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Las perspectivas del conocimiento científico-técnico en la sociedad contemporánea
Luis Felipe Badillo Islas
Estudiante del doctorado en Ciencias Sociales, uam-Xochimilco.


Introducción

La necesidad de analizar algunas de las perspectivas del conocimiento científico-técnico en la sociedad actual se deriva de las consideraciones que a continuación se plantean. Después de la última Guerra Mundial el conocimiento científico-técnico imbricado cobra cada vez mayor relevancia en la sociedad contemporánea. Esta fusión, que dificulta establecer una delimitación precisa entre ambos saberes, permite el avance de los procesos de invención, innovación y adaptación tecnológica. El gran efecto de estos procesos en las diversas actividades humanas (producción, organización y consumo) implica plantear que la sociedad del presente (y la del futuro) se están articulando a partir de estos conocimientos. Ahora más que nunca son replanteadas tesis tales como las que ligan de manera directa la información con el poder político o económico.

A partir de la revolución científico-técnica la producción y la distribución del conocimiento (concebido como parte de una inversión), se presentan con una importancia igual o mayor que la fabricación de bienes y servicios tangibles. Este situación se demuestra mediante la contratación creciente, por parte de las empresas innovadoras, de personal que tiene como actividades básicas generar y difundir información relativa, entre otros aspectos, a productos, procesos y materias primas.

Con esta orientación se configuran auténticas industrias del conocimiento. Es tal la importancia que se confiere al conocimiento especializado de alto nivel, que a la fecha la mayor parte de los gobiernos incluyen dentro de sus políticas, de manera implícita o explícita, la promoción de servicios científico-técnicos aplicados a la producción. Mediante estas políticas se persiguen, entre otros objetivos, reforzar el vínculo entre la investigación básica y la aplicada, así como sincronizar las actividades de investigación y desarrollo que se llevan a cabo en los organismos gubernamentales, en las universidades y en la industria.

Ante los escenarios esbozados por esta racionalidad técnica (que recobra la promesa moderna de un futuro mejor al amparo de la Ilustración) resulta necesaria la reflexión acerca del conocimiento científico-técnico a partir de cuestiones tales como las siguientes: ¿cómo y en qué condiciones se está generando?, ¿para qué y para quién se genera?, ¿cuál es su efecto físico y social?, ¿qué opciones existen a este modo de concebir la realidad?

El trabajo parte del supuesto de que el conocimiento científico-técnico, señalado como el conocimiento relevante para la sociedad contemporánea, se está generando a partir de una racionalidad instrumental, excluyente, ubicada en una perspectiva reduccionista (unidimensional) que atiende fundamentalmente los intereses de los grandes consorcios multinacionales. Esta racionalidad, que se encarna en los modos burocráticos, económicos y tecnocientíficos, mantiene pretensiones de totalidad y de universalidad.

Para desarrollar la tarea anterior se abordan diversas perspectivas relativas al papel que desempeña el conocimiento científico-técnico en la sociedad contemporánea. Este conjunto de puntos de vista se agrupan en dos vertientes fundamentales: la que se inscribe, desde una perspectiva funcional, en el ámbito de la racionalidad técnica y/o instrumental y la que adopta una posición crítica respeto al qué, al cómo y al para qué de este tipo de conocimiento. Desde la primera postura se recogen en un primer momento algunos planteamientos teóricos pertinentes considerados “clásicos” para el desarrollo de una economía en la que el conocimiento científico-técnico se torna relevante.

En un segundo aspecto se retoman algunas reflexiones contemporáneas acerca del papel y de la importancia asignada a este tipo de conocimiento en la configuración del “nuevo orden mundial”. Para el análisis del segundo enfoque (la posición crítica ante la racionalidad instrumental) se toma como hilo conductor la tesis mandeliana relativa a las ondas largas de la economía. En esta segunda parte del documento también se consideran algunos cuestionamientos de orden epistémico respecto a la manera en la que se concibe el conocimiento científico-técnico en el nuevo modo informacional, y algunas opciones a esta limitada manera de comprender la realidad social.

En cada enfoque se describen los escenarios de la producción informacional, particularmente en el caso de los países que se asignan un papel protagónico clave. De manera tangencial se cita el caso de los países periféricos a los que se les brinda un rol poco o nada relevante dentro de la guerra del conocimiento.

I. La perspectiva instrumental del conocimiento científico-técnico

1. Las propuestas básicas

A finales del siglo XVIII Adam Smith concibió a la ciencia como una fuerza liberadora. No obstante en sus escritos básicos no se vislumbra el análisis del efecto que el conocimiento científico-técnico pudiera tener en el crecimiento económico. En el libro II de La riqueza de las naciones Smith señala como una de las causales del incremento de la producción anual la mejora en la capacidad productiva del trabajo, derivado del incremento de la habilidad o del mayor uso de la maquinaria. En esta lógica (en la que aún aparece desvinculada la innovación tecnológica del desarrollo científico, y ambos aspectos del crecimiento económico) se inscriben también los planteamientos de David Ricardo. Este economista, en oposición a la ley de Say (que postuló, entre otras cuestiones, el incremento de la productividad y la reabsorción de la mano de obra como resultado a largo plazo del progreso técnico), señala que el incremento de la demanda de tecnología (que es paralelo al aumento del capital) presenta una relación decreciente respecto a la demanda de trabajo.

