página
anterior

índice de
la revista

índice de
ejemplares

logo


Políticas de cambio estructural, política cambiaria y distorsiones entre costos sociales y privados
Etelberto Ortiz Cruz
Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, Departamento de Producción Económica.


I. El problema

La economía mexicana ha entrado en una nueva crisis. Las dificultades para entender la naturaleza de ésta, en buena medida, son producto de la confusión entre las causas y los efectos de la crisis anterior. En efecto, la crisis de 1983 puede atribuirse al agotamiento del modelo de industrialización sustitutiva de importaciones y a los excesos de gasto público en que se incurrió para sostenerla. De manera más general habría que señalar que, en el fondo, esa crisis revela las dificultades para articular un modelo de desarrollo, dada la inserción, a finales de los años setenta, de la economía mexicana en la economía mundial. La respuesta a esa crisis fue el lanzamiento de todo el proyecto de “cambio estructural”, el cual se definió en las siguientes líneas: el motor del crecimiento se ubicaría en las exportaciones manufactureras; consecuentemente, las políticas centrales serían: i) abrir espacio a la inversión extranjera que atrajera tecnología nueva y creara vínculos con los mercados internacionales; ii) impulsar por todos los medios el crecimiento de la productividad; iii) sanear las finanzas públicas para evitar que el ahorro sirviera para financiar el gasto público deficitario, y iv) eliminar las trabas que mantenían al sistema financiero en una condición “reprimida”. Véase Aspe (1993), Balassa (1985), McKinnon (1982).

Después de estar embarcados doce años en el modelo de políticas de cambio estructural antes referido, nuevamente nos encontramos en una crisis que estalla por las deficiencias del eslabonamiento externo de la economía, mismo que se refleja en el crecimiento del servicio de la deuda externa que se generó para sostener el déficit comercial externo. El común denominador con la crisis anterior es que, al parecer, ambos modelos se desplegaron como una respuesta frente a las restricciones externas para articular un modelo de desarrollo. La diferencia se encuentra en la función que han desempeñado tanto el sector privado (nacional y trasnacional) como el sector público. Sunkel (1991).

Con frecuencia se escucha que la mejor muestra del éxito del nuevo modelo se observa en el hecho de que la estructura de comercio ha sufrido transformaciones de gran alcance; por ejemplo, véase Aspe (1993). En el cuadro 1 se observa que efectivamente se ha logrado un cambio significativo en la estructura de las exportaciones y de las importaciones.

Sin embargo, hay que señalar que el cuadro no nos muestra el resultado más importante del cambio en el patrón de comercio externo: ahora tanto las exportaciones como las importaciones constituyen una magnitud mucho mayor respecto al pib. Una expansión de las exportaciones manufactureras, por ejemplo en las mismas proporciones que las observadas en 1976, sería muy difícil sin un cambio considerable en el tipo de manufacturas que se estaban exportando. Debe ser claro que estamos hablando de que la magnitud del comercio externo del país ahora es varias veces mayor que en 1970 o que en 1980.

Con todo, lo objetivo es el resultado histórico: en el apogeo del modelo del crecimiento exportador se ha desembocado en una nueva crisis, en principio generada por el déficit en balanza de pagos. Lo paradójico de esta situación es que ocurrió a pesar de que la economía crecía cada vez menos. Efectivamente, el proceso de crecimiento se dio en un contexto fundamentalmente recesivo, evidente en la caída de la tasa de crecimiento de 1991 (4.4 %) a 1993 (0.6 %). Resulta crítico el hecho de que la expansión con el nuevo modelo desembocó muy rápido en un proceso de sobrendeudamiento privado y nacional con el exterior. Esto, a diferencia de la crisis de 1982, ahora no se puede atribuir a los excesos de demanda generados por el gasto público ni a la política de industrialización sustitutiva de importaciones. Esta crisis en su mayor parte es consecuencia del comportamiento de los sectores presuntamente “dinámicos” que ahora son los líderes del crecimiento exportador,1 en el contexto de una economía plenamente abierta e integrada al comercio internacional.

CUADRO 1
ESTRUCTURA DEL COMERCIO EXTERIOR
(Participación porcentual
)

1970 1976 1981 1988 1994 1995
Exportaciones
Total

100

100

100

100

100

100

Petróleo

0.6

15.4

72.5

32.5

12.2

10.6

Sector primario

20.4

32.1

7.4

8.1

4.4

5.0

Sector extractivo

14.7

5.7

3.4

3.2

0.6

0.7

Manufacturero

64.3

46.7

16.7

56.2

39.6

44.6

Maquila (neto)

2.9

10.0

4.9

11.3

9.5

6.2

Maquila (bruto)

 

 

 

 

43.1

39.1

Importaciones
Total

100

100

100

100

100

100

Consumo final

6.8

8.9

11.7

10.2

12.0

7.4

Consumo intermedio

42.6

60.4

56.6

68.5

45.4

44.5

Formación de capital

22.4

30.6

32.5

21.3

16.8

12.0

Maquila

 

 

 

 

25.8

36.1

Fuentes: Cuentas nacionales, inegi, 1970 a 1993. Cuentas nacionales preliminares, inegi, 1994 y 1995.

¿Cómo se explica esta situación? Uno de los antecedentes teóricos de mayor importancia acerca del problema a considerar se ubica en las nociones que alimentaron la concepción del cambio estructural, por ejemplo en Balassa (1970 y 1985). En particular, hacia principios de los años ochenta culminaba un largo proceso de crítica al modelo de industrialización sustitutiva de importaciones (isi), en el que se destacaron algunas características distintivas de ese modelo: nulo impulso a introducir cambio tecnológico debido a la acción de los monopolios, y escasa capacidad para competir en la economía mundial, entre otros factores. Con todo, se presentaron como problemas decisivos dos aspectos que llaman mucho la atención. Se señaló, no sin razón, que con el viejo modelo isi, el sistema de protección comercial en lo fundamental, si bien parecía ser muy alto nominalmente, su efecto real sencillamente era del todo incoherente (véase Balassa, 1970 y 1985). Esto repercutía en que, para algunos sectores, la tasa de protección efectiva real era negativa.2 El significado de esta condición es que la suma del valor de los insumos utilizados, a precios internacionales, sería superior al valor final de las mercancías en que eran utilizados, por lo que el valor agregado neto, a precios internacionales, sería negativo. Es importante observar que, puesto que en esta medida se consideraba no sólo el efecto neto de los aranceles, sino que, al incorporar el efecto de sobrevaluación de la tasa de cambio, se daba cuenta de un hecho decisivo: el valor neto del producto nacional no se puede cuantificar adecuadamente, pues no es posible asignar un valor real ni a las importaciones ni a las exportaciones. El efecto no se reduce a una mala asignación de recursos. En general se reconoce que el proceso actuó en contra de las posibilidades de crecimiento de la economía y se pudo sostener únicamente con base en un agudo proceso de endeudamiento externo.

Tenemos así una proposición sumamente contundente respecto a las características del modelo isi: i) necesariamente generaba un déficit comercial con el exterior, con una condición de sobrevaluación de la tasa de cambio; ii) el valor real de la producción resulta cuestionado: si el valor agregado neto de algunos sectores fuera negativo, entonces la medición estándar sobre el pib estaría distorsionada, de tal modo que habría que descontar del producto neto, el déficit que se generaría en los sectores mal protegidos y terriblemente ineficientes, y iii) el modelo para operar generaría necesariamente un déficit externo, que repercutió de manera sistemática al provocar un proceso de sobrendeudamiento externo.

