
La explosión
de la información en un mundo altamente competido y que exige velocidad
de respuesta, produce una saturación de datos, reportes, índices
y gráficos acerca de los eventos cotidianos que nos sumergen en
un bombardeo que requiere de un proceso de selección y análisis
cuidadoso, por lo que es necesario discriminar entre la información
útil y la superflua.
En el ámbito
organizacional es claro que la información es básica para
el proceso de dirección. De hecho, se puede afirmar que es el fluido
vital de la administración, pues ninguno de los elementos significativos
en la conducción de negocios (planeación, organización,
dirección y control) existe en un sentido práctico sin ella,
lo que conduce a pensar que para ser competitivos en una economía
global y abierta se requiere de herramientas informativas capaces de responder
a todas nuestras inquietudes y a las de nuestros clientes. Este objetivo
se alcanza a partir del conocimiento como actividad intelectual y de la
profundización de sus estructuras lógicas aplicadas a sus
grados, tipos y clases y de tal modo a todas las disciplinas. La importancia
del conocimiento, como resultado del tratamiento de la información
por el individuo, ha dado nacimiento y prioridad a las empresas intensivas
en ese recurso. De hecho, ha modificado los conceptos de capital, de los
activos como generadores de crecimiento y rentabilidad, así como
el concepto de valor con relación a la empresa, de los productos
o servicios, y en general se le considera hoy como el factor protagónico
para lograr ventajas competitivas.
En estos momentos de
aguda competencia y de desarrollo tecnológico, los sistemas de información
son un elemento clave para manejar estratégica y operativamente
los factores competitivos basados en los precios y la calidad del producto
del servicio.
Con el desarrollo
tecnológico inicia una etapa en el campo de las aplicaciones contables
a la economía, lo que significa un replanteamiento teórico-práctico
de las posibilidades para la contabilidad, condicionadas sólo por
los principios de la partida doble.
La contabilidad forma
parte de los sistemas de información que integran, a su vez, una
disciplina de contenido general y amplio, la administración; y en
este orden representa un importante trabajo de campo para la planeación
y el control de los negocios.
En virtud de esta naturaleza de funciones, se puede considerar que la contabilidad es un método de trabajo intelectual aplicado, pues constituye un ordenamiento para obtener –a partir de fundamentaciones matemáticas y lógicas, cuyo objetivo es la medición de resultados– su producto formal (con alcance legal): los estados financieros. Asimismo es un sistema que, a partir de registros cronológicos y acumulativos de hechos y acciones económicas expresados en moneda, tiene por finalidad procesar, ordenar y proporcionar información sobre la marcha particular de una economía empresaria, o bien, de un conjunto de empresas, utilizable por sus propietarios y administradores, así como por el medio ambiente externo a su operación. Es decir, la función de la contabilidad se evidencia en la labor de procesamiento de valores asignados a hechos económicos empresariales y se traduce en exposición documentada como resultado de elaboraciones técnicas. Aquí se evidencia la necesidad de impulsar estudios interdisciplinarios que permitan desarrollar una teoría general de la contabilidad que responda a las exigencias de un nuevo modelo organizacional, plano y flexible, en el que la utilidad, confiabilidad y oportunidad de la información se traduzca en herramienta imprescindible para el proceso descentralizado de toma de decisiones y el consecuente aprovechamiento de la ventaja competitiva.
Este trabajo apunta precisamente en este sentido, es decir, pretende discutir desde el punto de vista de la información las características que modifican de manera sustancial los conocimientos, destrezas y habilidades de una comunidad de trabajadores polivalentes. Se trata de proponer algunas perspectivas que expliquen cómo se integra la contabilidad a un sistema de información ante las exigencias de una estructura organizacional plana y flexible.
Las organizaciones
operan en un mundo de incertidumbre creciente debido al proceso para aprehender
una cambiante realidad donde prolifera la diversidad, caracterizada por
una reducida intervención gubernamental para controlar (cada vez
con menor eficacia) el nivel monetario, fiscal e impositivo; los cambios
abruptos en las políticas comerciales; la competencia doméstica
e internacional; las contracorrientes de cambio en el mercado; y crecientes
costos laborales. Además, hay que destacar que en el ámbito
mundial la competencia es cada vez más intensa, provocando que existan:
-Dos o más
organizaciones que, bajo un similar concepto de negocio, compiten por conquistar
un mismo grupo de clientes.
