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La velocidad-ingreso de circulación del dinero (vicd) es una magnitud de referencia básica para instrumentar la política macroeconómica. En efecto, si se puede pronosticar su comportamiento futuro es posible predecir el nivel de ingreso nominal,1 dado el acervo monetario. Además, el análisis de esta función constituye una forma opcional al examen de la demanda de dinero; de hecho, la teoría ortodoxa postula que ambas funciones tienen como argumentos las mismas variables: el ingreso real y la tasa de interés.2
La forma en que las variaciones del ingreso real y de la tasa de interés afectan la vicd depende de las respectivas elasticidades-ingreso e interés de la demanda de saldos reales. Por tanto, el conocer los valores de estos parámetros –habida cuenta de que se verifica la existencia de una relación “estable” de largo plazo entre las variables implicadas– constituye una meta preliminar de cualquier investigación empírica de este tipo, tanto para contrastar la teoría en la que se basa el estudio, como para emplear las estimaciones con fines de predicción y/o instrumentación de una política monetaria más precisa. Esa será, justamente, nuestra labor inicial.
La relevancia de esta labor se afianza si consideramos que, si bien es un hecho ampliamente constatado que la demanda de dinero y la vicd dependen sistemáticamente de las variaciones del ingreso real (véase, por ejemplo, Galindo y Perrotini, 1996; Liquitaya y Xiqui, 1996; Dornbusch y Fischer, 1994; Parkin, 1995; Desai, 1989; Laidler, 1987, y Macesich y Tsai, 1982), las diversas estimaciones respecto a su magnitud para el caso de México acusan discrepancias notables.3 De modo análogo, aunque se corrobora en la mayoría de los estudios que las tasas de interés influyen en el comportamiento de dichas variables, las proporciones estimadas de su repercusión varían de “bajas” a “sensiblemente considerables” (véase, además de Kaldor, 1982, los autores antes citados).4
Una vez logrado nuestro propósito de estimar confiablemente el sentido y grado de conexión entre el ingreso real, la tasa de interés y la vicd suscitado en México durante los recientes 16 años (1980.1-1996.4), elaboraremos y evaluaremos un modelo econométrico final que permita estimar el grado en que los impulsos contemporáneos y rezagados de las variables explicativas afectan la vicd y, por tanto, sea susceptible de ser empleado como instrumento para pronosticar el comportamiento de esta variable al momento de definir o simular (por parte de las autoridades económicas o los académicos) las reglas de política de administración de la demanda.
La metodología que emplearemos corresponde a la corriente econométrica moderna. Aplicaremos principalmente el análisis de cointegración y el modelo de corrección de errores, hecho que trae consigo, a partir de la formulación del modelo estadístico general (meg), la estimación y evaluación del modelo econométrico final (de corrección de errores) respecto a su capacidad de simulación y de pronóstico. Esto significa que nuestro modelo deberá satisfacer varios requisitos, entre los que se cuentan su capacidad de reproducir adecuadamente el comportamiento de los datos, cumplir con la condición de exogeneidad, estabilidad estructural de los coeficientes y concordancia de los mismos respecto a la teoría propuesta, tanto en lo relativo a la magnitud como en el sentido de las relaciones entre las variables.
El documento se encuentra dividido en tres secciones. En la sección I exponemos en detalle el modelo de análisis formal expresado en términos de niveles En la sección II definimos el orden de integración de las series implicadas en el estudio, y realizamos el análisis empírico del modelo con base en el procedimiento de Johansen y el método de mínimos cuadrados ordinarios (mco) aplicados al modelo de vectores autorregresivos (var). Efectuamos luego las pruebas de no causalidad de Granger para establecer la existencia o ausencia de exogeneidad fuerte de la tasa de interés respecto a la vicd. Realizamos también la aproximación al “proceso generador de información”, empleando la metodología denominada de lo general a lo específico, con la que definimos el modelo de corrección de errores, y concluimos la sección con las pruebas de diagnóstico necesarias para validar el modelo. Por último, elucidamos nuestras conclusiones.