El contenido fundamental de las políticas destinadas a provocar el cambio estructural, dada la visión teórica que endosó esa crítica y que asumió la dirección económica y política del país a partir de 1983, fue el provocar un cambio considerable respecto a esta problemática: la eficiencia productiva y la capacidad competitiva con el exterior serían el resultado de un proceso de asignación de recursos no distorsionado por la protección excesiva o incoherente, misma que debía descansar en una valuación correcta del producto y del crecimiento. Las nuevas políticas se articularon en torno del establecimiento de políticas comerciales presuntamente horizontales y en la eliminación de políticas industriales discriminatorias.3

La propuesta de este trabajo es reconsiderar si el cambio estructural realizado durante los pasados trece años, es decir a partir del momento en que se puso en ejercicio el nuevo modelo de desarrollo, ha provocado un cambio consecuente en las variables consideradas; en particular, interesa analizar si la valuación del producto y los insumos es adecuada, tal que no se provoquen distorsiones entre los costos sociales y privados. Tales diferencias se expresarían en ganancias extraordinarias para unos sectores y en pérdidas para otros. El problema mayor es que, como fue bien planteado en la crítica que se realizara en los años setenta al modelo de isi, las distorsiones en precios no se reducen al orden privado. Éstos, además, se expresan como déficit en la contabilidad social, sea en la cuenta externa y/o en la de capital, con consecuencias de importancia en la esfera macroeconómica. El examen de este problema es de suma importancia, dado el desmesurado hincapié que se está asignando al hecho de que los cambios en la estructura de comercio serían indicativos del avance del nuevo modelo y a la particular relación que las diferencias entre los costos sociales y privados guardan con la permanencia del déficit externo y la crisis en la economía mexicana (Aspe, 1993).

El presente artículo presenta inicialmente evidencia de la relación entre el patrón de crecimiento adoptado y la permanencia del déficit externo. En la sección ii se analizan los elementos que muestran el carácter de las distorsiones de precios que ahora alimentan el nuevo modelo de desarrollo y el incremento en las distorsiones entre costos sociales y privados. La sección iii analiza algunas de las implicaciones de esto para el análisis de la crisis actual y la política económica en ejercicio.

II. Cambios en el patrón de crecimiento y comercio

El argumento central es que, con el nuevo modelo de desarrollo, los sectores manufactureros líderes en crecimiento,4 en producto y/o exportaciones, liderazgo en crecimiento por el que generan una demanda de importaciones que creció en términos reales al doble que sus exportaciones. El cuadro 2 muestra conjuntos de ramas específicas,5 destacando esas ramas líderes –como química, cemento y vidrio, automotriz– las tasas de crecimiento promedio en diversos periodos, y contrastándolas con las exportaciones sectoriales netas, es decir con el saldo de exportaciones menos importaciones.

CUADRO 2
CRECIMIENTO Y EXPORTACIONES DE 1970 A 1993
(Índices sectoriales)

 

Tasa media de crecimiento a

Coeficiente de exportaciones netas b

Sector (n.p.)

1970-1976

1977-1981

1982-1987

1988-1993

1970-1976

1977-1981

1982-1987

1988-1993

Primario

2.61

5.08

1.4

0.97

-11.24

-14.33

-4.78

-15.57

Extractivo

6.7

-0.08

0.43

1.11

11.46

147.53

149.43

197.88

Industria alimenticia

4.55

7.54

0.85

3.97

18.82

28.66

12.49

0.063

Industria ligera

4.96

7.74

-1.29

0.14

-4.58

-13.36

-6.04

-40.52

Química y petroquímica

9.4

4.43

2.54

3.37

-27.45

-44.25

-10.63

-53.61

Acero, cemento y vidrio

6.65

11.62

1.62

3.32

-5.87

-35.37

-2.38

-3.811

Metal mecánica, automotriz y otras

8.34

13.38

-0.97

6.88

-81.03

-168.8

-38.07

-184.2

Servicios

5.78

8.07

0.79

2.35

-0.11

-0.06

-0.02

-0.23

Hoteles, restaurantes y transporte

8.82

10.91

-0.97

5.91

Construcción

6.49

14.15

-4.21

4.39

Comercio

5.87

17.26

-1.8

2.32

a        Tasa media anualizada de crecimiento del pib. Año base 1980 = 100.
b        Proporción media del saldo en cuenta corriente (exp-imp) por sector de origen.
Fuente: Cuentas nacionales, 1970-1993, inegi.

Al ordenar la información de esta manera, encontramos que el saldo neto de exportaciones e importaciones sectorial refleja que los sectores que dejan un saldo positivo se asocian con sectores cuya ventaja competitiva tiene que ver con disponibilidad de recursos naturales.6 El crecimiento de las exportaciones. Por lo contrario, los sectores líderes, en particular metal mecánica y automotriz, arrojan la mayor parte del déficit comercial, y de hecho de 1988 a 1993 lo incrementan. Evidentemente el comportamiento de los sectores no comerciables, como transporte y construcción, presentan altas tasas de crecimiento, el que no obstante no es directamente atribuible a la expansión de los sectores líderes en el comercio internacional.

Con el nuevo modelo tenemos pues una extraña nueva combinación de factores productivos: si bien el producto y las exportaciones crecen, esto se hace en los sectores líderes con base en la expansión en la demanda de insumos importados. El contexto de sobrevaluación del peso ha incidido en el comportamiento observado en las exportaciones e importaciones, de tal modo que su expansión se ha dado mediando un castigo significativo en los precios de las exportaciones, evidente en la enorme caída en los términos de intercambio.7

El cuadro 3 nos muestra, en contraste con los dos cuadros anteriores, que a pesar del muy rápido crecimiento de las exportaciones, principalmente manufactureras, ello se ha logrado por medio de una acentuada caída en los términos de intercambio. No obstante, y pese a lo antes señalado, el peso relativo del sector externo muestra un cambio ambiguo, de una parte el rápido aumento de las exportaciones en el periodo de 1983 a 1988, para empezar a reducirse su importancia, a la vez que las importaciones continuaron un aumento constante hasta representar casi el 20% del pib.

CUADRO 3
TASA DE CAMBIO REAL, EXPORTACIONES E IMPORTACIONES NORMALIZADAS POR EL PIB,
Y TÉRMINOS DE INTERCAMBIO, INCLUIDAS TASAS DE INTERÉS
(1970-1995)

  Tipo de cambio real a Exportación/pib b Importación/pib b Términos de intercambio c Términos de intercambio d
1980

107.8

12.84

13.73

126.5

112.8

1981

90.8

12.32

13.99

123.3

126.8

1982

124.2

17.92

12.92

107.5

86.1

1983

133.3

23.77

10.62

98.2

69.4

1984

110.5

20.67

10.65

96.3

70.8

1985

106.8

20.67

13.55

91.1

72.4

1986

155.9

20.21

14.84

65.6

52.9

1987

169.4

22.92

14.28

72.5

67.0

1988

139.2

19.92

16.32

65.5

60.5

1989

128.2

18.5

16.90

68.9

64.5

1990

128.0

17.45

18.19

70.3

67.9

1991

116.4

14.64

18.03

65.5

65.0

1992

105.75

12.95

19.01

65.2

63.9

1993

103.92

14.54

18.27

62.5

62.1

1994

116.46

15.0

19.0

65.5 e

65.0 e

1995

176.75

       
a Indicadores económicos, Banco de México.
bBalanza de pagos, Banco de México, y Cuentas nacionales, ibid.
c Informe anual, Banco de México, 1993-1995.
d Términos de intercambio ajustados por tasas de interés internacionales.
e Estimación del autor con base en información preliminar.

¿Cómo puede explicarse la coincidencia de ambos fenómenos? Al parecer nuevamente nos topamos con una expansión sin precedentes en las exportaciones, al tiempo de que, en términos nominales, la expansión del pib pudiera parecer mayor. Este fenómeno puede ocurrir sencillamente como resultado del proceso de sobrevaluación del pib, mediante la tasa de cambio, de manera artificiosa. Si se revalúan tanto exportaciones como importaciones a la tasa de cambio real, por ejemplo considerando 1987 como año base,8 nos encontramos con un sector externo mucho más importante de lo que parece, mas también hace evidente que la expansión del producto no ha sido tan grande como se ha querido hacer creer.