Marshall ubica el conocimiento como el principal motor de la economía. El progreso económico de los pasados 150 años, a su juicio, es producto del desarrollo en materia de ciencia y tecnología. En este autor, a finales del siglo xix, se encuentra ya un reconocimiento explícito del papel de los adelantos científicos en la fabricación, la cual, desde su perspectiva, depende cada vez menos de los métodos empíricos. De ahí la recomendación que realiza para hacer un mejor uso de este saber.

Shumpeter, a mediados del presente siglo, hace hincapié en el efecto que tiene el conocimiento científico-técnico en el desarrollo industrial. Señala que el capitalismo es un modo o método de transformación económica que no es, ni puede ser, estacionario. Las continuas transformaciones industriales, nos dice este autor, revolucionan incesantemente la estructura económica desde dentro, “destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente elementos nuevos”. Desde ésta perspectiva, la investigación aplicada al desarrollo de nuevas técnicas es fundamental para la sobrevivencia y el fortalecimiento de las empresas.

Galbraith (1967) y Bell (1976), en la perspectiva de la sociedad posindustrial, nos señalan la importancia creciente (inevitable y benéfica) de los especialistas. El primero define la tecnología como “la aplicación sistemática de la ciencia o de otros conocimientos organizados a tareas prácticas”. El segundo nos remite a la existencia de una sociedad en la que el trabajo profesional de técnicos y científicos (capaz de generar información rentable a partir de teorías abstractas) se convierte en una cuestión nodal. A partir de estos planteamientos se desarrollan líneas de investigación en las que la variable fundamental sigue siendo el conocimiento científico-técnico.

2. Del conocimiento empírico al conocimiento científico-técnico

Durante el siglo xviii y comienzos del xix no existió un nexo permanente y directo entre científicos e industrias. De tal manera, gran parte de las invenciones se realizaron de manera aislada, a título personal, y surgieron de la experiencia práctica de los artesanos.

Las tecnologías subsecuentes requerirían conocimientos más allá de procedimientos empíricos basados en el tanteo. Los procesos contemporáneos de investigación y desarrollo se caracterizan por su intencionalidad explícita y por su tipo y nivel de organización. A partir de la segunda mitad del siglo xx la innovación tanto de procesos como de productos se fundamenta casi por completo en el conocimiento científico obtenido en laboratorios. Desde entonces el empleo de este conocimiento se convierte en un hecho cotidiano para las empresas. De esta manera el conocimiento considerado originalmente como una variable exógena pasa a ser reconocido como una fuerza endógena principalísima en el crecimiento económico. Las innovaciones que se realizan en el campo tecnológico dependen de las aportaciones que regular y sistematicamente lleva a cabo la ciencia.

Lo imprescindible de este saber experto lleva a la apertura, al interior de la empresa, de departamentos conformados por mano de obra con una formación científica sumamente especializada que, en términos generales, cuenta con una preparación teórico-práctica de carácter formal. De acuerdo con Freeman (1975) hasta los inicios de la década de los años setenta las industrias que realizaron una investigación con carácter intensivo fueron las que experimentaron un crecimiento más rápido, y asimismo las que generaron mayor innovación en relación con: productos, procesos, componentes y equipo, uso de fuentes de energía y empleo de materias primas. Entre este tipo de industrias se cuentan: la electrónica, las plantas químicas y para refinado del petróleo, las de plásticos y la nuclear.

En ciertas circunstancias el mantenerse al margen de la innovación tuvo resultados negativos para la empresa, traducidos en la reducción de su tasa de crecimiento y/o de la pérdida de su posición de líder en el mercado. Dado que los productos tienen una vida media (que dependen de factores como los nuevos descubrimientos y la política empresarial tendiente a la recuperación de la inversión) es necesario que las “empresas” sean capaces de innovar o por lo menos de imitar en el menor tiempo posible. Esto implica que, al margen del empleo que hagan de licencias y de know-how, cuenten con departamentos de investigación y desarrollo. La información generada en estos ámbitos es suceptible de ser empleada por la propia empresa, o bien comercializada.

Freeman (1975) postula, a manera de hipótesis, que el éxito de la empresa proviene, entre otros, de los siguientes aspectos: la capacidad que tenga para desarrollar una intensa labor de investigación y desarrollo a largo plazo (lo cual implica la disponibilidad de recursos para asumir esta tarea); la realización propia de la investigación básica o del contacto con quien la lleva a cabo; la eficacia que logre para coordinar la investigación y el desarrollo con las áreas de producción y comercialización. No innovar es morir, señala este autor, particularmente en industrias como la química o la electrónica. La carencia de innovaciones puede conducir a que la competencia, que logra introducir nuevos productos o procesos y que es capaz de generar productos estándard a precios más baratos, se apropie del mercado.

3. El papel del conocimiento científico-técnico en el nuevo modo de desarrollo informacional

La clave del nuevo modo de desarrollo que se está conformando es el conocimiento científico-técnico. La producción informacional se convierte en el eje de las nuevas tecnologías tanto de productos como de procesos. Los nuevos conocimientos, nos dice Castells (1991), afectan no sólo la manera de producir, sino que también permean el modo de consumir, de actuar, de vivir y de morir.

