
1. Introducción
2. No
existe literatura sobre epistemología de la administración
3. Escaso
interés científico entre los antiguos profesionales de la
administración
4. El
conocimiento administrativo: desarrollado por especialistas de otros campos
5. El
conocimiento administrativo: producido en los países industrializados
6. En
los países subdesarrollados el conocimiento administrativo es precario
y obsoleto
7. El
conocimiento administrativo disponible es altamente ideologizado
8. Los
profesionales de la administración, en desventaja
9. Los
profesionales de la administración no administran
10.Necesidad
de administrar actividades de investigación y desarrollo
11.La
administración, de gran interés para la sociedad
12.Conclusiones
y recomendaciones
13.Fuentes
Bibliográficas
14.Notas
Entendemos por epistemología
la "doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico";
se utilizan como conceptos similares: gnoseología, teoría
del conocimiento, filosofía de la ciencia, metodología de
la ciencia. El propósito del presente artículo es mostrar
la necesidad de que los profesionales de la administración, principalmente
las nuevas generaciones, fortalezcan su preparación en materia de
epistemología y, así mismo, se ocupen de desarrollar una
epistemología específica para nuestra disciplina. La propuesta
metodológica se centra en el estudio de gobiernos y empresas, como
objetos de estudio de las administraciones pública y de empresas,
respectivamente. "La administración", sin adjetivos, para ostentarse
como tal habría de asumir ambos objetos de estudio; cuando se ocupa
de uno solo, la omisión del adjetivo resulta engañosa.
Llevar a cabo la presente
propuesta propiciaría: impulsar la producción de literatura
científico técnica y académica, desarrollar el conocimiento
administrativo y, principalmente, mejorar la formación de los profesionales
de la administración. Esta propuesta es parte de una serie que,
a efecto de fortalecer la formación de los administradores, se encuentra
en preparación.
Es sabido que cada
ciencia en estado de madurez cuenta con su propia epistemología,
lo cual es un recurso de enorme importancia para avanzar en el terreno
científico; la epistemología se convierte en un elemento
de realimentación del conocimiento, para validarlo, actualizarlo
y desarrollarlo. Si por algún motivo la disciplina se maneja sin
una epistemología ad hoc, el progreso del conocimiento se inhibe,
los intentos de investigación marchan a tientas, la producción
científico técnica es precaria, los profesionales del caso
padecen el estancamiento de la disciplina y ven reducida su esfera de servicio
e influencia.
En materia de administración
no hemos atendido la necesidad de desarrollar una epistemología
propia, y ello está produciendo severas consecuencias, mismas que
es necesario identificar para resolverlas. A continuación menciono
datos indicativos.
La bibliografía
dedicada al tema de los fundamentos y métodos del conocimiento administrativo
es en extremo escasa y poco conocida1.
El tema no está presente en los textos de la especialidad, ni siquiera
en compendios o tratados para cubrir programas de estudio superiores. Artículos
que se ocupen del problema, así como la existencia de especialistas
en metodología del conocimiento administrativo no se manifiestan.
Cuando los estudiosos
enfrentan la necesidad de realizar trabajos de investigación o tesis
profesionales, deben acudir a textos de técnicas de investigación
de las ciencias sociales, en general, donde se ofrecen múltiples
ejemplos de otras ciencias, pero no una orientación específica
respecto del trabajo que necesitan realizar. Además, al profundizar
en el estudio de la teoría de la ciencia, se hace patente que las
técnicas de investigación son necesarias, pero no suficientes
para realizar investigación científica.
Concomitantemente,
la formación para la investigación que se impartea lo largo
de la carrera es débil; de ahí que la demanda de los textos
del tema no refuerza el interés de producirlos: son insuficientes
las reediciones y reimpresiones. En el pasado cercano la ausencia de estudios
de metodología de la ciencia en las licenciaturas en administración
fue total; sólo recientemente ciertas instituciones incluyen algún
curso que, naturalmente, resulta deficiente. En tales circunstancias no
debe extrañar la precaria producción científico técnica
de los egresados.
Para construir la
epistemología de la administración, en primer lugar, habremos
de documentarnos ampliamente en cuanto a historia de la ciencia, teoría
del conocimiento, y técnicas de investigación científica;
todo ello en cuanto a la ciencia, en general, y a las ciencias Sociales,
en particular. La historia del la ciencia registra el devenir de los hallazgos
científicos a través de los siglos; la teoría del
conocimiento representa el análisis de dicho devenir y se ocupa
de establecer los principios, leyes y teorías, que explican el desarrollo
del conocimiento. Lo anterior sirve de base para las técnicas de
investigación científica, como instrumentos de aplicación
práctica para validar, actualizar y desarrollar el conocimiento.
