
Vivimos en un mundo de creciente complejidad e incertidumbre en el cual la dinámica del cambio se acelera cada día más. Apenas se inicia la comprensión teórica de las innovaciones surgidas en el seno de las organizaciones (y con ello, se pone en marcha el proceso de incorporación sistemática y articulada de éste nuevo conocimiento al fondo de proposiciones acumuladas), cuando aparecen otras innovaciones, que no sólo refutan a las anteriores, sino que también vuelven obsoletos los intentos realizados para la comprensión teórica de las mismas. Todavía nos encontrábamos asimilando un "nuevo conocimiento" cuando ya éste debe ser deshechado por otra interpretación más nueva, más pertinente y precisa de la realidad.
Cabe advertir que este fenómeno no es exclusivo del conocimiento administrativo, el campo en que se sitúa nuestro trabajo, sino que se extiende a todas las áreas del saber y, al mismo tiempo, evidencia una nueva forma que está asumiendo la precariedad y fragilidad del proceso cognocitivo racional, concebido para "ordenar" y sistematizar una "regularidad" que permitiese la previsión y la manipulación de la realidad.
En el ámbito de esta investigación queremos destacar una peculiar interrelación que se puede observar entre tres grupos de problemas con la cual, a nuestro criterio, se podrían distinguir los rasgos esenciales de las tendencias y procesos que estarían conformando esta nueva realidad –tanto en su dinámica como en su distinta naturaleza. Estos grupos "problemáticos" serían innovación y complejidad; empresa valor-conocimiento como sistema cognocitivo y; las modificaciones esenciales en el proceso de generación de valor a partir de la superposición de dos patrones distintos de acumulación.
El procesamiento de estas interrelaciones –que surgen entre estos tres conjuntos–facilitaría la integración de un modelo analítico, introduciendo así un mayor grado de coherencia a la abstracción que demanda el ejercicio de interpretación de la complejidad e incertidumbre propia de una etapa de transición en donde emergen las estructuras de "no-equilibrio". El propósito es ubicar principios explicativos que permitan una mejor y más precisa comprensión; rehacer nuestra capacidad de previsión y por lo tanto, posibilitar la manipulación más eficaz de esta nueva realidad en que emerge la empresa valor-conocimiento.
En función de los fines expuestos, esta exposición se ubica en el contexto delimitado por esta tríada de problemas, sin embargo, la atención se concentrará en sólo uno de ellos, el que se refiere a la innovación y al incremento de la complejidad, señalando (por supuesto sin la intención ni pretensión de agotarlos), algunos fenómenos, tendencias y procesos que parecen significativos para la conformación de una nueva realidad en la cual destaca la empresa valor-conocimiento. No se enfatizarán las conclusiones, en tanto que la presente exposición da cuenta de un proceso colegiado de investigación, actualmente en curso y, por ello, serán reemplazadas con algunas reflexiones en torno a las líneas de interpretación que deberán profundizarse, con el fin de desarrollar un programa de investigación delimitado bajo la perspectiva anteriormente señalada.
El incremento de la complejidad y la emergencia de la novedad
La investigación sobre la complejidad y la innovación se enfoca al ámbito de la unidad económica denominada empresa. Se inicia al dar cuenta tanto del incremento de la variedad y de la variabilidad (de los productos, servicios, de los procesos y de las relaciones al interior de la organización), como por la dinámica, profundidad y extensión de las fronteras del conocimiento; lo que posibilita, a su vez, la emergencia de un nuevo paradigma tecno-científico. Todos estos fenómenos se presentan en íntima relación y con un alto grado de interdependencia.
En efecto, es difícil comprender la emergencia y el incremento de la complejidad sistémica –tanto en la empresa como en su medio ambiente– sin relacionarla con el sentido y dinámica adquiridos en los procesos que hacen posible la generación de nuevos conocimientos. Éstos, se desarrollan con un acento trans-disciplinario, en pos de la comprensión (más pertinente) y la manipulación (más eficaz) de una incertidumbre cuya naturaleza se ha modificado.