I. El modelo teórico
1. Precisiones sobre la noción de velocidad-ingreso del dinero
La noción de la velocidad-ingreso del dinero empleada en este documento se fundamenta en la teoría
cuantitativa del dinero (tcd). Su formulación y análisis se desprende de la clásica ecuación
de cambio de I. Fischer que, en una variante de su simbología propuesta, se expresa del siguiente modo:
|
|
(1) |
donde:
representa
la cantidad de dinero; Vt es la velocidad-ingreso de circulación del dinero; Pt es el nivel general de precios
y Yt es el producto real. De acuerdo con ésta, la velocidad-ingreso del dinero se obtiene de dividir PtYt
(el producto nominal) entre el acervo monetario:
|
|
(2) |
Para establecer la ecuación fundamental, definimos la función de demanda de saldos monetarios nominales con base en la especificación de Cagan (1956). De acuerdo con nuestras estimaciones de diversas formas funcionales ésta parece ser la más adecuada para examinar con datos trimestrales el caso mexicano, y concuerda con el seminal estudio de Galindo y Perrotini (1996):5
|
|
(3) |
donde
es la
demanda de saldos monetarios nominales y et denota al logaritmo natural.
Remplazando (3) en (2), luego de establecer la condición de equilibrio en el mercado monetario, obtenemos la función de la velocidad de circulación del dinero:
|
|
(4) |
Después de aplicar los logaritmos naturales se llega a:
|
|
(5) |
donde las letras minúsculas denotan logaritmos naturales de las respectivas variables, expresadas en mayúsculas.
De acuerdo con (5), la velocidad de circulación del dinero es función
del ingreso nacional real, yt, y del costo de mantener dinero en efectivo, medido por la tasa de interés
Rt. La proporción en que el ingreso real afecta a vt depende de la elasticidad-ingreso
de la demanda de dinero. La teoría postula que ésta es igual a la unidad (b=1), lo que implicaría
que los cambios en el ingreso real no afectan a vt. No obstante, si dicha elasticidad es menor a la unidad (0 <
b < 1), tendríamos que vt se eleva al aumentar el ingreso real. Respecto a Rt, un incremento
de ésta hace que disminuya la demanda de saldos reales y, por ende, aumente vt. Sin embargo,
la evidencia observada en varios países (véase Laidler, 1987; Macesich y Tsai, 1982) además
de México (véase Galindo y Perrotini, 1996; Liquitaya y Xiqui, 1996) permite establecer que la elasticidad
o la semielasticidad de la demanda de saldos reales respecto a la tasa de interés es baja (resultando en
algunos casos estadísticamente no significativa), por lo cual se espera que 0
c < 1.6
Existen, empero, algunos aspectos por dilucidar que surgen del marco teórico
de este modelo; además se observan limitaciones metodológicas que dimanan de la visión tradicional
de la econometría.
En el plano teórico se asume, como algo válido en todo tiempo y en todas partes, la existencia de
una relación de largo plazo entre vt, yt y Rt en términos de niveles,
y que ésta adopta una forma específica, como la que señalamos por medio de las restricciones
a priori.
Desde un punto de vista econométrico, se asume el axioma de especificación correcta, en el que las series económicas son no aleatorias y sólo el término error contiene propiedades estadísticas. Sin embargo, la metodología econométrica moderna reconoce que las propias series económicas contienen propiedades estocásticas, y este hecho debe traer consigo el empleo de diversos métodos y aplicaciones según un marco más general. Dicho marco supone la existencia de un proceso generador de información (pgi) al que se pretende representar aproximadamente con base en la especificación y estimación de un modelo adecuado en el que los postulados teóricos y la evidencia empírica tienen una importancia similar.
