
Traducción
EL SECTOR BANCARIO DE ESTADOS UNIDOS: ESTRUCTURA Y REGULACIÓN
1. Introducción
2. Historia
y evolución de la banca de Estados Unidos
3. La
actual legislación bancaria
4. La
regulación del sector bancario
5. Instituciones
reguladoras
6. Institución
Federal de Seguros de Depósitos
7. Reformas
a la regulación
8. El
caso a favor de la reforma regulatoria
9. El
caso en contra de las reformas regulatorias
10.Propuestas
de reforma recientes
11.Restricciones
para las sucursales
12.Respuestas
a las restricciones en la expansión de sucursales
13.Reducción
a las restricciones por expansión de sucursales
14.Una
visión futura de la banca de Estados Unidos
15.La
consolidación de la economía
16.Economía
de escala
17.Compensación
a ejecutivos
18.La
rentabilidad y la restricción de actividades
19.Conflictos
de intereses
20.Notas
Entre las naciones
industrializadas, el sector bancario de Estados Unidos representa un caso
único, y no es necesario ser un experto para identificar las características
que lo distinguen. En ese país existe, de hecho, un banco diferente
en cada esquina; situación que sobresale si se la compara con la
de otros países, en los que el patrón predominante es la
existencia de pocos bancos de gran magnitud. Mientras que Estados Unidos
tiene 10,000 bancos, Alemania posee sólo 250, Japón alrededor
de 100 e Inglaterra y Canadá, menos de 50. En tanto que otros países
cuentan con un reducido número de instituciones financieras gigantescas,
con numerosas sucursales para canalizar fondos de los ahorradores a los
prestamistas, en Estados Unidos esta tarea se lleva a cabo mediante miles
de bancos de poca magnitud, de diferentes propietarios, y con pocas o ninguna
sucursales; pero sería un error asumir que el gran número
de bancos existentes en Estados Unidos es indicador de un sistema competitivo;
quizás sea sólo un reflejo del entorno legal que limita estrictamente
cómo y dónde puede operar un banco. Históricamente,
hay limitaciones que han desacelerado el crecimiento en el número
de sucursales bancarias; es probable que éstas hayan reducido la
competencia.
Una persona que vive
en una población pequeña de Estados Unidos puede estar al
tanto del poder monopólico en la banca local; quizás ahorra
en un banco pequeño, de los pocos que hay en esa la localidad. En
este país hay un menor número de oficinas por persona que
en los países antes mencionados (con excepción de Japón).
Los bancos están tan protegidos de la competencia que ni siquiera
tienen necesidad de buscar a sus clientes, pues el mercado tiene tal nivel
de competencia que son los clientes quienes recurren a los bancos. En una
población numerosa, donde hay un mayor número de oficinas
bancarias, el mercado es más competido, pues el cliente tiene un
mayor número de opciones a elegir, y éstas ofrecen un mejor
nivel de servicio.
Historia y evolución de la banca de Estados Unidos
Las fuerzas que dieron forma al sistema bancario estadounidense se remontan a la época de la lucha de independencia de los Estados Unidos en el siglo XVIII. En los primeros años como nación independiente, se produjo un polémico debate para decidir las medidas que debía tomar el gobierno federal. Según los artículos de la constitución de los trece estados federados; la nación estaba organizada en una confederación débilmente integrada de estados independientes??. El poder del gobierno era poco, tenía la prioridad de resolver las disputas entre los territorios. Cuando la debilidad del sistema se hizo evidente, se inició la lucha para redefinir el papel del gobierno federal.
La banca estadounidense
Una escuela del pensamiento
político adoptada por los federalistas postulaba la implementación
de un gobierno central. Esta corriente, encabezada por Alejandro Hamilton,
concebía una nación basada en el comercio y la industria,
impulsados por un poder central. En contraste, el partido democráta-republicano
(conocido comúnmente como "antifederalista") concebía una
nación basada en el recurso más abundante y preciado de Estados
Unidos: la tierra. Lidereado por Thomas Jefferson, este grupo pugnó
por una sociedad agrícola y rural cuyo poder político residiría
en los estados.
Dada la importancia
del comercio y la industria en Estados Unidos, hoy en día es difícil
comprender el empeño de Jefferson y los antifederalistas en favor
de una sociedad agraria. Es preciso recordar que antes de la revolución
los americanos estuvieron subordinados a la concentración del poder
político y económico de la Gran Bretaña. El temor
de Estados Unidos de convertirse en otra Inglaterra fue el motor del pensamiento
antifederalista.
El debate entre federalistas
y antifederalistas tuvo una enorme influencia en la industria bancaria.
Hasta la última década del siglo XVIII, los bancos estaban
regulados por la legislación de cada estado; se prohibía
que los bancos operaran fuera de sus límites territoriales. De acuerdo
con la constitución de Estados Unidos (cuyo cumplimiento era un
compromiso tanto para los federalistas como para los antifederalistas),
en 1789 Hamilton inició la formación de un banco autorizado
para operar a nivel nacional: el Banco de los Estados Unidos. Sus razones
tenían una doble intención, por un lado, los estados habían
acumulado grandes deudas durante la guerra revolucionaria, las cuales fueron
absorbidas por el recientemente formado gobierno nacional; Hamilton creyó
que la organización de un banco nacional podría respaldar
y solventar esas deudas y manejar las operaciones financieras del gobierno
federal. Por otro lado, una sociedad industrial requería un sector
financiero fuerte y estable, y la mejor manera de lograrlo era mediante
la formación de ese banco nacional.
El punto medular de
esta hipótesis fue el hecho de que Estados Unidos no tenía
una moneda uniforme que tuviese aceptación a nivel nacional. En
aquel tiempo el dinero tomó la forma de billetes, de modo similar
a la moneda emitida por los orfebres en Inglaterra. Con la formación
de una gran empresa a nivel nacional que emitiera la moneda de la nación,
Hamilton esperaba estabilizar el valor del dólar.
Jefferson, apegado
a la estricta interpretación de la constitución, se opuso
a los poderes que asumió el gobierno federal, ya que éstos
no estaban contemplados en la legislación. Sin embargo argumentó
que el gobierno federal podría asumir cualquier función si
ésta no estaba explícitamente negada por la constitución.
Después de este polémico debate, se impuso la posición
de Hamilton. En 1791 se autorizó al Banco de los Estados Unidos
(BEU) para operar durante 20 años. Este banco tenía una participación
mixta: el gobierno federal poseía una quinta parte de las acciones
y el resto fue controlado por el público. A esta banca se le otorgó
el derecho exclusivo de establecer sucursales más allá de
los límites estatales. El número de filiales aumentó
a tal grado, que en 1836, cuando se organizó se organizó
el Segundo Banco de los Estados Unidos (sucesor del primero), controlaba
una tercera parte del total de depósitos del sistema bancario.
