FEDERALISMO Y DESCENTRALIZACIÓN
CONTEMPORÁNEOS
El presente trabajo trata de resumir algunas posturas acerca del federalismo como principio organizador del poder, y de la descentralización como proceso que lo sustenta. Para ello se cumple el siguiente orden de exposición.
El federalismo y la descentralización han cobrado gran relevancia en la actualidad como principios de organización política y administrativa de los países. Un ejemplo lo constituyen los países de la ex-Unión Soviética, Europa oriental y medio oriental, que ven al federalismo y la descentralización como alternativas al centralismo y autoritarismo y como instrumentos que evitarían la caída de sus sistemas políticos. Rainer-Olaff Schultze menciona que esas experiencias ponen de manifiesto el debate sobre descentralización como un proceso y el federalismo como un principio de organización política. También evidencia este hecho la necesidad de una estrecha relación entre unidad y multiplicidad, es decir, entre integración y autonomía en la sociedad y en la política.1
¿Qué es el federalismo?
Para conformar una
definición del federalismo se debe partir de la idea de que no hay
un modelo único, pues sería un contrasentido: la esencia
del federalismo está en la creación y de instituciones y
procesos que permitan alcanzar una unidad política que acomode y
aumente la diversidad durante la solución de los problemas de la
vida diaria, en los cuales la democracia, entendida como un gobierno del
pueblo, signifique "autogobierno".
El federalismo ofrece
solución a los problemas de las divisiones étnicas, religiosas,
sociales; es una respuesta a las divisiones políticas y sociales
en ecologías humanas específicas que implica el reconocimiento
de que los intereses y valores en conflicto siempre están latentes,
y que dicho conflicto es normal. El objeto del federalismo de reconciliar
unidad con diversidad puede ser idealista, pero es una realidad inevitable:
las naciones-estado como autoridades "soberanas" y unitarias no pueden
gobernar con eficiencia a las sociedades complejas y diversas. Éstas
requieren sistemas flexibles y dinámicos de gobierno2
Se entiende entonces
que el federalismo puede conciliar intereses, valores, preferencias diversas
que son inherentes a la sociedad. No es tal diversidad indicador de mal
funcionamiento del sistema; ella proporciona información para diseñar
y adaptar las respuestas institucionales al cambio. Los conflictos son
desafíos y procesos normales de la política.
El federalismo, ¿nuevo paradigma?
Elazar reconoce que
el mundo se encuentra en una coyuntura de "cambio de paradigma": de un
mundo de Estados inspirados conforme al ideal de las naciones-estado, a
un mundo de soberanía disminuida y crecientes enlaces interestatales
de carácter federal constitucionalizado. Anteriormente los Estados
luchaban por la autosuficiencia, la homogeneidad bajo la autoridad de un
centro (con muy pocas excepciones). Hoy, con el nuevo paradigma federal,
todos los Estados tienen que reconocer también su interdependencia,
heterogeneidad y el hecho de que sus centros ya no son únicos, sino
parte de una red de centros múltiples que en forma creciente se
vuelve no centralizada. Tienen que reconocer también que todo esto
es necesario para poder vivir, o más bien sobrevivir en el nuevo
mundo.3
Con este nuevo paradigma se advierte a un mundo fragmentado en lo político,
pero unificado económicamente, en el que las confederaciones y alianzas
pueden armonizar la contradicción.
En un mundo que reconoce
tantos a grupos étnicos, alguno de ellos entrará en conflicto
con los Estados en donde habitan o entre sí, de manera que el federalismo
ha recibido más atención como un medio para resolver conflictos
étnicos en el mundo que ha redescubierto las duras realidades de
la etnicidad y ha perdido su confianza en que la modernización provocará
su desuso.
