Gestión y Estrategia / No. 11-12 Número doble / Enero Diciembre, 1997 /
UAM- A 

Traducción

EL SECTOR BANCARIO DE ESTADOS UNIDOS: ESTRUCTURA Y REGULACIÓN



Thomas Lloyd B. *

1. Introducción
2. Historia y evolución de la banca de Estados Unidos
3. La actual legislación bancaria
4. La regulación del sector bancario
5. Instituciones reguladoras
6. Institución Federal de Seguros de Depósitos
7. Reformas a la regulación
8. El caso a favor de la reforma regulatoria
9. El caso en contra de las reformas regulatorias
10.Propuestas de reforma recientes
11.Restricciones para las sucursales
12.Respuestas a las restricciones en la expansión de sucursales
13.Reducción a las restricciones por expansión de sucursales
14.Una visión futura de la banca de Estados Unidos
15.La consolidación de la economía
16.Economía de escala
17.Compensación a ejecutivos
18.La rentabilidad y la restricción de actividades
19.Conflictos de intereses
20.Notas

Introducción

Entre las naciones industrializadas, el sector bancario de Estados Unidos representa un caso único, y no es necesario ser un experto para identificar las características que lo distinguen. En ese país existe, de hecho, un banco diferente en cada esquina; situación que sobresale si se la compara con la de otros países, en los que el patrón predominante es la existencia de pocos bancos de gran magnitud. Mientras que Estados Unidos tiene 10,000 bancos, Alemania posee sólo 250, Japón alrededor de 100 e Inglaterra y Canadá, menos de 50. En tanto que otros países cuentan con un reducido número de instituciones financieras gigantescas, con numerosas sucursales para canalizar fondos de los ahorradores a los prestamistas, en Estados Unidos esta tarea se lleva a cabo mediante miles de bancos de poca magnitud, de diferentes propietarios, y con pocas o ninguna sucursales; pero sería un error asumir que el gran número de bancos existentes en Estados Unidos es indicador de un sistema competitivo; quizás sea sólo un reflejo del entorno legal que limita estrictamente cómo y dónde puede operar un banco. Históricamente, hay limitaciones que han desacelerado el crecimiento en el número de sucursales bancarias; es probable que éstas hayan reducido la competencia.
Una persona que vive en una población pequeña de Estados Unidos puede estar al tanto del poder monopólico en la banca local; quizás ahorra en un banco pequeño, de los pocos que hay en esa la localidad. En este país hay un menor número de oficinas por persona que en los países antes mencionados (con excepción de Japón). Los bancos están tan protegidos de la competencia que ni siquiera tienen necesidad de buscar a sus clientes, pues el mercado tiene tal nivel de competencia que son los clientes quienes recurren a los bancos. En una población numerosa, donde hay un mayor número de oficinas bancarias, el mercado es más competido, pues el cliente tiene un mayor número de opciones a elegir, y éstas ofrecen un mejor nivel de servicio.

Historia y evolución de la banca de Estados Unidos

Las fuerzas que dieron forma al sistema bancario estadounidense se remontan a la época de la lucha de independencia de los Estados Unidos en el siglo XVIII. En los primeros años como nación independiente, se produjo un polémico debate para decidir las medidas que debía tomar el gobierno federal. Según los artículos de la constitución de los trece estados federados; la nación estaba organizada en una confederación débilmente integrada de estados independientes??. El poder del gobierno era poco, tenía la prioridad de resolver las disputas entre los territorios. Cuando la debilidad del sistema se hizo evidente, se inició la lucha para redefinir el papel del gobierno federal.

La banca estadounidense

Una escuela del pensamiento político adoptada por los federalistas postulaba la implementación de un gobierno central. Esta corriente, encabezada por Alejandro Hamilton, concebía una nación basada en el comercio y la industria, impulsados por un poder central. En contraste, el partido democráta-republicano (conocido comúnmente como "antifederalista") concebía una nación basada en el recurso más abundante y preciado de Estados Unidos: la tierra. Lidereado por Thomas Jefferson, este grupo pugnó por una sociedad agrícola y rural cuyo poder político residiría en los estados.
Dada la importancia del comercio y la industria en Estados Unidos, hoy en día es difícil comprender el empeño de Jefferson y los antifederalistas en favor de una sociedad agraria. Es preciso recordar que antes de la revolución los americanos estuvieron subordinados a la concentración del poder político y económico de la Gran Bretaña. El temor de Estados Unidos de convertirse en otra Inglaterra fue el motor del pensamiento antifederalista.
El debate entre federalistas y antifederalistas tuvo una enorme influencia en la industria bancaria. Hasta la última década del siglo XVIII, los bancos estaban regulados por la legislación de cada estado; se prohibía que los bancos operaran fuera de sus límites territoriales. De acuerdo con la constitución de Estados Unidos (cuyo cumplimiento era un compromiso tanto para los federalistas como para los antifederalistas), en 1789 Hamilton inició la formación de un banco autorizado para operar a nivel nacional: el Banco de los Estados Unidos. Sus razones tenían una doble intención, por un lado, los estados habían acumulado grandes deudas durante la guerra revolucionaria, las cuales fueron absorbidas por el recientemente formado gobierno nacional; Hamilton creyó que la organización de un banco nacional podría respaldar y solventar esas deudas y manejar las operaciones financieras del gobierno federal. Por otro lado, una sociedad industrial requería un sector financiero fuerte y estable, y la mejor manera de lograrlo era mediante la formación de ese banco nacional.
El punto medular de esta hipótesis fue el hecho de que Estados Unidos no tenía una moneda uniforme que tuviese aceptación a nivel nacional. En aquel tiempo el dinero tomó la forma de billetes, de modo similar a la moneda emitida por los orfebres en Inglaterra. Con la formación de una gran empresa a nivel nacional que emitiera la moneda de la nación, Hamilton esperaba estabilizar el valor del dólar.
Jefferson, apegado a la estricta interpretación de la constitución, se opuso a los poderes que asumió el gobierno federal, ya que éstos no estaban contemplados en la legislación. Sin embargo argumentó que el gobierno federal podría asumir cualquier función si ésta no estaba explícitamente negada por la constitución. Después de este polémico debate, se impuso la posición de Hamilton. En 1791 se autorizó al Banco de los Estados Unidos (BEU) para operar durante 20 años. Este banco tenía una participación mixta: el gobierno federal poseía una quinta parte de las acciones y el resto fue controlado por el público. A esta banca se le otorgó el derecho exclusivo de establecer sucursales más allá de los límites estatales. El número de filiales aumentó a tal grado, que en 1836, cuando se organizó se organizó el Segundo Banco de los Estados Unidos (sucesor del primero), controlaba una tercera parte del total de depósitos del sistema bancario.
La desconfianza de Jefferson hacia la concentración del poder financiero por parte de este banco era razonable. Muy pronto el Banco de los Estados Unidos originó dificultades a los bancos que operaban dentro de los límites de un estado, ya que se negó a aceptar los billetes emitidos por los bancos estatales, o en su defecto, cambiaba únicamente una parte de ellos o sólo por una fracción de su valor nominal. Semejante acción podía impactar en una falta de liquidez e insolvencia en la banca estatal. También se acusó al BEU de instrumento de poder político en contra de los antifederalistas, negándoles la concesión de préstamos y favoreciendo más a la industria que a la agricultura.
Muchos bancos estatales habían logrado consolidar verdaderos monopolios antes de la creación del Banco nacional, por lo que no sorprende que ese sector se opusiera inflexiblemente a la renovación del acuerdo del BEU, que había concluido en 1811. Recurriendo al sentimiento popular, los adversarios argumentaban que el BEU trasladaba fondos del campo a la ciudad, ayudando a la industria a expensas de la agricultura. El acuerdo no se renovó sino hasta 1816, por un periodo de otros 20 años, con la esperanza de que el BEU podría reparar los estragos financieros que siguieron a la guerra de 1812. Más tarde, en 1836, el presidente populista Andrew Jackson se negó a renovar el acuerdo del Segundo Banco Nacional; se tenía ya una buena experiencia y la lección era evidente al público: Se debería desconfiar de la concentración del poder financiero y tomar todas las medidas pertinentes para prevenirla. Como resultado muchos estados limitaron del numero de filiales que los bancos podían establecer en sus demarcaciones. Algunos estados no regularon del todo la creación de sucursales y permitieron a los bancos operar con más de una oficina. Tal unidad bancaria permaneció en los registros de varios estados hasta la década de los ochenta.

