POSTMODERNISMO
FRAGMENTO DE: Profesor LUIS
B.MATA Profesor
Titular Programa Postgrado, Cátedra Socio-Psicología del Aprendizaje,
Universidad Nacional Experimental
"Rafael María Baralt"
Cabimas, Venezuela
Y
Profesor del doctorado en Ciencias Humanas, Cátedra Seminario
"Aprendizaje Significativo", Facultad de Humanidades y Educación,
Universidad del Zulia,
Maracaibo, Venezuela.
Dirección:www.storecity.com/lmata/newpage14.htm
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Los pueblos por
tradición conservan sus mores, valores y costumbres, que de una generación a
otra pasan, recibiendo las connotaciones del momento, pero que en esencia se
mantienen con sus atributos ancestrales. Ejemplo de ello lo es la religión y
los símbolos autoctonos; entre los cuales generalmente está una figura
mitológica. Así, los hombres modernos se identificacron con Prometeo, porque él contraviniendo las
disposiciones de Zeus, trasladó el
fuego a la tierra, hecho que permitió el progreso de los pueblos.
Para Camus (1942) el símbolo más
representativo de la modernidad es Sísifo,
quien fue castigado por los dioses del Olimpo a subir una roca hasta la cima de
una montaña; cuando alcanzaba la altura, la roca lo arrastraba hacía la base de
la montaña. De esa manera subía y bajaba. Esa consideración es una burla hacía
los modernistas, por parte de los postmodernistas. Estos expresan la idea:
“Hace falta ser tontos para saber que Prometeo
no es Prometeo, sino, Sísifo, para empeñarse una y otra vez
en subir la roca hasta lo alto de la montaña". ¡ Dejémola abajo y
disfrutemos de la vida!.
Es comprendido
que el nacimiento de la postmodernidad se inicia cuando el hombre comenzó a
tener conciencia que el proyecto moderno no era admisible. El individuo
postmoderno conoce que su ambiente es muy complicado y fuerte, el cual no
acepta, pero considera que él puede incidir en su mejoramiento; sin embargo,
vive su vida disfrutando lo mejor que puede.
En el pensamiento
postmodernista está presente “el “yo” antes que los demás”; es decir, primero
yo que cualquier otro mortal, inclusive mi madre. Por eso, el hombre
postmoderno concentra todos sus esfuerzos en su realización personal, sin darle
importancia “al que diran”. Por ello el símbolo de estos hombres es Narciso, en donde los principios éticos
y morales de la modernidad se desdeñan y se aplica la concepción “cualquier
medio es válido para alcanzar mis metas”.
La individualidad
postmodernista le concede mayor relevancia a los sentimientos que a la razón;
rechaza los ideales de los modernistas. De ahí que él sólo atienda las
concepciones múltiples y contradictorias entre sí. Se desvanece el sentido
comunitario y aparece la singularidad con gran fuerza. Éste no admite paradigmas
ajenos, ni certezas absolutas y sus consideraciones pueden cambiar de un
instante a otro.
Rigoberto
Lanz(1993), en su articulo “El Debate
Democrático: Precisiones”, manifiesta que aún se construye la fundamentación
teórica del postmodernismo; sin embargo, existen tendencias a expresar ideas en
términos postmodernistas, pero que se admiten dentro de la concepción pasajera,
efímera o provisoria. Por ello idealizar en función a esa matriz, es hacerlo de
forma contradictoria, paradójica y aceptar algunas situaciones de caos.
Se presenta una crisis de la razón,
manifestada por la caída de los soportes denominados “sujeto”, “Historia”,
“Cambio Social”, “Humanismo” y otros. La postmodernidad es el clima cultural representado por el
final de los grandes acontecimientos históricos.
Se rompe con una tradición social, el
agrupamiento de los individuos y la búsqueda de soluciones a los problemas
comunitarios, existentes en la concepción modernista; que implicaba el respeto
a las normas y a las reglas de convivencia. De ahí que la llegada de la
postmodernidad implique la constatación histórica del otrahora magma
civilizacional.
Por otra parte esa crisis la es también
para el ambiente político; dadas las modificaciones o cambios en los paradigmas
y valores sociales. En el entorno social, dentro de una concepción modernista
era posible solucionar los conflictos sociales; empero, hoy en día tal
eventualidad no puede darse con la misma magnitud lograda en siglos pasados.
