Profesor de la Universidad de Varsovia y catedrático adscrito a la Escuela de Planeación Urbana y Regional, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca
EL REORDENAMIENTO DEL ORDEN MUNDIAL
A fines del presente siglo XX, se produjo un reordenamiento del orden mundial en donde las tradicionales superpotencias mundiales -como los Estados Unidos y la URSS- vieron debilitarse su posición y su influencia, tanto en la economía mundial como respecto a diferentes partes del mundo.
En cuanto al debilitamiento de la posición mundial de los Estados Unidos en el presente siglo, así lo testimonian numerosos análisis y también las cifras. Ellas nos dicen que cuando John F. Kennedy llegó a la Casa Blanca, en 1960, Estados Unidos aportaba el 35% del producto mundial, mientras que en 1980 su participación en este rubro había disminuido al 22%. Por otro lado, en 1960 casi el 22% de las exportaciones mundiales provenía de los Estados Unidos, en tanto éstas ocupaban en 1980 sólo el 11%.
También se señala una disminución de la participación estadounidense en el producto bruto mundial: desde un 27% en 1950, a un 18% en 1984. Las Naciones Unidas -por su parte- registran para Estados Unidos el 16.7% de las exportaciones mundiales de mercancías en 1950, y el 10.2% de las mismas en 1987; es decir, una disminución de casi el 40% (Lavine, 1990).
Para la URSS, el mismo proceso es más difícil de dilucidar porque esa superpotencia mundial nunca ha jugado un papel relevante en la economía mundial, aunque desde la Segunda Guerra Mundial sí lo ha hecho como potencia industrial, militar y científica. Su debilitamiento relativo, primeramente en cuanto a su posición militar, lo testifica el desafío de la intervención en Afganistán y las últimas reducciones del número de efectivos de su ejército en Europa Oriental.
A pesar de ser la segunda potencia mundial en el plano industrial y militar, la URSS contaba con un ingreso per cápita de los más bajos en Europa. Como lo señaló el Diario Oficial de los sindicatos estatales del país, TRUD, más de la mitad de los 286 millones de habitantes de la Unión Soviética viven por debajo del nivel oficial estimado de pobreza (Más de la Mitad, 1990).
Los graves problemas de la economía soviética se muestran en los datos previstos para 1990. Según previsiones del gobierno soviético, mandados al Consejo Superior en mayo de 1990, el producto nacional bruto va a caer entre un 5 y un 9%, y la renta nacional puede caer de un 8 a un 13%. El desempleo, a su vez, puede bajar a un 3.5% y las rentas reales entre 1 y 3% (Popow, 1990).
La economía soviética se enfrenta a la necesidad de realizar una profunda reforma económica o, mejor dicho, definir la transición a una economía de mercado. Como opina P. Gómez (1990): "La "perestroika" surgió como crítica de la economía y la ideología del socialismo de Estado. La ineficiencia, la baja productividad, el desperdicio, la economía por decreto, fueron expuestas al duro fuego del debate. Así surgió la "glasnost" (...) En el momento actual, la URSS no ha logrado la reforma económica ni tampoco ha resuelto la crisis política. Ambas se requieren para convertirla en una potencia económica." La necesidad de una reforma económica, en la Unió Soviética, es aceptada por la mayoría del círculo de economistas y científicos y por el sector del aparato de partido vinculado a Gorbachov. Con estos apoyos surgió el programa de transición del país a una economía de mercado, creado por el académico Stanislav Shatalin (el llamado "Programa Shatalin) y que fuera evaluado por los ortodoxos economistas marxistas como una "clara revisión del marxismo", por el hecho de poner un acento muy fuerte sobre la privatización de gran parte de la economía. A mediados de octubre quedó formalmente aprobada la transición de la economía soviética hacia el libre mercado, pero el presidente Mijaíl Gorbachov advirtió que esta transición puede llevar aún muchos años.
CREACIÓN DE UNA NUEVA SITUACIÓN POLÍTICA EN EUROPA DEL ESTE
Para la mayoría de los analistas, es obvio que la nueva situación política se creó debido a la intención manifiesta de la URSS de retirarse de esta parte de Europa. Parece que este proceso empezó con la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE) de Helsinki, en 1975, pero se aceleró con las crecientes dificultades de la economía de la URSS, el debilitamiento del Consejo de Ayuda Económica Mutua y, últimamente, por diferentes acontecimientos políticos como la creación de un gobierno no comunista en Polonia, el derrumbamiento del Muro de Berlín o los dramáticos acontecimientos de Rumania.