La desconfianza de
Jefferson hacia la concentración del poder financiero por parte
de este banco era razonable. Muy pronto el Banco de los Estados Unidos
originó dificultades a los bancos que operaban dentro de los límites
de un estado, ya que se negó a aceptar los billetes emitidos por
los bancos estatales, o en su defecto, cambiaba únicamente una parte
de ellos o sólo por una fracción de su valor nominal. Semejante
acción podía impactar en una falta de liquidez e insolvencia
en la banca estatal. También se acusó al BEU de instrumento
de poder político en contra de los antifederalistas, negándoles
la concesión de préstamos y favoreciendo más a la
industria que a la agricultura.
Muchos bancos estatales
habían logrado consolidar verdaderos monopolios antes de la creación
del Banco nacional, por lo que no sorprende que ese sector se opusiera
inflexiblemente a la renovación del acuerdo del BEU, que había
concluido en 1811. Recurriendo al sentimiento popular, los adversarios
argumentaban que el BEU trasladaba fondos del campo a la ciudad, ayudando
a la industria a expensas de la agricultura. El acuerdo no se renovó
sino hasta 1816, por un periodo de otros 20 años, con la esperanza
de que el BEU podría reparar los estragos financieros que siguieron
a la guerra de 1812. Más tarde, en 1836, el presidente populista
Andrew Jackson se negó a renovar el acuerdo del Segundo Banco Nacional;
se tenía ya una buena experiencia y la lección era evidente
al público: Se debería desconfiar de la concentración
del poder financiero y tomar todas las medidas pertinentes para prevenirla.
Como resultado muchos estados limitaron del numero de filiales que los
bancos podían establecer en sus demarcaciones. Algunos estados no
regularon del todo la creación de sucursales y permitieron a los
bancos operar con más de una oficina. Tal unidad bancaria permaneció
en los registros de varios estados hasta la década de los ochenta.
La época de la banca libre
La disolución
del BEU inició el periodo conocido como la época de la banca
libre, en el cual la supervisión en las actividades bancarias era
escasa. Cualquier persona que estuviera dispuesta y en condiciones
favorables podía establecer un banco; como consecuencia proliferó
el número de instituciones bancarias y de billetes1.
Pero al tiempo que el nuevo sistema mitigó muchos de los problemas
relacionados con la banca nacional trajo consigo otras dificultades: con
la existencia de muchos bancos que expedían sus propios billetes
(supuestamente respaldados por oro) se dificultaba la distinción
entre billetes falsos y genuinos. Muchos bancos que eran conocidos como
bancos de riesgo, establecieron sus oficinas en lugares de difícil
acceso y localización para no pagar sus documentos. Los billetes
de otros bancos lejanos eran considerados inseguros, y a menudo sus documentos
se pagaban a menor valor que la denominación que tenían impresa.
Se obligaba a los
comerciantes a llevar registros y conservar los estados de cuenta que mostraran
sus operaciones bancarias para demostrar la autenticidad de los billetes
recibidos en el desarrollo de sus actividades comerciales; y también
tendrían que determinar el valor de los mismos. Las quiebras bancarias
eran comunes, muchas resultaban de una disminución en sus activos,
y no de fraudes o malas administraciones.
La ley de la banca nacional en 1863
La época de
la banca libre tuvo una abrupta interrupción en 1863 con la Legislación
de la Banca Nacional. El impulso otorgado por estas medidas se detuvo por
dos conflictos. En primer lugar, los problemas de la banca libre incitaron
a algunos a iniciar una reforma legislativa. Y en segundo, el gobierno
federal requería de un mercado para colocar sus papeles de deuda
para financiar la guerra civil.
Las medidas permitían
al gobierno federal organizar bancos nacionales que podían emitir
moneda uniforme, estaban obligados a devolver sus emisiones con valor de
más del 100%, y con interés respaldado por bonos del gobierno
federal depositados en la Contraloría de la Moneda. Si un banco
nacional quebraba, sus cuentahabientes debían ser indemnizados con
los bonos depositados en la Contraloría de la Moneda. Debido
a que los billetes eran uniformes y seguros, se aceptó su valor
nominal a lo largo de toda la nación2.
Esto redujo en gran medida los costos de información asociados a
los billetes de los estados. Como una fuente de ingreso adicional, el Congreso
recaudó un alto impuesto a los billetes expedidos por los estados;
se esperaba que ese impuesto, aunado a la aceptación uniforme de
los billetes de los bancos nacionales, podría desalentar a
los bancos estatales y así se eliminaría la competencia de
los bancos nacionales; pero la respuesta de los bancos estatales no se
hizo esperar. Como sustituto de los billetes desarrollaron una demanda
de cuentas de depósito, que les ayudó a mantener su base
de depósito, una innovación para hacer frente a la fuerte
competencia de los bancos nacionales. El resultado fue el desarrollo de
un doble sistema bancario; un sistema que permanece intacto. Hoy, cerca
de un tercio del total de los bancos nacionales están organizados
por la Contraloría de la Moneda, y las otras dos terceras partes
son instituciones organizadas por los bancos estatales.
