
LOS NUEVOS GURÚES DE LA ADMINISTRACIÓN
Cuestionario sobre
la gerencia en 1990:
1. ¿Considera
que trabaja en una "organización de aprendizaje"?
2. ¿El gerente
les informa sobre los procesos de reingeniería?
3. ¿ La "estructura
organizacional" de su empresa es vigente?
4. ¿Es usted
un "competidor que se basa en el tiempo"?
5. ¿ Su empresa
mejora constantemente sus competencias?
¿Qué
puede responder a lo anterior? Si no está familiarizado con estos
conceptos claves ni conoce a los nuevos gurúes de la administración,
quienes los acuñaron, difícilmente podrá considerarse
un administrador moderno. Peor aún, usted y su empresa podrían
perder la oportunidad de obtener una ventaja competitiva en el mercado
latente de ideas empresariales.
Seguramente, ya leyó
algunas partes de los 25 libros de Peter Drucker y resumió lo mejor
de W. Edwards Deming y sus ideas sobre calidad –Drucker tiene 82 años
de edad y Deming 91. Tom Peters, probablemente el guru más reconocido
hoy en día, permanece vigente y al parecer ha escrito acerca
de lo mismo durante varios años: fidelidad al cliente. Sin embargo,
el ámbito de la organización cambia rápidamente. La
competencia se vuelve cada vez más global, la tecnología
se desarrolla velozmente y las transformaciones de la fuerza de trabajo
son radicales.
La nueva jerga en administración
Hoy, más que
nunca, estas presiones obligan a los administradores a buscar nuevas aproximaciones
teóricas y metodológicas. El año pasado, las empresas
estadounidenses gastaron $13.9 bdd. en investigaciones al respecto ( $7
billones más que cinco años atrás). El público
norteamericano, por su parte, gastó más de $500 mdd. en libros
sobre administración; para los seguidores de Drucker, esta es la
forma tradicional de adquirir información.. Tal apetito de ideas
es la razón por la cual la nueva generación de los "gurúes"
de la administración, en su mayoría gente entre 40 años
de edad, contienden por ocupar en Norteamérica el lugar privilegiado
de los hombres ya consagrados en el ámbito de los negocios.
Estos personajes formulan
actualmente otro lenguaje, aparejado con el diseño de nuevas ideas
para ayudar a las organizaciones a administrarse mejor. Y a pesar de que
la mayoría de estos expertos son formalmente ajenos a la corporación
(catedráticos, oradores y consultores), muchos tienen poder e influencia
sobre los consejos administrativos de las empresas en todo el mundo. El
día de hoy prevalece entre las corporaciones una planteamiento que
señala que el recurso clave de una organización ya no lo
constituyen el capital, ni los trabajadores, ni la planta, sino los conocimientos
y la información.
"Las ideas son la
clave", dice Robert W. Galvin, director de Motorola, quien llevó
a su empresa a la cabeza del movimiento hacia la calidad. En efecto, escuchamos
y leemos que los pensadores de la administración son quienes influyen
decididamente en el desarrollo organizacional cuando impulsan y difunden
las nociones fundamentales. Desde luego, muchas de las ideas de la nueva
administración son teorías de ayer, simplemente renovadas
bajo una cobertura de nuevas palabras. Otras son producto de la moda, tal
es el caso del "siéntete bien", ilusiones cómodas para estar
a gusto, ofrecidas por falsos profetas que logran convencer a los gerentes
de que lograrán fácilmente un cambio a gran escala con sus
soluciones. "Estos gurúes venden esperanza, confianza, futuro y
felicidad, y todos venden mucho", advierte Michael A. Stephen, presidente
de Aetna Life & Casuality "Pero el cambio es un proceso doloroso,
y no hay ganancias sin dolor. De la batalla tengo las cicatrices que lo
comprueban".
