
MODELO PARA UNA EVALUACIÓN INTEGRAL DE LAS POLÍTICAS SOBRES GESTIÓN DE CALIDAD EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR
1. Introducción
2. Antecedentes
generales de la evaluación de la educación superior en México
3. Conceptos
básicos sobre calidad y gestión de la educación superior
4. Criterios
e indicadores de calidad de la educación superior
5. Elementos
para una estrategia integral de gestión de la calidad en la educación
superior
6. Elementos
de estrategia para el aseguramiento de la calidad en la educación
superior
7. Fuentes
bibliográficas
A partir de las experiencias
obtenidas del análisis de las políticas de evaluación
de la educación superior, centradas en un enfoque de análisis
de programas de licenciatura o nivel equivalente y de posgrado, en este
estudio se plantean los elementos de un modelo que adopta el análisis
integral de sistemas aplicado a programas o a instituciones.
Los propósitos
del estudio consisten en analizar la situación de las políticas
de desarrollo de la educación superior vinculadas a los procesos
de evaluación, gestión y mejoramiento de su calidad académica,
y proponer estrategias para garantizar niveles satisfactorios de calidad
en la educación superior del futuro.
Antecedentes generales de la evaluación de la educación superior en México
Inicios de las políticas de la evaluación de la educación superior en México
La Coordinación
Nacional para la Planeación de la Educación Superior (CONPES)
es una instancia de concertación en la que participan las autoridades
gubernamentales y las de las instituciones de educación superior,
tanto tecnológica como universitaria; de ella emerge la evaluación
como una estrategia de planeación que se implementa a través
de la Comisión Nacional para la Evaluación de la Educación
Superior (CONAEVA) y de los Comités Interinstitucionales para la
Evaluación de la Educación Superior (CIEES).
Antes de 1980, en
México no se hablaba mucho de la calidad, ni tampoco se incluía
el término evaluación de la educación superior, aunque
había expresiones equivalentes. El desarrollo de la educación
superior obedecía a una etapa de expansión cuantitativa no
regulada, en la que el crecimiento seguía una racionalidad política,
subordinada a los intereses de los grupos de poder al interior de las instituciones
de educación superior. En la primera mitad de la década de
los ochenta, la crisis económica provocó una serie de medidas
restrictivas para el financiamiento de la educación superior que
culminaron con los conflictos de los profesores universitarios en l984.
Desde 1981, como una
política de reajuste ante la crisis económica, surgió
la evaluación institucional, tal vez debido a un intento de buscar
una mayor racionalidad en el uso de los recursos asignados a la educación
superior y al alejamiento de la expansión no regulada para pasar
a una etapa de desarrollo más controlado de la educación
superior, teniendo como instrumento a la evaluación institucional.
El Programa Nacional de la Educación Superior 1984-1988 (PRONAES)
ya incluía un conjunto de criterios e indicadores de evaluación.
Fue entonces que se
formó la CONAEVA, que propuso los siguientes procesos de evaluación:
la autoevaluación de las instituciones de educación superior,
la evaluación interinstitucional y la evaluación global del
sistema y subsistemas de educación superior, realizada por la Subsecretaría
de Educación Superior e Investigación Científica (SESIC),
la Subsecretaría de Educación e Investigación Tecnológica
(SEIT), el Consejo del Sistema Nacional de Educación Tecnológica
(COSNET) y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones
de Educación Superior (ANUIES). Por lo general el enfoque se centró
en el análisis y valoración de programas específicos
de licenciatura o de posgrado, más que de instituciones. Posteriormente
se establecieron otros mecanismos de evaluación asociados al posgrado
por medio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT),
que instrumentó concursos anuales nacionales para la integración
del padrón de posgrados de excelencia, a través de mecanismos
de evaluación de pares académicos externos. Estas instancias
no fueron suficientes y se crearon otras como los Comités Interinstitucionales
de Evaluación de la Educación Superior (CIEES) para evaluar
programas específicos por áreas de conocimiento.