Son estas interrogantes teóricas y dificultades econométricas las que trataremos de disipar a la luz de la evidencia empírica. Para tal efecto, aplicaremos el análisis de cointegración, el cual nos permitirá establecer la existencia (o ausencia) de una relación de largo plazo entre las variables implicadas. A continuación, realizaremos la prueba de causalidad de Granger, aspecto básico para validar las inferencias estadísticas y obtener proyecciones y simulaciones de política adecuadas (Galindo, 1995a). Posteriormente seleccionaremos el modelo econométrico final, que incluirá el mecanismo de corrección de errores,7 a partir del modelo estadístico general (meg) mismo que, formalmente, se expresa del siguiente modo:
|
|
(6) |
donde
denota primeras diferencias y mce es el mecanismo de corrección de errores.
En otros términos, llevaremos a cabo un proceso de reducción por medio de transformaciones y reparametrizaciones
hasta que ésta (reducción) resulte admisible para los datos del meg. En concordancia con la metodología
de la econometría moderna, evaluaremos la plausibilidad de nuestro modelo final (respecto a si constituye
o no una aproximación adecuada del pgi) con base en las denominadas pruebas de diagnóstico.8
II. Análisis empírico
1. Orden de integración de las series
La información que empleamos en el estudio es la proporcionada por el Instituto Nacional de Estadística,
Geografía e Informática en su forma original (esto es, sin desestacionalizar). Calculamos Vt como
una resultante de dividir el nivel de precios (índice general de precios al consumidor) multiplicado por
el producto interno bruto real (pibr) entre M2, que es la suma de M1 (billetes y monedas más cuentas de
cheques en moneda nacional y extranjera) más instrumentos bancarios líquidos (instrumentos con vencimiento
de hasta un año de plazo y aceptaciones bancarias). Elegimos M2 en lugar de M1 –que antes se empleaba con
mayor frecuencia para los estudios monetarios– debido a su mayor estabilidad y porque actualmente parece ser la
definición más cercana al concepto de medio de pago ya que, por ejemplo, se pueden girar cheques
contra cuentas de depósitos, hecho ya usual en México.
La tasa de interés, Rt, la representamos con el rendimiento nominal anualizado de los certificados de tesorería (Cetes) a un plazo de tres meses. Con excepción de Rt , las variables se expresan en logaritmos naturales. Todas son de periodicidad trimestral y abarcan el lapso 1980.1-1996.4.
La gráfica 1 nos muestra en logaritmos la serie de la velocidad-ingreso del dinero. En ella se observan sus persistentes movimientos de baja y alta desde los inicios de los años ochenta, aunque con una tendencia ascendente de 1980 a 1988.2 y un declive entre 1988.3 y 1992.1. Ulteriormente se registra una relativa estabilidad en la evolución de vt hasta la postrera observación (1996.4).

Como podemos advertir, existe un problema palmario de varianza, aunque no de tendencia, ya que vt parece oscilar en torno a su media (1.437). El primero de estos aspectos sugiere que la serie no es integrada (es decir, no es estacionaria), lo cual se corrobora a partir del respectivo correlograma (cuadro A.1 del apéndice), donde se aprecia que la función de autocorrelación cae muy lentamente, y que las probabilidades asociadas a los valores del estadístico Q de Ljung-Box (menores a 0.05) indican que los residuales no son ruidos blancos.9
La prueba de Dickey-Fuller aumentada (ADF(4)) a las primeras diferencias permite establecer que el orden de integración de vt es I(1) (véase al respecto la gráfica A.1 del apéndice, donde se aprecia que las primeras diferencias son I(0)). Procedimiento análogo aplicado a yt y Rt indica que también son series no estacionarias de orden I(1) (véase el cuadro 1). Dichos resultados concuerdan con los obtenidos por Galindo (1997b) y Galindo y Perrotini (1996) para un periodo menor (1980.1-1994.4),10 y plantean la necesidad de establecer si efectivamente se cointegran, en cuyo caso se garantiza la obtención de estimadores insesgados y se resuelve el problema de las regresiones espurias (Galindo y Perrotini, 1996, pp 348-349).