La información se convierte en materia prima y producto que se incorpora a otros bienes, servicios decisiones y procedimientos. En el nuevo “modo informacional” de desarrollo, el conocimiento actúa sobre el conocimiento para generar un mayor saber y un mayor efecto en la productividad. La información que se genera o se recibe en el nuevo modo de desarrollo, Dosi (1988) la agrupa a partir de las siguientes dicotomías:

  1. Un conocimiento general o universal (con carácter científico) contra un conocimiento especializado (o tecnológico en sentido estricto).
  2. Un conocimiento público (al que se accede libremente a partir de medios tales como las publicaciones) contra un conocimiento privado (cuyo control y usufructo es de carácter particular).
  3. Un conocimiento articulado o institucionalizado (adquirido por medio de un proceso formal de escolarización) contra un conocimiento tácito (adquirido mediante la práctica).

Esta última vía con carácter informal para producir y difundir conocimientos, que se presenta en el interior de los centros de trabajo y en el ámbito extralaboral, también recibe el nombre de sinergias. Estas son definidas por Castells y Hall (1994, p. 314) como “la generación de nueva información de alto valor por medio de la interacción humana”. Algunos casos de sinergias se pueden presentar entre empleados, ejecutivos, investigadores y entre clientes y proveedores (Ruffier, 1991).

En el escenario futuro que nos presenta Thurow (1992) el factor clave en la obtención de ventajas competitivas duraderas será la tecnología de productos o de procesos (basada en los conocimientos arriba señalados). La competencia deberá girar en torno de industrias para las que el saber científico-técnico es fundamental: la microelectrónica, la biotecnología, las industrias basadas en la ciencia de los materiales, las telecomunicaciones, la aviación civil, la robótica (aunada a máquinas y herramientas) y los ordenadores (de manera conjunta con el software).

Todas son industrias que dependen de la capacidad cerebral. Todas podrán instalarse en cualquier lugar del planeta. Donde se instalen dependerá de quienes puedan organizar la capacidad cerebral para aprovecharlas. En el siglo que se avecina la ventaja comparativa será la creación humana (Thurow, 1992, p. 52).

La formación de capital humano, el desarrollo de tecnologías (particularmente de procesos) y la capacidad de emplear el conocimiento científico-técnico serán entonces fundamentales para un mundo en donde las posiblidades de enriquecimiento se estrechan.

4. Los escenarios del “nuevo modo de desarrollo informacional”

La tercera revolución científico-técnica tiene como una de sus características fundamentales la formación de una economía global. En esta economía la interdependencia, que genera una cultura basada en el conocimiento, se acrecienta a escala mundial. De esta manera cuestiones tales como la productividad y la competitividad pasan a depender del acceso que se tenga a información reciente y de la capacidad para generar nueva información.

Las regiones o los países capaces de desarrollar nuevas tecnologías son los que, en los tiempos recientes, desde la perspectiva del nuevo modo de desarrollo informacional, han experimentado un crecimiento más acelerado y los que, en consecuencia, tienen mayores ventajas en la competencia global; forman parte de las regiones que ganan (Benko y Lipietz, 1994).

a) Tecnópolis y/o aglomeraciones

La posibilidad de lograr una corriente óptima de información se concreta en proyectos planeados en los que se reúnen instituciones de investigación (con carácter semipúblico o no lucrativas), mano de obra sumamente calificada y capitales dispuestos a invertir en innovación. Estas tecnópolis, que conforman un medio innovador (capaz de generar riqueza a partir del conocimiento), constituyen una tarea básica dentro de la nueva economía de la información. Para impulsar el desarrollo de las tecnópolis se requiere de infraestructura y servicios de alta calidad; mano de obra con un alto nivel educativo (con formación universitaria y preferentemente con doctorado); fomento a la investigación básica y aplicada orientada a los diversos sectores de la economía.

Las tecnópolis como centros de innovación y alta tecnología pueden ser, de acuerdo con Castells y Hall (1994, p. 32) de tres tipos: “complejos industriales de alta tecnología construidos sobre un medio innovador... complejos de investigación estrictamente científicos, sin relación territorial directa con la fabricación... parques tecnológicos... (y) programas completos de tecnópolis como instrumentos del desarrollo regional y de descentralización industrial.”

En una tipología similar a la que nos presentan Castells y Hall, Arcangeli (1993) define las características de los diferentes centros industriales o aglomeraciones. Estos centros se definen como una entidad socio-territorial ubicada en un área delimitada natural e históricamente, en la cual está integrada una comunidad humana con un conjunto de empresas. En términos generales el autor reconoce tres grandes tipos de aglomeraciones: el distrito industrial genérico, el distrito comercial central y el polo de crecimiento. Al primero pertenecen los distritos de alta tecnología (en los que se innova, se emplean nuevos materiales, se lleva a cabo investigación básica y aplicada, se mantiene el contacto con los centros de educación superior y se invierte capital de riesgo); los distritos automatizados (en los que las destrezas y la producción son intensivas y se realiza fundamentalmente investigación aplicada), y los distritos marshallianos (configurados por un conjunto de pequeñas y medianas empresas independientes).

