
SISTEMA DE INFORMACIÓN
PARA LA EMPRESA VALOR-CONOCIMIENTO:
ALGUNAS IDEAS PARA
SU DISEÑO
Es fácil advertir
que el entorno de la empresa está cambiando radicalmente, y con
ello, la empresa misma. Ésta se ubica en un medio de gran turbulencia
que se evidencia en la extrema precariedad de sus posiciones competitivas.
La empresa y su medio ambiente se ven sacudidos por la proliferación
de la diversidad y variabilidad favorecidas por la dinámica en que
se desenvuelve el desarrollo científico tecnológico, que
provoca un notable incremento de las formas que asume la complejidad del
sistema organizacional. Esta complejidad –otra novedad importante– se realiza
a través de procesos orientados por múltiples sentidos; con
ello la incertidumbre propia de las actividades económicas no sólo
se incrementa sino que también cambia de naturaleza.
En este contexto destaca
la aparición de ciertas estructuras organizaciones muy particulares
que hemos denominado estructuras de "no-equilibrio" o "estructuras disipativas",
para caracterizar –en una primera aproximación– la transitoriedad
de los fenómenos que actualmente ocurren en el seno de las organizaciones
económicas. Para tener una idea más completa de los eventos
en las organizaciones, a lo anterior se deben agregar los efectos de las
determinaciones que derivan de los procesos de globalización, cuyo
rasgo primordial es la imposición de un nuevo paradigma del quehacer
eficiente, que también contribuiría a las radicales modificaciones
que presenciamos al interior de las organizaciones económicas cuando
se implantan un nuevo diseño estructural, conocido como estructuras
planas y flexibles, y la empresa valor-conocimiento.
Por último,
otro rasgo importante de la empresa y su entorno actual consiste en que
todas esas determinaciones que actúan sobre la organización
económica, así como los efectos que ellas provocan, ponen
en evidencia las deficiencias y límites de las propuestas teóricas,
modelos, métodos e instrumentos con los que se pretende interpretar
esta clase de fenómenos. También, en el marco de la empresa,
intensifica la búsqueda de sistemas, procedimientos, instrumentos
y técnicas que permitan una manipulación y una operación
más eficaz de dichas estructuras organizacionales, cuyo diseño
estructural y funcional se ha de modificar radicalmente.
En este contexto dirigimos
nuestra atención a una cuestión muy específica: los
problemas que deben resolver para diseñar un sistema de información
que se adecue a las necesidades de una estructura organizacional en transición,
caracterizada como estructura de no-equilibrio y definida como una estructura
plana, flexible (rasgos esenciales de la empresa valor-conocimiento). Con
estos propósitos ensayamos respuestas a dos preguntas: ¿qué
tipo de información se requiere para generar una nueva forma de
valor (valor-conocimiento)? y ¿qué características
asume un sistema de información al interior de una estructura de
no-equilibrio y de una empresa valor-conocimiento?
La primera parte del
trabajo presenta las determinaciones que están modificando radicalmente
a la empresa y su entorno. Se hablará sobre el incremento de la
complejidad; de una nueva naturaleza de la incertidumbre que comprime a
las decisiones empresariales; de los procesos de globalización y
la imposición de un nuevo paradigma de eficiencia; de los nuevos
principios explicativos que surgen de distintos esfuerzos para una mejor
y más profunda comprensión de esta realidad. Todo ello para
ubicar el origen y propósitos de la empresa valor-conocimiento.
La segunda parte mayores
precisiones conceptuales con respecto al conocimiento en tanto componente
fundamental del proceso de valorización. En el mismo sentido, se
atienden la información que genera o propicia el conocimiento y
los sistemas de información mediante los cuales se adquieren, procesan
y difunden esos conocimientos enfocados a la generación de valor.
La tercera parte se
dedica a la tecnología de la información, destacando las
posibilidades que se abren en relación al tratamiento de la información
para las unidades económicas autónomas descentralizadas.
Origen
y naturaleza de las determinaciones
de la empresa y su entorno
Decíamos anteriormente
que la empresa y su entorno están determinados por procesos cuya
intensidad, dinámica y sentido advierten y favorecen cambios esenciales,
tanto en las funciones y fines de las organizaciones económicas
como en su diseño estructural. Aquí cabe preguntar ¿cuál
es el origen de estos procesos?, ¿qué explicaría el
incremento de su intensidad y dinámica?, ¿cómo interpretamos
su pluralidad de sentidos?