A mayor abundamiento, los sectores ampliamente deficitarios en su saldo neto –como por ejemplo el automotriz, maquinaria y equipo eléctrico y no eléctrico–, dada la caída en los términos de intercambio, muestran un crecimiento en el precio de las importaciones que rebasa con mucho el crecimiento de los precios de nuestros principales socios comerciales. Una parte importante de ese flujo, se conoce, es comercio intrafirma. Ello implica que el argumento de los términos de intercambio es insuficiente para explicar el aumento de las importaciones. Por ello, no sería difícil que además nos encontraramos con problemas graves de sobrefacturación por parte de los importadores, como un modo de evasión de impuestos y fuga de capitales.

¿Cuál es el efecto de estos cambios en el orden productivo? El cuadro 4 nos presenta los cambios en productividad y empleo que encontramos para los sectores que hemos señalado antes como líderes en crecimiento. Destaca ahora una imagen aún más contrastante. Los sectores líderes en crecimiento y exportaciones también lo son en ganancias en productividad, mas según nos muestra la segunda parte del cuadro, algunos de ellos, particularmente cemento, vidrio e industria automotriz, lo han logrado con base en reducir su volumen de empleo. En cambio en la industria química y petroquímica se asocia con aumentos del empleo.

CUADRO 4
PRODUCTIVIDAD Y EMPLEO DE 1970 A 1993
(Índices sectoriales)

 

Productividad a

Empleo b

Sector (np 4)

1970-1976 1977-1981 1982-1987 1988-1993 1970-1976 1977-1981 1982-1987 1988-1993
Primario

94.22

103.86

104.31

104.73

80.70

91.8

104.44

104.98

Extractivo

93.92

123.71

103.96

101.0

82.62

101.03

120.25

129.88

Industria alimentaria

80.57

95.12

102.25

113.46

81.83

95.33

108.46

113.29

Industria ligera

80.56

96.42

104.01

109.53

80.85

94.72

94.44

91.86

Química y petroquímica

86.46

105.66

104.57

124.15

78.67

97.4

113.79

119.25

Acero, cemento y vidrio

72.29

91.57

99.33

125.59

76.46

93.75

99.62

94.91

Automotriz y otras

78.76

98.48

102.76

136.35

67.63

88.98

90.99

96.89

Servicios

102.24

101.43

106.11

108.51

62.24

91.37

108.26

113.28

Hoteles, restaurantes y transporte

87.84

97.35

88.92

96.25

63.37

91.93

112.71

122.31

Construcción

114.68

106.2

90.65

77.56

51.25

84.59

100.13

123.24

Comercio

67.05

89.16

98.63

97.81

73.75

89.34

123.24

113.14

a Índice del pib por trabajador ocupado (1980=100).
b Índice de ocupación (1980=100).
Fuente: Cuentas nacionales, inegi, 1970-1993.

Estas características no serían un conflicto de no ser porque estos sectores, que se presume serían el motor del crecimiento en la economía, presentan este comportamiento a la vez que están reduciendo su eslabonamiento con el resto de los sectores productivos, según se puede apreciar en el cuadro 5. El esquema en ejercicio parece descansar en una visión en la que el solo crecimiento de las exportaciones parecería ser un criterio adecuado de éxito en el proceso. Sin embargo esto ha dejado de lado que, a medida que el crecimiento descansa más en insumos importados que en insumos producidos internamente, no sólo se acentúan los problemas de balanza de pagos, sino que de hecho observamos como si estuviéramos frente a una economía escindida en la que una parte crece y se expande en tanto que la otra, la mayormente vinculada al mercado interno, no puede beneficiarse del crecimiento de los sectores presuntamente dinámicos y tampoco está vinculada con líneas de demanda dinamizadas por el comercio. Ello implica que los efectos en productividad tampoco pueden transferirse de un sector a otro, con lo que los presuntos beneficios del cambio estructural resultan gravemente cuestionados.

CUADRO 5
COEFICIENTES DE ESLABONAMIENTO TOTAL
Economía mexicana
(1950-1990)

Sector

1950

1960

1970

1980

1985

1988

1990 a

Primario

1.48

1.56

1.85

1.82

1.77

2.29

1.99

Extractivo

1.29

1.92

2.62

1.68

1.67

2.79

1.58

Manufacturero

1.61

1.84

1.87

1.84

1.78

1.72

1.29

Industria alimentaria

1.2

1.33

1.29

1.27

1.13

1.76

1.16

Cerveza y malta

 

 

1.13

1.10

1.046

1.055

1.048

Vidrio y producción de vidrio

 

 

1.91

1.84

1.77

1.77

1.32

Cemento

 

 

2.12

1.98

1.92

2.08

1.067

Automóviles

 

1.18

1.12

1.12

1.075

1.064

1.062

Autopartes

 

 

2.23

2.17

1.603

1.367

1.185

Construcción

1.12

1.11

1.00

1.00

1.00

1.00

1.00

Electricidad

2.13

1.99

2.15

2.87

2.25

2.42

3.50

Transporte y comunicaciones

1.79

1.57

1.51

1.47

1.47

1.32

2.12

Hoteles y restaurantes

1.00

1.11

1.21

1.22

1.21

1.17

1.71

Servicios

1.22

1.35

1.37

1.32

1.33

1.51

1.44

Comercio

1.38

1.35

1.47

1.49

1.36

1.47

1.85

Promedio

1.42

1.5

1.57

1.52

1.47

1.64

1.528

Varianza

0.32

0.304

0.463

0.49

0.355

0.554

0.587

Fuente: Etelberto Ortiz (1994), Competencia y crisis en la economía mexicana, México, Siglo XXI, p. 139.
a Estimación preliminar a partir de Matriz insumo-producto 1990, snc, México, 1990.

En consecuencia, nos quedamos con la imagen de que los sectores ganadores, los líderes del nuevo impulso al desarrollo, lo están haciendo cortando sus vínculos con el resto de la economía y reduciendo su nivel de empleo. Al mismo tiempo, la operación de estos sectores presenta un elevado costo social en términos de su demanda de insumos importados, misma que aumentó en términos reales más del doble que la oferta de divisas para cubrirlas.

III. Protección efectiva y patrón de comercio

Se presume que con el nuevo modelo de desarrollo la política comercial ha concentrado la acción de la política industrial y de desarrollo.9 Esto es así en la medida en que los elementos de intervención fiscal y monetaria quedaron prácticamente eliminados. Paradójicamente ello permite observar el cambio de entorno de política en un conjunto relativamente acotado de variables: aquellas que afectan las relaciones de precios básicos. A saber, en lo esencial las políticas: arancelarias y cambiaria. Lo cual nos remite además directamente a elementos objetivos y cuantificables de comparación del tipo de cambios que en realidad han sido inducidos por las políticas en ejercicio. Por tanto se procederá en dos pasos: inicialmente se analizarán los cambios ocurridos en la política arancelaria y su efecto económico real, es decir en las tasas de protección efectiva (véase Corden, 1957). En seguida se evaluarán los efectos de la política de sobrevaluación cambiaria en términos de los costos sociales de la nueva relación importadora. Iniciamos en esta sección con el análisis de los cambios en estructura de protección tarifaria.

Es bien sabido que el principal problema de la política comercial que alimentó el proceso de industrialización sustitutiva de importaciones (isi) no fue tanto el alto nivel de la protección, sino su extrema incoherencia. Ciertamente las tasas arancelarias nominales eran sumamente altas, además de que se completaron con esquemas de regulación directa, como los permisos de importación. Ese esquema no produjo un aislamiento de la economía mundial como a veces se ha postulado: por lo contrario, produjo una inserción que algunos han denominado atrofiada (véase Barkin, 1991, y Sunkel, 1991). Efectivamente, la política isi no implica que se cortara con la economía mundial. Por lo contrario, se creó una relación que impidió el avance tecnológico, la inversión, el aumento de la productividad del trabajo, que desembocó en una crisis de grandes proporciones.

Ahora bien, lo más interesante de los criterios de valuación tarifaria es que, en la búsqueda de un afán proteccionista, rápidamente se tornaron contradictorios consigo mismos. El concepto de la tasa de protección efectiva nos lo puede mostrar. Si la tasa de protección a los insumos con que se elabora una mercancía es más alta que la tasa que afecta a los productos finales, la tasa de protección efectiva disminuye. Más aún, puede disminuir tanto como para hacer nugatoria la tasa de protección nominal en productos finales. Diversos trabajos señalan que éste era el caso de un conjunto muy importante de mercancías en la economía mexicana, razón por la cual nos encontramos con tasas de protección incluso negativas. Esto quiere decir que, si valuáramos una mercancía y sus insumos a precios internacionales, el valor agregado neto podría llegar a ser negativo, pues el valor neto de los insumos sería más alto que el producto final.

Una evaluación completa de las distorsiones se encontraría por la estimación de las tasas de protección efectiva. Baste decir que diversos autores (Ten Kate y De Mateo, 1989, y F. Sánchez U., 1991) confirman que las tasas de protección efectiva durante el primer periodo se han armonizado y, además, se han ido reduciendo de manera sistemática, hasta alcanzar niveles de 11.3% en promedio para 1991.

En el cuadro 6 se presentan las evaluaciones que Ten Kate ha realizado de la tasa de protección efectiva entre 1979 y 1987. Los antecedentes más importantes de valuación de estos coeficientes los encontramos en Gerardo Bueno (1964) y en los estudios que realizara el Banco Mundial y la ocde en México (véase Little, Scott y Scitovsky, 1970). La visión más común de los cambios que ha sufrido la tasa de protección efectiva es la de un proceso de racionalización de la protección, más que de una reducción. Esto se observa con la eliminación gradual de los puntos extremos, positivos y negativos, entre los coeficientes de protección. El avance hacia tasas más homogéneas, según se demuestra en el cuadro 6, se observa en la reducción de la dispersión en el conjunto, aun cuando los niveles absolutos sean elevados. Se presume que las reformas tarifarias introducidas a partir de 1988 y 1989 condujeron a reducir el nivel absoluto de la protección efectiva y su dispersión.

Asimismo, encontramos que la extensión en el uso de restricciones comerciales directas se ha reducido; en particular es evidente la disminución de la incidencia de los permisos de importación como porcentaje del total de comercio. Esto se presenta en el cuadro 7. En este caso, hay que acotar, la disminución ha sido selectiva, manteniéndose muy alta para algunos sectores destacados como el automotriz, mientras que casi desapareció para el resto de la economía.

¿Cómo han evolucionado estos coeficientes de 1988 a 1996? Se sabe que en lo fundamental hacia una mayor homogeneización en lo nominal. En particular, tenemos que la tasa nominal para bienes de consumo final se fijó en 20%, y para bienes intermedios en 15 y 10%. Sin embargo, un elemento decisivo de la situación actual se encuentra en el proceso asociado con el tlc. El paso inicial se ubicó en la desgravación total de bienes de consumo final, sobre los que no existía producción en México. Asimismo, la desgravación se extendió hacia los insumos importados de bienes de consumo y de capital que sí se producen en México, a partir de su nivel más alto en la tabla de desgravación sucesiva. El efecto neto de estas dos acciones, curiosamente, resultaría en un aumento en la tasa de protección efectiva, no en su reducción.

CUADRO 6
TASAS DE PROTECCIÓN NOMINAL Y EFECTIVA
(1979-1987)

 

Protección nominal

Protección efectiva

Ramas

1986

1987

1979

1980

1981

1986

1987

Agricultura

-12

1

-3

17

31

-10

6

Aceites y grasas comestibles

-7

-18

12

107

32

-46

-40

Cerveza y malta

-54

-48

-39

-3

-5

-64

-57

Otras industrias textiles

-38

-19

-6

14

55

54

-36

Prendas de vestir

-27

-21

63

119

678

-46

-43

Resinas sintéticas y fibras artificiales

-10

4

200

824

239

-1

16

Jabones, detergentes y cosméticos

-29

-21

11

17

13

-36

-27

Otros productos químicos

-12

15

33

82

209

-4

60

Productos de hule

-6

8

22

98

244

-1

17

Vidrio y productos de vidrio

-39

-42

9

11

11

-48

-51

Cemento

19

28

21

76

13

89

114

Industria básica de metales no ferrosos

-2

-12

78

34

62

-1

-22

Maquinaria y aparatos eléctricos

16

38

34

65

106

51

138

Electrodomésticos

-10

11

94

134

166

-8

37

Automóviles

-17

-6

192

-1 503

-1 074

-35

-19

Autopartes

0

18

35

23

35

16

43

Promedio de todas las ramas

-36

-29

-9

-7

0

-34

-27

Todas, menos 6, 33, 34

-36

-28

6

28

42

-41

-32

Todas, menos 6, 11, 13-17, 22, 33, 34

-32

-23

14

37

55

-34

-24

Dispersión de todas

41

42

77

111

130

75

73

Todas, menos 6, 33, 34

41

43

51

45

62

76

79

Todas, menos 6, 11, 13-17, 22, 33, 34

36

41

31

38

49

47

59

Fuente: Ten Kate y De Mateo (1989).

Mediciones precisas respecto al efecto del tlc están en proceso, ya que se requiere de una matriz de insumo-producto actualizada a 1994 para realizarlas. No obstante, el cambio neto podría ser que, para muchos sectores, el primer efecto de hecho hubiera sido un aumento en la protección efectiva y no una disminución, como a menudo se suele sugerir. Evidentemente el cambio de mayor importancia en términos de reducir la protección ha estado, entonces, en el manejo de los permisos de importación y no en las tarifas. Al mismo tiempo, encontramos que los productores de insumos son los que de repente se encontraron totalmente desprotegidos, y es probable que en esos sectores se encuentren los mayores efectos iniciales de la apertura comercial.

Si lo anterior es correcto, entonces es necesario identificar un aspecto decisivo del problema. Algunos de los sectores líderes en crecimiento y exportaciones se encuentran entre los que han logrado las tasas de protección efectiva más alta y la mayor tasa de protección vía permisos, por ejemplo el sector automotriz y autopartes. Resulta entonces de gran importancia identificar que encontramos una cierta regularidad entre los cambios en el régimen de protección real, es decir el que se asocia con protección efectiva, y los cambios en el patrón de comercio. Son los sectores que mantienen las mayores tasas de protección los que destacan como sectores líderes en el crecimiento de las exportaciones. No obstante, son esos mismos sectores los que han producido el mayor incremento en las importaciones, particularmente de bienes intermedios y de capital.