Podemos tomar la pregunta de A. Lerman Alperstein, cuando escribe: "¿Qué significan esos cambios tan vertiginosos que vivía Europa Oriental? Para algunos, nadamás que el fin del comunismo, el rotundo fracaso de una ideología que nació con Marx en el siglo XIX y que había querido ser la alternativa a un capitalismo incapaz de resolver la inhumanidad que generaba; para otros, los cambios significan sólo el fin de un tipo de socialismo denominado "real" y que fuera modelado por Stalin para un país como la Unión Soviética, en los años treinta de este siglo. Este modelo, que en resumidas cuentas implicaba la propiedad estatal (y no social), la planificación centralizada, la industrialización a toda costa, la no vinculación al mercado mundial y, por tanto, la autarquía, el partido único, el imperio del terror para aplastar a la oposición fue extendido a Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumania y a una parte de Alemania, gracias a las resoluciones del Acuerdo de Yalta y al Ejército Rojo. En cuanto a Yugoslavia, los comunistas conquistaron el poder sin auxilio del ejército soviético." (Lerman Alperstein, 1990).
Pienso que responder a la pregunta de Alperstein no es tan fácil y contiene diversos matices. Primeramente, es obvio que el marxismo tradicional -como lo plantearon los clásicos del siglo XIX y de principios del siglo corriente- perdió su fuerza atractiva tanto por los cambios dentro de la propia estructura socioeconómica de los países, como por los cambios significantes ocurridos en la estructura mundial. Esto no significó -sin embargo- que perdieran su atracción diferentes corrientes izquierdistas, tales como el creciente movimiento socialdemócrata, los cristianos progresistas o algunas fracciones de corrientes radicales.
En consecuencia, el así llamado "socialismo real" perdió su fuerza atractiva frente a los desafíos en la etapa más avanzada de su desarrollo. El dinamismo de los primeros años -sobre lo cual A. Lerman Alperstein desgraciadamente no escribe- desapareció en su segunda fase y provocó estancamiento y falta de dinamismo tanto en satisfacer las necesidades internas, como en expandirse a los mercados internacionales.
¿Significa todo esto que el socialismo fue tan sólo una etapa transitoria en el desarrollo de algunos países? No lo creo. Pienso que el problema depende de lo que entendemos por socialismo. El plano socialista significa también desarrollo de economías diversas, como el capitalismo contemporáneo, que es fuertemente heterogéneo. Dentro de esta diversidad se encuentran economías como las de la URSS, China, Polonia o Yugoslavia. Además, podemos discutir si la economía sueca -o mejor dicho, la organización socioeconómica de la sociedad sueca- no está más cerca de los comúnmente entendidos matices del socialismo, al contemplar la protección económica y social del individuo.
En este contexto -el relativo debilitamiento de la influencia de la URSS en Europa Oriental y los matices ideológicos en el concepto de lo que entendemos por socialismo- debemos ver la situación de Europa del Este.
Como escribe A. Szilassy (1990), hay cinco posibles escenarios futuros sobre la suerte de Europa del Este:
APROXIMACIÓN A LA CREACIÓN DE LOS NUEVOS SISTEMAS SOCIOPOLÍTICOS EN EUROPA DEL ESTE
La creación de nuevos sistemas sociopolíticos en los países de Europa del Este también ha provocado mucha confusión. Según mi opinión, debemos ser muy cautelosos en nuestras expresiones porque este proceso recién está comenzando y pueden surgir variantes inesperadas, debido a que la situación en estos siete países es muy diferenciada desde diferentes puntos de vista: político, económico, cultural, etc.
En primer lugar, la situación política está bastante diferenciada. La entrega del poder se efectuó en estos países en formas diferentes, empezando con la transición pacífica e institucionalizada en Hungría, hasta llegar a casi la guerra civil y la situación caótica -aún llena de incertidumbre- en Rumania. Sin embargo, lo más característico es que la serie de elecciones que tuvo lugar entre marzo y junio de este año (1990) produjo líneas de ruptura en el interior de la misma región.
Por un lado, en la parte occidental de la antigua Europa del Este (que abarca a Polonia, la antigua RDA, Checoslovaquia, Hungría y Eslovenia -república integrante de Yugoslavia) llegaron al poder partidos demócrata-cristianos. La otra parte de la región (que incluye a Rumania, Bulgaria y la Unión Soviética) aún está en transición, existiendo mucha incertidumbre y falta de una plena legitimación interna. En las elecciones de Rumania y Bulgaria, por ejemplo, los sucesores de los partidos comunistas ganaron una representación mayoritaria en sus respectivos Parlamentos, pero el recién nacido sistema pluripartidista va a acelerar, sin duda -como escribe A. Szilassy (1990)-, la erosión del grupo en el poder.