Dos procesos –íntima
y recíprocamente determinados– que se utilizan con mayor frecuencia
para explicar la realidad en la que hoy se ubica a la empresa: las formas
e intensidades que asume la competencia y la acelerada dinámica
del desarrollo científico tecnológico. Ambos estarían
comprometidos en la alteración significativa de la configuración
tecno-económica, en la modificación de las premisas organizativas;
en la expansión y renovación de las potencialidades de transformación
propias del quehacer humano; y en el impulso de una reinterpretación
de los métodos y principios con los cuales se pretende comprender
la realidad. Veamos estos efectos con cierto detalle, comenzando con la
globalización.
La globalización
como imposición coactiva
de un mismo
y único paradigma de eficiencia
La globalización
es un proceso o un conjunto de procesos que casi siempre conocemos a partir
de descripciones (más o menos justas) de los efectos que cristalizan
en las continuas y profundas modificaciones que se observan en todos los
ámbitos de la sociedad contemporánea a escala planetaria.
Los análisis y reflexiones sistemáticas en torno a su naturaleza,
origen y probable evolución, en cambio, son escasos.
A menudo nos aproximamos
a estos procesos a partir de una descripción referida a una misma
forma o fase de reproducción del capitalismo como sistema mundial,
caracterizada por un rápido incremento y expansión de los
flujos comerciales, financieros y culturales, así como una redefinición
espacial de los roles y jerarquías productivas en donde las interrelaciones
entre empresas transnacionales (competencia y/o colaboración mediante
alianzas estratégicas) juegan un papel decisivo. Esta descripción
destaca el aspecto cuantitativo de los fenómenos al interior de
un modelo de acumulación que no tendría cambios esenciales,
reduciéndolos a una variación cuantitativa que ocurre en
una misma etapa evolutiva del capitalismo, que desde sus inicios se desenvuelve
como un proceso mundial y que descansa en una intensificación de
procesos tendientes a la centralización, concentración e
internacionalización del capital. Sin embargo, pensamos que los
cambios apuntan en otro sentido y que nos encontramos en una etapa de transición
de un modelo de acumulación a otro dentro del sistema capitalista
mundial.
Una transición
que surge a partir de una modificación
del patrón
de acumulación
Si atendemos a otro
de los importantes efectos generados por la globalización, la tendencia
hacia la homogeneización de los procesos productivos, en los productos
y servicios a escala planetaria, se observa que ésta se despliega
mediante la implantación coactiva de un mismo y único paradigma
de eficiencia. Al mismo tiempo, se puede señalar el notable incremento
de la competencia, esta vez extendida a todas las regiones y a todos los
sectores económicos, sin dejar reservas ni exclusiones. La presencia
simultánea y concatenada de dichos efectos consolida un mismo y
único mercado, de donde se expulsa a los productores que no pueden,
no quieren o no saben apropiarse de este nuevo paradigma del quehacer eficiente.
Si añadimos
a estas observaciones otro fenómeno típico de la globalización,
la emergencia de la economía valor-conocimiento, tendríamos
un panorama más completo. Con el concepto de economía valor-conocimiento
queremos destacar cierta clase de fenómenos que ocurren al interior
de las actividades económicas de mayor dinamismo y rentabilidad
que, precisamente, se encuentran en los sectores que integran al conocimiento
como el factor esencial de generación de nuevo valor. Tenemos así
un conjunto nuevo de problemas, que no pueden explicarse en el contexto
de un modelo o patrón de acumulación que permanece invariable.
Por el contrario,
postulamos que nos encontramos en una etapa de transición, en donde
el patrón de acumulación se estaría modificando como
consecuencia de la importancia que ha adquirido una forma muy singular
de objetivación de la fuerza de trabajo que, al interior del proceso
productivo, modifica cualitativamente su interacción con el medio
natural. El principio necesario para explicar esta clase de fenómenos
propios de una etapa de transición –que enuncia la sustitución
de un patrón de acumulación– sería una nueva calidad
del trabajo capaz de incorporar valor-conocimiento al proceso productivo.
En efecto, parece
ser que el trabajo en su forma inmediata ha dejado de ser la gran fuente
de la riqueza, por lo que el crecimiento de las fuerzas productivas ya
no estaría confinado, única y principalmente, a la apropiación
del plustrabajo, sino a la integración al proceso productivo de
la capacidad social que genera y sustenta el avance científico y
tecnológico. Veamos esta proposición.
