El afianzamiento y
desarrollo de los procesos de democratización ameritan la reflexión
en torno a los cambios requeridos en el perfil del gobierno, así
como de mejoras sustanciales en las capacidades de gobernación.
La vinculación entre democracia y burocracia pretendía resolver
los problemas de una época, pero la modificación de las condiciones
prevalecientes en la modernidad, las transformaciones a nivel mundial y
los cambios sociales presentan numerosos retos para la misma democracia,
que requiere ser revalorizada.
La mejora de la calidad
de vida de la población –finalidad principal del Estado y de los
gobiernos– depende de encontrar propuestas alternativas, sustitutos del
paradigma burocrático, que permitan instrumentar los procesos adecuados
a la diversidad y complejidad de las situaciones. En esta línea
de investigación, los cambios y las mejoras de las capacidades de
gobernación, de gobernantes y de gobernados podrán contribuir
a la institucionalización de un desarrollo menos desigual.
Democracia y burocracia: su vinculación en la modernidad
La modernidad, que
se combina con la racionalización económica, es punto de
origen e influencia del descubrimiento de América (Touraine, 1988:
178). El carácter inminentemente contradictorio de la modernización
de la sociedad fue analizado por Weber. Sin embargo, la burocracia como
portadora histórica del orden racional de la vida social proporciona
una lógica interna, una socialización racional de todas las
relaciones de la vida.
La razón instrumental
se impuso de manera generalizada tanto en el mundo capitalista como en
el socialista.1
Posteriormente, y a la luz de los resultados obtenidos, se ha cuestionado
la direccionalidad y racionalidad de la historia, la idea del progreso
y los caminos para alcanzarlo en función de ciertas teorías.
Se ponen en duda la viabilidad de construcción de un tipo ideal
de sociedad moderna y un camino único2
a seguir por las sociedades tradicionales para alcanzar la modernidad.
Los valores de la
modernidad que marcan criterios de modernización, y que permiten
concebir al desarrollo como homogenización progresiva y exceso de
normatividad se contraponen con otros como los de diversidad y flexibilidad
de las normas y búsqueda de opciones que reconozcan la diversidad
de problemáticas y condiciones. Se habla entonces de la crisis de
la modernidad, pero al mismo tiempo las interpretaciones de la postmodernidad
son numerosas y a la vez contradictorias. La posmodernidad presenta un
desencanto con un poder poco transparente, donde el ciudadano aparece alejado
de toda posibilidad de decisión acerca de las cuestiones que afectarán
su vida y la de las generaciones futuras.
Al observar los procesos
de desarrollo no faltan demostraciones en América Latina de los
efectos de fallidos o deficitarios "procesos de modernización".
Se cuestiona además el origen y la pretensión de homogeneidad
de teorías que dan prioridad a los factores económicos o
a ciertas variables de crecimiento económico en función de
las concepciones de progreso o de desarrollo de países desarrollados.
El proyecto moderno
reiteradamente ha intentado copiar un original euroamericano, lo que hace
pensar cuál es la modernidad en crisis para la región. No
se debe descuidar la perspectiva de que el debate acerca de la posmodernidad,
iniciado en el campo de la filosofía es también "una cuestión
política".3
En las últimas
décadas el debate intelectual es intenso: nuevas teorías
que reproducen viejas historias, vino añejo con envase nuevo; se
presenta una ruptura con la idea de racionalidad moderna y se abre la búsqueda
de otros paradigmas.
Si bien el discurso
posmoderno puede concebirse como la modernidad reflexionando acerca de
sí misma, que busca superar los problemas no resueltos, no puede
omitirse que algunos enfoques de esa retórica han sido capitalizados
por el neoliberalismo económico y por el neoconservadurismo político
para actualizar sus proyectos. Se aprovechan seductores relatos postmodernos
para legitimar al mercado y coadyuvar a la consolidación del capitalismo
transnacional. Las posiciones acerca de las reformas del Estado a partir
de su incapacidad y su reconstrucción en torno a la dimensión
económica han tendido al potenciamiento del mercado y los procesos
de privatización en sustitución del mismo Estado (Thompson,1994:
143).