Funciones, definiciones y modelos de federalismo
Retomando a Rainer-Olaff,
el federalismo debe cumplir al menos dos funciones. Primero, La separación
y delimitación del poder por medio de una división vertical
de poderes y, simultáneamente, dar protección a las minorías
a través de la autonomía territorial. Segundo, cumplir un
papel integrador en sociedades heterogéneas. El federalismo tiende
a conectar un cierto grado de unidad y un cierto grado de multiplicidad.
Su función es la de integrar objetivos sociales diversos.
Como se advierte en
el cuadro 1, esta situación se puede representar como un continuo
bipolar entre una meta centrípeta dirigido hacia la integración
y la uniformidad de las condiciones de vida, y otra centrífuga,
dirigida a su autonomía y multiplicidad 4
El cuadro muestra la
ubicación del federalismo como principio organizativo en el centro
de dos fuerzas. En un extremo, puede haber alianzas como una forma de coexistencia
de varios estados, pero también pueden haber estados unitarios en
el otro (de tipo federal o descentralizados), pasando por las asociaciones
de estados y los estados confederados. Podría caber otra forma,
como el estado unitario centralizado, pero en la actualidad ésta
ya no es vigente: todos los estados contienen un cierto grado de descentralización.
Los ejemplos clásicos
de federalismos son los de Estados Unidos, Canadá y Australia, que
surgieron con los procesos de colonización. En 1867, Canadá
trataba de delimitarse y protegerse respecto a Estados Unidos, garantizando
su dualismo anglo franco.
El federalismo suizo
(1848) tuvo su origen en la autonomía local y cantonal, es decir,
en la multiplicidad cultural; el belga de 1890 que se originó en
la fragmentación cultural entre flamencos y valones.
Éstos son ejemplos
del federalismo como principio organizativo del poder político territorial,
que ha servido para unificar criterios diversos, es decir, que ha logrado
cohesionar a sociedades con profundas diferencias culturales y sociales.
En los países
latinoamericanos, cuyas sociedades son heterogéneas, el federalismo
tiene mucho que aportar, sobre todo, por la gran importancia de la población
indígena y las diferencias en el desarrollo económico de
las distintas regiones, provincias, entidades federativas y municipios.
Sin embargo, sólo algunos países son federales, entre ellos
México, Brasil y Argentina.
Es de hacer notar
que el federalismo no sólo tiene o adquiere relevancia en sociedades
heterogéneas. En lo que fue la República Federal Alemana,
por ejemplo, no jugaron ningún papel ni la heterogeneidad, ni la
protección multicultural; era un país con homogeneidad cultural
y con pocas disparidades económicas que puedan generar conflictos.
Definiciones de federalismo
El conductismo impuso
un enfoque del federalismo desde el cual son federales todas aquellas sociedades
que por sus diferencias étnicas, religiosas, económicas,
se hallan estructuradas según territorios geográficos e históricos
(se deja de lado el enfoque institucional del federalismo). El conductismo
no da cuenta de sociedades tan homogéneas como Australia, la experiencia
antes citada de la ex RFA o de Austria. La definición constitucional
e institucional de federalismo establece que
Se puede hablar de
federalismo cuando en un sistema político los elementos estructurales
de decisión del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial, burocracia
política, etcétera) están presentes en los dos niveles
de gobierno, federal y estatal, y su existencia está garantizada
por la constitución y no puede ser allanada por la intervención
de algunos de los niveles.5
Por su parte, Dieter Nholen afirma que el federalismo se define como una
forma de organización política en la cual las funciones y
ámbitos de tareas se reparten de tal manera entre los estados miembros
y el Estado central, que cada nivel estatal puede tomar decisiones políticas
en varios ámbitos estatales 6
Modelos de federalismo
A partir de los aportes de Montesquieu se pueden distinguir dos modelos de federalismo que corresponden a dos interpretaciones de la teoría de la división de poderes:
El federalismo intraestatal. El ejemplo más notable de este tipo lo constituyó la ex República Federal Alemana, se define por:
El federalismo interestatal. Este modelo de federalismo se halla vigente (aunque con diferencias) en Estados Unidos, Canadá y Australia. Está construido sobre el principio de división vertical de poder y/o autonomía de los estados miembros; se basa en:
El nuevo federalismo
norteamericano. Uno de los tópicos más frecuentes en
los últimos tiempos ha sido afirmar que el sistema federal norteamericano
debe cambiar drásticamente. El cambio de la balanza de poder, producido
por el declive del federalismo dual, se ha interpretado como nuevo federalismo.