Como apunta A. Saldívar (1990), hoy la mayoría de la población -desde la temprana apertura de Polonia, a mediados de los setenta, hasta la más reciente de la Unión Soviética- apoya con su voto los programas de liberalización económica, la reprivatización (desestatización) y la venta de empresas públicas. Pero la situación puede diferenciarse en estos países con la evolución de su situación económica. Aquí le dedicaremos un poco de espacio a dos de estos países: Polonia y Hungría.
La economía polaca ha dado pasos firmes en sus propósitos de implantar una economía de mercado. La liberación de precios en toda la economía es prácticamente un hecho en todos los sectores, llegándose incluso a eliminar los subsidios a los productos alimenticios. Como consecuencia de lo anterior, las medidas aplicadas recrudecieron las presiones inflacionarias: de una tasa anualizada de precios de 57.7% en 1988, se alcanzó un nivel de 270% en 1989 (Opalin, 1990).
Por otra parte, los ajustes económicos y sociales provocaron descenso en el PIB de Polonia: 3% en 1989, con un avance medio de 3.5% entre 1986 y 1988.
Otros elementos que frenan el avance económico de Polonia son su elevada deuda externa (40,000 millones de dólares al final de 1989, lo que significaba 53.2% del PIB) y el pago de su servicio (3,500 millones de dólares, equivalente al 41.5% de los ingresos por exportación de bienes y servicios, en 1989) (Opalin, 1990).
Otro país que nos puede servir de ejemplo de la situación en esta región es Hungría. Muchos consideran a este país como uno de los países líderes del proceso de cambio del sistema económico de Europa del Este, tal como ellos empezaron a manejar el concepto de economía de mercado, en 1968. Pero estos primeros pasos fueron parciales e inconsecuentes hasta fines de los setenta. Lo más característico de este país, además del proceso de privatización -bastante acelerado-, es su apertura al extranjero. La inversión extranjera tiene un trato preferencial. La tasa máxima con que se gravan las utilidades es de 40%, además de que el gobierno garantiza la transferencia de estas últimas al exterior en monedas "duras".
Todos estos cambios que se instrumentaron, motivaron la caída del producto nacional bruto (PNB) en 1988 y en 1989 (1.1% y 1.8%, respectivamente), frente a un avance de 4.1% en 1987, previéndose que decline 0.3% en este año (1990).
Por otra parte, la oferta interna de bienes se considera adecuada -sobre todo si se compara con la de otras naciones de Europa oriental- y la inflación ha cobrado fuerza con la eliminación de subsidios, la liberación de los precios controlados (70% en total), el desliz cambiario del florín (20% en 1989, pronosticándose una devaluación del 25% al 30% en 1990) y con el impacto de las transacciones en el mercado negro principalmente. También se prevé que el índice inflacionario de 1990 sea entre 20% y 25%, frente al 17% del pasado y un 7% de promedio anual en los tres años precedentes.
En otros aspectos, el programa de ajuste económico significa despedir del sector empresarial a 100,000 personas hasta fin de año (1990), sobre una base de 5 millones de población económicamente activa. Se estima que la modernización de la planta productiva implicará desemplear al 30% de la fuerza de trabajo (Opalin, 1990).
En las dos economías existen fuertes tendencias a la privatización y, asimismo, se muestra una clara apertura al influjo del capital extranjero, lo que indica regulacionales jurídicas preferenciales para este capital. Lo que falta en ambos países es consolidar el todavía poco desarrollado mercado de capitales, previéndose que el proceso de privatización de las empresas estatales se agilizará con la creación de las Bolsas de Valores, vía los impulsos emitidos por las agencias gubernamentales creadas para apoyar la privatización.
PROFUNDIZACIÓN DEL MERCADO COMÚN EUROPEO
La integración de la Comunidad Económica Europea es un desafío muy fuerte que tienen que enfrentar los pequeños países anteriormente socialistas. El hecho de quedarse fuera de la Comunidad implicaría la matginación inevitable de la Europa del Este.
Pero ésta no es la única preocupación de estos países. Como bien lo muestra el análisis de la situación de la Comunidad Económica Europea y sus relaciones económicas con América Latina y el Caribe, los paísesde la zona representaron apenas el 4.5% del total del comercio exterior comunitario durante 1989, en tanto que en 1965 habían representado el 8.2% de dicho intercambio (Pierde Presencia, 1990).
Sobre el proceso de profundización de los procesos de integración de los países de la CEE, tenemos el testimonio de los datos estadísticos que nos indican que durante un periodo de 11 años del que disponemos de datos (entre 1977 y 1987), la participación del comercio intracomunitario en el comercio de toda la Comunidad creció desde 51.4% hasta 58.5%, respectivamente (Estay Reyno, Riviera de la Rosa, 1989).
