POSTMODERNISMO

FRAGMENTO DE: Profesor  LUIS B.MATA Profesor Titular Programa Postgrado, Cátedra Socio-Psicología del Aprendizaje,
Universidad Nacional Experimental
"Rafael María Baralt"
Cabimas, Venezuela
Y
Profesor del doctorado en Ciencias Humanas, Cátedra Seminario "Aprendizaje Significativo", Facultad de Humanidades y Educación, Universidad del Zulia,
Maracaibo, Venezuela.

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Los pueblos por tradición conservan sus mores, valores y costumbres, que de una generación a otra pasan, recibiendo las connotaciones del momento, pero que en esencia se mantienen con sus atributos ancestrales. Ejemplo de ello lo es la religión y los símbolos autoctonos; entre los cuales generalmente está una figura mitológica. Así, los hombres modernos se identificacron con Prometeo, porque él contraviniendo las disposiciones de Zeus, trasladó el fuego a la tierra, hecho que permitió el progreso de los pueblos.

Para Camus (1942) el símbolo más representativo de la modernidad es Sísifo, quien fue castigado por los dioses del Olimpo a subir una roca hasta la cima de una montaña; cuando alcanzaba la altura, la roca lo arrastraba hacía la base de la montaña. De esa manera subía y bajaba. Esa consideración es una burla hacía los modernistas, por parte de los postmodernistas. Estos expresan la idea: “Hace falta ser tontos para saber que Prometeo no es Prometeo, sino, Sísifo, para empeñarse una y otra vez en subir la roca hasta lo alto de la montaña". ¡ Dejémola abajo y disfrutemos de la vida!.

Es comprendido que el nacimiento de la postmodernidad se inicia cuando el hombre comenzó a tener conciencia que el proyecto moderno no era admisible. El individuo postmoderno conoce que su ambiente es muy complicado y fuerte, el cual no acepta, pero considera que él puede incidir en su mejoramiento; sin embargo, vive su vida disfrutando lo mejor que puede.

En el pensamiento postmodernista está presente “el “yo” antes que los demás”; es decir, primero yo que cualquier otro mortal, inclusive mi madre. Por eso, el hombre postmoderno concentra todos sus esfuerzos en su realización personal, sin darle importancia “al que diran”. Por ello el símbolo de estos hombres es Narciso, en donde los principios éticos y morales de la modernidad se desdeñan y se aplica la concepción “cualquier medio es válido para alcanzar mis metas”.

La individualidad postmodernista le concede mayor relevancia a los sentimientos que a la razón; rechaza los ideales de los modernistas. De ahí que él sólo atienda las concepciones múltiples y contradictorias entre sí. Se desvanece el sentido comunitario y aparece la singularidad con gran fuerza. Éste no admite paradigmas ajenos, ni certezas absolutas y sus consideraciones pueden cambiar de un instante a otro.

Rigoberto Lanz(1993), en su articulo “El Debate Democrático: Precisiones”, manifiesta que aún se construye la fundamentación teórica del postmodernismo; sin embargo, existen tendencias a expresar ideas en términos postmodernistas, pero que se admiten dentro de la concepción pasajera, efímera o provisoria. Por ello idealizar en función a esa matriz, es hacerlo de forma contradictoria, paradójica y aceptar algunas situaciones de caos.

Se presenta una crisis de la razón, manifestada por la caída de los soportes denominados “sujeto”, “Historia”, “Cambio Social”, “Humanismo” y otros. La postmodernidad  es el clima cultural representado por el final de los grandes acontecimientos históricos.

Se rompe con una tradición social, el agrupamiento de los individuos y la búsqueda de soluciones a los problemas comunitarios, existentes en la concepción modernista; que implicaba el respeto a las normas y a las reglas de convivencia. De ahí que la llegada de la postmodernidad implique la constatación histórica del otrahora magma civilizacional.

Por otra parte esa crisis la es también para el ambiente político; dadas las modificaciones o cambios en los paradigmas y valores sociales. En el entorno social, dentro de una concepción modernista era posible solucionar los conflictos sociales; empero, hoy en día tal eventualidad no puede darse con la misma magnitud lograda en siglos pasados.