El distrito comercial central se caracteriza porque se difunden en él las políticas de ciencia y tecnología, las novedades y las innovaciones con frecuentes contactos informales cara a cara. Los polos de crecimiento, que constituyen el punto débil del sistema regional de innovación, son resultado de políticas regionales fordistas o de ubicaciones tardías (también fordistas) en poblados manufactureros.

b) Las redes de conocimientos

Un aspecto fundamental en el proceso de generación de conocimientos científico-técnicos que lleven a la innovación tecnológica son las redes de conocimientos, constituidas a partir de corrientes continuas de información. El establecimiento de redes formales o informales constituye un prerrequisito básico para la configuración de tecnópolis. Las redes de información que se crean tanto dentro como fuera de la empresa llegan a ser tan importantes que de ellas depende el éxito o el fracaso de la misma.

Cuando se plantea la existencia de redes se piensa en las terminales de ordenador. No obstante, la información obtenida por esta vía no es suficiente, por lo que se requiere también del contacto cara a cara para intercambiar información (Benko y Lipietz, 1994). Los productores organizados en redes se benefician del conocimiento que circula en ellas. La importancia del beneficio obtenido se deriva del lugar que las empresas ocupan dentro de la red.

A partir de la intensidad y la reciprocidad con que se presentan las corrientes de información, al interior de las tecnópolis o de las aglomeraciones, Arcangeli (1993) jerarquiza los distritos de la siguiente manera: en primer lugar se encuentran los distritos de alta tecnología, en segundo los distritos automatizados y en tercer sitio los polos de crecimiento. El quedar excluidos de las corrientes de información tecnológica o el mantener un vínculo endeble con ellos ha conducido al debilitamiento de los poblados manufactureros, de los polos de desarrollo y de los distritos marshalianos. Las corrientes de información tecnológica que van hacia arriba y hacia abajo en la jerarquía pueden adoptar los modos de investigación y desarrollo, y de aprendizaje por el uso. A partir de estas corrientes, nos señala Arcangeli, se configuran los sistemas regionales de innovación. En estos sistemas se aprecian dos tipos de regiones: las usuarias (tales como los polos de desarrollo) y las productoras (conformadas por distritos de alta tecnología y por distritos automatizados).

El sistema nacional de innovación está constituido por una jerarquía de sistemas regionales o distritos especializados que conforman un tejido de afluencia de servicios y de comunicación. Para Nelson (1988) un sistema nacional de innovación se caracteriza por: la participación privada de una considerable parte de la tecnología; la existencia de muchas y variadas fuentes del conocimiento científico-técnico; un mercado que lleva a cabo el proceso de selección de las tecnologías encarnada en los productos que llegan a él.

La sinergia, los medios y las redes que forman parte de los procesos de investigación y desarrollo permiten conformar las cadenas de innovación en donde las mejoras (en productos y en procesos), en un proceso de competencia, implican a su vez a nuevas mejoras.

c) El papel del gobierno y de las universidades en el nuevo modo de desarrollo

Después de la guerra fría la competencia se define a partir de rubros tales como la capacidad para contar con más calidad y/o más eficiencia en las organizaciones y en las instituciones (particularmente las de carácter educativo). Dada la creciente importancia de la información científico-técnica se plantean, como asuntos prioritarios para cualquier país u organización, tanto el aumento de las credenciales educativas y de la motivación de la planta laboral como el establecimiento de un marco institucional que haga posible maximizar las corrientes de información y las vincule con las tareas del desarrollo.

En el siglo xxi la educación y las habilidades de la fuerza de trabajo continuarán siendo, a juicio de Thurow (1992), el arma competitiva predominante. El nuevo modo de desarrollo basado en la economía de información globalizada le asigna al Estado y a las universidades un papel de apoyo a las actividades de investigación y desarrollo que llevan a cabo las empresas.

Los gobiernos deben implantar proyectos que presenten un alto riesgo o que sean de gran envergadura. Las universidades, por su parte, deben aportar materia prima para los procesos de innovación (conocimientos básicos y aplicados y mano de obra sumamente calificada) que incida en el crecimiento de “centros industriales tecnológicamente avanzados”. Otra posibilidad de las universidades (o de sus docentes) es actuar directamente como empresas, “apoyando el proceso de escisión de sus investigaciones en una red de empresas industriales y de nuevos negocios (Castells y Hall, 1994, p. 322).

5. Los países periféricos y el nuevo modo de desarrollo

En relación con el papel que desempeñan los llamados países en desarrollo en la nueva economía de la información en el ámbito funcional, existen por lo menos dos posiciones: la que niega cualquier papel relevante que este tipo de países pudiera tener en la guerra del conocimiento y la que plantea las oportunidades que se les presentan, derivadas de la emergencia del paradigma basado en la producción informacional.