La ley bancaria de Glass-Steagall
Durante la primera guerra mundial, la banca comercial llegó a tener importantes nexos con el negocio de los valores. El sistema bancario fue responsable de distribuir los bonos de guerra, y muchos bancos los incluían en su portafolios de inversión; gradualmente la banca comercial comenzó a operar como banca de inversión, es decor, como instituciones responsables de emitir nuevos valores gubernamentales y comercializar con los ya existentes. En el periodo de 1929-1933 quebraron cerca de 10,000 bancos (un tercio del total). Junto con otros políticos influyentes, el senador Carter Glass (quien había ayudado a elaborar la Ley Federal en 1913), responsabilizó de los problemas a los banqueros de inversión. Su ataque a la banca de inversión se orientó en dos direcciones; en primer lugar, descubrió que los bancos que sostenían una buena parte de sus activos y valores eran naturalmente más vulnerables ante un colapso en el mercado de bursátil, tal como sucedió en el crack de 1929. En segundo lugar encontró que la mayoría los bancos había permitido a sus clientes el uso de seguros como una vía alterna para los préstamos bancarios, incrementando aún más la exposición a los riesgos del mercado3. En ultima instancia, Glass –y aquellos que apoyaron la Ley Bancaria de Glass-Steagall– llevó a un abuso indiscriminado de privilegios, lo que aceleró la especulación y desestabilización de la industria bancaria. Conflicto de intereses, manipulación de precios de acciones y falsedad de hechos para engañar a los clientes, eran algunos de esos abusos (la mayoría de esos clientes sufrieron pérdidas durante el colapso bancario). La regulación contemplada por legislación bancaria de 1933, que se aprobó rápidamente, tenía cuatro puntos básicos:
La actual legislación bancaria
En la década de los setenta la volatilidad de la economía y la alta inflación originaron tasas de interés a un máximo sin precedente, en tanto que la regulación Q de la Ley Glass-Steagall prohibió el pago de intereses sobre depósitos y fijó términos muy rígidos para los intereses que se podrían pagar a depósitos temporales. Con estas medidas las instituciones de ahorro perdían rápidamente sus depósitos de fondos del mercado de dinero, así como otras alternativas de inversión. Sobre todo estuvieron en riesgo las instituciones de ahorro con portafolios de acciones a largo plazo. Con los movimientos de depósitos de las instituciones de ahorro, los ahorradores se vieron forzados a vender algunos de sus valores, pero las altas tasas de interés del mercado propiciaron la disminución de los valores accionarios. Bajo la regulación Q, las altas tasas de interés eran una navaja de dos filos para las instituciones de financiamiento, y se hizo evidente la necesidad de un cambio sustancial en el sector bancario. Los problemas de la no intermediación, aunados a los FEDS, deseaban dejar pasar la desregulación de instituciones depositarias y control monetario. La legislación de 1980 DIMCA se basó en tres provisiones:
La estructura del sector bancario norteamericano es único; el sistema bancario dual ha producido un gran número de bancos pequeños. El negocio de la banca es también muy diferente a otras formas de negocio, porque los banqueros son la base de la seguridad financiera nacional por medio de los depósitos y otras acciones que influyen en las condiciones económicas del país. Sería normal preguntar por el organismo que vigila la acción de estas poderosas instituciones.
En Estados Unidos varias instituciones reguladoras de ahorro tienden coincidir parcialmente con las responsabilidades de la supervisión de la banca. Para apreciar los cambios producidos en las responsabilidades y su reglamentación es necesario ubicarlos en su contexto histórico. El sector financiero de Estados Unidos está regulado por diferentes entidades, cada una con sus propias responsabilidades y limitaciones, y creada para responder a las diferentes condiciones económicas y políticas. Para entender su función en la economía actual es necesario saber para qué fueron creadas originalmente. En las siguientes secciones se examina los orígenes de cuatro instituciones reguladoras: las comisiones bancarias estatales, la Controlaría de la Moneda, la reserva federal y el FDIC.
Comisiones bancarias estatales
Desde la era colonial hasta la etapa moderna, las comisiones bancarias estatales han jugado un papel muy importante en el sistema financiero norteamericano. Antes de 1863, conservaron el poder único de autorizar a los bancos. Hasta hoy estas comisiones continúan regulando los bancos estatales y conservan parte del poder de supervisión por encima de otras instituciones.
La Contraloría de Moneda
La regulación de la banca nacional de 1863, otorga a la Contraloría de Moneda una dependencia del Departamento del Tesoro; creada en respuesta a los excesos de "bancos riesgosos", tiene el poder de regular a todos los bancos nacionales. El sistema bancario nacional fue diseñado para retener grandes cantidades de emisión de deudas gubernamentales en el periodo de la guerra civil. Hoy en día la Contraloría de Moneda mantiene la estructura reguladora de los bancos nacionales y conserva una gran parte de responsabilidad reguladora.
El sistema de reserva federal
Entre 1863 y 1913 los pánicos financieros se extendiern a lo largo de la nación causando muchos problemas de solvencia por falta de liquidez de los bancos en quiebra. Para protegerse contra el pánico financiero, muchos bancos se unieron en un grupo llamado Cámara de Compensación y crearon fondos de emergencia para este tipo de eventos. El sistema funcionaba bien para un banco que sufriera los efectos del pánico financiero, pero no podía actuar ante una crisis producida en todo el sistema. Si los bancos de la Cámara de Compensación hubieran experimentado un sinúmero de retiros simultáneos no habrían obtenido fondos adicionales (el último recurso habría sido obtener un préstamo, sobre todo después del severo pánico de 1907). Los legisladores empezaron a considerar seriamente el establecimiento de un banco central; sus propuestas culminaron con la Ley de la Reserva Federal de 1913, que dio lugar a la creación del sistema de reserva federal (FED) que proveía de una fuente potencial de reservas para el sistema bancario en caso de una emergencia y tenía la responsabilidad de emitir una moneda, el billete de la Reserva Federal. Además, coexistía con los certificados de oro, los certificados de plata y las monedas emitidas por el Tesoro de Estados Unidos. Todo banco nacional era (y lo sigue siendo hasta hoy) obligado a formar parte de la Reserva Federal.
Institución Federal de Seguros de Depósitos
En 1934 la Reserva
Federal cargaba con muchas de las responsabilidades para la estabilidad
del sistema bancario. Sin embargo, la FED abandonó la responsabilidad
durante los años críticos de l929-1933, cuando una gran parte
de los bancos (uno de cada tres) se precipitó a la quiebra, lo cual
sacudió a la nación. El Congreso respondió con grandes
reformas a la legislación del sistema bancario en 1933 y 1934; primero
se creó un sistema de seguros de depósitos sería supervisado
por la recién creada Institución Federal de Seguros de Depósitos
(FIDC). Al principio los seguros de depósitos tenían un límite
de 2,500 dólares por depositante en cada cuenta individual. El límite
se amplió con el transcurso de los años y ahora alcanza los
100,000 dólares. Por ley, cada banco nacional debería adquirir
seguros del FIDC, por lo cual todo banco debía ser miembro de la
Reserva Federal. Sólo los bancos estatales, que no son miembros
de la Reserva Federal pueden rechazar el seguro del FIDC. Hoy en día,
el seguro FIDC cubre todo, pero son pocos cientos de pequeños bancos
estatales.
Responsabilidades
de regulación
Las responsabilidades
de regulación de cada una de estas entidades antes mencionadas se
observarán ahora desde su funcionamiento en la banca. Los bancos
nacionales son autorizados por la Contraloría de Moneda, que tiene
la responsabilidad de supervisarlos y evaluarlos. Los bancos estatales
que son miembros de la Reserva Federal son organizados por las comisiones
bancarias estatales, pero supervisados y evaluados por la Reserva Federal.
Los bancos estatales que no están dentro de la reserva, pero que
aceptaron las condiciones de la FIDC son vigilados y autorizados por ella.
Los bancos estatales que no son miembros de la Reserva Federal y que tampoco
aceptaron las condiciones del FIDC, son supervisados por autoridades estatales.
Por último la Reserva Federal tiene el derecho de supervisar las
actividades de los bancos, grupos de compañías bancarias
y de empresas que controlan uno o más bancos, pero que en realidad
no forman parte del negocio bancario.
