Gestión y estrategia / No. 14 / Julio-Diciembre, 1998 /
UAM-A

El nuevo proteccionismo a la industria maquiladora en México (la razón del auge maquilador 1996-1998)

Arturo Ortiz Wagdymar

Los éxitos macroeconómicos
La otra cara del discurso
Las maquiladoras y el milagro
Se diluye el optimismo en 1998
Conclusión
Notas
Fuentes Bibliográficas
 

Como objetivo central del presente ensayo, se pretende reflexionar acerca del papel real que juegan las exportaciones e importaciones de las empresas maquiladoras para demostrar que el régimen de maquiladoras, derivado del TLC, es eminentemente proteccionista pero ahora selectivo estas empresas en su mayoría son de capital extranjero; lo cual contradice a las tesis neoliberales que consideran que los subsidios fiscales son dañinos para las economías, razón por la cual son objeto de sanciones comerciales por prácticas de comercio desleal.1  Sin embargo, las maquiladoras resultan estar altamente protegidas y reciben subsidio del Estado, ya que no pagan sus impuestos respectivos de importación ni de exportación, como tampoco el IVA (impuesto al valor agregado).

Consecuentemente, el erario nacional registra severos “sacrificios fiscales”, ya que exime de impuestos a unas empresas que en realidad poco aportan al desarrollo económico y social de México, en cambio se discrimina a la industria nacional que está severamente agobiada con todo tipo de impuestos y restricciones, especialmente burocráticas.

De ahí que el éxito maquilador –tan sonado en los últimos años– se deba simplemente a que se trata de empresas subsidiadas o sobreprotegidas por el Estado. en este caso, el discurso neoliberal que tanto condenó el proteccionismo sustitutivo de importaciones de los años anteriores, aquí cierra los ojos y no ve ni subsidio ni proteccionismo alguno. Es por eso que dicho discurso sea tan injusto y contradictorio al grado que México ha tenido que hacer severos recortes en el gasto público ante la baja internacional de los precios del petróleo, imponiendo sobre la población y las empresas mexicanas el peso de estos recortes, en tanto que las maquiladoras siguen gozando de un régimen de privilegio fiscal con estos subsidios que finalmente pagamos todos los mexicanos.2

Además, tal subsidio es evidente debido al ahorro de salarios bajos, nulas prestaciones y la creación de una infraestructura estatal que les genera enormes economías de escala. A parte de lo anterior, las maquiladoras, especialmente las de capital extranjero, no están agobiadas por trámites burocráticos, vigilancias o supervisiones extremas como es el caso de los negocios internos, en especial las pequeñas y medianas empresas. Por tales razones, en este artículo repudiamos la postura oficial que considera a las maquiladoras el eje de la recuperación de 1997 y 1998.
 

Los éxitos macroeconómicos

En diversos trabajos publicados con relación a la problemática de la economía mexicana, dejamos muy clara nuestra postura de desconfianza frente a las cifras expuestas por las diversas fuentes del gobierno y de organismos internacionales en torno al formidable desempeño de la economía mexicana que se expandió, según las nueva modalidad de medir la macroeconomía en término del crecimiento del PIB, de modo francamente colosal, como lo fue en 1996 (4.5), y especialmente el de 1997, que se publicó en 7.4 (Wagdymar, 1996Wagdymar y Núñez, 1998).

Respecto a las dudas, fundamentamos lo que hemos planteado: se trató de un crecimiento fragmentado en unas 100 firmas oligopólicas vinculadas al capital extranjero y que cotizan principalmente en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), maquiladoras relacionadas en su mayoría con el capital extranjero o altamente dependientes de éste. Además, consideramos poco confiable la nueva manera de calcular el PIB, solo tomando como base 1993=100, y no usando una base mayor de 10 años como sería más correcto. Sin embargo, las cifras por un milagro estadístico resultan ser mayores en cuanto a crecimiento y menores en cuanto a efectos negativos.
 