Una de las consecuencias del postmodernismo es el reconocimiento de la muerte del hombre; es decir, la muerte del sujeto, derrumbando de esa manera los paradigmas más deseados de la voluntad; en otras palabras, como el fin de la política como apoteosis de la voluntad, todo aquello que el hombre idealiza para el futuro, sus esperanzas.

En la concepción postmodernista las ideas de cambio de naturaleza social, se entroniza de manera contradictoria en una inmovilidad; no ocurre nada o lo poco que puede darse es insignificante.

Giroux y Aronowitz(1993) afirman que el postmodernismo hay una combinación de posibilidades reaccionarias y progresistas. No es un mero rechazo a la modernidad sino una nueva modulación de ciertos temas. Se trata de una concepción sobre democracia radical. El postmodernismo se relaciona con cierto hecho de la cultura en la época del capitalismo tardío. Por ello la cultura postmoderna reconoce la diversidad, la localidad, la especificidad, la contingencia y la lucha contra  las totalizaciones. Algunos la consideran la lógica cultural del capitalismo tardío; se modelan nuevos espacios geográficos y formas sociales. El postmodernismo viene a ser una nueva manera de fragmentación, creación de formas nuevas, nuevo desarrollo artístico dentro de la sociedad de capitalismo tardío.

Ocurre el rechazo de las grandes narrativas, lo cual es la repudio de la razón como fundamento de los asuntos humanos. También se da una aceptación de la pluralidad de políticas sobre el género, la raza, las clases marginales y la moral sexual.

El postmodernismo se sitúa en la época del capitalismo global. Cambios en las relaciones de producción, en la práctica de la idea de nación-estado y en el desarrollo de nuevas tecnologías.

Jean-Francois Lyotard(1989), en su obra “La Condición Postmoderna”, considera las preguntas: ¿Cuándo un enunciado es verdadero?, ¿El consenso da cuenta de la legitimidad?. La refutación o aprobación de una preposición  supone un saber subyacente, ¿Es la ciencia lo que convalida las proposiciones que se sostienen como verdaderas?. Actualmente no se sabe  por qué un enunciado es verdadero o falso.

Lyotard toma esas preguntas como las emergentes del fracaso de las enunciaciones fundamentales de la modernidad. El saber abarcativo, totalizante, que pretende encontrar un sistema de pensamiento que produzca una apertura  a la comprensión de los enigmas de la humanidad, demuestra su impotencia para dar cuenta del mundo contemporáneo. Desde el siglo XIX, se produce lo que él llama “la crisis de los relatos”. El saber se ha convertido en una mercancía, cuya distribución respeta las líneas de demarcación de las sectorizaciones de los espacios del poder. Cada cual sabe lo que sabe, y lo vende en el mercado, el saber es poder y es un valor en sí mismo. Ordenar poner orden, en éste contexto es dar y recibir órdenes. De ese modo también de hecho se pone en cuestión la concepción aristotélica de que toda acción humana tiende, se lo proponga o no, a un bien; si hay crisis de los grandes relatos como versiones explicativas de la totalidad del mundo, no hay entonces un bien que pueda tomarse como universal.

Como respuesta al caos del mundo, la humanidad ha construido enormes explicaciones, concepciones del universo, que se proponían como omniabarcativas, aclaratorias, grandes edificios teóricos. Véase el ideario de Kant, Hegel, Marx, entre otros, construyeron la posibilidad de dar sentido a lo incierto.

El ideal de un relato según éste autor, es responder desde una misma regla básica al caos del mundo. Esto es lo que propone la corriente científica denominada reduccionismo, que consiste en tomar una ciencia por ideal y extrapolar sus leyes a todo el conocimiento, partiendo de la base que todo descubrimiento en una disciplina corresponde a lo no sabido en otra. Por ejemplo, tomar la Física como la ciencia que explica la Sociología(los grupos sociales como vectores, las colisiones sociales como resultantes de vectores, etc.). El postmodernismo es el fracaso consumado del reduccionismo, y surge justamente como consecuencia de ese fracaso.