Una de las consecuencias del
postmodernismo es el reconocimiento de la muerte del hombre; es decir, la
muerte del sujeto, derrumbando de esa manera los paradigmas más deseados de la
voluntad; en otras palabras, como el fin de la política como apoteosis de la
voluntad, todo aquello que el hombre idealiza para el futuro, sus esperanzas.
En la concepción postmodernista las
ideas de cambio de naturaleza social, se entroniza de manera contradictoria en
una inmovilidad; no ocurre nada o lo poco que puede darse es insignificante.
Giroux
y Aronowitz(1993) afirman que el
postmodernismo hay una combinación de posibilidades reaccionarias y
progresistas. No es un mero rechazo a la modernidad sino una nueva modulación
de ciertos temas. Se trata de una concepción sobre democracia radical. El
postmodernismo se relaciona con cierto hecho de la cultura en la época del
capitalismo tardío. Por ello la cultura postmoderna reconoce la diversidad, la
localidad, la especificidad, la contingencia y la lucha contra las totalizaciones. Algunos la consideran la
lógica cultural del capitalismo tardío; se modelan nuevos espacios geográficos
y formas sociales. El postmodernismo viene a ser una nueva manera de
fragmentación, creación de formas nuevas, nuevo desarrollo artístico dentro de
la sociedad de capitalismo tardío.
Ocurre el rechazo de las grandes
narrativas, lo cual es la repudio de la razón como fundamento de los asuntos
humanos. También se da una aceptación de la pluralidad de políticas sobre el
género, la raza, las clases marginales y la moral sexual.
El postmodernismo se sitúa en la época
del capitalismo global. Cambios en las relaciones de producción, en la práctica
de la idea de nación-estado y en el desarrollo de nuevas tecnologías.
Jean-Francois
Lyotard(1989), en su obra “La Condición
Postmoderna”, considera las preguntas: ¿Cuándo un enunciado es verdadero?, ¿El
consenso da cuenta de la legitimidad?. La refutación o aprobación de una
preposición supone un saber subyacente,
¿Es la ciencia lo que convalida las proposiciones que se sostienen como
verdaderas?. Actualmente no se sabe por
qué un enunciado es verdadero o falso.
Lyotard
toma esas preguntas como las emergentes del fracaso de las enunciaciones
fundamentales de la modernidad. El saber abarcativo, totalizante, que pretende
encontrar un sistema de pensamiento que produzca una apertura a la comprensión de los enigmas de la
humanidad, demuestra su impotencia para dar cuenta del mundo contemporáneo.
Desde el siglo XIX, se produce lo que él llama “la crisis de los relatos”. El
saber se ha convertido en una mercancía, cuya distribución respeta las líneas
de demarcación de las sectorizaciones de los espacios del poder. Cada cual sabe
lo que sabe, y lo vende en el mercado, el saber es poder y es un valor en sí
mismo. Ordenar poner orden, en éste contexto es dar y recibir órdenes. De ese
modo también de hecho se pone en cuestión la concepción aristotélica de que
toda acción humana tiende, se lo proponga o no, a un bien; si hay crisis de los
grandes relatos como versiones explicativas de la totalidad del mundo, no hay
entonces un bien que pueda tomarse como universal.
Como respuesta al caos del mundo, la
humanidad ha construido enormes explicaciones, concepciones del universo, que
se proponían como omniabarcativas, aclaratorias, grandes edificios teóricos.
Véase el ideario de Kant, Hegel, Marx, entre otros, construyeron la posibilidad de dar sentido a lo
incierto.
El ideal de un relato según éste autor,
es responder desde una misma regla básica al caos del mundo. Esto es lo que
propone la corriente científica denominada reduccionismo, que consiste en tomar
una ciencia por ideal y extrapolar sus leyes a todo el conocimiento, partiendo
de la base que todo descubrimiento en una disciplina corresponde a lo no sabido
en otra. Por ejemplo, tomar la Física como la ciencia que explica la Sociología(los
grupos sociales como vectores, las colisiones sociales como resultantes de
vectores, etc.). El postmodernismo es el fracaso consumado del reduccionismo, y
surge justamente como consecuencia de ese fracaso.