La época de la banca libre

La disolución del BEU inició el periodo conocido como la época de la banca libre, en el cual la supervisión en las actividades bancarias era escasa. Cualquier persona que estuviera dispuesta y en  condiciones favorables podía establecer un banco; como consecuencia proliferó el número de instituciones bancarias y de billetes1. Pero al tiempo que el nuevo sistema mitigó muchos de los problemas relacionados con la banca nacional trajo consigo otras dificultades: con la existencia de muchos bancos que expedían sus propios billetes (supuestamente  respaldados por oro) se dificultaba la distinción entre billetes falsos y genuinos. Muchos bancos que eran conocidos como bancos de riesgo, establecieron sus oficinas en lugares de difícil acceso y localización para no pagar sus documentos. Los billetes de otros bancos lejanos eran considerados inseguros, y a menudo sus documentos se pagaban a menor valor que la denominación que tenían impresa.
Se obligaba a los comerciantes a llevar registros y conservar los estados de cuenta que mostraran sus operaciones bancarias para demostrar la autenticidad de los billetes recibidos en el desarrollo de sus actividades comerciales; y también tendrían que determinar el valor de los mismos. Las quiebras bancarias eran comunes, muchas resultaban de una disminución en sus activos, y no de fraudes o malas administraciones.

La ley de la banca nacional en 1863

La época de la banca libre tuvo una abrupta interrupción en 1863 con la Legislación de la Banca Nacional. El impulso otorgado por estas medidas se detuvo por dos conflictos. En primer lugar, los problemas de la banca libre incitaron a algunos a iniciar una reforma legislativa. Y en segundo, el gobierno federal requería de un mercado para colocar sus papeles de deuda para financiar la guerra civil.
Las medidas permitían al gobierno federal organizar bancos nacionales que podían emitir moneda uniforme, estaban obligados a devolver sus emisiones con valor de más del 100%, y con interés respaldado por bonos del gobierno federal depositados en la Contraloría de la Moneda. Si un banco nacional quebraba, sus cuentahabientes debían ser indemnizados con los  bonos depositados en la Contraloría de la Moneda. Debido a que los billetes eran uniformes y seguros, se aceptó su valor nominal a lo largo de toda la nación2.  Esto redujo en gran medida los costos de información asociados a los billetes de los estados. Como una fuente de ingreso adicional, el Congreso recaudó un alto impuesto a los billetes expedidos por los estados; se esperaba que ese impuesto, aunado a la aceptación uniforme de los billetes de los bancos nacionales, podría  desalentar a los bancos estatales y así se eliminaría la competencia de los bancos nacionales; pero la respuesta de los bancos estatales no se hizo esperar. Como sustituto de los billetes desarrollaron una demanda de cuentas de depósito, que les ayudó a mantener su base de depósito, una innovación para hacer frente a la fuerte competencia de los bancos nacionales. El resultado fue el desarrollo de un doble sistema bancario; un sistema que permanece intacto. Hoy, cerca de un tercio del total de los bancos nacionales están organizados por la Contraloría de la Moneda, y las otras dos terceras partes son instituciones organizadas por los bancos estatales.

La ley bancaria de Glass-Steagall

Durante la primera guerra mundial, la banca comercial llegó a tener importantes nexos con el negocio de los valores. El sistema bancario fue responsable de distribuir los bonos de guerra, y muchos bancos los incluían en su portafolios de inversión; gradualmente la banca comercial comenzó a operar como banca de inversión, es decor, como instituciones responsables de emitir nuevos valores gubernamentales y comercializar con los ya existentes. En el periodo de 1929-1933 quebraron cerca de 10,000 bancos (un tercio del total). Junto con otros políticos influyentes, el senador Carter Glass (quien había ayudado a elaborar la Ley Federal en 1913), responsabilizó de los problemas a los banqueros de inversión. Su ataque a la banca de inversión se orientó en dos direcciones; en primer lugar, descubrió que los bancos que sostenían una buena parte de sus activos y valores eran naturalmente más vulnerables ante un colapso en el mercado de bursátil, tal como sucedió en el crack de 1929. En segundo lugar encontró que la mayoría los bancos había permitido a sus clientes el uso de seguros como una vía alterna para los préstamos bancarios, incrementando aún más la exposición a los riesgos del mercado3. En ultima instancia, Glass –y aquellos que apoyaron la Ley Bancaria de Glass-Steagall– llevó a un abuso indiscriminado de privilegios, lo que aceleró la especulación y desestabilización de la industria bancaria. Conflicto de intereses, manipulación de precios de acciones y falsedad de hechos para engañar a los clientes, eran algunos de esos abusos (la mayoría de esos clientes sufrieron pérdidas durante el colapso bancario). La regulación contemplada por legislación bancaria de 1933, que se aprobó rápidamente, tenía cuatro puntos básicos:

La Ley Glass-Steagall contenía estatutos para la seguridad en los depósitos, prohibía el pago de los intereses de los depósitos de demanda, fijaba tasas de interés máximo para depósitos temporales y establecía un mínimo en los requerimientos para la compra de valores. Buena parte de esos estatutos han sido adoptados por otros países; sin embargo, los economistas no están de acuerdo con algunos de ellos; muchos países europeos permiten la actividad bancaria de inversión mediante bancos comerciales; en tanto que en Japón se ha ampliado el establecimiento de la unión entre la banca y la industria.