El proceso de cierre de los países de la Comunidad Económica Europea provoca también preocupación en los pequeños países de Europa del Este. Lo mejor que pueden esperar estos países es estar situados en el "tercer círculo" que describe A. Szilassy, como "periferias del primer orden" para las economías desarrolladas de los países de Europa occidental. Es posible que, con el tiempo, algunos de ellos se incorporen al organismo unido del Mercado Común Europeo. Vale la pena recordar que la Comunidad Económica Europea (CEE) está casi a punto de crear un mercado común europeo (en 1992) y una moneda única (en 1991). ¿Qué tan fuerte es el apoyo político del que gozan estos procesos puede ser ejemplificado por el caso de la ex-primer ministro británica, Margaret Thatcher, sobre quien se opina que uno de los más importantes factores de su caída había sido su postura muy reservada frente a los procesos de unificación de la Europa occidental.
PRÓXIMA CREACIÓN DE UNA NUEVA SUPERPOTENCIA ECONÓMICA: ALEMANIA UNIFICADA
No estoy de acuerdo con Pablo Gómez cuando escribe que "...la situación alemana es tal vez la más complicada y peligrosa. El mundo conoce el nacionalismo germano, y ha sufrido sus consecuencias trágicas. Una Alemania unida, bajo un programa que permita el desarrollo de la prepotencia nacional, afectaría los planes de integración de Europa, pero también sería una amenaza para varios países europeos (P. Gómez, 1990).
En mi opinión, el peligro no consiste tanto en las cuestiones políticas del nacionalismo alemán. Los tiempos de hoy no son favorables a los nacionalistas, sino más bien pertenecen a los transnacionales, y así lo decide la fuerza de un Estado. Como lo muestra muy bien A. Miller (1989, p. 207), Alemania -junto con Japón- mostraba en 1983 la más baja proporción del producto interno bruto dedicado a gastos militares (3.4%; Japón un 1%; mientras francia exhibía -por ejemplo- 4.2%, el Reino Unido un 5.6% y Estados Unidos un 6.9%), al mismo tiempo que presentaba uno de los más altos índices de mejoramiento en la productividad económica nacional para el periodo de 1973-1983: 2.3%; cuando Francia tenía un 2.2%; el Reino Unido un 1.4%; Estados Unidos un 1.4% y Japón un 2.8%.
La expansión actual de la antigua República Federal Alemana empezó en 1982 y ha completado ya su octavo año. Pese a que en otros periodos históricos de Alemania, y en la actual recuperación de otras economías desarrolladas, las fases de expansión cíclica se han caracterizado en su mayor parte por un conjunto de presiones y desequilibrios (cuellos de botella en la producción, crecimiento de los prcios, bajas tasas de ahorro, altos costos de financiamiento), hasta ahora no se han presentado señales de este tipo en la economía alemana y, a menos que existan problemas externos, se espera una expansión continua en la actividad económica de dicho país, dentro de un ambiente de baja inflación.
Como lo muestran los datos (por ejemplo: Tamayo Cruz, 1989), Alemania se convirtió en uno de los principales exportadores de capital en el mundo, y en una superpotencia en lo que se refiere a exportaciones (primer lugar en exportaciones en 1989). Estos hechos confirman la tendencia que acusa la economía alemana en ocupar un lugar prominente en el conjunto de los países capitalistas desarrollados. Y en lo que respecta específicamente a las relaciones económicas internacionales, durante la fase de expansión cíclica - que dio comienzo en 1982-, la posición externa de este país ha venido fortaleciéndose como consecuencia del aumento relativo de su productividad, la cual se hace palpable en el superávit de su balance comercial, el cual casi se triplicó de 1983 a 1987. Por otra parte, las exportaciones netas de capital crecieron curante este periodo casi diez veces, lo que convierte a Alemania -junto con Japón- en el mayor exportador mundial de capital (Tamayo Cruz, 1989).
No hay duda de que esta situación tiene que influir en la situación económica de los países de Europa del Este. Pienso que en un tiempo no demasiado largo, que estaría enmarcado por la incorporación de los territorios de la anteriormente llamada República Democrática Alemana dentro del sistema y espacio económico de una Alemania unificada, los países de Europa del Este se van a encontrar en rumbo a la expansión económica y no necesariamente política o militar de Alemania, lo que en cierto grado lo certifica el Acuerdo con Polonia sobre sus fronteras occidentales, firmado en el pasado mes de noviembre.
CONCLUSIONES
Al fin aparece la pregunta: ¿Qué importancia tienen estos fenómenos para los países de América Latina - México en particular?; y ¿Qué opiniones generales podemos concluir de estos procesos?
Según mi opinión, podemos resumirlo en tres puntos: