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Lester C. Thurow. El futuro del capitalismo,
primera edición en inglés, William Morrow & Co.Inc. Traducción de Federico Villegas, buenos aires, Javier Vergara Editor, 1996, 376 pp.
Cristian Leriche
Departamento de Economía, UAM-Azcapotzalco

Proyectar las tendencias actuales hacia el futuro es siempre erróneo,
ya que tales proyecciones pasan por alto los puntos críticos
en los acontecimientos humanos.
L. C. Thurow, El futuro del capitalismo, p. 17.

Cada uno de los principales protagonistas del mundo
sabe conscientemente lo que necesita hacer pero no puede actuar
de manera racional.
Lester C. Thoruw, op. cit., p. 333.

El tema central de este libro fue presentado por su autor en el programa de conferencias de Castle Lectures sobre ética, política y economía en la Universidad de Yale, en 1995-1996. Estas conferencias promueven la reflexión interdisciplinaria sobre los fundamentos de la moral, el gobierno y la sociedad. El libro intenta, en palabras de su autor:

Comprender el movimiento de las placas tectónicas que se hallan debajo de la superficie visible de nuestra economía, de modo que sea posible para aquellos que comprenden lo que les está sucediendo planear en una nueva dirección que les permita sobrevivir y prosperar. Los periodos de equilibrio interrumpido ofrecen muchos territorios nuevos, aunque inexplorados. Son periodos emocionantes. En tiempos normales, cuando casi todo lo que se puede explorar ha sido explorado, la topología no es tan interesante (Thurow, 1996, pp. 32-33).

Sin duda el tema de este ambicioso libro del economista estadunidense Thurow llama la atención y pone en el centro del interés el problema del futuro del capitalismo. Destaca el enfoque interdisciplinario para hacer frente al desafío intelectual que significa analizar el posible capitalismo del siglo xxi. El autor anota:

Las verdades eternas del capitalismo –el crecimiento, el pleno empleo, la estabilidad financiera, el aumento de los salarios reales, el dejar operar los mercados– parecen haberse esfumado, así como los enemigos del capitalismo. Algo dentro del capitalismo ha cambiado para causar estos resultados. Si el capitalismo pretende sobrevivir algo tiene que ser modificado para alterar estos resultados inaceptables. ¿Pero qué es ese “algo”? ¿Y “cómo” puede modificarse? Al final del proceso un nuevo juego, con nuevas reglas, requerirá nuevas estrategias para prosperar. Algunos de los jugadores actuales se adaptarán y aprenderán cómo ganar en esta nueva partida. Los ganadores serán aquellos que comprendan el movimiento de las placas tectónicas de la economía. Serán los individuos, las empresas comerciales o las naciones “más aptas”. Históricamente llegarán a ser considerados el equivalente económico de los mamíferos (p. 22).

La respuesta a ese “algo” se encuentra, en opinión del autor, “en las interacciones de las nuevas tecnologías e ideologías. Éstas son las fuerzas que orientan el sistema económico en nuevas direcciones. Juntas están produciendo una nueva estrategia económica con reglas nuevas que requieren nuevas tácticas para ganar (p. 17).

Sin embargo, el autor considera inescrutable el “cómo”. Si no existen otras ideologías que sean competitivas con el actual capitalismo, es decir, si el fascismo, el socialismo, el comunismo, incluso el Estado benefactor están derrotados o en retirada, entonces, “¿cómo hace un sistema que considera que hace falta la competencia para hacer que las empresas sean eficientes dentro del capitalismo si el sistema en sí no tiene competidores?” (pp. 17-18).

El autor destaca la problemática de la ideología:

¿Qué hace el capitalismo para adaptarse a las nuevas circunstancias cuando no existen amenazas externas del comunismo ni amenazas internas del socialismo? Sin ideologías alternativas que prescriban cómo se podrían manejar las economías sobre la base de principios diferentes, ¿qué les impide a las élites que manejan el sistema introducir los cambios necesarios para enfrentar un mundo diferente? Ha habido otros periodos en los cuales el sistema social predominante no tenía competidores: el Antiguo Egipto, la Roma Imperial, la Edad Media feudal, Japón hasta que llegó el almirante Perry, el Reino Medio de la China. En todas estas situaciones el sistema social predominante perdió su capacidad de adaptación. A medida que la tecnología y las ideologías cambiaron, ninguno de ellos se pudo mantener unido, ni se volvió a unir (pp. 18-19).

