Hernández Prado, José La filosofía de la cultura de Antonio Caso, UAM-A, México, 1994. 290p.

Jorge Alfonso Torres Romero.


José Hernández Prado aborda las concepciones sobre el conocimiento de la historia, la sociedad y la cultura, del maestro Antonio Caso, argumentando que sus propuestas pueden ser tomadas en cuenta para hablar de una Filosofía de la Cultura; además de presentarnos un Antonio Caso como valioso teórico de las ciencias culturales y sociales y, como un primer exponente mexicano de la denominada "teoría sociológica" e incluso de la filosofía de las ciencias histórico-sociales-culturales, que -según José Hernández- podría parecerse, aunque de manera distinta, a los programas de Investigación esbozados por Dilthey o por Rickert.

La propuesta del autor es hacer una reflexión "desde dentro" de la Filosofía Casiana con ánimo no sólo de describir, sino de demostrar la hipótesis mencionada y vislumbrar la posibilidad de discusión y enriquecimiento a sus lectores.

El libro está dividido en dos secciones, La Primera llamada “Las Propuestas”, en donde se plantean y ponen a prueba los puntos de vista de Antonio Caso sobre el conocimiento de la historia, de las sociedades y la cultura. La segunda parte se titula “Los Fundamentos” y está dedicada a la Revisión de algunos temas de carácter integral en la obra de Antonio Caso, como El Progreso, La Libertad y el Individuo en la historia, entre otros.

Esta reseña tocará de manera general, dos de los puntos del trabajo con la finalidad de despertar el interés por la lectura de la obra.

Las Propuestas

La historia como saber sui generis

En 1923, Caso consideraba la historia como ciencia sui generis partiendo de la idea de que el conocimiento histórico no se parece al de las demás ciencias, por lo menos no en el mismo sentido en que la física, la química y la biología se asemejan entre sí. Esta idea lo llevó a plantear que la historia no es una ciencia, debido a que las ciencias persiguen, de manera general, prever determinados fenómenos, mientras que la historia se propone revivirlos, en lugar de preverlos.

La historia se aboca siempre a sucesos particulares que buscan conocer consistencia y unidad, para ello utiliza generalizaciones como las que efectúan las ciencias, las cuales inducen principios generales que no admiten restricciones, ni de tiempo, ni de espacio. Quedaba claro que las ciencias siempre buscan establecer uniformidades, géneros, leyes; que de manera general son hechos repetibles, mientras que la historia, no obstante que recurra a términos universales, persigue, de continuo, la "intuición de lo individual", estudia lo que es único, "lo que nunca vuelve a ser como fue".

Para poder hablar de la historia como ciencia, se debía entonces modificar el concepto mismo de ciencia y en ese sentido Caso se apegaba a la idea aristotélica de que "no hay ciencia de lo particular como particular". Pero si no hay ciencia de lo particular, y la historia conoce lo particular, entonces la historia no puede ser una ciencia: Antonio Caso recordaba que Shopenhauer le había negado de manera explícita a la historia su carácter de ciencia, proponía junto con el alemán que la historia trataba de entidades individuales y no de géneros y leyes; trataba de lo irrepetible y no de lo que existe siempre; reiterándose. Entonces la historia no era una ciencia, sino un saber peculiar, un saber sui generis.

Para Caso, la filosofía y la historia investigan ambas entes concretos. La historia es indefinible porque tan sólo es descriptible a partir de la "intuición de lo individual". Si la ciencia es definición pura, la filosofía y la historia son intuición que expresa "lo indefinido e indefinible por las ciencias".

Las ciencias ofrecen una visión abstracta del ser; ofrecer "la cuadrícula ideal y práctica de la vida" mientras que la filosofía, con sus propias intuiciones metafísicas y con los datos que elabora la ciencia, las descripciones que realiza la historia y las creaciones del arte, procura visiones sintéticas y concretas de la vida misma, y ello es evidente, en todos los grandes sistemas filosóficos generados en occidente.

La historia y la filosofía, poseen entonces una "extensión universal". Pero la diferencia radica en que la historia el universo le interesa en tanto que ya ha sido, no en tanto qué es o qué está ocurriendo. La historia no sabe si el universo es una totalidad, y no tiene que comprobar ningún principio, como la filosofía.

Antonio Caso destacó la tesis en el sentido de que la filosofía es la ciencia de lo universal concreto -y utilizaba ahora la palabra ‘ciencia’- y la historia es el "estudio de lo individual concreto".

Los fundamentos

El progreso y la filosofía de la cultura

Antonio Caso consideró que la sociedad de las personas humanas, ea una sociedad política sujeta al curso de la historia, capaz de evolucionar hacia su propia perfección como persona social. Esta convicción, lo condujo al tema del progreso histórico social. En 1922, afirmaba que "casi no hay progreso metafísico", es decir, que ninguna de las propuestas metafísicas anteriores a Sócrates" había sido absolutamente refutada y superada; sin embargo, aquello que si había progresado era la "filosofía práctica", por la que podía entenderse la lógica, la ética y la estética juntas, a la lógica la habría fundado Aristóteles; a la estética, Kant y a la ética Jesucristo.

La idea de "Progreso", viene de pro, hacia delante, y gressus, marcha o camino. La filosofía antigua clásica jamás concibió, pars Caso una marcha histórica hacía lo mejor; jamás concibió el progreso.

En opinión del maestro mexicano, el profeta Isaías fue el primero en intuir con claridad la noción de progreso. Según el profeta, por oscuros que fuesen los tiempos, más tarde o más temprano llegarían otros más luminosos para judíos y gentiles. La idea de progreso nació, entonces, con el mesianismo del pueblo de Israel. Las últimas consecuencias relevantes de esta "fe terrena" Judía, habríanse manifestado en los pensamientos de Hegel, Comte y Marx, proponía Caso.

Finalmente José Hernández Prado concluye su investigación con la idea de que la historia cultural humana y la sociología aunados a una filosofía natural, nos conducen a una filosofía de la cultura, pilar indiscutible de la casiana filosofía de la historia.