En esta constante
búsqueda 4
de salidas a la crisis de paradigmas de modernización en América
Latina, cabría explorar la revalorización de la democracia
y otros paradigmas que permitan incrementar las capacidades de gobernación.
Esas propuestas alternativas pueden ser viables5
para enfrentar la diversas y complejas situaciones que no propician la
aplicación de soluciones únicas y generalizadas.
La democracia predomina
como el modelo que hace posible el desarrollo humano en la cultura de la
paz. En las últimas décadas se presentan en América
Latina procesos de transición hacia las así llamadas nuevas
democracias, aunque los fenómenos de dichas transformaciones no
son homogéneos.
Ante las promesas
incumplidas acerca de ciertas hipótesis básicas, como las
de la soberanía del individuo y el predominio de los intereses nacionales
sobre los intereses de grupo, los movimientos sociales presentan situaciones
descritas como crisis de credibilidad, de gobernabilidad y en determinadas
circustancias ponen de manifiesto los alcances y límites de las
mismas democracias.
Se afirma que no existe
un camino único hacia la democracia, y que además la transición
hacia una democracia participativa no es contemplada por la lógica
de la democracia representativa de la sociedad moderna: "La democracia
del Estado moderno es una democracia mediata, parlamentaria" (Kelsen, 1994:
204).6
La tesis del Estado de partidos es, en opinión de varios autores,
una condición necesaria, pero no suficiente para la existencia de
la democracia en la época actual. La misma idea de democracia como
gobierno del pueblo no se realiza sólo a través del principio
de participación que se cristaliza por la mera elección de
gobernantes. Los espacios de participación en las decisiones de
los ciudadanos no se han hecho realidad; sus derechos individuales se han
limitado al voto, a la elección de los gobernantes; las democracias
no logran desarrollar un sistema de educación ciudadana que fortalezca
sus raíces. La problemática de los procesos de democratización
exige reflexionar acerca de la factibilidad de transformación de
las instituciones de la democracia representativa con formas alternativas
que hagan posible una genuina participación.
Si bien la democracia
directa no es viable, se requiere pensar en distintas posibilidades de
articulación sin olvidar –como señala Bobbio– que el fin
del Estado es preservar los derechos naturales e imprescriptibles del hombre.
La mayor conveniencia de la democracia en relación con otras formas
de gobierno resulta de que las determinaciones colectivas tomadas democráticamente
son decisiones consentidas (Bobbio, 1997:30).
La configuración
del "bien común", que garantice condiciones de vida digna y el restablecimiento
de las reglas del juego democrático con mecanismos de participación
distintos a los del voto, constituye uno de los principales retos para
la democracia. En este proceso es más visible la inoperancia de
la máquina burocrática; por ello se requiere rediseñar
la gobernación, encontrar otras formas de organización tratando
de mejorar las capacidades de cooperación entre gobernantes y gobernados.
Dificultades y retos de la gobernación
El objetivo de la gobernación
requiere trabajar en el cómo, pero subordinado al para qué,
lo cual se puede expresar hoy en la búsqueda del "bien común"
en "garantizar una forma de vida digna, calidad de vida".7
El problema consiste en quién o quiénes participan en la
definición de las políticas públicas que permitan
lograr ese objetivo. Las teorías o enfoques más conservadores
suelen ser partidarios de un papel más pasivo de la gobernación;
las del bienestar y de la equidad, en cambio, se inclinan por una postura
más activa.
Los principios de
la democracia moderna, si bien se expresan mediante leyes y normas, presentan
debilidades en condiciones de poca estabilidad y cambios continuos. Distintos
valores, creencias e ideologías conducen a una gran diversidad de
opiniones acerca de la mejor decisión a tomar en áreas claves
para la gobernación.8
Hay consideraciones
sobre las cuales se tendrá que resolver cómo son, entre otras,
las de selección y desarrollo de la especie humana,9
las actividades en el espacio y las relacionadas con el control de los
impactos nocivos sobre el medio ambiente. Existe el temor de un futuro
peor y una desorientación a gran escala. También posturas
en las que se pronostica un mundo cada vez más interactivo que avanza
hacia la creación de un sistema global. La creación de una
civilización global se confronta con a del mantenimiento y reforzamiento
de culturas específicas.10
La diversidad temática
de los problemas actuales rebasa la esfera de conocimientos y dominio de
los representantes y funcionarios que no pueden procesarlos, o bien, no
cuentan con el interés o los recursos para hacerlo. Esto presenta
la paradoja de que los representantes toman decisiones con diagnósticos
de una situación que no conocen cabalmente11
, y con propuestas de solución que distan mucho de resolver los
problemas reales, incluso con las más honestas intensiones. Los
problemas sociales y la calidad de vida se ven entonces limitados y el
Estado de derecho se convierte en una ficción ante la incapacidad
de procesar la diversidad de demandas.
