El presente artículo tiene
como propósito el analizar algunas de las causas esenciales que
han originado la tendencia hacia una crisis global como resultado de la
interacción sistema financiero–sistema productivo, en la perspectiva
de que el primero no ha cumplido su función principal, que es la
de proporcionar recursos para el desarrollo sostenido y evitar las filtraciones
del ahorro social para que éste se transforme en inversión
productiva. También se analizará la insuficiencia, –desde
un punto de vista personal–, en la redefinición de la llamada nueva
arquitectura financiera, estrategia para evitar la tendencia hacia la crisis
global promovida por parte del Fondo Monetario Internacional en su reciente
reunión anual (principios de octubre de 1998), en donde, de hecho,
se abrió y abruptamente se canceló la discusión sobre
el control de flujos de capital.
Paralelamente, se realiza una revisión
somera de los efectos de la liberalización y la crisis manifestada
en los últimos meses en algunos países, como en el caso de
Rusia, Brasil y México, entre otros, hasta llegar a una interpretación
general de la política fondomonetarista y avisorar sus perspectivas.
En la actualidad no hay duda de que la crisis financiera global y sus efectos en la estructura productiva, que ha reducido los ritmos de crecimiento y seguramente nos conduce hacia una recesión, ha sido resultado de los procesos de desregulación de las actividades financieras y la liberalización de los mercados a través de la apertura indiscriminada de las fronteras, lo cual –se nos dice–, busca que los mecanismos del libre mercado nos lleven a una más eficiente asignación de recursos.
Este modelo desregulador se basa
en la premisa de que las decisiones tomadas en función de las perspectivas
del funcionamiento de un mercado dejado a su libre juego, conduce a un
incremento de los flujos de capitales hacia los países denominados
emergentes, los que se canalizarían hacia la inversión productiva,
alcanzándose elevadas y sostenidas tasas de desarrollo. Sin embargo,
como lo hemos visto a partir de la crisis de México en 1995, el
planteamiento nunca coincidió con la realidad, sino que incluso
tuvo efectos adversos a los originalmente previstos por quienes promovieron
e impusieron la apertura, en algunos casos muy acelerada.
Causas: crisis financiera–crisis productiva
La raíz de la crisis financiera y la tendencia a la recesión productiva actual se encuentra, adicionalmente a la liberalización mencionada, en la dinámica de la interrelación entre los sistemas financiero y productivo, es decir, en la efectiva transformación del ahorro social en inversión productiva, entendida esta última como el incremento de los activos reales. En todas las concepciones sobre el desarrollo económico el aumento de la inversión productiva es un factor determinante del incremento del producto. Lo anterior significa que de ninguna manera es suficiente plantear como uno de los objetivos centrales de la política de financiamiento el simplemente aumento el ahorro en un país –interno y externo–para que éste se encuentre en la senda del crecimiento automática automático.
El fracaso de los operadores neoliberales, precisamente ha consistido en que si bien han creado artificialmente condiciones para aumentar el ahorro y atraer capitales externos, no han podido lograr que se canalicen hacia la inversión productiva sino en una mínima proporción, ni mucho menos han podido evitar las salidas aceleradas cuando se inicia la inestabilidad que se ha tornado cíclica.
Contrario a los resultados anteriores el papel del sistema financiero en general, y el de los países en particular, sería canalizar el ahorro –que en la época de la liberalización la distinción entre ahorro interno y externo tiende a diluirse al no existir restriccciones para su movilidad– hacia los productores, en una situación tal de costo que les permitan entrar en la competencia internacional en igualdad de condiciones.
En plena liberalización financiera, ciertamente en este proceso de tránsito del ahorro a la inversión productiva es en donde se encuentra la base del problema, revelándose que la mayor cantidad de flujos de capital externo y también del interno, buscan la ganancia especulativa en los mercados de dinero y capitales, permaneciendo simplemente en la esfera de la circulación, por ser más rentable su asignación y, en consecuencia, no se invierten en actividades productivas. Una de las características de la etapa actual del capitalismo, y causal de las crisis financieras, es precisamente la existencia de una gran cantidad de filtraciones del ahorro social hacia fines no productivos.
