Gestión y estrategia / No. 11-12 Número doble / Enero-Diciembre, 1997/
UAM -A 
 EL COMERCIO EN LA VÍA PÚBLICA:
ENTRE PROGRAMAS DE REODENACIÓN URBANA


  Ricardo Torres Jiménez 

1. Introducción
2. Funcionalización económica / funcionalización politica
          o el transfondo de la política de reordenación urbana
3. Conclusiones
4. Notas
5. Fuentes bibliográficas
 
Introducción

Como actividad económica, al comercio en vía pública, o comercio callejero, se le ubica en el conjunto de la economía informal, y constituye uno de los problemas socioeconómicos de reordenación urbana. Este tipo de comercio suele adquirir una de dos formas básicas: el del ambulante y el del puesto fijo o semifijo. En la primera pueden distinguirse a los "topos": comerciantes que venden en los pasillos del Sistema de Transporte Metropolitano (Metro), cuya localización depende de la tolerancia del jefe de estación; los "vagoneros": los que venden en los vagones del Metro; y los "toreros": que venden entre el flujo vehicular o entre otros puestos, y no cuentan con autorización del derecho de piso que otorgan las delegaciones políticas o con el consentimiento del líder de comerciantes en vía la pública. Las mercancías que distribuyen son de características diversas; aunque inicialmente fueron frutas, ropa usada o nueva, trebejos, hoy en día se incluyen hasta aparatos electrónicos, de origen nacional o extranjero.
Otra de sus características es la temporalidad –conjugada con el tipo de establecimiento (fijo o semifijo)– en la que se desarrolla el comercio callejero. Están primero aquellos que realizan su actividad a temprana hora, que coincide con los tiempos en que la población se dirige hacia sus centros de trabajo, de educación o de algún servicio público. En distintos puntos de la Ciudad de México se puede observar durante las primeras horas del día (entre las 4:00 a.m. y las 12:00 a.m.) la instalación de muy diversos puestos, (principalmente para la preparación y venta de alimentos en paraderos de autobús, accesos al Metro, parques y jardines, o de algún servicio como puede ser el de fotocopiado.
Este primer grupo de comerciantes callejeros suele concluir su actividad cuando han recuperado el dinero invertido y, según sus cálculos, un remanente económico para su manutención y la de su familia.
Un segundo grupo realiza sus ventas un poco más tarde. La variedad de mercancías es mayor (ropa nueva o usada, calculadoras, plumas, libretas, maquillaje, aparatos electrónicos nacionales o de importación, golosinas, boletos de lotería, objetos para la seguridad personal, cigarrillos, encendedores, etcétera), y se ubican en las zonas de intensa tránsito peatonal y vehicular. Nuevamente hacia el medio día, hace su aparición la venta de alimentos; que se puede prolongar hasta entrada la noche. Y hay otros que aprovechando la experiencia de vender en la calle, y sobre todo su relación con líderes que controlan al comercio callejero, realizan su actividad eventualmente durante la celebración de fiestas nacionales o espectáculos públicos.
Por lo general se considera que todo el comercio callejero es irregular; no obstante, tomando en cuenta la legalidad de su operación como actividad, puede distinguirse el comercio que se realiza a través de puestos fijos (instalaciones metálicas ancladas a las banquetas), como es el caso de la venta de periódicos y revistas, que suele ser regular, pues se cuenta con los permisos correspondientes 1. Por sus características no representan competencia para los establecimientos mayores que realizan una actividad similar; por lo demás, participan como eslabones de comercialización.
Por otra parte, el comercio que se realiza en puestos semifijos, es decir, de ubicación eventual o intermitente, utiliza instalaciones de fácil instalación y desmontaje; su más vieja expresión son los tiangüis o mercaditos y que también cuentan con los permisos necesarios.
Aunque por igual intermitentes, hay aquellos cuya ubicación es tolerada y se convierten en punto de conflicto; y otros más, también semifijos pero rodantes (carros de hot dogs y hamburguesas, frutas y jugos, etcétera; o automóviles habilitados como puestos para la venta de alimentos, mercancías de temporada, entre otros).
Si bien el comercio callejero se entreteje con la imagen urbana de toda la Ciudad de México, son delegaciones políticas Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero y Venustiano Carranza las que destacan por el número de comerciantes callejeros. De acuerdo con el Estudio básico para el ordenamiento del comercio en vía pública, realizado en 1997 por la Secretaría de Gobierno del Departamento del Distrito Federal, se tiene un total de 98,379 comerciantes callejeros; el 55% son hombres y 45% mujeres; la edad del 70% de todos ellos fluctúa entre los 14 y 16 años, y sólo el 15% del total tiene estudios superiores. La totalidad de esos comerciante se distribuye en 79,851 puestos, de los cuales 25,528 se ubican en la delegación Cuauhtémoc; 12,763 en la Gustavo A. Madero y 12,030 en la Venustiano Carranza 12030 (ver cuadro 1). Juntas, estas tres delegaciones políticas concentran el 51% de los comerciantes callejeros.