La actual legislación bancaria

En la década de los setenta la volatilidad de la economía y la alta inflación originaron tasas de interés a un máximo sin precedente, en tanto que la regulación Q de la Ley Glass-Steagall prohibió el pago de intereses sobre depósitos y fijó términos muy rígidos para los intereses que se podrían pagar a depósitos temporales. Con estas medidas las instituciones de ahorro perdían rápidamente sus depósitos de fondos del mercado de dinero, así como otras alternativas de inversión. Sobre todo estuvieron en riesgo las instituciones de ahorro con portafolios de acciones a largo plazo. Con los movimientos de depósitos de las instituciones de ahorro, los ahorradores se vieron forzados a vender  algunos de sus valores, pero las altas tasas de interés del mercado propiciaron la disminución de los valores accionarios. Bajo la regulación Q, las altas tasas de interés eran una navaja de dos filos para las instituciones de financiamiento, y se hizo evidente la necesidad de un cambio sustancial en el sector bancario. Los problemas de la no intermediación, aunados a los FEDS, deseaban dejar pasar la desregulación de instituciones depositarias y control monetario. La legislación de 1980 DIMCA se basó en tres provisiones:

La regulación del sector bancario

La estructura del sector bancario norteamericano es único; el sistema bancario dual ha producido un gran número de bancos pequeños. El negocio de la banca es también muy diferente a otras formas de negocio, porque los banqueros son la base de la seguridad financiera nacional por medio de los depósitos y otras acciones que influyen en las condiciones económicas del país. Sería normal preguntar por el organismo que vigila la acción de estas poderosas instituciones.

Como se puede observar, las regulaciones impuestas al sistema bancario funcionan con los objetivos opuestos a estos tres puntos, y en realidad perjudican con problemas que se supone deben prevenir.

Instituciones reguladoras

En Estados Unidos varias instituciones reguladoras de ahorro tienden coincidir parcialmente con las responsabilidades de la supervisión de la banca. Para apreciar los cambios producidos en las responsabilidades y su reglamentación es necesario ubicarlos en su contexto histórico. El sector financiero de Estados Unidos está regulado por diferentes entidades, cada una con sus propias responsabilidades y limitaciones, y creada para responder a las diferentes condiciones económicas y políticas. Para entender su función en la economía actual es necesario saber para qué fueron creadas originalmente. En las siguientes secciones se examina los orígenes de cuatro instituciones reguladoras: las comisiones bancarias estatales, la Controlaría de la Moneda, la reserva federal y el FDIC.

Comisiones bancarias estatales

Desde la era colonial  hasta la etapa moderna, las comisiones bancarias estatales han jugado un papel muy importante en el sistema financiero norteamericano. Antes de 1863, conservaron el poder único de autorizar a los bancos. Hasta hoy estas comisiones continúan regulando los bancos estatales y conservan parte del poder de supervisión por encima de otras instituciones.

La Contraloría de Moneda

La regulación de la banca nacional de 1863, otorga a la Contraloría de Moneda una dependencia del Departamento del Tesoro; creada en respuesta a los excesos de "bancos riesgosos", tiene el poder de regular a todos los bancos nacionales. El sistema bancario nacional fue diseñado para retener grandes cantidades de emisión de deudas gubernamentales en el periodo de la guerra civil. Hoy en día la Contraloría de Moneda mantiene la estructura reguladora de los bancos nacionales y conserva una gran parte de responsabilidad reguladora.

El sistema de reserva federal

Entre 1863 y 1913 los pánicos financieros se extendiern a lo largo de la nación causando muchos problemas de solvencia por falta de liquidez de los bancos en quiebra. Para protegerse contra el pánico financiero, muchos bancos se unieron en un grupo llamado Cámara de Compensación y crearon fondos de emergencia para este tipo de eventos. El sistema funcionaba bien para un banco que sufriera los efectos del pánico financiero, pero no podía actuar ante una crisis producida en todo el sistema. Si los bancos de la Cámara de Compensación hubieran experimentado un sinúmero de retiros simultáneos no habrían obtenido fondos adicionales (el último recurso habría sido obtener un préstamo, sobre todo después del severo pánico de 1907). Los legisladores empezaron a considerar seriamente el establecimiento de un banco central; sus propuestas culminaron con la Ley de la Reserva Federal de 1913, que dio lugar a la creación del sistema de reserva federal (FED) que proveía de una fuente potencial de reservas para el sistema bancario en caso de una emergencia y tenía la responsabilidad de emitir una moneda, el billete de la Reserva Federal. Además, coexistía con los certificados de oro, los certificados de plata y las monedas emitidas por el Tesoro de Estados Unidos. Todo banco nacional era (y lo sigue siendo hasta hoy) obligado a formar parte de la Reserva Federal.

Institución Federal de Seguros de Depósitos

En 1934 la Reserva Federal cargaba con muchas de las responsabilidades para la estabilidad del sistema bancario. Sin embargo, la FED abandonó la responsabilidad durante los años críticos de l929-1933, cuando una gran parte de los bancos (uno de cada tres) se precipitó a la quiebra, lo cual sacudió a la nación. El Congreso respondió con grandes reformas a la legislación del sistema bancario en 1933 y 1934; primero se creó un sistema de seguros de depósitos sería supervisado por la recién creada Institución Federal de Seguros de Depósitos (FIDC). Al principio los seguros de depósitos tenían un límite de 2,500 dólares por depositante en cada cuenta individual. El límite se amplió con el transcurso de los años y ahora alcanza los 100,000 dólares. Por ley, cada banco nacional debería adquirir seguros del FIDC, por lo cual todo banco debía ser miembro de la Reserva Federal. Sólo los bancos estatales, que no son miembros de la Reserva Federal pueden rechazar el seguro del FIDC. Hoy en día, el seguro FIDC cubre todo, pero son pocos cientos de pequeños bancos estatales.
Responsabilidades de regulación
Las responsabilidades de regulación de cada una de estas entidades antes mencionadas se observarán ahora desde su funcionamiento en la banca. Los bancos nacionales son autorizados por la Contraloría de Moneda, que tiene la responsabilidad de supervisarlos y evaluarlos. Los bancos estatales que son miembros de la Reserva Federal son organizados por las comisiones bancarias estatales, pero supervisados y evaluados por la Reserva Federal. Los bancos estatales que no están dentro de la reserva, pero que aceptaron las condiciones de la FIDC son vigilados y autorizados por ella. Los bancos estatales que no son miembros de la Reserva Federal y que tampoco aceptaron las condiciones del FIDC, son supervisados por autoridades estatales. Por último la Reserva Federal tiene el derecho de supervisar las actividades de los bancos, grupos de compañías bancarias y de empresas que controlan uno o más bancos, pero que en realidad no forman parte del negocio bancario.