La otra cara del discurso

Es claro que tales empresas si crecieron internamente a través de sus inversiones y sus ganancias, pero éstas se concentraron en manos de sus dueños, con mínima incidencia sobre los niveles de vida del resto de la población. Para millones de habitantes de México, los dos años anteriores significaron serias dificultades para subsistir; escasas oportunidades en especial para los jóvenes preparados y más aún a los no preparados; enormes dificultades para pequeños y medianos negocios, ahora agobiados por el terrorismo fiscal de la Secretaría de Hacienda, sobre el cual se quejaron hasta los organismos cupulares, Fueron igualmente significativos el clima de inseguridad y el ambulantaje, la expansión de la miseria y un mercado interno que ahora subsiste con la competencia de enormes firmas extranjeras y con importaciones masivas de productos agropecuarios que ya hundieron al sector primario de la economía. Esta cara del discurso contrasta extraordinariamente con el optimismo gubernamental, el de los grandes empresarios locales y, desde luego, con los extranjeros, auténticos beneficiarios de la política gubernamental.3

Al mismo tiempo, cuestionamos que el motor de la susodicha recuperación fueran las exportaciones, las cuales en un 40% y hoy mas, son de compañías maquiladoras cuyo valor agregado se exporta a otro país, y cuyos beneficios no tocan en absoluto al país en su conjunto. Estas empresas –está por demás repetirlo– son aproximadamente en un 70% en manos de extranjeros o de socios subordinados, prioritariamente en la frontera norte en donde pagan el salario mínimo de zona equivalente a 50 centavos de dólar por hora.

Estas empresas no gastan en impuestos de exportación ni de importación pues están exentas –según el régimen de maquiladoras del TLC– de todo tipo de impuestos, ya sean federales o estatales, incluso a muchas las premian con subsidios especiales como el del sistema de Empresas Altamente Exportadoras (ALTEX); acogiéndose a éste se les reembolsan impuestos diversos, especialmente el IVA.
 

Las maquiladoras y el milagro

La discusión respecto a las maquiladoras –que tan buenos defensores poseen en el sector más conservador de los medios masivos de difusión–, nos lleva a insistir, como se ha repetido en innumerables ocasiones, que se trata de un paliativo para el desempleo, tan dramático en México, y que da trabajo a exclusivamente el 2.5% de la población económicamente activa, que asciende a 40 millones de personas; de éstas, 900 mil trabajadores son explotados por esas empresas que, a decir de los apologistas de las maquiladoras, son la solución de los problemas del país (INEGI, 1995).

En lo tocante a las maquiladoras de exportación consideradas como el motor del crecimiento y pivote del comercio exterior, podemos afirmar que si bien nunca se menospreció su contribución a las exportaciones de servicios pues no se trata de mercancías, no debemos olvidar y reconocer que las importaciones de este sector siempre pesaron mucho en el déficit comercial. También las aceptamos como auxiliar del desempleo o como antes expresamos: un paliativo, pero no aquello que los adoradores de las maquiladoras quieren difundir entre la población ignorante: como el milagro maquilador o el fetichismo de las maquiladoras.

Se sabe de sobra que sólo aprovechan los bajos salarios; que no respetan los horarios ni las jornadas laborales que muy a menudo son a destajo; que no pagan aguinaldos ni prestaciones; mucho menos son fuente de trasferencia de tecnología ni de capacitación para la mano de obra de los trabajadores. Igualmente, se sabe que en un 60% contratan mujeres debido a que no se trata de trabajos rudos ni pesados, aunque si severos en cuanto a la intensidad de la jornada. Pero sobre todo, se insiste sobre sus excensiones fiscales, que ya pesan mucho sobre los ingresos del sector público y sus finanzas, hasta convertirse en verdaderos subsidios discriminatorios para el resto de la industria, el comercio y los contribuyentes nacionales en general.

Es incorrecto que mientras se elevan los impuestos para los mexicanos y se recorta el gasto público para mantener el equilibrio fiscal estas empresas, en su mayoría extranjeras, reciban el subsidio que pagamos todos los contribuyentes. Este mismo fenómeno puede apreciarse en diferentes modalidades a nivel de los países maquiladores del mundo, de cuyo éxito se hace un gran alarde.