En el espacio conceptual de Lyotard toma como modelo, paradigma, la
narración en su expresión de relato lineal, en una sucesión secuencial de los
argumentos. La narrativa clásica, también lo admitió de esa manera, Aristóteles en su poética dice que una
trama lograda requiere “una secuencia, probable o necesaria, de
acontecimientos”. De allí se afirma, en la postmodernidad, la “pérdida del
sentido” argumental; o sea la simultaneidad(esto en la literatura moderna se
verifica claramente en Joyce, Cortázar, etc.) de varios relatos
superpuestos. De ahí que no haya concepción del mundo que de una manera lineal,
secuencial, pueda explicar como es el mundo a partir del fracaso de la
modernidad. Todo intento lineal será fallido, y toda tentativa de yuxtaposición
de argumentos, será incompleta.
Colette
Soler, al referirse a la sociedad moderna,
expresa que cada uno vale lo que tiene para vender, la pluralidad de los
saberes se cotiza en el mercado y mercan diferencias entre las personas, cuanto
más complicado o inaccesible es ese saber, más alto el valor del mercado.
Finalmente, el saber parece dominar la razón social por la vía de la
comercialización de sus productos. Todo puede ser mercancía, hasta las
fantasías sexuales de los sujetos.
El saber científico adopta un carácter
denotativo: se trata de un lenguaje que plantea una continuidad, cada precepto
nuevo desmiente y continua al anterior (todos deben conformar un conjunto coherente), a partir de la aceptación de
premisas fundamentes como garantes de legitimidad. Ejemplo:Cualquier
conceptualización de la química es válida si aceptamos que las moléculas y los
átomos se agrupan sobre la base de determinadas leyes verificables. La
comprobación y la investigación serán unidireccionales, sin necesidad de
conocer las causas inaugurales.
El saber narrativo, no científico, es
el que se valida por su propia transmisión. La obra literaria es válida en
tanto pueda conmover al lector. Esta distribución de las validaciones es lo que
hace concluir “que no hay unificación ni totalización posibles de los juegos de
lenguaje en un metadiscurso”. (Pág.70) No hay unificación posible entre el
discurso científico y el narrativo. No hay posibilidad de unificación de las
leyes de validación del lenguaje, lo que es pertinente en un discurso no lo
será en otro, por momentos eso genera disputa y peyorizaciones mutuas.
Ante la caída de la razón moderna (lo
que Lyotard llama la
deslegitimación), se opone la legitimación por la performatividad (o sea: lo
que sirve a un fin útil, vale). Lo que implicaría una respuesta basada en la
eficacia con relación a la concreción de los fines propuestos. Es una
legitimación por el hecho eficaz. Se trata de lograr la mejor relación
input/output, lo que equivale a reducir al mínimo los márgenes de pérdida, En
esta concepción no es necesario dar razones por los hechos, el resultado en sí,
es el que da validación. Aquí es cuando el mismo Lyotard se pregunta si esta performatividad es compatible con algún
concepto de justicia, porque lo eficaz deja de lado como “no humano” lo
ineficaz, y por otra parte lo que puede ser efectivo para determinada acción
podría ser lo opuesto para otra (un asesino podría ser en tiempos de guerra un
gran soldado).
Así también la eficacia podría, en su
realización más extrema, convertirse en un obstáculo para la investigación y la
innovación, porque repite siempre lo mismo, dado que eso ya está comprobado y
resulta…¿Para qué innovar?. Lo consensual (donde se supone que todos están de
acuerdo) también es rechazado como vía de legitimación, porque es a la
diferencia misma que supone el disenso lo que provoca la invención.
El pasaje del consenso al asentimiento
no se da de suyo, en la medida que el asentimiento supone siempre un
interlocutor que comparte el efecto del enunciado, lo que no equivale a
compartir la enunciación, para la cual cada cual sostiene su propia forma de
aprehender. El asentimiento no puede ser nunca un efecto de sugestión o de
sometimiento, en cuyo caso pierde todo su valor, se trata aquí de un efecto de
acuerdo en el lenguaje de forma tal que comporta un entrecruzamiento en el
disenso original, una aparente superposición de actitudes.
¿Cómo incluir en un mismo nivel de
legitimación: eficacia, justicia, consenso…? ¿Cómo lograr que éstos preceptos
no entren en colisión, y permitan fundar una lógica consistente?.