En la actualidad tenemos un mundo muy diferente al de los años setenta: el primer mundo es el único ganador y sin competidores, el segundo mundo fracasó al no poder crear al nuevo ser humano. Los valores individuales se impusieron sobre los valores sociales; el comunismo soviético se derrumbó. El llamado Tercer Mundo también se ha desdibujado con grandes desequilibrios regionales.

Thurow realiza una analogía entre la economía y las ciencias de la geología y de la biología. Utilizando los conceptos de placas tectónicas de la primera y de equilibrio interrumpido de la segunda, los aplica para comprender el nuevo mundo económico. Las “placas tectónicas” generan fuerzas que se pueden mover con lentitud o con rapidez. El “magma” que está por debajo de la superficie puede eclosionar de manera violenta. Así, puede surgir un periodo de equilibrio interrumpido:

Normalmente, la evolución procede a un ritmo tan lento que no es perceptible en una escala de tiempo humana. El extremo superior de la cadena alimenticia, “la especie más apta para la supervivencia”, por lo general sólo llega a ser más dominante y fuerte. Pero ocasionalmente ocurre algo que los biólogos conocen como “equilibrio interrumpido”. El medio cambia repentinamente y las especies que habían sido dominantes rápidamente desaparecen para ser remplazadas por otras. La evolución da un salto cuántico. La selección natural, que normalmente opera sobre los márgenes, repentinamente altera el núcleo del sistema.” Y más adelante agrega: “Durante los periodos de equilibrio interrumpido todo está en fluctuación; el desequilibrio se convierte en la norma ¡y reina la incertidumbre!” (pp. 21 y 22).

El actual periodo de equilibrio interrumpido es el resultado del movimiento de cinco placas tectónicas de la economía: i ) el fin del comunismo; ii ) un cambio tecnológico hacia una era dominada por las industrias basadas en la capacidad intelectual del hombre; iii ) una demografía nunca antes vista; iv) una economía global, y v) una era donde no existe un poder económico, político o militar dominante (véase los capítulos 3 al 7 de libro).

El desplazamiento tectónico “es causado por las corrientes en el núcleo fundido de la Tierra, su magma. Las corrientes dentro de este magma fundido provocan el movimiento de las placas continentales. Del mismo modo, las cinco placas tectónicas que determinan la configuración de nuestro mundo económico flotan sobre una mezcla fluida de tecnología e ideología. Los cambios y las interacciones entre estas dos fuerzas crean las corrientes que hacen colisionar entre sí las placas tectónicas de la economía” (p. 24).

Según esta analogía el autor indica que:

En los periodos de equilibrio interrumpido, las ideologías y tecnologías, nuevas y viejas, no compiten. Antes de que se pueda restablecer una buena fusión económica, las dos deben llegar a ser compatibles o coherentes. Éste es un proceso complicado, ya que lo que es posible depende mayormente de lo que creemos. Las creencias filtran las experiencias, condicionan las visiones de la realidad y modifican las tecnologías que serán desplegadas. Pero las nuevas tecnologías modifican las creencias así como ofrecen nuevas opciones... Las sociedades florecen cuando las creencias y tecnologías son congruentes y declinan cuando los cambios inevitables en las creencias y tecnologías llegan a ser incongruentes. Esta realidad se puede apreciar analizando la historia de las sociedades exitosas del pasado, muchas de ellas construidas sobre valores muy diferentes y manejadas sobre la base de principios muy diferentes de los que hoy existen. Pero todas ellas necesitaron de esta congruencia para tener éxito (p. 25). Una de las enseñanzas de la historia es que las opciones rara vez son directas y racionales (p. 29).

