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La influencia de la biotecnología en la agricultura mexicana: Estudios de caso
Michelle Chauvet
Profesora-investigadora del Departamento de Sociología, uam-Azcapotzalco.
mcs@hp9000a1.uam.mx

Yolanda Massieu
Profesora-investigadora del Departamento de Sociología, uam-Azcapotzalco.
ymt@hp9000a1.uam.mx


Introducción

En el ámbito mundial las aplicaciones de la biotecnología en la agricultura y el medio ambiente han sido más limitadas que las predicciones que se hicieron al respecto desde la década de los años setenta. Sin embargo, hay varias innovaciones que han traspasado el umbral del laboratorio y/o de la prueba piloto y que ya tienen un uso comercial de varios años que nos permiten evaluar su influencia. En este trabajo se presentan algunos elementos respecto a esta influencia, mismos que difieren de aquellos sucedidos en los países desarrollados.

A nuestro juicio, los intereses en juego son distintos, si atendemos al hecho de que son diferentes los entornos socioeconómicos en los que se desarrollan las agriculturas de un grupo de países y de otro. Por ejemplo, en las naciones industrializadas los efectos de la biotecnología tienen un espectro más amplio, que van desde los incrementos en la productividad de la fase primaria hasta la protesta por parte de los consumidores por la aplicación de avances de la ingeniería genética en la elaboración de saborizantes, aditivos y conservadores alimenticios e incluso de alimentos.

Por parte de los grupos ambientalistas también hay creciente preocupación por la liberación en los campos cultivados de plantas modificadas genéticamente, pues se desconocen los efectos que podría tener la interacción de estas plantas con otros organismos del ecosistema.

El eje de la controversia radica en que la carta de presentación de la biotecnología era su armonía con el medio ambiente; sin embargo, aunque los avances biotecnológicos llamados de tercera generación se involucran en el código genético de las plantas y animales, base de la alimentación humana, estas aplicaciones transgénicas no necesariamente dañan a la naturaleza.

Se ha albergado la esperanza de que con la utilización de la biotecnología mejore el cuidado del medio ambiente; de hecho, esto sería posible en la medida en que existan avances con semillas y variedades vegetales transgénicas cuyo objetivo sea producir plantas que contengan su propio bioinsecticida y/o biofertilizante. Sobre todo en el cultivo de hortalizas es imperiosa la disminución de agroquímicos que frenen el deterioro ambiental.

En países como México, las biotecnias se aplican en busca de un mayor rendimiento para aquellos sectores agropecuarios de exportación o de mayor desarrollo tecnológico; sin embargo, el público en general ignora los métodos empleados en la elaboración de los alimentos, y esta falta de conocimiento y de organización de los consumidores es la razón de que no existan movimientos opositores a su aplicación en la producción agropecuaria o en la industria alimentaria.

De hecho, el déficit alimenticio y la dependencia hacia el exterior en este rubro modifican la escala de valoración de los efectos de la biotecnología en relación con la que prevalece en las sociedades más desarrolladas; aquí importa más el acceso a los alimentos que el origen de los mismos. En otras palabras, no existe un cuestionamiento acerca de los métodos empleados en la producción alimentaria, ya sean éstos agresivos hacia el medio ambiente o la salud; importa más el incremento en los rendimientos y la producción que permitan ofrecer a la población grandes volúmenes de alimentos y a un precio accesible.

Por lo anterior, nos inclinamos por considerar que los efectos de las nuevas tecnologías en la agricultura deben ser evaluados de manera particular, porque a pesar de que se trate de un mismo cultivo o aplicación biotecnológica, las condiciones diversas determinan que sus efectos sean distintos.

Así, en este trabajo se presentan los resultados de estudios de caso que se tienen en relación con las innovaciones tecnológicas en esta materia, con el fin de aproximarnos a la respuesta de una serie de interrogantes. La aplicación de la biotecnología en la agricultura mexicana es ya un hecho, pero por ello ¿podemos considerarla una agricultura moderna?; ¿este desarrollo ha sido exógeno o endógeno?; ¿a qué sectores ha beneficiado su introducción?; ¿la biotecnología ha orientado la producción agropecuaria hacia un desarrollo sostenible?; ¿qué perspectivas ofrece este avance tecnológico?

I. La biotecnología y la agricultura mexicana

La agricultura mexicana quedó excluida de las prioridades nacionales en los pasados doce años. La estrategia de desarrollo se ha fincado en dejar en manos del mercado el curso de la economía, con el retiro del Estado de su desempeño protagónico en varios procesos productivos, financieros y de servicios. En este modelo, el sector agropecuario deja de ser fundamental para el abasto interno y se instaura con mayor fuerza la política de ventajas comparativas como medio para proveer de alimentos y materias primas al país. El resultado ha sido la caída de la rentabilidad y la descapitalización del sector agropecuario. El costo social y ecológico también ha sido considerable, lo cual se comprueba por el deterioro en la calidad de vida de la población rural y de los recursos naturales, la profundización de la pobreza y el crecimiento de las migraciones.

El sector agropecuario está sumido en una profunda crisis que, tanto por su duración como por sus características, se ha convertido en su constante. Sin embargo, frente a estas circunstancias los productores agrícolas y ganaderos han adoptado distintas estrategias, algunas más exitosas que otras, con miras a resolver las adversidades. Ciertamente hay cultivos que el sector empresarial produce que ni han sido desplazados por la competencia extranjera –como la papa que en el Tratado de Libre Comercio quedó protegida– ni han dejado de tener éxito, al tratarse de productos agropecuarios de exportación, como la flor y el jitomate. Es justamente en estos cultivos en los cuales se ha aplicado la biotecnología. No podía ser de otra manera, pues esta tecnología de punta es la que ha permitido su permanencia en el mercado.