-Un grupo de clientes
con necesidades, deseos y expectativas similares, así como también
la capacidad de elegir la forma de cómo y de quién obtener
sus satisfactores.
-Medios alternos y/o
sustitutos como satisfactores.
-Fenómenos
y condiciones del entorno que impactan a las organizaciones, a los productos
y a los mercados.
Bajo estas condiciones,
la información es el arma principal, pero no hay que olvidar, como
lo señala Theodore Roszak en The Cult of Information, que la información
no es conocimiento. Se pueden producir datos en forma masiva, pero no se
pueden producir conocimientos de la misma forma; éstos sólo
los produce el individuo basado en sus experiencias, separando lo significativo
de lo irrelevante a través de la formulación de juicios de
valor.
En este contexto,
para evitar el fracaso, sobrevivir y lograr el éxito, las organizaciones
deben explotar las dimensiones de la oportunidad de una comunidad de trabajadores
polivalentes bien informada y que se encuentra en la búsqueda de
la tan ansiada ventaja competitiva. Los sistemas de información
se convierten en un elemento clave para manejar estratégica y operativamente
los factores competitivos (Luis Picazo Martínez: 1991).
Los sistemas de información y la organización
En el pasado se consideraba
a los sistemas de información más como un manipulador de
números que como un arma competitiva. Su función era de recolección,
procesamiento y análisis de datos que daban cuenta de funciones,
eventos y cadenas de actividades que podrían afectar el sentido
y resultado de las actividades de la organización para el proceso
inmediato de toma de decisiones. El análisis que se hacía
entonces comprendía la reducción de los problemas por resolver
en subproblemas independientes; entonces la solución al todo no
era más que la suma de la solución de sus partes (Rusell
Ackoff: 1996).
Históricamente
la presentación de informes a la administración era periódica
sólo para actividades rutinarias. El procesamiento de datos se hacía,
en gran parte, en la modalidad por lotes después del cierre de un
ciclo operacional; el ejemplo más evidente se refiere a los períodos
contables. Se procesaban las transacciones y se actualizaban por completo
los archivos para así determinar las condiciones en que operaba
la organización. El tiempo necesaria para determinar dichas condiciones
hacía que, por lo común, los informes se encontraran disponibles
después de la conclusión del período contable sobre
el que giraba el informe y cuando el siguiente ciclo operacional estaba
ya bastante avanzado. A menudo, las medidas tomadas para corregir los problemas
eran incorrectas; la naturaleza del problema había cambiado, el
problema se había resuelto o era demasiado tarde para hacer algo.
Bajo estas circunstancias se puede observar que los sistemas de información
tenían como función realizar esfuerzos aislados, determinados
más que por una concepción sistémica, por la coyuntura
o por visiones estratégicas funcionales, es decir, funciones limitadas
a un momento y a un aspecto.
A partir de la década
de los setenta se avizora un cambio radical que impacta a la industria
y a los servicios, en donde ya no es posible mantener un sistema productivo
que lanza al mercado contingentes masivos de productos homogéneos
y estandarizados ante una demanda que se diversifica, se hace más
exigente y requiere de un aparato productivo ágil y flexible que
responda con una oferta diferenciada para cada segmento o nicho de mercado,
manteniendo bajo el nivel de costos.
Es entonces cuando
se redefinen las condiciones de competitividad y los medios para lograrla.
En este sentido, las organizaciones deben reducir sus niveles jerárquicos
y funcionales e integrar una comunidad autónoma de trabajadores
polivalentes que se relacione, en términos de competencia y colaboración,
con las otras unidades de la organización para dar una pronta respuesta
a la demanda.
Con la estructura plana
y flexible se avanza hacia la instauración de una comunidad de productores
en donde se rompen las barreras entre el trabajo manual y el intelectual,
se eliminan las jerarquías y se propician remuneraciones con base
en a resultados y no en categorías estáticas. Bajo estas
condiciones, es necesario propiciar aquel trabajo que integre valor-conocimiento,
pero sobre todo que genere condiciones que favorezcan el despliegue de
la creatividad y la innovación. Es así como el conocimiento
se convierte en el elemento decisivo para la generación de un nuevo
valor.
