendenciales, referenciales, contrastados o normativos.

El escenario tendencial corresponde al camino más probable, en todo momento en que se impone la elección, teniendo en cuenta las tendencias inscritas dentro de una situación de origen. De este modo, el escenario tendencial no corresponde necesariamente a una extrapolación pura y simple de las tendencias. Es el escenario más factible.

El escenario contrastado es la exploración de un tema voluntariamente extremo, la determinación a priori de una situación futura. Mientras que el escenario tendencial corresponde a un proceso exploratorio de un escenario de evolución hacia otro de situación, el escenario contrastado, a la inversa, corresponde a un proceso normativo. Se establece un escenario de situación futura en general muy contrastado respecto del presente y, regresivamente, se formulan preguntas acerca del camino para llegar al escenario propuesto, es decir, el escenario de evolución.

El escenario horizonte o escenario normativo procede del establecimiento, en primer lugar, de un futuro deseable del cual se examinan regresivamente la factibilidad y las condiciones de realización.

Objetivos del método de escenarios

La agudización de las incertidumbres, la multiplicación de las interdependencias, la aceleración del cambio y la acentuación de las inercias en otros sectores son algunos de los factores que se deben tomar en cuenta para la determinación de los objetivos de este método prospectivo, que entre sus tareas principales debe precisar:

El método de escenarios consiste precisamente en concebir los futuros posibles y explorar los caminos que conducen a éstos con miras al esclarecimiento de la acción. De acuerdo con las observaciones anteriores es posible afirmar que los objetivos del método de escenarios son los siguientes: Elaboración de escenarios

Teniendo en cuenta los factores motrices, las tendencias, las estrategias de los actores y los gérmenes de cambio verificados a partir de la fase anterior, se procede al método de escenarios, haciendo intervenir los mecanismos de evolución y confrontando las estrategias de actores (alianzas y conflictos posibles); así, la relación de fuerzas entre actores permite la construcción de escenarios.
No obstante, como algunos campos determinantes para el desarrollo del sistema son inciertos
–especialmente el resultado de los posibles conflictos entre actores–, se necesita elaborar hipótesis al respecto. Del mismo modo, como la evolución de las tendencias identificadas no siempre es cierta y son factibles algunas rupturas, también pueden requerirse hipótesis. A cada juego de hipótesis corresponde un escenario que podemos construir y cuya realización es más o menos probable.
 
Elección de las imágenes finales

 Si las posibilidades de evolución del problema estudiado se caracterizan por la realización o no de n hipótesis fundamentales, se obtienen dos imágenes elevadas a n finales posibles. El método SMIC permite obtener a partir de probabilidades asignadas a las hipótesis, una jerarquía de 2 elevado a n imágenes finales posibles, clasificadas por probabilidades decrecientes, y elegir la imagen correspondiente al escenario más probable, así como las imágenes finales de los escenarios contrastados. Apreciando la incertidumbre que pesa sobre las hipótesis, es evidente que este método se apoya en la consulta a expertos.

Posteriormente se confrontan los resultados obtenidos por los diferentes expertos a partir de los juegos de hipótesis para obtener lo siguiente: por una parte, la imagen final del escenario referencial, que es la que aparece con mayor frecuencia entre las más favorecidas por los expertos y que corresponde al juego de hipótesis globalmente más probable; por otra, las imágenes constrastadas elegidas entre las imágenes citadas con frecuencia por los expertos y que tienen una probabilidad promedio de realización significativa. Los escenarios correspondientes describen una evolución del entorno muy diferente a la del escenario referencial. A menudo se eligen imágenes pesimistas y optimistas desde el punto de vista de la evolución deseada.
 

Evolución y caminos

En este punto los escenarios todavía se encuentran en estado embrionario, ya que cada uno de se limita a juegos de hipótesis realizadas o no. Principalmente se trata de describir la evolución que conduce de la situación actual a las imágenes elegidas para el escenario referencial y para los escenarios contrastados. Por lo general, la elaboración de un escenario se basa en la división del periodo de estudio en periodos menores y sucesivos con imágenes intermedias. Naturalmente, el número de éstos dependerá de los ciclos propios del sistemas estudiado.

Con el fin de asegurar la coherencia de los caminos entre las diferentes imágenes (situación actual, imágenes intermedia y final), es necesario completar durante el razonamiento los juegos de hipótesis fundamentales. Estas hipótesis complementarias pueden ser el resultado de conclusiones a las que se llega progresivamente y sobre todo, el cuadro de estrategia de actores o bien, pueden derivar de las hipótesis fundamentales.

El método de escenarios consiste, pues, en la descripción de una manera coherente del camino entre la situación actual y el horizonte elegido, haciendo intervenir los mecanismos de evolución compatibles con los juegos de hipótesis seleccionadas y siguiendo la evolución de las principales variables del fenómeno de acuerdo con el análisis estructural. El escenario se completa con una descripción detallada de la imagen final (y de las imágenes intermedias si es necesario).