La inestabilidad y la paradoja,
responden la pragmática postmoderna, son los elementos necesarios para la
construcción de un saber nuevo que no se consolidaría como factor de poder. En
el final de su libro, Lyotard formula, casi al modo de una utopía, la necesidad
de encontrar un lazo social que amornice lo eficaz con lo justo”:Es preciso,
por tanto, llegar a una idea y a una práctica de la justicia que no esté ligada
a las del consenso (…) una política en la cual serán igualmente respetados el
deseo de justicia y el de lo desconocido.” (Pág.119) Indudablemente resolver la
aplicación de lo que se considera justo por la vía del consenso es implementar
una nueva arbitrariedad, porque el consenso cambia con las épocas y no es
garantía de verdad (¡es necesario volver a recordar que el nazismo tuvo
consenso!).
Respetar simultáneamente “El deseo de
justicia y el de lo desconocido” nos lleva inevitablemente a una solución ideal
pero imposible, porque lo justo debe ser explicitado y normatizado. La
condición postmoderna, ala que se refiere Lyotard,
termina cerrando con una utopía aquello que en un principio ha sido su
señalamiento fundamental, (lo que constituiría otra globalización del saber a
lo cual el mismo Lyotard se había
referido como lo que fracasa en la modernidad). L respuesta sigue siendo
ideológica, porque busca suturar nuevamente lo que se presenta como una caída
inevitable,
Ahora bien, lo que no puede pasarse por
alto es que las preguntas de Lyotard
no son ajenas al psicoanálisis y que le atañe en su práctica, dado que el
discurso de los sujetos está tomado por los paradigmas y preguntas de su época. La teoría
psicoanalítica se ha ocupado de éstos problemas porque son inherentes a su práctica.
Advertir el fracaso de los enunciados
de la modernidad implica haber consentido en la validez de los mismos en algún
momento. La prueba de esta falla es la de no haber podido verificar, en
sólo un enunciado, el que solo uno se
garantice por sí mismo. El fracaso de la razón es la necesidad de construir una
sistematización de la razón. El teorema de la incompletud matemática de Godel
puede autentificar la caída del
saber de las matemáticas como una totalidad ficticia, o demostrar una falta
preexistente. No surge en Lyotard la
falla, más allá de lo que se le escapa al poder. En otros términos, no hay en
Lyotard la premisa de una falta estructural.
Cierto llamado a los “ideales utópicos”
en el cual se sostienen cuerpos ideológicos que se proponen modificar las
condiciones sociales de vida, no deja de evidenciar a través justamente de ese
llamado un sesgo llamativamente religioso (mucho más llamativo cuando la
premisa es el rechazo a toda religión): Para Freud no hay salida al
malestar de la cultura a través del estado, ni tampoco por su destrucción. En
realidad lo considera un “mal necesario”, que evidencia su fracaso como
armonizador de sus luchas internas cuando crea artificialmente un Uno para
empujarlo a la guerra. El peligro aquí es que el estado pueda erigirse en el
paradigma del Bien, lo que no impide que alguna pueda producir una acción que beneficie a alguien en particular.
Nuevamente surge la pregunta acerca de
la garantía que puede otorgar una totalización, lo que se ha denominado en la
historia de la filosofía las “concepciones del mundo” (Weltanshaung). No
podemos tampoco dejar de ignorar que el llamado “Fin de las ideologías” es en
sí mismo una ideología por excelencia, dado que no le falte nada para
constituirse como tal, desde una postura cínica se pretende un rechazo total de
toda ideología, lo cual determina pautas de vida y de pensamiento muy
definidas.
De la teorización de Lyotard surge la siguiente pregunta
¿Qué diferencia la performatividad, del utilitarismo de John Staurt Mill?. Cuando “lo que funciona” es el fundamento de la
legitimación, la única salida es la vía empírica del accionar, controlada por
una utopía social que se expresa en el terreno de las buenas intenciones. A
modo de lugar virtual de contención imaginaria. Una utopía que desde el mismo Lyotard se supone como imposible.
Soportar el malestar no es tampoco crear paradojas teóricas para responder por
un vacío. La validación por lo eficaz, implica la idea de que Aquiles en algún
momento podría alcanzar a la tortuga.