Su rasgo más característico es el crecimiento del poder federal
a través del ejercicio del poder económico por medio de las
subvenciones que, bajo ciertas condiciones, obliga a los estados miembros.
No obstante, expansión de la autoridad federativa ha dado lugar
a otro tipo de "nuevo federalismo", de tendencia opuesta a la anterior,
es decir, centrípeta. Se ha hablado de disminuir la dependencia
de los estados respecto de las ayudas económicas federales, o al
menos disminuir las condiciones exigidas para recibirlas.
El presidente Reagan
hizo de la propuesta de un nuevo federalismo la piedra angular de su administración.
El 25 de enero de 1983 afirmó que su propuesta federalista consistía
en devolver sus funciones a los estados y las entidades locales para que
actúen como laboratorio dinámico de cambio en una sociedad
creativa. La propuesta de Reagan tiene dos partes : la primera consiste
en entregar a los estados la realización de programas que habían
sido acometidos por el gobierno federal, tales como ayuda familiar y de
bonos para la compra de alimentos. La segunda contempla la sustitución
de las subvenciones federales denominadas categoricals (sujetas a una serie
de condiciones muy estrictas) por block grants (subvenciones en bloque),
que permiten subvencionar económicamente a los estados sin tantas
trabas.
Durante este siglo
el poder federal americano se ha enfrentado a una desastrosa depresión
económica y ha ostentado el liderazgo mundial, el Estado alerta
parece hoy la actitud normal del gobierno federal en el escenario americano
contemporáneo. No obstante, el federalismo en Estados Unidos se
caracteriza actualmente por el predominio de la autoridad federal. El sistema
social y económico se halla cada vez más sujeto a regulación
y control por parte de Washington. La autoridad federal ha experimentado
una considerable expansión basada en el ejercicio de su poder para
exigir impuestos y realizar gastos que promuevan el bienestar general.
La posición de los estados se ha debilitado todavía más
por la creciente dependencia de los gobiernos estatales respecto de las
subvenciones otorgadas por Washington.
El desarrollo del
federalismo norteamericano, caracterizado por el incremento del poder federal,
plantea el problema del futuro de los estados americanos ¿Va continuar
esta trayectoria de expansión del sistema federal y se cambiará
la situación del sistema federal por una forma unitaria de gobierno?
La existencia de los
estados implica a menudo una duplicación innecesaria de estructuras
y servicios gubernamentales, y aunque se consideren necesarios órganos
de gobierno local, éstos podrían organizarse mejor si el
territorio se dividiera por regiones y no por estados que se forman atendiendo
a todo, menos a consideraciones de eficacia gubernamental. Sin embargo,
a pesar de que la trayectoria expansiva del poder federal es muy posible
que continúe, y será difícil, en cambio, que llegue
a originar la supresión absoluta de los gobiernos estatales. El
mantenimiento de uno de los estados fuertes aporta al sistema americano
una consistencia democrática que no se daría con un sistema
de administración centralizado y monolítico.
Al considerar el futuro
del federalismo americano se debe tener en cuenta que, para la mayoría
de los americanos, los estados son tan parte del sistema como lo es el
gobierno de Washington. Cada estado tiene sus rasgos particulares, y algunos
pueden retroceder a su pasado histórico, del que se sienten orgullosos.
Aunque los estados
americanos continúen perdiendo los atributos que poseían
en al momento de fundación de la República, su persistencia
como entidades gubernamentales independientes parece asegurada, incluso
si el poder estatal continuara decreciendo y el control federal se incrementara.