Tales derramas se han visto alimentadas por una gran cantidad de causas entre las que señalaremos: la volatilidad de los mercados financieros, que permite amplias fluctuaciones cotidianas en los precios de las acciones y, por lo tanto, en los índices de las distintas bolsas del mundo, que se ven arrastradas por las principales o por la del país en turno de crisis; por la política crediticia instrumentada por autoridades financieras e intermediarios, en la que no se consideran las expectativas reales de la economía y de los negocios. Además, tal política fomenta los fines especulativos del crédito e incluso su distorsión, ya que se han llegado a realizar operaciones de tipo fraudulento al no existir los controles y la supervisión o cuando los órganos gubernamentales a cargo se desentienden de la vigilancia; el surgimiento de nuevos productos financieros, como los derivados, y la existencia de los llamados paraísos fiscales; por políticas gubernamentales y de los bancos centrales, que por captar recursos extranjeros a toda costa, generan burbujas especulativas en los mercados financieros, bolsas, mercados de dinero y divisas que, finalmente estallan y desencadenan procesos desestabilizadores, eliminando la posibilidad del crecimiento del producto en forma sostenida.
Este problema de interacción sistema financiero–sistema productivo fue planteado hace ya más de cincuenta años por lrving Fisher en su libro Teoría del interés, citado y desarrollado por Keynes en su Teoría general. Expresaba Fisher que para que existieran nuevas inversiones: La tasa de rendimiento sobre el costo debe exceder la tasa de interés (Irving, Fisher, citado por Keynes:140). Esto quiere decir que el inversionista decidirá con base en la comparación entre la tasa de rendimiento de los negocios, o sobre la inversión y la tasa de interés, el crecimiento de los precios de los títulos o las variaciones en los tipos de cambio.
En sentido comparativo, habrá incentivos para la inversión productiva en tanto que las expectativas sobre los rendimientos de los negocios sean mayores que las tasas probables de ganancia en los mercados financieros. En el caso contrario, cuando las expectativas son de mayores rendimientos en los mercados financieros, se fomentarán procesos especulativos que al explotar provoquen sucesivos procesos de ajuste, modificándose las variables financieras: tasa de interés, tipo de cambio e índices de la bolsa, con efectos colaterales en la estructura productiva, provocándose una contracción de la misma e incluso se puede llegar a niveles negativos del producto. Al respecto, Theotonio Dos Santos señala que las crisis del sector productivo:
Con relación a esta situación, Alicia Girón cuestiona el papel de los flujos de capital a la luz de la experiencia de las crisis financieras iniciadas en México en 1994, pues expresa que es necesario discutir:
Estos procesos no solamente se presentan a nivel de empresas o grupos financiero–industriales, también se manifiestan a nivel nacional. Al respecto, Eugenia Correa describe como dentro esta dinámica:
Por las consideraciones anteriores, los flujos de capital y el financiamiento externo no pueden crecer ilimitadamente, al respecto Jan Kregel hace serias advertencias para los países receptores:
El FMI en el World Economic Outiook, difundido en el pasado septiembre y que sirvió como base de discusión para su reunión anual de principios de octubre pasado, al hacer un diagnóstico sobre la situación actual señala que: Las condiciones económicas y financieras internacionales se han deteriorado considerablemente en los meses recientes como las recesiones que se han profundizado en muchas economías de mercados emergentes en Asia y Japón y como la crisis financiera de Rusia (FMI, 1998:1). Los efectos de ese deterioro se empiezan a manifestar en interrelación con la estructura productiva; si bien han sido pequeños en los países europeos, Estados Unidos y Canadá, ya se han dejadosentir en el sector industrial. El crecimiento mundial para 1998 se ha reestructurado por los especialistas del FMI, pues sus expectativas de incremento han descendido del tres por ciento pronosticado en mayo, al dos por ciento estimado en septiembre.
Uno de los acontecimientos recientes ha sido la crisis Rusa, que se esparció rápidamente a nivel global y “contagió” a la mayor parte de los países de mercados emergentes, lo que se manifestó en caída e inestabilidad de los mercados de capitales. Seguramente sucedió un cambio acelerado en la estructura de las carteras de inversión, que pasaron de una posición en acciones a divisas fuertes, lo que provocó en muchos países la devaluación monetaria para, posteriormente, ubicarse en instrumentos de bajo riesgo como los Treasury Bill estadounidenses mientras pasaba la tormenta y en espera del nuevo ciclo especulativo, anunciado con medidas correctivas que permitieran volver a vislumbrar horizontes de altas ganancias para generar nuevamente la burbuja que permita la obtención de altas ganancias donde existan condiciones. Una evidencia del carácter especulativo de los movimientos de capital originados en esa especie de olas concéntricas a partir de Rusia es la interpretación del FMI, en la que señala que las tendencias de los mercados financieros están: caracterizados por el pánico y por el instinto borrego, y, como en tiempos de euforia, se falló en discriminar entre economías con fundamentos fuertes y débiles (ibid).
El carácter globalizado de las economías parece ya no permitir tales discriminaciones; evidentemente, estos movimientos también globales de los flujos de capital revelan a sus poseedores u operadores financieros la posibilidad de una crisis cada vez más generalizada, la cual puede producirse, pues la reducción del crecimiento mundial es capaz de afectar los niveles de comercio y en consecuencia las exportaciones de países de mercados emergentes, con lo que el déficit de sus balanzas comerciales tendría dificultades para compensarse. Los países que han sustentado el pago del mencionado déficit a partir de los flujos especulativos, indudablemente han seguido una política que se encuentra en el filo de la navaja, pues si dichos flujos se reducen significativamente y se cierran las colocaciones de deuda en los mercados internacionales, la difusión de la crisis será mayor.
Una medida específica para contrarestar el proceso recesivo fue la aprobación que llevó a cabo el parlamento japonés (mediados de octubre de 1998) de un plan de estabilización que inyectará recursos públicos al sistema financiero en Japón. Se trata de una solución tipo FOBAPROA, pues es un tipo de programa de salvamento bancario por malos préstamos y carteras vencidas. Esta medida, que no resuelve la crisis japonesa y que según estimaciones iniciales abarca un monto cercano a los 570 mil mdd., no restituye las condiciones de resolución del aparato productivo, pues las pequeñas y medianas empresas siguen imposibilitadas para obtener créditos; hay reducción de la demanda interna, aumenta el desempleo y muchas empresasestán al borde de la quiebra. Sin embargo, el capital especulativo no dejó pasar la oportunidad, como en el caso de la bolsa de Tokio, cuyo índice avanzó mas de cinco por ciento en una sola jornada, sólo con el anuncio.
La restauración de la confianza requiere necesariamente de reformas más profundas, que ataquen la esencia de la problemática y no solamente los efectos de ineficiencias y corrupción en los sistemas financieros como en el caso de Japón, Brasil y México. En una visión global, considero que es un problema de modelo de desarrollo, en el que la liberalización y el libre mercado han tenido como garante a los Estados nacionales y a los organismos financieros mundiales, con el vigilante y prestamista de última instancia que ha sido el gobierno norteamericano. Recuérdese cuan presuroso fue al otorgar un préstamo a México ante la insuficiencia de divisas para pagar vencimiento de tesobonos en 1995, haciendo saltar la legalidad mexicana, incluso con la aprobación por mayoría en la Cámara de Diputados del Tratado Ortiz–Rubin, pues si bien dichos títulos estaban denominados en dólares, debieron ser pagados en pesos al tipo de cambio del día del vencimiento.
Al respecto, la interpretación del FMI es diferente, pues considera que la confianza en los mercados de capitales retornará gradualmente en lo que queda de 1998 y en 1999 en la medida que sean implementadas reformas, desde su punto de vista, cruciales:
Si situáramos el origen de la crisis solamente como un producto con un marcado énfasis en los malos manejos bancarios, en el llamado moral hazard, seguramente las medidas correctivas serían incrementar la supervisión y vigilancia de los intermediarios financieros y de los países. Sin embargo, reiteramos, dejan una de las causas esenciales sin profundizar en sus efectos, es más, evaden rápidamente la discusión o descalifican posiciones contrarias; me refiero al análisis y las consecuencias de las formas operativas que ha adoptado el capital financiero y su carácter desestructurador de los sistemas financiero y productivo en la era de la liberalización.