La naturaleza del
sistema de información, sus objetivos y funciones deben variar y
enfocarse hacia la descentralización de toma de decisiones. Cabe
destacar en este aspecto, que el uso de la informática ha hecho
posible el acceso inmediato a bancos de datos que brindan información
procesada y analizada con la finalidad de reducir la información
flotante, acelerando la velocidad de respuesta ante el exterior.
Es así como
las empresas sobreviven gracias a la capacidad de adquirir, elaborar y
utilizar información y conocimiento en modo diferencial respecto
a la competencia, y a su capacidad para poner en discusión, en todo
momento, su bagaje cognoscitivo. En esta dinámica, la capacidad
de aprendizaje se vuelve crucial –sobre todo en empresas de alto contenido
tecnológico o en las de servicios– para asegurar la generación
de valor a partir del desarrollo del conocimiento (Guattri, 1991; S. Vacari,
1991).
Estas transformaciones
podrían sustentar la hipótesis de que nos encontramos en
un periodo de cambio de paradigma tecnoeconómico, esto es, de una
modificación radical de la práctica óptima, de una
modificación sustancial en las reglas del sentido común utilizado
para lograr la eficiencia, cuestión que naturalmente implica un
cambio en las estructuras organizacionales y en las formas de gestión.
El cambio de paradigma y sus efectos en los sistemas de información
Muchos autores destacan
como factor decisivo de los cambios a los sujetos económicos, entre
ellos a las empresas transnacionales; por ello se habla de una revolución
microeconómica que tiene el objetivo central de afianzar la capacidad
competitiva de la producción real en los mercados domésticos
e internacionales, en condiciones de apertura externa y de una intensa
competencia internacional en productos, calidades y precios. En su ausencia,
la estabilidad equilibrada de los grandes agregados económicos,
se vería en la imposibilidad de ofrecer un horizonte firme de progreso.
Esa revolución abarca varios planos de acción. Los actores
protagónicos han de ser las empresas y los empresarios, pero también
el Estado ha de proveer la infraestructura que facilite los cambios.
A escala de la organización
empresarial hay una serie de tareas de distinto grado de complejidad que
habrá necesidad de abordar o afianzar sistemáticamente. Los
primeros esfuerzos tienen que estar dirigidos a cancelar desperdicios,
efectuar ahorros y aumentar la productividad mediante el mejor uso de los
recursos disponibles. Aquí se comprenden acciones dirigidas a perfeccionar
el diseño de las plantas, corregir cuellos de botella entre procesos,
optimizar el uso de insumos, el transporte o los inventarios, cancelar
el exceso de personal, consolidar el perfil financiero de las negociaciones
o atender con mayor eficacia las necesidades de clientes y usuarios.
En otra vertiente,
las empresas con debilidades competitivas sustanciales, pero con potencial
de sobrevivencia, tendrán que emprender programas más complejos
de reconversión industrial que suponen inversiones de cierta cuantía,
la absorción-adaptación de tecnologías avanzadas,
tanto como la adopción de sistemas organizativos y de comercialización
apropiados a las mismas. En este terreno, existen sin duda progresos de
importancia de firmas individuales, pero todavía no se alcanza el
saneamiento sectorial completo y equilibrado de las principales actividades
económicas. Esto se refleja en el hecho de que en muchas empresas
se sigan utilizando sistemas de información típicos, obsoletos,
costosos de mantener y difíciles de usar. La mayor parte de los
sistemas más antiguos ya son obsoletos y han dejado de satisfacer
las necesidades actuales. En la mayoría de las empresas se tienen
tres años de atraso en la formulación de sus sistemas de
información así como en sus proyectos de mantenimiento (Saldévila,
1992).
Es indispensable que
la modernización productiva se asiente en la incorporación
sistemática y deliberada del progreso técnico con el propósito
medular de alcanzar alzas sostenidas en materia de productividad. Frente
a la revolución tecnológica que tiene lugar en el mundo,
como expresión viva del campo donde ahora se libra la verdadera
competencia internacional, las empresas mexicanas están obligadas
acentuar la asimilación conocimientos técnicos y a multiplicar
la inventiva, y realizar mayores gastos en investigación o desarrollo.