Los estados americanos conservan una autoridad a la que no podrían
aspirar los órganos de gobierno local en Europa. Los estados continuarían
siendo responsables del funcionamiento de la máquina local administrativa
y judicial.
Por último,
hay que resaltar que en el federalismo interestatal la división
de poderes depende también de regulaciones legislativas concretas
a través de la constitución. En Australia, Estados Unidos
y Suiza, las competencias del estado federal están enumeradas en
sus constituciones.
En Canadá existe
lo que se denomina federalismo cooperativo. Las competencias de la federación
y de las provincias se establecen de tal forma que la competencia residual
queda formalmente en poder de la federación, pero en la práctica
queda en manos de la provincias. La cooperación entre los niveles
ha sido intensa, sobre todo a partir de la construcción del estado
social y de bienestar. La cooperación es un fenómeno presente
en los dos tipos de federalismo y es el origen justamente del federalismo
cooperativo.
Diferencias sustanciales
entre los dos federalismos. En el interestatal la división de
poderes y los dos niveles del sistema siguen siendo capaces de funcionar
independientemente, y la cooperación se puede suspendida por la
duplicidad de elementos estructurales del Estado.
En el caso del federalismo
alemán, considerado como cooperativo, el alto grado de estabilidad
de su sistema político es consecuencia de la homogeneidad social
y cultural del país. Su cultura política no se basa en el
conflicto, sino en la proporcionalidad e integración vertical.
Sin embargo, esta
cooperación que es un fenómeno que esta cobrando fuerza inusitada
en todo el mundo, y que es el origen del federalismo ejecutivo y cooperativo,
no representa ninguna garantía de participación política.
Llevada al extremo, la interdependencia política (politikverflechtung)
característica del federalismo alemán se distingue por dos
características: por una parte, permite amortiguar las consecuencias
de los problemas sociales a través de la fragmentación institucional,
pero, por la otra, lleva a una mayor congestión de la capacidad
innovadora, es decir, a un déficit de participación y legitimación.
Se fragmenta la formación pluralista de intereses y no aparecen
los responsables de la toma de decisiones.
Federalismo, autonomía y regionalización
La regionalización
es un aspecto y una manifestación muy importante de la autonomía.
Los estados deben transformarse y reorganizarse con el fin de garantizar
la más amplia autonomía a los diferentes grupos que viven
en el país. El camino del federalismo es largo y tiene que recorrer
muchas etepas; la regionalización y la autonomía son factores
clave para la organización y transformación de las colectividades
territoriales 10
De ahí que
el federalismo sólo pueda ser auténtico y revolucionario
cuando sus estructuras políticas y sociales cambien totalmente.
La "revolución federalista" abolirá la concepción
estatista de la sociedad y habrá de dividir y distribuir el poder
procediendo siempre de manera racional y humanitaria.
Los objetivos del federalismo integral
Para alcanzar una auténtica
autonomía, es preciso eliminar el control gubernamental y mantener
sólo uno de carácter jurisdiccional, como un control de legalidad
y no de otro tipo (económico, político, etcétera).
Los casos en los que se puede observar este tipo de control de legalidad
son los de Estados Unidos, Bélgica y Alemania, entre otros 11.
La colectividad debe
tener el derecho a proclamarse existente, a autodelimitarse, elaborando
sus propios estatutos en los límites de la constitución general.
El principio de autoorganización debe proporcionar la vigencia de
unos estatutos específicos adaptados a las particularidades y necesidades
de las regiones.
La regionalización
La regionalización
es un proceso encaminado a institucionalizar un pluralismo político
de base territorial; supone la distribución, el reparto y la difusión
del poder del Estado por el territorio nacional12
En la regionalización,
la recuperación de las libertades perdidas es recobrar el protagonismo
de su propia historia y una normalización de la vida política
de los pueblos. Los procesos de regionalización y autonomía
pueden contribuir a garantizar el derecho de los pueblos al reconocimiento
de sus particularidades culturales e históricas. Pueden asegurar
una mejor adecuación de la acción del Estado a las peculiaridades
de los territorios o regiones.