En una determinada
etapa del desarrollo científico y tecnológico, la generación
de riqueza se vuelve cada vez menos dependiente del tiempo de trabajo o
del número de trabajadores incluidos en el proceso. Ésta
se relaciona con el poder cognoscitivo acumulado por los productores, y
depende en forma directa del estado general de la ciencia y del progreso
de la tecnología. El factor decisivo para la generación de
nuevo valor ya no sería entonces el trabajo inmediato ejecutado
por el hombre, ni el tiempo en que éste trabaja, sino "..la apropiación
de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza
y su dominio de la misma gracias a su existencia como fuerza social" (Roldosky,
1978: 470).
Lo anterior, de ser
correcto, no estaría representando con fidelidad la realidad actual,
sino más bien señalaría el resultado final de un proceso
que, a pesar de encontrarse en su etapa inicial, tiene una presencia decisiva
en la realidad económica del mundo contemporáneo. Las determinaciones
que emanan de una nueva lógica de acumulación están
presentes, sobre todo, en el diseño estructural y funcional de las
empresas transnacionales que realizan sus ventas y aseguran sus ganancias
en el mercado global, así como en su accionar, que se extiende a
todas las regiones, a todos los mercados y se impone a todos los productores
mediante la implantación coactiva de un nuevo paradigma del quehacer
eficiente.
La contratendencia
al sentido previsto de los procesos antes señalados, estaría
representada por el hecho que la convergencia entre el saber teórico
y práctico, que imagina y crea la innovación en éste
sistema, es y seguirá siendo una mercancía susceptible de
ser apropiada individualmente, que tiene precio y representa una forma
de valor y, en esta forma, incorporada como elemento sustancial del capital
constante. Éste no puede valorizarse a sí mismo, y por tanto,
debe continuar con la apropiación del trabajo excedente y con ello,
asegurar la reproducción invariable del patrón de acumulación.
Sin embargo, el propio desarrollo científico-tecnológico
es el que genera las condiciones de superación del patrón
o modelo de acumulación.
La innovación
incesante es la que determina la reducción del ciclo de vida de
los procesos y productos, esto es, del tiempo en que una innovación
hace posible la adquisición y mantenimiento de una ventaja competitiva,
en otras palabras, del tiempo de vida útil de la innovación
en términos económicos. Por lo tanto, es la que determina
el horizonte temporal de su reemplazo, lo que a su vez exige y hace posible
la aceleración del proceso social al interior del cual se concibe
y se recrea el conocimiento.
De lo anterior se
derivan otras importantes consecuencias, tales como el incremento de la
complejidad debido a la proliferación de la variabilidad, y el notable
aumento de una incertidumbre que no se puede reducir sin la adopción
de un nuevo paradigma de eficiencia.
Una nueva forma
de comprensión de la complejidad
a partir de
las estructuras de no-equilibrio
Cabe señalar
que estos fenómenos de incremento de la complejidad cristalizan
en nuevas estructuras y funciones que están asumiendo las empresas
competitivas, mismas que no se pueden comprender cabalmente sin la revisión
de las propuestas teóricas utilizadas "normalmente" por los analistas
dedicados a indagar sobre este tipo de fenómenos de la organización
económica.
Con este propósito
se introducen los conceptos de estructuras de no-equilibrio y/o estructuras
disipativas (Prigogine, 1997:36), pues las organizaciones económicas,
sus estructuras y funciones deben ubicarse en una etapa de transición
de un modelo de acumulación a otro. En éste contexto, la
empresa se estaría comportando de una manera radicalmente distinta
a la concebida en las condiciones de estabilidad, de equilibrio, en donde
la finalidad del proceso reside en la reproducción invariable de
un mismo modelo de acumulación.
Éste no es
el caso. La dirección de las organizaciones que poseen este tipo
de estructura de no equilibrio tienen otros propósitos, distintos
a los de recuperar las condiciones del equilibrio dinámico. Se privilegia
una concepción estratégica diseñada para actuar en
un medio ambiente caracterizado por su complejidad, dinámica y por
un alto grado de turbulencia, en donde prolifera una pluralidad de sentidos
emitidos por sujetos sociales que interactúan a través de
procesos cognoscitivos eminentemente creativos, guiados por cálculos
estratégicos, en formas combinadas y simultáneas de enfrentamiento
y colaboración.(Prigogine, 1989: 17). Por otra parte, en íntima
relación con lo anterior, podemos observar que incremento y cambio
en la naturaleza de la incertidumbre económica agrega otro elemento
a la complejidad del sistema empresa valor-conocimiento y a su entorno:
el mundo globalizado. Ello tiene consencuencias prácticas inmediatas.