Tal es el marco necesario para la adecuada formación científica.
En segundo término,
para construir la epistemología de la administración, habremos
de revisar y enriquecer la historia del conocimiento administrativo, con
base en el desarrollo de gobiernos y empresas. El análisis de dicha
historia permitirá establecer la teoría del conocimiento
administrativo, que explique los estímulos y los obstáculos
al desarrollo del conocimiento de su área. Con esas bases quedará
a nuestro alcance formular, adecuadamente las técnicas de investigación
en administración, instrumento para la producción de nuevos
conocimientos acerca de empresas y gobiernos.
Las tareas de desarrollar
la epistemología de la administración y de producir literatura
al respecto, beneficiarán a las nuevas generaciones de administradores;
por tal motivo son ellas quienes deberán impulsarla y realizarla.
Es poco probable que alguien más lo haga.
Escaso interés científico entre los antiguos profesionales de la administración
El estudio de la administración
hoy en día está impregnado de pragmatismo, y hasta de una
franca oposición al desarrollo científico: el interés
se centra en la capacitación para administrar: sólo lo que
es útil es verdadero. Interesan resultados, eficiencia, ganancia,
lo demás carece de importancia. Tal es la causa subjetiva del problema,
la cual se refleja en opiniones expresadas por administradores, mismas
que es necesario rebatir y desterrar:
· "La
administración no tiene fines científicos, sino prácticos".
Esta afirmación evidencia que se confunde la práctica de
la administración con el conocimiento administrativo, puesto que
si de administrar se trata son obligados los fines prácticos; pero
si nos ocupamos de actualizar, validar y desarrollar el conocimiento administrativo,
la finalidad y la metodología científica son necesidad incuestionable.
· "No
es posible el estudio científico de la administración, dado
que interviene el hombre y esto la hace impredecible: cada quien administra
como quiere". Con tal razonamiento la existencia de las ciencias sociales
sería mera casualidad; el hecho es que incluso la conducta humana
es objeto de estudio científico; más aún la actividad
institucionalizada en la conducción de gobiernos y empresas: la
administración.
"La administración
no constituye un objeto de investigación científica, puesto
que se trata de cuestiones muy simples de papeleo y trabajos auxiliares".
Este concepto erróneo deriva de confundir lo accesorio, lo administrativo,
con lo esencial, y se refiere, efectivamente, a lo no esencial, a lo auxiliar
o de apoyo: lo administrativo no es la esencia de gobernar o dirigir, es
decir, de administrar. En realidad, los gobiernos son el objeto de estudio
de la administración pública en los contextos económico,
político, social, jurídico e internacional. A su vez, las
empresas son el objeto de estudio de la administración de empresas.
Como es de esperar, existe controversia que no se ha resuelt en cuanto
a la definición de los objetos de estudio de las administraciones.
· "¿La
administración es ciencia o técnica?". La respuesta es que,
por principio, los adjetivos de ciencia o técnica son aplicables
al conocimiento administrativo y por ningún motivo deben dedicarse
a la práctica de administrar. Luego, ha de tenerse en cuenta que
ciencia y técnica son formas de conocimiento complementarias y no
excluyentes. A la ciencia se le denomina también "conocimiento básico"
y a la técnica "conocimiento aplicado". Ambos son indispensables
en las diversas ramas del saber: la ciencia carece de sentido si no se
aplica; pero la técnica sin respaldo científico resulta primitiva,
limitada.
Lo importante es fortalecer
nuestro interés científico y evitar que la disyuntiva "ciencia
o técnica" nos lleve a optar por una formación que renuncie
al conocimiento básico, puesto que existe la enorme necesidad de
que empresas y gobiernos sean estudiados con rigor para, con ello, impulsar
una avanzada y poderosa tecnología para administrar.
El conocimiento administrativo: desarrollado por especialistas de otros campos
¿Cómo,
en las circunstancias descritas de interés y preparación
científicos insuficientes, existe y se ha desarrollado, en alguna
medida, el conocimiento administrativo?. Respuesta: se genera por especialistas
de otros campos –ingenieros, psicólogos, sociólogos, matemáticos,
físicos, etcétera. Encontrar desarrollos cognoscitivos realizados
por profesionales de la administración es todo un reto. Esto ha
sido no sólo durante épocas pasadas, en que la juventud de
la disciplina lo hacía explicable: lo mismo sucede en tiempos recientes;
no se observa progreso científico entre los administradores de las
antiguas generaciones, salvo excepciones, tal vez.