En el espacio conceptual de Lyotard toma como modelo, paradigma, la narración en su expresión de relato lineal, en una sucesión secuencial de los argumentos. La narrativa clásica, también lo admitió de esa manera, Aristóteles en su poética dice que una trama lograda requiere “una secuencia, probable o necesaria, de acontecimientos”. De allí se afirma, en la postmodernidad, la “pérdida del sentido” argumental; o sea la simultaneidad(esto en la literatura moderna se verifica claramente en Joyce, Cortázar, etc.) de varios relatos superpuestos. De ahí que no haya concepción del mundo que de una manera lineal, secuencial, pueda explicar como es el mundo a partir del fracaso de la modernidad. Todo intento lineal será fallido, y toda tentativa de yuxtaposición de argumentos, será incompleta.

Colette Soler, al referirse a la sociedad moderna, expresa que cada uno vale lo que tiene para vender, la pluralidad de los saberes se cotiza en el mercado y mercan diferencias entre las personas, cuanto más complicado o inaccesible es ese saber, más alto el valor del mercado. Finalmente, el saber parece dominar la razón social por la vía de la comercialización de sus productos. Todo puede ser mercancía, hasta las fantasías sexuales de los sujetos.

El saber científico adopta un carácter denotativo: se trata de un lenguaje que plantea una continuidad, cada precepto nuevo desmiente y continua al anterior (todos deben  conformar un conjunto coherente), a partir de la aceptación de premisas fundamentes como garantes de legitimidad. Ejemplo:Cualquier conceptualización de la química es válida si aceptamos que las moléculas y los átomos se agrupan sobre la base de determinadas leyes verificables. La comprobación y la investigación serán unidireccionales, sin necesidad de conocer las causas inaugurales.

El saber narrativo, no científico, es el que se valida por su propia transmisión. La obra literaria es válida en tanto pueda conmover al lector. Esta distribución de las validaciones es lo que hace concluir “que no hay unificación ni totalización posibles de los juegos de lenguaje en un metadiscurso”. (Pág.70) No hay unificación posible entre el discurso científico y el narrativo. No hay posibilidad de unificación de las leyes de validación del lenguaje, lo que es pertinente en un discurso no lo será en otro, por momentos eso genera disputa y peyorizaciones mutuas.

Ante la caída de la razón moderna (lo que Lyotard llama la deslegitimación), se opone la legitimación por la performatividad (o sea: lo que sirve a un fin útil, vale). Lo que implicaría una respuesta basada en la eficacia con relación a la concreción de los fines propuestos. Es una legitimación por el hecho eficaz. Se trata de lograr la mejor relación input/output, lo que equivale a reducir al mínimo los márgenes de pérdida, En esta concepción no es necesario dar razones por los hechos, el resultado en sí, es el que da validación. Aquí es cuando el mismo Lyotard se pregunta si esta performatividad es compatible con algún concepto de justicia, porque lo eficaz deja de lado como “no humano” lo ineficaz, y por otra parte lo que puede ser efectivo para determinada acción podría ser lo opuesto para otra (un asesino podría ser en tiempos de guerra un gran soldado).

Así también la eficacia podría, en su realización más extrema, convertirse en un obstáculo para la investigación y la innovación, porque repite siempre lo mismo, dado que eso ya está comprobado y resulta…¿Para qué innovar?. Lo consensual (donde se supone que todos están de acuerdo) también es rechazado como vía de legitimación, porque es a la diferencia misma que supone el disenso lo que provoca la invención.

El pasaje del consenso al asentimiento no se da de suyo, en la medida que el asentimiento supone siempre un interlocutor que comparte el efecto del enunciado, lo que no equivale a compartir la enunciación, para la cual cada cual sostiene su propia forma de aprehender. El asentimiento no puede ser nunca un efecto de sugestión o de sometimiento, en cuyo caso pierde todo su valor, se trata aquí de un efecto de acuerdo en el lenguaje de forma tal que comporta un entrecruzamiento en el disenso original, una aparente superposición de actitudes.