Esta modificación genera una clase distinta de incertidumbre, la que influye decisivamente en las posibilidades de previsión y de verificación con que normalmente se trabajó y, por lo mismo, no pueden dar razón de los cambios ocurridos en condiciones de turbulencia. En condiciones "regulares" o "estables", los científicos explican los cambios a partir de relaciones causales y, en las ciencias sociales, además, por procesos orientados por una dimensión teleológica. Estos dos principios explicativos parecían suficientes para explicar las estructuras y los procesos que se originan y se reproducen n sistemas cuya finalidad es la recuperación de las condiciones del equilibrio dinámico y, en consecuencia, la generación de un orden que asegura la estabilidad y/o control del cambio.
Sin embargo, tal aproximación a los fenómenos se ha revelado insuficiente, cuestión que se manifestaría en este incesante, y cada vez más veloz, mudar los principios explicativos, conceptos e instrumentos con los cuales se pretende manipular la realidad. En el campo de la administración, aparentemente, estaríamos señalando una obviedad. Son de sobra conocidas las modas que constantemente irrumpen, sobre todo en las cuestiones de diseño estratégico e instrumental, pero se trata de algo más: el paradigma teórico de la disciplina de la administración (aunque no es exclusivo a esta área de las ciencias sociales) se encuentra en una fase de transición, pues las formas "normales" y pertinentes que se consideraban adecuadas para dar cuenta de la realidad hoy día están en cuestionamiento. En tanto, surgen nuevas aproximaciones, radicalmente distintas, que pretenden una mejor y más profunda comprensión de las tendencias que precipitan esta nueva forma que adquiere la complejidad e incertidumbre en el seno de las organizaciones económicas.
Pensamos que las "nuevas" clases y formas de complejidad e incertidumbre presentes en las organizaciones económicas podrían explicarse a partir del reconocimiento de las condiciones entrópicas presentes en los sistemas, mismas que posibilitan una pluralidad de sentidos y, por ende, una variedad de equilibrios posibles, los cuales pueden comprenderse únicamente a través de la incorporación a las ciencias sociales de nuevas aproximaciones teóricas y metodológicas. En este sentido, y para el caso anteriormente delimitado, como uno de los posibles caminos a ensayar,buscamos analizar e incorporar al marco interpretativo las propuestas de la física para comprender y explicar la irregularidad. Tal aproximación nos permite, además, conectar el cambio de naturaleza de la complejidad e incertidumbre con el fenómeno de la innovación y el cambio. Veamos con un mayor grado de detalle esta propuesta y las implicaciones que podrían derivarse de estas afirmaciones que la pretenden sustentar.
Turbulencia, bifurcación y estructuras de no-equilibrio
La ciencia moderna basa su esquema conceptual y explicativo en la búsqueda de un sistema concebido para aprehender la forma de determinar, a partir de los datos observables, las leyes subyacentes de la naturaleza (Asimov, Y.,1993:23). Este ejercicio reflexivo y analítico se inicia con la captura de información acerca de alguna faceta de la naturaleza. Posteriormente, esas observaciones se organizan a partir de un orden preestablecido y, por último, se procede a la determinación de algunos principios (a través de la deducción y la inducción) mediante los cuales la naturaleza aparece comprensible. Por ello, es necesario orientar la observación hacia los fenómenos repetibles, regulares, para los que el cambio se concibe como una excepción a la regla.
En las ciencias sociales, Pareto, en su concepción científica de la sociología lo dice con mayor precisión: Mi deseo es construir un sistema de sociología siguiendo el modelo de la mecánica celestial (la astronomía) la física y la química (op.cit. en Ritzer, George.1993:50). Bajo esta concepción la novedad, la elección o la acción espontánea son dominio exclusivo de la mente humana, y son posibles por el peculiar desarrollo cerebral de la especie que permite la facultad del pensamiento abstracto, capaz, por medio de su poder creativo, de imaginar el tiempo como un devenir a partir de un presente preñado de futuro –concepto que otorga sentido y fin a toda actividad–, y un pasado que permite la percepción de lo acumulado y, con ello, la posibilidad de seleccionar los medios.