El método de escenarios, tal como se ha descrito, representa un camino cuya lógica (delimitación del sistema, análisis retrospectivo, estrategia de actores, elaboración de escenarios) puede reforzarse a partir del énfasis en la dimensión estratégica, confirmada en numerosos estudios prospectivos, particularmente en los trabajos de Carlos Matus. Se parte de la idea de que, necesariamente, el ejercicio prospectivo debe ser de naturaleza estratégica y, consecuentemente, estaría compuesto por los siguientes momentos: explicativo; normativo y estratégico.

El momento explicativo

En el momento explicativo se busca el análisis de la realidad en la cual se realizan las actividades de investigación y que se consideran pertinentes para su desarrollo. En este sentido, pensamos, se deben considerar al menos los siguientes aspectos:

El análisis y evaluación de las políticas de investigación por todos y cada uno de los miembros de la institución educativa permitiría elaborare un diagnóstico que en ningún caso pretende ser único, riguroso, objetivo o definitivo. Por el contrario, se parte del supuesto de que se trata de un intento de explicación de un equipo que procura mantener cierta coherencia y orientación en su plan interno de desarrollo, pero que indudablemente considera que este diagnóstico es, por sobre todo, el soporte por el cual se inicia el proceso de negociación y concertación sobre los criterios generales, prioridades y las restricciones a las cuales deben, inevitablemente, atenerse los participantes de este ejercicio estratégico.

En resumen, la explicación de la realidad en un ejercicio prospectivo implica, obligadamente, por parte de cada uno de los actores, la selección de un conjunto de problemas relevantes y pertinentes así como la comprensión del proceso de interrelación entre dichos problemas. La confrontación, discusión, análisis y síntesis de estas visiones “parciales” podrá constituirse en la visión común; en una perspectiva de síntesis que integra y compatibiliza. Lo anterior permite precisar, por otra parte, el valor que dichos problemas tienen para cada uno de los distintos actores, instituciones e instancias que intervienen en el desarrollo de las actividades de investigación en el seno de la comunidad universitaria y en su entorno.

El momento normativo

Éste debe entenderse como la instancia de diseño del contenido propositivo del ejercicio de previsión, en el cual se hace explícito, en forma coherente, el deber ser de la realidad en contraposición a los problemas presentes. El diseño del ejercicio prospectivo abarca diversos niveles de generalidad y de especificidad que se desenvuelven en los documentos que a continuación se señalan.

Se inicia con los lineamientos y criterios generales a través de los cuales se explicitan tanto la misión como los objetivos generales de la Universidad. A continuación se deberá formular el programa direccional básico general, mediante el cual se procura precisar, a nivel global, para todas las instancias, estamentos y actores de la unidad Azcapotzalco los grandes dilemas y alternativas que deberán enfrentarse y resolverse en el periodo. Posteriormente se formula el programa direccional básico de las unidades de decisión (áreas, departamentos, divisiones). A continuación se deberá llevar a cabo la desagregación de las actividades en la llamada matriz general problemas-operaciones
Esto permitirá una visión, con un grado aceptable de especificidad, de los proyectos y actividades consideradas por las unidades de programación en sus distintos niveles e instancias. Para ello se utiliza la subdivisión del ejercicio prospectivo en subprogramas en  los cuales se pueden desagregar las operaciones en acciones y las acciones en subacciones.

Estas subdivisiones resultan de la necesidad de descentralizar, incentivar y propiciar la participación de todos los actores e instancias involucradas en el ejercicio de planeación y presupuestación de las actividades de investigación, otorgando a las unidades básicas presupuestarias y programáticas (en este caso las áreas y grupos de investigación) poder de decisión. Es necesario agregar que es condición indispensable para una adecuada integración de los ejercicios prospectivos al ejercicio general que se respeten ciertos criterios de coherencia global, indispensables para la eficacia de la conducción.

Aquí vuelve a vislumbrarse la importancia decisiva de los lineamientos y criterios generales de la institución a través de los cuales se manifiestan los propósitos y objetivos generales de la Universidad para el inicio de un ejercicio prospectivo general. Tales lineamientos se encuentran en la Ley Orgánica y tienen su interpretación en los programas de trabajo de las distintas rectorías. Es un antecedente previo indispensable –y aunque nunca debe abandonar su naturaleza genérica– debe evitar en lo posible ambigüedades que impidan conocer con claridad los propósitos generales de la institución, que son de carácter permanente en tanto la Ley Orgánica no se modifique.