La innovación
sistemática consiste en la búsqueda organizada con el objetivo
de cambios y en el análisis sistemático de las oportunidades
que éstos pueden ofrecer para la innovación social o económica
(Peter Drucker, 1985). Los nexos de causalidad entre la capacidad de innovación
y el crecimiento, así como entre la propia innovación y la
participación en los mercados internacionales, son evidentes para
justificar la más alta prelación a la tecnología que
se asocia con el fomento de la creatividad de los agentes productivos como
única fuente de ventaja competitiva.
Anteriormente el comercio
mundial estaba regido por ventajas comparativas estáticas, asentadas
en la dotación original de recursos naturales o humanos. La nueva
división internacional del trabajo obedece más bien a la
creación deliberada de especialidades y ventajas dinámicas
que benefician a los países dedicados a desarrollar nichos exportadores,
apuntalados en la mejor tecnología.
Otra característica que conviene destacar es que en esta difusión geográfica de las actividades productivas, el comercio intersectorial se abate, mientras asciende el intercambio intrasectorial, sustentado en especialidades y en la prolongación de las cadenas manufactureras. Cada vez más, los insumos y materiales, se diseñan o fabrican ad-hoc para atender a las especificaciones de los compradores del mercado, en vez de buscar, simplemente, como antes, clientes dispuestos a tomar ofertas dadas de productos disponibles. Junto a la productividad estática en la asignación de recursos, se reconoce la presencia de eficiencias dinámicas (dependientes de las vertebraciones interindustriales, de la innovación y de la flexibilidad de adaptación a los cambios de la demanda), singularmente importantes en economías que se encuentran por debajo de la frontera tecnológica. Al mismo tiempo, toman cuerpo una serie de directrices en las estratégicas empresariales –reingeniería, calidad total, alianzas corporativas– que están inextricablemente ligadas a la lucha por la eficiencia y la competitividad, esto es, a mantener y ensanchar la participación en los mercados.
Sin duda, todo lo anterior tiene efectos en la toma de decisiones de una organización; en este sentido, Drucker señala que áreas clave de desempeño típicas de una organización: la posición en el mercado, las utilidades, la innovación, la productividad, los recursos físicos y financieros, la motivación, el desarrollo organizacional y la responsabilidad pública. Un sistema de información debe estar diseñado para monitorear y reportar el estado, las tendencias y los cambios en las variables clave que tienen un impacto significativo en el desempeño de la organización. Para hacer más clara y precisa esta idea, en el siguiente concentrado se visualizan las variables clave consideradas por las empresas tradicionales ante las exigencias de un nuevo modelo organizacional.
| Sentido común tradicional | Nuevo patrón de eficiencia | |
| Mando y control | Mando centralizado.
Control vertical. Cascada de niveles de supervisión. "La gerencia es la que sabe". |
Metas y coordinación
centrales.
Autonomía local/autocontrol horizontal. Autoevaluación y automejoramiento. Proceso decisorio participativo. |
| Estructura y crecimiento | Pirámide estable,
creciente en altura y
complejidad a medida que se expande. |
Red plana y flexible
de unidades ágiles. Se
mantiene plana cuando se expande. |
| Partes y nexos | Nexos bien definidos
en sentido vertical.
Departamentos separados, especializados por funciones. |
Lazos de interacción
y cooperación entre funciones
a lo largo de líneas integradas y definidas por mercados finales. |
| Estilo de operación | Organizaciones de
operación optimizada.
Procedimiento y rutinas estandarizadas. Existe una manera óptima. Definición de tareas para cada individuo. Especialización en una sola función. Flujo de decisiones de arriba hacia abajo y de informaciones de abajo hacia arriba. |
Aprendizaje y mejora
continuos.
Sistemas flexibles/prácticas adaptables. Siempre puede haber una manera mejor. Definición de tareas para cada grupo. Personal polivalente/equipo ad hoc. Amplia delegación de toma de decisiones. Flujo múltiple, horizontal y vertical. |
| Personal y entrenamiento | Mano de obra vista
como costo variable.