Por ejemplo, en la sección financiera de el Excelsior, ampliamente conservadora y al servicio de los grandes monopolios y el gobierno, periodistas como Julio Brito (6 de mayo de 1998), hace una verdadera apología de las maquiladoras diciendo que son una de las mayores fuentes de divisas del país después del petróleo y que transfieren tecnología, lo cual es falso porque ni siquiera entran dichas divisas, puesto que en su mayoría se trata de negocios intrafirma, es decir, entre la empresa matriz y su sucursal, razón por la cual sólo se importa el producto a ensamblar, a cortar, o bien, a agregar componentes o servicios diversos, para que este mismo producto se regrese a la matriz para ser terminado, claro, en forma de exportación, pero sin pagar ningún impuesto y desde luego sólo derramando sobre la población esos bajos salarios antes aludidos (Brito, 1998).

En el mismo diario, Fernando Mota hace otro panegírico triunfalista de las maquiladoras en su nota del 15 de mayo de 1998, en ésta quiere vendernos la idea del auge maquilador y llama ignorantes a quienes critican estas empresas. Dice que el 57% son extranjeras y el resto nacionales; que ofrecen 985 mil empleos, con lo que queda demostrado que cuando mucho el 2.5 % de la PEA es explotado por esas empresas. El columnista se niega a reconocer que efectivamente pagan poco, pero que en realidad es bajo lo que se paga de todos modos, es decir 26 pesos diarios. También pretende justificar el salario al advertir que el personal especializado cobra dos dólares la hora, siendo que en Estados Unidos gana cinco dólares el personal no calificado y hasta diez el calificado. Aun así es poco el personal técnico y administrativo que trabaja en maquiladoras, integradas principalmente por obreras. En su afán de defender este tipo de empresas, da un dato proporcionado por el Consejo de Maquiladoras de Exportación, el cual señala que el 70% están establecidas en la frontera norte y el resto se diseminan en el resto del país, lo cual no es indicador de ninguna independencia de dichas empresas, ya que de todos modos su dependencia y vinculación al mercado exterior es total.
Finalmente, concluye así: México es el segundo país maquilador del mundo. El primero es China, de éste se dice emplea más esclavos y menos trabajadores por el bajísimo ingreso percibido. Un obrero en China gana 20 dólares por mes. Ojalá el auge maquilador se siga dando en México.

Según la cita anterior, los apologistas del fetichismo maquilador están muy orgullosos de que México tienda a ser un país de esclavos. En China ganan 70 centavos de dólar diarios por ocho horas, lo que nos da para el caso de México que lo que gana un chino en un mes es lo que gana un mexicano en un día. Esta comparación es tendenciosa, pues se presta para pensar que efectivamente el empleado maquilador mexicano está en auge, sin embargo eso es falso, lo cual se evidencia con el bajísimo nivel de vida que tienen los trabajadores de esas empresas, que están a niveles de subsistencia. Sin embargo estas ideas que son financiadas desde el exterior y las cifras manipuladas con mala fe, se prestan a confusiones entre la opinión pública –que nuestro columnista neoliberal reconoce que es ignorante (Mota, 1998).
 

Se diluye el optimismo en 1998

Para 1998 parecería que el optimismo oficial podía haber decrecido considerablemente, en especial debido a los siguiente factores que comentaremos:

– El déficit en la balanza comercial y la cuenta corriente.
– El efecto dragón o crisis asiática que aún está presente.
– La caída en los precios del petróleo.
– El recorte en el gasto público a partir de 1998.
– Los ajustes en el tipo de cambio.

Sin embargo, el discurso oficial y de los voceros no había disminuido en optimismo, y tanto las cuentas como los pronósticos que presentaban hasta el primer trimestre de 1998 eran altamente optimistas. Por ejemplo, los datos que se desplegaron para el primer trimestre de 1998 fueron por demás arrolladores: el Banco de México dio como crecimiento del PIB el 6.6%, con un superávit fiscal de 1,719 millones de pesos, lo que según los analistas de casas de bolsa, significa una disciplina fiscal muy favorable a los negocios, lo que implica que a pesar de la caída en los precios del petróleo, el recorte al gasto publico y el deterioro de la balanza comercial unido a la crisis asiática, los milagros macroeconómicos prevalecen, todo lo cual se concreta como la versión oficial de los hechos, y su ya reiterativo discurso a pesar de la volatilidad tanto interna como externa.4

Este discurso seguía girando en torno a las perspectivas y ganancias del capital que fundamentalmente cotizaba en la Bolsa Mexicana de Valores, la cual se sintió muy favorecida con la política de puertas abiertas al capital extranjero especulando en el mercado accionario, mismo que obtuvo en 1997 ganancias muy superiores a las que hubiera obtenido en su país de origen.