Reformas a la regulación

Dado el complicado esquema que se muestra en el cuadro 1, no sorprende que el público y la comunidad bancaria, e incluso los mismos reguladores, hayan demandado la simplificación del sistema, enfatizando la ineficiencia y confusión que generan. Aunque el cambio ha sido lento, llama la atención la estructura de la regulación.
 
Cuadro 1
División de responsabilidades regulatorias
en la banca de Estados Unidos
 
BANCO  INSTITUCIÓNQUE  AUTORIZA  SUPERVISOR  ASEGURADORDE  
LOS DEPÓSITO
Bancos nacionales  Controlaría de la Moneda  Controlaría de la Moneda  FIDC
Bancos nacionales, miembros de la Reserva Federal Autoridades estatales  Reserva Federal  FIDC
Bancos estatales, no miembros de la Reserva Federal, pero asegurados por el FIDC  Autoridades estatales  FIDC  FIDC
Bancos estatales, no miembros de la Reserva Federal ni asegurados por el FIDC Autoridades estatales Autoridades estatales  Privado o asegurador estatal 
      


El caso a favor de la reforma regulatoria

Es obvio que la organización, el seguro y la membresía del FED ofrecen opciones a los bancos, y van de la mano con el sistema de múltiples reguladores, lo que origina un doble esfuerzo regulatorio. La coincidencia de responsabilidades es común, particularmente desde que el FDIC concede intereses en la evaluación de las finanzas de cada institución financieras que asegura. Los críticos del sistema actual señalan el alto costo de duplicar las funciones y la falta de coordinación entre las agencias; afirman que se podría llevar a cabo un incremento en la eficiencia si se redujera el número de agencias reguladoras. Los costos de las reuniones informativas disminuirían sustancialmente; otro beneficio sería el incremento en la lealtad y acuerdo en los tratos con los bancos. La reducción en carga reglamentaria podría incrementar la constancia y mejorar el servicio bancario. Generalmente las instituciones gobernadas por varias agencias están sujetas a diferentes interpretaciones de la ley, la cual podría aplicarese de manera uniforme. Muchas instituciones financieras encuentran provechoso enfrentar a una agencia reguladora con otra; así, una fusión que rechazada por uno de los reguladores, podría ser propuesta a otro y ser aprobada. En los últimos años de los años setenta, por ejemplo, muchos bancos nacionales se reorganizaron como bancos estatales para evitar un gran número de requisitos impuestos por la Reserva Federal.
Finalmente, se argumentó que las responsabilidades coincidentes podrían reducir la efectividad del sistema regulador en tiempos de crisis. Los críticos señalaban la incapacidad del FDIC en los años ochenta para reembolsar a los depositantes de instituciones que quebraron, que llevó a que los bancos fueran declarados insolventes por las instituciones autorizadas. Si los esfuerzos regulatorios fuesen consolidados o coordinados, la respuesta habría sido más rápida y efectiva.

El caso en contra de las reformas regulatorias

A pesar de los obvios problemas del sistema regulatorio, existen algunas ventajas en lo que respecta a la supervisión. La primera, y más evidente, es que estipula un sistema natural de inspección y equilibrio. Si uno de los reguladores no detecta un problema, otro lo puede descubrir. El conflicto es la falta de comunicación entre las agencias reguladoras.
La segunda, señalada por los creadores del sistema, son los beneficios potenciales en la forma de innovaciones financieras que no ocurrirían bajo un sistema de una sola institución reguladora; se insiste en que muchos instrumentos financieros e instituciones se desarrollaron en respuesta al incumplimiento de las reglas de un regulador. El crecimiento de "los bancos no bancarios" (instituciones que aceptan depósitos o realizan préstamos, pero que no se comprometen en ninguna de las dos actividades) durante los ochenta, se debió principalmente a las políticas de libre autorización del control de la moneda. La banca interestatal estaba desautorizada por la regulación federal, pues ésta había crecido como efecto de la ley de la liberalización de la banca estatal, abundan otros ejemplos: cuentas de NOW, hipotecas de interés variable y grupos financieros multibancarios. Sin la regulación de varias agencias, la banca de Estados Unidos tendría menos innovaciones, muchas de las cuales han beneficiado a los depositantes y los prestamistas.
Finalmente, los autores del status quo argumentan que una sola agencia reguladora podría convertirse en una pesadilla burocrática e irresponsable; con algunas excepciones del sector financiero se ha desarrollado bajo este sistema, por lo que no hay una razón de peso para revisarlo de nueva cuenta. Se debe admitir que se necesita una mejor comunicación y coordinación entre las instituciones reguladoras, pero se debe buscar una reestructuración que no provoque mayores dificultades, sino que las resuelva. Los críticos del plan único de regulación señalan la crisis de préstamos y ahorros de los últimos años de los ochenta, el episodio financiero más devastador desde la gran depresión, la cual ocurrió bajo la inspección de un solo regulador (Federal Home Loan Board).