CUADRO 7
PROPORCIÓN DE LOS PERMISOS DE IMPORTACIÓN
RESPECTO AL VALOR TOTAL DE LA PRODUCCIÓN

Ramas

1980

1985

1985

1986

1986

1987

1987

1988

abril

junio

diciembre

junio

diciembre

junio

diciembre

mayo

Agricultura

97.7

98.5

93.5

93.8

85.6

85.6

63.0

63.0

Aceites y grasas comestibles

98.9

79.3

57.0

57.0

57.0

57.0

57.0

57.0

Cerveza y malta

0.0

100.0

100.0

100.0

100.0

100.0

5.6

5.6

Otras industrias textiles

40.3

97.2

28.3

28.3

28.3

28.3

18.1

4.2

Prendas de vestir

97.4

100.0

88.8

88.8

88.8

88.2

88.2

0.0

Resinas sintéticas y fibras artificiales

20.9

59.2

9.3

9.3

0.0

0.0

0.0

0.0

Jabones, detergentes y cosméticos

31.1

98.4

53.9

53.9

53.6

53.6

0.0

0.0

Otros productos químicos

36.8

93.6

10.2

10.2

9.0

7.9

7.4

7.4

Productos de hule

21.9

98.5

5.0

5.0

3.9

3.9

0.0

0.0

Vidrio y productos de vidrio

7.3

96.9

14.3

14.3

2.1

0.6

0.3

0.3

Cemento

100.0

100.0

0.0

0.0

0.0

0.0

0.0

0.0

Industrias básicas de metales no ferrosos

20.2

71.9

0.2

0.2

0.0

0.0

0.0

0.0

Maquinaría y aparatos eléctricos

54.4

97.5

30.9

19.9

1.9

0.0

0.0

0.0

Electrodomésticos

16.3

100.0

92.3

87.4

82.8

56.1

0.0

0.0

Automóviles

96.2

99.7

95.5

96.5

95.5

96.5

95.1

95.1

Autopartes

54.5

99.1

58.1

57.6

24.9

24.8

14.3

12.8

Promedio de todas las ramas

64.0

92.2

42.1

46.9

39.8

35.8

25.4

23.2

Fuente: Ten Kate y De Mateo (1989).

Lo anterior nos lleva a establecer la presunción de que si se revalúan las importaciones de insumos intermedios de las ramas líderes en crecimiento, a una tasa de cambio de equilibrio, por ejemplo la de 1986-1987, el valor agregado de esos sectores se podría reducir tanto como para poner seriamente en duda las señales de crecimiento en el valor del producto y la productividad del trabajo.

IV. Ganancias privadas, déficit público: ¿El “nuevo modelo de desarrollo”?

Ahora se pretende examinar la extensión de las distorsiones que se han introducido con la nueva política económica, en particular la manera en que se vinculan la política cambiaria y la industrial. Dadas las características del proceso de la economía mexicana, estos dos aspectos se concentran en los efectos de la política cambiaria en el sector industrial. Para que la comparación sea efectiva, requerimos partir de un enfoque similar al que se usó como base de la crítica antes referida, es decir un enfoque de equilibrio general en el que se pueda evaluar si existen distorsiones en precios que provoquen una inadecuada evaluación del producto. En principio se pueden considerar dos vías de aproximación, que de hecho pueden ser complementarias. Una en términos de evaluar los cambios en la tasa de protección efectiva real, que requiere de una matriz de insumo-producto actualizada. En la sección precedente ya se vertieron los elementos más importantes al respecto. La segunda, que de hecho es más directa y que permite evaluar la magnitud total de la distorsión, evalúa el efecto de la distorsión con base en la sobre o subvaluación cambiaria. Esta opción consiste en estimar la diferencia en el valor neto de las importaciones sectoriales, es decir la diferencia entre el valor nominal de las importaciones y su costo real a la tasa de cambio real. Este segundo procedimiento tiene la limitación de que no considera la distorsión que se introduce por las diferencias entre las tasas de tarifas entre productos finales e insumos. Sin embargo tiene la ventaja de que se puede estimar el efecto de las distorsiones en el valor de la demanda final, es decir del consumo y de la formación de capital. Sea Y el valor del producto bruto:

Y = i Pi yi = j Pjn ynij + j Pmj ymij + i wi lij + bi

en la que el supraíndice n señala los insumos nacionales y m los importados. Los subíndices i y j denotan destino y origen sectorial de los insumos; w el salario, l el coeficiente de trabajo j en i y þ las ganancias. De esta manera, j Pjn y nij define el valor de los insumos nacionales; la expresión j Pmj ymij señala el valor de los insumos importados, a la tasa de cambio . La suma del pago en salario i wi lij y las ganancias bi la denotamos como VAi, es decir el valor agregado en i, ignorando por el momento los impuestos indirectos y subsidios. En condiciones de intercambio de equilibrio, la anterior identidad será:

i Pi* yi = j Pjn* ynij + j * Pm*j ymij + i wi* lij + bi .

Tal que el asterisco a modo de supraíndice denota precios de equilibrio. Evidentemente la condición para que la relación entre precios internos y externos sea de equilibrio es que la tasa de cambio sea de equilibrio: *=. Según esta relación se supone que el costo de oportunidad de obtener una mercancía en cualquiera de las dos zonas será igual, así como, el valor de las ventas dentro o fuera del país.

En estas condiciones:

Si: t < * entonces hay una situación de sobrevaluación, y

Si: t > * entonces tenemos una subvaluación de la tasa de cambio.

La condición de sobrevaluación se encontraría siempre que la X < M. Esta condición no es del todo evidente una vez que aparecen flujos de capital que la pueden distorsionar en uno u otro sentido. Sin embargo, es posible evaluar la situación de sobrevaluación a partir de la evolución de las tasas de inflación relevantes de acuerdo con la teoría de la paridad de poder de compra. La sobrevaluación cambiaria entonces tendrá tres efectos en la valuación del producto:

Por la subvaluación de insumos:

j t Pmj ymij < j * Pmj* ymij .

Por la subvaloración del consumo y los acervos de capital importados:

i t P ci yci < i * Pci* yci .

Y por la subvaluación de las exportaciones:

i t Pxi yxi < i * Pxi* yxi .

La magnitud de estos tres conceptos puede ser aproximada, con base en la serie de importaciones de las 72 ramas de la economía de 1970 a 1993. La serie está construida por el inegi; nuestro trabajo ha sido revalorarla con base en el índice de sobrevaluación elaborado por Raúl Morales (1996). La estimación incluye: i) una fase del modelo isi: 1970 a 1982; ii) una fase de transición: 1983 a 1987, y iii) una fase del nuevo modelo: 1988 a 1993.

La evaluación empírica se referirá entonces a tres aspectos del problema: i) el efecto de la sobrevaluación cambiaria en las importaciones de bienes intermedios; ii) la subvaluación de las importaciones en bienes de consumo y de capital, y iii) la valuación de las exportaciones. La evaluación se hace para toda la economía y para los sectores líderes en crecimiento del producto y de las exportaciones.

El cuadro 8 presenta la importancia, como porcentaje del pib, que representa la diferencia entre el valor nominal de las importaciones y su valor real, medido de acuerdo con el índice de valor real de la tasa de cambio, con base en 1986. En segundo término tenemos la medición del efecto que tiene la sobrevaluación cambiaria en el valor de la demanda de bienes de consumo y de capital, es decir de demanda final, que se presenta en el cuadro 9, tanto para el conjunto de la economía como para los sectores líderes. Finalmente tenemos el efecto en la valuación de las exportaciones, mismo que se presenta en el cuadro 10.