Dado el complicado
esquema que se muestra en el cuadro 1, no sorprende que el público
y la comunidad bancaria, e incluso los mismos reguladores, hayan demandado
la simplificación del sistema, enfatizando la ineficiencia y confusión
que generan. Aunque el cambio ha sido lento, llama la atención la
estructura de la regulación.
Cuadro 1
División de responsabilidades
regulatorias
en la banca de Estados Unidos
| BANCO | INSTITUCIÓNQUE AUTORIZA | SUPERVISOR | ASEGURADORDE
LOS DEPÓSITO |
| Bancos nacionales | Controlaría de la Moneda | Controlaría de la Moneda | FIDC |
| Bancos nacionales, miembros de la Reserva Federal | Autoridades estatales | Reserva Federal | FIDC |
| Bancos estatales, no miembros de la Reserva Federal, pero asegurados por el FIDC | Autoridades estatales | FIDC | FIDC |
| Bancos estatales, no miembros de la Reserva Federal ni asegurados por el FIDC | Autoridades estatales | Autoridades estatales | Privado o asegurador estatal |
El caso a favor de la reforma regulatoria
Es obvio que la organización,
el seguro y la membresía del FED ofrecen opciones a los bancos,
y van de la mano con el sistema de múltiples reguladores, lo que
origina un doble esfuerzo regulatorio. La coincidencia de responsabilidades
es común, particularmente desde que el FDIC concede intereses en
la evaluación de las finanzas de cada institución financieras
que asegura. Los críticos del sistema actual señalan el alto
costo de duplicar las funciones y la falta de coordinación entre
las agencias; afirman que se podría llevar a cabo un incremento
en la eficiencia si se redujera el número de agencias reguladoras.
Los costos de las reuniones informativas disminuirían sustancialmente;
otro beneficio sería el incremento en la lealtad y acuerdo en los
tratos con los bancos. La reducción en carga reglamentaria podría
incrementar la constancia y mejorar el servicio bancario. Generalmente
las instituciones gobernadas por varias agencias están sujetas a
diferentes interpretaciones de la ley, la cual podría aplicarese
de manera uniforme. Muchas instituciones financieras encuentran provechoso
enfrentar a una agencia reguladora con otra; así, una fusión
que rechazada por uno de los reguladores, podría ser propuesta a
otro y ser aprobada. En los últimos años de los años
setenta, por ejemplo, muchos bancos nacionales se reorganizaron como bancos
estatales para evitar un gran número de requisitos impuestos por
la Reserva Federal.
Finalmente, se argumentó
que las responsabilidades coincidentes podrían reducir la efectividad
del sistema regulador en tiempos de crisis. Los críticos señalaban
la incapacidad del FDIC en los años ochenta para reembolsar a los
depositantes de instituciones que quebraron, que llevó a que los
bancos fueran declarados insolventes por las instituciones autorizadas.
Si los esfuerzos regulatorios fuesen consolidados o coordinados, la respuesta
habría sido más rápida y efectiva.
El caso en contra de las reformas regulatorias
A pesar de los obvios
problemas del sistema regulatorio, existen algunas ventajas en lo que respecta
a la supervisión. La primera, y más evidente, es que estipula
un sistema natural de inspección y equilibrio. Si uno de los reguladores
no detecta un problema, otro lo puede descubrir. El conflicto es la falta
de comunicación entre las agencias reguladoras.
La segunda, señalada
por los creadores del sistema, son los beneficios potenciales en la forma
de innovaciones financieras que no ocurrirían bajo un sistema de
una sola institución reguladora; se insiste en que muchos instrumentos
financieros e instituciones se desarrollaron en respuesta al incumplimiento
de las reglas de un regulador. El crecimiento de "los bancos no bancarios"
(instituciones que aceptan depósitos o realizan préstamos,
pero que no se comprometen en ninguna de las dos actividades) durante los
ochenta, se debió principalmente a las políticas de libre
autorización del control de la moneda. La banca interestatal estaba
desautorizada por la regulación federal, pues ésta había
crecido como efecto de la ley de la liberalización de la banca estatal,
abundan otros ejemplos: cuentas de NOW, hipotecas de interés variable
y grupos financieros multibancarios. Sin la regulación de varias
agencias, la banca de Estados Unidos tendría menos innovaciones,
muchas de las cuales han beneficiado a los depositantes y los prestamistas.
Finalmente, los autores
del status quo argumentan que una sola agencia reguladora podría
convertirse en una pesadilla burocrática e irresponsable; con algunas
excepciones del sector financiero se ha desarrollado bajo este sistema,
por lo que no hay una razón de peso para revisarlo de nueva cuenta.
Se debe admitir que se necesita una mejor comunicación y coordinación
entre las instituciones reguladoras, pero se debe buscar una reestructuración
que no provoque mayores dificultades, sino que las resuelva. Los críticos
del plan único de regulación señalan la crisis de
préstamos y ahorros de los últimos años de los ochenta,
el episodio financiero más devastador desde la gran depresión,
la cual ocurrió bajo la inspección de un solo regulador (Federal
Home Loan Board).
Propuestas de reforma recientes
Las propuestas para
la reforma reguladora no se han llevado a cabo; la más reciente
de ellas, por iniciativa del Departamento el Tesoro y respaldada por el
presidente Clinton en 1995, podría dar lugar a una Comisión
Federal Bancaria (FBC), que asumiría la autoridad para regular a
todos los bancos federales asegurados, consorcios financieros e instituciones
de ahorro. El (FBC) también podría organizarl os nuevos bancos
nacionales y de ahorro que surgieran. En la propuesta, el FDIC podría
continuar asegurando los depósitos y llevar a cabo inspecciones
especiales para proteger el fondo de seguro de los depósitos, mientras
que la Reserva Federal continuaría dirigiendo la política
monetaria y podría tener un poder limitado para inspeccionar instituciones
consideradas como vitales para la salud financiera de la nación.
Tanto como el FDIC y el FED, podrían tener acceso a todos los registros
del FBC, vinculados a las instituciones de depósitos y a consorcios
financieros.