Propuestas de reforma recientes

Las propuestas para la reforma reguladora no se han llevado a cabo; la más reciente de ellas, por iniciativa del Departamento el Tesoro y respaldada por el presidente Clinton en 1995, podría dar lugar a una Comisión Federal Bancaria (FBC), que asumiría la autoridad para regular a todos los bancos federales asegurados, consorcios financieros e instituciones de ahorro. El (FBC) también podría organizarl os nuevos bancos nacionales y de ahorro que surgieran. En la propuesta, el FDIC podría continuar asegurando los depósitos y llevar a cabo inspecciones especiales para proteger el fondo de seguro de los depósitos, mientras que la Reserva Federal continuaría dirigiendo la política monetaria y podría tener un poder limitado para inspeccionar instituciones consideradas como vitales para la salud financiera de la nación. Tanto como el FDIC y el FED, podrían tener acceso a todos los registros del FBC, vinculados a las instituciones de depósitos y a consorcios financieros.
Los críticos de esta propuesta se preocupan por la pérdida de independencia política de la que gozan las instituciones reguladoras. El plan de Clinton exige un esquema de la FBC conformada por cinco miembros: tres designados por el presidente y ratificados por el Senado (uno de ellos debe formar parte de un partido político de oposición); uno por la Secretaría del Tesoro; y uno por los miembros del consejo directivo de la Reserva Federal. Bajo esta propuesta, cuatro o incluso cinco de los miembros pueden ser designados por el presidente, haciendo que el consejo sea sensible a las presiones políticas. Los críticos señalan que la propuesta desperdicia la experiencia que las actuales instituciones reguladoras, particularmente la Reserva Federal, han adquirido a través de los años. Esa experiencia permite a los reguladores considerar cuestiones macroeconómicas desde una perspectiva microeconómica y tratar los problemas en forma pragmática, centrando su atención en el impacto de las acciones del FED en el sector financiero en general y en el bancario en particular. Para evitar el desperdicio de esa valiosa experiencia, la Reserva Federal ha propuesto una reforma alternativa que otorga al FED la responsabilidad de los bancos estatales y consolida la supervisión de todos los bancos nacionales bajo la Comisión Federal Bancaria. Las dos organizaciones podrían ser responsables de los bancos de gran magnitud que juegan un papel importante en el sector financiero. A mediados de 1996 no se ha tomado ninguna medida en relación a las propuestas, pero es un asunto muy importante como para ser olvidado.
Este breve estudio del sector bancario de Estados Unidos muestra diferentes características que diferencian a este sector financiero del de cualquier otro país. La más importante es el hecho de que los servicios bancarios de Estados Unidos generalmente se llevan a cabo por un gran número de pequeñas compañías, las cuales cuentan con pocas filiales.

Restricciones para las sucursales

Las restricciones en las sucursales son tan viejas como el mismo sistema bancario. Durante los años de la banca nacional, solamente el BEU podía expandir sus sucursales a través de las fronteras estatales. Pero los excesos del BEU, causaron que los estados presionaran para restringir su expansión. La Ley de la Banca Nacional de 1863, permitió a los estados limitar la expansión de sucursales dentro de sus fronteras, reduciendo la competencia en el sector financiero y asegurando a los bancos una fuente de fondos a bajo costo. Un motivo subyacente era estabilizar la industria bancaria posterior a la del periodo de la banca libre. En 1972 el gobierno federal fue un paso más allá en favor de los bancos estatales, para pasar por alto la Ley Mc. Fadden, prohibió a los bancos nacionales operar fuera de las fronteras de sus estados originarios y los obligó a acatar las regulaciones gubernamentales estatales referentes a la expansión en sucursales interestatales.
Muchos estados permitieron la expansión de sucursales a lo ancho del su territorio, lo que permite a un banco abrir un número ilimitado de oficinas; otros estados adoptaron restricciones de expansión en sucursales limitadas, las cuales restringen a los bancos a un cierto número de oficinas. La forma más restrictiva de la expansión de sucursales, fue la banca unitaria, la cual permitía a cada banco una sola oficina. Estas últimas se ubicaban principalmente en estados poco poblados y de carácter agrícola; reflejaban una concentración dudosa de acumulación de bienes y poder financiero (Kansas, el último de los bancos unitarios estatales dejó de lado parte de sus restricciones de 1986).
A pesar de la fuerza inicial de las restricciones de la expansión en sucursales, éstas se han incrementado a lo largo del tiempo. La tabla 1 muestra el crecimiento de sucursales bancarias desde la década de los treinta, reflejó tanto de la disminución de restricciones por parte de los Estados como de los esfuerzos crecientes por parte de bancos por infringir las restricciones bancarias. La respuesta de los bancos a las restricciones de las expansiones a sucursales es el tema siguiente.

Tabla 1
Sucursales Bancarias por década
 
 
DÉCADA UNIDADES  
BANCARIAS
NÚMERO DE 
UNIDADES  
TOTAL
1990   5,288  6,848  12,136
1980  7,069 6,978 14,047
1970  8,828 5,275 14,103
1960 10,260  3,111  13,371
1950 11,590 1,706  13,296
1940  12,309  1,059  13,368
1930  12,950    869  13,819
Fuente: Federal Deposit Insurance Corporation, Estadísticas históricas de la banca, 1993.
Los datos por década son promedio de los años comprendidos en el periodo.  


Respuestas a las restricciones en la expansión de sucursales

El sector bancario no ha visto restricciones favorables en la expansión de sucursales, tanto a nivel federal como estatal. La historia de la banca estadounidense indica que los bancos no han dejado alternativas sin explorar en sus intentos de evadir dicha legislación. Sus esfuerzos culminaron en muchas acciones, incluyendo las compañías propietarias de bancos, la división de servicios bancarios, el crecimiento de la banca electrónica y las intensas reuniones con miembros del congreso en búsqueda de apoyo a la reducción de restricciones.

Compañías propietarias de la banca

La primera respuesta a las restricciones en la expansión de las sucursales, fue el crecimiento de las compañías propietarias de bancos. Suponiendo que un banco en Missouri quiere adquirir un banco en Iowa, pero las restricciones de la expansión en sucursales interestatales previenen una compra directa. El banco de Missouri puede proveer una corporación "envolvente" (una compañía propietaria de banco) que por sí misma no es un banco, pero que puede convertirse en el propietario legal del banco de Missouri y comprar el banco de Iowa y operarlo como una subsidiaria totalmente propia. La corporación "envolvente" se convierte en una compañía propietaria de bancos. Un ejemplo es City Corp., propietaria de City Bank, uno de los bancos más grandes de Estados Unidos.
Este tipo de maniobras legales fue muy popular durante la primera mitad de este siglo, particularmente donde la expansión de sucursales estaba muy restringida. Pero en 1956, la Ley de Compañías Propietarias de Bancos, prohibió dichas expansiones, a menos que las leyes estatales permitieran adquisiciones interestatales. "El acta fue el predecesor de las compañías propietarias de muchos bancos, permitiéndoles continuar con sus operaciones."

La división de servicios bancarios

Los bancos han descubierto otros formas de evadir las restricciones a las expansiones de las sucursales. La Ley de Compañías Propietarias de Bancos definía a un banco como una entidad que "acepta depósitos solicitados y realiza préstamos comerciales". La reacción lógica de los empresarios de bancos fue dividir las dos funciones y realizarlas por separado; proporcionaron "bancos no bancarios" que aceptaban depósitos, pero no hacían préstamos, y "oficinas no bancarias", que hacían préstamos pero no aceptaban depósitos. Los fondos fueron canalizados de "bancos no bancarios", por medio de la corporación propietaria.
El crecimiento de este tipo de actividades fue tan rápido que pronto dio lugar a la restricción de las actividades "no bancarias". La Ley de Igualdad en la Competencia Bancaria, de 1987, prohibió el establecimiento de nuevos "bancos no bancarios".
Las instituciones existentes fueron nuevamente permitidas, pero se limitaron sus oportunidades de crecimiento futuro. A pesar de las restricciones, los "bancos no bancarios" permanecen como grandes negocios. Citi Corp., el mayor de los "bancos no bancarios"; opera  más de mil facilidades "no bancarias" a lo largo de Estados Unidos.