Por otra parte, las instituciones privadas, agrupadas en la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES, 1993) establecieron sus propios mecanismos y criterios de evaluación con base en los siguientes criterios: filosofía institucional, propósitos, planeación y efectividad; normatividad, programas educativos; personal académico; estudiantes; personal administrativo, de servicio, técnico y de apoyo; apoyos académicos; servicios estudiantiles; recursos físicos y recursos financieros. En este caso predominó el enfoque de análisis y valoración institucional.
Algunas prefirieron asociarse a las organizaciones norteamericanas para fines de acreditación como la Asociación de Universidades del Sur de los Estados Unidos (SAAC), siguiendo el ejemplo del Instituto Tecnológico de Monterrey (ITESM)
En una reunión nacional de la ANUIES (Tampico, 1990) en la que la SEP anunció su intención de requerir la evaluación de las instituciones, la reacción violenta de resistencia que se intentó poner al amparo de la autonomía universitaria fue inmediata pero no logró sostenerse mucho tiempo porque la SEP ató la asignación del presupuesto de subsidio a la realización previa de autoevaluaciones.
La SEP, por su parte, financió la formación de dos comisiones internacionales: una encabezada por Phillip Coombs, del Consejo Internacional de Desarrollo Educativo (CIDE), y la otra por la Organización Económica para el Desarrollo de Europa (OECD). En la primera, se puso énfasis en el control de la calidad y el uso transparente de los recursos públicos asignados a la educación superior. En la segunda, se sugirió apartar el bachillerato del sistema de educación superior y consolidar y fortalecer la investigación y el posgrado como función esencial de la educación superior. No pocas recomendaciones de los expertos externos ya habían sido planteadas antes por los investigadores mexicanos.
La metodología
seguida por estas instancias consiste en solicitar información estadística
sobre las funciones sustantivas de la educación superior. Posteriormente
se realizan visitas a las instituciones, para después elaborar un
informe de evaluación que se entrega junto con recomendaciones a
las autoridades responsables.
A partir de la conformación
de los nuevos bloques geopolíticos y geoeconómicos mundiales
se formó una tendencia internacional de evaluación, acreditación
y certificación de las instituciones de educación superior
(IES) en dos vertientes: una asociada al Tratado de Libre Comercio y otra
a la Unión Europea. La primera, encabezada por Canadá,
promueve la validación de criterios e indicadores de calidad de
la educación superior; la segunda, asociada al Proyecto Alfa se
denomina Red Universitaria de Evaluación de la Calidad
Dimensiones y categorías de la evaluación institucional de la educación superior
En 1990 la CONAEVA
acordó que las categorías de análisis para agrupar
los criterios e indicadores de evaluación fueran: docencia; investigación;
difusión y extensión; normatividad y gobierno; organización,
planeación y evaluación; financiamiento; relación
universidad-sociedad y política educativa. De estas categorías
surgen informes de evaluación con datos estadísticos, parámetros
y criterios de evaluación institucional que permiten ubicar a las
IES en relación con los estándares obtenidos por todas las
instituciones que componen el sistema de educación superior. Es
importante señalar que los parámetros se refieren a mínimos
necesarios o a máximos deseables, y que la mayoría de ellos
son la expresión de un promedio nacional.
Al interpretar los
datos de esos informes, debe tomarse en cuenta la heterogeneidad de las
IES y su pluralidad de contextos locales y regionales. Así, los
parámetros no son útiles y valiosos de igual forma para todas
las instituciones; es necesario referirlos al perfil institucional.