En este sentido, el FMI reconoce la existencia de riesgos al aclarar que el potencial para ampliar y profundizar la desaceleración económica proviene de una multitud de riesgos interrelacionados que provocan en la economía una situación inusualmente frágil; expresa en su argumentación que:
De existir el funcionamiento de libre
mercado, una gran cantidad de fondos de inversión y de intermediarios
financieros debieran haber quebrado y no ha sido así, la intervención
de los Estados y de los organismos internacionales han sido juez y parte
en el funcionamiento de la liberalización que más bien revela
una intervención férrea de gobiernos y autoridades financieras
nacionales y supranacionales en beneficio de los grandes capitalistas financieros
que finalmente tienen nombre y apellido. Recuérdese que en el caso
de México, el PRD ha revelado recientemente una lista inicial de
los beneficiarios del rescate bancario que causó, por cierto, gran
revuelo entre dirigentes de banqueros, empresarios y altos funcionarios
gubernamentales.
Crisis de países; crisis de regiones: hacia la crisis global
Al margen del mundo real expresado en el párrafo anterior, el FMI se revela formalmente carente de imaginación, o defensor abierto de intereses dentro de un libre mercado que solamente existe en sus informes, ya que sus “paquetes de ayuda” conllevan medidas altamente intervencionistas. Al respecto señala que las políticas de ajuste son necesarias, y hace sus recomendaciones a los países en problemas a fin de evitar la recesión y reencauzar las economías hacia el crecimiento, que en forma sintética son las siguientes:
Japón. Debe tomar acciones decisivas para resolver los problemas bancarios y enfilarse a la recuperación autosostenida. La pregunta que surge y que dicha institución no responde es qué originó los problemas bancarios.
Países asiáticos con economías de mercados emergentes. Estos países en recesión necesitan corregir firmemente las debilidades de las políticas e instituciones que han sido enmascaradas por la crisis, incluyendo la reestructuración de sus sectores financiero y corporativo. Otra vez la pregunta inmediata se refiere a que, una vez salvados los capitales de grandes inversionistas por los cracs bursátiles y bancarios, para lo cual recibieron paquetes de ayuda que deberán pagar, de dónde provendrán los recursos para la inversión y si habrá condiciones para dirigirse hacia la inversión productiva.
Rusia. Llegó a ser una fuente de contagio durante agosto de 1998, en respuesta a la devaluación del rublo y sus problemas de deuda externa, con inestabilidad en los mercados de acciones y elevaciones en la tasa de interés de corto plazo. Necesita restablecer la disciplina monetaria, adquirir viabilidad fiscal, reestructurar su sistema bancario y restaurar relaciones con acreedores externos. De acuerdo con el FMI, las causas de la crisis fueron el aumento de pérdidas en los mercados financieros; la desconfianza en la política fiscal y la situación de pagos internacionales, todo lo cual condujo a pérdidas de las reservas y a la inhabilidad para renovar los bonos del tesoro. Todo lo anterior se reflejó en sustanciales elevaciones de la tasa de interés para defender el rublo. Sin embargo, a pesar de que desde los meses de junio y julio el gobierno ruso anuncio medidas políticas del paquete de asistencia financiera del FMI, del Banco Mundial y de Japón, éstas solamente proporcionaron un alivio temporal. La crisis asiática y la recesión japonesa han sido el detonante del colapso de su economía.