En este mismo sentido, puede ser interpretada la pretensión de la física clásica de descubrir lo inmutable, lo permanente, ir más allá de las apariencias del cambio. Sin embargo, ya desde Lucrecio, (y en eso, justamente, reside la diferencia entre Demócrito y Epicuro, según Marx) surge la necesidad de incluir el tiempo para permitir la noción de suceso, de novedad. A pesar de esta forzada inclusión, resistida por el pensamiento teológico y mítico de la realidad, se podría afirmar que una de las características centrales de las ciencias naturales es la eliminación del tiempo. Empero, a pesar de que se mantiene el propósito de develar lo eterno e inmutable, la dimensión del tiempo, porfiadamente, vuelve a aparecer. Está presente en la biología evolucionista pues de otra manera, la mutación sería incomprensible como la novedad que emerge a partir de una incesante adaptación al medio. El mismo caso lo encontramos en la termodinámica, que en su concepto de orden supone la entropía, misma que conduce "en el tiempo" a la muerte térmica debido a la disipación de energía.
A pesar de lo anterior,
la idea de lo inmanente, la búsqueda de lo esencial, lo invariable,
se perpetúa aún incluyendo el concepto del tiempo. Se mantiene
en el concepto de irreversibilidad de los eventos:
Quizá convenga,
ante todo, subrayar el carácter casi inconcebible de esta idea de
reversibilidad dinámica. El problema del tiempo -de lo que su flujo
preserva, crea y destruye– ha sido siempre crucial para el hombre. Muchas
especulaciones han puesto en entredicho la idea de novedad y han afirmado
el inexorable encadenamiento de causas y efectos (Prigogine I., 1990:25).
Una serie encadenada de eventos que alteran significativamente las estructuras y procesos en que se desenvuelve la vida social (introduciendo innovaciones radicales y/ o "permanentes" formas de turbulencia) han propiciado la reaparición del problema del tiempo y han dirigido nuevamente la imaginación científica hacia los fenómenos reversibles. Existe una extendida percepción de que nos encontraríamos en un periodo histórico peculiar de bifurcación, de transición, en el que los principios causal y teleológico revelan sus límites, en tanto principios explicativos suficientes para dar cuenta de los grandes eventos que están marcando las potencialidades, posibilidades y límites del quehacer humano. En la esfera de la naturaleza también se advierten cambios.
El desarrollo de los paradigmas de interpretación así como el drástico desarrollo tecnológico que amplía la capacidad de observación de los fenómenos naturales, han permitido, en el ámbito de la física, la aparición de la noción de inestabilidad dinámica asociada a la de caos, lo que conduce a dos conceptos cruciales: el de las estructuras de no equilibrio, o estructuras "disipativas", y la aparición de una nueva coherencia, la emergencia de lo nuevo, donde el rol creativo no es exclusivo de la mente humana sino también es facultad de los fenómenos irreversibles, y por tanto de la flecha del tiempo.
Desde hace algún tiempo, en el estudio de la física aparece un gran interés en el análisis de las estructuras de no equilibrio o estructuras disipativas. En estas condiciones la materia se comporta de una manera radicalmente distinta a la concebida en las condiciones de equilibrio. Si trasladamos esta proposición al ámbito de la sociedad, una de las consecuencias más importantes podría ser la emergencia de una conceptualización distinta de los fenómenos propios de situaciones de transición –que en este caso podrían ser asimilados a la concepción de ruptura de equilibrios en situación de estructuras disipativas.