Los Comités
de Pares parten de las siguientes categorías: personal académico;
alumnos; plan de estudios; proceso enseñanza-aprendizaje; infraestructura;
investigación; extensión, difusión del conocimiento
y vinculación; administración del programa, resultados e
impactos. Para estos comités la evaluación es un medio fundamental
para conocer la relevancia social de los objetivos planteados, el grado
de avance con respecto a los mismos, así como la eficacia, impactos
y eficiencia de las acciones realizadas. La información que resulta
es la base para establecer lineamientos, políticas y estrategias
que orientan la evolución del desarrollo académico de las
instituciones. Estos comités son interinstitucionales y de pares
académicos, lo que da legitimidad a los procesos de evaluación,
aunado a que es un acto académico, requiere de la existencia de
grupos colegiados interinstitucionales cuyos integrantes son del más
alto nivel académico y cuentan con la legitimación de la
propia comunidad académica nacional. El mecanismo de pares académicos,
suele tener funciones como las siguientes:
-Acreditación y el reconocimiento que pueden otorgarse a unidades académicas o a programas específicos, en la medida en que satisfagan criterios y estándares de calidad convencionalmente establecidos.
-Dictaminación puntual sobre proyectos o programas que buscan apoyos económicos adicionales, a petición de las dependencias de la administración pública que suministran esos recursos.
-Asesoría, a solicitud de las instituciones, para la formulación y puesta en marcha de programas y proyectos.
En Estados Unidos las
asociaciones de colegios y universidades y los grupos profesionales mantienen
regularmente procesos de evaluación externa y acreditación
de instituciones y programas. Todo empezó con los primeros autoestudios
que financiados por la Comisión Carnegie para la Educación
Superior a fines de los sesenta y principios de los setenta.
En Canadá,
el Proyecto Pancanadiense sobre validación de criterios e indicadores
de calidad en la educación superior ha identificado criterios generales
e indicadores de calidad sobre las siguientes dimensiones: estudiantes,
profesores, administradores, programas de estudio, servicios institucionales
internos y contexto externo. Para el componente internacional ha preparado
un protocolo de validación en 20 países. Hasta ahora ha identificado
111 criterios generales y 1447 indicadores de calidad y excelencia basándose
en una técnica de grupos nominales y en el método delphos.
En Chile, los criterios
del Consejo Superior de Educación para las Universidades estableció
en marzo de 1993 (Kells H. R) los siguientes criterios: integridad institucional,
propósitos institucionales y nivel general de su realización;
administración institucional, gobierno y autorregulación;
estudiantes, progresión y logros de los estudiantes, servicios para
estudiantes; académicos; proceso de enseñanza, carreras y
otros programas académicos; investigación y creación
artística; extensión y servicios a la comunidad; recursos
para la enseñanza; administración financiera y recursos;
e infraestructura física e instalaciones.
Existen muchas y variadas
experiencias relacionadas con la selección de criterios e indicadores
de evaluación de la calidad y excelencia académica de la
educación superior. En cada una de éstas subyacen diversas
aproximaciones a la evaluación institucional y algunas se han inspirado
en un modelo sistémico que define los insumos, los procesos y los
resultados que se producen en una IES ( Nadeau 1988).
No es difícil
observar convergencias entre los diferentes enfoques y aproximaciones a
la evaluación institucional que persiguen metas comunes. Las que
aparentemente van a la vanguardia utilizan técnicas basadas en los
enfoques de sistemas, en la administración de la calidad y en los
métodos delphos y técnicas nominales.
El primer elemento
común se refiere a la instancia o agencia que promueve o asume el
control de gestión para calidad; esta instancia debiera ser el propio
director o coordinador del sistema, cuya labor debería ser la formulación
de políticas y estrategias orientadas a garantizar la calidad, y
no sólo a la elaboración de formatos de información
estadística y elaboración de presupuestos. Por ejemplo, la
Unidad de Auditoría Académica (AAU), en el Reino Unido, no
inspeccionó los cursos ni los programas ni los validó, sólo
se limitó a observar y comentar los mecanismos utilizados por las
instituciones para asegurar la calidad de los programas que ofrecen.
El segundo es el mecanismo
de autoevaluación (autoestudio o autoapreciación). El sistema
de gestión de calidad irá teniendo éxito en la medida
en que sea valorado y aceptado por los cuerpos colegiados y el personal
docente como parte de su propia actividad, y supone el desarrollo de una
cultura de evaluación en las instituciones.