                                 Cuadro 1
Comerciantes callejeros por delegación política
 
Cuauhtémoc  25568 (a)*
Gustavo A. Madero 12763 (b)***
Venustiano Carranza  12030 (a)
Miguel Hidalgo) 7913 (a)
Iztapalapa  7895 (a)
Coyoacán  5282 (m)**
Iztacalco  5048 (m)
Álvaro Obregón   5012 (m)
Benito Juárez  3403 (b) 
Tlalpan   3073 (b)
Xochimilco  2993 (b)
Azcapotzalco 2913 (b)
Tláhuac   2770 (b)
Cuajimalpa  810 (b)
Milpa Alta  781 (b)
La Magdalena Contreras  725 (b)
*Concentración alta (a)
**Concentración media (m).
***Concentración baja (b)
Fuente: Estudio básico para el ordenamiento del comercio en vía pública, México, Departamento del Distrito Federal, 1997.



Gráfica 1
Comerciantes en vía pública 1977

Elaborado por el autor a partir de datos del Estudio básico para el ordenamiento del comercio en vía pública, DDF., 1997.

GRÁFICA 2
Comerciantesy puestos en vía pública (1997)

Elaborado por el autor a partir de la información del estudio básico para el ordenamiento del comercio en vía pública, op. cit.  


La magnitud espacial de su cobertura, además de subrayar su dinámica de crecimiento expansivo, conduce a la situación adversa de miles de individuos así como a la trama tejida por diversos intereses, fundamentalmente económicos y políticos.
Ahora bien, la inserción al comercio callejero no sólo se debe –como podría afirmarse– al desempleo, sino también a la contención de los salarios. Y si a ello se suma el estancamiento del mercado y la reducción del gasto público en el renglón social, resulta para muchos individuos y familias no queda más que hacerse de sus propios recursos. Para complementar los ingresos económicos y lograr que sean suficientes para los consumos de una familia, el jefe y demás integrantes de la misma tienen que participar en la búsqueda de ingresos económicos adicionales. En esta situación el papel de la mujer de una familia cobra particular importancia.