Por el modo en que se ha aplicado la biotecnología hasta ahora, todavía no se puede sostener que se haya implantado un nuevo patrón tecnológico para la agricultura, más bien presenciamos una combinación de métodos provenientes de la revolución verde y, dada la heterogeneidad de los sistemas productivos, es común que para un mismo cultivo coexistan tanto los modos más tradicionales de producción como los más modernos, dando como resultado una agricultura de contrastes. A continuación exponemos los estudios de caso realizados hasta la fecha en productos en los que ya existen aplicaciones de la biotecnología.

II. Estudios de caso

En términos generales, la superficie susceptible de ser afectada por la biotecnología abarca hasta el momento a los cultivos de flor, papa y jitomate y, en cuanto a la producción lechera estabulada, al ganado especializado. El efecto de la biotecnología en el sector agropecuario mexicano es aún muy acotado. En cuanto a superficie, corresponde al 0.007% del total y del hato ganadero; las vacas exclusivamente destinadas a la producción lechera, que son las candidatas a ser tratadas con la hormona del crecimiento para producción lechera, conocida como somatotropina, son el 16% de los vientres en existencia. Estas cifras evidencian que el efecto de la biotecnología es muy limitado para el sector agropecuario en su conjunto y que sus efectos son de carácter específico por producto; de ahí la decisión de presentar uno por uno los casos, con hincapié en los cambios que se han operado y dejando de lado las potencialidades que la biotecnología ofrece.

1. El cultivo del jitomate

El jitomate es uno de los productos hortícolas mexicanos más importantes. La horticultura representa más riesgos para la comercialización que los granos básicos, pero la utilidad esperada es mucho mayor. Muchos productores de hortalizas han creado condiciones y relaciones que les permiten obtener ganancias considerables en la mayoría de los ciclos. Otros operan mediante contratos de producción con empresas transnacionales (et), lo que casi siempre les asegura una utilidad mayor que la que obtendrían con otros cultivos. También los agricultores que trabajan con agromaquilas como socios menores cuentan con un método seguro.

La actividad hortofrutícola nacional genera 1 220 000 empleos, de los cuales 970 mil son directos (almácigos, preparación de terrenos, siembra, aplicación de agroquímicos, recolección, selección y empaque) y 250 mil son indirectos (distribución, transportación, semillas, material de empaque, agroquímicos y comercialización) (cnph, 1990). Es decir, 20% de la pea en el área agrícola (6 100 000 personas) corresponde a actividades hortofrutícolas (cnph, 1990). Se calcula que el jitomate genera millones de jornales sólo en Sinaloa (Rudiño, 1996). El jitomate es la hortaliza más importante para procesamiento en términos de valor y volumen. México se encuentra entre los once principales países productores de jitomate procesado, entre Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia, Grecia, España, Portugal, Turquía, Israel y China (Banco Mundial de Datos, 1993).

Los costos de producción han seguido una tendencia creciente. Una parte considerable corresponde al costo en mano de obra, cerca de 20%, renglón en el que México tiene una ventaja comparativa importante, pues los jornales fluctúan entre 3 a 4.5 dólares por día, mientras que en Estados Unidos van de 5 a 6 dólares la hora. Considerando que el jitomate requiere gran cantidad de mano de obra, la diferencia es cuantiosa.

El cultivo de esta hortaliza es un negocio de alta rentabilidad y es sumamente especulativo, si se combinan altos rendimientos con buenos precios en la temporada. Es un cultivo sujeto a múltiples situaciones impredecibles; por ejemplo, en el ciclo 1989-1990 aumentaron las importaciones de jitomate por parte de Estados Unidos, al darse simultáneamente condiciones favorables en México y exceso de lluvias en la Unión Americana. Fenómenos como estos provocan alzas desmesuradas del precio, como en 1992, cuando las constantes lluvias que se presentaron en enero y diciembre ocasionaron que el producto se encareciera notablemente (Crisantes, 1992).

En México la producción de jitomate es cíclica, es decir, en el periodo comprendido de invierno a primavera se obtuvo el 75% de la producción anual y en el de verano a otoño el 25% restante. De la superficie nacional cultivable, 3.5% está dedicada al cultivo de hortalizas, y dentro de ésta, el jitomate ocupa el 22.6% (sarh, 1993).

La superficie cosechada, el volumen y el valor de la producción en el periodo 1987-1993 se expone en el cuadro 1, el cual evidencia los aumentos en los tres rubros durante el periodo. En promedio, en 1989 el costo de producción de una caja de 12 kg fue de 5.5 dólares aproximadamente (Síntesis Hortícola, 1990) y en 1992 de 6.5 dólares (American Farm Bureau, 1992). En México el jitomate se produce en diez estados, entre ellos destacan Sinaloa, Baja California, San Luis Potosí y Nayarit, que producen el 75%; a su vez, son las entidades con mejores rendimientos. El jitomate mexicano es un producto competitivo que cuenta con un mercado sólido, tanto en el interior como en el exterior, y con posibilidades de expansión.

cuadro 1
principales indicadores de la producción
de jitomate en méxico
(1987-1993)

Año

Superficie 
cosechada
(Hectáreas)

Volumen
(Toneladas)

Valor
(Miles de pesos)

1987

28 995

802 293

282 886 753

1988

31 401

883 003

475 975 437

1989

39 420

1 054 339

533 258 321

1990

81 545

1 885 277

1 471 594 686

1991

78 710

1 860 350

1 897 367 920

1992

77 539

1 696 639

––––

1993

75 222

1 692 651

2 542 746 863

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (inegi),
El sector agroalimentario, (1994, p. 59); Secretaría de Agricultura y
Recursos Humanos (sarh), Anuario estadístico de la producción agrícola
de los Estados Unidos Mexicanos
, tomo I, (1993, p. 321).