Ahora bien, si mucho
de lo que estos gurúes presentan en sus interminables rondas de
seminarios, discursos y escritos es mentira, hay también una verdad
de oro: algunos de éstos oráculos de la administración
moderna, han causado un fuerte impacto en algunas de las empresas más
grandes de la nación estadounidense. Por ejemplo Eastman Kodak y
American Express han seguido los preceptos de Michael Hammer, quien dio
a conocer el término "reingenieria empresarial" para describir la
acción fundamental de "repensar" y el rediseño radical del
sistema empresarial: ambas compañías usaron, por cierto,
a los gerentes de mayor experiencia para el proceso de reingenieria.
Anécdota similar
existe en torno a Paul A. Allaire, gerente de Xerox, quien de ninguna manera
acepta las panaceas de moda. Para él, gran parte de la literatura
administrativa de hoy es "pura basura", sin embargo, aprueba el trabajo
de David Nadler, presidente de Delta Consulting Group, figura relevante
detrás de la gran reorganización que Xerox tuvo en este año
(1992). Nadler (43 años), catedrático convertido en consultor,
es el guru de la arquitectura empresarial, término que el mismo
acuñó para describir la nueva forma de la estructura corporativa
centrada en "equipos de trabajo autónomos" bajo "sistemas de trabajo
de alto rendimiento".
La jerga puede parecer
esotérica, pero Allaire ve las ideas de Nadler como un medio para
impulsar una nueva forma de pensar dentro de la compañía,
de ahí, reflexiona: "si has sido parte de una compañía
por bastante tiempo, tu mismo eres parte de su cultura, y es difícil
dar un paso atrás para escuchar nuevas ideas", por lo que "el consultor
puede facilitar el proceso y abrir una nueva perspectiva."
Los nuevos gurúes
no están reescribiendo a Drucker, el pensador empresarial más
"fuerte" de nuestros tiempos. Más bien lo modernizan al agregar
nuevas ideas y herramientas que el propio Drucker define como "la práctica
de la gerencia".
Al lado de Nadler
y Hammer, entre los gurúes en boga más innovadores y con
mayor influencia se incluyen Peter M. Senge, hombre de discurso sutil,
investigador en el Technologycal Institute of Massachusetts, quien se dedica
a estudiar el aprendizaje de gerentes y empresas; C.K. Prahalad, un profesor
de Michigan University, que se aboca a la planeación estratégica;
Edward E. Lawer III, un catedrático de California que, con sus planteamientos,
expande las fronteras del poder de los trabajadores; y George Stalk Jr.
consultor y postulante en jefe de la competencia basada en el tiempo.
No todos estos gurúes
hacen proselitismo sobre los mismos conceptos, pero comparten varios principios.
Para empezar, sus preceptos son, generalmente, una suerte de religión
que va mas allá de la prédica optimista del The One–Minute
Manager, el libro más vendido de los años ochenta; ya que
casi todos estos predicadores apoyan el cambio progresivo, exhortan a los
gerentes para pensar en términos radicales, y para que lleven a
cabo correcciones generales de un plumazo.
Todos tienden a estar
de acuerdo en que lo pequeño es lo mejor. La mayoría cree
que la gerencia debe organizarse por sí misma –con base en el proceso–,
lo que implica cubrir las demandas de manera integral, en vez de segmentarse
en funciones como la mercadotecnia o la producción. Eso orienta
el enfoque empresarial hacia su estructura interna –donde debe estar– y
enfatiza el aspecto de las necesidades del cliente. En general, coinciden
en que puede obtenerse mayor provecho del tiempo que se utiliza en cada
tarea; en que los equipos autodirigidos logran cambios que inciden de manera
importante en el trabajo; en que las empresas necesitan crear redes de
relaciones con los clientes, proveedores y competidores para lograr una
mayor ventaja competitiva.