El concepto de “lo útil” deja de
lado la condición humana como tal, que
supone lograr una satisfacción que no sirva para nada. Aquello que Freud llamaba la pulsión, lo que la
cultura no puede de ninguna manera absorber completamente, y aquello sin lo
cual la vida sería un terno letargo. Lacan ha definido al goce, a la
satisfacción pulsional, como “lo que no sirve para nada”, pero justamente desde
ese no servir para nada, desde allí mismo comanda las acciones del sujeto, lo
somete a su propia voluntad, y lo empuja a lo más inverosímil. Opone al goce la
eficacia de lo útil podría funcionar perfectamente como una voluntad de
extremar las consecuencias inútiles del goce. No hay trabajador más inútil que
aquel que se impone por todos los medios ser lo más eficaz posible, el error o el hastío lo asaltarán
mucho antes de lo que pueda advertirse.
La concepción de justicia pone un
obstáculo a lo eficaz, porque el reparto equitativo va en dirección contraria a
lo que parecería determinar a los sujetos en su diferencia y su particularidad.
En el Capítulo “Del Goce” (Seminario 20) Lacan
especifica: Allí reside la esencia del derecho: repartir, distribuir,
retribuir, lo que toca al goce.” Si hace falta del derecho para repartir,
distribuir y retribuir es porque el poder gozar de las cosas nunca podría ser
un asunto basado en las buenas maneras, el entendimiento de la humanidad está
condenado al fracaso.
Para el psicoanálisis el malestar no es
un efecto de la cultura, sino la causa misma de su existencia, y éste no es un
solo observable sociológico sino una verificación insistente de la clínica. La
ausencia una praxis clínica del sujeto es lo que empuja a Lyotard a formular una utopía como salida al malestar, lo que no
impide que esa nueva utopía genere otra vez ese mismo malestar, dado que surge
de la necesidad de hacer caer todo saber de la totalidad. El saber que propone,
al que llama paralógico, lo define como “una ‘jugada’ hecha en la pragmática de
los saberes” (Pág.110). Se trata de un saber que produce una movida en la
diversidad de los saberes, movimiento que en los hechos podría funcionar como
suturando una herida, esto es muy diferente de la experiencia de un sujeto
confrontado a su falta, (que no es otra que la falta del Otro), abrumado en esa
situación por la obligación de decidir, y de actuar acorde con su deseo, al que
no se tiene acceso con la facilidad de los sentidos.
Producir un agujero en el saber no es
lo mismo que hacerlo caer, porque no se trata de reemplazar saberes unos por
otros, sino señalar aquello del saber que se enuncia como no-todo, tocando a la
verdad en sus efectos. La verdad de un sujeto en particular, verdad a veces
insensata, ilógica, solo válida en una historia singular y para una única
ocasión. Esto es muy diferente a un saber que cae por
Ser incompleto y decepcionante, es un
saber que se define por ser imposible de absolutizar, desde el momento en que
le pertenece solo a uno, y solo en ese uno tiene validez.
Por otra parte el psicoanálisis discute
una posición mas bien “escéptico”, con respecto a la caída de los saberes
organizados, porque no se trata del “digas lo que digas será lo mismo”, lo que
podría ser una consecuencia que se podría derivar de la desilusión del saber
abarcativo como respuesta totalizadora. En todo caso se trata de inventar en el
lugar del vacío una respuesta única, particular, que sirve solo a un sujeto, y
que no puede convertirse en receta ideal ni objetivo colectivizable. A eso el
psicoanálisis lo llama deseo, eso único que es la forma de dar cuenta de la
falla estructural que constituye a la cultura. Porque la propia cultura se va a
desplegar justamente a partir de esa falla que la precede.
Es importante en la propuesta
postmoderna el pasaje de lo uniano a lo múltiple, la búsqueda de la diferencia
pura como lo que daría cuenta de la realidad del mundo. Un mundo múltiple, no
inscripto en ningún relato que lo enuncie. La coexistencia de la diversidad.
“El saber postmoderno no es solamente el instrumento de los poderes. Hace mas
útil nuestra sensibilidad ante las diferencias, y fortalece nuestra capacidad
de soportar lo inconmensurable. No encuentra su razón en la homología de los
expertos, sino en la paralogía de los inventores.”(Pág.11). Notablemente, esto
no impide volver a lo equitativo como ideal, porque falta la especificidad de
lo particular de un sujeto que decide, y asume las consecuencias de un acto. En
la soledad y angustia de esa decisión los sistemas totalizadores se corrompen,
principalmente aquellos que han servido para eludir la toma de posición. En ese
punto cada cual ha construido su propio sistema de creencias. La exposición totalizante
de los saberes produce la ilusión de la decisión sobre la base de lo ya dado
por otros, así se trataría de una diversidad dada de antemano (“si tienes todas las opciones, ¡por qué
quejarse”), olvidando que la elección de un sujeto siempre es en sesgo a lo que
ya está en el Otro. La coexistencia de lo diverso no puede separarse en la
clínica psicoanalítica de la responsabilidad del sujeto por su acto, y las
consecuencias que de él se derivan.
