La destitución de Hannes Meyer

Ya en el transcurso de 1927 se había constituido en la Bauhaus una célula  comunista, cuyo número de miembros fue aumentando hasta alcanzar 36 en 1930. Cuando, en 1930, los estudiantes de izquierdas cantaron canciones comunistas durante la fiesta de disfraces, la prensa de derechas se aferró al acontecimiento para sacar de él provecho político. Uno de los principales activistas, Rubinstein, fue expulsado de la Bauhaus, y a otros 20-25 se les comunicó que no podrían continuar sus estudios. La célula comunista se declaró disuelta. Poco después tuvo lugar un segundo escándalo político. (lám. pág. 200) Cinta cinematográfica; difusión (ficha 638) «Los comunistas proscritos de la Bauhaus» sacaron un periódico a multicopista con el título “schlicht und freudig” («sencillo y alegre»), en el que también atacaron a Meyer (lám. pág. 199) Destitución de Hannes Meyer (ficha 637).

El diario de derechas “Anhalter Anzeiger” reaccionó con una editorial contra la  Bauhaus, y el 5 de mayo tuvo lugar una entrevista entre el alcalde Hesse, el director Meyer, el doctor Grote y el inspector jefe de primera enseñanza Blum. El curso de esta conversación fue calificado por Hesse y Grote de decisivo en su empeño por alejar a Meyer de su puesto de director, para «salvar» la escuela.

«Meyer declaró literalmente en esta entrevista ser filosófico-marxista, y que su ideología influía en este sentido en el trabajo en la Bauhaus»(123), el alcalde Hesse resumía así la entrevista. Meyer, por el contrario, recordaba: «aunque salieron a discusión puntos contrarios en la apreciación del trabajo en la Bauhaus, en ninguna forma se me dio a entender que mi inmediata dimisión estaba “in mente”.»(124) A pesar de todo, no hubo ninguna reacción inmediata por parte del ayuntamiento Pocas semanas más tarde Hesse y sus superiores aprovecharon un suceso trivial para atacar oficialmente a Meyer. En Mansfeld los mineros (dirigidos por comunistas) hacían huelga y para esta huelga habían donado dinero no sólo los estudiantes comunistas de la Bauhaus, sino  también Meyer, en privado; esta noticia fue publicada en el “Magdeburger Tribune”. Con fuerzas renovadas, la prensa de derechas señaló en qué se gastaba su dinero la Bauhaus.

Hesse hizo de este acontecimiento motivo para insinuar a Meyer, en una entrevista el 29 de junio, que dimitiera. Éste canceló una cita concertada para continuar la entrevista (el 31 de julio) y declaró el primero de agosto que no dimitiría. En el mismo día Hesse hizo uso de su derecho de destitución sin notificación previa. El transcurso de la destitución sólo se puede entender si se parte de que el alcalde Hesse estaba resuelto a alejar a Meyer de su puesto a

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toda costa. Los argumentos de Hesse eran insuficientes para una destitución sin aviso, e inmediatamente después de la destitución se llegó a un primer compromiso.

Los contrayentes acordaron someterse al juicio de un tribunal de arbitraje al objeto de una comparación, y con tal motivo dimitió Meyer de su puesto de director. La destitución se había transformado así en una dimisión. «presenté mi dimisión inmediata particularmente con la intención de asegurarme la libertad de acción» (125), escribía Hannes Meyer.

El 16 de agosto publicaba el periódico liberal de izquierdas “Das Tagebuch” la carta abierta de Meyer al alcalde «Mi expulsión de la Bauhaus», en la que Meyer extraía un balance crítico de su estancia en la Bauhaus: «Teorías consanguíneas cerraban cualquier puerta al diseño adecuado a la vida: El cubo era el triunfo y sus caras eran amarilla, roja, azul, blanca, gris, negra... Como director de la Bauhaus luché contra el estilo Bauhaus.» Hesse (y más tarde también Grote) justificaron su proceder con requisitos políticos. Sólo una Bauhaus apolítica, como la que había dirigido Gropius
y como Mies van der Rohe prometía dirigirla- podía ser estable. Pero dos años más tarde la «depurada» Bauhaus de Dessau fue cerrada de nuevo a instigación de los  nacionalsocialistas. Hay que decir también que los socialdemócratas se abstuvieron de votar. Sólo los representantes de los comunistas dieron su voto a favor de la Bauhaus.

La oposición contra Meyer en el seno de la Bauhaus, encabezada por Albers y  Kandinsky, desempeñó un papel esencial en su despido. En el cambio de estructuras que Meyer preveía para todo el curso preparatorio, veían peligrar su posición. Kandinsky albergaba la más profunda desconfianza contra cualquier posición comunista. Fuera de la Bauhaus, nadie tenía más interés -desde mayo de 1930- en alejar a Meyer de la Bauhaus, que el conservador del museo regional, el doctor Ludwig Grote. También él adoptó la posición de Albers y Kandinsky. Gropius seguía desde Berlín la evolución de la Bauhaus. La crítica que Meyer había exteriorizado repetidas veces sobre la «Gropius-Bauhaus» le parecía inaceptable.

En 1928 había publicado Meyer (y Kallái) una exposición dividiendo la Bauhaus en tres fases: una primera fase sería la de Weimar, nacida del caos -una segunda fase en Dessau, anclada en el formalismo- y una tercera fase -la de Meyer-, en la que la Bauhaus estudia los problemas de la vida y la sociedad; este sería el propio florecimiento de la Bauhaus. Esta crítica, no sin malicia, expuesta en múltiples ocasiones, no era abiertamente contradicha por Gropius, pero el alumno de la Bauhaus Xanti Schawinsky la calificaba, con la aprobación de Gropius, de «falsificación de la historia».

En mayo el círculo de los oponentes se había puesto de acuerdo en que el alejamiento de Meyer de la dirección sólo tenía sentido si había un sucesor para el cargo. A Grote le hubiera gustado volver a tener a Gropius en la dirección. Éste, que no mostraba el menor interés, inició conversaciones con el arquitecto Otto Haesler, que rechazó la oferta. Ludwig Mies van der Rohe, con quien la Bauhaus estaba en tratos estaba dispuesto a ocuparse del cargo. Así el alcalde podía anunciar, junto con la noticia de la destitución de Meyer, que Mies van der Rohe sería el sucesor.

Los estudiantes protestaron fuertemente durante varias semanas contra la destitución de Meyer y también pudieron movilizar la prensa de izquierdas. (lám. pág. 201) Estudiantes de la Bauhaus (ficha 639) El arquitecto Heiberg, recién llegado a la Bauhaus, dimitió como protesta, al igual que la secretaria Margret Mengel. Pero, aparte de lo citado, el despido de Meyer apenas despertó críticas. Ningún arquitecto alemán protestó. Sólo la Europa del Este, Dinamarca y algunos de los docentes invitados mandaron sus quejas a la ciudad.

Todavía en el mismo año Meyer se marchaba, con una «brigada roja Bauhaus», a Moscú para allí ayudar en la construcción del socialismo.

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