La autonomía
y la regionalización política, pueden contribuir al logro
de una mayor eficacia y operatividad al trasladar la toma de decisiones
hacia las regiones. Pero ambos procesos también pueden pervertirse
y degenerar en una reproducción de los vicios del Estado central,
creándose así un centralismo regional. Estos procesos no
deben originar una duplicación de funciones ni convertirse en refugio
de grupos oligárquicos.
Descentralización y autonomía: el problema de la democracia
La comunidad autónoma,
en tanto que forma máxima de la descentralización (política),
es el Estado mismo, que al democrartizarse y distribuir el poder emanando
del pueblo soberano entre sus órganos, se ve obligado, por la misma
lógica de la soberanía, a difundir su poder estatal en todo
el territorio.
La transferencia del
poder político del Estado centralizado a las comunidades y regiones
autónomas, supone un reforzamiento de la democracia y un debilitamiento
paralelo del poder concentrado, la solución al problema del subdesarrollo
regional y la participación de los ciudadanos en la dirección
y gestión de los asuntos públicos.
Guy Heraúd
–citado por Rojo Salgado– plantea que e, ciudadano puede tomar un gran
número de decisiones importantes cuando se trata de un régimen
de autonomía, la cual constituye el principal atributo de todo ser
o colectividad, y debe ser reconocida a todos los hombres y grupos sociales 13.
La autonomía permite que un gran número de decisiones se
tomen al nivel más próximo al hombre, a los grupos de base,
a las comunidades naturales, haciendo posible una mayor participación
y responsabilidad.
Se debe entender a
la autonomía como una serie de derechos y principios. Como se dijo
antes, la comunidad debe tener el derecho a proclamarse existente, autodelimitarse,
autodefinirse y autogobernarse con base en los siguientes derechos:
Ventajas:
Estados unitarios y autonomía. Los casos de Italia y de Francia
Mario Caciagli 16reconoce que a la luz de las reformas del Estado en Italia y en Francia, hay alguna semejanzas en ambos casos: la permanencia de estructuras burocráticas centralizadas y el debate sobre la descentralización (que sólo para Italia significó una propuesta de autonomía regional), la llegada de los socialistas al poder y, por último, la lentitud de las reformas autonómicas.
La descentralización en Italia. Al final de los sesenta, la perspectiva de las fuerzas autonomistas italianas se resumieron de la siguiente manera:
Federalismo y unitarismo latinoamericano:
el problema de la descentralización
política
El centralismo latinoamericano
se puede explicar por la tradición colonial, pero también
por algunas características de sus independencias. El centralismo
fue "causa de la democracia", pero ha pasado a ser "conspirador de la democracia".
En América Latina se impuso en medio de luchas civiles, fundado
en la necesidad histórica derivada de los procesos de construcción
nacional, de la formación de los Estados y de la consolidación
del poder estatal, de la conquista de los territorios hacia el interior
y de la fijación de las fronteras hacia el exterior. Y más
aún, la formación de los Estados nacionales (incluyendo a
México), fue acompañado de un proceso para restar competencias
y atribuciones a los municipios absorbidos por el poder central 20
La centralización
política jugó un papel determinante en la consolidación
de los Estados nacionales, evitando los efectos perversos de las fuerzas
centrífugas de los dos últimos siglos. A partir de esta función
positiva el proceso tiende a buscar mayores condiciones para la participación,
y es aquí donde se plantea la necesidad de descentralizar y revitalizar
el federalismo.
¿Federalismo o municipalismo?
Nholen argumenta que
es en el nivel de la descentralización política donde se
registran los esfuerzos más importantes bajo dos formas básicas:
la federalización y la municipalización.
