
Como actividad económica,
al comercio en vía pública, o comercio callejero, se le ubica
en el conjunto de la economía informal, y constituye uno de los
problemas socioeconómicos de reordenación urbana. Este tipo
de comercio suele adquirir una de dos formas básicas: el del ambulante
y el del puesto fijo o semifijo. En la primera pueden distinguirse a los
"topos": comerciantes que venden en los pasillos del Sistema de Transporte
Metropolitano (Metro), cuya localización depende de la tolerancia
del jefe de estación; los "vagoneros": los que venden en los vagones
del Metro; y los "toreros": que venden entre el flujo vehicular o entre
otros puestos, y no cuentan con autorización del derecho de piso
que otorgan las delegaciones políticas o con el consentimiento del
líder de comerciantes en vía la pública. Las mercancías
que distribuyen son de características diversas; aunque inicialmente
fueron frutas, ropa usada o nueva, trebejos, hoy en día se incluyen
hasta aparatos electrónicos, de origen nacional o extranjero.
Otra de sus características
es la temporalidad –conjugada con el tipo de establecimiento (fijo o semifijo)–
en la que se desarrolla el comercio callejero. Están primero aquellos
que realizan su actividad a temprana hora, que coincide con los tiempos
en que la población se dirige hacia sus centros de trabajo, de educación
o de algún servicio público. En distintos puntos de la Ciudad
de México se puede observar durante las primeras horas del día
(entre las 4:00 a.m. y las 12:00 a.m.) la instalación de muy diversos
puestos, (principalmente para la preparación y venta de alimentos
en paraderos de autobús, accesos al Metro, parques y jardines, o
de algún servicio como puede ser el de fotocopiado.
Este primer grupo
de comerciantes callejeros suele concluir su actividad cuando han recuperado
el dinero invertido y, según sus cálculos, un remanente económico
para su manutención y la de su familia.
Un segundo grupo realiza
sus ventas un poco más tarde. La variedad de mercancías es
mayor (ropa nueva o usada, calculadoras, plumas, libretas, maquillaje,
aparatos electrónicos nacionales o de importación, golosinas,
boletos de lotería, objetos para la seguridad personal, cigarrillos,
encendedores, etcétera), y se ubican en las zonas de intensa tránsito
peatonal y vehicular. Nuevamente hacia el medio día, hace su aparición
la venta de alimentos; que se puede prolongar hasta entrada la noche. Y
hay otros que aprovechando la experiencia de vender en la calle, y sobre
todo su relación con líderes que controlan al comercio callejero,
realizan su actividad eventualmente durante la celebración de fiestas
nacionales o espectáculos públicos.
Por lo general se
considera que todo el comercio callejero es irregular; no obstante, tomando
en cuenta la legalidad de su operación como actividad, puede distinguirse
el comercio que se realiza a través de puestos fijos (instalaciones
metálicas ancladas a las banquetas), como es el caso de la venta
de periódicos y revistas, que suele ser regular, pues se cuenta
con los permisos correspondientes 1.
Por sus características no representan competencia para los establecimientos
mayores que realizan una actividad similar; por lo demás, participan
como eslabones de comercialización.
Por otra parte, el
comercio que se realiza en puestos semifijos, es decir, de ubicación
eventual o intermitente, utiliza instalaciones de fácil instalación
y desmontaje; su más vieja expresión son los tiangüis
o mercaditos y que también cuentan con los permisos necesarios.
Aunque por igual intermitentes,
hay aquellos cuya ubicación es tolerada y se convierten en punto
de conflicto; y otros más, también semifijos pero rodantes
(carros de hot dogs y hamburguesas, frutas y jugos, etcétera; o
automóviles habilitados como puestos para la venta de alimentos,
mercancías de temporada, entre otros).
Si bien el comercio
callejero se entreteje con la imagen urbana de toda la Ciudad de México,
son delegaciones políticas Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero
y Venustiano Carranza las que destacan por el número de comerciantes
callejeros. De acuerdo con el Estudio básico para el ordenamiento
del comercio en vía pública, realizado en 1997 por la Secretaría
de Gobierno del Departamento del Distrito Federal, se tiene un total de
98,379 comerciantes callejeros; el 55% son hombres y 45% mujeres; la edad
del 70% de todos ellos fluctúa entre los 14 y 16 años, y
sólo el 15% del total tiene estudios superiores. La totalidad de
esos comerciante se distribuye en 79,851 puestos, de los cuales 25,528
se ubican en la delegación Cuauhtémoc; 12,763 en la Gustavo
A. Madero y 12,030 en la Venustiano Carranza 12030 (ver cuadro 1). Juntas,
estas tres delegaciones políticas concentran el 51% de los comerciantes
callejeros.