En otros términos, los individuos y las familias tienen la capacidad de trazar estrategias (alternativas de sobrevivencia) y con ello la posibilidad de variar ciertas condiciones sociales de carácter estructural (estancamiento económico). Sin embargo, la puesta en práctica de este tipo de estrategias es vista como competencia desleal por los comerciantes formalmente establecidos; debido a que sus costos de operación son más bajos y/o a su funcionamiento irregular, lo cual le permite evadir obligaciones mercantiles e impositivas.
Para equilibrar "las ventajas" de unos con "las desventajas" de otros, el Departamento del Distrito Federal (DDF) ha impulsado el desarrollo de políticas de reordenación del comercio callejero, incluyendo su regularización (pese a que resulten técnicamente insuficientes), por medio del Programa de Mejoramiento del Comercio Popular (1993)2  y el Programa para el Comercio en Vía Pública (1997). Es conocido que estos ejemplos de implementación de política pública no han tenido los efectos esperados, ni los figurados por las autoridades políticas ni los deseados por comerciantes establecidos y callejeros3.
Si las políticas de reordenación resultan ineficaces es porque que las normas de procedimiento se contraponen a las demandas de solución, y los problemas sociales a los criterios valorativos (Offe, 1990: 75). Y además porque la función del comercio callejero es esencial para el mantenimiento y reanimación del sistema político, sobre todo cuando el interés se cierne en torno a procesos electorales 4 , como lo demuestra la toma de las calles del perímetro "A" del Centro Histórico de la Ciudad de México encabezada por tres de las principales líderes de comerciantes callejeros: Guillermina Rico(), Alejandra Barrios y Benita Chavarría. A cambio de abandonar el perímetro "A", habrían negociado espacios en el "B" (en el mismo Centro Histórico) y recordarían que su voto también vale en los procesos electorales5 .
Cuando se produce la intervención de las autoridades del DDF en este tipo de situación social a través de las políticas públicas, lo que se pretende es regular la concurrencia en el mercado, incrementar el número de los individuos sujetos a impuestos, propiciar como alternativa de sobrevivencia la forma salarial, revalidar el lugar que ocupa el comercio establecido en las relaciones de valor (intercambio de mercancías) y que el precio del suelo regule el acceso a las zonas especializadas de la Ciudad de México.
Además, la acción política del DDF sobre el comercio callejero indica también que las relaciones de valor no se dan de forma pura, pues para que el comercio callejero se despliegue como actividad (establecimiento de intercambios en el mercado) se requiere la tolerancia de la autoridad política, ya que cuando no existe, la sanción jurídica ha sido acompañada de la represión física a cargo de los inspectores delegacionales y otras fuerzas públicas. El que se dé la represión o no, se debe a la estrategia adoptada por los comerciantes callejeros como lo señalaba la líder Guillermina Rico; al enfrentarse directamente con los inspectores corrían el riesgo de ser detenidos y encarcelados por quince días, en tanto que si evitaban el enfrentamiento directo sólo permanecían en la cárcel treinta y seis horas, mientras sus hijos menores de edad eran remitidos a Protección Social del DDF 6.
Éste es un ejemplo de cómo la centralización política se enfrenta a comerciantes callejeros con un alto nivel de participación, pudiendo dar como resultado una situación de negociación y enlace de intereses así como la consolidación de los comerciantes como grupo de presión, que en lo fundamental demandan trabajar y acceder al uso del espacio público para su actividad. Al contrario de lo que se piensa, el comerciante callejero está consciente de que además de tratar cotidianamente de obtener los ingresos económicos habrá de enfrentar los requerimientos de la familia (vivienda, calzado, alimentación, estudio), pero que esto es su problema y no del gobierno en turno. Tan es así que han logrado participar en la conformación de Éste es el caso de los comerciantes que lidereaba Guillermina Rico, los cuales dan cobijo a madres abandonadas y realizan actividades festivas (bailes) para recaudar fondos y destinarlos a la asistencia pública (casas hogar, asilos y casas cuna a los cuales se asignaron 210 millones de pesos en 1993)7.