El volumen producido de jitomate creció 4.9% entre 1990 y 1993 y su proporción respecto al total de exportaciones se mantuvo en 0.01% entre 1990 y 1993, mientras que esta cifra para el total de exportaciones de frutas y hortalizas fue de 54.4% en 1990 y de 66.7% en 1993 (sarh, 1994). La ventaja comparativa del jitomate mexicano es evidente si se comparan los costos de producción en Sinaloa y Florida, pues éstos casi se duplican en el estado de la Unión Americana, y sucede lo mismo con los rendimientos –que se duplican respecto a los de México–, por lo cual, la diferencia en el costo por cartón por hectárea es mínima a pesar de los menores costos del jitomate mexicano. De esta diferencia en rendimientos se deriva que México, aunque tiene ventajas comparativas importantes que hacen sus costos mucho menores, éstas no se enfocan a la productividad.

De aquí se desprende la necesidad de invertir en tecnología y la conveniencia de usar variedades resistentes a distintos factores para obtener mejores rendimientos o con características especiales que permitan incrementar su aceptación en el mercado internacional, agregando valor e incrementando la productividad.

En el cuadro 2 se muestran el volumen y el valor de las exportaciones de jitomate de 1986 a 1994.

cuadro 2
exportaciones de jitomate
(Dólares)

Año

Volumen
(Kilogramo)

Valor
(Dólares)

Total nacional
(Dólares)

1986

588 323 000

407 665 000

16 030 999 000

1987

516 444 000

200 039 000

20 657 633 000

1988

466 544 000

242 586 212

19 691 701 166

1989

439 132 000

198 916 145

21 800 375 057

1990

392 157 129

428 380 342

24 849 953 138

1991

443 192 000

261 739 000

27 175 096 000

1992

196 976 000

151 494 000

28 216 940 000

1993

442 469 000

362 308 000

33 393 907 000

1994 (julio)

326 664 000

33 598 126 000

Fuente: secofi (1994, p. 467).

Los aranceles para el jitomate mexicano en Estados Unidos van de 3.3 a 4.6 centavos de dólar por kg y también existen barreras no arancelarias, como las órdenes de comercialización (reglamentación que opera en razón del monto total de la oferta interna) y las reglamentaciones fitosanitarias y de salud. Las importaciones se refieren sobre todo a jitomate procesado. Su volumen aumentó 44% entre 1988 y 1991 y su valor en 737%. De estas importaciones, el 99% proviene de Estados Unidos y el resto corresponde a Guatemala y Canadá. El valor de las importaciones no es despreciable, aunque no se compara con el de las exportaciones de jitomate fresco.

En el Tratado de Libre Comercio, el jitomate está considerado entre los productos susceptibles de salvaguardas especiales para Estados Unidos y Canadá y se encuentra en las listas de estos países de la siguiente manera: Canadá: jitomates que no sean enteros (pasta de jitomate); Estados Unidos: jitomates (menos jitomate tipo cereza), frescos o congelados, si son importados durante el periodo de noviembre 15 al último día de febrero siguiente, inclusive. Jitomates (menos jitomate tipo cereza) frescos o congelados. Si son importados durante el periodo de marzo primero a julio 14, inclusive. La salvaguarda especial consiste en aranceles-cuota, es decir, aplicar una tasa arancelaria sobre el excedente de cuota o tomar una medida de urgencia (secofi, 1993).

Destaca el hecho de que México no tiene establecido en el acuerdo comercial ninguna protección frente a la posibilidad de importaciones de jitomate, y que Estados Unidos dedica toda su protección a los jitomates frescos, de los cuales México es su principal abastecedor durante el invierno, mientras que Canadá sí establece protección hacia las importaciones de jitomate procesado a modo de puré.

La producción de jitomate enfrenta problemas como la dependencia tecnológica y comercial, la falta de financiamiento, el crecimiento de costos por el factor inflacionario y devaluatorio, altos aranceles en los mercados tradicionales, proteccionismo fitosanitario en el extranjero y la diversificación de los mercados. Aun así, es un cultivo rentable, para quien tenga la capacidad económica de sostenerse ante las oscilaciones de precios y el alza de costos, y es uno de los principales productos de exportación de México.

Quizá la principal dificultad a vencer es que el jitomate es sumamente perecedero y requiere de transportación rápida y eficiente; de no ser así, este factor se puede convertir en causa de grandes pérdidas. Aquí es donde desempeña un papel importante la biotecnología, con las semillas transgénicas. Hasta ahora, el primer jitomate transgénico que ha salido al mercado en Estados Unidos estaba programado para sembrarse en México, California y Florida en 1995 (dialog, 1994). Dicho jitomate transgénico se llama Flavor Saver (flvr svr), es de la compañía Calgene, y se ha comercializado como MacGregor. Proviene de semillas que han sido modificadas genéticamente para hacer más lenta la pudrición del fruto; se dice que tiene tres semanas de vida de anaquel y un mejor sabor que los jitomates tradicionales.

El jitomate incorpora un nucleótido que bloquea la expresión del gen de la poligalacturonasa del jitomate. Esta enzima es responsable del rompimiento de la pectina, lo que hace que el jitomate madure. El bloqueo de la enzima hace al jitomate más fresco y firme. El proceso patentado por Calgene implica quitar un gen en la semilla de jitomate que causa el deterioro, invertir la estructura del dna de dicho gen y reinsertarlo en la semilla. Ello produce un jitomate firme y de buen sabor que no se pudrirá antes de 2.5 semanas. Estrictamente no se trata de un producto transgénico, sino de uno modificado genéticamente, porque lo que se hace es sólo bloquear al gen que provoca la maduración, a partir de un gen que ya estaba en la planta.

Por lo anterior, Calgene no necesitaba la aprobación de la Food and Drugs Administration (fda), entidad oficial encargada de autorizar la venta de alimentos y medicamentos, pero consideró que era mejor tenerla para enfrentar cualquier riesgo que surgiera en los consumidores. La compañía planteó que existía la remota posibilidad de clasificar al gen marcador como un aditivo alimenticio y que, por tanto, caía bajo la jurisdicción de la fda. Los lineamientos de la fda en cuanto a alimentos transgénicos a la fecha consideran que las aprobaciones deben analizarse caso por caso y que los cambios genéticos pueden considerarse aditivos alimenticios.