La novedad residiría en el hecho de que, cuando el sistema disipa energía crea sus propias estructuras "de no equilibrio", en éstas los fenómenos tienden a comportarse de manera diferente. De ser posible una traslación de estos fenómenos al ámbito de la sociedad, esto significaría, por ejemplo, que en el caso de los sistema sociales que disipan energía, las condiciones en las cuales los sujetos sociales analizan y diseñan las estrategias de acumulación de recursos de poder, cambian radicalmente según la situación sistémica en la que se encuentren, pues el sentido de la acumulación, dirigida a la recuperación del equilibrio, sería radicalmente distinta a la que parte de la constatación de una situación en donde predominan las estructuras de no equilibrio y, por tanto, el propósito no sería la recuperación de las condiciones del equilibrio, más bien, otorgar sentido a la acción estratégica en condiciones de turbulencia, en las cuales prolifera la pluralidad de sentidos que únicamente puede ser asimilada y dirigida a partir de la combinación de tres principios explicativos. Para ciertos momentos se debería utilizar el principio causal (lógica determinista); para otros, definir recursos explicativos a partir de una determinación teleológica (fines y metas humanas) y, por último, orientar la comprensión a partir de un principio probabilístico.
Lo decisivo es observar
que se pueden verificar las dimensiones intrínsecas de los fenómenos
propios de épocas "turbulentas". En éstas el caos parecía
implicar, necesariamente, la inexistencia de sentido, la imposibilidad
de verificación y la incapacidad de predicción de los sucesos.
Otro de los aspectos
de suma importancia para las ciencias sociales de este nuevo comportamiento
observado en la materia, enunciado en los nuevos descubrimientos de la
física, es la observación de que las estructuras de no equilibrio
(que sólo existen mientras el sistema disipa energía y permanece
en interacción con el mundo exterior), crean correlaciones de largo
alcance lo que "hace que la materia vea" (Prigogine, I.1997:28). Esto tiene
implicaciones muy profundas para esta peculiar forma de interpretación
y de pronóstico utilizado en cierta clase de fenómenos que
sólo pueden ser asidos a través del cálculo probabilístico.
La probabilidad en el mundo natural no sólo estaría determinada
por el azar, sino también por un cierto orden que introduce la "flecha
del tiempo", lo que en la físicaexplica el comportamiento de ciertas
partículas de la materia que en un punto de bifurcación evitan
la eterna repetición, la permanente reproducción de la regularidad
y más bien tienden a la ruptura de la simetría, como consecuencia
de la inestabilidad inherente a las leyes dinámicas de la materia.
Lo anterior busca destacar
el papel "constructivo"del tiempo, cuestión que modifica la visión
tradicional que observa en los fenómenos irreversibles (la disipación
de la energía por ejemplo) únicamente a un incremento del
desorden. La "flecha del tiempo", por el contrario, al mismo tiempo que
genera la entropía es creadora de estructuras, ya que las "correlaciones
de largo alcance". que surgen en los sistemas en situación de no
equilibrio, posibilitan el salto cualitativo que introduce la novedad;
misma que puede cristalizar en una estructura que redefine sus condiciones
sistémicas en un nuevo equilibrio de orden superior o en otra que,
por el contrario, se origina y se reproduce únicamente en condiciones
de disipación, de turbulencia o desequilibrio. Sin ellas no habría
vida, por ejemplo.
Si introducimos estos
conceptos a las ciencias sociales implicaría que los eventos, sobre
todo el sentido del proceso, no sólo podríaexplicarse a partir
del principio causal y la dimensión teleológica del hacer
humano; también a partir de la naturaleza dual del principio probabilístico
que combina el azar con un orden creativo que surge de las leyes dinámicas
de la materia y que se expresan en situaciones de turbulencia, en las etapas
de transición, lo que tiene un efecto bivalente. Por una parte la
ruptura constructiva de la regularidad, de la simetría, del equilibrio
y por otra, el desequilibrio que lleva al caos, al desorden, a la desaparición
del sistema por disipación de energía.
Entonces, la nueva
incertidumbre podría comprenderse y operativizarse a partir de la
conceptualización de las estructuras que disipan energía,
que se reproducen en la precariedad y que no intentan la búsqueda
ni la recuperación del orden sistémico. En el mismo sentido,
la proliferación de la diversidad y de la variabilidad incrementaría
incertidumbre de distinta calidad y naturaleza, misma que no puede comprenderse
cabalmente a través de los principios explicativos teleológicos
y causales ni mucho menos, reducirse mediante ejercicios "normales" de
previsión y de pronóstico.