Si concibiéramos el capitalismo como un todo, uno se podría preguntar de qué manera puede responder a sus desafíos fundamentales. Thurow señala que el capitalismo, al tiempo que ha vencido a sus competidores históricos, sus posibilidades de responder al bienestar social de las mayorías son cada vez menores. “El capitalismo necesita desesperadamente lo que su propia lógica interna dice que no tiene que hacer.” El reto fundamental es pues la necesidad de inversiones de largo plazo de carácter comunitario: la investigación y el desarrollo, la educación y la infraestructura; la ideología del individualismo radical de gaste hoy y pague después; de déficit fiscales con gobiernos menos interesados en el futuro.

Las grandes empresas del capitalismo de hoy, generando valores de deslealtad mutua entre contratantes y contratados, son incapaces de afianzar y perfeccionar su único activo estratégico: la fuerza laboral calificada. Los naciones-Estado pierden efectividad en sus normas y reglas institucionales, que se desdibujan en una economía global donde las empresas se pueden mover con libertad. Pero las organizaciones internacionales no han aprendido a vivir en un mundo multipolar sin un poder dominante.

El equilibrio económico entre regiones está suspendido sobre bases endebles. La relación entre el Oriente y los Estados Unidos, y de éste con el resto de América (en particular Canadá y México), se apoya en el gran déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos del propio Estado Unidos. El pronóstico de Thurow es que esta circunstancia de déficit comercial no puede ser eterna. Los cambios que significaría la eliminación de este saldo rojo es que habría un sismo en las corrientes comerciales y financieras mundiales de grandes proporciones, arrastrando consigo las economías del Sudeste Asiático, China y México. Y el Japón no estaría exento de más problemas.

El autor se pregunta: si la utopía no está presente, el socialismo está en bancarrota y la economía benefactora se ha deteriorado, “¿de dónde vendrán las visiones de una sociedad humana mejor? Si no existen, ¿qué sucederá con nuestras sociedades actuales? ¿Acaso se ha perdido la capacidad que más necesitan todas las sociedades humanas, la capacidad de adoptar y de adaptar?” (p. 31). La respuesta de los fundamentalistas religiosos y de la violencia étnica son desviaciones peligrosas, pero comprensibles en una etapa de incertidumbre como la actual.

La democracia y el sistema económico no son congruentes. La ideología política de la democracia es la igualdad de los votos, y la ideología del capitalismo que justifica la desigualdad del poder económico, continúan en conflicto. Durante años esta contradicción fue tratada con las utopías del socialismo y de la economía benefactora, pero ahora “las inversiones sociales, como la educación, están siendo desplazadas de los presupuestos de gobierno para afrontar el pago de pensiones y coberturas de salud para los ancianos. La ideología de la inclusión se está agotando, para ser remplazada por un revival capitalista de la “supervivencia del más apto” (p. 31).

Así, Thurow propone en su análisis histórico aplicado al capitalismo de hoy en día que:

Cuando la tecnología y la ideología no se combinan armoniosamente, el magma económico fluctúa. Las placas tectónicas chocan violentamente entre sí y los volcanes erupcionan, los terremotos sacuden la corteza de la Tierra, las montañas se elevan y los valles se hunden. Las especies más aptas, que han estado en el extremo superior de la cadena alimenticia, se baten desesperadamente al borde de la extinción tratando de retomar el río que ya no está allí. Los márgenes del río cambian; las corrientes fluyen en nuevas direcciones. Ha comenzado una era de equilibrio interrumpido (p. 32).

Thurow describe la situación del capitalismo actual del siguiente modo:

La superficie económica de la Tierra, la distribución del ingreso y de la riqueza se están rehaciendo ahora de manera radical. Los perdedores económicos son vomitados desde un volcán social llamado fundamentalismo religioso. Un terremoto económico sacude la economía mexicana. La economía de la China crece; la de Japón declina. El crecimiento mundial se retrasa dramáticamente. Los salarios reales caen para la mayoría de los norteamericanos. Europa no puede crear nuevos puestos para sus jóvenes. Las viejas estrategias económicas de éxito (concentradas en las necesidades de la clase media) fracasan. Nadie sabe qué es lo que el consumidor va a necesitar comprar y no comprar, utilizando la compra electrónica. Los directores ejecutivos de las principales compañías pierden sus puestos en proporciones nunca antes vistas. Ha comenzado una era de equilibrio interrumpido (p. 32).