El tercero parece
ser el mecanismo de revisión que realizan los pares o iguales, en
particular a través de las visitas efectuadas por expertos del exterior,
quienes deberán tener aceptación y reconocimiento por parte
de la institución. Será necesario que tengan antecedentes
específicos, como experiencia académica, directiva, de investigación,
y evaluación, así como del contexto en que se desarrollan
las instituciones. Deberán visitar la institución durante
un periodo de por lo menos tres días, en los cuales podrán
hablar con los responsables de la institución acerca del informe
de autoevaluación y de los planes que tengan para futuras innovaciones.
Además podrán entrevistar al personal docente, al personal
administrativo y a los alumnos; las entrevistas deberán abarcar
desde el director hasta alumnos del primer grado. Una característica
importante de los mecanismos de revisión es que en los comités
se suele incluir a expertos internacionales y a un número representativo
de las comunidades académicas.
En el caso del Reino Unido, los consejos de financiamiento se abstienen de visitar todas las facultades, y sólo visitan aquellas cuya calidad se afirma o se desvía de la norma, así como una muestra de las que se consideran "satisfactorias". En Francia, el Comité Nacional de Educación organiza por lo menos dos visitas anuales a cada una de las universidades. En los Países Bajos, el equipo de expertos visita un sólo lugar de cada una de las disciplinas.
Un cuarto elemento común consiste en informar acerca de los resultados de la evaluación y de la visita así como de la experiencia que se adquiere. Este informe no debe desempeñar una función de juzgar o categorizar a las instituciones o programas, sino ayudarlos a mejorar sus niveles de calidad. Por esta razón es importante que las instituciones puedan comentar los informes y, si es necesario, presentar sus argumentos en contra y expresar sus posibles desacuerdos con el equipo de evaluación. En algunas ocasiones se publican los resultados finales del informe para que se enteren las personas que puedan estar interesadas. Otra forma, es mediante informes individuales detallados, que se ofrecen a la institución correspondiente, garantizando su carácter confidencial, pudiéndose presentar a las instancias exteriores un resumen general.
El Comité Nacional
de Evaluación, de Francia, mantiene confidenciales las autoevaluaciones,
pero hace público el informe de los expertos del exterior. En los
Países Bajos, los informes realizados por los visitantes del exterior
se mantienen confidenciales, en cambio los informes finales se hacen públicos.
En la Unidad de Auditoría Académica Británica el informe
se escribe para la institución, y ésta decide si lo publica
o no, íntegro o en partes; sin embargo el informe terminaba siendo
del conocimiento de todos.
El quinto y último
elemento común, tiene que ver con la posible relación entre
los resultados de un sistema de control de calidad y las decisiones gubernamentales
respecto al financiamiento de las actividades de la enseñanza superior.
No debe establecerse una relación directa y rígida entre
estos dos aspectos, ya que se "metalizaría" la educación
y se "castigaría" a los programas de potencial desarrollo o que
aún no han logrado niveles satisfactorios de calidad, en lugar de
ofrecerles incentivos para que mejoren. También provocaría
que las instituciones y sus académicos desconfíen de los
equipos externos de revisión, y prefieran generar sus propios estudios
de evaluación para "autoapoyarse". Una relación indirecta
entre los resultados de la evaluación y las decisiones de financiamiento
sería en el sentido de que los gobiernos sólo suministren
el financiamiento a las instituciones que se sometan a por lo menos un
juicio externo, y sean las propias instituciones las que administren estos
recursos de acuerdo a sus necesidades.