El parámetro central fue el hecho de que en 1997 México liquidó su adeudo de tesobonos con los especuladores de Wall Street, simplemente absorbiendo la misma deuda el FMI a través de notas bancarias. Sin embargo este hecho –en el pensamiento muy particular que prevalece en Washington, los dueños del capital extranjero y los grupos oligárquicos de México–, significó una forma de confianza en México y sus autoridades, razón por la cual volvió a la BMV el capital extranjero en cartera en niveles muy parecidos a 1994. Es decir: en 1996 el capital en cartera fue de 14,154 mdd. y para 1997 de 8,748 millones. Optimismo y soberbia del gran capital se vieron disminuidos entre mayo y agosto de 1998, en que el efecto de la crisis asiática sacudió los mercados financieros, la Bolsa Mexicana de Valores tuvo grandes pérdidas y el tipo de cambio se movió a más de nueve pesos por dólar. El triunfalismo fue acallado por la realidad.

Con respecto a la crisis entre septiembre y octubre de 1997 el gobierno consideró que el efecto dragón tuvo repercusiones favorables para México, ya que una buena parte del capital fugado de Asia se fue a diversos mercados, entre ellos, el de México fue un nicho de refugio, lo cual hizo aumentó entre septiembre y octubre la entrada de capital extranjero a la BMV y propició enormes alzas en la pizarra.

Pero la crisis asiática y el efecto dragón que provocaron una crisis global de los mercados de valores y el descalabro del yen, al igual que los sucesos de Indonesia, habrían de conducir a una tendencia muy clara de recesión mundial, lo que pronto se reflejó en la baja de los precios de las materias primas, especialmente el petróleo que, de un promedio de 14 dólares por barril, descendió hasta diez, con lo cual los ingresos petroleros del país se vieron menguados seriamente.

La perdida anual se calcula en unos 3000 mdd. para 1998, lo que implica un panorama sombrío para la economía mexicana, puesto que de un presupuesto que calcula ingresos presupuestales de 830 000 millones de pesos (es decir 100,000 mdd.) se perdía un tres por ciento, el cual fue compensado con un recorte en el gasto público para este año por 36,000 millones de pesos, algo así como los 4000 de la baja de ingresos.5  Aun así, la versión oficial simplemente insistió en que era necesario ese recorte en el gasto para evitar que se sobrecalentara la economía, que se desatara la inflación y se rompiera la disciplina fiscal generándose pérdidas mayores en las finanzas publicas, quebrantando la estabilización. Pese a ello, hacia junio de 1998 el peso mexicano se devaluó a nueve pesos por dólar, por lo que el gobierno mostró cierta cautela en su triunfalismo y redujo las expectativas macro económicas para este año.

La crisis asiática ha traído como consecuencia que los precios de los productos asiáticos se abaraten considerablemente, debido a que muchos han devaluado sus monedas. Esto es perjudicial para México, ya que numerosos productos intermedios y de consumo final provienen de esos lugares y ahora compiten doblemente con los productores nacionales. El que se abaraten productos de Asia debe propiciar medidas gubernamentales tendientes a proteger a la industria y al comercio nacionales ahora que han caído los precios del petróleo y que la balanza comercial es deficitaria.

Al respecto, el gobierno se concretó a mover el tipo de cambio a nueve pesos por dólar y muchas voces comentan que está un poco sobrevaluado. Sin embargo, lo correcto debería ser que se establecieran aranceles compensatorios para ciertos productos provenientes de esos lugares y que no son esenciales para el país. Esto está previsto por el propio TLC cuando se trata de prácticas de comercio desleal que implican precios dumping, o sea precios por debajo del precio nacional.