Los críticos
de esta propuesta se preocupan por la pérdida de independencia política
de la que gozan las instituciones reguladoras. El plan de Clinton exige
un esquema de la FBC conformada por cinco miembros: tres designados por
el presidente y ratificados por el Senado (uno de ellos debe formar parte
de un partido político de oposición); uno por la Secretaría
del Tesoro; y uno por los miembros del consejo directivo de la Reserva
Federal. Bajo esta propuesta, cuatro o incluso cinco de los miembros pueden
ser designados por el presidente, haciendo que el consejo sea sensible
a las presiones políticas. Los críticos señalan que
la propuesta desperdicia la experiencia que las actuales instituciones
reguladoras, particularmente la Reserva Federal, han adquirido a través
de los años. Esa experiencia permite a los reguladores considerar
cuestiones macroeconómicas desde una perspectiva microeconómica
y tratar los problemas en forma pragmática, centrando su atención
en el impacto de las acciones del FED en el sector financiero en general
y en el bancario en particular. Para evitar el desperdicio de esa valiosa
experiencia, la Reserva Federal ha propuesto una reforma alternativa que
otorga al FED la responsabilidad de los bancos estatales y consolida la
supervisión de todos los bancos nacionales bajo la Comisión
Federal Bancaria. Las dos organizaciones podrían ser responsables
de los bancos de gran magnitud que juegan un papel importante en el sector
financiero. A mediados de 1996 no se ha tomado ninguna medida en relación
a las propuestas, pero es un asunto muy importante como para ser olvidado.
Este breve estudio
del sector bancario de Estados Unidos muestra diferentes características
que diferencian a este sector financiero del de cualquier otro país.
La más importante es el hecho de que los servicios bancarios de
Estados Unidos generalmente se llevan a cabo por un gran número
de pequeñas compañías, las cuales cuentan con pocas
filiales.
Restricciones para las sucursales
Las restricciones en
las sucursales son tan viejas como el mismo sistema bancario. Durante los
años de la banca nacional, solamente el BEU podía expandir
sus sucursales a través de las fronteras estatales. Pero los excesos
del BEU, causaron que los estados presionaran para restringir su expansión.
La Ley de la Banca Nacional de 1863, permitió a los estados limitar
la expansión de sucursales dentro de sus fronteras, reduciendo la
competencia en el sector financiero y asegurando a los bancos una fuente
de fondos a bajo costo. Un motivo subyacente era estabilizar la industria
bancaria posterior a la del periodo de la banca libre. En 1972 el gobierno
federal fue un paso más allá en favor de los bancos estatales,
para pasar por alto la Ley Mc. Fadden, prohibió a los bancos nacionales
operar fuera de las fronteras de sus estados originarios y los obligó
a acatar las regulaciones gubernamentales estatales referentes a la expansión
en sucursales interestatales.
Muchos estados permitieron
la expansión de sucursales a lo ancho del su territorio, lo que
permite a un banco abrir un número ilimitado de oficinas; otros
estados adoptaron restricciones de expansión en sucursales limitadas,
las cuales restringen a los bancos a un cierto número de oficinas.
La forma más restrictiva de la expansión de sucursales, fue
la banca unitaria, la cual permitía a cada banco una sola oficina.
Estas últimas se ubicaban principalmente en estados poco poblados
y de carácter agrícola; reflejaban una concentración
dudosa de acumulación de bienes y poder financiero (Kansas, el último
de los bancos unitarios estatales dejó de lado parte de sus restricciones
de 1986).
A pesar de la fuerza
inicial de las restricciones de la expansión en sucursales, éstas
se han incrementado a lo largo del tiempo. La tabla 1 muestra el crecimiento
de sucursales bancarias desde la década de los treinta, reflejó
tanto de la disminución de restricciones por parte de los Estados
como de los esfuerzos crecientes por parte de bancos por infringir las
restricciones bancarias. La respuesta de los bancos a las restricciones
de las expansiones a sucursales es el tema siguiente.
Tabla 1
Sucursales Bancarias por década
| DÉCADA | UNIDADES
BANCARIAS |
NÚMERO DE
UNIDADES |
TOTAL |
| 1990 | 5,288 | 6,848 | 12,136 |
| 1980 | 7,069 | 6,978 | 14,047 |
| 1970 | 8,828 | 5,275 | 14,103 |
| 1960 | 10,260 | 3,111 | 13,371 |
| 1950 | 11,590 | 1,706 | 13,296 |
| 1940 | 12,309 | 1,059 | 13,368 |
| 1930 | 12,950 | 869 | 13,819 |
Respuestas a las restricciones en la expansión de sucursales
El sector bancario no ha visto restricciones favorables en la expansión de sucursales, tanto a nivel federal como estatal. La historia de la banca estadounidense indica que los bancos no han dejado alternativas sin explorar en sus intentos de evadir dicha legislación. Sus esfuerzos culminaron en muchas acciones, incluyendo las compañías propietarias de bancos, la división de servicios bancarios, el crecimiento de la banca electrónica y las intensas reuniones con miembros del congreso en búsqueda de apoyo a la reducción de restricciones.
Compañías propietarias de la banca
La primera respuesta
a las restricciones en la expansión de las sucursales, fue el crecimiento
de las compañías propietarias de bancos. Suponiendo que un
banco en Missouri quiere adquirir un banco en Iowa, pero las restricciones
de la expansión en sucursales interestatales previenen una compra
directa. El banco de Missouri puede proveer una corporación "envolvente"
(una compañía propietaria de banco) que por sí misma
no es un banco, pero que puede convertirse en el propietario legal del
banco de Missouri y comprar el banco de Iowa y operarlo como una subsidiaria
totalmente propia. La corporación "envolvente" se convierte en una
compañía propietaria de bancos. Un ejemplo es City Corp.,
propietaria de City Bank, uno de los bancos más grandes de Estados
Unidos.
Este tipo de maniobras
legales fue muy popular durante la primera mitad de este siglo, particularmente
donde la expansión de sucursales estaba muy restringida. Pero en
1956, la Ley de Compañías Propietarias de Bancos, prohibió
dichas expansiones, a menos que las leyes estatales permitieran adquisiciones
interestatales. "El acta fue el predecesor de las compañías
propietarias de muchos bancos, permitiéndoles continuar con sus
operaciones."
La división de servicios bancarios
Los bancos han descubierto
otros formas de evadir las restricciones a las expansiones de las sucursales.
La Ley de Compañías Propietarias de Bancos definía
a un banco como una entidad que "acepta depósitos solicitados y
realiza préstamos comerciales". La reacción lógica
de los empresarios de bancos fue dividir las dos funciones y realizarlas
por separado; proporcionaron "bancos no bancarios" que aceptaban depósitos,
pero no hacían préstamos, y "oficinas no bancarias", que
hacían préstamos pero no aceptaban depósitos. Los
fondos fueron canalizados de "bancos no bancarios", por medio de la corporación
propietaria.
El crecimiento de
este tipo de actividades fue tan rápido que pronto dio lugar a la
restricción de las actividades "no bancarias". La Ley de Igualdad
en la Competencia Bancaria, de 1987, prohibió el establecimiento
de nuevos "bancos no bancarios".