Finalmente, las acciones prometidas por el gobierno ruso no pudieron ser cumplidas por la confrontación entre el presidente Yeltsin y la Duma, lo que agravó los problemas en el sector bancario e intensificó las caídas en los precios de acciones. Esta problemática se derivaba fundamentalmente de las grandes dificultades de la estructura productiva, entre otras causas, por la baja de los precios de los energéticos. Permanecen las causas de la crisis y se han cerrado el acceso a los mercados de capitales, su devaluación es superior al cien por ciento y la actividad económica ha entrado en una franca contracción, también se incrementaron los costos de la reestructuración bancaria, volviendo a emerger los riesgos de una alta inflación. Para Rusia, los costos de intentar el viraje hacia una economía de libre mercado han sido altos, tanto los económicos y sociales, pues las manifestaciones de violencia y de inseguridad son evidentes y la recuperación del crecimiento ni siquiera se percibe en un mediano plazo. Los efectos de la crisis rusa en los países con mercados emergentes se debió, de acuerdo con el Banco de México, a dos factores:
América Latina. Ha resultado la más afectada por el “dramático deterioro” en las expectativas del mercado derivadas de la crisis rusa. El riesgo real se deriva de las salidas de capital. El temor de los participantes en el mercado resulta de la prolongada ruptura de los flujos financieros internacionales con severos efectos depresivos sobre el comercio y la actividad. Los mecanismos de transmisión de la crisis rusa a América Latina, identificados por el FMI, se manifestaron a través de los movimientos de capitales en los mercados financieros y su salida de estos países, también se presentaron reducciones de los niveles de exportación, deterioro en la competitividad y declinación de los precios de mercancías.
Mientras se proponian y aplicaban las casi inocuas medidas propuestas por el FMI para resolver los problemas estructurales generados por el neoliberalismo, se presentó subsecuente a la crisis de México y de los países asiáticos, la crisis en Rusia, que afectó, entre otros, a los países de América Latina, cuyo contagio originó nuevas presiones en los mercados financieros. Las características fueron la contracción crediticia, ajustes en el tipo de cambio, aumentos en la tasa de interés, baja en el precio de las acciones. Las autoridades respondieron nuevamente con ajustes a la política monetaria y fiscal, como en el caso de los recortes al gasto público.
Brasil. Es de los países en que más se intensificaron las presiones a partir de agosto de 1998 y no se ha restablecido la confianza, teniendo que realizarse recortes adicionales al gasto a mediados de septiembre del mismo año. El resultado ha sido un déficit fiscal del 7% del pib y un significativo déficit en cuenta corriente. El caso de Brasil emergió como la siguiente economía a entrar en crisis profunda con todos los efectos perversos que puede tener para México, ya que de hecho seriamos arrastrados a dimensiones de producto negativo. Brasil tuvo incremento en los flujos de capital externo debido a la alta tasa real de interés, sin embargo, esta medida no resolvió su problemática expresada en el déficit fiscal, en el de cuenta corriente y su deuda pública de corto plazo. La fuga de capitales llevó a las autoridades a principios de septiembre a aumentar la tasa de interés de 19 a casi 50 por ciento.
México. A pesar de las interpretaciones sobre la solidez de la economía mexicana y la estabilidad de las variables macroeconómicas, ha sido evidente que se han resentido los efectos de la crisis rusa en los meses pasados. En su Informe sobre política monetaria, el Banco de México define el marco de la situación en nuestro país al expresar que:
Estados Unidos. La interpretación del FMI es que han empezado a considerar la aplicación de políticas monetarias para ayudar a contener los efectos de un entorno externo deteriorado sobre la actividad doméstica y ayudar a restaurar la calma en los mercados financieros globales. Al respecto, el Banco de México señala que: Un indicio de que la actividad económica estadounidense se está desacelerando es, por ejemplo, la caída de sus exportaciones manufactureras a Asia (ibid:7).
Hemos observado que la medida inicial
ha sido la reducción de la tasa de interés en los Estados
Unidos de cinco punto conco por ciento a cinco hasta mediados de octubre.
Sin embargo, las crisis asiática y rusa han contribuido a una baja
significativa tanto de la demanda externa como del ahorro personal, incluso
agrega el FMI:"son considerables los riesgos de una debilidad pronunciada
del crecimiento interno mayores que los proyectados, de continuar la inestabilidad
financiera global (FMI,
1998:17). En una especie de conclusión después de analizar
la situación mundial y las posibilidades de riesgos de crisis generalizada
expresa: Estos riesgos pueden y deben ser contenidos (ibid:5).