Banca electrónica

Otra respuesta a la restricción fue el desarrollo del sistema bancario electrónico. Es muy probable que los estudiantes universitarios estén familiarizados con el concepto de cajeros automáticos, pero la lucha de la banca electrónica fue difícil. Muchos estados se resistieron a su instalación, argumentando que eran propiedad de un banco, y los consideraban legalmente sucursales de ese banco. Sin embargo, un cajero automático era propiedad de otro negocio o permitía el acceso a una red de múltiples instituciones (como VISA y CIRRUS), se le consideraba exento de la restricción. Como resultado, muchos bancos han utilizado las redes institucionales electrónicas para establecer su presencia en mercados que antes les eran inaccesibles. Es incomprensible que la banca electrónica se haya retrasado por las fuertes restricciones de expansión de sucursales.

Reducción a las restricciones por expansión de sucursales

Desde el episodio de la regulación de las compañías propietarias de bancos, en 1956, se han presenciado lentos pero firmes avances rumbo a la banca libre interestatal. La ley garantizó a los estados el poder gobernar la expansión de sucursales bancarias, asegurando virtualmente que la banca interestatal se convirtiera en una realidad. Después de ese acontecimiento muchos estados realizaron acuerdos recíprocos para que los bancos de un estado pudieran abrir sucursales en otro, si los bancos de aquel les otorgaba el mismo privilegio. En 1975, Maine se convirtió en el primer estado en permitir la expansión de sucursales totalmente interestatales. A principios de los ochenta, muchos otros estados siguieron la misma tendencia, expandiendo bancos en amplias regiones, que rivalizaron con los centros bancarios ya establecidos, pues competían tanto en tamaño como en alcance.
A finales de los ochenta, muchos estados habían disminuido sustancialmente sus restricciones para la expansión de sucursales, tanto a nivel interestatal como dentro de sus propios fronteras. En la actualidad sólo Hawai continúa prohibiendo la banca interestatal.
En septiembre de 1994, el presidente Clinton firmó el Acuerdo de Bancos Interestatales y Eficiencia en la Expansión de Sucursales de Riegle-Neal, que eliminó muchas de las restricciones para la banca interestatal. Este convenio, que revocó los derechos otorgados a los estados por el acuerdo 1863, permitió a las compañías propietarias de bancos adquirir bancos en cualquier lugar de la nación. A partir del 1o. del junio de 1997, a las compañías propietarias se les permitió convertir a los bancos de distintos estados en sucursales de una sola firma interestatal.

Una visión futura de la banca de Estados Unidos

¿Qué implica este desarrollo para el sector bancario? Si se analiza el periodo de 1988 a 1993, cuando los estados estaban disminuyendo sus restricciones a la expansión de sucursales, se puede apreciar lo que quizás ocurra en el futuro. Durante esos años las compañías propietarias de bancos obtuvieron la ventaja para adquirir bancos en otros estados, pero el cambio fue gradual para proceder con precaución. Sin embargo, como las leyes se volvieron más liberales, las compañías propietarias unificaron rápidamente a distintos bancos, convirtiéndolos en sucursales de uno solo. Si esta visión resultara verdadera, en la próxima década se puede esperar un incremento gradual del número de adquisiciones, aunado a un movimiento dinámico de fusiones entre las instituciones existentes.

La consolidación de la economía

Después de que los bancos se manejaron evadiendo las restricciones a la expansión de sucursales, la regulación bancaria se ha ido liberando; las presiones impuestas a los bancos fue la de emerger, consolidar y expandir. Para entender las razones de las presiones, se debe ubicar a la industria bancaria norteamericana en un marco global. La tabla 2 muestra los bancos más grandes del mundo, en tanto que en la tabla 3 aparecen los bancos más grandes de Estados Unidos; se obseva que todos los bancos ubicados entre los 10 más grandes del mundo están en Japón. El banco más grande de Estados Unidos, el Chase Manhattan, apenas se ubica entre los primeros 20.
 
Tabla 2
Los bancos más grandes del mundo (por activos)
 
POSICIÓN BANCO  ACTIVO (EN  
BILLONES DE DÓLARES)
 1 Banco Sanwa, Osaka  $588
 2 Banco Dai-icni Kangyo , Tokio  $588 
 3 Banco Fuji , Tokio $577 
 4 Banco Sumitomo , Osaka  $571 
 5 Banco Sakura , Tokio   $565
 6 Banco Mitsubishi , Tokio  $553 
 7  Banco Norinchukin, Tokio  $500
 8 Banco Industrial del Japón, Tokio  $437
 9  Banco Mitsubishi Trust, Tokio  $394 
10 Banco de Crédito a Largo Plazo de Japón, Tokio $376 


Tabla 3
Los bancos más grandes de los Estados Unidos (por activos)
 
Posición Banco  Activo  
(en billones de dólares) 
Posición  
aproximada  
en el mundo 
Chemical Bank-Chase Manhattan  $305  20
Citicorp  $257  26
Bank of America  $227  32
NationsBank Corp.  $184  37
Morgan Guaranty Trust  $166  44
First Union-First Fidelity  $124
First Chicago-NBD Corp.  $123
Fleet Financial  $114
Wells Fargo Bank-First Interstate  $108
10  Bankers Trust, Nueva York  $103


Más aún, la concentración económica en el sector bancario norteamericano es relativamente bajo. En Estados Unidos la participación en el mercado de los cinco bancos más grandes es sólo del 18%, en marcado contraste con otras naciones industrializadas como Alemania (62%), Inglaterra (57%) y Canadá (78%).
Pero aún cuando el sector bancario norteamericano se compone principalmente de pequeñas firmas, su gran número no debe interpretarse como una señal de fuerte competencia; muchos bancos pequeños, disfrutan de un monopolio local. Las restricciones en la expansión de sucursales estatales e interestatales han aislado tan bien a los pequeños bancos de la competencia que incluso los más ineficientes son a menudo capaces de permanecer en el negocio.
Pero la banca norteamericana está repuntando claramente contra los bancos del resto del mundo. Entre 1981 y 1996, el número total de bancos de Estados Unidos descendió de cerca de 14,400 a menos de 10,000; la disminución no es producto de un repunte en el establecimiento de nuevos bancos, sino del dramático surgimiento y consolidación de los ya existentes. Dada la continua liberación de leyes bancarias, en las próximas décadas se verá menos y más grandes bancos.
¿Podrían la disminución de las restricciones bancarias y el nacimiento y la consolidación de muchos bancos producir un sector bancario más eficiente ?
La intuición sugiere que la respuesta debería ser afirmativa, aunque el tamaño de la ganancia de la eficiencia sería difícil de medir. Los observadores hacen notar que otros factores no relacionados con la eficiencia podrían dirigir el movimiento de consolidación. En las siguientes secciones se considera cuatro factores que orientan la tendencia; sólo dos de ellas se relacionan con la eficiencia de costos.