En esta argumentación de Thurow la necesidad de una transformación revolucionaria del capitalismo puede ser sostenida como algo deseable; sin embargo, cuáles serían las creencias que sostendrían tales cambios, qué ideología alternativa al capitalismo existe y mediante la cual la gente actúe. “Las democracias reaccionan bien ante las crisis, toda vez que las crisis concentran la atención de todos en los mismos problemas y se exigen medidas urgentes. Sin una crisis que concentre la atención del público, las democracias casi nunca actúan...”. El capitalismo como un todo no está viviendo una gran crisis; sus cambios se han dado en el último cuarto de siglo y las fuerzas que los han provocado son de un gran poder y son resistentes a los efectos de las políticas económicas. Se requieren modificaciones estructurales masivas. “Pero, desde luego, esto es lo que las democracias hacen menos bien. Cuando las democracias se ven obligadas a entrar en acción, en lugar de hacer cambios radicales y avanzar hacia un óptimo mundial, suelen seguir la línea de menor resistencia hacia los niveles óptimos locales. Con la evolución normal, ésta es una estrategia correcta. Pero en un periodo de equilibrio interrumpido no lo es. Los niveles óptimos locales, la línea de menor resistencia, a menudo alejan en lugar de conducir hacia los óptimos globales” (p. 327).

En la esfera mundial se observa una creciente desigualdad social. El capitalismo está presionando a todos sus trabajadores a trabajar y a producir más por menos. Los ganadores son una minoría que puede ser denominada clase superior. Los antiguos sostenedores del sistema –principalmente la clase media– son cada vez más afectados por los recientes cambios económicos y por tanto se puede presumir que tarde o temprano responderán.

Pero a cierta altura, algo surgirá para desafiar al capitalismo y esto necesitará el apoyo político de más de un pequeño grupo de individuos que en la actualidad poseen cantidades sustanciales de capital. ¿De dónde provendrá ese apoyo?... El principal remedio para las desigualdades
en el pasado ha perdido efecto... Las nuevas tecnologías están destacando la importancia de las inversiones sociales en infraestructura, educación e investigación, mientras los valores se están orientando hacia una mayor individualidad con mucho menos interés social en las inversiones comunitarias. Se está predicando una versión más cruda del capitalismo de la supervivencia, precisamente cuando el sistema económico está descubriendo los incrementos de productividad que pueden surgir del trabajo en equipo. La creencia en que el sistema capitalista es perfecto y no necesita respaldo social ha vuelto precisamente cuando hay que inventar un nuevo capitalismo sin capital poseíble (pp. 328 y 329).

El desafío actual no se sitúa en las políticas públicas, sino en darnos cuenta de “que el mundo ha cambiado y que nosotros debemos cambiar con él. Adoptar las políticas apropiadas, una vez que se ha reconocido intelectual y emocionalmente la necesidad del cambio, es la parte más fácil de la tarea. Existen muchas políticas públicas posibles para planear de aquí a entonces. Lo primero que tenemos que hacer es imaginar dónde está el ‘entonces’ y luego crear un sentido de la urgencia para llegar hasta allí” (p. 329).

El momento que vive el capitalismo es el de generar una ideología del constructor en sustitución de la ideología del consumo.

El individuo que invierta en la que probablemente será la capacidad más valiosa que cualquier hombre puede adquirir, la capacidad de operar en una economía global, no se verá forzado a sacrificar el consumo, sino a desarrollar una serie de habilidades que le proporcionarán más placer que cualquier artículo de consumo ... Los verdaderos héroes del futuro no serán los capitalistas de Adam Smith ni los pequeños empresarios que los políticos suelen elogiar, sino aquellos que construyan nuevas industrias. Ellos estarán dispuestos a soportar las dificultades fuera de los límites de la rutina, y a veces vencer la natural renuencia de los seres humanos a intentar lo nuevo frente a un medio social que siempre se aferra al pasado. Ellos tendrán la capacidad para soñar, el anhelo de conquistar, el placer de crear y el impulso físico para construir un reino económico (pp. 330 y 331-332).