Este punto de vista lo apoyan los industriales textiles, en especial de la industria del vestido. A través de su vocero, Alberto Dana, afirma que el ingreso de mercancía proveniente de Asia amenaza con provocar el cierre de 70 por ciento de la industria del vestido, pues arribaron al país textiles a precios irrisorios, lo cual no guarda ninguna relación con los costos de producción. Por tanto solicita que se establezcan frenos y salvaguardias a la importación pues representan un peligro para la industria nacional. Agregó que de la apertura comercial han salido librados sin solidez y que la recesión económica ha generado bajas en las ventas del sector. También reveló que la mayoría de la tela que se usa en la industria del vestido es importada, lo que perjudica al productor textil nacional.
Reconoció asimismo que grandes empresas se consolidaron en la exportación pero que existen muchas que no han podido enfrentar esa competencia desleal, razón por la cual hay que encontrar una solución a la crisis asiática.

Al igual que la industria textil, muchas empresas nacionales productoras de diversos artículos que atraviesan por difícil situación, ahora tendrán que encarar uno de los negros avatares del libre mercado global: aceptar a precios dumping productos subsidiados del exterior, como pueden definirse los precios de productos asiáticos, a los que se debe establecer aranceles; el no hacerlo es una tibieza de SECOFI.6

El evidente deterioro de la balanza de pagos, que desde años anteriores advertíamos cuando criticabamos el triunfalismo con el cual se tomaba el hecho de que se exportaban cerca de 100,000 mdd., sin observar que desde julio de 1997 la tendencia se revertió y que el superávit comercial se esfumó para convertirse en déficit. Los datos reconocidos sobre el desempeño al cierre de 1997 con relación a la balanza de pagos se resumen en el cuadro 1, en torno a los cuales haremos algunos comentarios.

CUADRO 1
Balanza de pagos
México 1996–1997
 
Concepto
1996
1997
Cuenta corriente -2,330 -7,448
Balanza comercial 6,530 624
Exportaciones 96,000 109,184
Importaciones -89,484 -109,808
Servicios no factoriales -13,940 -12,790
Servicios factoriales -13,940 -12,790
Transferencias 4,351 5,248
                                Fuente: datos del Banco de México publicados en Excélsior 30 de abril de 1998.

Es grave tener que reconocer que el dinamismo exportador y el motor de la recuperación no fueron las exportaciones, sino que tal dinámica se trasformó en una caída del superávit comercial en un 100 por ciento, cifra que curiosamente no comentan los voceros oficiales; evidentemente no vieron que las compras externas aumentaban más de prisa que las ventas o las justificaron como parte de la recuperación. Además hay que restar todavía el superávit comercial de 624 mdd., lo que sería sin contar a las maquiladoras, con lo cual ya tendríamos cifras negativas para 1997, sobre esto, mañosamente, tampoco comentan los defensores del modelo. Sólo reiteramos que lo que fue el superávit comercial –que fuera el orgullo del gobierno y sus voceros en años pasados–, se diluyo de 6,530 mdd. en 1996 a sólo 630 en 1997.

Además, recuérdese lo puntual y oportuno de los pagos de la deuda externa, elemento contenido en los llamados servicios factoriales, lo cual fue intocable y que significaron sólo de intereses salidas del orden arriba indicado.

Frente a esto consideramos importante retomar los datos de nuestro libro México al Filo del Cambio, publicado con otros autores por la editorial Nuestro Tiempo en enero de 1998, en donde se presentan los datos globales de la deuda publica externa total a octubre de 1997, la cual pensamos que no ha cambiado estructuralmente (Wagdymar, 1998).
 
 

Deuda pública externa bruta 157,866
Pública 98,824
Privada 24,848
Banca 9,676
Otra (FMI) 14,857
 Fuente: BANAMEX, Examen de la situación económica de México, núm, 863, octubre de 1997 p.429. Tomado de Wadgymar et. al. (1998), México al filo del cambio, México, Nuestro Tiempo, p.18.

Como se observa aun es fuerte el endeudamiento externo y desde luego, gran parte de la explicación de los problemas de los últimos años y lo que se espera para los subsecuentes lo encontramos en las cifras de estos documentos, capaces de revelar por sí mismas el porqué el Gobierno, desde luego siguiendo los consejos del consenso de Washington, implementó una política económica aún más restrictiva en lo interno, aunque igual de flexible para el capital e intereses extranjeros, dentro de los que entran el capital especulativo y las maquiladoras que son subsidiados con excensiones de impuestos. Para fundamentar lo anterior presentemos el detalle de los datos de la balanza comercial, con base en estos podremos hacer algunas observaciones.
 