Economía de escala

Un área en la que probablemente exista la ganancia de potencialidad en la eficiencia es el área de costos de operación. Si una compañía propietaria posee dos bancos que operan en forma independiente, cada banco debe invertir por separado en información común, equipo de procesamiento de datos electrónico y un grupo administrativo. Muchos de estos costos se podrían reducir si se comparten trabajadores y equipo. La reducción de costos que se deriva de la expansión se define comúnmente como economía de escala.
Para lograr la mayor rentabilidad, un banco competitivo debe operar en una escala de mínima eficiencia, el punto del menor costo promedio. Los economistas han estimado que la mínima escala de eficiencia para los bancos norteamericanos es con depósitos no mayores a los 125 millones de dólares. Si las economías de escala significativas existen, un banco competitivo debe expandirse por medio de sucursales hasta alcanzar la mínima escala de eficiencia. Sin embargo, muchos estudios del sector bancario sugieren que las economías de escala se agotan rápidamente. En un examen de 13 estudios de curvas de costos bancarios, 11 de ellos no mostraron economías de escala mayores a 100 millones de dólares en depósitos. Estudios adicionales reportan significativas "no economía de escala" para bancos con activos mayores iguales a $100 millones. Esta evidencia sugiere que los impulsos por la ola actual de consolidaciones no se basa en el ahorro de costos, sino en otros factores no relacionados con la eficiencia de la economía.
Hay que enfatizar, sin embargo, que estos estudios se basan en datos históricos que pueden no reflejar el entorno actual bancario. El crecimiento reciente de la banca electrónica ha disminuido la necesidad de personal de servicio en las cuentas y sus costos asociados, así como múltiples oficinas, horarios extendidos de servicio, un grupo completo de trabajo y cajeros ejecutivos de cuenta. Dado que la banca electrónica es relativamente nueva, los banqueros argumentan que la estimación de costos puede situarse en centenas por debajo del punto mínimo de escala de eficiencia que las suposiciones sugieren, en un nivel de centenas de dólares de depósitos. un análisis  estadístico no sofisticado se ha terminado hasta que esos argumentos sean verificados, sin embargo debemos buscar otros factores  Partir de la eficiencia que pueden estar llenando el movimiento de consolidación y expansión.

Administración de riesgos y diversificación de portafolios

Un segundo contribuyente probable de la tendencia hacia la consolidación es el potencial creciente de la diversificación geográfica de activos. Los bancos con oficinas en más de una región pueden prestar a una variedad de clientes, evitando así la trampa de "poner todos los huevos en la cesta". En efecto, la desastrosa experiencia de los bancos de Texas, posterior a la caída dramática de los precios del petróleo a mediados de los ochenta, sirve de testigo a los beneficios de la diversificación. La gráfica 1 muestra qué tan costosa fue la falta de diversificación de activos. Entre 1986 y 1990 los bancos de Texas reunieron casi la mitad de los fracasos bancarios en Estados Unidos.

Tabla 1
Costos de la falta de diversificación de activos*


 *Entre 1986 y 1990, los bancos de Texas sumaban casi la mitad de los fracasos bancarios en Estados Unidos. 


Compensación a ejecutivos

Si los beneficios de la consolidación son inciertos, ¿por qué hay tantos bancos en consolidación? Muy probablemente, los factores no relacionados con la eficiencia y la rentabilidad contribuyen a esa tendencia. Un estudio en 1991, realizado por el Banco de la Reserva Federal de Mineápolis, intentó describir por qué ser más grande puede ser mejor en el sector bancario. Los autores se mostraron escépticos con respecto a que las economías de escala y la diversificación de portafolios fueran factores para la consolidación.
En la búsqueda de una explicación más satisfactoria, examinaron los incentivos de los gerentes para incrementar el tamaño del banco. Sus hallazgos indican que mientras los salarios de los gerentes no están muy ligados a la rentabilidad o crecimiento, dependen del total de las acciones bancaria. Dado que el entorno a las regulaciones virtualmente provienen de tomas de control hostiles, uno de los mecanismos más efectivos para los gerentes que van detrás de sus propios intereses a costa de los dueños, sean forzados a abandonar la institución, los gerentes tienen un incentivo financiero para expandir sus firmas. Esta hipótesis, aún cuando un poco cínica, puede servir para promover futuras preguntas con respecto a los motivos que llevan movimiento de consolidación.

Poder monopólico

Muchos de los gerentes de bancos recientes y consolidaciones han involucrado a sus competidores en el mismo mercado geográfico. Si los bancos son capaces de reducir la competencia y ganar una posición de monopolio mediante la fusión, los deudores y los inversionistas se encontrarán a merced del banco, con la atención fija en las tasas de créditos y de pagos de interés de los depósitos. Ése es exactamente el tipo de poder que Jefferson y los antifederalistas temían. ¿Por qué estaban justificados sus temores? Muchos estudios han mostrado una fuerte y positiva correlación de los mercados, la brecha entre las tasas de intereses cargadas y los préstamos con aquellos que pagan. Entonces los beneficios obtenidos por los bancos del poder creciente del mercado, pueden reducir los costos de las "no economías de escala" que se encuentran en expansión.