Conceptos
básicos sobre calidad y gestión de
la educación superior
La preocupación por la calidad de la educación básica se ha planteado en México desde varios enfoques: el movimiento hacia la calidad como coartada de salida a la crisis del financiamiento de la educación; la calidad que se confunde con el mito de la excelencia, tal como ésta suele promoverse entre la clase empresarial; y, la calidad como estrategia de desarrollo, que considera al conocimiento como el eje de la transformación productiva sustentable y con equidad, promovida por los especialistas de la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe (CEPAL, 1989).
| Eficiencia | Calidad |
| (Criterios cuantitativos) | (Criterios no cuantitativos) |
| Costo-Efectividad | Eficacia: |
| Cobertura | Logro de objetivos y perfiles de egresos |
| Costo-Utilidad | Relevancia |
| Costo-Beneficio | Aportaciones socioculturales y científico-tecnológicas |
| Eficiencia terminal | |
| Ïndices de transición | Respuesta a las necesidades de la vida socioeconómica y cultural |
| Años de Escolaridad | Significado cultural: |
| Ciclos terminados | Promoción de los valores |
| Certificación | Acreditación |
| Titulación |
Entre los investigadores mexicanos que se han interesado por el estudio de los problemas de la calidad de la educación básica, destacan los trabajos de Carlos Muñoz Izquierdo, José Ángel Pescador, Juan Prawda y Sylvia Schmelkes, sobre todo a partir del inicio de los años ochenta. Algunos de sus planteamientos, suelen referirse al sistema educativo en su conjunto y otros a su contribución al desarrollo económico y sociocultural.
El término calidad
de la educación está asociado con la capacidad tanto de las
instituciones educativas, como de los individuos formados en su seno...
de satisfacer los requerimientos del desarrollo económico, político
y social de la comunidad a la que están integrados.
La investigación
sobre la temática de la calidad de la educación desarrolla
tareas de análisis y evaluación de los productos o resultados
del proceso educativo, a través del estudio minucioso e las relaciones
entre los insumos... y los procesos... que se siguen con el fin de orientar
convenientemente la formación de recursos humanos para impulsar
el desarrollo. (Muñoz Izquierdo, 1993).
Refiriéndose a la calidad de la educación básica, Sylvia Schmelkes comenta que el impulso más importante para el mejoramiento de la calidad de la educación nace de la escuela misma. En el centro de los procesos tendientes a mejorar la calidad de la educación desde la escuela está el equipo humano que en ella labora. De este equipo humano, de su proceso de crecimiento personal y profesional, y de las relaciones que este equipo logre establecer entre sí, con sus alumnos y con la comunidad a la que sirve, dependerá la capacidad que la escuela tenga de mejorar la calidad del servicio que imparte. Desde luego el desarrollo profesional de docentes se encuentra al centro de este proceso(ver Diagrama 1.)
La calidad en la educación
superior constituye un concepto relacional, multideterminado. El mejoramiento
de la calidad de la educación superior a nivel institucional implica
necesariamente la integración de todos los actores de la organización,
profesores, cuerpos académicos, personal directivo y de apoyo administrativo,
articulándose a través de lo académico y la relación
con el entorno sociocultural. En una institución de educación
superior de calidad la administración se entiende en función
de apoyos a las actividades académicas y no a la inversa.
Una de las definiciones
más adecuadas para fines de este trabajo es que visualiza la calidad
de la educación superior como la readaptación continua de
la institución a su multientorno social, cultural, económico
y político; o también, como una cultura de superación
y de autoexigencia (Latapí, 1996).
Otra definición
de la calidad de una IES es la de A. W. Astin(1994), para quien una IES
de calidad es aquélla que tiene un sistema de evaluación
y retroalimentación de información sobre la formación
del estudiante que le permite practicar los ajustes apropiados en los programas
o las políticas cuando se plantea la necesidad de cambio o mejoramiento.
La calidad se identifica no con el prestigio o las instalaciones físicas,
sino más bien con un proceso permanente de autocrítica y
autoexigencia que hace hincapié en la contribución de las
instituciones a la formación intelectual y personal de sus estudiantes,
maestros y directivos.
Para Álvarez
I. (1994) una IES se considera de calidad si logra, entre otros resultados,
integrar un cuerpo de profesores investigadores de alto nivel y desempeño;
establecer relaciones de colaboración e intercambio académico
con otras instituciones para garantizar el logro eficaz y oportuno de su
propia misión; fortalecer la capacidad de planear, sistematizar
y valorar sus experiencias educativas, y adoptar una organización
funcional y flexible que favorezca la consolidación de grupos académicos
y establecimientos de líneas de investigación, docencia,
servicio externo y difusión relacionadas con la orientación
de sus programas de formación profesional y de posgrado.