El FMI realiza una interpretación general en un apartado denominado “Consideraciones sistémicas”, en donde señala que sería un error atribuir las crisis financieras exclusivamente a deficiencias de política en los países en crisis. Agrega que:
Libre flujo de capitales, centro del debate
El planteamiento anterior del FMI es precisamente el centro del debate señalado al inicio del artículo: la operatividad de los flujos de capital es conocida en menor o mayor grado en las diversas interpretaciones sobre su impacto en los procesos de desarrollo. Dicha institución reconoce la aparente asociación de la liberalización financiera y las subsecuentes crisis financieras (ibid:21). No obstante, hace incapié en los beneficios de países receptores, los que han crecido rápidamente con relación a los costos del riesgo.
El FMI reconoce que para muchos países de mercado emergente lo mas relevante es considerar si la liberalización algunas veces puede ser prematura en el contexto de países que se dirigen hacia la estabilidad macroeconómica y reformas estructurales, incluido el desarrollo de sistemas financieros robustos. Nos definen dos conceptos a los cuales debe sujetarse la liberalización: bien secuenciada, que significa haber realizado reformas estructurales en otras áreas que reducirán riesgos;y la prudencia, lo que significa que la liberalización debe ser acompañada de reglas prudenciales que provean salvaguardas adecuadas contra los movimientos de corto plazo.
En una interpretación alternativa a la del FMI relativa a los casos de México, países asiáticos de mercados emergentes, Rusia, etcétera, la historia está escrita y el saldo es y ha sido negativo en la relación costo–beneficio resultante de la liberalización. Los costos económicos han sido enormes y está lejano el día en que se acaben de pagar ya que la destrucción de pequeñas y medianas industrias, los problemas crediticios de cartera vencida, cuya resolución tiene que posponerse para el largo plazo, y los altos costos sociales, no se compensan por los supuestos beneficios que tiene un grupúsculo de empresarios–banqueros–funcionarios.
La liberalización ha sido
impuesta directamente por los gobiernos adictos a dicha política
y han entregado sus países a los ataques especulativos de los flujos
de capital, dejándolos en estados de indefensión. Dichos
capitales en nada han contribuido a los procesos de desarrollo, puesto
que su objetivo es la obtención de altas y rápidas ganancias
y sus efectos –que ya hemos señalado– es asaltar los mercados financieros
donde pueden obtenerlas. Cancelar la discusión sobre este tema o
evadirla como lo ha hecho el FMI en su reciente reunión anual de
principios de octubre, de lo cual hicieron eco los gobiernos proclives.
Lo anterior nos conduce a la complicidad con dichos intereses que evidentemente
están atentando contra las naciones: no plantear soluciones de fondo
nos acercan cada vez más hacia la crisis global.
La nueva arquitectura financiera
Las propuestas de reestructuración financiera a nivel global datan de junio de 1995, después del estallamiento de la crisis mexicana. El Grupo de los 7 se reunió en Halifax para debatir sobre las reformas al sistema financiero mundial y evidentemente sobre las perspectivas de las instituciones internacionales de crédito.( FMI y BM). Sin embargo como señala la investigadora del IIE de la UNAM, Alma Chapoy, En Halifax no se hicieron las prometidas transformaciones en las instituciones existentes. Aumentar las cuotas del Fondo, establecer los NAP (nuevos acuerdos para la obtención de préstamos) y el "sistema de detección de crisis" de ningún modo resuelve la volatilidad de los capitales ni garantiza su solución en el largo plazo (Chapoy, 1998: 247).
En una artículo publicado en The Economist, con relación a la reestructuración financiera, Stanley Fischer, funcionario del FMI, señalaba que: No son pocas las sugestiones para reformar el sistema financiero internacional. Entre las principales están planes para fortalecer los sistemas bancarios nacionales; mecanismos para reducir contagios controles de capital; la necesidad de minimizar el daño moral,; nuevos regímenes de tasas de cambio; y reformar a sí mismo el FMI (Fischer, 1998).