Los escenarios arriba descritos están planteados en función de los países que Thurow (1992) identifica como protagónicos. Los no protagonistas, a juicio de este autor, son aquellos cuya desaparición de la faz de la tierra no tendría ningún efecto en la economía mundial. Su enorme deuda externa, su ineficiencia organizacional e institucional, su alto crecimiento demográfico, su bajo nivel educativo y de especialización merman sus posibilidades de desempeñar un papel activo en el nuevo orden mundial. A esto se añaden cuestiones tales como la pérdida de importancia, en lo económico, que antaño tenían los recursos naturales.

No obstante, para autores como Pérez (1994, p. 23) el cambio tecnológico “constituye la herramienta más poderosa para lograr una restructuración exitosa de los países en desarollo”. Desde esta perspectiva recomienda a estos países: no marginarse de las transformaciones tecnológicas recientes, tanto en productos como en procesos, que se presentan en la esfera mundial.

Dada la importancia creciente de la tecnología de la información, Pérez (1994) plantea la necesidad de sincronizar el avance tecnológico con los sistemas de educación y capacitación. Desde la perspectiva de la creatividad, el espacio está abierto para todos. La labor fuerte en un proceso de cambio consiste en comenzar a construir “redes y sistemas internos, de acumular experiencias y de generar sinergias para lograr un crecimiento autosostenido” (Pérez, 1994, p. 39). En los tiempos de cambio, según esta concepción, los países emergentes pueden alcanzar a los líderes.

II. La crítica a la concepción instrumental del conocimiento científico-técnico

La necesidad de problematizar las propuestas relativas al papel que el conocimiento científico-técnico tiene en la sociedad actual, inscritas en el marco de la racionalidad técnica, busca romper la inercia que conlleva a la aceptación acrítica de moldes de pensamiento prestablecidos (versiones únicas de la realidad) que se deben asumir para hacer frente a las demandas del entorno. El reconocer la existencia de posiciones contrapuestas ubica el análisis teórico en una perspectiva que trasciende los límites de una unidimensionalidad paralizante para la que sólo existe un proyecto (impuesto por medio de la lógica del capital): el de la reproducción.

1. Las ondas largas de ascenso del capitalismo y la emergencia del conocimiento científico-técnico

La caída de la tasa media de ganancia es un resultado inevitable a largo plazo del crecimiento económico capitalista acelerado. Después de un descenso persistente volvemos a encontrar un incremento de esta tasa. En la explicación del paso de las ondas depresivas a las expansivas los factores extraeconómicos (guerras de conquista, ampliación y contracción del ámbito del capital, lucha de clases, etcétera) desempeñan un papel muy destacado. Uno de estos factores (por cierto no el único, ni el más importante) son las revoluciones tecnológicas.

En la interpretación mandeliana, a diferencia de las que Kondratiev y Shumpeter nos presentan, los proyectos de inversión y las personalidades innovadoras no desempeñan un papel clave en las explicaciones sobre las ondas largas de ascenso del capitalismo. Las innovaciones tecnológicas no se desarrollan a gran escala durante los periodos de estancamiento, dado que las expectativas de ganancia son reducidas. Durante este periodo se acumulan inventos no aplicados o aplicados marginalmente que van a ser explotados intensivamente durante la onda de ascenso de la tasa de ganancia. El capital acumulado que no fue invertido en la onda recesiva se emplea en la fase expansiva para hacer posible la explotación de estos inventos. En este sentido, las ganancias tecnológicas son mayores para las empresas que primero emplean las técnicas revolucionarias.

Es importante destacar que, de acuerdo con lo que expone Mandel (1986), el paso de una onda expansiva a una onda recesiva tiene carácter endógeno, en tanto que la tendencia contraria (de carácter ascendente) está ligada con factores exógenos: “...esta última depende más bien de aquellos cambios radicales que se producen en el medio histórico y geográfico general del modo de producción capitalista, cambios capaces de inducir un ascenso fuerte y sostenido de la tasa media de ganancia”. Es decir, la generalización de las aplicaciones técnicas y científicas, que conducen a una revolución de corte tecnológico, es mediada por las condiciones sociales de acumulación.

Durante el proceso de consolidación del capitalismo se manifiesta la tendencia a subordinar el trabajo científico-técnico (proletarizado) a las necesidades del capitalismo. Esta relación subordinada permite consolidar el proceso de sustitución de trabajo vivo por trabajo muerto. Al respecto Mandel (1986) señala lo siguiente:

La tendencia del capital a proletarizar... el trabajo científico está directamente relacionada con la sed insaciable por conseguir más plustrabajo, más plusvalor y más ganancia, sed continuamente espoleada tanto por la competencia como por la lucha de clases entre capital y trabajo.

De tal manera, este impulso insaciable nos permite entender, como una de las secuelas del proceso de autoexpansión del capital, el surgimiento de nuevos conocimientos científico-técnicos y de nuevas tecnologías. En la medida en que éstas desplazan la mano de obra o que imponen cargas mayores de producción al obrero sin incrementar su salario, se convierten en un factor que mantiene el beneficio del capitalista.