Las instituciones
existentes fueron nuevamente permitidas, pero se limitaron sus oportunidades
de crecimiento futuro. A pesar de las restricciones, los "bancos no bancarios"
permanecen como grandes negocios. Citi Corp., el mayor de los "bancos no
bancarios"; opera más de mil facilidades "no bancarias" a
lo largo de Estados Unidos.
Banca electrónica
Otra respuesta a la restricción fue el desarrollo del sistema bancario electrónico. Es muy probable que los estudiantes universitarios estén familiarizados con el concepto de cajeros automáticos, pero la lucha de la banca electrónica fue difícil. Muchos estados se resistieron a su instalación, argumentando que eran propiedad de un banco, y los consideraban legalmente sucursales de ese banco. Sin embargo, un cajero automático era propiedad de otro negocio o permitía el acceso a una red de múltiples instituciones (como VISA y CIRRUS), se le consideraba exento de la restricción. Como resultado, muchos bancos han utilizado las redes institucionales electrónicas para establecer su presencia en mercados que antes les eran inaccesibles. Es incomprensible que la banca electrónica se haya retrasado por las fuertes restricciones de expansión de sucursales.
Reducción a las restricciones por expansión de sucursales
Desde el episodio de
la regulación de las compañías propietarias de bancos,
en 1956, se han presenciado lentos pero firmes avances rumbo a la banca
libre interestatal. La ley garantizó a los estados el poder gobernar
la expansión de sucursales bancarias, asegurando virtualmente que
la banca interestatal se convirtiera en una realidad. Después de
ese acontecimiento muchos estados realizaron acuerdos recíprocos
para que los bancos de un estado pudieran abrir sucursales en otro, si
los bancos de aquel les otorgaba el mismo privilegio. En 1975, Maine se
convirtió en el primer estado en permitir la expansión de
sucursales totalmente interestatales. A principios de los ochenta, muchos
otros estados siguieron la misma tendencia, expandiendo bancos en amplias
regiones, que rivalizaron con los centros bancarios ya establecidos, pues
competían tanto en tamaño como en alcance.
A finales de los ochenta,
muchos estados habían disminuido sustancialmente sus restricciones
para la expansión de sucursales, tanto a nivel interestatal como
dentro de sus propios fronteras. En la actualidad sólo Hawai continúa
prohibiendo la banca interestatal.
En septiembre de 1994,
el presidente Clinton firmó el Acuerdo de Bancos Interestatales
y Eficiencia en la Expansión de Sucursales de Riegle-Neal, que eliminó
muchas de las restricciones para la banca interestatal. Este convenio,
que revocó los derechos otorgados a los estados por el acuerdo 1863,
permitió a las compañías propietarias de bancos adquirir
bancos en cualquier lugar de la nación. A partir del 1o. del junio
de 1997, a las compañías propietarias se les permitió
convertir a los bancos de distintos estados en sucursales de una sola firma
interestatal.
Una visión futura de la banca de Estados Unidos
¿Qué implica este desarrollo para el sector bancario? Si se analiza el periodo de 1988 a 1993, cuando los estados estaban disminuyendo sus restricciones a la expansión de sucursales, se puede apreciar lo que quizás ocurra en el futuro. Durante esos años las compañías propietarias de bancos obtuvieron la ventaja para adquirir bancos en otros estados, pero el cambio fue gradual para proceder con precaución. Sin embargo, como las leyes se volvieron más liberales, las compañías propietarias unificaron rápidamente a distintos bancos, convirtiéndolos en sucursales de uno solo. Si esta visión resultara verdadera, en la próxima década se puede esperar un incremento gradual del número de adquisiciones, aunado a un movimiento dinámico de fusiones entre las instituciones existentes.
La consolidación de la economía
Después de que
los bancos se manejaron evadiendo las restricciones a la expansión
de sucursales, la regulación bancaria se ha ido liberando; las presiones
impuestas a los bancos fue la de emerger, consolidar y expandir. Para entender
las razones de las presiones, se debe ubicar a la industria bancaria norteamericana
en un marco global. La tabla 2 muestra los bancos más grandes del
mundo, en tanto que en la tabla 3 aparecen los bancos más grandes
de Estados Unidos; se obseva que todos los bancos ubicados entre los 10
más grandes del mundo están en Japón. El banco más
grande de Estados Unidos, el Chase Manhattan, apenas se ubica entre los
primeros 20.
Tabla 2
Los bancos más grandes
del mundo (por activos)
| POSICIÓN | BANCO | ACTIVO (EN
BILLONES DE DÓLARES) |
| 1 | Banco Sanwa, Osaka | $588 |
| 2 | Banco Dai-icni Kangyo , Tokio | $588 |
| 3 | Banco Fuji , Tokio | $577 |
| 4 | Banco Sumitomo , Osaka | $571 |
| 5 | Banco Sakura , Tokio | $565 |
| 6 | Banco Mitsubishi , Tokio | $553 |
| 7 | Banco Norinchukin, Tokio | $500 |
| 8 | Banco Industrial del Japón, Tokio | $437 |
| 9 | Banco Mitsubishi Trust, Tokio | $394 |
| 10 | Banco de Crédito a Largo Plazo de Japón, Tokio | $376 |
Tabla 3
Los bancos más grandes
de los Estados Unidos (por activos)
| Posición | Banco | Activo
(en billones de dólares) |
Posición
aproximada en el mundo |
| 1 | Chemical Bank-Chase Manhattan | $305 | 20 |
| 2 | Citicorp | $257 | 26 |
| 3 | Bank of America | $227 | 32 |
| 4 | NationsBank Corp. | $184 | 37 |
| 5 | Morgan Guaranty Trust | $166 | 44 |
| 6 | First Union-First Fidelity | $124 | |
| 7 | First Chicago-NBD Corp. | $123 | |
| 8 | Fleet Financial | $114 | |
| 9 | Wells Fargo Bank-First Interstate | $108 | |
| 10 | Bankers Trust, Nueva York | $103 |
Más aún,
la concentración económica en el sector bancario norteamericano
es relativamente bajo. En Estados Unidos la participación en el
mercado de los cinco bancos más grandes es sólo del 18%,
en marcado contraste con otras naciones industrializadas como Alemania
(62%), Inglaterra (57%) y Canadá (78%).
Pero aún cuando
el sector bancario norteamericano se compone principalmente de pequeñas
firmas, su gran número no debe interpretarse como una señal
de fuerte competencia; muchos bancos pequeños, disfrutan de un monopolio
local. Las restricciones en la expansión de sucursales estatales
e interestatales han aislado tan bien a los pequeños bancos de la
competencia que incluso los más ineficientes son a menudo capaces
de permanecer en el negocio.
Pero la banca norteamericana
está repuntando claramente contra los bancos del resto del mundo.