Funcionalización económica/funcionalización política
o el trasfondo de la política de reordenación urbana

Es patente que el Centro Histórico y sus áreas perimetrales constituyen un espacio urbano con marcado carácter comercial en la Ciudad de México. Uno de los impactos físicos que ha experimentado en estos últimos años es la promoción de las plazas comerciales y su revitalización, es decir, la refuncionalización del área en términos del comercio formal y de reactivación del mercado inmobiliario. Esto significa que para tener el derecho de uso del suelo habría que contar primero con la propiedad privada del mismo con apego al marco normativo vigente. A pesar de aquella buenaventura deseada (convertir a los comerciantes callejeros en propietarios de locales ubicados en las plazas comerciales promovidas oficialmente), la principal limitante para el acceso al uso comercial es el precio del suelo, más aún tratándose del Centro Histórico. El problema para el comerciante callejero radica entonces en el precio del suelo, y para el comerciante establecido fundamentalmente en el derecho de uso. El primero lo resuelve por medio del acceso ilegal al uso comercial del suelo y el segundo, si su capacidad de compra se lo permite, de acuerdo con las relaciones entre la oferta y la demanda de suelo urbano.
Cuidando el futuro político, las autoridades políticas pusieron en marcha la reubicación del comercio callejero en las plazas comerciales localizadas en el perímetro "A" del Centro Histórico, por medio del Programa de Mejoramiento del Comercio Popular (1993). Por una parte, se lograron resultados que se tradujeron en la reubicación de 7,500 ambulantes (ahora nuevos empresarios) y el desalojo total de la zona correspondiente al perímetro marcado con la letra "A", que abarca un área conformada por las siguientes calles de Perú y Apartado (al norte), Anillo de Circunvalación (al oriente); Fray Servando Teresa de Mier y José Ma. Izazaga (al sur) y Eje Lázaro Cárdenas (al poniente).
Por la otra, aunque los resultados no fueron del todo los esperados8, los comerciantes establecidos continuaron concertando con las autoridades del DDF los mecanismos de solución al problema del comercio callejero a través del Programa para el Comercio en Vía Pública (1997) que abarca a todas las delegaciones políticas del Distrito Federal. En este sentido, el comercio callejero no sólo tiene que ser visto como un problema de irregularidad económica, sino también desde el polo de la reproducción de los actores sociales participantes. Si se participa en la economía informal, es debido a que no se cuenta con algún tipo de percepción económica formalmente reconocida; por ello el comercio callejero se ofrece como una forma posible de sobrevivencia9.
Los individuos y familias que han optado, u optarán, por el comercio callejero como estrategia de sobrevivencia y estrategia de movilidad social, emprenden medidas de dosificación de los ingresos económicos destinados a la educación de los hijos (Roberts, 1996: 45), de modo que éstos tengan otras perspectivas de realización ocupacional; pero de qué sirve la educación si no hay trabajo, si los salarios siguen perdiendo poder adquisitivo.
Ya se señaló en otra ocasión que insertarse en el comercio callejero implica haberlo seleccionado; entonces si con esta selección se sobrevive, se decide en la lucha diaria contra las fuerzas que niegan la autonomía de la decisión en favor de las selecciones de alternativas de sobrevivencia (Torres, 1996). Y si el comercio callejero es un hecho, es porque su realización se halla imbricada por el sistema político mexicano a través del clientelismo político. Lo cual es parte de su naturaleza.
Es con su participación activa en el sistema político mexicano que el comercio callejero ha asegurado su permanencia en el espacio urbano de la Ciudad de México, a pesar de que con los programas mencionados se pretenda su desaparición. Como parte integrante de ellos, el comerciante callejero se ve obligado a localizarse y sujetarse a las disposiciones legales en materia de uso del suelo, como sucedió con la aplicación del bando que prohibió el comercio callejero en la zona "A" del Centro Histórico.