El programa, además, expresa la orientación que se quiere imprimir al cambio de la situación presente. Está formulado de tal manera que la intencionalidad del cuerpo directivo sea conocida y debatida en la búsqueda de adhesión y nunca con el objeto de constituir un esquema riguroso de apoyo a decisiones unilaterales de la dirección. En este sentido, el diseño de un programa básico es, fundamentalmente, una convocatoria abierta a los miembros de la comunidad. Por tanto, no es una propuesta a la cual se le hayan realizado todas las pruebas de consistencia, coherencia y viabilidad, en tanto que no debe exigírsele un grado de precisión cualitativa y cuantitativa del programa. El programa básico es, pues, convocatoria, compromiso y guía para el diseño y formulación de los ejercicios prospectivos parciales de las áreas, departamentos y divisiones.

El programa direccional de las unidades de decisión básicas (grupo, área, departamento, etcétera), indica la cadena causal necesaria que se debe establecer entre medios–producto–resultados en diversos escenarios y se desarrolla a través de la conjunción de tres variables: selección de los problemas; selección de los medios organizativos, financieros y políticos (política académica) para enfrentar los problemas; la búsqueda de resultados como consecuencia del uso de los medios para enfrentar los problemas.

El programa direccional de las unidades programáticas y presupuestarias básicas, en síntesis, es la articulación de esas tres variables que se constituyen como medios o actos de intervención capaces de gestar la dinámica causal de cambio hacia el curso, dirección y en el ritmo y velocidad necesarios y suficientes para alcanzar, con buena aproximación, la situación objetivo que se ha asumido como compromiso.

El programa direccional de las unidades decisionales básicas se concretiza en la matriz proyectos de acción–problemas. En esta expresión gráfica se precisan los aspectos de la realidad que se enfrentarán con los proyectos de acción. Los casilleros verticales de la matriz contienen los nudos críticos que cada proyecto de acción debe resolver. En sentido horizontal se pueden constatar las intersecciones entre los nudos críticos que se enfrentan por un mismo proyecto. De esta manera se explicitan los nudos críticos comunes a los diversos problemas. Esta matriz permite formular programas direccionales por problemas que se concilian en programas direccionales por áreas problemáticas, y estos últimos se hacen coherentes con el plan de desarrollo general de la Unidad.
De esta manera, el programa direccional global es la unión coherente de los programas direccionales por problemas.

Explicar la situación inicial es identificar los nudos críticos de la red sistémica causal que explica la realidad sobre la cual actuarán los actores involucrados en el ejercicio prospectivo. Los nudos críticos se convierten en centros de intervención o aplicación de operaciones y acciones que ejecutan los varios actores, ya sea como iniciativas para desatar una dinámica de cambio, o como respuesta a actos de intervención de algún oponente.

Una vez explicada la situación inicial y bosquejada la situación-objetivo, ambas en una primera aproximación, el siguiente problema es la distinción de los proyectos que, aplicados desde la situación presente, posibilitarán la generación de la dinámica causal que propicie un cambio que conduzca a la situación–objetivo con probabilidades razonables de éxito.

Una primera forma de abordar el problema es enfrentar cada nudo crítico del modelo explicativo de la situación inicial con algunas ideas de acción sobre ellos. Así se conforma la primera aproximación, a nivel de ideas generales, sobre el inventario de proyectos que debería conformar el programa direccional. También se conforma una estructura modular en tanto los nudos críticos se ubican en todos y cada uno de los distintos niveles de generalización y particularización de los problemas. De esta manera, los nudos críticos del programa direccional global fundamentan las operaciones de los programas básicos particulares. Aquellos nudos críticos que explican parcialmente un problema generan subproblemas; los nudos críticos de subproblemas fundamentan las acciones. Por último, los nudos críticos de los subproblemas generan miniproblemas cuyos nudos crìticos fundamentan las subacciones.

De esta manera se conforma un sistema que le otorga coherencia al archivo de problemas, subproblemas y miniproblemas con relación al macroproblema de síntesis y, por otra parte, articula los módulos de acción como un sistema recursivo donde los proyectos se descomponen en operaciones, éstas en acciones y las últimas en subacciones. Ambas estructuras modulares guardan una correspondencia metodológica ya que los proyectos enfrentan el macroproblema global; las operaciones actúan sobre los problemas; las acciones sobre los subproblemas y las subacciones sobre los miniproblemas.
 