Este nuevo tipo de incertidumbre no se puede reducir sin la adopción
de un nuevo paradigma de eficiencia.
Muchos autores, al
señalar la emergencia de un nuevo paradigma del "quehacer eficiente"
(Pérez, 1992: 27) designan como principal factor originario de este
fenómeno el cambio de una economía basada en el uso intensivo
de energía a una que, por el contrario, se reproduce en el ahorro
de energía y de materias primas. Esta transición sería
posible por la incorporación de las innovaciones que surgen en la
tecnología de la información y que, al difundirse planetariamente
(mediante la competencia exacerbada de los mercados globales), estaría
imponiendo una cierta homogeneidad a las formas, métodos, técnicas,
procedimientos, instrumentos, concepciones teóricas y culturales
en que deben usarse los recursos para asegurar una eficaz y rentable asignación
de los mismos. Empero, nosotros tenemos otro tipo de explicación.
La imposición
de un mismo paradigma de eficiencia a escala planetaria no es una novedad,
más bien corresponde a una característica intrínseca
del modelo capitalista como proceso mundial. La novedad residiría
en que este paradigma se busca imponer como único, lo que significa
la exclusión inmediata del mercado global (que a su vez tiene la
pretensión de convertirse en el único mercado posible) de
todos los productores que no posean las capacidades y conocimientos y/o
no tengan las condiciones materiales que le permitan su apropiación.
Faltaría ahora indagar la razón de esta pretensión
de exclusión.
Hasta hace unos años,
la mayoría de los analistas dedicados a la problemática del
subdesarrollo usaban como marco explicativo una aproximación teórica
basada en los conceptos de países centrales y países periféricos.
Los primeros se caracterizaban por una estructura homogénea de su
aparato productivo; los segundos, en cambio, por poseer una estructura
productiva heterogénea. Esta tipología es importante, pues
responde a la concepción neoclásica que concibe el crecimiento
como una variable del incremento constante de la productividad media del
trabajo, misma que se relaciona en forma directa con la difusión
del progreso tecnológico.
En los países
centrales, las innovaciones se difunden rápidamente porque los productores
no sólo están obligados por la competencia, sino que también
están en posibilidades materiales de integrar la innovación
e inclusive responder con una mejor, logrando con ello un sostenido incremento
de la productividad media del trabajo, en todos los sectores y para todos
los agentes económicos. En cambio, en los países con una
estructura productiva heterogénea la competencia es prácticamente
inexistente, y por ello constituye un muy débil estímulo
para la innovación. Por otra parte, aunque los productores estuviesen
estimulados para generar y/o absorber innovaciones, no tendrían
las condiciones materiales para su incorporación eficaz y rentable
a los procesos productivos. A pesar de que esto influye en a pretensión
de imponer un único paradigma de eficiencia, todavía no aparece
la condición suficiente.
La explicación,
otra vez, la encontramos en las determinaciones y posibilidades que surgen
en la transición de un patrón de acumulación a otro.
En efecto, en la literatura económica es posible encontrar la explicación
del desarrollo desigual del modelo capitalista en las dificultades que
éste encuentra para la realización del excedente o del plusproducto.
El sistema ha encontrado múltiples caminos para intentar dar solución
a este problema. Sabemos que la producción crea su propio mercado,
mismo que se expande tanto interna como externamente y resolviendo así
la realización del plusvalor. Sin embargo, esta constante creación
y expansión del mercado no soluciona la contradicción, sino
más bien crea la forma dentro de la cual logra desplazarla. En este
sentido podemos, comprender el consumo superfluo, los gastos militares,
y la situación que en este momento nos interesa destacar: el mantenimiento
de zonas atrasadas.
Éstas tienen
como objetivo facilitar el proceso de reproducción del capital basado
en la realización del plusvalor, permitiéndole circular en
esferas económicas diferenciadas. Ello quizá, explicaría
la lógica de acumulación que no sólo permite sino
que se reproduce en una estructura productiva heterogénea. Esto
es lo que hace posible la coexistencia de varios patrones de eficiencia
y, por lo tanto, de formas o modelos de acumulación diferenciados
que se reproducen paralelamente, pero que mantienen relaciones funcionales
de recíproca dependencia.