Cuadro 1
Comerciantes callejeros por delegación
política
| Cuauhtémoc | 25568 (a)* |
| Gustavo A. Madero | 12763 (b)*** |
| Venustiano Carranza | 12030 (a) |
| Miguel Hidalgo) | 7913 (a) |
| Iztapalapa | 7895 (a) |
| Coyoacán | 5282 (m)** |
| Iztacalco | 5048 (m) |
| Álvaro Obregón | 5012 (m) |
| Benito Juárez | 3403 (b) |
| Tlalpan | 3073 (b) |
| Xochimilco | 2993 (b) |
| Azcapotzalco | 2913 (b) |
| Tláhuac | 2770 (b) |
| Cuajimalpa | 810 (b) |
| Milpa Alta | 781 (b) |
| La Magdalena Contreras | 725 (b) |
GRÁFICA 2
Comerciantesy puestos en vía
pública (1997)
Elaborado por el autor
a partir de la información del estudio básico para el ordenamiento
del comercio en vía pública, op. cit.
La magnitud espacial
de su cobertura, además de subrayar su dinámica de crecimiento
expansivo, conduce a la situación adversa de miles de individuos
así como a la trama tejida por diversos intereses, fundamentalmente
económicos y políticos.
Ahora bien, la inserción
al comercio callejero no sólo se debe –como podría afirmarse–
al desempleo, sino también a la contención de los salarios.
Y si a ello se suma el estancamiento del mercado y la reducción
del gasto público en el renglón social, resulta para muchos
individuos y familias no queda más que hacerse de sus propios recursos.
Para complementar los ingresos económicos y lograr que sean suficientes
para los consumos de una familia, el jefe y demás integrantes de
la misma tienen que participar en la búsqueda de ingresos económicos
adicionales. En esta situación el papel de la mujer de una familia
cobra particular importancia.
Funcionalización
económica/funcionalización política
o el trasfondo
de la política de reordenación urbana
Es patente que el Centro
Histórico y sus áreas perimetrales constituyen un espacio
urbano con marcado carácter comercial en la Ciudad de México.
Uno de los impactos físicos que ha experimentado en estos últimos
años es la promoción de las plazas comerciales y su revitalización,
es decir, la refuncionalización del área en términos
del comercio formal y de reactivación del mercado inmobiliario.
Esto significa que para tener el derecho de uso del suelo habría
que contar primero con la propiedad privada del mismo con apego al marco
normativo vigente. A pesar de aquella buenaventura deseada (convertir a
los comerciantes callejeros en propietarios de locales ubicados en las
plazas comerciales promovidas oficialmente), la principal limitante para
el acceso al uso comercial es el precio del suelo, más aún
tratándose del Centro Histórico. El problema para el comerciante
callejero radica entonces en el precio del suelo, y para el comerciante
establecido fundamentalmente en el derecho de uso. El primero lo resuelve
por medio del acceso ilegal al uso comercial del suelo y el segundo, si
su capacidad de compra se lo permite, de acuerdo con las relaciones entre
la oferta y la demanda de suelo urbano.
Cuidando el futuro
político, las autoridades políticas pusieron en marcha la
reubicación del comercio callejero en las plazas comerciales localizadas
en el perímetro "A" del Centro Histórico, por medio del Programa
de Mejoramiento del Comercio Popular (1993). Por una parte, se lograron
resultados que se tradujeron en la reubicación de 7,500 ambulantes
(ahora nuevos empresarios) y el desalojo total de la zona correspondiente
al perímetro marcado con la letra "A", que abarca un área
conformada por las siguientes calles de Perú y Apartado (al norte),
Anillo de Circunvalación (al oriente); Fray Servando Teresa de Mier
y José Ma. Izazaga (al sur) y Eje Lázaro Cárdenas
(al poniente).
Por la otra, aunque
los resultados no fueron del todo los esperados8,
los comerciantes establecidos continuaron concertando con las autoridades
del DDF los mecanismos de solución al problema del comercio callejero
a través del Programa para el Comercio en Vía Pública
(1997) que abarca a todas las delegaciones políticas del Distrito
Federal. En este sentido, el comercio callejero no sólo tiene que
ser visto como un problema de irregularidad económica, sino también
desde el polo de la reproducción de los actores sociales participantes.
Si se participa en la economía informal, es debido a que no se cuenta
con algún tipo de percepción económica formalmente
reconocida; por ello el comercio callejero se ofrece como una forma posible
de sobrevivencia9.
Los individuos y familias
que han optado, u optarán, por el comercio callejero como estrategia
de sobrevivencia y estrategia de movilidad social, emprenden medidas de
dosificación de los ingresos económicos destinados a la educación
de los hijos (Roberts, 1996: 45), de modo que éstos tengan otras
perspectivas de realización ocupacional; pero de qué sirve
la educación si no hay trabajo, si los salarios siguen perdiendo
poder adquisitivo.
Ya se señaló
en otra ocasión que insertarse en el comercio callejero implica
haberlo seleccionado; entonces si con esta selección se sobrevive,
se decide en la lucha diaria contra las fuerzas que niegan la autonomía
de la decisión en favor de las selecciones de alternativas de sobrevivencia
(Torres, 1996). Y si el comercio callejero es un hecho, es porque su realización
se halla imbricada por el sistema político mexicano a través
del clientelismo político. Lo cual es parte de su naturaleza.