|
Variables |
ADF(4)* |
|
vt |
-0.3983 |
|
Dvt |
-2.8767** |
|
yt |
1.1628 |
|
Dyt |
-3.5275** |
|
Rt |
-0.8021 |
|
DRt |
-3.1535** |
| * Prueba de Dickey-Fuller, aumentada con 4 rezagos. ** Denota rechazo de la hipótesis de no integración al nivel de significación del 1 por ciento. |
|
2. Análisis de cointegración de vt, yt y Rt
En el cuadro 2 se muestran las estimaciones de la ecuación (6) con base en el procedimiento de Johansen. Advertimos la existencia de un vector de cointegración entre vt, yt y Rt, es decir, una relación de equilibrio de largo plazo entre estas variables.
|
Valor crítico |
||||
|
Valor propio |
Cociente |
5% |
1% |
Núm. de CE(s) |
|
0.310223 |
27.60246 |
24.31 |
29.75 |
No ** |
|
0.037167 |
4.205059 |
12.53 |
16.31 |
Al menos 1 |
|
0.028458 |
1.818889 |
3.84 |
6.51 |
Al menos 2 |
| * El var incluye cuatro rezagos. ** Denota rechazo de la hipótesis al nivel de significación de 5% (1%). La prueba indica una ecuación de cointegración al nivel de significación de 5 por ciento. |
||||
Normalizando el primer vector de cointegración como una ecuación de velocidad-ingreso de circulación
del dinero tenemos (véase el cuadro A.2 del apéndice):
vt = 0.133069yt + 0.006998Rt (7)
lo que implica que la demanda de saldos monetarios reales asume la siguiente relación:
(m – p)t = 0.866931yt – 0.006998Rt . (8)
A su vez, la aplicación del método de mínimos cuadrados ordinarios (mco) al modelo de vectores
autorregresivos (var), con cuatro rezagos, arroja las siguientes estimaciones de las elasticidades de largo plazo:11
vt = 0.126251yt + 0.0081159Rt (9)
R2 = 0.9583.
Con lo que tendríamos que la función de demanda de dinero se expresa del siguiente modo:
(m – p)t = 0.873749yt – 0.0081159Rt . (10)
Los valores de las elasticidades-ingreso y semielasticidades-interés de la demanda de dinero en (8) y (10)
son muy cercanos a los que Galindo y Perrotini (1996) obtuvieron con base en los mismos procedimientos que aquí
empleamos (el de Johansen y el de mco al modelo var), lo cual refuerza la confiabilidad de nuestras estimaciones.12
Respecto a los coeficientes en las ecuaciones (7) y (9), podemos observar que la vicd tiene una elasticidad-ingreso positiva, aunque no muy elevada (entre 0.12 y 0.13); sin embargo, este hecho refuta la postura monetarista de que la demanda de saldos reales varía de manera equiproporcional al ingreso real. Advertimos también que la vicd reacciona sistemáticamente a las variaciones de la tasa de interés en un sentido concordante con la teoría, aunque en este caso los bajos valores estimados de su semielasticidad parecen corroborar el postulado monetarista de que la demanda de dinero es, cuando más, poco sensible a dicha variable. De cualquier modo, este hallazgo refrenda un cierto grado de eficacia de la política fiscal para influir en el nivel de ingreso nominal.13
Un aspecto básico que legitima la plausibilidad de realizar inferencias estadísticas con base en el modelo es la existencia de exogeneidad, lo cual significa que los agentes actúan contingentemente sobre la información disponible. Este es un punto crucial que a continuación evaluaremos.
3. Pruebas de exogeneidad fuerte14
En el cuadro 3 se observan los resultados de las pruebas de Granger empleando de 6 a 12 rezagos (1.5 a 3 años). En la terminología estadística, que es más apropiada para este análisis, indican que Rt ayuda a predecir de modo unidireccional a vt en el sentido de disminuir su varianza de pronóstico. Tal evidencia refrenda la importancia decisiva que R tiene como variable que explica el comportamiento de vt y, por ende, como objeto de atención central para regular las variaciones futuras de aquélla15 y apuntala la viabilidad del modelo como instrumento para pronosticar el comportamiento de esta variable y emplearlo de modo optativo a un modelo de demanda monetaria. Además, constituye una guía clave para la instrumentación de la política antinflacionaria, por cuanto la relación entre el acervo monetario y los precios está mediada por la velocidad-ingreso del dinero (Galindo, 1997b).