La nueva dinámica de la economía, la política y la sociedad del capitalismo actual destaca por la falta de adaptación de los principales interlocutores ante los nuevos retos. En Estados Unidos las personas creen que “los mercados libres producirán no sólo lo mejor que se pueda tener, sino la perfección a ningún costo”. Asimismo, la actitud de retirada como un poder dominante en la esfera mundial, está generando un resurgimiento del “aislacionismo”. Estados Unidos tiene el sistema político más antiguo y una constitución con muy pocos cambios. En Europa Occidental la economía benefactora explica en gran parte el hecho de que en los pasados veinticinco años no “se registrara un aumento en la ocupación” y se incrementara el desempleo al doble en comparación al de los Estados Unidos. En Europa las grandes empresas son subsidiadas de algún modo cuando las crecientes regulaciones y los altos salarios les presionan, pero las pequeñas y medianas empresas sucumben o se retiran del mercado europeo. Así la nueva tecnología no se absorbe y el empleo no crece. El caso del Japón actual es de gran interés. Al mismo tiempo que se erigía como uno de los grandes ganadores económicos de la segunda posguerra, con un inmenso ahorro interno, superávit externo, un capitalismo con mayores rasgos humanos, identificación del individuo con la empresa, etcétera, “las ganancias casi han desaparecido ... El sistema japonés no es socialismo, pero un capitalismo improductivo no es un capitalismo que alguien más pueda reconocer”. El Japón se sumergió en una profunda recesión cuyo final no se ve. El Japón tiene fuertes limitaciones frente a los actuales retos. Es un Estado con una cultura que es incapaz de incorporar personas que no sean japonesas; tampoco genera industrias que puedan liderear la innovación tecnológica. Existe una mentalidad japonesa cerrada. Ante las grandes transformaciones y los retos futuros el Japón se encuentra amenazado (pp. 333-340).

El peligro del capitalismo es el estancamiento, como ocurrió con la mayoría de las grandes civilizaciones del pasado. El gran sismo del capitalismo tiene su fundamento en el proceso a través del cual se distancia la tecnología necesaria para el capitalismo del siglo xxi y la ideología cada vez más apoyada en los valores de un individualismo radical. Nadie sabe cuándo, pero la profunda metamorfosis se impone.

El cambio social ocurre casi de la misma manera en que las olas chocan contra los peñascos rocosos de la costa de Maine. Cada día las rocas ganan. Las olas caen con estruendo y aparentemente nada sucede. Pero sabemos con absoluta certeza que, a la larga, cada una de esas rocas se convertirá en granos de arena. Cada día las olas pierden pero en el largo plazo ganan... Al igual que Colón y sus hombres, quienes nos encontramos a bordo del sólido barco del “capitalismo” nos internamos en un mundo incierto... Una moraleja de la historia es que es importante ser astuto, pero más importante aún es ser afortunado. Aunque en última instancia Colón no tuvo éxito porque fuera afortunado, lo tuvo porque hizo el esfuerzo de hacerse a las velas en una dirección que nadie había intentado antes, a pesar de la gran resistencia de quienes lo rodeaban. Sin ese enorme esfuerzo no podría haber estado en la posición de tener una suerte colosal (pp. 340, 341 y 342).

El comentario final que considero se impone es lo crucial del tema del cambio social para las ciencias sociales. El estudio de Thurow sobre el futuro del capitalismo se enfrenta al misterio del cambio social. Como ocurre en lo general a las ciencias sociales, éstas pueden explicar en diversas versiones lo ocurrido, pero no predecir los acontecimientos del futuro. Es decir, cuál es el cambio social del capitalismo de hoy.

Como hemos visto, el intento de Thurow es relevante ya que pone sobre la mesa la discusión los principales problemas que el capitalismo ha tenido y las nuevas dificultades que han estado surgiendo en el último cuarto de siglo. El capitalismo por fin parece haber ganado, pero ahora vive su soledad. La utopía también se inventa.


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