Al respecto Heilbroner (1989, p. 66) hace el siguiente señalamiento: “En la medida en que las ganancias capitalistas de nuestros días emanan de rentas tecnológicas, la explotación del trabajo se torna cada vez más difícil de identificar visiblemente como trabajo excesivo u obreros mal pagados.” Después de la larga onda expansiva de la posguerra (en la que se presenta un fuerte crecimiento de la producción material y una rápida expansión del mercado mundial como respuesta al ascenso de la tasa media de ganancia) nos encontramos, a partir de la década de los años setenta, con un brusco descenso de la tasa media de crecimiento de la economía capitalista. En la medida en que la revolución tecnológica comienza a generalizarse decaen las superganancias provenientes de las rentas tecnológicas en las empresas más importantes.

Con las expectativas de una baja rentabilidad en lo sucesivo se comienza a observar a finales de la década de los años sesenta un descenso en la tasa de innovación como resultado de un estancamiento del gasto revolucionario en información (Mandel, 1986, p. 76). El desarrollo tecnológico se estabiliza no por una carencia de conocimientos científicos e innovaciones, sino por problemas de rentabilidad. La desaceleración del crecimiento económico (que tiene entre algunos de sus indicadores la sobreproducción, el subconsumo y la subutilización de la capacidad productiva instalada) torna arriesgada la producción masiva de productos innovadores.

Por otra parte, si no se ha logrado la amortización total de la gigantesca inversión de capital realizada durante el periodo expansivo, resulta improbable que se canalicen de manera masiva nuevas inversiones hacia otras innovaciones tecnológicas. La prioridad para el capitalismo, en condiciones de crisis, es “restablecer la tasa de ganancia mediante un fuerte ascenso de la tasa de plusvalor (es decir, de la tasa de explotación de la clase obrera” (Mandel, 1986, p. 87). Esto último nos permite entender el hincapié de economías como la japonesa, en la innovación de procesos más que de productos (Aoki, 1990).

2. El conocimiento científico-técnico en los escenarios de la adaptación destructiva del capitalismo

Las perspectivas de una nueva onda larga expansiva, basadas en las actuales tendencias, plantean como prerrequisitos:

...Un desempleo masivo crónico orientado, a la larga, a erosionar los salarios reales y la confianza (que tienen en sí mismos) los trabajadores, su combatividad, su organización, así como a incrementar significativamente la intensidad del trabajo, llevando a una pronunciada subida de la tasa de plusvalor; desvalorización masiva del capital mediante la creciente eliminación de empresas no eficientes, no (sólo) pequeñas y medianas, sino también grandes, incluidas muchas multinacionales (esto es, mediante un nuevo salto hacia la concentración y centralización del capital, no sólo a escala nacional, sino especialmente a escala internacional); nuevos modos de reducir, al menos en términos relativos, los costos de equipamiento, materias primas y energía; aplicación masiva de nuevas innovaciones tecnológicas (ahorradoras de mano de obra); nueva aceleración revolucionaria de la tasa de circulación del capital (Mandel, 1986, p. 94).

Los avances en la automatización y la robotización hacen factible la configuración de un escenario como el que se describe. Este escenario nos indica, por un lado, la capacidad del capitalismo para adaptarse a los cambios y, por el otro, los altos costos que en términos sociales se habrán de pagar por esta adaptación destructiva del capitalismo.

Cuestiones tales como la miseria (que afecta a más de dos tercios de la población del planeta) y el desempleo con tendencias a la agudización (a los que no se les concede la suficiente importancia en los paradigmas de orden científico-técnico) pueden desencadenar problemas que alteren gravemente el orden socio-político y a los que posiblemente se dé respuesta por medio del recorte de las libertades democráticas.

Otro problema emergente en este sentido (carente de una respuesta específica desde el punto de vista de la racionalidad técnica) es el de la capacidad científica y técnica “subyugadas al móvil de la ganancia privada” para responder a los altos costos que tiene para el medio ambiente esta adaptación destructiva. La apuesta a la inagotable capacidad de la tecnología para dar salida a la crisis económica (y por esa vía enfrentar problemas complejos de diversa índole), concebida desde una perspectiva unilineal, presenta muchas limitantes.

La visión relativa al crecimiento económico, que se plantea desde esta perspectiva, no es compatible con el mejoramiento de la calidad de vida de las mayorías, a las que los modelos recientes de innovación tecnológica, basados en el conocimiento de élite, parecen no tomar en cuenta. La brecha entre países pobres y países ricos es cada vez más profunda. La promesa de un mejor nivel de vida a partir del empleo de tecnologías modernas no ha cristalizado. Los logros de la sociedad industrial no han llegado aún a los países del sur, y éstos siguen enfrentando en su mayoría el problema de satisfacer sus necesidades básicas.

La situación del llamado Tercer Mundo parece importar muy poco a los países desarrollados capitalistas, que están restructurando sus procesos de acumulación y plantean que estas regiones prácticamente no tiene cabida en el nuevo orden global en el que las materias primas han dejado de ser un factor de peso en la nueva “economía de la información”. Muchos de estos países pueden desaparecer sin que su ausencia se note o tenga un efecto decisivo en la economía mundial (Thurow, 1992).