Este jitomate modificado genéticamente fue autorizado por la fda en el primer semestre de 1994. Ha habido protestas de grupos de consumidores que no están de acuerdo con la comercialización de alimentos modificados genéticamente y que realizan una campaña de boicot al consumo del jitomate. Sin embargo, al parecer, a la fecha Calgene ha tenido éxito en las ventas, a pesar de que el jitomate se comercializa a un precio más alto que los tradicionales.

Calgene invirtió cinco años y 25 millones de dólares para desarrollar el jitomate y esperar la aprobación gubernamental. La aprobación de la fda ha sido impugnada por los productores de jitomate de Florida, quienes consideran que atenta contra sus intereses durante una estación en especial mala para la producción. La aprobación del jitomate flvr svr abre todo un campo para otros alimentos transgénicos. Se anticipan muchos resultados positivos, incluyendo mejor sabor, bajo contenido de grasas, alimentos más altos en proteínas que requieren menos fertilizante, pesticidas y agua para producir. Calgene hace hincapié en la seguridad de sus técnicas de adn recombinante y dice que la reacción del consumidor al flvr svr ha sido buena.

Dna Plant Technology Corporation (dnap) está desarrollando un jitomate similar al de Calgene mediante la manipulación genética. Se considera que este jitomate puede tener mayor éxito comercial que el de Calgene porque puede llegar a tener hasta tres meses de vida de anaquel. El jitomate flvr svr está saltando el limitado mercado en California e Illinois que ha tenido hasta ahora y los jitomates saben mejor que sus competidores, los jitomates de invierno. Dado que estos últimos son abastecidos principalmente por México, la expansión de las ventas del flvr svr representa un riesgo potencial para las exportaciones mexicanas.

Hay que tomar en consideración, por otra parte, que el uso de esa variedad también podría beneficiar a los productores mexicanos para expandir su mercado a otros lugares, como Canadá, o ganar presencia en el abastecimiento a la industria de procesamiento al brindar un jitomate de mayor calidad. Otras aplicaciones biotecnológicas al cultivo del jitomate en el mundo comprenden el jitomate israelí resistente a virus, un jitomate resistente a insectos desarrollado por la compañía hindú Proagro, y en México existe en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (cinvestav), de Irapuato, la tecnología para desarrollar jitomate resistente a insectos, aunque este esfuerzo no ha tenido un desarrollo empresarial a la fecha (Lorence, 1992).

Como conclusión respecto a este caso, podemos decir que el dinamismo y la rentabilidad sostenida de las exportaciones de jitomate mexicano se enfrentan actualmente a problemas relacionados con el comercio bilateral y de orden tecnológico, pues a pesar de tener ventajas comparativas importantes ante Estados Unidos, como los bajos salarios, no tiene suficiente competitividad en cuanto a rendimientos. Esta falta de competitividad podría solventarse aplicando biotecnología, lo cual, a la fecha, se hace en la producción jitomatera de Estados Unidos, atentando contra las exportaciones mexicanas. Los jitomateros mexicanos, por tanto, se encuentran en la disyuntiva de invertir en la aplicación de biotécnicas para lograr mayor competitividad y desarrollar mecanismos negociadores en defensa de sus intereses dentro del tlc y de los foros internacionales, o de otra manera este mercado de exportación tradicional disminuirá considerablemente en los tiempos por venir.

2. El cultivo de papa

La estructura productiva del cultivo corresponde con la predominante en todo el sector agropecuario, de coexistencia de sectores tradicionales con modernos. Las condiciones de producción de unos y otros difieren desde la variedad de semilla de papa que siembran hasta el tipo de insumos y técnicas de cultivo que utilizan. No obstante, se enfrentan a problemas similares, como el de contar con una semilla sana que pueda ser multiplicada varios años. Los productores modernos están en posibilidades de comprar semilla libre de virus que les garantice su producción por varios ciclos con un buen rendimiento. Los productores tradicionales se limitan a la selección de sus mejores tubérculos para usarlos como semilla en la cosecha siguiente. El primer sector se compone de empresarios que abastecen el mercado interno, con semilla y/o con papa en fresco y de los que solamente proveen a la industria de frituras. Ambos tienen acceso a la tecnología de punta, pues están en condiciones de costearla y aprovechar sus ventajas, tal es el caso de algunos productores que poseen laboratorios de cultivo de tejidos y producen su propia semilla. Por su parte, los pequeños agricultores obtienen ésta a partir del material cosechado, y producen para el autoconsumo y mercados regionales.

En el mercado internacional de la papa, México no desempeña un papel importante. En cuanto al mercado nacional, la producción de semilla y papa en fresco se encuentra protegida. Desde 1991 quedó prohibida la introducción de semilla para siembra, la cual se importaba fundamentalmente de Holanda y Canadá. No así la papa prefrita y congelada que consumen hoteles y restaurantes. Las fuentes nacionales de materiales de siembra son: i) lo que se retiene de la cosecha; ii) materiales obtenidos en áreas de menor endemia de virus en las más elevadas altitudes, incluyendo Sonora y Sinaloa, y iii) pequeñas cantidades producidas regionalmente usando cultivo de tejidos.

Es precisamente en la semilla de papa donde se encierra el potencial de la biotecnología, tanto para aumentar las toneladas obtenidas por hectárea como en la protección del medio ambiente, al bajar o eliminar las cantidades de pesticidas o fungicidas. Las plantas transgénicas de papa pueden lograr distintos fines: resistencia a virus, a insectos, a hongos y a herbicidas, y aumentar la calidad nutricional del producto. En el entorno mundial se está trabajando en todas estas líneas; Monsanto es la empresa que más ha avanzado en cuanto a semillas libres de virus y resistencia a hongos. En el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba la investigación se enfoca a virus y resistencia a hongos.