CUADRO 2
Balanza comercial
(Millones de dólares)
 
CONCEPTO 1995 1996 1997
Exportaciones 79,542 96,000 110,431
Petroleras 8,423 11,654 11,323
No petroleras 71,119 84,346 99,118
Agropecuarias 4,016 3,592 3,828
Extractivas 545 449 478
Manufacturas 66,558 80,305 94,802
Maquiladoras 31,103 36,920 45,166
Resto  35,455 43,384 49,637
Importaciones 72,453 89,469 109,808
B. consumo 5,335 6,657 9,326
B. intermedios B. 58,421 B. 71,890 B. 85,366
Maquiladoras 26,179 30,505 36,332
Resto 32,242 41,385 49,034
Asociado a exp. 40,753 49,675 50,403
No asociado a exp. 17668 2.215 25,963
B. de capital  8.697 10,922 15,116
Balanza comercial 7,089 6,531 624-
                      Fuente: Banco de México, Informe anual, 1997.

 

   CONCEPTO                      1995                  1996                    1997 
   Exportaciones                    79,542               96,000               110,431  
   Petroleras                            8,423               11,654                 11,323  
   No petroleras                     71,119              84,346                 99,118 
   Agropecuarias                      4,016                3,592                   3,828 
   Extractivas                              545                    449                      478 
   Manufacturas                     66,558               80,305                 94,802  
   Maquiladoras                     31,103               36,920                 45,166 
   Resto                                 35,455               43,384                 49,637 
   Importaciones                    72,453               89,469               109,808 
   B. consumo                         5,335                 6,657                   9,326 
   B. intermedio                  B.58,421            B.71,890             B.85,366 
   Maquiladoras                     26,179               30,505                 36,332  
   Resto                                 32,242               41,385                 49,034 
   Asociado a exp.                 40,753               49,675                 50,403 
   No asociado a exp.            17,668                 2,215                 25,963 
   B. de capital                         8,697               10,922                 15,116 
   Balanza comercial                 7,089                 6,531                      624- 
 
Lo que es posible observar en el cuadro anterior es el peso de la exportación maquiladora sobre
el total, lo que fundamenta nuestra posición respecto al auge exportador. A su vez, véase el papel inferior que juegan las exportaciones agropecuarias y la industria extractiva con respecto al total. Respecto a las manufacturas, lo que cabe pensar es que muchas de ellas son también maquiladoras asociadas al capital extranjero en forma de negocios de subcontratación o, como les llaman, “empresas integradoras”, lo cual se muestra en el renglón de asociados a la exportación, que incluye a la mayor parte de las exportaciones manufactureras. Tal es el caso de la mayor parte de la industria textil y del vestido que ha subsistido, al igual que la del cuero y el zapato, gracias a que se han integrado en los grandes consorcios internacionales, los cuales en realidad son los beneficiarios del auge exportador. Aunque cabe reconocer que algo dejan en México dichos consorcios, aunque también hay que aceptar que no es lo deseable y a veces ni lo justo.

Pero el mayor dramatismo del desequilibrio externo que se ha recrudecido debido al neoliberalismo, lo podemos constatar restándole al total de las exportaciones el valor de las maquiladoras, las cuales como se advierte, son servicios en sentido correcto, razón por la cual no debe estar en la balanza comercial sino en la cuenta de servicios, como siempre se había presentado, hasta que los tecnócratas del Banco de México la incluyeron erróneamente en la balanza comercial, con el fin de disfrazar el verdadero déficit de la misma. Los datos los presentamos en el cuadro 3
 

CUADRO 3
Balanza comercial sin maquiladoras
(Millones de dólares)
 
    CONCEPTOS                         1995                         1996                         1997
 
   Balanza comercial  
   sin maquila (saldo)                      7,089                        6,531                          624  
   Exportaciones totales                79,542                      96,000                   110,431 
   Maquiladoras                            31,103                     36,920                     45,166 
   Exportaciones 
   sin maquila                                48,439                     59,080                     65,265 
   Importaciones totales                72,453                     89,469                   108,808   
   Balanza comercial 
   sin maquila                              -24,014                     30,389                    -44,543  

      Fuente: ibid.