Personal entrenado provisto en el mercado. Trabajadores atados a puestos definidos. La disciplina es la principal virtud. |
Trabajadores vistos
como capital humano.
Mucho entrenamiento y reentrenamiento interno. Puestos variables/trabajadores adaptables. Iniciativa/colaboración/motivación. |
| Equipos y escala | Equipo dedicado.
Un tamaño óptimo de planta para cada producto. La escala de planta anticipa la demanda futura. Se aspira a economías de escala para la producción en masa. |
Equipo adaptable,
programable y flexible.
Muchas escalas eficientes/óptimo relativo. Crecimiento orgánico según la demanda real. Economías de escala, de cobertura o de especialización: solas o combinadas. |
| Programación de la producción | Fijar ritmo de producción.
Producir para inventarios (éstos absorben variación en demanda). Reducir personal en períodos de baja demanda. |
Adaptar ritmo a variación
de demanda.
Reducir el tiempo de respuesta (justo a tiempo). Usar puntos bajos para mantenimiento y entrenamiento. |
| Medición de la productividad | Medición distinta
según el departamento
(compras, producción, mercadeo, etcétera). Porcentaje de tolerancia en calidad y rechazos. |
Productividad total
medida a lo largo del proceso de
producción de cada producto. La meta es cero defectos y cero rechazos. |
| Proveedores, clientes y competidores | Aislamiento del mundo
exterior.
Que los proveedores compitan en precios. Lograr productos estándar para clientes masivos. Oligopolio a distancia con la competencia. La empresa como sistema cerrado. |
Fuerte interacción
con el mundo exterior.
Lazos de colaboración con proveedores, con clientes y, en ciertos casos, con competidores (por ejemplo en investigación y desarrollo). La empresa como sistema abierto. |
El cuadro anterior nos servirá de marco para interpretar los cambios de la organización y del sistema de información. En el sentido tradicional se aplicó una filosofía de desarrollo y despliegue de los sistemas de información denominada reactiva, ya que estaba encaminada a la base de la organización en la que los sistemas eran vistos sólo como un arma defensiva táctica y operacional. Esta teoría se desarrolló con base en las reacciones que la organización adoptaba frente al medio ambiente a través de un presupuesto. La pregunta que se pretendía responder era: ¿cuánto podemos ahorrar?
Con el cambio de paradigma
las empresas requieren, para ser competitivas y asegurar su presencia y
permanencia en el mercado, desarrollar una ventaja, una diferencia frente
a la competencia, de acuerdo con las condiciones bajo las cuales operan,
la tecnología que manejan y la calidad y los procesos, más
una gestión eficiente.
La ventaja competitiva
se vuelve fundamental en la estrategia de la empresa para participar en
su mercado, atendiendo a las nuevas condiciones de apertura, del proceso
de globalización de los negocios y de la constante innovación
en los países desarrollados. La labor directiva se debe referir
al mañana, no al ayer. El mañana tiene que ver con lo que
hay que hacer, no con lo que ya se ha hecho. Lo que debe hacerse lo determina
el entorno exterior; lo que los competidores (viejos, nuevos y potenciales)
pueden y podrían hacer, los avances en la generación del
conocimiento y en la tecnología (Theodore Levitt, 1992).
Bajo este marco se
debe de producir un cambio en el desarrollo de los sistemas de información;
ahora la interrogante a responder es ¿cómo podemos desplegar
un sistema de información para apoyar las metas estratégicas
de la empresa?
Una política
proactiva en sistemas reconoce el desarrollo y convergencia de la tecnología
informática como son las telecomunicaciones y las computadoras;
la combinación de voz, texto, números y gráficos,
y sus aplicaciones como la manufactura integrada por computadoras, el telemercadeo,
el correo electrónico y las teleconferencias.