El momento estratégico

El momento estratégico se preocupa del análisis de la viabilidad del programa direccional del ejercicio prospectivo. La viabilidad del programa direccional se analiza a partir de las siguientes preguntas:
Viabilidad de la  política académica
        ¿Son políticamente viables los proyectos de investigación?
        ¿Son políticamente viables los proyectos organizativos?
Viabilidad económica financiera
        ¿Tendrán recursos los proyectos de investigación?
        ¿Son financieramente viables los proyectos de investigación?
Viabilidad institucional-organizativa
        ¿Son organizativamente viables los proyectos de investigación?
Viabilidad del programa de enseñanza
        ¿Cuál es la viabilidad del programa direccional?
        ¿Cómo se puede construirse la viabilidad del programa direccional en el horizonte
temporal de mediano y largo plazo?
Viabilidad del programa institucional
        ¿Cuál es la viabilidad del programa direccional?
        ¿Como puede construirse la viabilidad del programa direccional divisional en el horizonte temporal de mediano y largo plazo?
Viabilidad del Programa Direccional del Consejo Académico de la unidad.
        ¿Cuál es la viabilidad del programa direccional general de la unidad?
        ¿Cómo se construye la viabilidad del programa direccional general en el horizonte temporal de mediano y largo plazo?

Cada una de estas interrogantes oculta a su vez tres preguntas distintas:
        ¿Tenemos la capacidad de diseñar y formular los proyectos?
        ¿Tenemos la capacidad académica para  realizar los proyectos de investigación?
        ¿Tenemos la capacidad de operar establemente la ejecución de los programas y proyectos?

A cada una de estas interrogantes corresponderá un tipo particular de análisis de viabilidad. En efecto, no sólo debemos contestar si podemos tomar la decisión, sino, además si ese algo funcionará en la realidad con eficacia y si ese funcionamiento no será efímero. En otras palabras un proyecto será viable cuando: podemos decidir sobre su diseño y formulación; somos capaces de hacer que opere eficazmente en la realidad; podemos hacer que su operación tenga una duración eficiente con relación a su propósito.

En resumen, todas nuestras consideraciones y observaciones esbozadas en esta parte tienen como objetivo presentar argumentos para proponer soluciones a las lagunas y deficiencias que, a nuestro juicio, podrían superar la concepción tradicional del ejercicio prospectivo, acentuando el momento estratégico de la previsión y configurando un modelo explicativo de la realidad que comprenda y tolere la ambigüedad, la irregularidad y la inestabilidad inherentes a una etapa de transición a fin de adecuarlo a las demandas de los actores que la requieren y al mismo tiempo, que dé cuenta de los cambios del entorno sobre el cual deben hacerse las previsiones.
 

Conclusiones

La configuración de un perfil académico profesional del administrador debe ubicarse al interior de un proceso de formación comprendido como integrante de un sistema mayor: la sociedad educativa, cuya característica esencial reside en que la reproducción social se basa en la adquisición, la actualización y el uso de los conocimientos que puedan realizar los individuos y sus comunidades.
Esta sociedad educativa no es una utopía, por el contrario, es ya una realidad posibilitada por el colosal despliegue de la información que se desarrolla y multiplica, con ello, las posibilidades de acceso a los datos y a los hechos a escala planetaria. En este entorno la educación debe permitir que todos puedan aprovechar esta información, recabarla, relacionarla, ordenarla, manejarla y utilizarla.

Los rápidos cambios derivados de los avances de las ciencias y de las nuevas formas que asumen las tareas económicas han erosionado seriamente la imagen, metas y propósitos atribuidos al proceso educativo. La habilidad fundamental que se requiere es la capacidad que posean los individuos para aprehender, asimilar críticamente, incorporar sistemáticamente, comunicar y establecer mediaciones y categorías operativas que le permitan integrarse armoniosamente en equipos de trabajo que les permitan operar eficazmente sobre su realidad. Para ello, es conveniente armonizar una cultura general suficientemente amplia con la posibilidad de estudiar a fondo un número reducido de materias destinadas a la obtención de pericias específicas. Además, esta cultura general sirve de pasaporte para una educación permanente, en la medida en que supone un aliciente y además sienta las bases para el aprendizaje para toda la vida.

Los ejercicios de previsión, incluyendo por supuesto los ejercicios de prospectiva, deben ubicarse necesariamente en un contexto de problemas y fenómenos típicos de la transición caracterizada por una proliferación de la diversidad y por elevados niveles de inestabilidad que inciden en la complejidad y la incertidumbre, esta realidad se resiste a ser reducida con los ejercicios y métodos habituales o tradicionales de auscultación del futuro basados en la razón y el cálculo. La aprehensión de la ambigüedad, de una complejidad incrementada y de una nueva calidad de incertidumbre debe ser afrontada con una perpectiva, tanto teórica como metodológica, radicalmente distinta. Debemos concebir un ejercicio prospectivo que tolere la ambigüedad y la pluralidad de perspectivas.
 

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  • Bertha G. Lozano Avilés e-mail bla@hp9000a1.uam.mx
    Jaime Ramírez Faúndez e-mail jrf@hp9000a1.uam.mx
    Enrique Vázquez Garatachea
    Profesores investigadores del Departamento de Administración de la UAM–A 

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