Muchos de estos pensadores
diseñan conceptos más amplios; basan sus ideas en teorías
y experiencias adquiridas fuera del mundo empresarial. Nadler, por ejemplo,
se vale de la historia y la filosofía de la arquitectura, la cual
usa como metáfora para guiar a los gerentes durante el cambio. Charles
Handy, un pensador popular de Gran Bretaña, guiándose por
John Keats y George Bernard Shaw (poetas), reta a los gerentes para que
asuman el cambio y actúen de manera más intrépida;
acentúa que para Shaw todo el progreso depende del hombre irracional.
Por otro lado, Hammer
(44 años), usa su experiencia como profesor de informática
y computación para formular su noción de reingenieria. Hammer
realizó un recorrido por Estados Unidos en los últimos años,
en éste ofreció más de 100 conferencias en las que
exponía las ideas que, para él, son una especie de dogma
en la "teología" de la gestión empresarial. "Es una teología
porque requiere creer que hay una forma diferente de hacer las cosas ",
dice: "Requiere fe."
Senge, de manera similar,
recurre a la psicología del MIT y a la teoría de la educación
como una metáfora para el concepto de "organización de aprendizaje",
ha hecho ver a miles de gerentes de Ford Motor, Federal Express y Procter
& Gamble que las empresas, como las personas, varían en su habilidad
para asumir y aprender de sus experiencias. "Que los problemas de aprendizaje
hieren a las organizaciones profundamente", Y ofrece sus ideas y principios
para que, tanto los ejecutivos como las empresas, puedan aprender mejor.
De la manera más
provocativa, algunos de los nuevos gurúes sitúan en primer
término la sabiduría tradicional. Hace algunos años,
a los gerentes se les vendió la idea de que un liderazgo poderoso
y una cultura corporativa permanente era lo mejor. Sin embargo, hoy gran
parte de los pensadores empresariales creen que el enfoque en el liderazgo
era incorrecto porque no incluía el concepto de involucramiento
(empowerment). De ahí que los mejores gerentes de nuestro tiempo
abandonen las ideas contemporáneas y den un paso atrás al
permitir que sus trabajadores asuman nuevos roles como líderes de
equipo.
Es un mito la visión
romántica de un líder grande y fuerte, dice Robert Kelley,
consultor y profesor de administración. Calcula que los líderes,
en promedio, sólo contribuyen con el 20 % del éxito en una
empresa, mientras que sus seguidores son los responsables del 80% restante.
A pesar de que los estudios y la literatura se enfoquen persistentemente
en cómo producir líderes, en detrimento de quienes asumen
papeles más pasivos. Con relación a las fuertes culturas
corporativas, con sus tradiciones y rigideces, los nuevos gurúes
declaran que tales valores evitan que las compañías cambien
rápidamente en respuesta a los tiempos actuales.
La estrategia corporativa
(desde la toma de decisiones por los departamentos de planeación
corporativa, hasta su acercamiento a los gerentes de línea), ha
sufrido una metamorfosis en los años recientes. Prahalad (51 años),
un nuevo guru que se enfoca hacia la estrategia global, dice que, equivocadamente,
los ejecutivos piensan que la estrategia reside en "ajustar" en vez de
"expandir". Las empresas diseñan la estrategia con base en sus habilidades
para mezclar los recursos y las ambiciones que poseen. "Pero, si se ajustan
no hay oportunidad para la creatividad e innovación porque están
dejando atrás sus aspiraciones a favor del ajuste de sus recursos",
Así Prahalad, aconseja a AT&T, Kodak y Phillips. "Sólo
cuando tus aspiraciones y deseos queden aparte de tus recursos, entonces
será posible la creatividad, porque necesitas inventar nuevas formas
para competir y cambiar las reglas del juego".
Para respaldar esta
forma de pensar, el profesor impulsa a las organizaciones a enfocarse en
aquello que son competentes; en lo que hacen mejor y que es, precisamente,
lo que las distingue de la competencia. Después, indica, las organizaciones
deben buscar formas para expandirse y rebasar sus recursos actuales a través
de arreglos, alianzas estratégicas e interrelaciones con los proveedores.