4. La aproximación al proceso generador de información
De modo concomitante con lo indicado en la sección 1 utilizamos el procedimiento
denominado “de lo general a lo específico” para obtener el modelo econométrico final a partir del
modelo estadístico general:
Dvt = –0.410829Dyt – 3 + 0.000633DRt
– 0.000815DRt –1 – 0.00104DRt – 2 – 0.001356DRt – 3 – 0.000711DRt – 4
–0.174171MCEt – 1 (11)
| R2 = 0.5775; RSS = 0.056; D–W = 1.879; F = 12.756 (P = 0.0000); J–B: P = 0.230; LM(1): P = 0.671; LM(2): P = 0.798; LM(3): P = 0.912; LM(4): P = 0.923; ARCH(1): P = 0.961; ARCH(2): P = 0.290; ARCH(3): P = 0.329; ARCH(4): P = 0.417; White(nc): P = 0.862; White(c): P = 0.0503; Reset(1): P = 0.570; Reset(2): P = 0.526; pruebas de Chow (1986.4 a 1987.3): P = 0.439, P = 0.904; P = 0.904; P = 0.919, respectivamente.16 |

Para que exista coherencia respecto a los datos es también necesaria la
ausencia de autocorrelación y de heteroscedasticidad. Al respecto, las pruebas de Breusch-Godfrey LM(i);
i = 1,…4, rechazan la existencia de correlación serial hasta de cuarto grado y las pruebas ARCH(i); i =
1,…4, y White sin términos cruzados (nc) y con términos cruzados (c) rechazan el problema de heteroscedasticidad;
por tanto, se puede argüir que en las perturbaciones no existe información sistemática no explicada
por las variables ya incluidas y que los estimadores son lineales insesgados óptimos (ELIO) y de mínima
varianza.
• El modelo tiene las propiedades estadísticas de exogeneidad necesarias. Este es un requisito para
que los estimadores mco sean consistentes al no existir relación entre las variables explicativas y el término
de error. Respecto a este punto, nuestro modelo admite la existencia de exogeneidad fuerte, lo que permite realizar
inferencias estadísticas válidas. Además, la información contenida en el mismo permite
pronosticar adecuadamente el comportamiento de la vicd, como observamos en la gráfica 2, donde los valores
estimados son muy cercanos a los datos reales.
• El modelo es admisible respecto a los datos. Esta condición es relativa a la estabilidad de los
parámetros, que a su vez es consistente con el supuesto de exogeneidad débil, y conlleva a predicciones
y simulaciones más adecuadas. A propósito, las pruebas gráficas Cumulative Sum, CUSUM y CUSUM
Q (véase las gráficas 3 y 4) revelan estabilidad estructural de los parámetros. Este aspecto
se refrenda con la prueba de Chow aplicada a los trimestres críticos (986.4 a 1987.3) que advertimos en
dichas gráficas. En efecto, no se rechaza la hipótesis de permanencia estructural en ninguno de los
cuatro trimestres definidos como puntos de posible ruptura (los valores de las probabilidades asociadas a las pruebas
de Chow entre 1986.4 y 1987.3 son, respectivamente: 0.439, 0.904, 0.904 y 0.919).