¿Cómo incluir en un mismo nivel de legitimación: eficacia, justicia, consenso…? ¿Cómo lograr que éstos preceptos no entren en colisión, y permitan fundar una lógica consistente?.

La inestabilidad y la paradoja, responden la pragmática postmoderna, son los elementos necesarios para la construcción de un saber nuevo que no se consolidaría como factor de poder. En el final de su libro, Lyotard formula, casi al modo de una utopía, la necesidad de encontrar un lazo social que amornice lo eficaz con lo justo”:Es preciso, por tanto, llegar a una idea y a una práctica de la justicia que no esté ligada a las del consenso (…) una política en la cual serán igualmente respetados el deseo de justicia y el de lo desconocido.” (Pág.119) Indudablemente resolver la aplicación de lo que se considera justo por la vía del consenso es implementar una nueva arbitrariedad, porque el consenso cambia con las épocas y no es garantía de verdad (¡es necesario volver a recordar que el nazismo tuvo consenso!).

Respetar simultáneamente “El deseo de justicia y el de lo desconocido” nos lleva inevitablemente a una solución ideal pero imposible, porque lo justo debe ser explicitado y normatizado. La condición postmoderna, ala que se refiere Lyotard, termina cerrando con una utopía aquello que en un principio ha sido su señalamiento fundamental, (lo que constituiría otra globalización del saber a lo cual el mismo Lyotard se había referido como lo que fracasa en la modernidad). L respuesta sigue siendo ideológica, porque busca suturar nuevamente lo que se presenta como una caída inevitable,

Ahora bien, lo que no puede pasarse por alto es que las preguntas de Lyotard no son ajenas al psicoanálisis y que le atañe en su práctica, dado que el discurso de los sujetos está tomado por los paradigmas  y preguntas de su época. La teoría psicoanalítica se ha ocupado de éstos problemas   porque son inherentes a su práctica.

Advertir el fracaso de los enunciados de la modernidad implica haber consentido en la validez de los mismos en algún momento. La prueba de esta falla es la de no haber podido verificar, en sólo  un enunciado, el que solo uno se garantice por sí mismo. El fracaso de la razón es la necesidad de construir una sistematización de la razón. El teorema de la incompletud matemática de Godel  puede  autentificar la caída del saber de las matemáticas como una totalidad ficticia, o demostrar una falta preexistente. No surge en Lyotard la falla, más allá de lo que se le escapa al poder. En otros términos, no hay en Lyotard la premisa de una falta estructural.

Cierto llamado a los “ideales utópicos” en el cual se sostienen cuerpos ideológicos que se proponen modificar las condiciones sociales de vida, no deja de evidenciar a través justamente de ese llamado un sesgo llamativamente religioso (mucho más llamativo cuando la premisa es el rechazo a toda religión): Para Freud no hay salida al malestar de la cultura a través del estado, ni tampoco por su destrucción. En realidad lo considera un “mal necesario”, que evidencia su fracaso como armonizador de sus luchas internas cuando crea artificialmente un Uno para empujarlo a la guerra. El peligro aquí es que el estado pueda erigirse en el paradigma del Bien, lo que no impide que alguna pueda  producir una acción que beneficie a alguien en particular.

Nuevamente surge la pregunta acerca de la garantía que puede otorgar una totalización, lo que se ha denominado en la historia de la filosofía las “concepciones del mundo” (Weltanshaung). No podemos tampoco dejar de ignorar que el llamado “Fin de las ideologías” es en sí mismo una ideología por excelencia, dado que no le falte nada para constituirse como tal, desde una postura cínica se pretende un rechazo total de toda ideología, lo cual determina pautas de vida y de pensamiento muy definidas.