Un ejemplo: Apple Computer y su unión o alianza con Sony para crear
la línea de computadoras Powerline, de gran éxito, que reunió
la sagacidad de Apple para crear y diseñar productos fáciles
de usar, con el talento y experiencia de Sony para crear productos compactos.
Gracias a la frescura
de sus ideas, el hindú Prahalad goza del prestigio de ser considerado
como el pensador con más influencia estratégica desde Michael
E. Porter, profesor de la Administration Facultity en Harvard. Hoy, Prahalad,
junto con un colega de la London Business School, produce su propia serie
de videos y espera hacer públicas sus ideas en un libro de próxima
edición.
Buena parte del pensamiento
actual aparece sospechosamente reciclado y reempacado. "Alto involucramiento",
por ejemplo, es el nuevo modelo para delegar la autoridad, pero que sufrió
modificaciones a partir de su significado anterior. " La misma idea se
ha mencionado más veces que el nombre de Elizabeth Taylor", bromea
Lawler, uno de los más sobresalientes en el área de la participación
laboral. "Todo se articula en torno al mismo problema: ¿Cómo
movilizar la toma de decisiones, el conocimiento, la información
y los estímulos, hacia a los niveles de abajo. dentro de la estructura
organizacional?"
La idea básica
del involucramiento no es nueva; pero Lawler tiró una piedrita en
la ventana al cuestionar qué tan profundamente debe cambiar una
compañía para lograr incrementar la participación
del trabajador. Es extremadamente difícil, dice, que los gerentes
entreguen su autoridad y también que los empleados se rindan al
auto poder para alcanzar incrementos de productividad. "Debes cambiar todo
el sistema", dice Lawler, director de la University of Southern California’s
Center for Effective Organizations, quien además trabaja con TRW,
Hewlett–Packard y Digital Equipment. "Hay que establecer pequeñas
unidades de negocios, compactar la compañía, cambiar los
sistemas de trabajo así como el diseño y el papel del gerente."
Lawler aconsejó a la General Mills para organizar equipos de gerencia
autodirigidos que habrían de poner en marcha algunas plantas.
En algunas fábricas
de bebidas, por ejemplo, se implementaron 4 equipos de 20 personas. Tales
equipos reciben información acerca de los planes de mercado y de
los costos de producción. "Tienen a su disposición toda la
información que normalmente sólo conoce la gerencia", dice
Daryl D. David, un director de recursos humanos. Dichos equipos hacen todo,
desde poner en marcha la producción hasta rechazar los productos
que no cumplen con los estándares de calidad. Esos equipos reciben
bonos de acuerdo con el desempeño de la planta. El 60% de algunas
instalaciones de General Mills se han convertido en "sistemas de trabajo
de alto rendimiento." Esto produce ganancias significativas en cuanto a
productividad y la compañía piensa extender este tipo de
procedimiento en todas sus operaciones. Así, aunque muchos de los
nuevos gurúes quieren reestructuras radicales, esto no significa
que estén de acuerdo con la minimización de tantas empresas
en los años recientes. Desde la perspectiva de muchos de ellos,
esos movimientos lograron mantener abajo los costos, pero no hicieron que
el trabajo fuera más productivo. "Si todo lo que tratas de hacer
es aplanar tu empresa", dice Hammer, "la vas a matar. La grasa no está
esperando ahí para que la corten, la única forma de sacarla
es triturándola y friéndola". Dicho de otra manera: las organizaciones
necesitan rediseñarse por completo –realizar reingenieria– o cambiar
la forma en que se hacen las cosas.