En las actuales circunstancias
esta situación se habría modificado. El polo subdesarrollado
sería, entonces, una necesidad funcional que no es requerida por
el nuevo patrón de acumulación del capital que está
emergiendo, y por tanto, su reproducción no dependería, al
menos en forma significativa, de la existencia y reproducción de
las zonas atrasadas. Los habitantes de estas regiones no interesan a la
nueva forma que asume el capital, ni como consumidores ni como productores.
En el primer caso, no tienen ingresos que les permitan consumir productos
y servicios generados en la economía conocimiento; en el segundo,
no tienen los conocimientos ni las capacidades requeridas para incorporar
valor-conocimiento a los procesos y a los productos que demanda el mercado
global; de ahí que no son dignos de ser explotados y son perfectamente
prescindibles.
El conocimiento: factor decisivo del proceso de valorización
No es fácil
reflexionar sobre el conocimiento. De hecho, uno de los principales problemas
en la interpretación del mundo es cómo pueden hacerlo los
seres humanos. El problema tiene múltiples dimensiones que han preocupado
al hombre desde la antigüedad, por ello se pueden encontrar muy distintas
formas de aproximación al tema. "Un punto de partida es el estudio
de la interacción entre un sistema complejo particular, biológicamente
dado –la mente humana– y el mundo físico y social" (Chomsky, 1972:
35). Otro indica que "A las ciencias sociales interesaría descubrir
los condicionamientos sociales de los conocimientos compartidos y analizar
las funciones que cumplen en el mantenimiento o transformación de
las estructuras sociales" (Villoro, 1982: 11). Utilizaremos ambas aproximaciones.
En el ámbito
de éste trabajo nos interesa reflexionar sobre un conjunto problemático
referido a las relaciones existentes entre información, conocimiento
y generación de valor. Por ello la búsqueda se enmarca en
la discusión epistemológica que se dirige hacia una convergencia
de las aproximaciones lingüísticas de Chomsky, de la hermenéutica
de Gadamer, de las ciencias de la computación de Winograd y Flores,
de la ciencia cognoscitiva de Varela, del constructivismo radical de Maturana
y Varela y de la cibernética y la teoría de sistemas de Luhman.
Estos aportes tienen una decisiva influencia en los trabajos de carácter
interdisciplinario que se dedican a la investigación de estos temas.
Percepción,
conocimiento e información:
¿qué
son y cómo se integran?
La percepción
propicia una incoherente profusión de impresiones o sensaciones,
aunque tiene un rol decisivo en la producción de objetos de conocimientos
extraídos de un determinado material de impresiones. La facultad
de la percepción no produce la realidad en sí misma, sino
el modo en que esa realidad aparece frente a nosotros. Las cosas son "constituidas"
por nosotros en el sentido que podemos conocerlas sólo a través
de ciertas categorías a priori, las cuales se han incorporado al
sujeto a partir de la acción combinada de mecanismos innatos, de
procesos de maduración genéticamente determinados, que son
posibles por nuestra singular constitución cerebral, misma que nos
permite alcanzar el conocimiento en la medida en que esta potencialidad
innata se haya cultivado a través de un proceso social de aprendizaje
y desarrollo de las capacidades que permiten a los individuos la apropiación
selectiva de saberes. Cabe destacar además que "este ejercicio de
comprensión no es un proceso meramente reproductivo sino que también
siempre será un proceso creativo" (Gadamer, 1965: 119).
En este sentido, conviene
destacar la paradoja que nos permite hablar "objetivamente" de nuestros
propios conocimientos, esto es
¿Cómo
es posible que yo mismo pueda dar cuenta de las regularidades y variaciones
perceptuales de mi propio mundo, incluyendo el surgimiento de explicaciones
sobre ellas, siendo que no tengo manera de situarme "fuera" de mis propias
percepciones?. Esta misma pregunta desde la perspectiva de la cibernética
se puede plantear de la siguiente forma: ¿Cuál es la organización
de un sistema que está organizado de manera tal, que puede describir
los fundamentos que lo capacitan para realizar su propio describir? o en
otras palabras ¿cómo puede entonces un sistema conocer su
dinámica cognoscitiva, si su dinámica (que es la que desea
conocer) es a la vez su propio instrumento de conocer? (Maturana, y Varela,
1984: XIX).