CUADRO 8
DÉFICIT DEL VALOR DE LAS IMPORTACIONES
DE INSUMOS INTERMEDIOS
Importación nominal menos importación
a la tasa de cambio real
(1986 =100)
(Porcentaje)

Año

Ramas líderes

Total economía

1970

8.01

2.33

1971

7.14

2.05

1972

5.89

1.81

1973

6.19

2.06

1974

11.70

3.56

1975

10.90

3.15

1976

9.33

2.13

1977

4.18

1.04

1978

5.38

1.42

1979

6.58

1.75

1980

9.54

2.83

1981

15.08

4.17

1982

4.15

1.13

1983

2.47

0.74

1984

6.12

1.96

1985

7.24

2.32

1986

0.00

0.00

1987

2.40

0.59

1988

4.99

1.04

1989

7.88

1.93

1990

8.37

1.89

1991

13.10

2.99

1992

19.59

4.33

1993

21.73

4.32

Promedios
1970-1981

8.33

2.35

1982-1987

2.93

0.93

1988-1993

12.44

2.74

CUADRO 9
DÉFICIT DE LAS IMPORTACIONES
DE BIENES DE CONSUMO Y CAPITAL
Importación nominal menos importación
a la tasa de cambio real
(1986=100)
(Porcentaje)

Año

Ramas líderes

Total economía

1970

5.49

1.60

1971

4.71

1.36

1972

4.36

1.34

1973

4.07

1.35

1974

5.56

1.69

1975

6.45

1.86

1976

5.84

1.33

1977

1.89

0.47

1978

2.54

0.67

1979

3.99

1.06

1980

6.12

1.81

1981

11.39

3.14

1982

2.88

0.79

1983

1.21

0.36

1984

2.72

0.87

1985

3.65

1.17

1986

0.00

0.00

1987

0.87

0.22

1988

1.68

0.44

1989

3.69

0.91

1990

4.83

1.09

1991

8.22

1.88

1992

13.34

2.95

1993

13.90

2.76

Promedios
1970-1981

5.20

1.47

1982-1987

1.60

0.50

1988-1993

7.61

1.67

CUADRO 10
PÉRDIDA EN VALOR DE EXPORTACIONES REALIZADAS
Exportación nominal menos exportación
a la tasa de cambio real
(1986=100)
(Porcentaje)

Año

Ramas líderes

Total economía

1970

1.65

0.021

1971

1.93

0.021

1972

1.91

0.021

1973

2.28

0.022

1974

2.49

0.029

1975

1.79

0.028

1976

1.5

0.023

1977

0.45

0.011

1978

0.84

0.018

1979

0.76

0.022

1980

2.51

0.35

1981

2.75

0.68

1982

0.86

0.3

1983

0.58

0.22

1984

0.01

0.58

1985

0.74

0.61

1986

0.00

0.00

1987

0.05

0.12

1988

0.05

0.19

1989

0.08

0.34

1990

0.07

0.35

1991

0.09

0.61

1992

0.12

0.83

1993

0.14

0.92

Promedios

1970-1981

1.24

0.104

1982-1987

0.52

0.27

1988-1993

0.09

0.54

Al agregar el efecto total por los tres aspectos señalados, para el periodo de 1991 a 1993, sumando los coeficientes promedio para toda la economía, nos encontramos con un déficit de 7 a 8% del pib, que por cierto se aproxima al déficit de balanza de pagos. Mas si observamos atentamente la evolución de las series, también destaca que la magnitud del déficit ha aumentado en los pasados doce años, tanto así que entre 1988 a 1993 de hecho es fundamentalmente mayor al que se observaba en el periodo de 1970 a 1993. Con todo, destaca que el efecto más importante lo encontramos en el componente de importación de insumos de los sectores líderes en crecimiento, 12.44% en promedio entre 1988 a 1993, habiendo alcanzado un punto más alto en 1993, con cerca del 22% del valor agregado de las ramas líderes. El efecto en el consumo de ninguna manera fue bajo: para las ramas líderes alcanzó el 14% en 1993 con un promedio para el periodo de 7.6%, fundamentalmente mayor que el alcanzado en cualquier momento durante el modelo isi. Los promedios para toda la economía tampoco son bajos y también dan muestra de haber crecido de manera sistemática durante todo el periodo del llamado modelo de crecimiento exportador.

El cuadro 10 presenta la extensión que puede alcanzar la subvaluación de las exportaciones. Esta estimación tan sólo sería indicativa de las pérdidas que se tienen en esos sectores por subvaluación de sus ventas en el exterior. Recapitulando, encontramos que el nuevo modelo de industrialización está lejos de cumplir con el requisito que se postuló sería su característica más distintiva: evitar distorsiones de precios que favorecieran a unos sectores en perjuicio de otros. La apreciación inicial es que la magnitud de las distorsiones directas e indirectas ha aumentado, no se ha reducido como consecuencia del modelo de “crecimiento hacia afuera”, con base en presuntas políticas comerciales presuntamente de carácter “horizontal”. Más aún, encontramos que la magnitud de la diferencia entre el costo social y privado es fundamentalmente mayor en las ramas líderes en crecimiento y que es en éstas donde se encuentra el mayor aumento en la magnitud de la diferencia.

V. El nuevo modelo: ¿Crecimiento hacia afuera o involución interna?

En América Latina el examen respecto al crecimiento hacia afuera o hacia adentro es tan vieja como la constitución de los Estados-nación que la forman. Igualmente viejas son las críticas desde todos los bandos acerca de la inviabilidad de los modelos “abiertos” o “cerrados” adoptados. A decir verdad, pensando en el modelo mexicano de los cuarenta años pasados, se podría decir que ni uno ni otro ha tenido éxito en promover el desarrollo productivo del país en su conjunto.

En México, y de alguna manera también en América Latina, históricamente las políticas industriales sólo se han concebido por oposición a la política comercial. Por ejemplo, las políticas que surgen después de la segunda Guerra Mundial y de críticos como Prebish, tienen como parámetro fundamental la noción de que los términos de vinculación con la economía mundial son dañinos y por ello es indispensable regularlos para poder generar un proceso de crecimiento interno. Esta idea desemboca en el auge de las políticas de la “industrialización sustitutiva de importaciones”, mismas que, aun cuando se argumenta, en su punto óptimo llevan al extremo de pretender un crecimiento de espaldas al mercado mundial, en realidad no significan la ausencia de relación con la economía mundial sino una modalidad atrofiada, distorsionante de relación con el exterior (véase Sunkel, 1991). En esta perspectiva, ciertamente, se establece una relación con el exterior, misma que termina por ser más rígida y dependiente por medio de los coeficientes de requerimientos de insumos importados, opinión que no difiere de manera fundamental al que planteara en su momento Balassa (1985). Ahora, con el modelo aplicado desde principios de los años ochenta, parece que estamos en el extremo opuesto. No hay consideración para políticas de desarrollo ni industrialización. Sólo hay lugar para la política comercial de apertura. Ahora la integración al mercado mundial en general, y de manera prioritaria a la economía estadunidense, lo es todo. Nada se concibe si no está al servicio de ese proyecto. Todo se ha subordinado al propósito de “liberar” los mercados de bienes y capital, con la intención de lograr flujos de inversión y acuerdos comerciales que les den cabida en el mercado mundial. En este contexto, resulta inconcebible cualquier política destinada a integrar la planta productiva y fomentar el empleo productivo.

El punto de vista crítico respecto a ambas visiones es que ninguno de los dos descansan en una visión objetiva respecto al modo de operar de los mercados competitivos. En una visión, el mercado es totalmente incapaz de cumplir ningún propósito. En la segunda, el mercado hace milagros. Los problemas contemporáneos exigen un perspectiva teórica y política no sólo más equilibrada; en lo fundamental se requiere una aproximación realista, bien fundamentada en lo teórico. Ello implica que ya no hay lugar para un discurso “antimercado” per se. Pero tampoco es admisible una exégesis de las virtudes del mercado que no corresponda con los procesos dinámicos predominantes. Se impone de hecho la urgencia de una visión congruente acerca de la manera en la que efectivamente el nuevo mercado está operando.

Los problemas que hemos presentado en las secciones anteriores pueden ser un buen ejemplo de las dificultades para considerar este debate. La visión ortodoxa en los años setenta apuntó hacia el modelo de isi que era un modelo profundamente distorsionante y que esas distorsiones podían señalarse como causantes de su crisis. Ahora el nuevo modelo, evaluado según la misma visión teórica, pareciera que otra vez, de manera inevitable, desemboca en una situación equivalente: la magnitud de las distorsiones entre costos sociales y privados lejos de disminuir han aumentado y, peor aún, se encuentran en el corazón de las causas que gestaron una nueva crisis.