Pudieran argumentar
los administradores que "delegan" la producción de conocimientos,
que no existe la necesidad de que ellos mismos lo hagan; sin embargo esto
es contrario al hecho generalizado de que cada especialidad forma a sus
profesionales para: ejercer, resolver los problemas científico técnicos
que a la disciplina competen, así como producir nuevos conocimientos.
Es del todo irregular
que, por ejemplo, los médicos no resuelvan los problemas de salud
o no produzcan conocimientos sobre medicina; es inconcebible que los físicos
no sean quienes nutran la Física. Si otros especialistas hacen sistemáticamente
lo que los responsables directos no quieren o no pueden hacer, estos terminan
desplazados. Más adelante veremos que, precisamente, esto sucede
a los profesionales de la administración.
Por lo pronto, las
nuevas generaciones de administradores han de tomar conciencia de la imperiosa
necesidad de desarrollar por sí mismos los conocimientos de la disciplina
y no esperar que otros lo hagan.
El conocimiento administrativo: producido en los países industrializados
Quien desarrolla el
conocimiento se ocupa de los intereses propios, no de los vecinos. Naturalmente,
esto tiende a reforzar la dependencia de los subdesarrollados (Jones, 1993:51),
pero entre éstos persiste la ingenua creencia de que no es necesario
hacer investigación y desarrollo, que es conveniente aprovechar
lo que se hace en otras latitudes.
Un conocimiento administrativo
propio, rico, y que sirva realmente a los fines nacionales, habría
de describir, explicar y pronosticar el comportamiento de empresas y administraciones
públicas en el marco de la asimetría internacional; debería
proporcionar bases científicas sólidas para formular tecnología,
planes y estrategias para el adecuado manejo de los recursos, en nuestro
contexto y situación económica, internacional e histórica.
En palabras llanas,
por simple lógica, si pretendemos administrar al país o sus
empresas, necesitamos conocer a fondo los recursos naturales, planta productiva,
fuerza de trabajo, mercado interno e internacional, situación financiera
del país, causas y efectos del déficit persistente en comercio
exterior; a costa de qué se financia éste, cuál es
el futuro, de continuar las actuales tendencias, por qué quiebran
miles de empresas en los últimos años, qué responsabilidad
tiene la administración pública, etcétera. Nada de
esto parece importar en los textos y planes de estudio de las administraciones
pública y de empresas; esto puede y debe cambiar.
Hay que señalar
que la administración, históricamente, se ha vinculado estrechamente
al poder económico y político (Guerrero O., 1981). Este es
el aspecto objetivo y, en consecuencia, el determinante: el conocimiento
acerca del poder permanece reservado a quienes detentan el poder. El conocimiento
administrativo altamente desarrollado permanece reservado para las empresas
y gobiernos que lo han creado. De ahí que en los países subdesarrollados
el estudio de la administración no sea científico, sino impregnado
de pragmatismo, comercial e, incluso, obsoleto. De ahí que, hasta
ahora, se forme a los administradores en las ideologías, más
que en el conocimiento científico y la capacidad necesaria para
desarrollarlo.
En los países
subdesarrollados los administradores deberán producir un conocimiento
que refleje su propia realidad y atienda la necesidad de independencia
y desarrollo.
En los países subdesarrollados el conocimiento administrativo es precario y obsoleto
El mayor problema del
conocimiento administrativo es el divorcio entre la teoría y la
práctica. Efectivamente, si queremos conocer la situación
de gobiernos y empresas de nada sirve revisar los textos de administración
pública o de empresas. Lo que en ellos encontramos son prescripciones,
"recetas", de cómo administrar, en lo interno, negocios privados
y organismos gubernamentales; así, en general y abstracto, como
si existieran en un vacío social e histórico, como si permanecieran
sólo para sí mismos, no por y para la sociedad. Cuando los
textos de administración refieren casos reales de empresas y gobiernos,
se ocupan de aquellos típicos de las potencias, en circunstancias
y con necesidades muy diferentes a las que prevalecen en los países
subdesarrollados. Además, los tiempos de traducción, publicación
y divulgación, hacen que al editarse los mencionados textos en los
países subdesarrollados –lustros después–, sean obsoletos.