A partir de estas
preguntas surge una teoría global sobre la naturaleza cognoscitiva
humana basada en la perspectiva de que lo central para este entendimiento
es la autonomía operacional del ser vivo individual, destacando
la dimensión del conocimiento en la cual surge y existe la autoconciencia,
definida como la dinámica social operando en lenguaje. Dejamos hasta
aquí estas premisas sobre el conocimiento, ya que en este trabajo
sólo se utilizan como referencias contextuales, pero que –reconocemos–
debieran profundizarse en trabajos posteriores.
En los párrafos
anteriores se han usado indistintamente los conceptos de conocimiento y
saberes; sin embargo, existe una distinción entre ellos que es necesario
señalar para pasar al problema de la información. Una primera
aproximación a la noción conocimiento enuncia una aprehensión
inmediata de "unidades estructuradas singulares que permanecen a través
de sus presentaciones parciales" (Villoro :198). El conocer, además,
presupone una experiencia inmediata. Saber, en cambio, no implica tener
una experiencia directa. Sin embargo, el rasgo distintivo del conocimiento
es su intención de ir más allá de la apariencia. Conocer
realmente un objeto supone formarnos un cuadro general acerca de cómo
es ese objeto, y no sólo como se nos presenta. En tanto que el trabajo
no es para desarrollar procedimientos de comprensión de la realidad,
sino para clarificar las condiciones en las cuales la comprensión
se traduce en un mensaje portador de sentido: la información.
En este sentido es
que habría que destacar el aporte de De Bono, autor cuya notoriedad
se debe principalmente a su concepto de pensamiento lateral para explicar
la creatividad. Es uno de los autores que con mayor claridad han reflexionado
acerca del problema de la información desde una perspectiva cognoscitiva.
En su trabajo distingue dos niveles de análisis. El primero se relaciona
con la percepción integrada por conceptos, hechos, factores, efectos.
El segundo se relaciona con la aplicación de mecanismos y técnicas
de inferencia, derivados de la lógica y de las matemáticas,
para distinguir ámbitos percepción. A través de estos
dos niveles de análisis se pretende contestar las siguientes preguntas
¿cuáles son los presupuestos básicos, los modelos
cognoscitivos y los patrones de interpretación que atribuyen sentido
a nuestras percepciones?, ¿cuáles son los mecanismos sociales
e individuales que propician la generación del conocimiento?, ¿cómo
es que se conectan el conocimiento y la acción?
En pos de las respuestas
debemos investigar dominios específicos del conocimiento o de los
sistemas de creencias humanos, determinar su carácter y estudiar
su relación con la experiencia breve y personal (indicios, creencias,
saberes) sobre la que se erigen. La respuesta cabal a esas preguntas no
es ni puede ser objetivo de este trabajo. Se utilizan para conectar el
conocimiento con la información y visualizar cómo se convierte
esta en un insumo fundamental para la empresa valor-conocimiento, entendida
ella como un sistema cognoscitivo que deriva sus ventajas competitivas
de sus capacidades de generar e incorporar al proceso de trabajo nuevos
conocimientos y/o apropiarse rápida y eficazmente de los adquiridos
por la competencia. Las preguntas, además, introducen la presentación
de ciertos principios de carácter general con los cuales damos término
a esta parte de la exposición.
Nuevas tecnologías y tratamiento de la información
Las nuevas tecnologías
tienen un fuerte impacto en el tratamiento de la información y en
los mecanismos operativos de la empresa, que se deriva de las características
intrínsecas del paradigma que hace posible la tecnología
de la información, y , en principio, no está sujeto secuencialmente
a los cambios que se ubican a nivel productivo o estratégico.
Es cierto que el bajo
costo de la energía fue un factor decisivo en el modelo anterior,
e indudablemente también ha tenido influencia en el tratamiento
de la información y sus mecanismos operativos. Lo que es necesario
subrayar es que estos efectos no dependían tanto del perfil tecno-económico
como de las características intrínsecas de la tecnología
de la información, que en un nuevo modelo se convierte en el factor
clave. Por ello, los efectos de la utilización de tal factor a nivel
productivo y de las implicaciones que le siguen se pueden diferenciar claramente.