Estamos entonces frente a un hecho significativo, sea con un modelo presuntamente “cerrado” o con otro presuntamente “abierto”; tal pareciera que los procesos de industrialización y/o de transformación industrial necesariamente generan condiciones en las que se hace inevitable recurrir a procesos de distorsiones en precios que significan que hay una diferencia entre costos sociales y privados. Debemos señalar que hay otro fenómeno asociado con este comportamiento; a saber: el modo en que se financian esas diferencias y su relación con las crisis externas. Esta característica aparece en razón de la naturaleza del tipo de distorsión entre costos sociales y privados. En ocaciones éstos pueden ser absorbidos por la sociedad mediante un subsidio que se hace cargo de la transferencia. En ese caso, el déficit respectivo repercute en un déficit público.

Su efecto, sin embargo, requiere ser observado en la contabilidad nacional de la siguiente manera. Recordemos que, por definición: (S-I) = (G-T) + (X-M), donde S representa el ahorro, I la inversión, T los impuestos, G los gastos públicos, X las exportaciones y M las importaciones. Consecuentemente, el déficit de ahorro es igual al déficit público más el déficit externo. Tenemos pues que si el déficit se genera vía un subsidio, el déficit público respectivo repercute como un déficit de ahorro. Ésta fue la modalidad predominante con en el modelo isi. La situación desde 1990 se presume que cambió a una en la que no sólo no hay déficit público sino ahorro fiscal. En estas condiciones, todo el déficit en balanza comercial no es atribuible a la actividad pública sino a la actividad privada. Como hemos visto, el déficit comercial radica en su mayor parte en el que han generado los sectores líderes en crecimiento y exportaciones, actividad que para sostenerse exige cubrir el déficit externo con un déficit de ahorro equivalente. La pretensión del régimen anterior fue que el financiamiento por medio de inversión de cartera y privada externa permitía sostener ese perfil de política sin que se deteriorara la deuda pública. En cuanto estalló la crisis se pudo observar la falacia de esa proposición. De hecho el gobierno tuvo que responder por los pasivos privados denominados en moneda externa, viéndose forzado a absorber una cantidad muy importante de deuda externa a cargo del erario público.

Ahora bien, en el caso que nos ocupa permanece el déficit privado, es decir la diferencia entre costos sociales y privados. También es evidente que en el nuevo modelo el déficit ya no se asocia con gasto público deficitario. Ahora repercute totalmente como un déficit comercial externo generado por los sectores líderes en crecimiento.10 Este proceso, visto a la distancia, se podría decir que desde el principio fue concebido así y se actuó en consecuencia generando condiciones excepcionales para atraer importantes flujos de capital externo en cualquier condición. Particularmente por medio de sucesivos incrementos de la tasa de interés, condición que sin duda incidió en generar un ámbito recesivo tan grave, que terminó por bloquear el proceso y desembocar en una violenta crisis.

No es de extrañar entonces que la modalidad de las crisis asociadas al proceso de industrialización asume la forma de una demanda excesiva de ahorro externo, la que no necesariamente desemboca en aumentar la inversión real. Las dos condiciones implican un proceso de sobrendeudamiento tanto interno como externo, que a todas luces no se previó, a pesar de que las crisis de 1976, 1982 y 1987 habían presentado signos indubitables de que el modelo sobre el que se estaba financiando el déficit privado, es decir la diferencia entre costos sociales y privados, ya no era sostenible sobre la misma base.

VI. ¿Cuáles son los costos sociales aceptables para el cambio estructural?

Insistimos: no se cuestiona la urgente necesidad del cambio estructural. Lo que está en cuestión es la llamada vía “neoliberal” para alcanzarla, pues impone costos sociales inaceptables. En este caso no estamos hablando de los costos sociales que ya se han reconocido por algunos de sus defensores, en los que se incluye destrucción de sectores ineficientes, desempleo temporal y empobrecimiento de los trabajadores. Ahora estamos incluyendo en esa lista como costos algunos de los aspectos en los que se solía incluir algunas de sus virtudes, por ejemplo respecto a estructura de precios y competencia.

Por ello, de entrada es necesario replantear el problema del desarrollo en su conjunto. Éste no se reduce a impulsar un modelo de crecimiento basado en las exportaciones. De hecho se replantea el contexto institucional y competitivo en el que los agentes deberán estructurar sus estrategias de sobrevivencia y crecimiento, es decir, en lo fundamental en el ámbito competitivo. Es evidente que se ha replanteado la concepción misma del Estado y el modo de intervención del gobierno. En el caso del modelo mexicano es evidente que los cambios no se han reducido a la liberación comercial. La transformación del contexto institucional, político y social ha sido tanto o más importante. A la luz de los resultados es evidente que tenemos que hacernos la pregunta de si han sido suficientes los cambios emprendidos o se requieren transformaciones de mayor alcance en otros ámbitos. Por ejemplo, hay quien sostiene que aún es necesaria una restructuración de mayor profundidad en lo laboral hasta el punto de hacer desaparecer todo vestigio de contratación colectiva. Sin embargo, una condición de ese tipo parecería una exigencia extraña en la medida en que, como tal, no se ha dado en ninguno de los países exportadores líderes.11 A diferencia de otros casos, podríamos asegurar que el entorno en que operan las empresas mexicanas es, para todo efecto práctico, totalmente desregulado y que hoy no se podría apelar a restricciones de orden legal o institucional para proyectar inversiones en México.

Con todo, la crisis que estalló en 1994 presenta características que obligan a reflexionar acerca del modelo en su conjunto. En esta caracterización estamos destacando justamente los aspectos en los que, de acuerdo con el enfoque ortodoxo, la operación irrestricta del mercado debió haber producido justo los resultados opuestos. Por ello destaca la interpretación del Banco de México: la responsabilidad se atribuye a “hechos políticos”. Es decir, se plantea como fenómenos fuera de la esfera del mercado. La razón es muy sencilla. Desde una perspectiva neoclásica la crisis podría tener dos enfoques: sea por fallas del mercado (market failure) o por fallas del gobierno (government failure). En sus términos, el gobierno y el Banco de México no están dispuestos a aceptar ninguno de los dos. De aceptar la “falla del mercado” estarían obligados a revisar toda la estrategia de cambio estructural adoptada durante los últimos trece años. De aceptar la segunda, tendrían que hacerse cargo de todos los errores que efectivamente cometieron durante el periodo de 1988-1994. Resulta más sencillo tomar como “chivo expiatorio” el conflicto armado en Chiapas o el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato oficial a la Presidencia, en Lomas Taurinas.

Hay una segunda arista del problema que aparece por la pretensión de no reconocer los errores de política económica cometidos. Al endosar la responsabilidad a “factores políticos” de hecho se está ignorando que el proceso de cambio estructural realizado, como sea que lo califiquemos, de exitoso o fracasado, ha tenido un altísimo costo social, mismo que la sociedad mexicana ha pagado hasta ahora silenciosamente. ¿Por qué causa sorpresa y ahora se estigmatiza que estemos frente a procesos de creciente inestabilidad social? Quizá porque ahora se percibe que va a ser muy difícil transferir todo el costo social del ajuste a los trabajadores, tal como se hizo en los años ochenta, o porque se ha hecho evidente que el camino para el cambio estructural aún presenta un largo trecho antes de que pueda generar beneficios tangibles para la mayoría de la población, incluso si ya no se incurriera en graves errores de política económica.