![]() |
|
Conclusiones
|
Autocorrelación |
Correlación parcial |
AC |
PAC |
Q-estadístico |
Prob |
||||||
|
. |
|******* | | |
. |
|******* | | |
1 |
0.942 |
0.942 |
63.104 |
0.000 |
|
|
. |
|******* |
.* |
| | . | | |
2 |
0.879 |
-0.084 |
118.80 |
0.000 |
|
|
. |
|****** |
.* |
| | . | | |
3 |
0.802 |
-0.146 |
165.95 |
0.000 |
|
|
. |
|****** | | |
. |
|* | . | | |
-4 |
0.737 |
0.066 |
206.31 |
0.000 |
|
. |
|***** | | |
** |
| . | | |
5 |
0.641 |
-0.313 |
237.34 |
0.000 |
|
|
. |
|**** | | |
. |
| . | | |
6 |
0.549 |
-0.007 |
260.51 |
0.000 |
|
|
. |
|**** | | |
. |
| | * | | |
7 |
0.469 |
0.112 |
277.66 |
0.000 |
|
. |
|*** | | |
. |
| . | | |
8 |
0.398 |
-0.054 |
290.22 |
0.000 |
|
|
. |
|** | | |
.* |
| . | | |
9 |
0.319 |
-0.081 |
298.43 |
0.000 |
|
|
. |
|** | | |
.* |
| . | | |
10 |
0.235 |
-0.104 |
302.95 |
0.000 |
|
|
. |
|*. | | |
. |
| . | | |
11 |
0.162 |
0.000 |
305.13 |
0.000 |
|
|
. |
|*. | | |
. |
| . | | |
12 |
0.099 |
0.011 |
305.96 |
0.000 |
|
|
. |
| . | | |
** |
| . | | |
13 |
0.018 |
-0.239 |
305.99 |
0.000 |
|
|
. |
| . | | |
. |
|*. | | |
14 |
-0.053 |
0.095 |
306.23 |
0.000 |
|
|
.* |
| . | | |
. |
| . | | |
15 |
-0.115 |
0.001 |
307.42 |
0.000 |
|
|
.* |
| . | | |
. |
| . | | |
16 |
-0.157 |
-0.007 |
309.66 |
0.000 |
|
|
** |
| . | | |
.* |
| . | | |
17 |
-0.217 |
-0.154 |
314.06 |
0.000 |
|
|
** |
| . . | | |
*. |
| | | |
18 |
-0.253 |
0.158 |
320.18 |
0.000 |
|
|
** |
| . | | |
.* |
| . | | |
19 |
-0.289 |
-0.097 |
328.28 |
0.000 |
|
|
*** |
| . | | |
** |
| . | | |
20 |
-0.322 |
-0.232 |
338.59 |
0.000 |
|
|
*** |
| . | | |
.* |
| . | | |
21 |
-0.380 |
-0.140 |
353.22 |
0.000 |
|
|
*** |
| . | | |
. |
|*. | | |
22 |
-0.424 |
0.079 |
371.78 |
0.000 |
|
|
**** |
| . | | |
. |
| . | | |
23 |
-0.451 |
0.038 |
393.32 |
0.000 |
|
|
**** |
| . | | |
. |
| . | | |
24 |
-0.468 |
-0.041 |
416.98 |
0.000 |
|
|
**** |
| . | | |
. |
|*. | | |
25 |
-0.481 |
0.106 |
442.63 |
0.000 |
|
|
**** |
| . | | |
. |
| . | | |
26 |
-0.481 |
0.049 |
468.88 |
0.000 |
|
|
**** |
| . | | |
.* |
| . | | |
27 |
-0.461 |
-0.062 |
493.54 |
0.000 |
|
|
*** |
| . | | |
.* |
| . | | |
28 |
-0.435 |
-0.070 |
516.08 |
0.000 |
|
| a Número de rezagos incluidos: 28. | |||||||||||
![]() |
|
|
vt |
yt |
Rt |
| 1.000000 | –0.133069 | –0.006998 |
| (0.00737) | (0.00130) | |
| Log máximo verosímil 130.3502 | ||
|
Valor crítico |
||||
|
Valor propio |
Cociente |
5% |
1% |
Núm. de CE(s) |
|
0.329521 |
50.61659 |
39.89 |
45.58 |
No * |
|
0.219223 |
25.43156 |
24.31 |
29.75 |
Al menos 1 |
|
0.141643 |
9.841208 |
12.53 |
16.31 |
Al menos 2 |
|
0.003469 |
0.218915 |
3.84 |
6.51 |
Al menos 3 |
| a La prueba indica que existen
dos ecuaciones de cointegración al nivel de significación del 5 por ciento. b El var incluye cuatro rezagos. * Denota rechazo de la hipótesis al nivel de significación del 5% (1 por ciento) |
||||
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
NOTAS
|
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