En México las principales variedades que se producen son: Alpha, con 65%; Atlantic, que abarca el 28%, y el 7% restante son una serie de variedades tales como: Gigante, Herta, Premier, Norteña, Granola, Diamante y White Rose. Sólo la Alpha tiene uso industrial y de consumo fresco, y la Atlantic es exclusivamente para industrialización. Sin embargo, de todas éstas la producción de semillas por medios biotecnológicos, de cultivo de tejidos, se da en las variedades Atlantic y Alpha, principalmente, y en menor medida en Granola, Diamante y White Rose.

Por lo que se refiere a la aplicación de ingeniería genética, en 1991 la compañía biotecnológica estadunidense Monsanto estableció un acuerdo con el Centro de Investigación y Estudios Avanzados-Irapuato, del ipn (cinvestav) para transformar las papas para consumo en fresco con resistencia a los virus pvx y pvy. Los fondos fueron proporcionados por la Fundación Rockefeller, usando tecnología donada por la compañía.

Posteriormente, las variedades Alpha, Rosita, Monserrat y Mexicana fueron transformadas exitosamente. Alpha y las tres variedades locales del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (inifap) entraron en pruebas de campo en enero de 1995. El comité de bioseguridad –formado por miembros de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (sagdr), el Sistema Nacional de Investigación y Certificación de Semillas (snics), el cinvestav, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (inifap) y la Dirección de Sanidad Vegetal de la sagdr– estuvo involucrado en regular la aprobación para las pruebas de campo. Se espera que para 1997 estas variedades ya estén comercializándose.

La relevancia de esta iniciativa de aplicación biotecnológica en la presente coyuntura radica en que este periodo de protección es un momento estratégico para desarrollar una producción endógena de semilla. De lo contrario, al finalizar el lapso de protección –establecido por el tlc hasta 2004– el país volvería a caer en la dependencia de las importaciones de este insumo fundamental. Actualmente la producción de papa se dirige de manera mayoritaria al consumo en fresco, sin embargo, el beneficio que pueden tener los productores de papa con la introducción de la biotecnología, es la expansión hacia las variedades de uso industrial para la fabricación de frituras y botanas, mismo que por ahora no está totalmente satisfecho.

En este caso, la coyuntura de protección para la no introducción de semilla de papa del exterior representa una oportunidad estratégica para lograr una producción interna suficiente. Ello, a nuestro juicio, podría provenir de las empresas que ya cuentan con laboratorios de cultivo de tejidos, que en la actualidad producen semilla sólo para sus propias necesidades. Proyectos de colaboración como el de Monsanto y cinvestav-Irapuato pueden ser útiles si se toman en cuenta las necesidades reales de los productores del país, por lo que es necesaria su participación.

3. La producción de flor

La floricultura en México se expande notablemente entre 1980 y 1990, pues la superficie dedicada a ella crece de cerca de 3 mil hectáreas a más de 13 mil en estos años. Aunque el porcentaje que significa la superficie sembrada de flores en relación con el total agrícola nacional es mínimo –de apenas 0.04% de la superficie agrícola cosechada total en 1991–, destaca que el valor de este producto resulta significativo en relación con la superficie, sobre todo en los estados de México y Morelos. En el primero, el valor de las flores representa 8.7% del total agrícola estatal y en el segundo 18.5%. Con respecto a las gruesas (doce docenas) cosechadas en 1991, la gladiola es el producto más significativo, con 297 gruesas cosechadas, seguido del clavel, con 228 y del maragaritón con 141 (Bancomext, 1988; sarh, 1991).

El volumen producido creció en los ochenta, pues la superficie cosechada se incrementó en 3.49% entre 1981 y 1984. En particular, la producción de rosa casi se triplicó, al pasar de 2 480 tons en 1981 a 7 220 en 1984 (sarh, 1985). Para 1991, aunque la superficie ha disminuido 29%, la producción en toneladas aumentó a 7 822, lo que puede relacionarse con una intensificación de la producción, por el crecimiento de la superficie bajo invernaderos.

En México existen alrededor de 10 mil floricultores de campo abierto y entre 100 y 150 productores de exportación en invernadero, que ocupan alrededor de 600 hectáreas. Es en Villa Guerrero, estado de México, donde se localiza el 70% de la floricultura de exportación (Floricultura intensiva, 1992). La mayor empresa de México en el ramo es Visaflor, que está claramente adelante del resto y tiene 30 hectáreas de invernadero en producción. Cuenta con un sistema de producción refinado y un punto de distribución en Houston. Esto permite entender que cuente con capital de riesgo para su expansión en proyectos como cosmoflor, que más adelante se detalla.

Existen otras empresas en plena expansión: Florymar, de Villa Guerrero, estado de México, exportó flores con valor de 100 mil dólares en Estados Unidos en 1991. Entre las principales empresas exportadoras podemos mencionar: Agroindustria la Rosa Azul y Q-Flor, Querétaro; Unión de Productores de Flor el Edén, Atlixco, Puebla; Fiestamor, Morelos (el proyecto de participación gubernamental); Flor de Altura, Puebla; Super Rosa Monrog y Florymar de Villa Guerrero, estado de México; Gimsaflor y Mexblumen, de Tenancingo, estado de México (Tapia, 1992, p. 20).

Para México, sólo Estados Unidos constituye una oportunidad importante, aunque hay floricultores en Villa Guerrero que comercializan su producción regularmente en Canadá y existe un proyecto del grupo visaflor, con financiamiento de Nacional Financiera, para alcanzar los mercados japonés y europeo. Dicho proyecto es ambicioso: pretende una capacidad instalada para producir anualmente 53.1 millones de tallos (mdt) de rosas; 3.1. de clavel; 1.2 de gerbera; 2.2 de nerine; 3.5 de lilium y 0.8 millones de tallos de otras variedades.

El monto total de las inversiones a efectuar es de 23 521 millones de dólares (mdd), de los cuales 20.1 (el 86%) serán inversión fija; 3.4 (14%), inversión diferida y 100 mil dólares al capital de trabajo inicial. El proyecto se ha denominado cosmoflor y en él participan las empresas filiales y asociadas al grupo visaflor, integradas vertical y horizontalmente, entre las que se pueden mencionar: visaflor, Flores Selectas de México, Invernaderos Tecnificados (Invertec), Empacadora Mexicana de Flores, Florcalli, Multivía, Transamérica Floral, Hulco Blumen y Flores de Oro (nafin, 1990, pp. 27-32).