Todo lo anterior ha sido expuesto con el fin de integrar al marco explicativo de las etapas de transición, los descubrimientos desarrollados en la física, relacionados con las estructuras de no–equilibrio y la emergencia de una nueva coherencia a partir de la inestabilidad. Pensamos que estos aportes podrían ser importantes, sobre todo, si postulamos que nos encontraríamos en una etapa en que emerge un nuevo modelo de acumulación cuya lógica de valorización ya no se basa únicamente en la explotación del trabajo general, ni en la extensión temporal de su uso sino que, por el contrario; éste será rápidamente desplazado a partir de una nueva característica que asume el proceso de valorización. La generación de valor será posible en la medida en que la fuerza de trabajo pueda incorporar en su actividad, en forma inmediata y directa, los avances del desarrollo científico–tecnológico, lo que implica, necesariamente, el despliegue de todas las potencialidades cognocitivas y creativas de los individuos que se integran al mundo del trabajo. Esta es la base objetiva de la empresa valor-conocimiento.
La
innovación y la imposición de un nuevo
paradigma
del quehacer eficiente
El saber teórico y el saber práctico: evolución y naturaleza de su convergencia
La ciencia y la técnica, en cierto modo, siempre han estado relacionadas con cuestiones prácticas, destacando en este sentido aspectos tales como la dirección, la estrategia y la organización. En efecto, muchos de los problemas relacionados con estas esferas se enfrentaron mediante la apropiación pragmática de un saber técnico cuyo sentido y dinámica era regulado por la tradición. Posteriormente, con el advenimiento del mundo moderno, estas necesidades se satisfacieron a través de informaciones científicas susceptibles de ser transformadas en tecnología. A pesar de esta diferencia, muchos autores insisten en caracterizar el actual problema de la transformación del saber científico y técnico en conciencia práctica sólo como una cuestión incremental, y no de un cambio, como cabría pensar, en la naturaleza de los procesos y tendencias que regulan y que participan como instancias necesarias de mediación en dicha transformación.
Entonces, si lo anterior
es cierto, se trataría exclusivamente de averiguar las condiciones
que aseguren una constante modificación de la magnitud lograda en
la relación entre saber–hacer y el saber teórico, con lo
cual se aseguraría una permanente y cada vez más dinámica
ampliación del espectro y/o de las dimensiones en las cuales se
enmarcan las posibilidades de manipulación teleológica de
la realidad.
Lo anterior deja fuera
muchas dimensiones y aspectos del conjunto de fenómenos, procesos
y determinaciones relacionados con la innovación, además,
deja sin explicación posible la persistencia del mundo tradicional
en la conducta del hombre moderno, el cual, aparentemente sin problemas,
combina o mantiene en estancos paralelos la capacidad de generar, aprender
e incorporar la incesante innovación tecnológica (que ensancha
y profundiza su cotidiana manipulación de la realidad); al tiempo
que mantiene y reproduce, casi inalterable, muchas de las normas y valores
tradicionales que gobiernan no sólo su comportamiento sino que,
incluso, determinan una parte importante de su visión cosmogónica
y por tanto, sus principios explicativos de la realidad. De esta manera,
la tradición que en gran medida modela el "sentido común"
no se limita a una guía del quehacer práctico cotidiano,
sino que se utiliza como un
saber que posibilita
el ejercicio de autocompresión de la sociedad moderna.
En esta situación
los problemas relacionados con la transformación ágil y eficaz
del saber teórico–científico en conocimientos tecno-económicos
y administrativos susceptibles de modificar la práctica del quehacer
eficiente, exigen una discusión y análisis que debe reunir
los fenómenos relacionados con los medios y el saber técnicos,
con aquellos aspectos que se relacionan con la interpretación de
las normas y valores heredados de la tradición que cristalizan y
conforman una determinada cultura (un modo de hacer, un modo de comprender).