Hammer, un ingeniero
de software en IBM, catedrático de computación e informática
en el MIT, formulaba su idea de rediseño a mediados de los años
setenta, cuando trabajaba en City Bank y Xerox para el uso de sistemas
computacionales. "La mayoría de las organizaciones usaban computadoras
para hojas de cálculo y prácticas", dice, "Sólo abrían
surcos muy pequeños". Con la convicción de que las compañías
debían usar la tecnología para rediseñar la forma
de hacer negocios, y no sólo para automatizar la práctica
actual, dejó su trabajo en MIT durante 1982 para establecer una
consultoría en Cambridge (Mass.). Hasta 1987 pensó en la
"reingenieria" para promover su idea de que las organizaciones deberían
rediseñar su trabajo radicalmente.
Después de que
Hammer publicó en 1990 un artículo sobre el tema en la Harvard
Business Review, tanto sus ideas como él mismo adquirieron fama.
A partir de entonces, más de 1500 gerentes y ejecutivos han participado
en sus seminarios de tres días. además, y firmó un
contrato con la editorial Harper Collins Publishers, que publicara su libro
sobre reingenieria a principios de 1993.
Detrás del
"alboroto" que ocasionó, prevalece una idea interesante: las compañías
deben organizarse alrededor del proceso en vez de hacerlo en torno a la
función. "algo tan simple como llenar una orden, puede pasar por
diferentes áreas funcionales en algunas compañías",
dice Hammer. "Cada una de ellas tiene sus propias recomendaciones y objetivos"
Dichas compañías basadas en funciones cometen, las más
de las veces, errores, agregan costos y generan tardanzas.
El método de
reingeniería de Hammer ofrece formas de gestión que no se
habían contemplado (una noción interesante para los gerentes
preocupados por el costo del dinero). ITT Sheraton, con 450 hoteles en
todo el mundo, está a la mitad del proceso de reingenieria en sus
operaciones. Hace algunos años, el vicepresidente ejecutivo de esa
compañía, John W. Harold Jr., se interesó en la propuesta
de Hammer y lo invitó al corporativo para hablar con quienes integraban
la alta dirección, y después envió 22 de sus ejecutivos
más sobresalientes a los seminarios de tres días de Hammer.
El resultado: "Tiramos
los libros dogmáticos e inventamos un nuevo hotel" dice Harold.
El típico Hotel Sheraton de 300 habitaciones que tradicionalmente
requería más de 40 gerentes y 200 empleados, debería
eliminar trabajos poco definidos y repensar nuevos procesos, la empresa
se percató que podía hacer reingenieria o generar una nueva
versión de hotel con 250 habitaciones y sólo 14 gerentes
y 140 empleados, además con estándares más altos de
satisfacción para los clientes. "Rediseñamos los procedimientos
de la compañía y eliminamos todo lo que no era necesario
hacer", dice Harold. "Nos dimos cuenta que la mayoría de los gerentes
no hacían más que llenar reportes para sus jefes".
El tiempo como factor de presión
Las ideas de Hammer
coinciden con otro movimiento en boga: el impulso que ha tenido la competencia
basada en el tiempo. A finales de los años setenta el precursor
de dicha idea, George Stalk, y sus compañeros en el Boston Consulting
Group se asombraron por la rapidez con que salían al mercado los
productos japoneses, en comparación con los productos estadounidenses.
Tras diferentes estudios con clientes, Stalk entendió la importancia
de la velocidad en la respuesta. "Lo que generó la comprensión
de este concepto fue que todos sabían la importancia del tiempo
para el negocio, pero nadie sabía cómo manejarlo", dice.
Al llegar 1985, Stalk
pensaba en un nuevo concepto para describir el enfoque de sus esfuerzos:
"competencia basada en el tiempo". A finales de los ochenta, Stalk monitoreaba
y media el tiempo que tomaba el desarrollo de un producto o la ejecución
de una orden, con el propósito de mejorar la competencia con base
en el tiempo y en la práctica del los 12 consultores del Boston
Consulting Group. Ahora, por 250 dólares la hora, más de
100 consultores de su grupo, atienden clientes prestigiosos para implementar
esta idea. La frase atrayente de Stalk "ciclo de reducción del tiempo"
se transformó en: "compresión del tiempo administrativo".
