Comentarios a la Ponencia "Los Nuevos Retos del Desarrollo Económico de Europa del Este" del Dr. Ryszrd Rozga

Dr. JAN PATULA

Universidad de Varsovia


La ponencia del Dr. Ryszrd Rozga, sobre los retos del desarrollo económico de Europa del Este, ubica la problemática en un contexto más vasto: el reordenamiento de las relaciones internacionales a escala mundial. Este contexto incluye, principalmente: Dicho contexto internacional me parece -grosso modo- correcto para plantear los desafíos del desarrollo económico en Europa del Este; o mejor dicho, en Europa central. Tal vez se podría completar un cuadro mundial de coordenadas incluyendo en él la pujanza económica de Japón y la "revolución silenciosa" en América Latina, esta última en lo que respecta al proceso de democratización y al inicio -aún cargado de interrogantes- de la ofensiva neoliberal en la política de casi todos los países de la región.

Para la URSS, en cambio, la afirmación del autor de que "...el mismo proceso (el debilitamiento de la posición mundial -N.J.P.) es más difícil de consignar, porque esa superpotencia nunca jugaba un papel muy importante en la economía mundial"(p. 2-3); es parcialmente cierta. Lo correcto se refiere a que, en realidad, la URSS ocupaba un lugar muy secundario en la división internacional del trabajo. Pero no se puede ocultar hoy en día el proceso vertiginoso del debilitamiento absoluto y relativo de la economía soviética. Ésta salta a la vista -incluso en los materiales soviéticos- en lo que respecta a:

  1. La disminución creciente de las exportaciones de bienes manufacturados, y el aumento considerable de las importaciones de bienes de alta tecnología (High-tec) en los últimos decenios, hicieron que la URSS perdiera completamente la batalla en el campo de las industrias de la computación, de la electrónica y de la comunicación. Si a ello añadimos su creciente endeudamiento neto con los países altamente desarrollados, la posición de la URSS es muy desventajosa, hablando en términos eufemísticos.1
  2. La progresiva tendencia a la disminución de la tasa de crecimiento del PNB, oficialmente aceptada con eltérmino de "estancamiento", en la segunda parte del régimen de Brezhnev; y los análisis de algunos economistas soviéticos, como por ejemplo: N. Shmelov, L. Abalkin, V. Khanin y A. Aganbegyan, son aún más elocuentes y demuestran la debacle económica de la URSS en los últimos seis años.2
  3. La creciente tensión nacionalista en el interior de la URSS que pone en cuestión la subsistencia misma de la Unión con todas las consecuencias económicas que de ella derivan.
  4. La desintegración total del CAME (COMECON), creado a finales de los años cuarenta como el mecanismo de sojuzgamiento de los países de Europa central, por parte de la URSS. Con la emancipación política de esta región, en 1989, el CAME ha perdido su razón de ser.
En cuanto a la formación de nuevos sistemas socio-políticos en Europa del Este, coincido plenamente con el autor cuando éste afirma: "...debemos ser muy cautelosos en nuestras expresiones (...) [porque] la situación en estos siete países es muy diferenciada desde diferentes puntos de vista: político, económico, cultural, etc." Estas diferencias ya se hicieron visibles en el pasado inmediato, y serán mucho más grandes en el futuro, de tal suerte que ya no se puede hacer referencia a dicha región como constituyendo un bloque.

Tampoco tengo grandes críticas en relación a la matización que hace el Dr. Rozga del panorama político, y las modalidades que tuvieron lugar en esta parte del mundo en los tres últimos años. Tal vez debieran resaltarse más los Acuerdos de la llamada "Mesa Redonda", celebrada en Polonia durante los primeros meses de 1989 entre los representantes del partido comunista y de "Solidaridad", los que abrieron la puerta a la celebración de las primeras elecciones parcialmente libres en dicho país y, posteriormente, a la formación del primer gobierno no comunista en toda esa región. no hay dudas de que estos dos hecho aceleraron el proceso de cambios democráticos en el resto de la otrora llamada "comunidad socialista", según la opinión de numerosos estudios de Europa del Este.