La rentabilidad y la restricción de actividades

En el pasado, los bancos estaban restringidos no sólo en relación al lugar, sino también, y sobre todo, a la forma de operar, con énfasis en el tipo de activos que debían poseer. La legislación más legislativa que afectaba la actividad bancaria fue la de 1933, (la ley Glass-Steagall).
La ley creó una línea bien definida entre el banco comercial y de Inversión. Pero en las últimas décadas la línea divisoria entre ambos ha ido desapareciendo. Ahora los dos bancos compiten más directamente en una estrecha variedad de partes. Explotando los pretextos de las leyes existentes y tomando una ventaja de la disminución de restricciones de Glass-Steagall, los bancos se vuelven cada vez más homogéneos.
Primero, los bancos comerciales realizan avances extraordinarios en lo que eran los banqueros inversionistas, jugando a aumentar el papel en la garantía de fondos. Los bancos estuvieron limitados una vez a las garantías de los fondos por el poder de cobrar impuestos del gobierno, así como los bonos del gobierno federal y las obligaciones generales de los bonos municipales. Pero en 1988 la Suprema Corte dio el poder de autorizarle al banco comercial las garantías de alta calidad de deuda, a la Reserva Federal garantías como: los bonos de ingreso industrial, papel comercial y fondos respaldados por la deuda del consumidor. Entonces en 1989 a algunos bancos comerciales subsidiarios se les permitió competir directamente con los bancos de inversión en la garantía de bonos corporativos. Hoy en día esos bancos pueden ofrecer servicios de correduría (el descuento de servicios de correduría se ofreció por primera vez en 1983), y desde 1987 se autorizó a los bancos y las compañías de bancos de soporte a ofrecer servicios de correduría, incluyendo el consejo para la inversión. Los bancos comerciales también comenzaron a manejar y comercializar sus propios fondos. Mientras su actual parte de mercado sea pequeña, la proximidad de la relación banco-consumidor y la ventaja de la sucursal bancaria harán de los bancos comerciales un competidor formidable para los bancos de inversión de las décadas venideras.
Además, los bancos de inversión actúando cada vez más como los bancos comerciales, estableciendo bancos no bancarios y oficinas bancarias, y pueden competir con los bancos comerciales para depósitos y préstamos de los consumidores.
Muchos bancos de inversión ofrecen dinero comercial de fondos mutuos que funcionan como cuentas de cheques. A otros se les ha permitido adquirir bancos quebrados y de ahorro, y convertirlos en bancos no bancarios.
Finalmente, la línea divisoria entre la banca y la industria está erosionándose. Pueden ser familiares la red financiera de Sears, tan altamente publicitada, que ofrece al mismo tiempo servicios de correduría, tarjetas de crédito y una gran variedad de servicios financieros, y todos los fabricantes de automóviles americanos comprometidos en la intermediación financiera en muchas partes, desde préstamos y servicios de crédito hasta venta de seguros. Sin embargo, lo importante no es si las firmas industriales pueden actuar como bancos, o si los bancos comerciales pueden operar como bancos de inversión, a pesar de que debemos preguntar si a ellos les está permitido esto o no. La Ley Glass-Steagall surgió como respuesta a lo concerniente sobre los abusos de poder por parte de los bancos comerciales, así como exagerando la calidad de la promulgación de sus garantías, asegurando y comercializando préstamos con incumplimiento, dejando garantías de mala calidad y soportando riesgos excesivos en la seguridad de los fondos. Esto puede estar tan justificado como lo está hoy, como lo estuvo en 1933. Un estudio muestra que durante la gran depresión el rango de falla de los bancos nacionales que operaban departamentos de bonos y fondos afiliados era cerca del 7%, mientras la tasa de rango de falla total de la banca nacional era de alrededor de 26%. Las economías de escala y el potencial para la diversificación del portafolios que ofrecían los
bancos de inversión eran probables responsables de la disparidad.

Conflictos de intereses

Un profundo análisis de la Ley Glass-Steagall era la creencia de que mezclar las funciones de la banca y la inversión producía problemas de interés. Los críticos opinan que la banca comercial había tomado ventaja en las actividades de inversión debido a que no les informaban a sus clientes el riesgo de los fondos que ellos garantizaban. Los bancos exhibían también una tendencia de dar activos de mala calidad, que eran de difícil comercialización; por ello sometían a riesgo a sus clientes, pero los conflictos en potencia estaban presentes casi en todas las transacciones financieras. Incluso actualmente los bancos comerciales pueden incentivar a los negocios a pedirles préstamos, financiando el proyecto a través de una garantía. Y las firmas de fondos, tienen un considerable interés en recomendar a los clientes de comprar los activos, que ellos mismos habían garantizado .Los conflictos potenciales de interés, entonces, no podían constituir una razón válida para mantener la distinción entre la banca comercial y la banca de inversión.
El conflicto se podría negociar al regular ciertas actividades si la banca y las garantías tuvieran la misma facilidad de acceso. Por ejemplo, una banca tiene más posibilidad de asesorar a un negocio potencial que le pida prestado si ese banco puede ofrecer el servicio comercial y de crédito. Y los pequeños ahorradores gustan más de recibir asesorías sobre inversiones si el banco puede ofrecer mutuos servicios ahorros: bonos de inversión y créditos.
En un estudio reciente, después de estudiar las características del riesgo de los fondos garantizados por bancos comerciales en los años veinte, se notó que había un conflicto superior. Hoy en día los estudiosos concluyen que los fondos garantizados por los bancos comerciales eran de mejor calidad y menor riesgo de quiebra que las garantías de seguridad de los bancos de inversión. Aparentemente los bancos comerciales desean reducir la capacidad de los conflictos de interés y su potencialidad, que ha provocado tener que garantizar lugares más seguros y mejores grados de activos, ya que los depositantes estaban controlando sus actividades. De esta manera la fusión de la banca comercial y de inversión puede servir para reducir el riesgo en garantías ofrecidas.

NOTAS

1 En este tiempo ya se había implementado la cuenta de cheques con sus restricciones, algo muy similar al sistema actual mediante reservas; los bancos podían expedir sus propios billetes con diferentes denominaciones en dólares, cada que se otorgaba un préstamo. El método operó en forma similar al sistema inglés, en el cual los artesanos orfebres tenían la facultad de emitir certificados respaldados por una fracción en oro. El efecto de la expedición de dichos billetes era el mismo al que ocurre hoy en día cuando los bancos realizan un préstamo, esto es, se crea el dinero.
2 La ley obligó a la banca nacional a reembolsar documentos de otros bancos nacionales a su valor nominal. Esto aumentó la confianza pública en la moneda, lo que ayudó a mantener el valor y la aceptación de los documentos.
3 La reserva del mercado se derrumbó erosionando la seguridad del valor, que servía como banco colateral. Así, la contracción económica intensificó la capacidad de falta de pago de los préstamos. La declinación del valor colateral obligó a los bancos a absorber la diferencia notable del valor de los préstamos y el valor colateral del mercado, lo que desencadenó la erosión de las cuentas de capital.



Thomas Lloyd B.*
The Banking Industry: Structure and Regulation", publicado en Money, Banking and finantial Markets, p. 223-250, Edit. Mc Graw Hill, 1997.
Traducción de Silvia Leticia Jiménez Prieto
Departamento de Administración, UAM- Azcapotzalco  

 
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