México tiene un enorme mercado interno, una riqueza apreciable en germoplasma –no menor de 30 mil especies (fira, 1989)–, y la producción históricamente se ha destinado al mercado interno. Por ello, la producción de exportación había quedado sólo como posibilidad, hasta los años ochenta, en que la política económica de liberalización comercial creciente evidenció ventajas en producir flores para el mercado internacional, principalmente el estadunidense.

En los años noventas, fira y Bancomext han puesto en práctica un Programa Especial para la Floricultura de Exportación (pefe), el cual ha identificado 33 proyectos que implican la ampliación de 639 hectáreas para cultivar flores en invernadero. Para echar a andar el pefe se han destinado 812 millones de dólares, de los que aproximadamente la mitad es capital de riesgo. Este programa tiene como meta generar divisas por 200 millones de dólares anuales como mínimo, la actual es de 25 millones de dólares. Ello implica aumentar la participación de México en el mercado mundial de 1% con el que participa en 1989, a 2% (fira, 1989, p. 28).

Resulta evidente, dentro de la pérdida de importancia del sector agropecuario en el actual proyecto neoliberal, el interés gubernamental por promover la floricultura de exportación, la cual se inserta perfectamente en los objetivos de esta política económica como generadora de divisas. No cabe duda de que la exportación de flor mexicana, sobre todo a Estados Unidos, está registrando un incremento significativo. Según datos de secofi, en 1990 cuarenta y dos empresas mexicanas de floricultura fueron responsables de exportar a Estados Unidos 112.5 millones de tallos de diversas flores, con un valor de 13.8 millones de dólares. El valor total de las exportaciones a este país en 1990 fue de 12.866 millones de dólares y el 93.32% de éstas se vendió en el mercado estadunidense. Canadá siguió con distancia a Estados Unidos como el principal comprador, con el 4.25% de las exportaciones mexicanas (compex, 1991).

La transportación se hace en su mayor parte por vía aérea, que resulta lo más viable por la atomización de la demanda: no existen compradores de grandes volúmenes en el mercado norteamericano, aunque los productores tengan capacidad de mayor escala. Es una rama sumamente competitiva. Una ventaja que se puede tener es la relación con un comprador confiable, dado que es frecuente que los compradores norteamericanos hagan falsas reclamaciones por el deterioro del producto o retrasen pagos. Esta información se confirmó en las entrevistas a los productores de Villa Guerrero, en 1993.

Otra debilidad de los exportadores mexicanos es que adolecen de información acerca de los mercados, dado que el mercado de la flor se caracteriza por súbitas y bruscas variaciones de precios. Además, ciertos meses representan fechas pico importantes: el 14 de febrero, que coincide con el invierno y abre nichos para exportadores a Estados Unidos, así como el 10 de mayo en México y una fecha cercana móvil en Estados Unidos, época de primavera en que comienza a aumentar la oferta estadunidense. Estos meses marcan dos temporadas de distinta demanda de la flor, pues la producción de exportación en invierno (noviembre a febrero en algunas zonas de Estados Unidos y noviembre a marzo en Canadá) se da en la época en que el precio es rentable, por la escasez de producción interna en los países compradores. Durante el verano, la oferta interna de flores en Estados Unidos y Canadá conduce a que el precio baje y resulte más atractivo para los floricultores mexicanos vender al mercado nacional.

Es conocido el dominio que ejercen las grandes corporaciones holandesas, francesas y estadunidenses respecto al material genético de la floricultura. La inversión extranjera puede ser atraída para usar a México como puente para introducirse en el mercado estadunidense, ya que el mercado florícola interno resulta limitado para la cobertura de estas empresas.

En lo que respecta a los floricultores tradicionales a cielo abierto, se dedican al mercado nacional, el cual no demanda alta calidad. Estos floricultores no pueden lograr la calidad de exportación por falta de infraestructura e insumos. Dicho sistema de producción adolece de un manejo y de un modo de cosechar adecuados. A pesar de ello, no se puede minimizar la importancia de la floricultura tradicional para mercado interno, que en Xochimilco, Distrito Federal, representa una fuente importante de empleos e ingresos, según consta en estudios recientes acerca del tema (Canabal et. al., 1992).

Los productores tradicionales representan un sector potencial importante de aplicación de la biotecnología, que en la actualidad no ha tenido acceso a estas técnicas. Ello contrasta con el hecho de que la mayor parte de los centros e institutos de investigación que realizan cultivo de tejidos y micropropagación, lo hacen en especies ornamentales. De cualquier manera, para que las plantas clonadas puedan rendir todo su potencial, requieren de la condiciones controladas del invernadero, por lo cual la innovación tecnológica induce un aumento de costos en capital fijo.

Un caso de biotecnología vegetal aplicada a la floricultura para mercado interno es la empresa Invernamex, que produce tres millones de plantas al año por medio de un laboratorio completo de cultivo de tejidos vegetales, lo cual la transforma en el mayor productor in vitro de material genético para la floricultura; cuenta con tres hectáreas de invernadero y es de las escasas empresas interesadas en patentar sus propias variedades, las cuales son adquiridas por exportadores. Ello puede ser un indicador de que están logrando competitividad y aceptación en el mercado internacional, aunque también existen acusaciones de piratería en su contra. A diferencia del jitomate, en este cultivo el componente salarial es una parte mínima de la gran inversión necesaria para la floricultura de exportación.