Uno de los motivadores
clave para incorporar una política proactiva en sistemas consiste
en identificar oportunidades y hacer un fuerte compromiso para utilizar
los sistemas de información con la finalidad de aumentar la eficacia
de la comunidad de trabajadores polivalentes, mejorar la productividad
e incrementar la diferenciación de productos y servicios bajo el
concepto de "empresa extendida". La ventaja de emplear el enfoque de empresa
extendida radica en que observa a la organización como un suprasistema
de información. Este enfoque es precisamente lo que ha permitido
lograr modelos oportunos para integrar al proveedor con la función
de producción, o hacer mercadotecnia mediante una base de datos
que significa estar cerca del cliente (Picazo M,, 1992).
Las sucesivas revoluciones
tecnológicas modifican la práctica óptima, cambiando
el modelo de gestión y las reglas de sentido común para el
logra de la máxima eficiencia. En la actualidad podemos observar
la combinación de la revolución microelectrónica con
el modelo flexible de organización, en el que se modifica el perfil
de la mano de obra calificada, la cual exige el readiestramiento de la
parte desplazada de la fuerza de trabajo y la aplicación del sistema
de enseñanza y capacitación a las nuevas necesidades. Las
organizaciones deben verse a sí mismas como sistemas totales, compuestos
de funciones interdependientes que forman un todo unificado. En consecuencia,
el objetivo de la integración, por lo que respecta a los sistemas
de información, es el de proporcionar un flujo de información
de niveles múltiples, creando y fortaleciendo las funciones para
apoyar esa interdependencia.
El resultado de la
integración posibilita una mejor comunicación y cooperación
entre los departamentos, ayudando a erradicar los feudos departamentales
y, en este sentido, los sistemas de información totalmente integrados
favorecen el hecho de que los usuarios ya no se encuentren divididos en
los "ricos de la información y los pobres de la información"
(Burch, 1992; Grudnistski,1992). Ante este esquema, la comunidad de trabajadores
polivalentes requiere ahora de:
La contabilidad como sistema de información
Cuando el hombre descubre
ante sí los bienes materiales que se encuentran en la naturaleza
para satisfacción de sus necesidades, establece un orden económico
y jurídico que regule su intercambio. Para ello requiere la cuantificación
de los recursos que posee con la finalidad de conocer la equivalencia entre
los diferentes bienes. La unidad de medida que adopta para asignar valor
a los satisfactores es la moneda. Una vez cuantificados los bienes, surge
la necesidad de expresar ese valor de una manera clara y accesible para
de controlar e informar acerca de los recursos que maneja una comunidad,
y con ello estar en posibilidad de tomar decisiones.
La expresión
escrita que describe los bienes materiales que posee la sociedad y su correspondiente
valor expresado en términos de moneda, recibe el nombre de información
financiera, por lo que ésta puede definirse como la comunicación
de sucesos relacionados con la obtención y aplicación de
recursos materiales expresados en unidades monetarias. Con base en lo anterior,
se puede apreciar que los servicios que ha prestado la contabilidad a través
de la información financiera que produce, se han basado en enfocar
a las organizaciones desde el punto de vista interno, como un sistema cerrado;
es decir, la información que proporciona ha estado enfocada al sistema
operativo interno y orientada a hechos pasados. La cuestión es que
los informes contables tradicionales (balance general y estado de resultados)
generalmente presentan efectos de decisiones tomadas con anterioridad,
sin explicar sus causas y mucho menos revelar oportunidades. En este sentido,
resulta necesario replantear la utilidad y oportunidad de la información
financiera en un entorno de aguda competencia, en el que las organizaciones
se orientan a servir a un mercado y a generar riqueza, para lo cual requieren
de sistemas de información confiables y significativos, y poder
así enfrentar los retos que imponen los mercados globalizados.
Evolución de la contabilidad como un sistema de información
La contabilidad se
practica, aunque en forma rudimentaria, desde tiempos remotos, y su ejercicio
se inicia por la necesidad de registrar los acontecimientos de un entorno
mercantil cambiante en el que la división del trabajo, la invención
de la escritura y la utilización de una medida de valor exigían
tener un control de la información financiera. A lo largo de su
desarrollo, la contabilidad se ha utilizado para satisfacer diferentes
propósitos: de tipo patrimonial, económico, financiero, fiscal
y de gestión. Todos ellos propósitos se tratan de conseguir
mediante el usos de la información que suministra un sistema contable
básico y uniforme.