Este trabajo se escribe con la convicción de que es posible concebir caminos distintos al neoliberal para producir un proceso acelerado de cambio estructural y crecimiento. Una propuesta opcional no descansa en negar la operación del mercado, mas demanda establecer el contexto analítico y de política económica adecuado para aprovechar su potencial.

A nuestro juicio esto conduce a acotar lo que serían costos del cambio estructural inaceptables, en la medida en que muestran severas contradicciones del modelo mismo:

  1. No es posible descansar en un modelo de vinculación con el exterior en el que el costo social es superior al costo privado y la diferencia se endosa a la sociedad. En lo inmediato esto significa que, como base del cambio estructural, es inaceptable una política de enlace con la economía mundial que descansa en déficit de la balanza comercial.
  2. No hay razón alguna para que el crecimiento de industrias exportadoras imponga como exigencia la destrucción de las industrias orientadas hacia el mercado nacional. La demanda por insumos de la industria exportadora puede generar un impulso significativo a la promoción de núcleos industriales más extensos y de mayores efectos multiplicadores hacia el interior. Este postulado exige políticas industriales y agropecuarias activas, destinadas a promover el desarrollo tecnológico y la integración del aparato productivo.
  3. Un modelo de crecimiento que hace crecer más rápido las importaciones que las exportaciones necesariamente conduce al estancamiento. Además, significa que será incapaz de transmitir efectos multiplicadores adecuados mediante la economía, particularmente por lo que hace a empleo. Este efecto ya no será de corto plazo o de transición, sino que puede adquirir características de permanencia inaceptables.
  4. Con el modelo de cambio estructural adoptado necesariamente aparece un déficit, que de una manera (políticas isi) o de otra (políticas de crecimiento arrastrado por las exportaciones) se transforma en déficit externo y de ahorro. Esto obliga al país a entrar en un proceso que hace imposible romper con las limitaciones que impone el servicio de la deuda externa.
  5. Dado lo anterior, hay una consecuencia aún más perturbadora para el manejo de corto plazo y para el proceso de estabilización. En la medida en que el proceso obliga a generar un déficit externo, el país no puede recurrir al mercado externo de capitales en una posición adecuada. Sencillamente tiene que entrar en condiciones muy desfavorables de condicionalidad y riesgo, tales que hacen extremadamente costosa no sólo la estabilización, sino que se proyecta en condiciones permanentes que hacen muy costosa la operación cotidiana en el mercado de capital. Se establece entonces una condición extremadamente vulnerable entre el manejo de las tasas de cambio y de interés, que pareciera ser que nuestras autoridades monetarias han sido incapaces de manejar.
  6. La inserción en un cuadro de crecimiento industrial y de exportaciones manufactureras acelerado exige entrar en campos industriales de mayor productividad y competitividad. Para ello es indispensable potenciar la capacitación de la fuerza de trabajo en todos los niveles; en lo fundamental al nivel de educación básica, de capacitación en el trabajo, en la formación profesional de técnicos sin descuidar la formación de cuadros avanzados de investigadores y diseñadores industriales.
  7. Sin embargo, la inversión social en la creación de capital social requiere ser concebida para un entorno de políticas de industrialización que no se traduzcan en aumentar el desempleo y el subempleo estructural de la economía mexicana.

Esta perspectiva establece un conjunto de restricciones que constituye un referente fundamental en la concepción de otras políticas económicas, con el fin de acotar el mínimo dentro del cual sería posible una operación congruente del modelo de cambio estructural que pretende una inserción exitosa en la economía mundial. En parte se puede reducir a políticas de cambio de largo plazo destinadas a generar un entorno adverso a la especulación y proclive a la inversión productiva, de tal manera que el costo social del cambio estructural no le sea transmitido a la población del país, que por cierto ha estado al margen de los presuntos beneficios del cambio estructural.

No obstante, con una visión de más largo plazo, es esencial dar cuenta de que, de hecho, tenemos nuevos problemas para los que, en el plano teórico y en experiencias contemporáneas de desarrollo, parece que no hay respuestas consistentes, a saber: i) la mayoría de los modelos de crecimiento abiertos se realiza sin generar empleo; el fenómeno ya se ha identificado en la bibliografía como job-less growth; ii) imposibilidad de crecer y generar el nivel de ahorro suficiente; a medida que se ha profundizado la vinculación con el sistema financiero mundial, se ha acrecentado la restricción del ahorro; iii) se impone la exigencia de estar integrados a la economía mundial para crecer, mas careciendo de los elementos técnicos, organizativos y de vinculación productiva necesarios, y iv) crecer por especialización impone soportar la pérdida de sectores no competitivos, mas sin la capacidad para hacer crecer a los presuntos sectores dinámicos en el nivel adecuado para generar suficiente ingreso y empleo para toda la población.

Referencias bibliográficas

NOTAS

  1. Los sectores líderes se identificaron por presentar las mayores tasas de crecimiento en producto y exportaciones en el periodo de 1988 a 1994, a saber: Aceites y grasas comestibles (17); Cerveza y malta (21); Prendas de vestir (27); Resinas sintéticas y fibras artificiales (37); Jabones, detergentes y cosméticos (39); Otros productos químicos (40); Productos de hule (41); Vidrio y productos de vidrio (43); Cemento (44); Industrias básicas de metales no ferrosos (47); Maquinaria y aparatos eléctricos (52); Aparatos electrodomésticos (53); Automóviles (56) y Autopartes (57).
  2. La tasa de protección efectiva real considera dos efectos: el efecto neto de las tarifas en el producto final y los insumos de una mercancía, y el efecto de sobrevaluación de la tasa de cambio (Corden, 1957).
  3. Aun así, en el periodo en consideración se introdujeron diversas políticas de apoyo a ciertos sectores que buscaron incidir en cuestiones tales como desarrollo tecnológico o capacitación, por ejemplo en los sectores automotriz, químico, electrónico, etcétera.
  4. Se consideran sectores líderes en crecimiento aquellos que cumplan al menos una de las dos siguientes condiciones: que presenten tasas de crecimiento en el pib superiores a la media y/o tasas de crecimiento en sus exportaciones superiores a la media.
  5. Los sectores son: S. 1-4: agropecuario; S. 5-10: extractivo; S. 11-23: industria alimentaria; S. 24-32, 59: textil, vestido diversos; S. 33-42: industria química y petroquímica; S. 43-47: acero, vidrio, etcétera; S. 48-58, 61: metalmecánica, automotriz, electrónica, electricidad, entre otras; S. 68-72: servicios; S. 63-65: restaurantes, hoteles, transporte y comunicaciones; S. 60: construcción; S. 62: comercio.
  6. Por ejemplo: ramas extractivas (5 a 10) y algunas de química y petroquímica en las que la disponibilidad de materias primas es determinante.
  7. El Banco de México presenta una caída sistemática en los términos de intercambio entre 1982 y 1988. A partir de ese momento, el índice relativo se mantiene aproximadamente en el mismo nivel.
  8. Las mediciones respecto a la tasa de cambio real se han enrarecido con argumentos ad-hoc en torno de la inexistencia de sobrevaluación cambiaria, como por ejemplo en Gil-Díaz y Carstens (1995).
  9. No se ignora el hecho de que durante el periodo se implantaron algunas políticas sectoriales, por ejemplo para los sectores químico y automotriz, así como para las pequeñas y medianas empresas. No obstante, se tiene la impresión de que el alcance de dichas políticas fue muy limitado.
  10. El problema más importante es la manera en que se vinculan el sector real y el financiero en este problema. Véase Akyüz y Held (1993).
  11. Vale la pena destacar que los modelos de industrialización reciente, como el de Corea del Sur y Singapur, tienen la característica de haber impulsado un modelo de distribución del ingreso y de estabilidad laboral muy avanzado.


página
anterior

índice de
la revista

índice de
ejemplares

logo