Obviamente, fue de crucial importancia la transformación de las prioridades políticas en la Unión Soviética, bajo el gobierno de M. Gorbachov, al reconocer y aceptar la voluntad popular de los países de Europa Central.

En este contexto, quiero señalar que no me parece del todo exacta la tesis del autor en cuanto a que "...en la parte occidental de la antigua Europa del Este (que abarca a Polonia, la antigua RDA, Checoslovaquia, Hungría y Eslovenia -república integrante de Yugoslavia) llegaron al poder partidos demócrata-cristianos." Con excepción de la RDA, en los restantes países señalados llegaron al poder coaliciones -mejor dicho, movimientos de la sociedad civil- en los cuales el elemento demócrata-cristiano, aunque sí estaba presente, no lo hacía de manera exclusiva. Cabe añadir, además, que prácticamente en toda la región existe una aversión hacia el vocablo "partido" y que las fuerzas políticas buscan formas organizativas originales. En todo caso, todos esos países enfrentan ahora un gran desafío: crear organizaciones partidistas de nuevos cuño que tengan presencia social.

Por otra parte, considero que la parte destinada a las transformaciones económicas en Europa del Este, el que según eltítulo de la ponencia debería constituir el meollo del tema, es demasiado breve y no llega al fondo de los problemas. Incluso, el análisis -concentrado en los dos países de la región: Polonia y Hungría- quedó muy corto, con respecto a la magnitud de los problemas a revisar. No se trata aquí únicamente de "...programas de liberalización económica, la reprivatización (desestatización) y venta de empresas públicas", aunque cada uno de los puntos representa un desafío enorme; se trata, en verdad, de mucho más de lo que el autor nos dice.

En resumidas cuentas, la tarea que enfrentan todos los países de Europa central y oriental -incluyendo a la URSS- es la de sustituir el viejo sistema económico, hoy en día llamado universalmente "economía de mando", el cual se ha mostrado hipercentralizado; impositivo; de regulación burocrática; ineficiente y despilfarrador en el manejo de los recursos humanos, materiales y financieros; incapaz de autorregularse y de adaptarse a los cambiantes requerimientos sociales y de la coyuntura internacional; torpe en incentivar el buen trabajo y la productividad; etc., etc. En esencia, se trata de cambiar el sistema de "economía de escasez" -utilizando el concepto de J. Kornai- en todos los niveles, micro y macroeconómicos, por un sistema de economía social de mercado capaz de responder a los desafíos estrictamente económicos y financieros y, a la vez, satisfacer mejor las necesidades sociales del trabajo y del consumo. Esto es una tarea gigantesca, inaudita, en la historia de la humanidad, puesto que no posee antecedentes teóricos ni prácticos.

En esta parte de la ponencia -de menos de tres cuartillas de extensión-, el Dr. Rozga se limitó a nalizar sólo a grandes trazos los fenómenos que implica el cambio del sistema, con base en algunos indicadores económicos: inflación, aumento de precios, descenso en el PIB, desempleo, la deuda externa. Lo que -al menos- le faltó señalar es la enorme dificultad técnica y los altos costos sociales que conlleva el programa de estabilidad económica, paso previo e indispensable para iniciar la transformación de las estructuras y mecanismos económicos. Esto se hizo evidente en Polonia con el Plan de Balcerowicz, puesto en marcha a principios de 1990. Este desafío y el grave riesgo de estallidos sociales indujeron a la directiva soviética a seguir el ejemplo de Polonia, así como posponer la implantación de una reforma económica a fondo en los otros países del ex-bloque comunista de la región. Sin embargo, el caso de la ex-RDA es excepcional debido a su absorción por parte de la Alemania Occidental, con todas las cargas de la hipoteca.