En el siglo VI, con
el desarrollo de la actividad mercantil, la contabilidad aparece como una
técnica muy parecida a la actual. Sin embargo, a partir del siglo
XIX sufre transformaciones en los siguientes aspectos:
Aquí se trata de transformar los insumos que se reciben del medio ambiente en productos finales conforme a los objetivos y programas establecidos; sin embargo, este sistema está conformado por el personal de menor nivel jerárquico, cuyo campo de acción es el interno. Las decisiones fundamentales se refieren a la asignación de recursos y al desempeño de tareas repetitivas, contempladas en el presente o en el futuro inmediato, antiguamente planteadas como estratégicas, ya que consideraban variables que en ese entonces, poseían carácter incierto (productos, capacidad productiva, niveles de producción, precios, costos, tecnología, mercado, personal y diseño) y que se orientaron fundamentalmente hacia la búsqueda de la eficiencia y de la productividad. Los estados financieros se emitían mucho tiempo después de la fecha en que eran relativos. La contabilidad se registraba manualmente, provocando que la información financiera que emitía no fuera expedita ni oportuna.
En los cincuenta se emiten varias reglas básicas para preparar la información financiera con base en los principios contables de entidad, negocio en marcha, unidad monetaria, período contable y valor histórico. Pero esas reglas seguían visualizando a la empresa como un sistema cerrado en el que el control interno sólo perseguía salvaguardar los bienes de la empresa y desarrollar la eficiencia de las operaciones, descuidando hechos y fenómenos económicos que impactaban a la estructura financiera de la organización. En ese momento, la contabilidad estaba limitada a relacionar causas y efectos; cargos y abonos a través de expresiones cuantitativas que servían como base en la toma de decisiones para el aprovechamiento eficiente de los recursos, coadyuvando a la productividad de los mismos.
A partir de los setenta existe una serie de eventos que apuntan hacia la recomposición, tanto en los sistemas integrales de información, como en la tecnología utilizada y en la estructura de usos e indicadores. La evidencia más común se encuentra en los equipos de cómputo. La computadora, con su inmensa potencia y capacidad de archivo, clasificación y cálculo, produce información que en muchas ocasiones no puede asimilar el ser humano (principalmente por su volumen), y pone a disposición de los usuarios una información cualitativa y de tal importancia que hace algunos decenios era inimaginable. Por ejemplo, en el caso de control de inventarios en las tiendas al detalle, implantar un sistema de inventarios perpetuos resultaba impráctico y costoso. Con las computadoras es posible, ya que a través de lectores ópticos pueden leer código de barras para identificar el artículo, su precio de venta, el descuento promocional (si es que existe), y así facturar y llevar el control del inventario perpetuo en forma instantánea.
Otro caso es el de
las tarjetas de crédito, a través de las cuales se realizan
millones de operaciones al día; se operan y registran al mismo tiempo
que se efectúan las transacciones comerciales y financieras en todo
el mundo. Por medio de redes de comunicación, se transfieren aplicaciones
a cuentas de cheques, inversiones, cajeros automáticos, teleproceso
con los clientes a través de terminales, integración de servicios,
reservaciones en líneas aéreas, servicios especializados
en hotelería, etcétera.
Esta tendencia marca
nuevas formas de administración de la información. Los grandes
centros administrativos de información pasan a segundo término,
llevando centros estratégicos de información en cada uno
de los procesos de un organismo, provocando que en cada sitio específico
se tomen decisiones y se eviten así los núcleos de concentración
de información, tanto en su captura para la elaboración de
la planeación estratégica, como en sus aplicaciones en operaciones
cotidianas (que a manera de gestión, integra desde un proceso fabril
hasta una decisión de tesorería que influya de manera significativa
en la vida empresarial). El nuevo paradigma tiende a reintegrar a las organizaciones
con sus fines y centra la atención, no en las tareas separadas,
sino en la manera de vincularlas mejor para alcanzar los resultados deseados.
De aquí se infiere
que en la actual economía de la información y el conocimiento,
el impacto de la tecnología de la información a través
de sus sistemas inteligentes, de la inteligencia artificial y de las telecomunicaciones
modifica el sentido del control interno hacia una integración descentralizada,
en donde existe una amplia delegación del poder de decisión
a través de la formación de equipos interdisciplinarios.