Por otra parte, la
literatura en administración es eminentemente técnica, no
científica: se ocupa de cómo administrar. El conocimiento
básico, descriptivo y teórico explicativo de empresas y gobiernos,
indispensable para la formación de profesionales y para el desarrollo
de una tecnología avanzada, brilla por su ausencia. Para conocer
el comportamiento de empresas y gobiernos los administradores necesitamos
recurrir a textos de otras especialidades, creados con fines distintos
a los que nos interesan. Dado que las diversas teorías de la administración
han sido desarrolladas por métodos de la ingeniería, la psicología,
la sociología, la matemática, etcétera, deriva la
parcialidad de sus enfoques y sus debilidades, incluso en las corrientes
que se ostentan como "visión integral" de la administración.
En los países
subdesarrollados, los administradores deberán describir y analizar
el comportamiento de sus empresas y gobiernos en el contexto internacional,
marcado por la asimetría en el comercio mundial, el déficit
recurrente en la balanza de pagos y la aguda dependencia financiera.
El conocimiento administrativo disponible es altamente ideologizado
En efecto, el conocimiento
administrativo es reflejo sesgado del interés y opiniones de empresarios
y gobernantes, los cuales no consideran el interés de la sociedad
y la existencia misma de ésta. Por ejemplo, se estudia como único
parámetro de eficiencia la ganancia. Si ésta fuera realmente
el único criterio de eficiencia objetivo, las empresas establecidas
en los países subdesarrollados resultarían mucho más
eficientes que sus homólogas en los países industrializados:
Alemania, Japón, Estados Unidos, etcétera., donde los índices
de ganancia son muy inferiores.
Lo que sucede es que
las administraciones públicas de los países subdesarrollados
ofrecen a los capitales internacionales altas tasas de ganancia para atraerlos
a sus territorios: de los gobiernos dependen las ganancias de los capitales.
Esto se propicia por el persistente déficit comercial externo de
los subdesarrollados (Mercado, S., 1986), originado en la incapacidad de
las empresas para exportar; la sobre valuación de la moneda nacional
(Schneider E., 1972) y, en las relaciones comerciales asimétricas,
resabio del colonialismo, donde los subdesarrollados exportan materias
primas e importan productos industrializados, de manera casi exclusiva
de determinado país (Bairoch F., 1975).
Para sostener artificialmente
el valor de la moneda nacional, a pesar de la persistente balanza comercial
negativa, las administraciones públicas alimentan la oferta del
mercado de divisas con dólares que obtienen de préstamos,
inversión extranjera, venta de recursos estratégicos como
el petróleo, y venta de patrimonio nacional (empresas públicas)
a extranjeros (Jaguaribe H., 1983). Con esto se refuerza la dependencia
y se cancela cada vez más la escasa soberanía lograda con
enormes sacrificios: se pone en manos extranjeras el destino del país.
En 1994, en México,
año de "auge económico", sólo el 9% de las empresas
exportó (INEGI, 1995); debería revisarse cuántas empresas
exportaron más de lo que importaron y abastecieron de divisas al
país.
A la inversión
extranjera no se le exige que exporte, pese a que genera fuertes salidas
de divisas por pago de dividendos, compra de materias, maquinaria y demás.
Los países industrializados no permitirían en su suelo empresas
que no exportan pero que generan salida de divisas porque no se encuentran
urgidos de conseguir dólares. En los países con un mínimo
de racionalidad de la administración, la consigna es "exporta o
muere"; existe conciencia de que si las empresas consumen productos de
importación, en consecuencia deben generar, con exportaciones, las
divisas para pagarlos (Cohen B., 1984). Además, en los países
industrializados la administración pública no asume el papel
de proveedor de divisas, ni sostiene artificialmente el valor de la moneda
nacional endeudando al país, para que las empresas funcionen o continúe
determinado partido en el poder con base en una economía ficción,
puesto que las empresas son eficientes para competir en el mercado internacional.
Otros temas de gran
importancia para evaluar la eficiencia de las empresas y las administraciones
públicas, son: el aprovechamiento racional de los recursos naturales
y la fuerza de trabajo; el abastecimiento a la población y a la
propia industria; aprovechamiento y desarrollo de la planta productiva,
tasas de reinversión y empleo; innovación de productos y
servicios; influencia en el bienestar de la población; situación
de la ecología, entre otros que no se tratan en los textos de administración;
y aún así, con ligereza, se nombra "ciencia" a la disciplina.