La búsqueda de nuevos paradigmas
La gobernación
se encuentra en una encrucijada; las viejas teorías no pueden resolver
los nuevos problemas. Las paradojas e insuficiencias de la democracia se
entrelazan con los mecanismos de toma de decisiones en los aparatos burocráticos.
Las demandas ciudadanas se reemplazan por soluciones técnicas de
funcionarios y grupos tecnocráticos, lo cual produce un incremento
de las funciones del aparato de gobierno.
Las formas disponibles
de gobernación no son adecuadas para manejar las necesidades y oportunidades
de un mundo en constante cambio. Algunos autores llegan a la conclusión
de que los conceptos y enfoques que manejamos son insuficientes para salir
al encuentro de situaciones complejas y peligrosas que enfrentamos (Dror,1994:
255).
Existen diversos factores
y motivos por los cuales la aplicación de las buenas teorías
y técnicas no resuelve los problemas; entre ellos destacan:
Fortalecimiento
de la gobernación pública
para mejorar
las capacidades de gobernación
Las acciones públicas
tienen al gobierno como actor privilegiado; sin embargo, fortalecer la
gobernación pública requiere crear formas de articulación
innovadoras que reconozcan dentro de un pluralismo razonable la participación
de otros actores.
La diversidad y complejidad
de los asuntos de gobierno condujeron a una aparente profesionalización
de la función política de los representantes y de los funcionarios
especializados en determinados asuntos de gobierno. Esta "especialización"
ha tendido a excluir a los ciudadanos de los procesos de toma de decisiones,
relegándolos al papel de meros observadores, y no precisamente de
actores con capacidad real de decisión. Se argumenta que la gobernación
política, la maquinaria del poder político en manos del gobierno,
pierde contenido público.
La gobernación
es vista como una cualidad del gobierno, y el buen gobierno depende de
una tipología entre lo bueno y lo malo que evoluciona según
el sistema de creencias y valores. Las opiniones y enfoques acerca de las
funciones, competencias y relaciones entre los gobiernos y los actores
sociales son numerosas.
Desde el punto de
vista de la sociedad civil si bien existen teorías acerca de por
qué se movilizan los actores sociales, se presta poca atención
a cómo se organizan .14
Pasar de la movilización a la acción y a la decisión
colectiva es un reto, pues la capacidad de organización de la sociedad
puede reformar el funcionamiento democrático así como también
fortalecer al Estado.
El problema inherente
a la dificultades de organización de los distintos movimientos puede
denotar que las sociedades no están adecuadamente preparadas para
enfrentar las transformaciones globales; ya sea por apatía o debido
a la actitud de exclusión o represión antes que de fomento
de las formas de asociacionismo por parte de los gobiernos o élites
gobernantes.
Desde la óptica
de la acción gubernamental, la manera de activar a la ciudadanía
resulta estar en pugna; las concepciones en los polos se presentan mediante
la modalidad atomizada, de individualismo extremo, o bien, organizada.
El juego y la interacción de la élite gobernante con el pueblo,
la interacción de muchos individuos atomizados como electores individuales
es distinto de aquellas relaciones y movimientos sociales y organizaciones
que constituyen un contrapeso a poderes de los gobernantes.
Se discute acerca
de las formas de participación individual o colectiva. Con o sin
participación, es conveniente para los gobiernos contar con cierto
grado de aceptación de sus acciones, por lo que los procesos de
construcción de la "opinión pública" representan un
desafío .15
Es obvio que más allá de la cooperación, los gobiernos
emprenden acciones haciendo uso de cooptación y manipulación
de acuerdos o de agendas, mediante la retórica del lenguaje político. 16
En otros términos, si se quiere lograr la legitimación del
poder político, éste debe complementarse con conocimientos
y participación social. Se puede decir que en la actualidad sociedades
con pocas o deficientes capacidades de organización y gobiernos
obsoletos presentan ambas caras de la moneda.