En la actualidad,la
reflexión debería referirse a la introducción de un
saber científico–técnico, de un nuevo paradigma tecno–económico
en situaciones históricamente determinadas, cuyas condiciones objetivas
son interpretadas, en cada caso, en el marco de una autocomprensión
también determinada por la tradición. Veamos esto con más
detalle.
En el mundo preindustrial los oficios artesanales que representaban las posibilidades máximas del quehacer eficiente de aquella época, no eran susceptibles de una iniciación teórica, al menos de forma inmediata, sino que más bien eran aprehendidos a través de una acumulación de destrezas y habilidades orientadas a la reproducción perfeccionada (no sólo desde el punto de vista de su utilidad sino también desde su presentación estética) de un mismo objeto o de un mismo proceso. Aunque la innovación haya estado siempre presente, esta se reducía a modificaciones que no alteraban, esencialmente, el sentido del trabajo y la autocomprensión de la sociedad y la naturaleza que se impregnaba en la obra, cuestiones reservadas a la tradición.
Entonces, en la reiteración
de prácticas y saberes que no alteran esencialmente la tradición,
se iban conformando las capacidades y conocimientos especializados que
determinaban las formas del quehacer eficaz y eficiente además,
regulado por las leyes de la belleza. En el mundo moderno, en cambio, la
innovación juega un rol distinto.
La ciencia penetra
en la práctica cotidiana a través de dos canales distintos:
en primer lugar, por la utilización técnica de las informaciones
científicas y en segundo; por vía del proceso de deformación
individual que representa el estudio de las ciencias. Ello, posibilitó
la cientifización de la práctica, esto es, los preceptos
pragmáticos de los distintos oficios fueron transformados en un
poder de disposición sobre determinados procesos naturales, controlados
en términos de ciencia experimental.
Así, la práctica profesional adquiere la forma de un dominio técnico sobre procesos objetivados. Las capacidades fueron revolucionadas por el método científico asimilado en el proceso productivo en búsqueda del constante incremento de la productividad y del excedente. Este proceso, que se inicia en la transformación de la naturaleza, se transfirió a todos los ámbitos de la vida social en que se desarrollan expectativas de un funcionamiento "técnicamente" correcto, susceptible de permitir la predicción y control de los comportamientos e interacciones sociales. Sin embargo, el control científico de los procesos naturales y sociales no exime a los hombre de la acción estratégica. Es necesario, además de predecir y controlar, dirimir los conflictos; hay que hacer valer los propios intereses y han de encontrarse interpretaciones racionales que legitimen la acumulación y uso de los poderes sociales.
Lo anterior se presenta
con total nitidez a fines del siglo pasado y comienzos del presente cuando
aparecen similtáneamente la tecnología moderna y su organización
económica: la sociedad anónima. Ésta se convierte
en la organización más eficiente, y en ella se concreta el
capital corporativo. Junto con estas estructuras organizativas aparece
una nueva dimensión del conocimiento científico-tecnológico
que se orienta a la preparación, movilización y modificación
de las conductas individuales para asimilarlas a los nuevos tipos de actividad
productiva que surgieron con la gran industria. Todo lo cual exigía
también la reorientación del conocimiento y de las pautas
de inversión social, la reestructuración de las instituciones
sociales y, potencialmente, la redefinición de las relaciones sociales.