La federalización
se restringe a los sistemas políticos federales: Argentina, Brasil,
y Venezuela (y agregamos, México). En todos los casos se han hecho
esfuerzos por darle vida a la letra de las constituciones.
Cabe señalar
que en el caso de México el discurso federalizador da la impresión
de que se trata de que los estados asuman los costos de la pesada crisis
fiscal que padece todo el sistema global. En los países con regímenes
federales, la entidad que recibe las tareas estatales es la región
o la entidad federativa; siendo así, el Estado centralista o unitario
desaparece y los estados miembros pueden influir a través de los
mecanismos institucionales en las decisiones del poder central.
Sin embargo en la
municipalización se constata un movimiento generalizado de valorización
de la descentralización. Aquí, la entidad receptora es el
municipio. Hay la tendencia a darle o devolverle a los municipios ciertas
facultades que le hagan tener una vida autónoma, legitimar los procesos
para la elección de alcaldes y traspasar más atribuciones
y recursos.
Hay que advertir que
descentralizar a nivel municipal no implica un cambio en la disyuntiva
Estado unitario/Estado federal, porque la municipalización no toca
la estructura de toma de decisiones a nivel central. Por eso, cuando no
se puede federalizar por razones históricas o culturales (como sería
el caso de muchos países como Chile y Bolivia), el camino ha sido
la municipalización, entregando a los gobiernos locales atribuciones
que antes eran ejercidas centralmente y, por supuesto, los recursos. Como
en los procesos de federalización que valoran la descentralización
como un proceso, en los estados unitarios o centralistas en los que predomina
un enfoque de municipalización, en realidad poco ha avanzado una
descentralización política, y lo que predomina son esfuerzos
desconcentradores y de descentralización administrativa, así
como políticas de regionalización. Pero no se han logrado
los objetivos económicos, sociales, ni de desarrollo político,
es decir, de desconcentración del poder político. Ecuador,
Colombia, Perú y Chile se encuentran en este último caso.
En los pocos casos
de federalismo latinoamericano la descentralización política
no se ha asumido en toda sus extensión, pero hay esfuerzos por dotar
a los estados y municipios de poder y recursos en un marco de autonomía
de toma de decisiones, sobre todo a partir de los reclamos democráticos
de las comunidades y organizaciones locales.
En resumen, se puede
decir que con la elección popular de alcaldes en Colombia, los municipios,
aunque débiles en Argentina y México, y el sistema municipal
de facto de Bolivia hay, al igual que en resto del mundo una preocupación
y necesidad de que los gobiernos locales asuman las responsabilidades y
atribuciones lo más pronto posible.
El problema es qué
modelo de descentralización política seguir o, si por el
contrario, cada cual tendrá que seguir sus propias pautas21
Desde que México
es una república federal (1824) ha tenido varios intentos centralistas
que le han dado una variedad de definiciones. Sin embargo, en la actualidad
también es parte de un movimiento descentralizador y democratizador
que recorre al mundo. El impulso al "nuevo federalismo" es la respuesta
a numerosos reclamos de estados y municipios que luchan contra el centralismo
y la inequidad social, política y económica que conlleva 22
La situación
actual del debate acerca del federalismo en México se puede definir
como caótica y multifacética. Por todos lados se escuchan
propuestas, algunas viables, otras no tanto, pero el tema cada vez está
más en la mesa de la discusión de amplios sectores de la
vida política y social.
Existe lo que podemos
calificar como una "rebelión de los municipios", marcada por una
persistente demanda de autonomía y recursos, es decir, por una descentralización
política por parte del Estado central hacia las entidades federativas,
pero también de ésta hacia los municipios.