Valoración de la gestión de la calidad en la educación superior
Se entiende a la gestión como el proceso de conducir a la organización al logro eficaz y oportuno de sus objetivos y de su misión. En la teoría clásica administrativa comprende las fases de planeación, organización, dirección, relaciones y control de la vida de una institución. La gestión de la calidad en la educación superior promueve cambios positivos al interior de la universidad en cuatro componentes básicos: dirección y liderazgo, desarrollo de procesos académicos, desempeño de los equipos de trabajo y comportamiento de los actores individuales.
En cuanto al primer
componente, planear para la calidad implica actividades de dirección,
corresponsabilidad, participación y liderazgo que intentan clarificar,
reafirmar y comunicar la misión de la universidad; así como
desarrollar estrategias y políticas para lograr el mejoramiento
de la calidad de los equipos de trabajo y de los procesos educativos.
En cuanto al segundo,
el desarrollo de procesos académicos de calidad presupone un ambiente
en el que coexistan la pluralidad y la libertad académicas, así
como el estímulo a la innovación y a la creatividad.
En relación al tercero, el desempeño de los grupos de calidad supone la reciprocidad en la obtención de los beneficios, lo que implica la colaboración consciente y voluntaria para el logro de la misión.
En cuanto al cuarto
aspecto, la promoción de la calidad en los individuos es para potenciar
a los actores individuales para comprometerlos con la misión institucional,
proporcionándoles información apropiada para cambiar y mejorar
la forma en que ellos desempeñan su trabajo.
Una condición
previa para la implementación de la calidad de la educación
superior es la de su evaluación, que por lo general se entiende
como un análisis sistemático y de valoración de por
lo menos cuatro elementos: el estado o situación de los programas,
departamentos, unidades, las instituciones mismas, así como el cumplimiento
de sus funciones básicas; sus relaciones internas y externas; los
procesos dentro de las unidades, es decir el comportamiento de los actores
al interior; y los resultados que logran sus programas o productos.
En el Diagrama 2 se
identifican las funciones sustantivas de la educación superior y
de posgrado y, un conjunto de elementos estratégicos relacionados
con la gestión de calidad, así como otros elementos, principalmente
del proceso, que conduce al mejoramiento de la calidad de la educación
superior.
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| I. Naturaleza y funes de la educación superior | I. Organización y estructura | 1.1 Modelo de organización. |
| 1.2 Claridad de la misión. | ||
| 1.3 Distribución de funciones. | ||
| 1.4 Ejercicio de la autoridad. | ||
| 1.5 Liderazgo académico. | ||
| 1.6 Status de los campos colegiados. | ||
| 1.7 Cultura y valores. | ||
| II. Tipo de programa | II. Relaciones con el contexto y con otros programas o instituciones | 2.1 Relaciones con las instituciones del contexto (familias, empresas, comunidad). |
| 2.2 Intercambio académico y colaboración interinstitucional. | ||
| 2.3 Servicio externo y vinculación.2.4 Seguimiento de egresados. | ||
| 2.4 Seguimiento de egresados. | ||
| III. Ambiente interno | 3.1 Comunicación y relaciones humanas. | |
| 3.2 Respeto a la libertad académica. | ||
| 3.3 Clima de apertura y pluralidad. | ||
| 3.4 Espacios compartidos para pensar y tomar decisiones. | ||
| 3.5 Interés por el estudio y la investigación. | ||
| II. Concepto de calidad de un programa de educación superior | IV. Insumos o recursos | 4.1 Experiencia y nivel académico de los profesores. |
| 4.2 Preparaciòn general de los alumnos. | ||
| 4.3 Materiales pedagógico y de tecnología de apoyo. | ||
| 4.4 Biblioteca, talleres y centros de información. | ||
| 4.5 Condiciones de la planta física. | ||
| V. Procesos formativos | 5.1 Modelo educativo y modelo curricular | |
| 5.2 Modelos de enseñanza. | ||
| 5.3 Trabajo en equipos y desempeño de cuerpos colegiados. | ||
| 5.4 Vinculación docencia-investigación-servicio. | ||
| VI. Productos o resultados | 6.1 Eficacia : nivel de logro de los perfiles de egreso y desempeño de egresados. | |
| 6.2 Relevancia y pertinencia : contribución al desarrollo humano, sociocultural, científico y tecnológico. | ||
| 6.3 Promoción cultural y de valores. |
.