Cualquiera que sea
la frase, todas le son familiares a Nadler, quien ha capturado la
atención de grandes corporaciones a partir de la recomendaciones
iniciales que hizo acerca del diseño empresarial. El profesor de
administración de la Columbia University (Nueva York), fundó
en 1981 el Delta’s Consulting, como una alternativa para hacer negocios
con base en estrategias como McKinsey & Co., Bain & Co. y la Boston
Consulting Group. Su idea es unificar los asuntos estratégicos con
las dinámicas de comportamiento de las organizaciones. El soporte
estructural de la filosofía de su compañía para alcanzar
"el modelo congruente de efectividad", radica en la forma en que se articulan
los cuatro elementos de una empresa: trabajo, gente, estructura formal
y estructura informal. ¿Suena un poco complicado? dice Nadler: "Es
un lenguaje sistémico, y una forma de tomar algo complejo y hacerlo
fácil de entender". El sistema se emplea para estudiar una compañía
ya existente para luego diseñar "la estructura empresarial" de una
nueva.
Allaire de Xerox,
por ejemplo, dice que camina por su empresa llevando en la mano un cuaderno
de notas en el que apunta los datos necesarios para configurar un plano
del modelo congruente. Xerox usó el método del Nadler como
guía durante su más reciente reorganización, la cual
fracciona a la compañía en unidades más pequeñas,
autónomas y que, teóricamente, responden mejor.
Quienes desarrollaron
la nueva estructura de Xerox fue el propio grupo de gerentes internos,
que se autodenominaron: "futuroarquitectos"; por más de quince meses
del proyecto, Nadler trabajó muy cerca de ellos. El resultado fue
un organigrama con tres niveles: del staff corporativo hacia abajo, apoyando
a los equipos de negocio y áreas superiores. Lo más importante
fue la responsabilidad sobre las pérdidas y ganancias que ya no
se enfocó en la alta dirección sino fue tomada por los 20
gerentes de los equipos ya mencionados. Las unidades y grupos ahora tienen
la responsabilidad de principio a fin de los productos de Xerox.
No importa que tan
interesante y brillante sea la teoría, ésta será de
poca utilidad si la compañía o las personas no aprenden de
ella. Aquí entra "la organización de aprendizaje", popularizada
por Senge. Una forma de mejorar el aprendizaje, dice, es crear oportunidades
para que los gerentes practiquen en una atmósfera libre de riesgos,
no como un ensayo para un actor o como juego de exhibición para
un atleta. "La gente que ha estudiado cómo es que los seres humanos
aprenden, van una y otra vez al mundo del juego o como le llamamos, al
campo de la práctica", dice Senge. "Al mover a los gerentes del
campo del desempeño al de la práctica, se puede mejorar
el proceso de aprendizaje".
Para hacer eso, Senge
reúne a los ejecutivos de alto nivel con los gerentes generales
para jugar juegos de simulación en los que se evidencia cómo
las decisiones de unos afectan a los otros. Su idea se lleva a cabo por
los gerentes de diversas empresas, desde la Ford hasta Federal Express.
Y tiene entusiastas seguidores en la comunidad administrativa. Senge trabajó
durante ocho años como consultor de Hanover Insurance; William J.
O’Brian lo empleó para que enseñara estas técnicas
a su equipo de gerencia. "No digo que da respuestas absolutas, pero a la
mente humana le permite una forma más consciente de conocer la administración."
Por cada Senge o Nadler
que se ha ganado los oídos de los ejecutivos, hay docenas que aspiran
a convertirse en un Drucker o en un Deming. Algunos de los seguidores de
Senge o Nadler y sus ideas no llegarán muy lejos, pero otros impactarán
definitivamente la práctica gerencial y la forma que asuman las
corporaciones norteamericanas. Aunque esté usted o no de acuerdo
con ellos, vale la pena escuchar a este nuevo cultivo de expertos.