Entre 1981 y 1996, el número total de bancos de Estados Unidos descendió
de cerca de 14,400 a menos de 10,000; la disminución no es producto
de un repunte en el establecimiento de nuevos bancos, sino del dramático
surgimiento y consolidación de los ya existentes. Dada la continua
liberación de leyes bancarias, en las próximas décadas
se verá menos y más grandes bancos.
¿Podrían
la disminución de las restricciones bancarias y el nacimiento y
la consolidación de muchos bancos producir un sector bancario más
eficiente ?
La intuición
sugiere que la respuesta debería ser afirmativa, aunque el tamaño
de la ganancia de la eficiencia sería difícil de medir. Los
observadores hacen notar que otros factores no relacionados con la eficiencia
podrían dirigir el movimiento de consolidación. En las siguientes
secciones se considera cuatro factores que orientan la tendencia; sólo
dos de ellas se relacionan con la eficiencia de costos.
Un área en la
que probablemente exista la ganancia de potencialidad en la eficiencia
es el área de costos de operación. Si una compañía
propietaria posee dos bancos que operan en forma independiente, cada banco
debe invertir por separado en información común, equipo de
procesamiento de datos electrónico y un grupo administrativo. Muchos
de estos costos se podrían reducir si se comparten trabajadores
y equipo. La reducción de costos que se deriva de la expansión
se define comúnmente como economía de escala.
Para lograr la mayor
rentabilidad, un banco competitivo debe operar en una escala de mínima
eficiencia, el punto del menor costo promedio. Los economistas han estimado
que la mínima escala de eficiencia para los bancos norteamericanos
es con depósitos no mayores a los 125 millones de dólares.
Si las economías de escala significativas existen, un banco competitivo
debe expandirse por medio de sucursales hasta alcanzar la mínima
escala de eficiencia. Sin embargo, muchos estudios del sector bancario
sugieren que las economías de escala se agotan rápidamente.
En un examen de 13 estudios de curvas de costos bancarios, 11 de ellos
no mostraron economías de escala mayores a 100 millones de dólares
en depósitos. Estudios adicionales reportan significativas "no economía
de escala" para bancos con activos mayores iguales a $100 millones. Esta
evidencia sugiere que los impulsos por la ola actual de consolidaciones
no se basa en el ahorro de costos, sino en otros factores no relacionados
con la eficiencia de la economía.
Hay que enfatizar,
sin embargo, que estos estudios se basan en datos históricos que
pueden no reflejar el entorno actual bancario. El crecimiento reciente
de la banca electrónica ha disminuido la necesidad de personal de
servicio en las cuentas y sus costos asociados, así como múltiples
oficinas, horarios extendidos de servicio, un grupo completo de trabajo
y cajeros ejecutivos de cuenta. Dado que la banca electrónica es
relativamente nueva, los banqueros argumentan que la estimación
de costos puede situarse en centenas por debajo del punto mínimo
de escala de eficiencia que las suposiciones sugieren, en un nivel de centenas
de dólares de depósitos. un análisis estadístico
no sofisticado se ha terminado hasta que esos argumentos sean verificados,
sin embargo debemos buscar otros factores Partir de la eficiencia
que pueden estar llenando el movimiento de consolidación y expansión.
Administración de riesgos y diversificación de portafolios
Un segundo contribuyente probable de la tendencia hacia la consolidación es el potencial creciente de la diversificación geográfica de activos. Los bancos con oficinas en más de una región pueden prestar a una variedad de clientes, evitando así la trampa de "poner todos los huevos en la cesta". En efecto, la desastrosa experiencia de los bancos de Texas, posterior a la caída dramática de los precios del petróleo a mediados de los ochenta, sirve de testigo a los beneficios de la diversificación. La gráfica 1 muestra qué tan costosa fue la falta de diversificación de activos. Entre 1986 y 1990 los bancos de Texas reunieron casi la mitad de los fracasos bancarios en Estados Unidos.
Tabla 1
Costos de la falta de diversificación
de activos*
*Entre 1986
y 1990, los bancos de Texas sumaban casi la mitad de los fracasos bancarios
en Estados Unidos.
Si los beneficios de
la consolidación son inciertos, ¿por qué hay tantos
bancos en consolidación? Muy probablemente, los factores no relacionados
con la eficiencia y la rentabilidad contribuyen a esa tendencia. Un estudio
en 1991, realizado por el Banco de la Reserva Federal de Mineápolis,
intentó describir por qué ser más grande puede ser
mejor en el sector bancario. Los autores se mostraron escépticos
con respecto a que las economías de escala y la diversificación
de portafolios fueran factores para la consolidación.
En la búsqueda
de una explicación más satisfactoria, examinaron los incentivos
de los gerentes para incrementar el tamaño del banco. Sus hallazgos
indican que mientras los salarios de los gerentes no están muy ligados
a la rentabilidad o crecimiento, dependen del total de las acciones bancaria.
Dado que el entorno a las regulaciones virtualmente provienen de tomas
de control hostiles, uno de los mecanismos más efectivos para los
gerentes que van detrás de sus propios intereses a costa de los
dueños, sean forzados a abandonar la institución, los gerentes
tienen un incentivo financiero para expandir sus firmas. Esta hipótesis,
aún cuando un poco cínica, puede servir para promover futuras
preguntas con respecto a los motivos que llevan movimiento de consolidación.
Poder monopólico
Muchos de los gerentes de bancos recientes y consolidaciones han involucrado a sus competidores en el mismo mercado geográfico. Si los bancos son capaces de reducir la competencia y ganar una posición de monopolio mediante la fusión, los deudores y los inversionistas se encontrarán a merced del banco, con la atención fija en las tasas de créditos y de pagos de interés de los depósitos. Ése es exactamente el tipo de poder que Jefferson y los antifederalistas temían. ¿Por qué estaban justificados sus temores? Muchos estudios han mostrado una fuerte y positiva correlación de los mercados, la brecha entre las tasas de intereses cargadas y los préstamos con aquellos que pagan. Entonces los beneficios obtenidos por los bancos del poder creciente del mercado, pueden reducir los costos de las "no economías de escala" que se encuentran en expansión.
La rentabilidad y la restricción de actividades
En el pasado, los bancos
estaban restringidos no sólo en relación al lugar, sino también,
y sobre todo, a la forma de operar, con énfasis en el tipo de activos
que debían poseer. La legislación más legislativa
que afectaba la actividad bancaria fue la de 1933, (la ley Glass-Steagall).
La ley creó
una línea bien definida entre el banco comercial y de Inversión.
Pero en las últimas décadas la línea divisoria entre
ambos ha ido desapareciendo. Ahora los dos bancos compiten más directamente
en una estrecha variedad de partes. Explotando los pretextos de las leyes
existentes y tomando una ventaja de la disminución de restricciones
de Glass-Steagall, los bancos se vuelven cada vez más homogéneos.