En un estudio realizado entre 1993 y 1995 (Massieu, 1995) se compararon costos y productividad en la floricultura tradicional y en la intensiva. En comparación con este aumento de costos, que tiene que demostrar una rentabilidad por encima de estos incrementos, el costo de la mano de obra resulta casi insignificante. De acuerdo con el trabajo de campo del estudio citado, las diferencias en los montos de inversión en innovación tecnológica (material genético obtenido por biotecnología e infraestructura de invernadero) y salarios es considerable entre la floricultura intensiva y la tradicional, como se observa en el cuadro 3.

cuadro 3
costo total en innovacion tecnológica y en salarios en la floricultura tradicional y en las
intensivas privada y gubernamental
(Porcentaje) a

Tipo de floricultura

Innovación tecnológica

Salarios

Tradicional

0

88

Intensiva gubernamental

73

24

Intensiva privada

69

37

a Los porcentajes no suman 100 porque hay otros gastos, como el transporte,
que no tiene que ver directamente con la innovación tecnológica.
Fuente: Investigación de campo en el estado de Morelos, en Villa Guerrero, México,
y en Actopan, Hidalgo,1989-1993.

Lo anterior no implica la disminución relativa en el uso de fuerza de trabajo, pues genera toda una gama de actividades nuevas y específicas en cuanto a la preparación del producto, además de las habituales de corte y cosecha. Aun cuando la densidad de mano de obra baja con la producción intensiva en invernadero, ésta es aún muy alta en comparación con otras actividades agropecuarias. Las compañías florícolas holandesas, francesas y estadunidenses mantienen el control de los esquejes y las plantas madre por medio del dominio de biotécnicas (cultivo de tejidos vegetales y clonación) para su obtención, de manera que dichas técnicas no se conocen entre los floricultores mexicanos.

También los insumos necesarios, como fertilizantes y pesticidas especiales, se obtienen del exterior. Lo anterior representa una limitación al desarrollo de la floricultura nacional, cuyo origen se encuentra en el monopolio de la innovación tecnológica, de manera que si no fuera por el bajo costo de la mano de obra, la aplicación de la biotecnología a la floricultura mexicana de exportación sería incosteable. Aunque ha habido argumentos respecto a la falta de necesidad de un paquete tecnológico para la aplicación de la biotecnología, en este caso resulta claro que las nuevas variedades de flores obtenidas por estos medios sí requieren de un costoso paquete para rendir todo su potencial, que comprende la construcción y el mantenimiento del invernadero. Este aumento de costos induce a una mayor productividad y rentabilidad, lo que le da sentido a la inversión para la aplicación de la innovación tecnológica.

En este caso podemos apreciar la característica que está adquiriendo en el agro mexicano la modernización excluyente de la actual política económica: una gran cantidad de inversión y recursos se canaliza a actividades que encuentran un mercado rentable y limitado en el exterior, para productos de lujo. Para esta producción es necesaria la aplicación de la tecnología de punta (en este caso, la biotecnología) que requiere de costosos paquetes, y es el bajo nivel de los salarios el que permite costear estas cuantiosas inversiones.

III. Biotecnología y ganadería

El desarrollo de la ganadería en México abarca el 65% del territorio nacional, esto es tomando en consideración la superficie de pastoreo, más los cultivos agrícolas que se destinan a la alimentación animal (Chauvet, 1993). Las variables básicas a tomar en cuenta para la producción ganadera son: alimentación, sanidad y manejo. Estos tres parámetros para la ganadería en México se caracterizan por ser heterogéneos entre los productores, incluso de una misma región y con una tendencia hacia los niveles de menor desarrollo tecnológico. La ganadería bovina de carne se basa en los pastos naturales y éstos en el régimen de lluvias. Por ello el carácter extensivo-extractivo es el que prevalece. Un reducido sector en la zonas áridas cuenta con riego y siembran pastos, o en las áreas tropicales introducen praderas con gramíneas, pero tan sólo corresponde a 8.2% de la superficie con actividad ganadera (Chauvet ,1993).

La ganadería intensiva es la que tiene un control en todas las variables productivas. La alimentación del ganado es equilibrada y uniforme durante todo el año, se previene al hato de enfermedades y la reproducción no se deja a la espontaneidad, sino que por medio de la inseminación artificial se va manteniendo o mejorando la calidad genética del ganado. La producción lechera estabulada, la de engorda en corrales y la avicultura y porcicultura comerciales se inscriben en esta clasificación, y su nivel tecnológico es semejante al que tienen estas ganaderías en los países industrializados; de hecho se han importado los modelos productivos a modo de paquete de estos países.

En dichos sectores ganaderos es en donde se han aplicado las biotecnologías, en particular tres de ellas: Biofermel, que es un compuesto con base en esquilmos agrícolas para la alimentación del ganado; su efecto económico consiste en que puede abaratar 50% los costos de alimentación. Esta innovación se desarrolló en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la unam con la asesoría para la producción y la comercialización del Centro de Innovación Tecnológica, también de la unam. Se instauraron dos plantas en la región agrícola del centro del país y ello benefició a los campesinos de la zona, que pudieron vender sus esquilmos, y los ingenios cercanos surten la melaza (Castañeda, 1991).

A pesar del potencial que esta fuente de alimentación tiene para el ganado, la limitante fundamental para su diseminación hacia un amplio sector de productores son los problemas de comercialización y de difusión entre los clientes potenciales. Los otros productos biotecnológicos provienen de laboratorios extranjeros, como los probióticos para animales y forrajes, de Alltehc Inc. y la somatotropina bovina (stb) de Monsanto. Los probióticos más usados son los que van dirigidos hacia los programas alimenticios para una mejor asimilación de los nutrientes y los microorganismos que promueven la fermentación de los forrajes y su mejor conservación. En la región de Aguascalientes se investigaron los efectos de estos productos biotecnológicos para la producción lechera y de aves. Ciertamente los productores que los utilizan tienen un nivel tecnológico medio y la capacidad financiera para adquirirlos.

La conclusión del estudio fue que el uso de la biotecnología no se ha generalizado por las resistencias al cambio que plantean los ganaderos. Desde su percepción, con las condiciones con las que cuenta el rancho han logrado mejores rendimientos que diez años antes y, como la política económica sectorial no los acompaña, no ven estímulos que justifiquen modificar su proceso productivo. El efecto demostración es el que los va orillando, poco a poco, a introducir cambios, pero si su esfuerzo no se ve reflejado en la política de precios, el proceso se frena (Chauvet, et al., 1992).