Se consolida la introducción
de la ciencia en el proceso productivo con el fin de incrementar la productividad
del trabajo a partir de tres procesos simultáneos y combinados:
Lo anterior sirve para proporcionar un marco interpretativo para ubicar el carácter y naturaleza de las relaciones entre la ciencia y la técnica, que –de acuerdo con esta interpretación–- enfatiza el progreso científico–tecnológico como una variable autónoma de sus determinaciones sociales. De esta manera el progreso (la acentuación de su dinámica) caracteriza por sí mismo una cierta etapa de evolución de la sociedad moderna (¿sociedad postindustrial? ¿sociedad postmoderna?) al transformarse en el factor decisivo de la reproducción material y espiritual de la sociedad. En efecto, bajo esta concepción se puede afirmar que la dinámica, extensión y profundidad adquirida por el progreso científico y tecnoeconómico administrativo permiten que éste se convierta en factor o fuente decisiva de la generación del excedente. En este sentido, la fuerza de trabajo de los productores inmediatos tiene cada vez menor incidencia en el proceso de generación de valor. El resultado es el predominio de una perspectiva en que la evolución del sistema social parece estar determinadas por la lógica inmanente del progreso científico y técnico. Emerge una legalidad de la cual se derivan las coacciones materiales concretas a las cuales debe enfrentarse el quehacer social. Veamos que relación tiene lo anterior con la innovación.
La innovación como resultado
de una cambio de naturaleza
en la convergencia entre el saber
teórico y el saber práctico
La innovación definida como la capacidad de integrar nuevos productos, sistemas y procesos a la esfera del trabajo social es condición decisiva para la adquisición y mantenimiento de la ventaja competitiva por parte de un sujeto económico, misma que al permitir la sobrevivencia de los agentes económicos en el mercado de la competencia globalizada, al mismo tiempo determina las posibilidades de añadir o integrar al proceso de trabajo una nueva forma que está adquiriendo el valor: el valor–conocimiento.
Con la irrupción del valor–conocimiento la acumulación ya no estaría determinada única o decisivamente por la explotación extensiva o intensiva de la fuerza de trabajo, sino por la capacidad que ella misma posea para aprehender y reproducir creativamente los avances científicos tecnológicos de punta. A la fuerza de trabajo no se le exige únicamente confiabilidad y capacidad de cumplir órdenes. Se requiere, principalmente, que despliegue sus capacidades simbólico–analíticas para identificar y resolver problemas complejos; generar iniciativas; crear e innovar. Los productos que emergen de este particular uso de la fuerza de trabajo no son estandarizados sino que se diseñan para usos y consumidores específicos, se transan en el mercado global y su ciclo de vida se reduce significativamente.
Ello implica concebir a la empresa como un sistema cognocitivo cuya ventaja competitiva reside en la capacidad de adquirir, elaborar y utilizar información y conocimiento en modo diferenciado con relación a la concurrencia: capacidad de innovar. El proceso de generación de valor se relaciona inherentemente con la posibilidad de producir nuevos conocimientos y de absorber ágilmente los generados por otros productores, lo que a su vez, obliga a poner en discusión permanente el baggaje cognocitivo propio. En este contexto, la convergencia entre el saber teórico y práctico es prácticamente total.
Lo anterior tiene múltiples
y muy profundas consecuencias para la innovación y el diseño
estructural y funcional de la organización económica pero
va más allá; afecta a la sociedad en su conjunto y a las
formas de comprensión, legitimación y viabilidad de la acción
social.
En esta dimensión
de viabilidad destaca la imposición de una perspectiva de la evolución
del sistema social que no admite alternativa en tanto compresión
única y racional de un acontecer determinado; procesos y tendencias
que rebasan los intereses sociales (por lo menos de manera inmediata).
Con esta visión "científica" de la realidad, accesible sólo
para quienes poseen y manipulan los códigos y paradigmas del saber
teórico, se proyecta y limitan las posibilidades del actuar individual
y comunitario (no sólo en su viabilidad sino hasta en la imaginación
de escenarios alternativos) ya que el proceso social se determina, en forma
esencial, por la lógica del progreso científico y técnico,
mismo que se considera como una variable autónoma e incluso independiente
de la interacción social. Desde esta misma perspectiva se derivan,
en forma inmediata, las coacciones objetivas, concretas a las cuales deben
ajustarse los proyectos sociales destinados a la satisfacción de
las necesidades funcionales.
Sin embargo, el desarrollo
tecnológico no es automático. En todas sus fases entraña
una elección humana, elección que refleja requisitos sociales
e históricos. "...En realidad, los imperativos técnicos sólo
definen lo que es posible, no lo que es necesario; lo que se puede hacer,
no lo que se debe hacer" (Noble, D. 1987:342).