Los temas de la discusión actual
Díaz Cayeros
sintetiza el debate actual del federalismo de la forma siguiente: la discusión
acerca de cómo estructurar un mejor y más equitativo sistema
fiscal, que va desde quienes argumentan reglas claras y precisas que determinen
las participaciones de la federación hacia los niveles estatales
y municipales, hasta posiciones que abogan por sistemas de participaciones
fiscales en cada estado, con un sistema impositivo propio. En materia de
política social, existe el reclamo de los municipios por una descentralización
que permita que aquella se elabore en los estados y municipios. Algunos
aspectos se relacionan con la capacidad de endeudamiento de los estados
y municipios, y aquí se discute la profesionalización de
las administraciones públicas locales para asumir esas responsabilidades.
También se
discute sobre los relativos a las leyes electorales que garanticen transparencia
y equidad en los procesos locales, y a la federalización de la educación
y la salud, que más bien implican una desconcentración administrativa,
pues los recursos todavía son manejados desde el centro 23
Otros puntos no tocados
por Díaz Cayeros son los que aluden a los reclamos de autonomía
regional de algunos grupos indígenas y los de la desigualdad entre
las regiones del país, que requiere la recomposición del
pacto federal. Y que hay que verlo como eso, como una verdadera revolución
federalista, que desestructure y reestructure el sistema federal vigente.
La lucha por el poder legislativo y no sólo por el poder ejecutivo
En México, como
plantea Ocaña, hay que recomponer el pacto federal sobre la base
de democratizar el poder legislativo, más que concentrar la lucha
en el ejecutivo; aquél es el que constitucionalmente puede modificar
al segundo. El avance de la oposición en gobiernos estatales y municipales
no se ve como logros del federalismo, porque no suprimen la relación
de autoridad vertical de la federación hacia los estados, y de éstos
hacia los municipios. El presidencialismo vigente ha dejado la idea de
que lo importante es ganar el ejecutivo.
El tema del federalismo
como principio organizativo y de la descentralización política
es un fantasma que recorre el mundo, y junto con los reclamos de democracia
y participación política de individuos, colectividades, pueblos
y naciones: Se ha convertido en un paradigma con el que todo mundo está
de acuerdo, pero pocos se comprometen con él.
En Europa oriental
y medio oriental se ha asumido el federalismo como una vía para
evitar el colapso total de sus sistemas políticos. En Europa occidental
las experiencias son importantes, pero todavía insuficientes para
lograr la convivencia de amplios sectores de la población.
El federalismo alemán,
con todo su potencial, tiene problemas por la excesiva interdependencia
entre los niveles de gobierno, pero no deja de ser importante el autogobierno
municipal vigente, del cual debiera aprender el municipalismo mexicano.
El federalismo norteamericano,
del cual el nuestro ha tomado mucho de su esencia, atraviesa por dificultades
que derivan de la construcción del estado social y de bienestar,
lo que implica la formación central de políticas públicas
sin tomar en cuenta las entidades de la unión. El caso de Canadá
es similar, aunque ahí la existencia de dos culturas que poco comparten
en común, favorece la existencia de un federalismo que tiene visos
de confederal.
Y dado que nada está
definitivamente escrito, y los acontecimientos mundiales empujan en dirección
de entidades descentralizadas y federalistas, incluso en estados unitarios,
es hora de pensar y actuar en la construcción de un nuevo pacto
federal: aquel que sea capaz de democratizar políticamente al país,
que reparta y difunda los poderes a lo largo y ancho del territorio nacional
para llegar hasta los municipios y sus delimitaciones menores; de democratizar
económicamente, esto es, que reparta los ingresos de una manera
más equitativa y justa; que atienda a las regiones más necesitadas
mediante una política solidaria y que, finalmente, recupere y fortalezca
la tradición democrática de los pueblos, sus tradiciones
culturales y sus formas de gobierno; es decir, una recomposición
del pacto federal que democratice la vida social y cultural de los
gobiernos municipales.
por que aquel federalismo
que no se ayunta con la democracia, no puede llevar a cabo el sueño
del autogobierno.
Notas