No obstante no haber abordado una profunda reforma del sistema financiero en los años anteriores, en esta ocasión también se estuvo lejos de abordar problemáticas expuestas por Fischer. El FMI ha propuesto en la citada reunión de 1998 el fortalecimiento de la arquitectura del sistema monetario internacional con base en el establecimiento de estándares internacionales y el principio de buena práctica, todo lo cual con los propósitos de reducir riesgos de ruptura por los cambios en las expectativas del mercado, limitar los daños por contagio y fortalecer los procesos de resolución de la crisis, los objetivos son: (1) fortalecimiento efectivo de la supervisión y regulación de los mercados financieros; (2) mejorar la infraestrutura institucional; (3) aumentar la transparencia, la disciplina del mercado...(4) mejorar el manejo del riesgo por las instituciones financieras" (FMI, 1998:29). Los objetivos anteriores se desagregan en acciones como:
La conclusión del director
gerente del FMI respondía a otra interpretación: Los cinco
elementos clave de la nueva arquitectura financiera están definidos
y aprobados: transparencia, sistemas financieros sólidos, incorporación
del sector privado, liberalización ordenada y aceptación
internacional de los estándares y códigos de buenas prácticas
(Camdessus, 1998). Al
final de la reunión quedaban lejanas las expectativas verdaderamente
trascendentes.
Como podemos observar, estos conjuntos de medidas monitorean el sistema financiero y ponen reglas que, a mi juicio, de ninguna manera inciden directamente en la prevención y en la superación de las crisis. A pesar de ellas los capitales seguirán asaltando los mercados y retirándose cuando desaparezcan las grandes ganancias especulativas, siendo éste un aspecto fundamental para el cual se debieran establecer controles. Solamente se registrará el dato de entrada y salida de capitales y que todo se ha hecho con transparencia, ese es el alcance de la nueva arquitectura financiera que ha estado construyendo el FMI. La investigadora Chapoy ha escrito que: Las medidas que tendrá que aplicar el FMI están diseñadas única y exclusivamente para ofrecer seguridades a los inversionistas; contrariamente al propósito anunciado, en ningún momento se pretende proteger a los países subdesarrollados de los efectos de la volatilidad en los mercados (Chapoy, 1998:247).
En el Informe sobre política monetaria, el Banco de ha expresado su interpretación para la situación global: la turbulencia internacional ha alcanzado dimensiones imprevistas [...] los precios de las materias primas han caído en general [...] y se ha producido una gran contracción de la oferta de recursos financieros para países en desarrollo [...] y las expectativas de actividad económica se han revisado a la baja para todas las regiones del orbe (Banco de México, 1998:4). Se trata de una tendencia hacia una crisis financiera global, desde la cual los pronósticos para 1999 han tenido un ajuste muy significativo a la baja, pues se preve un crecimiento de solamente el 2.7%, siempre y cuando no persista la inestabilidad y no haya impactos negativos en las variables macroeconómicas.
La afirmación del secretario Gurría en el sentido de que México no está en crisis es parcialmente correcta, pues tal como lo declaró el presidente cubano Fidel Castro en la última cumbre Iberoamericana: No se trata de países en crisis, sino de un sistema en crisis [...] Hay graves riesgos de que sea una crisis económica globalizada (El Financiero, octubre 19).
El camino hacia la crisis global sigue abierto y cada vez máss nos adentraremos en crisis generalizadas con efectos sobredimensionados en los países receptores de flujos de capital, la consigna del director-gerente del FMI, Michel Camdessus, sigue siendo “¡Viva la libertad...de los capitales!”, contra el capital especulativo ningún control. Pero su organismo y sus operadores financieros si controlarán a todos los países en colaboración con los gobiernos afines, sin embargo, la crisis que tiende a ser cada vez mas generalizada, podría originar resistencias y luchas de amplios sectores de la sociedad civil, que finalmente desemboquen en transformaciones donde los procesos de desarrollo con objetivos sociales vuelvan a ser el centro de las políticas gubernamentales de todos los países, desechando el control oligopólico que actualmente detentan los grandes grupos financiero–industriales disfrazados de libre mercado y expresados en el modelo neoliberal.