Para reafirmar lo anterior, presentamos el cuadro 4, en el que se concentran las principales empresas exportadoras en 1997, de acuerdo con datos de la revista Expansión. Es posible apreciar cuales han sido las empresas beneficiadas por este sistema de subsidios a las exportaciones, así como también que se trata de empresas altamente exportadoras, integradas a grandes oligopolios de México y sobre todo del exterior.
 

Conclusión

Los datos y reflexiones que presentamos en este ensayo aportan elementos para la discusión en el sentido de que las bases teóricas y conceptuales de los defensores de las políticas neoliberales son contradictorias e inconsistentes, tanto en la teoría como en la práctica al condenar el proteccionismo nacional, y en cambio, aceptarlo cuando se trata de empresas maquiladoras.

Este régimen de excepción daña otro concepto que mañosamente manejan, como es el equilibrio en las finanzas públicas, ya que no toma en cuenta el sacrificio fiscal que significa prácticamente no cobrar prácticamente impuestos a tales empresas y, por el contrario, ejercen un terrorismo fiscal hacia la industria y negocios nacionales. Esto es una incongruencia en el discurso neoliberal que sometemos a la discusión con sus voceros y promotores.

Es falso que el motor de la recuperación sean las maquiladoras, y esto se reflejó en el déficit comercial sin maquiladoras según datos del Banco de México y que aparecen en los cuadros anteriores. Dicho déficit es de 44,000 mdd. La razón del éxito maquilador obedece a que se trata de empresas subsidiadas por el Estado y de allí sus bajos costos y sus posibilidades de competir en el exterior; es decir, son empresas sobreprotegidas. Estas empresas han crecido, pero su desarrollo incide muy poco en los grandes problemas nacionales de empleo, salario y fortaleza del mercado interno. Más bien es un subsidio del Estado que se transfiere al exterior, generando un sacrificio fiscal que pagamos todos los mexicanos.

Por ejemplo: ¿Qué pasaría si las maquiladoras pagaran el 15 por ciento de IVA que les corresponde? Si exportan 100,000 millones, el gobierno simplemente deja de percibir 15,000 millones de dólares. Pero si también graváramos con la misma tasa las importaciones, tendríamos un sacrificio fiscal equivalente a otros 15,000 mdd. que el gobierno deja de percibir.

Dicho de otra forma, el sacrificio fiscal que implica el subsidio a las maquiladores, equivale aproximadamente a 30,000 mdd. sólo en 1997. Estas cifras son importantes dentro de los ingresos del sector público, mermados por la baja en los precios del petróleo. Sobre este particular, aclaramos que se trata de cálculos muy generales, que sólo intentan exhibir ciertas magnitudes globales del subsidio y el sacrificio fiscal que evidentemente existe. Invitamos a nuestros lectores y críticos a que elaboren sus propias cuentas, tomando en consideración que existen otros impuestos que no pagan muchas maquiladoras . Esto es extensivo a los subsidios para las operaciones especulativas de bolsa que, como se sabe no son gravadas; desde luego también son aplicables a empresas extranjeras altamente exportadoras a las que se reembolsa IVA. En una palabra: es un subsidio al gran capital, es proteccionismo sólo a estos monopolios y por ello crecen esas empresas, pero su crecimiento se concentra en sus dueños a costa del erario nacional al que, en cambio, contribuimos los mexicanos con nuestros impuestos.