Se requiere, por lo
tanto, revalorizar cursos de acción y decisiones gubernamentales
con base en "lo razonable" ,17
lo ético, antes que cualquier noción de racionalidad instrumental.
Lo razonable tiene relación con los límites de tolerancia
en la elaboración e interpretación de las normas y en la
apropiación debida o indebida de las reglamentaciones en beneficio
de algunos grupos o sectores de la sociedad.
La función de
un buen gobierno es mantener el equilibrio entre los distintos actores
sociales. La idea de los gobiernos que hacen todo por sí mismos
ha quedado atrás con el agotamiento del Estado de bienestar. A lo
largo del proceso de formación del Estado, el trazado de límites
con la sociedad civil sufrió diversas alternativas. Aunque no se
debe olvidar que los procesos de intervención de los gobiernos no
fueron juegos de suma cero . 18
Actualmente se cuestiona
la facultad de cualquier grupo de la sociedad o del gobierno de constituirse
en un poder por encima de otros y se demandan cambios en las reglas del
juego, o sea, una participación real. Por otra parte, los procesos
de globalización significan una redefinición de la soberanía,
dan un nuevo sentido al problema de la democratización y representan
un desafío para los gobiernos, que no son precisamente víctimas
sino actores importantes en estos procesos. Se debe admitir que las demandas
de cambios en las reglas del juego implican un reparto de las políticas
y de las instituciones. Del mismo modo, la forma y el contenido de la participación
de alguna manera delimitan el quiénes deciden y quiénes deben
ejecutar o acatar decisiones.
La burocratización
transformó el orden de prioridades; se puso énfasis en las
reglas, en la excesiva normatividad, antes que en el ¿para qué?
Cabe recordar que la razón instrumental no es un fin en sí
misma; cuando la burocracia se presentó como el mecanismo para consolidar
la democracia representativa, Weber fue capaz de relacionar la razón
instrumental con las necesidades de la sociedad de su época.
Si se desea que la
gestión pública genere los resultados que demanda la sociedad
actual, el gobierno no debería instrumentar políticas públicas
mediante mecanismos unilaterales de decisión. La gestión
pública debería ser concebida como un sistema de cooperación
social, con mecanismos e instituciones que permitan la articulación
de intereses y potenciación de capacidades del gobierno y de la
ciudadanía.
La capacitación de gobernantes y gobernados
Se elaboran muchas
propuestas para resolver los problemas relativos al incremento de las capacidades
de gobernación; entre ellas se encuentra el modelo neoweberiano,
que replantea aspectos referidos a la toma de decisiones, la solución
de conflicto y tecnología, la escuela institucional, el modelo de
ecología de la población y teorías económicas
de la organización enfocadas hacia el mercado, principalmente. Las
perspectivas de análisis estructural, del factor humano, el poder
y la cultura están presentes en muchas de las corrientes de análisis.
Dror propone un protomodelo
para alcanzar una gobernación adecuada con base en la capacitación
de los altos mandos gobernantes. La capacitación referida a la élite
gobernante es importante debido a que ésta toma decisiones cuya
validez se extiende a toda la colectividad .19
Un número
muy reducido de seres humanos determina el futuro de la humanidad; no es
posible confiar en que las elecciones democráticas produzcan individuos
calificados per se. Los intereses y poderes que fijan las premisas de decisión
revisten particular importancia; revalorizada la democracia, es importante
la identificación de la élite gobernante con sus valores.
No sólo se requiere capacitar a la élite gobernante y a los
funcionarios públicos, sino también educar al ciudadano para
hacer compatibles los puntos de vista limitados por concepciones individuales
y las consecuencias de sus acciones, abandonando posiciones de individualismo
egocéntrico. La educación del público en general tiene
que ir de la mano con la mejora de las capacidades y habilidades de las
élites gobernantes (Dror,1994:57).