Esta configuración facilita la medición de la productividad
total y el control de calidad de cada producto, haciendo que la organización
sea capaz de retener clientes satisfechos que, en sí mismos, representan
un activo generador de ingresos y utilidades futuras, aunque este hecho
no tenga expresión en el balance general.
El efecto económico-financiero
de las empresas intensivas en conocimientos hace que el personal sea más
importante que los activos fijos tradicionales. La organización
para tener capacidad de asimilar, manejar y promover el cambio técnico
continuo en el producto y en el proceso de producción, requiere
del personal con capacidad, formación y relaciones que también
son un activo de cuya actuación y compromiso depende la generación
futura de ingresos y utilidades. En este sentido, la contabilidad no sólo
debe relacionar causas y efectos, sino además combinar diversas
causas y entrelazar múltiples efectos, a partir de las bondades
del manejo informativo. Así, con el análisis de estas relaciones
y combinaciones, es posible llegar a la satisfactoria toma de decisiones.
Retos que enfrenta la contabilidad
En el nuevo modelo
organizacional de estructura plana y flexible, el análisis, procesamiento
y distribución de datos e información son la esencia de la
mayoría de las actividades, profesiones e industrias en general.
Ciertamente el crecimiento de empleos y negocios durante los últimos
veinte años se ha dado en aquéllos conectados con el tratamiento
de la información y conocimientos. Una tendencia que continuará
en el futuro.
Entre las causas principales
por las que muchas empresas e instituciones no crecen, pierden competitividad
o desaparecen se encuentra el que continúan utilizando instrumentos,
prácticas o conceptos tradicionales y obsoletos. La flexibilidad
y la adaptabilidad como directrices de la práctica óptima
en producción, comercialización e inversión ponen
en tela de juicio las viejas nociones de una escala óptima única
y de una configuración ideal para la fabricación del producto.
Ahora la comunidad de trabajadores polivalentes, para la toma de decisiones
estratégicas, debe satisfacer nuevas necesidades informativas que
implican entre otros atributos:
El sistema económico
en que vivimos se basa en la información y los conocimientos, considerados
éstos como los recursos determinantes para crear riqueza. La economía
actual se caracteriza por haber propiciado la innovación y desarrollo
de la tecnología de la información, lo que ha revolucionado
a las organizaciones y a los individuos en sus formas de pensar, ser y
hacer. De hecho, la tecnología de la información, en sus
múltiples expresiones, propició la globalización económica
de los negocios en donde se modifican los esquemas tradicionales de abastecimiento,
producción y distribución, provocando niveles agudos de competencia
entre las organizaciones.
Bajo este entorno
organizacional plano y flexible, el perfil del administrador y la problemática
de su actuación profesional, así como las condiciones de
aptitud, le imponen una formación que le permita evaluar correctamente
la información en un ambiente turbulento que exige velocidad de
respuesta ante los cambios que, en forma constante, operan en la realidad.
El proceso de toma de decisiones aparece vacío sin el aporte de
la contabilidad como un sistema de información estadístico,
interpretativo y proyectado.
La contabilidad debe
ser parte proactiva e integral de la sociedad de la información
y el conocimiento, puesto que su producto, conceptualmente hablando, es
la información financiera como base para ejercer control, dirección
y fomento de la toma de decisiones como un proceso descentralizado en el
que el resultado de la operación no debe ser visto como responsabilidad
de los ejecutivos, sino como producto de una comunidad de trabajadores
polivalentes. En este sentido, la información financiera debe incluir
el análisis de tendencias, y no limitarse a la comparación
de resultados reales de periodo a periodo o contra presupuesto. Los análisis
deben informar sobre las variaciones que se han realizado por precio, volumen,
o la mezcla de productos en los casos de variaciones que puedan presentarse
en la contribución de los productos, líneas de productos
o líneas de servicios, identificando su causa y las razones de los
incrementos o decrementos en costos fijos o variables para que se puedan
tomar decisiones y se actúe con rapidez para mejorar la rentabilidad
de la empresa.