3. El cuestionamiento epistémico a la perspectiva instrumental del conocimiento científico-técnico

a) La importancia de la multidimensionalidad

El quehacer científico-técnico y los paradigmas asociados a él deben abrirse a las aportaciones de otros campos del conocimiento y asumir una actitud más crítica en relación con el manejo de los productos que generan. Es importante cuestionar “las formas de institucionalización y legitimación de un saber fraccionado, producido en los departamentos especializados de los centros de investigación... reproducido en la curricula... dentro de las instituciones de educación y aplicado en las funciones sectorializadas de la planeación y de la administración pública”. (Leff 1986, p. 10). La integración de conocimientos rompe la perspectiva unidimensional de los paradigamas basados en el predominio del saber científico-técnico (Marcuse, 1969) y permite articular los procesos ecológicos, culturales, tecnológicos y políticos como parte de un todo.

Las respuestas a problemas complejos no se pueden derivar de disciplinas o campos aislados del conocimiento. Desde esta perspectiva, las posibles “soluciones” llegan a generar más problemas que los que intentan resolver, al no tomar en consideración variables fundamentales no consideradas por las especialidades. Este sería el caso del conocimiento científico-técnico que se genera y se aplica (orientado por la maximizacion de beneficios) al margen de sus posibles efectos físicos o sociales. De tal manera, fenómenos tales como “el incremento exponencial de la producción de residuos y desechos contaminantes”, el gasto irracional de energía y recursos naturales, la degradación de la calidad ambiental y la concentración excesiva de la riqueza, aparecen asociados con los procesos de innovación tecnológica (basados en un desarrollo científico-técnico “neutro” y legitimador) concebidos desde una perspectiva unidimensional.

No es posible seguir ubicando a la tecnología (que toma como fundamento el conocimiento científico-técnico) como “un parámetro constante administrado por una secta especializada” (Tudela, 1991). Esta es una variable que interrelacionada con otras variables permite explicar, desde una perspectiva multidimensional, la realidad a partir de recortes conceptuales, espaciales y temporales.

Las posibilidades que tiene el conocimiento científico-técnico (concebido de manera instrumental) de incidir de manera efectiva en la resolución de problemas complejos se restringen más cada vez. En este sentido, la Fundación Friedrich Ebert (1987, p. 5), en Nuestro futuro común, señala que: “la velocidad con que se da el cambio (que altera radicalmente los sistemas del planeta) está sobrepasando la habilidad de las diferentes disciplinas científicas y nuestra misma capacidad para evaluar y aconsejar”. Por esta razón es necesaria la construcción de “un conocimiento capaz de captar la multicausalidad y las relaciones de interdependencia de los procesos de orden natural y social que determinan los cambios socioambientales, así como para construir un saber y una racionalidad social orientados hacia los objetivos de un desarrollo sostenible, equitativo y duradero” (Leff, 1994b, p. 17).

La necesidad de insertar el conocimiento científico técnico en un nuevo marco epistémico de conocimiento integrado va más allá de “una concepción errónea sobre la fusión de la ciencia con la tecnología, que reduciría el conocimiento de lo real a un saber como transformar, dominar y controlar la realidad (Leff, 1994a). El replanteamiento de cuestiones tales como la multidisciplina, la interdisciplina y la transdisciplina está asociado con la idea de construir una nueva racionalidad productiva (opuesta a la racionalidad dominante) en la que se consideren los valores culturales de las comunidades, las condiciones ecológicas de las diversas regiones y las estrategias políticas de desarrollo de un país (Leff, 1986, p. 102).

b) Diálogo y competencia de interpretaciones

Ante el avance de la racionalidad instrumental que se impone desde la lógica del poder (que busca la preservación del sistema), como única versión de la realidad, es necesario recuperar la acción comunicativa como una posibilidad de construir y reconstruir esta realidad desde una perspectiva crítica y problematizadora. El encuentro intersubjetivo que nos propone Habermas (1989) permitirá pasar de los consensos adscritos (o impuestos) a los consensos adquiridos (en donde lo fundamental son “las contribuciones cooperativas que en la acción comunicativa han de hacer los propios agentes”).

La acción comunicativa establecida a partir de la competencia de interpretaciones se convierte en “un centro virtual de autoentendimiento” a partir del cual los espacios públicos de opinión pública desarrollan un saber sobre sí mismos (Habermas, 1989, p. 425). La razón instrumental, encarnada por el poder político y económico, es incapaz de traducir organizativamente el saber intersubjetivo que la sociedad posee acerca de sí misma (esto último se demuestra en la imposibilidad o incapacidad que tiene para introducir mejoras fundamentales en las condiciones de vida de la población en general). Estos poderes, amparados en criterios de racionalidad técnica, han dejado de resolver problemas en muchos aspectos y se convierten en fuente de los mismos.

La propuesta habermasiana, ante el proceso de desengaño respecto a los poderes político y económico, se orienta a la conformación de una nueva conciencia que busca domesticar no sólo a la economía capitalista, sino también al propio Estado. Por ello, ante la planeación administrativa de la existencia, Habermas plantea la necesidad de proteger el intercambio entre sistema y mundo de vida, y de que los “impulsos provenientes del mundo de vida penetren en la autorregulación de los sistemas funcionales”.