Así se formó a los antiguos administradores; esto debe cambiar:
las nuevas generaciones habrán de ser expertas conocedoras de la
realidad de la administración, tanto de su país como a nivel
mundial, para poder, en verdad, administrar eficaz y racionalmente, para
poder competir en el comercio mundial.
El estudio de la administración
ha sido altamente ideologizado; es necesario moderar la ideología
e impulsar un estudio realmente científico y socialmente responsable
de la disciplina, el cual refleje la problemática de nuestras empresas,
gobiernos y sociedad, así como las técnicas y estrategias
para enfrentarla.
Los profesionales de la administración, en desventaja
En el marco de la situación
descrita, a los administradores se les forma realmente como técnicos
y no así como profesionales, incluso en el nivel educativo superior.
Los planes de estudio centran su interés en la capacitación
para administrar –como si se tratara de nivel medio– y descuidan el conocimiento
básico, como corresponde al nivel licenciatura. Desde luego, no
omitimos la consideración de los niveles de maestría y doctorado
orientados a fortalecer la formación científica, pero ¿cuáles
son los parámetros para diferenciar los niveles de educación
media y superior?
En lo académico,
es notable que una gran proporción de ingenieros y otros profesionales
cursan exitosamente las maestrías en administración; sería
deseable, también, que los administradores estén ampliamente
capacitados para hacer maestrías en ingeniería, derecho u
otras.
En lo científico,
nose sabe que exista aportación alguna de los administradores profesionales
hacia otras disciplinas ni a la propia. Es necesario que la capacitación
científica de los administradores sea tal, que les permita hacer
contribuir a cualquier disciplina que se propongan.
En la práctica,
las empresas y el Estado son administrados por otros profesionales. Estos,
luego de ocupar posiciones directivas escriben, narran experiencias, plantean
propuestas, publican y se hacen consultores: es decir, comercializan su
producto, su teoría. De ello deriva el uso de técnicas de
venta, más que de método científico, al que suele
aludirse con abuso. Los administradores deben estar capacitados para dirigir
al más alto nivel, industrias, comercios, bancos y entidades estatales.
Los administradores
tienen derecho a ser formados realmente como profesionales y no sólo
como técnicos de nivel medio; escatimar recursos educativos al efecto
va en detrimento de la inserción de México en la economía
mundial, con graves repercusiones sociales y políticas.
Los profesionales de la administración no administran
En todo caso, el resultado
más importante de la problemática descrita es que los profesionales
de la administración son desplazados de los altos niveles directivos:
las empresas suelen ser administradas por ingenieros, y en el Estado predominan
los abogados (Garcíacastillo R., b) 1995:68). Con tal situación,
la cual es necesario cambiar, si alguien quiere llegar a administrar más
allá de niveles medios debe estudiar ingeniería o leyes.
Actualmente, el ámbito de los administradores profesionales, es
el de mandos medios, cuando no simples posiciones auxiliares. En este punto
se pone de relieve la necesidad de diferenciar entre los profesionales
y los administradores que realmente administran.
La identificación
y señalamiento de los problemas es indispensable para resolverlos.
Es trascendental reconocer la estrecha relación causal entre los
hechos: los administradores no administran porque su disciplina se encuentra
en estado de gran atraso, les falta el conocimiento de la realidad de empresas
y gobiernos, además de la adecuada formación científica.
Algunos autores piensan
que la capacidad para administrar es una característica personal
y, en consecuencia, no procede el intento de formar profesionales en este
campo. Sin embargo, la complejidad y tamaño actual de las organizaciones
hace indispensable el conocimiento sistemático y profundo de las
mismas, sin el cual no es viable la adecuada conducción de grandes
organismos. Además, debe tenerse presente la necesidad de formar
estudiosos para fomentar el conocimiento de empresas y gobiernos, único
medio para elevar el nivel de servicio de tales entidades.
Se discute si debiera
desaparecer la administración como profesión autónoma,
y en su lugar complementar las demás profesiones con "conocimientos
administrativos". Nuevamente se confunde lo accesorio con lo esencial y
se deja de lado el estudio científico del comportamiento de empresas
y gobiernos, como medio para resolver los problemas inherentes, como acervo
importante de las ciencias sociales, de gran interés para la ciudadanía
y el desarrollo nacional.