Es con su participación
activa en el sistema político mexicano que el comercio callejero
ha asegurado su permanencia en el espacio urbano de la Ciudad de México,
a pesar de que con los programas mencionados se pretenda su desaparición.
Como parte integrante de ellos, el comerciante callejero se ve obligado
a localizarse y sujetarse a las disposiciones legales en materia de uso
del suelo, como sucedió con la aplicación del bando que prohibió
el comercio callejero en la zona "A" del Centro Histórico.
Se puede considerar
que la instrumentación de políticas públicas, a través
de programas como los mencionados, son por naturaleza ineficaces porque
no guardan relación con los problemas estructurales por los que
atraviesan la ciudad de México y todo el país. Si su perfil
es notoriamente normativo, es porque no se percibe que los problemas sociales
están en constante variación y que la ineficacia de esos
programas no se mide como alcance de la actividad gubernamental misma,
sino de los resultados obtenidos por las clases y grupos sociales a partir
de sus demandas, anhelos y esperanzas. Es decir, "las estructuras institucionales
poseen sus propios imperativos, y que comunican su inercia a los sistemas
sociales, afectando así la rapidez de la reacción institucional
a las condiciones de cambio" (Citado por Selby, 1994: 115).
Por otra parte, el
centro de este conflicto de intereses entre el comercio establecido y el
callejero es la propiedad privada; esto es, el derecho al uso del suelo.
Por ello, que los programas estén referidos a la reordenación
urbana implica, en otras palabras, la reutilización de la ciudad.
Por consiguiente, dado que al parecer se han hecho sistemáticas
las acciones (relocalizar y con ello regularizar) relativas al comercio
callejero, ¿a cuántos comerciantes callejeros les será
negada su adscripción al programa de 1997? Si la propiedad privada
sobre el suelo es la base de la elaboración de los instrumentos
conceptuales y normativos para regular la configuración del espacio
físico, es al propio tiempo el hecho que pone en evidencia la debilidad
de los programas como instrumentos de reordenación urbana (Folin,
1977: 126).
Aunque para el caso
que nos ocupa, si bien la cobertura de los programas es limitada, el sistema
político mexicano se encarga de hacer posible la inserción
al comercio callejero como estrategia de sobrevivencia, siempre y cuando
se cuente con redes de enlace, de lo contrario se estará en condición
de exclusión.
1
Cuentan con equipo mínimo (licuadoras, tablas para picar, cubetas,
cuchillos, calculadoras, canastillas, comales, tanques con gas LP., bancos,
recipientes, ganchos sujetadores, etcétera); en ellos se comercian
alimentos, billetes de lotería, pronósticos deportivos, revistas
y periódicos, o bien, se ofrecen servicios de cerrajería
o fotocopiado.
2
Contemplaría la construcción de 29 plazas comerciales para
10,000 comerciantes callejeros, con un total de 300,000 metros cuadrados;
la inversión sería del orden de los 580 millones de pesos
(El Financiero, 21 de enero de 1994, p. 30).
3
El caso lo ilustra la Plaza Comercial San Ciprian que, del 100% de los
locales 25% fueron ocupados en las actividades propias del comercio y el
75% como bodegas de objetos varios; sus poseedores continúan realizando
su actividad en la calle.
4
Elecciones del 6 de julio de 1997 en el Distrito Federal.
5
Claudia Salazar, "Negocian la distribución de puestos", El Universal,
27 de agosto de 1996 (Sección: Nuestra Ciudad), p. 1.
6
De la entrevista que le realizó Cristina Pacheco a Guillermina Rico
para el Canal 11 de televisón, Instituto Politécnico Nacional,
1993.
7
Op. cit.
8
Ver nota número 3.
9
Por formas de sobrevivencia entendemos: las distintas actividades que puede
desarrollar el individuo, de acuerdo con su facultad intelectual y capacidad
para el trabajo. Estas actividades pueden ser, de acuerdo con su naturaleza,
reconocidas por la regulación gubernamental, toleradas políticamente
(y aunque por su situación legal no se les reconoce oficialmente,
sí se reconocen por su potencial económico) y que están
fuera de todo marco legal. Así las expectativas de sobrevivencia
no dejan de ser más que esperanzas para contrarrestar costos y disminuir
riesgos (ser contratado, encontrar un empleo complementario, no responder
a las diversas obligaciones impositivas para contrarrestar costos de operación
y para disminuir el riesgo de desaparecer del circuito económico).
Cuando este tipo de esperanzas se llegan a realizar, se transforman en
estrategias, o sea, en formas de sobrevivencia, en prácticas cotidianas
para simplemente seguir viviendo. Puede ser una forma, como la que constituye
el comercio callejero, o bien una combinación de formas, si además
del individuo consideramos a la familia y a la naturaleza de la actividad
económica en donde se halle inserto.