Los procesos de evaluación
suelen utilizar una variedad de métodos y técnicas, como
son:
-Uso de indicadores y estándares de calidad obtenidos por procesos estadísticos y de consenso mediante mediciones cuantitativas observables vinculadas con las relaciones entre las variables de organización y estructura, ambiente interno relaciones, insumos, proceso y productos.
-Valoración de metas preestablecidas por los actores en horizontes de tiempo definido y que se expresan en rangos cuantitativos de los insumos, proceso o productos de las organizaciones educativas.
-Evaluación por pares o expertos, que pueden seguir cualquiera de los métodos mencionados.
Por ello el modelo básico de evaluación y gestión de la calidad presupone procesos de autoevaluación y de evaluación externa por instancias o agencias especializadas, que permitan por una parte, mejorar la operación de las organizaciones y, por la otra, probar públicamente la calidad de la educación que promueven. Otro presupuesto importante para la evaluación externa, es el sentido de responsabilidad social y profesional (acontability) de las instituciones.
Problemática para la
instrumentación de los programas de
mejoramiento y gestión de la calidad de la educación
Se ha observado que en las dos últimas décadas la práctica de los estudios de autoevaluación y de evaluación externa se enfrentan con una serie de problemas, los cuales explican su escaso potencial para producir cambios en las instituciones de educación superior:
Se ha observado que para que un proceso de evaluación sea útil y sirva al desarrollo institucional es necesario que reúna las siguientes condiciones:
Como estructura básica del modelo de análisis para la valoración de la calidad de la educación superior se plantea aquí el enfoque del análisis integral de sistemas, que permite integrar los criterios e indicadores propuestos por las diferentes corrientes y comprende elementos de organización y estructura, relaciones con el contexto y con otros programas, ambiente académico interno, insumos o recursos, procesos de formación y resultados o productos. Este enfoque puede plantearse tanto a nivel institucional, como a nivel de programa en los niveles de licenciatura y posgrado.
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Elementos para una estrategia integral de gestión de la calidad en la educación superior
Evaluación institucional y calidad de la educación superior
Normalmente la calidad de la educación superior constituye una línea estratégica que el estudiante debe seguir para lograr su formación profesional, en términos de conocimientos, experiencias, habilidades, actitudes y valores que integran los perfiles de egreso que presupone el curriculum.
Un desafío fundamental, para la evaluación de la calidad de la educación superior como paradigma mundial, requiere de líderes y actores en la organización educativa que tengan capacidad de previsión y compromiso con la misión institucional, personas que tengan la habilidad para analizar los datos reflejados en la evaluación de manera crítica y desde una perspectiva analítica y de futuro, así como para aprovecharlos en los proyectos de desarrollo institucional. Además, en la medida en que existan acuerdos sobre la armonización de estándares y productos de la educación superior entre las naciones, surgirán procesos de convergencia en el desarrollo de este nivel educativo.
Los principios de la
calidad definen cómo pueden utilizarse los estándares para
entender los procesos y producir mejoras. No todos los criterios e indicadores
que plantean los expertos en evaluación de la calidad en la educación
superior tienen que utilizarse necesariamente en la evaluación de
la calidad; será más útil seleccionar los más
adecuados en cada caso y contexto.
Desde la óptica
de la calidad educativa, en el proceso de cambio institucional los líderes
deben ser los constructores y diseñadores del cambio, crear nuevos
sistemas basados en la misión y en los valores institucionales.