También hay que estar conscientes de que una reforma económica a fondo implica el cambio de las relaciones de propiedad, la creación del mercado laboral y financiero y la redefinición del papel del Estado en la conducción económica, con todas las implicaciones que cada uno de estos propósitos conlleva. Más aún, cada uno de los puntos citados constituye un verdadero rompecabezas que no puede aislarse de los demás, a la vez que contiene tantos y tantos dilemas a resolver, desde el punto de vista legal hasta la implantación en la vida real. Todo ello implica que una reforma económica estructural no puede hacerse de la noche a la mañana, como tampoco pueden alcanzarse sus objetivos en un breve lapso de tiempo. Cabe añadir que el horizonte temporal para una reforma económica de estos alcances y con estas bases puede situarse desde 10 a 15 años -en versiones más optimistas- y hasta un máximo de 100 años -según algunos analistas "pesimistas".3

Por lo anteriormente expuesto, el tema de la reforma económica en Europa del Este es muy candente y atrae una gran atención, tanto al interior de los países de la región como en los países occidentales. Para comprobarlo basta seguir de cerca los comunicados y comentarios de la prensa diaria, en donde se reflejan las interminables discusiones al respecto y se informa de las medidas económicas prácticas implantadas con diferente ritmo y enfoque en cada uno de los países de Europa central y oriental. Por consiguiente, me parece insuficiente una sola referencia que hace el autor en su ponencia al traabajo de Opalin, cuando existe un verdadero alud de publicaciones sobre este autor.

Pasando a otro orden de cosas, quisiera manifestar mi extrañeza con respecto a la afirmación del autor: "Los tiempos de hoy no son para los nacionalistas...". Esta formulación está en abierta contradicción no sólo con el surgimiento redoblado de sentimientos y posturas nacionalistas en Europa central y oriental, sino también en cuanto a la persistencia de fuertes tendencias nacionalistas en muchas otras partes del mundo. Entiendo que el autor quiso enfatizar más el papel del capital y de la tecnología alemanes, en relación con las formas tradicionales de expansión y dominación política. Sin embargo, es menester subrayar el hecho de que la unificación alemana, junto con el poderío económico que representa, ha desperatdo mucho temor y preocupación no sólo en los países vecinos, sino también en el resto del mundo.4

En conclusión, el trabajo del Dr. Rozga tiene el gran mérito de colocar el desafío del desarrollo económico en Europa del Este dentro de coordenadas internacionales trazadas correctamente. Lo que le falta al análisis -en mi opinión- es ahondar más en las tareas concretas que exigirá el cambio del sistema económico. En otras palabras, explorar la confluencia de los innumerables factores que están interviniendo en el proceso: algunos heredados del pasado, y muchos otros que constiutyen nuevos retos a enfrentar en la transformación de la economía del mercado. Desde una perspectiva actual, se trata del inicio de un largo y penoso camino cuya meta no es aún previsible.


NOTAS

1 COLTON, T. J. "The dilemma of reform in the Soviet Union", Council of Foreign Relations, New York, 1987, p. 46-91.
Desai-The soviet Economy; Problems and Prospects, Blackwell. Oxford, 1987, p. 13-35.
ASLUND, A. Gorbachev's Struggle for Economic Reform. Cornell University Press, Ithaca, 1989, p. 10-22.

2 BALKIN, L. I. "Strategika uskareniya sotsialno- ekonomicheskoga stroitelstva". Problemy mira y sotssiallisma, Nº 9, 1985, p. 13-18.
AGANBEGYAN, A. G. The Economic Challenge of Perestroika. Indiana University Press, Bloomington, 1988, p. 96-118.
KHANIN, G. I. "What has caused the present crisis?", Mimeo, 1990, p. 9-11.
SHMELOV, N. "Avansky y dolgy", Novy Mir, Nº 6, 1987, p. 142-158.

3 LEWANDOWSKI, J. y J. SZOMBURG. "Property Rights as a Basic for Social and Economic Reform", Communist Economies, Nº 1, 1989, p. 268.

4 DELORS, J. "Fenómeno globalmente positivo, la reunificación", Excélsior, 12 de noviembre de 1990.