La disponibilidad
de petróleo y de materiales intensivos en energía a bajo
precio hace posible tanto la emergencia de empresas de grandes dimensiones,
como el diseño de estrategias ligadas a un volumen determinado por
las economías de escala y a la producción masiva de productos
homogéneos. En este modelo la racionalidad se expresa en la organización
y gestión eficiente de la producción en cadena de montaje.
En estas organizaciones se adoptan mecanismos operativos jerárquicos
y piramidales con la modalidad hipercentralizada en el tratamiento de la
información.
Sin embargo, para
el modelo basado en la tecnología de la información éste
no es el caso. El impacto que sobre el tratamiento de la información
y sobre los mecanismos operativos depende estrechamente de las características
intrínsecas y las posibilidades integradoras que ofrece la tecnología
informática.
Durante mucho tiempo
el desarrollo tecnológico de la informática estaba orientado
por la búsqueda de nuevos y más potentes equipos y sotfware
que permitieran que un solo computador central pudiese capturar, procesar
y distribuir, en forma oportuna y sin distorsiones, la mayor cantidad de
información posible hacia los niveles decisionales ubicados en la
cúspide la pirámide organizacional.
Empero, aunque persiste
el desarrollo de equipos de alta capacidad (supercomputadoras), está
ampliamente difundida la idea que la mayor eficiencia, eficacia y flexibilidad
de una organización se logra mediante una red de terminales inteligentes
utilizadas por usuarios que desarrollan sus actividades en forma autónoma,
en procesos complejos con propósitos múltiples y que interactúan
con una base común de datos y una serie de servicios centrales.
Este sistema (la empresa
plana y flexible) se integra a partir de múltiples y variadas unidades
autónomas, autosuficientes, integradas por trabajadores polivalentes,
que se coordinan (más que por una estructura jerárquica y
funcional) a través de un compromiso con un objetivo organizacional
común; hecho explícito por la misión de la empresa.
Estas unidades, a través de las cuales se descentraliza la empresa,
permiten la emergencia de unidades empresariales dotadas de agilidad y
autonomía que responden creativamente a los cambios observados en
la demanda. Con ello se obtienen las ventajas de las pequeñas empresas
innovadoras. La integración, la coordinación de las mismas
y la percepción de pertenencia a empresas grandes y poderosas contribuye
además a mantener las ventajas competitivas que se derivan de las
posiciones oligopólicas.
Por otro lado, la
apropiación por parte de las empresas de las innovaciones generadas
por la tecnología informática, les permite integrar a sus
sistemas de control sistemas informativos automatizados, los cuales, gracias
al tratamiento descentralizado de la información, permiten a cada
individuo y/o equipo de trabajo (en la empresa plana y flexible con trabajadores
polivalentes) disponer de la información que necesitan para integrar
creativamente su esfuerzo en pos del objetivo común. Los sistemas
informativos automatizados permiten además:
Para concluir, es necesario
destacar que los cambios esenciales y el rediseño de los fines,
funciones y estructuras organizacionales que están ocurriendo en
el seno de las empresas competitivas, en gran medida se derivan directamente
de las novedades informáticas que surgen a partir del desarrollo
de nuevas tecnologías de la información.
Lo que sigue es un
ejercicio de síntesis a partir de tres consideraciones de tipo general
que, al mismo tiempo, nos sirven de conclusiones preliminares.
A) Los cambios surgen y se integran en una empresa concebida como un sistema
cognoscitivo, como una estructura plana y flexible que sólo genera
valor integrando al proceso de trabajo el conocimiento como factor decisivo
del proceso de valorización. Lo anterior tiene un impacto no sólo
cuantitativo sino también cualitativo en todas las funciones de
la empresa, así como incluso en el diseño estructural de
la misma.
B) Las nuevas tecnologías de la información surgen en un
momento de transición que señala la superposición,
y al mismo tiempo la suplantación, de un modelo de acumulación
por otro. Esa superposición y sustitución implica que las
organizaciones económicas se comporten en forma radicalmente distinta,
dependiendo del sector en el que se ubiquen sus actividades.
C) Las nuevas tecnologías y los nuevos tratamientos de la información
son posibles a partir del surgimiento e imposición de un mismo y
único paradigma tecno-económico. Las posibilidades que abre
el uso de estas nuevas tecnologías informáticas generan nuevos
principios organizacionales estrechamente dependientes de las características
intrínsecas de dicha tecnología y del tipo de tratamiento
de la información.
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