Ello requiere un pensamiento estratégico y sistémico, así
como la habilidad de comunicar esta visión y atraer a otros para
comprometerlos en el cumplimiento de proyectos que permitan realizar la
misión. Se necesita ordenar los propósitos y procesos en
una estrategia de mejora constante a través de todos los componentes
de la organización educativa.
El éxito de
la evaluación consiste en lograr una gestión adecuada entre
los procesos institucionales reales y los estándares propuestos
para las diversas funciones y áreas de la educación superior.
Además, requiere del consenso de los actores que intervienen en
la educación superior, como son los empleadores, el gobierno y los
diversos sectores sociales.
La definición
de los criterios para la valorar de la calidad de la educación superior
no parece un problema difícil de resolver; aunque el reto sea establecer
los indicadores que se van a utilizar, diseñar los instrumentos
para definir normas de evaluación y determinar parámetros
y estándares.
La necesidad de probar
los indicadores que sustentan los criterios de calidad obedece a que, para
algunos autores, el dilema básico de la calidad de la educación
superior consiste en conciliar los sistemas de calidad con los de equidad;
de no hacerlo se caería en procesos excluyentes de los estudiantes,
maestros, instituciones de menores recursos o de menor tradición
y experiencia. Por eso la evaluación institucional debe respetar
la heterogeneidad institucional, de acuerdo con sus condiciones y recursos,
con los contextos sociales, económicos, políticos y culturales
específicos.
Elementos
de estrategia para el aseguramiento de
la calidad en la educación superior
-Desarrollo de procesos de autoevaluación. Es necesario instrumentar habilidades de autoevaluación a todos los niveles institucionales, así como mecanismos de acumulación de información confiable y válida sobre los procesos educativos reales. También se requiere de habilidades analíticas que hagan posible la valoración de las interrelaciones entre los procesos y las funciones básicas de la organización educativa.
-Desarrollo de habilidades
gerenciales, que tomen en cuenta los resultados de la evaluación
y hacer de ellos herramientas útiles para el desarrollo institucional,
por supuesto la legitimación e instrumentación del proceso
de evaluación así como un mecanismo benéfico a nivel
institucional y en su relación con el entorno.
-Una que vez que se
han desarrollado confiablemente los estudios de autoevaluación,
los esfuerzos deben orientarse a verificar cómo responden a las
metas y los objetivos institucionales y verificar la validez de los resultados
obtenidos.
-Realización de estudios de seguimiento. Aquí la evaluación se debería de dedicar a apoyar habilidades de planeación y seguimiento, a valorar si el plan se desarrolla adecuadamente, y verificar el logro de las metas esperadas. El aseguramiento de la calidad debe entonces responder sobre la efectividad de los mecanismos de seguimiento.
-Diseño y previsión de procedimientos de evaluación prospectiva, que den una visión del futuro, para poder encontrar los cambios necesarios para enfrentar la transición, y contestar preguntas tales como: ¿qué se debe hacer diferente?, ¿qué conservar y qué cambiar?, ¿cómo cambiar aquellos aspectos organizacionales en que hay consenso que se deben cambiar?
-Desarrollo y gestión de la evaluación externa. Para evitar mecanismos de autocomplacencia y simulación es necesario desarrollar la evaluación externa con el propósito de demostrar a las instancias evaluadoras los procesos de mejoramiento y asegurar la transparencia pública y recursos adicionales.
-Evaluación del propio sistema interno de calidad y de sus procedimientos de control. Es necesario llevar a cabo la evaluación de la evaluación, o metaevaluación, con el propósito de reestructurar el sistema interno de calidad y sus procedimientos de control; de demostrarse que es ineficiente, procedería la evaluación directa de insumos, procesos y productos.
Carlos
Topete Barrera
Profesor Investigador
del Programa MADE y Coordinador del Centro de Investigación en Ciencias
Administrativas de la SEPI-ESCA/IPN.