A pesar de lo anterior,
que es decisivo desde el punto de vista de la reproducción material,
posibilitada y acrecentada por la constante innovación, podemos
advertir –como una de las consecuencias más importantes del surgimiento
de una nueva forma de acumulación– la imposición de
una férrea determinación a la que deben someterse los individuos
y las naciones.
Esta aparece como una
necesidad "natural" en tanto que los seres humanos aparecen inermes frente
a su accionar: nos referimos a la implantación coactiva de un mismo
y único paradigma de eficiencia a nivel planetario. Si esto lo enfocamos
a la innovación al interior de la empresa valor-conocimiento podemos
distinguir un importante obstáculo para la consolidación
de esta nueva organización económica. Ella se relaciona con
la libertad que experiemntan los individuos, grupos y clases sociales tanto
al interior del sistema productivo como en el resto de las esferas de la
vida social.
Sabemos que la condición
necesaria para originar los procesos creativos es la percepción
de espacios de libertad que permitan y estimulen la creatividad necesaria
para la exploración y el ensayo de múltiples perspectivas
y sentidos, mismos que aparecen negados o seriamente limitados por la visión
unidimensional propiciada por esta limitada concepción del progreso
científico–tecnológico, así como por las coacciones
que emanan de la consolidación de una nueva forma de acumulación
y, con ello, la imposición de nuevo paradigma del "quehacer eficiente".
La paradoja que interesa destacar, reside en el hecho de que la primera fuerza productiva, el proceso de innovación deliberado, es un producto atribuido a la libertad que fomenta la creatividad de individuos pero que, simultáneamente, a los mismos individuos atomizados que generan la innovación, se les niega la libertad y se frustra su proyecto emancipatorio. Por el contrario, son sometidos a un rígido control social sustentado en la coacción económica y la competencia. Sin embargo, el efecto de mayor perversión reside en el hecho de que esta contradicción entre la libertad individual –vigilada y orientada al incremento de la eficiencia– y el establecimiento de sistemas centralizados, autoritarios y coactivos se convierten en sí mismos, de manera inmediata y necesaria, en fundamento de la legitimación de un modo de dominación social.
Por último,
cabe reiterar la importancia de esta nueva forma estructural y funcional
que empieza a adquirir la unidad económica encargada de satisfacer
las necesidades individuales y sociales de una sociedad globalizada en
el umbral del siglo XXI. También, es preciso señalar que
en el escenario del cambio paradigmático del quehacer eficiente
y de modificaciones esenciales en el proceso de valorización del
trabajo social, es imprescindible una adecuación del sistema educativo
y de capacitación.
Se hace necesario
posibilitar que grupos cada vez más numerosos de individuos adquieran
una formación que les permita la apropiación de los códigos
culturales propios de la modernidad, incorporándolos a un proceso
continuo de aprendizaje que no se justifique en la acumulación mecánica
de conocimientos, sino por el contrario, que se base en una búsqueda
que admita múltiples sentidos, que propicie y exija la autonomía
de los sujetos, condición sine qua non para incentivar la capacidad
de innovación, la renovación y la creación en un proceso
participativo y multicultural.
En esta tarea, las
instituciones educativas no pueden aislarse del mundo de las comunicaciones
que extienden sus capacidades de proporcionar servicios educativos a una
población cada vez más numerosa y demandante. Del mismo modo,
no pueden aislarse de las necesidades que devienen del mundo productivo.
Sin embargo, no se debe perder la dimensión crítica y valorativa
del proceso de generación de nuevos conocimientos y de innovaciones,
ya que corren el peligro de subordinarse a un desarrollo científico–tecnológico
aparentemente autónomo en su unidimensionalidad.
Por último,
cabe resaltar este fenómeno del conocimiento como elemento central
del proceso de valorización que conforma un nuevo paradigma del
quehacer eficiente que se impone coactivamente a través del despliegue
de las fuerzas y determinaciones derivadas de la globalización.