Primero, los bancos
comerciales realizan avances extraordinarios en lo que eran los banqueros
inversionistas, jugando a aumentar el papel en la garantía de fondos.
Los bancos estuvieron limitados una vez a las garantías de los fondos
por el poder de cobrar impuestos del gobierno, así como los bonos
del gobierno federal y las obligaciones generales de los bonos municipales.
Pero en 1988 la Suprema Corte dio el poder de autorizarle al banco comercial
las garantías de alta calidad de deuda, a la Reserva Federal garantías
como: los bonos de ingreso industrial, papel comercial y fondos respaldados
por la deuda del consumidor. Entonces en 1989 a algunos bancos comerciales
subsidiarios se les permitió competir directamente con los bancos
de inversión en la garantía de bonos corporativos. Hoy en
día esos bancos pueden ofrecer servicios de correduría (el
descuento de servicios de correduría se ofreció por primera
vez en 1983), y desde 1987 se autorizó a los bancos y las compañías
de bancos de soporte a ofrecer servicios de correduría, incluyendo
el consejo para la inversión. Los bancos comerciales también
comenzaron a manejar y comercializar sus propios fondos. Mientras su actual
parte de mercado sea pequeña, la proximidad de la relación
banco-consumidor y la ventaja de la sucursal bancaria harán de los
bancos comerciales un competidor formidable para los bancos de inversión
de las décadas venideras.
Además, los
bancos de inversión actúando cada vez más como los
bancos comerciales, estableciendo bancos no bancarios y oficinas bancarias,
y pueden competir con los bancos comerciales para depósitos y préstamos
de los consumidores.
Muchos bancos de inversión
ofrecen dinero comercial de fondos mutuos que funcionan como cuentas de
cheques. A otros se les ha permitido adquirir bancos quebrados y de ahorro,
y convertirlos en bancos no bancarios.
Finalmente, la línea
divisoria entre la banca y la industria está erosionándose.
Pueden ser familiares la red financiera de Sears, tan altamente publicitada,
que ofrece al mismo tiempo servicios de correduría, tarjetas de
crédito y una gran variedad de servicios financieros, y todos los
fabricantes de automóviles americanos comprometidos en la intermediación
financiera en muchas partes, desde préstamos y servicios de crédito
hasta venta de seguros. Sin embargo, lo importante no es si las firmas
industriales pueden actuar como bancos, o si los bancos comerciales pueden
operar como bancos de inversión, a pesar de que debemos preguntar
si a ellos les está permitido esto o no. La Ley Glass-Steagall surgió
como respuesta a lo concerniente sobre los abusos de poder por parte de
los bancos comerciales, así como exagerando la calidad de la promulgación
de sus garantías, asegurando y comercializando préstamos
con incumplimiento, dejando garantías de mala calidad y soportando
riesgos excesivos en la seguridad de los fondos. Esto puede estar tan justificado
como lo está hoy, como lo estuvo en 1933. Un estudio muestra que
durante la gran depresión el rango de falla de los bancos nacionales
que operaban departamentos de bonos y fondos afiliados era cerca del 7%,
mientras la tasa de rango de falla total de la banca nacional era de alrededor
de 26%. Las economías de escala y el potencial para la diversificación
del portafolios que ofrecían los
bancos de inversión
eran probables responsables de la disparidad.
Un profundo análisis
de la Ley Glass-Steagall era la creencia de que mezclar las funciones de
la banca y la inversión producía problemas de interés.
Los críticos opinan que la banca comercial había tomado ventaja
en las actividades de inversión debido a que no les informaban a
sus clientes el riesgo de los fondos que ellos garantizaban. Los bancos
exhibían también una tendencia de dar activos de mala calidad,
que eran de difícil comercialización; por ello sometían
a riesgo a sus clientes, pero los conflictos en potencia estaban presentes
casi en todas las transacciones financieras. Incluso actualmente los bancos
comerciales pueden incentivar a los negocios a pedirles préstamos,
financiando el proyecto a través de una garantía. Y las firmas
de fondos, tienen un considerable interés en recomendar a los clientes
de comprar los activos, que ellos mismos habían garantizado .Los
conflictos potenciales de interés, entonces, no podían constituir
una razón válida para mantener la distinción entre
la banca comercial y la banca de inversión.
El conflicto se podría
negociar al regular ciertas actividades si la banca y las garantías
tuvieran la misma facilidad de acceso. Por ejemplo, una banca tiene más
posibilidad de asesorar a un negocio potencial que le pida prestado si
ese banco puede ofrecer el servicio comercial y de crédito. Y los
pequeños ahorradores gustan más de recibir asesorías
sobre inversiones si el banco puede ofrecer mutuos servicios ahorros: bonos
de inversión y créditos.
En un estudio reciente,
después de estudiar las características del riesgo de los
fondos garantizados por bancos comerciales en los años veinte, se
notó que había un conflicto superior. Hoy en día los
estudiosos concluyen que los fondos garantizados por los bancos comerciales
eran de mejor calidad y menor riesgo de quiebra que las garantías
de seguridad de los bancos de inversión. Aparentemente los bancos
comerciales desean reducir la capacidad de los conflictos de interés
y su potencialidad, que ha provocado tener que garantizar lugares más
seguros y mejores grados de activos, ya que los depositantes estaban controlando
sus actividades. De esta manera la fusión de la banca comercial
y de inversión puede servir para reducir el riesgo en garantías
ofrecidas.
1
En este tiempo ya se había implementado la cuenta de cheques con
sus restricciones, algo muy similar al sistema actual mediante reservas;
los bancos podían expedir sus propios billetes con diferentes denominaciones
en dólares, cada que se otorgaba un préstamo. El método
operó en forma similar al sistema inglés, en el cual los
artesanos orfebres tenían la facultad de emitir certificados respaldados
por una fracción en oro. El efecto de la expedición de dichos
billetes era el mismo al que ocurre hoy en día cuando los bancos
realizan un préstamo, esto es, se crea el dinero.
2
La ley obligó a la banca nacional a reembolsar documentos de otros
bancos nacionales a su valor nominal. Esto aumentó la confianza
pública en la moneda, lo que ayudó a mantener el valor y
la aceptación de los documentos.
3
La reserva del mercado se derrumbó erosionando la seguridad del
valor, que servía como banco colateral. Así, la contracción
económica intensificó la capacidad de falta de pago de los
préstamos. La declinación del valor colateral obligó
a los bancos a absorber la diferencia notable del valor de los préstamos
y el valor colateral del mercado, lo que desencadenó la erosión
de las cuentas de capital.