En el entendido de
que muchos de los procesos de globalización son irreversibles, en
un mundo cada vez más interactivo es necesario crear elementos que
sirvan como base a la gobernación global –sin relegar lo endógeno–
y delinear una nueva cultura política que oriente la racionalidad
de los procesos para institucionalizar la democracia participativa. Perfeccionamiento
y entendimiento, carisma, creatividad y consejos para gobernantes son necesarios;
compatibilizar las nociones de vida digna individuales con los modos y
posibilidades de satisfascerlas dentro de una realidad social.
La articulación
de las exigencias y demandas nacionales con lo exógeno, de las políticas
sociales con las económicas, y las distintas formas y complementariedad
con los actores son, entre otros aspectos, componentes de una agenda básica
de las funciones del gobierno que deben orientar las transformaciones de
su perfil. Se requiere incrementar la capacidad de gobernar para un mundo
cambiante y capacitar, con un contenido ético, a gobernantes y funcionarios
públicos.20
Las condiciones de
incertidumbre, el incremento de la complejidad, las tensiones entre el
reforzamiento local de las culturas específicas; y en otro extremo,
la creación de una civilización global, el escepticismo,
el desaliento y otros rasgos posmodernos de la sociedad son características
de los tiempos en que vivimos.
La complejidad de
los asuntos a resolver opera en una gran variedad de propuestas alternativas
al paradigma burocrático en la posmodernidad. En este camino se
debe seguir investigando acerca de cuál ha sido el desarrollo de
capacidades para adecuar las normas de gobernación a los valores
de la democracia en un entorno de globalización y características
turbulentas.
El terreno, los actores,
los objetivos y la forma de hacer política en una democracia deben
replantear el uso de las facultades de la razón para desentrañar
la racionalidad que subyace a los fenómenos, sean de la naturaleza
de la historia o de la sociedad, y desde allí poder orientar la
racionalidad instrumental.
Lo razonable para
la sociedad, el tipo de problemas que se pueden plantear como públicos
y la subordinación o preponderancia de la racionalidad a ciertas
premisas relevantes para el desarrollo social son conceptos que evolucionan
en la interacción de las relaciones del Estado y la sociedad, de
los gobiernos y la ciudadanía. Nos encontramos con sociedades y
gobiernos con deficientes capacidades de gobernación y se corrobora
que no existe una teoría general viable para alcanzar una gobernación
adecuada. En esta situación se debe elegir lo más acorde
a nuestra realidad entre la diversidad de teorías y propuestas de
solución. La perspectiva de mejorar la capacidad y perfil de los
gobernantes y de los ciudadadanos puede contributir en esta búsqueda
de soluciones a los problemas que afectan a la mayoría de la población.
Los esfuerzos por
copiar las características institucionales de las democracias liberales
sin tener en cuenta las condiciones históricas y culturales han
resultado contraproducentes. Los intentos de hacer extensiva la democracia
liberal de corte occidental a toda la orbe no son viables, y esto no puede
reducirse a calificar a otras naciones y culturas como inferiores.
La búsqueda
de alternativas instrumentales que sustituyan al agotado paradigma burocrático
debe orientarse al análisis de los procesos que dentro de instituciones
y organizaciones permitan dar respuesta a las demandas sociales con base
en un proyecto nacional, prestando particular atención a las articulaciones
verticales, horizontales y materiales que posibiliten el juego democrático.
El énfasis
en los procesos de interacción organizacional tiene por objeto determinar
dónde se decide, quién recibe, qué, cuando, cómo
y quiénes ganan y quiénes pagan los costos. En un entorno
de globalización, de contradicciones entre movimientos sociales
y partidos políticos, la democratización requiere superar
la insuficiencia de capacidades tanto del lado de los gobiernos como de
la sociedad civil para enfrentar las crisis y tendencias estructurales
que socavan la bases democráticas de forma de vida digna, de mejoras
de la calidad de vida. El objetivo de mejorar las capacidades de gobernación
a partir de las actuales deficiencias para atender las necesidades sociales,
permitirá afrontar en mejores condiciones los retos de fin del milenio
y del futuro.
Cristina
T. Penso D Albenzio
Profesora investigadora del Departamento
de Administración de la UAM-A