Conclusiones

Se puede considerar que la instrumentación de políticas públicas, a través de programas como los mencionados, son por naturaleza ineficaces porque no guardan relación con los problemas estructurales por los que atraviesan la ciudad de México y todo el país. Si su perfil es notoriamente normativo, es porque no se percibe que los problemas sociales están en constante variación y que la ineficacia de esos programas no se mide como alcance de la actividad gubernamental misma, sino de los resultados obtenidos por las clases y grupos sociales a partir de sus demandas, anhelos y esperanzas. Es decir, "las estructuras institucionales poseen sus propios imperativos, y que comunican su inercia a los sistemas sociales, afectando así la rapidez de la reacción institucional a las condiciones de cambio" (Citado por Selby, 1994: 115).
Por otra parte, el centro de este conflicto de intereses entre el comercio establecido y el callejero es la propiedad privada; esto es, el derecho al uso del suelo. Por ello, que los programas estén referidos a la reordenación urbana implica, en otras palabras, la reutilización de la ciudad. Por consiguiente, dado que al parecer se han hecho sistemáticas las acciones (relocalizar y con ello regularizar) relativas al comercio callejero, ¿a cuántos comerciantes callejeros les será negada su adscripción al programa de 1997? Si la propiedad privada sobre el suelo es la base de la elaboración de los instrumentos conceptuales y normativos para regular la configuración del espacio físico, es al propio tiempo el hecho que pone en evidencia la debilidad de los programas como instrumentos de reordenación urbana (Folin, 1977: 126).
Aunque para el caso que nos ocupa, si bien la cobertura de los programas es limitada, el sistema político mexicano se encarga de hacer posible la inserción al comercio callejero como estrategia de sobrevivencia, siempre y cuando se cuente con redes de enlace, de lo contrario se estará en condición de exclusión.

Notas 

Cuentan con equipo mínimo (licuadoras, tablas para picar, cubetas, cuchillos, calculadoras, canastillas, comales, tanques con gas LP., bancos, recipientes, ganchos sujetadores, etcétera); en ellos se comercian alimentos, billetes de lotería, pronósticos deportivos, revistas y periódicos, o bien, se ofrecen servicios de cerrajería o fotocopiado.
Contemplaría la construcción de 29 plazas comerciales para 10,000 comerciantes callejeros, con un total de 300,000 metros cuadrados;  la inversión sería del orden de los 580 millones de pesos (El Financiero, 21 de enero de 1994, p. 30).
El caso lo ilustra la Plaza Comercial San Ciprian que, del 100% de los locales 25% fueron ocupados en las actividades propias del comercio y el 75% como bodegas de objetos varios; sus poseedores continúan realizando su actividad en la calle.
Elecciones del 6 de julio de 1997 en el Distrito Federal.
Claudia Salazar, "Negocian la distribución de puestos", El Universal, 27 de agosto de 1996 (Sección: Nuestra Ciudad), p. 1.
De la entrevista que le realizó Cristina Pacheco a Guillermina Rico para el Canal 11 de televisón, Instituto Politécnico Nacional, 1993.
Op. cit.
Ver nota número 3.
9  Por formas de sobrevivencia entendemos: las distintas actividades que puede desarrollar el individuo, de acuerdo con su facultad intelectual y capacidad para el trabajo. Estas actividades pueden ser, de acuerdo con su naturaleza, reconocidas por la regulación gubernamental, toleradas políticamente (y aunque por su situación legal no se les reconoce oficialmente, sí se reconocen por su potencial económico) y que están fuera de todo marco legal. Así las expectativas de sobrevivencia no dejan de ser más que esperanzas para contrarrestar costos y disminuir riesgos (ser contratado, encontrar un empleo complementario, no responder a las diversas obligaciones impositivas para contrarrestar costos de operación y para disminuir el riesgo de desaparecer del circuito económico). Cuando este tipo de esperanzas se llegan a realizar, se transforman en estrategias, o sea, en formas de sobrevivencia, en prácticas cotidianas para simplemente seguir viviendo. Puede ser una forma, como la que constituye el comercio callejero, o bien una combinación de formas, si además del individuo consideramos a la familia y a la naturaleza de la actividad económica en donde se halle inserto.
 

Fuentes bibliográficas 




Ricardo Torres Jiménez
Profesor Investigador del Departamento de Administración de la UAM-A 

 
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