La somatotropina ha sido una de las aplicaciones de la biotecnología más controvertidas; a raíz de la prohibición de su uso en Estados Unidos y en Europa, el laboratorio Monsanto buscó otros mercados. México ofrecía condiciones favorables debido al grave déficit que acusa en producción lechera, mismo que le ha proporcionado el nada honroso primer lugar como país importador de leche en polvo. Fue así como en 1990 se empezó a aplicar en una de las cuencas lecheras mexicanas. En cuanto a su efecto socioeconómico, sucede algo semejante: la hormona muestra sus efectos inmediatamente; sin embargo ese ritmo intenso de producción “desgasta” a la vaca más rápidamente y ello desencadena mayores inversiones que, como ya se dijo, no se compensan con el precio del mercado.

Un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México, junto con un representante de Monsanto realizaron una evaluación del efecto de la somatotropina bovina en vacas mestizas lactantes en el trópico húmedo, en la zona de Gutiérrez Zamora, Veracruz. Para el estudio se tomaron 20 vacas mestizas (Bos taurus y Bos indicus); a un grupo de 10 vacas se le aplicaron 7 inyecciones de 250 mg de stb por 14 semanas y el resultado fue un aumento de 1.2 kg-vaca-día de leche. Al otro grupo no se le aplicó la hormona y se mantuvo en las mismas condiciones alimenticias, sin reportar cambios en su producción diaria de leche. Al grupo de vacas del estudio en el trópico se le suministró la mitad de la dosis que se acostumbra con ganado estabulado, a este tipo de hatos se le dieron 500 mg y la respuesta promedio que se ha tenido en establos mexicanos ha sido un aumento de 5.2 kg-vaca-día en el estado de Querétaro y de 4.7 kg-vaca-día en Torreón, Coahuila (Morales, 1992).

Por último, el transplante de embriones se ha realizado pero de manera muy esporádica, siendo bajo el nivel tecnológico y sin generalizarse aún el nivel previo –la inseminación artificial–, por lo que esta práctica se encuentra muy lejos de consolidarse. Se hizo una campaña oficial para intentar por esta vía un mejoramiento genético del sector lechero, pero no prosperó.

En cuanto a los beneficios potenciales de la biotecnología para la ganadería mexicana, está la reciente introducción de la vacuna recombinante contra la garrapata, de origen cubano, entre cuyas ventajas se encuentran: i) inmuniza activamente a los bovinos contra la garrapata; ii) disminuye la población de garrapatas en los potreros; iii) disminuye la aplicación de los baños garrapaticidas; iv) reduce costos de manejo del ganado, y v) a diferencia de los garrapaticidas químicos, no contamina la carne, la leche ni el medio ambiente.

Para que la vacuna recombinante contra la garrapata tenga éxito comercial se necesitarán librar dos batallas, la primera contra las grandes empresas farmacéuticas que fabrican los garrapaticidas, ya que este producto atenta contra su mercado. La segunda, es que levanta otra serie de obstáculos el hecho de que un país subdesarrollado, en particular, Cuba, sea quien tenga este desarrollo tecnológico.

En conclusión, la biotecnología ofrece opciones para el desarrollo ganadero, sin embargo, no corresponden a las condiciones económicas y tecnológicas de la ganadería mexicana. Cabe hacer notar que para el caso de la btp, el efecto real de esta biotecnología se dio en condiciones no esperadas. Una ganadería de corte tradicional, en un país en desarrollo, adopta una tecnología de punta generada en el Primer Mundo, la cual se esperaría que hubiera beneficiado, en primera instancia, a los productores de los países industrializados. Por ello, el análisis de los efectos de las biotecnologías tiene que ser abierto y flexible, no puede ser lineal; en este caso, las condiciones económicas y políticas determinaron el curso que siguió la aplicación mundial de la somatotropina.

Conclusiones

Aunque la aplicación de la biotecnología en la agricultura mexicana es ya un hecho, no podemos considerarla una agricultura moderna debido a que las condiciones socioeconómicas del campo continúan sin cambios profundos, y un sector en su mayor parte de productores no tiene acceso a las innovaciones tecnológicas. México cuenta con científicos de primer nivel, sin embargo el desarrollo de la biotecnología ha sido exógeno; las compañías extranjeras son las que se han encargado de su introducción, lo que obliga a concluir que no hemos capitalizado la experiencia sufrida con la revolución verde (Barajas, 1991) y que la introducción de la biotecnología en el agro polarizará aún más la estructura social existente. De las empresas biotecnológicas que tienen productos para la agricultura, Monsanto ha sido hasta ahora la que tiene mayor presencia, al desarrollar la stb y las semillas transgénicas de papa.

Hasta ahora la biotecnología no ha cumplido su promesa de favorecer también a la pequeña producción, a pesar de que técnicamente es factible. De hecho, sólo los sectores empresariales o las compañías transnacionales están en posibilidad de aplicar sus avances. Esta nueva tecnología tiene cuentas pendientes con los pequeños productores, pues aún no los ha beneficiado. No se ha ganado la denominación de tecnología apropiada; de ser así se amoldaría a las condiciones prevalecientes del productor. Hasta ahora, las aplicaciones que se han dado en países como México han sido en los sectores que cuentan con condiciones productivas similares a las que se tienen en los países industrializados y, como es de esperarse, las respuestas han sido exitosas. Por ahora la experiencia de la introducción de la sbt en el trópico húmedo mexicano es la excepción. Se ha tenido éxito con vacas mestizas, donde la alimentación se basa en gran parte en pastos naturales y no en concentrados. No obstante, esta práctica no se ha generalizado en el total de los productores lecheros que cuentan con esas condiciones productivas. Por el momento, en lo que a la introducción de los avances biotecnológicos se refiere, la balanza se inclina hacia las promesas más que a las realidades.

Referencias bibliográficas


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