Esto exige un cambio de relación entre espacios autónomos autorganizados (que surgen y se mantienen de manera independiente del sistema político y cuentan con la fuerza de la autorganización que la solidaridad posee), por un lado, y los ámbitos de acción regulados mediante el dinero y el poder... En los nuevos movimientos autónomos surgidos a raíz de la crisis global, y fundados a partir de la acción comunicativa, convergen la crítica a la razón instrumental y una nueva manera de pensar la realidad por medio del intercambio intersubjetivo.

Frente a la unidimensionalidad y a la hiperespecialización del conocimiento generado por expertos, se plantea entonces como opción la multidimensionalidad epistémica y práctica. Algunos de los elementos que llegan a formar parte de los discursos, las estrategias y las demandas de estos espacios autónomos organizados son:

Una mayor participación en los asuntos políticos... su inserción en los movimientos por la democratización... la defensa de los recursos y su ambiente... la búsqueda de nuevos estilos de vida y patrones de consumo... nuevas formas de lucha apartadas de los sistemas institucionalizados y coorporativistas... la organización en torno de valores cualitativos (calidad de la vida)... la crítica a la racionalidad económica fundada en la lógica del mercado, la maximización de la ganancia, la eficiencia y la productividad tecnológica (Leff, 1994b).

Conclusiones

De manera paralela al aumento de la importancia del conocimiento científico-técnico se observa el incremento del papel que la teoría, ubicada en el espectro de la racionalidad instrumental, le confiere a éste en el crecimiento económico. De tal manera, en lo que autores como Castells denominan nuevo modo de desarrollo informacional, la empiria queda desplazada (aunque no del todo, dada la subsistencia del conocimiento tácito) por un conocimiento articulado y/o especializado.

Desde esta perspectiva, los escenarios de las regiones que ganan se configuran en los centros en los que las innovaciones, la alta tecnología y las redes de conocimiento son una constante. Al gobierno y a las instituciones educativas de nivel superior les son asignadas funciones básicas de apoyo a estos procesos. Los países periféricos se vislumbran, dentro de estos escenarios, a partir de dos posiciones: la que señala la carencia de posibilidades de acceso a este nuevo modo de desarrollo y la que plantea la posibilidad que tienen de insertarse en los procesos de cambio en la medida en que aprovechen las nuevas oportunidades de desarrollo.

La innovación y el desarrollo científico-técnico como base de la economía de la información, al centrarse de manera unilineal en el desarrollo tecnológico aplicado a procesos y a productos, deja de lado la multicausalidad y la interdependencia de fenómenos de orden natural y social. Esta perspectiva genera o consolida problemáticas no vislumbradas por muchos de los paradigmas de la innovación y el cambio tecnológico ubicados en la perspectiva funcional.

El quehacer científico proletarizado y subordinado al capital se orienta al incremento eficiente de la rentabilidad (el desarrollo científico-técnico ocurre básicamente durante las ondas largas favorables al proceso de acumulación de capital), al margen de consideraciones valorativas o de carácter ético-político. El desempleo crónico, la imposición de cargas mayores de trabajo sin repercusión al salario, el efecto negativo en la calidad de vida de los trabajadores y en el medio ambiente, son algunos aspectos que no se encuentran dentro de las reflexiones fundamentales de los teóricos que exaltan los escenarios económicos prefigurados por el nuevo orden económico metropolitano. Estos son algunos aspectos que ponen de manifiesto la irracionalidad que subyace al reciente modo de desarrollo informacional.

A pesar de que algunas de las nuevas tesis acerca de la innovación tecnológica buscan superar las insuficiencias de la teoría neoclásica (concepción estática y ahistórica de la realidad... insuficiente papel concedido a las instituciones... concepción estática de equilibrio (Hualde, 1993) y de que incluyen entre sus preocupaciones el problema ambiental, finalmente prevalece en ellas una orientación instrumental relativa al conocimiento científico-técnico y a la tecnología.

Para autores como Dosi (1988) lo fundamental en un proceso de innovación es la búsqueda, el descubrimiento, la experimentación, el desarrollo y/o la imitación de nuevos productos y procesos. Nelson (1988) concuerda con lo planteado por Dosi y subraya el cambio tecnológico como un elemento básico del funcionamiento de la economía moderna. Para él las innovaciones tecnológicas presentan un carácter acumulativo e irreversible.

Hualde (1993) señala que la “alta acumulación de saberes” constituye un requisito indispensable para el progreso en algunos aspectos relacionados con el cambio tecnológico. En estos discursos el objetivo implícito o explícito sigue siendo la rentabilidad (en una sociedad que en los hechos se asume como terminal), al margen de consideraciones éticas, sociales culturales y ecológicas. En este sentido la acumulación de capital, por la vía de conocimientos y tecnologías que se generan a partir de medios cada vez más refinados sigue siendo, tal como lo señala Heilbroner (1989), el centro de la vida económica, política y social de las naciones capitalistas.

Ante las perspectivas excluyentes, implícitas en este modo de concebir la modernización económica, es necesario impulsar acciones y procesos centrados en la acción comunicativa por medio de la que se posibilite el paso de los consensos impuestos a los consensos adquiridos. El involucramiento necesario de la opinión pública en esta competencia de interpretaciones permitirá configurar otros posibles escenarios, particularmente para los países periféricos.

Febrero, 1996

Referencias bibliográficas


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