Para que las nuevas
generaciones de administradores sean competitivos frente a otros profesionales
y administren al más alto nivel, requieren ser expertos conocedores
de empresas y gobiernos en su país y en el mundo, así como
elevar su nivel de formación científica.
Necesidad de administrar actividades de investigación y desarrollo
En la actualidad del
mundo industrializado las empresas son las entidades que realizan el desarrollo
del conocimiento básico y el aplicado. Esto se explica porque ello
requiere cuantiosas inversiones, pero sobre todo, porque constituye un
requisito de sobrevivencia de las grandes corporaciones mundiales así
como el mayor de los negocios: la posibilidad de control de los mercados
internacionales. Las empresas que no realizan investigación o tienen
menos éxito en ésta, se rezagan, pierden mercados, se hacen
dependientes, son menos rentables, y también desplazadas o absorbidas:
una sola empresa japonesa, Hitachi, canaliza a estas actividades 4 200
millones de US. dls." (Academia de la Investigación Científica,
México, 1995)2.
Las administraciones
públicas realizan también investigación y desarrollo
para enfrentar la problemática que les compete. Los futuros profesionales
de la administración deben estar capacitados para dirigir actividades
avanzadas de investigación y desarrollo tanto en las empresas como
en el Estado. Más aún en los países subdesarrollados,
como instrumento indispensable para el progreso y la independencia. Los
administradores tienen una doble necesidad de formación científica,
pues deben desarrollar la propia disciplina y, conducir delicadas actividades
de investigación y desarrollo en las empresas y gobiernos.
La administración, de gran interés para la sociedad
Empresas y gobiernos
son instituciones de muy alto impacto social, por lo que, en consecuencia,
existe la enorme necesidad de difundir conocimientos científicos
al respecto, con la finalidad de explicar y pronosticar su comportamiento,
así como, con base en tal conocimiento, elevar el nivel de servicio
de dichas entidades.
Lo anterior es una
demanda de la ciencia social y la ciudadanía hacia los profesionales
de la administración, misma que, considero, no ha sido atendida:
a los administradores de generaciones anteriores nos suena extraño
que debamos aportar algo en el terreno científico o social. Únicamente
consideramos servir para fines de control y ganancia a gobernantes y empresarios.
Sin embargo, el florecimiento de una tecnología avanzada y poderosa
para administrar, ha de tener como base el conocimiento profundo y científico
de gobiernos y empresas en su contexto histórico e internacional.
Tales estudios llevarán a que empresas y gobiernos sirvan real y
eficientemente a la población y al país.
Conclusiones y recomendaciones
Si queremos ampliar
la producción de literatura científico técnica de
los profesionales de la administración, desarrollar el conocimiento
administrativo, mejorar la formación de profesionales, el servicio
que estos prestan a las ciencias sociales y a la sociedad misma, así
como ampliar las oportunidades profesionales para ellos, el punto de partida
indispensable es fortalecer su formación científica y el
conocimiento acerca de la realidad de nuestras empresas y gobiernos, en
el contexto internacional e histórico.
Es importante reconocer
que la administración es interés estratégico de las
ciencias sociales y de la ciudadanía en general, y no objeto exclusivo
de empresarios y gobernantes. El estudio científico del comportamiento
de empresas y gobiernos es una prioridad, para proporcionar elementos que
permitan explicarlo y pronosticarlo, pero sobre todo, conducirlo conforme
al interés de la población en general y en el largo plazo.
Las nuevas generaciones
de profesionales de la administración deberán capacitarse
para impulsar el propio conocimiento administrativo y, además, deberán
se capaces de conducir actividades de investigación y desarrollo
en el más alto nivel de las empresas y los gobiernos.
El estudio de la situación
expuesta induce a concluir que el problema de fondo es que el conocimiento
administrativo, en los países subdesarrollados, se encuentra rezagado
en extremo; lo cual reduce las oportunidades profesionales de los estudiosos
y, así mismo, impide que la sociedad se beneficie de la existencia
de la disciplina administrativa.
La hipótesis
subyacente es que para superar el problema se requiere:
1
Las obras de Arias Galicia (1972), Munch y Ángeles (1988) dedicadas
a la investigación de la administración, únicas en
su género, no refieren en la bibliografía obra alguna del
mismo tema; los esfuerzos por localizar textos al respecto han sido, hasta
hoy, infructuosos.
2
Citada por Guadarrama Jesús, 1995.