En conclusión, las tesis del libre comercio tan promocionadas dentro del discurso del neoliberalismo globalizador resultan falsas puesto que se censura el proteccionismo e incluso se le exhibe como tesis del pasado, pero por otro lado promueven y enmascaran dicho proteccionismo en favor discriminatorio de sus empresas. En fin, sólo ponemos en la mesa de discusión estas reflexiones para que independientemente de la ideología de cada quien, sirvan de premisas para avanzar en el esclarecimiento de la crisis del México contemporáneo.7
 

Notas 


1 . Al respecto conviene revisar la Ley antidumping y la Ley de Comercio Exterior que siguiendo al TLC aprobó México en 1993 y en donde se habla de las prácticas de comercio desleal y el papel de los subsidios y las represalias comerciales que llevan consigo a nivel de dicho Tratado. Esta Ley aparece en el Diario Oficial de la Federación del 27 de julio de 1993. Al respecto, véase nuestro libro Introducción al Comercio Exterior de México, México, Nuestro Tiempo 1997.
2 . Los recortes en el gasto público por 36,000 millones de pesos fueron objeto de severas críticas al gobierno, ya que dejó intocables a las maquiladoras y a los especuladores de la BMV, que no pagan impuesto alguno por  sus ganancias y, desde luego, se prefirieron los recortes fiscales que tocar los vencimientos de la deuda externa que simplemente para 1998 ascenderán a 43000 mdd. según el folleto de BANAMEX: Examen de la situación económica de México, abril, 1998.
3 La inseguridad, el desempleo y el ambulantaje son crecientes en México a pesar de que el 6 de julio de 1997 el PRD tomó el gobierno de la ciudad de México; también a pesar de que se tiene ya un Congreso de la Unión relativamente más fuerte. La violencia en Chiapas sigue sin resolverse, e incluso se ha visto agravada en los últimos días de junio de 1998. Terribles hechos de violencia y represión se han visto en los estados de Guerrero y Oaxaca, sin olvidar que las manifestaciones y protestas en el zócalo capitalino siguen siendo violentas, ininterrumpidas e incluso reprimidas por la policía. Lo que indica que a pesar de los éxitos macroeconómicos el país resiente los efectos críticos del neoliberalismo en su conjunto
4  A pesar de todos los factores internacionales adversos, en el primer trimestre de 1998 el PIB registró un asombroso y colosal crecimiento del 6.6 por ciento.
5  Estos recortes significan menos crecimiento, empleo y obras de beneficio social, pero sobre todo agudización de problemas sociales que están en punto de ebullición. El Consejo Coordinador Empresarial, aplaudió tal medida por considerarla necesaria para evitar presiones inflacionarias y déficit fiscales, siguiendo los más ortodoxos métodos de la escuela monetarista, el modelo a seguir por el FMI y el BM.
6  Declaraciones a Excelsior de Alberto Dana, vocero de la industria textil y del vestido en el sentido de que la competencia desleal de los productos asiáticos que han devaluado su moneda, pone al borde de la quiebra a muchas empresas del vestido en México, razón por la cual es necesario limitar la importación y establecer salvaguardia.
7  Por razones de espacio, no abordamos el problema del rescate bancario que significan 552,000 millones de pesos, que es uno de los puntos más negros de gobierno zedillista: el asunto de FONAPROA (fondo nacional de protección al ahorro), convertido hoy en cartera vencida de la banca privatizada y que se discute su integración como deuda interna pagarera a cuatro años y con intereses, la que se pasará a un Congreso de la Unión que difícilmente podrá evitar que todos los mexicanos paguemos los fraudes de los ex banqueros. Tampoco podemos abordar el subsidio que, aparte del anterior, pagaremos los mexicanos como el rescate carretero, de 45,000 millones de pesos. Para mayor información respecto a estos asuntos, véanse los artículos de Jonh Saxe-Fernandez; Armando Labra y Juan Castaigs en Excelsior, quienes han hecho un seguimiento semanal del acontecer nacional.
 

Fuentes Bibliográficas  (Incompleta, favor de integrar) 


  • Brito, Julio A.  (1998), Las maquiladoras de exportación: crecimiento récord en 1997”, Excelsior, mayo 6.
  • El Financiero, mayo 20, 1998.
  • Excelsior, mayo 18, 1998.
  • INEGI, 1995.
  • Mota Martínez, Fernando (1998), “Auge maquilador”, Excelsior, mayo 15, 1998.
  • Wagdymar Ortiz, Arturo, Política económica de México: 1982-95
  • _________, Héctor Núñez, coords. (1998), México al filo del cambio, México, Nuestro Tiempo.



  • Arturo Ortiz Wagdymar
    Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
    Profesor de economía de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM


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