Un debate que se da de hecho entre los
dos ámbitos radicalmente diferentes: de lo general de los planteos filosóficos
a lo particular de cada una de las experiencias psicoanalíticas, lo que no
significa que ese debate no implique extraer conclusiones para ambos. En esa
caída de los relatos de Lyotard se puede verificar algo del “malestar en
la cultura” de Sigmund Freud, la
diferencia pasa por el tratamiento que se le da a esa disyuntiva y que
determina esto posteriori. Es famosa la cita que hace Freud del poema de Heine
que dice que “el filósofo con su bata y su gorra de dormir tapa los agujeros
del techo universal”, la intención filosofía, al menos en su enunciado, no
tiene por qué ser la obturación; el problema es como enfrentar aquello que se
devela. Los enunciados universales fabrican finalmente un nuevo relato, quizá
más lúcida, pero sin consecuencias en la causa de lo que se plantea, es solo
una nueva sutura que podría luego servir para volver a obturar.
En razón de lo expuesto, el criterio
posmodernista es objetar las elites por su carácter avasallador y dominante, se
inclina por lograr un enlace natural que permita a la mayoría disfrutar de una
mejor vida; donde el individuo sé yuxtaponga represente, dramatice y se
legitime con su comunidad. Sin embargo, es necesario establecer que los motivos
del postmodernismo son políticos y estéticos.
En los escritores de esta corriente, se
percibe combinación de géneros, por el carácter heterogéneo e híbrido de sus
lectores; destacándose también, las protestas heterodoxas y pluralistas. Un
ejemplo muy actual, está en la informática con su máxima expresión: Internet.
Otro autor posmodernista, Jean Baudrillard(1985) no está de acuerdo con los
significados de los sistemas de consumo, los cuales considera “obscenos”; dado
que la destrucción de las culturas autóctonas, por las actividades que ejecutan
los grupos, cuyos miembros usando sus fuerzas combinadas “racionales” destruyen la realidad primaria.
Arthur
Kroker(1986) expresa que es una cultura del
excremento; siendo aupado por John
Barth (1980)quien considera que las últimas manifestaciones de la
literatura son la zanja de desperdicios de unos escritos de relleno cuya
inflación, de acuerdo con Newman(1985),
una estructura económica inflacionaría; la cual se une con lo manifestado por Jameson (1987) sobre la lógica cultural
de un capitalismo tardío.
En ese mismo marco conceptual se
encuentra Jacques Derrida (1997),
quien expresa que el postmodernismo es deconstructivo o exterminador, pues sus
representantes bajo un relativismo o nihilismo, utilizan en sus enfoques subjetivos
que producen silogismos imposibles de descifrar, por ende imposibilitan la
comunicación. Ejemplo de esta idea, puede percibirse en “The Castle”, escrito
por Frank Kafka (1954); Allí el lector es atrapado en una falsa
representación, cuando al tratar de caracterizar al protagonista, se encuentra
que dado a los múltiples escenarios, momentos y situaciones en los cuales se le
sitúa, no puede lograr una descripción estable del mismo.
En consecuencia, el lenguaje utilizado por los posmodernistas es polimorfo por naturaleza; ello determina que no pueda representar adecuadamente al conocimiento, porque en sí el conocimiento posee un lenguaje codificado. Por ello, cualquier idea de conocimiento que sea expuesta como verdadera tiene la autoridad que Roland Barthes (1974) desmitifica. Por lo tanto, el individuo no tiene una guía de pensamiento, hecho que lo coloca en un lar desordenado, que no puede permitirle arribar a consideraciones plausibles, pues sus ideas son inconsistentes, carentes de sustancia innovadora y creativa. Hecho comparable, según José Álvarez (1998), a la esterilidad intelectual derivada de las actividades onanistas ejecutadas con preservativos ajenos.