De la teorización de Lyotard surge la siguiente pregunta ¿Qué diferencia la performatividad, del utilitarismo de John Staurt Mill?. Cuando “lo que funciona” es el fundamento de la legitimación, la única salida es la vía empírica del accionar, controlada por una utopía social que se expresa en el terreno de las buenas intenciones. A modo de lugar virtual de contención imaginaria. Una utopía que desde el mismo Lyotard se supone como imposible. Soportar el malestar no es tampoco crear paradojas teóricas para responder por un vacío. La validación por lo eficaz, implica la idea de que Aquiles en algún momento podría alcanzar a la tortuga.

El concepto de “lo útil” deja de lado  la condición humana como tal, que supone lograr una satisfacción que no sirva para nada. Aquello que Freud llamaba la pulsión, lo que la cultura no puede de ninguna manera absorber completamente, y aquello sin lo cual la vida sería un terno letargo. Lacan ha definido al goce, a la satisfacción pulsional, como “lo que no sirve para nada”, pero justamente desde ese no servir para nada, desde allí mismo comanda las acciones del sujeto, lo somete a su propia voluntad, y lo empuja a lo más inverosímil. Opone al goce la eficacia de lo útil podría funcionar perfectamente como una voluntad de extremar las consecuencias inútiles del goce. No hay trabajador más inútil que aquel que se impone por todos los medios ser lo más eficaz  posible, el error o el hastío lo asaltarán mucho antes de lo que pueda advertirse.

La concepción de justicia pone un obstáculo a lo eficaz, porque el reparto equitativo va en dirección contraria a lo que parecería determinar a los sujetos en su diferencia y su particularidad. En el Capítulo “Del Goce” (Seminario 20) Lacan especifica: Allí reside la esencia del derecho: repartir, distribuir, retribuir, lo que toca al goce.” Si hace falta del derecho para repartir, distribuir y retribuir es porque el poder gozar de las cosas nunca podría ser un asunto basado en las buenas maneras, el entendimiento de la humanidad está condenado al fracaso.

Para el psicoanálisis el malestar no es un efecto de la cultura, sino la causa misma de su existencia, y éste no es un solo observable sociológico sino una verificación insistente de la clínica. La ausencia una praxis clínica del sujeto es lo que empuja a Lyotard a formular una utopía como salida al malestar, lo que no impide que esa nueva utopía genere otra vez ese mismo malestar, dado que surge de la necesidad de hacer caer todo saber de la totalidad. El saber que propone, al que llama paralógico, lo define como “una ‘jugada’ hecha en la pragmática de los saberes” (Pág.110). Se trata de un saber que produce una movida en la diversidad de los saberes, movimiento que en los hechos podría funcionar como suturando una herida, esto es muy diferente de la experiencia de un sujeto confrontado a su falta, (que no es otra que la falta del Otro), abrumado en esa situación por la obligación de decidir, y de actuar acorde con su deseo, al que no se tiene acceso con la facilidad de los sentidos.

Producir un agujero en el saber no es lo mismo que hacerlo caer, porque no se trata de reemplazar saberes unos por otros, sino señalar aquello del saber que se enuncia como no-todo, tocando a la verdad en sus efectos. La verdad de un sujeto en particular, verdad a veces insensata, ilógica, solo válida en una historia singular y para una única ocasión. Esto es muy diferente a un saber que cae por

Ser incompleto y decepcionante, es un saber que se define por ser imposible de absolutizar, desde el momento en que le pertenece solo a uno, y solo en ese uno tiene validez.

Por otra parte el psicoanálisis discute una posición mas bien “escéptico”, con respecto a la caída de los saberes organizados, porque no se trata del “digas lo que digas será lo mismo”, lo que podría ser una consecuencia que se podría derivar de la desilusión del saber abarcativo como respuesta totalizadora. En todo caso se trata de inventar en el lugar del vacío una respuesta única, particular, que sirve solo a un sujeto, y que no puede convertirse en receta ideal ni objetivo colectivizable. A eso el psicoanálisis lo llama deseo, eso único que es la forma de dar cuenta de la falla estructural que constituye a la cultura. Porque la propia cultura se va a desplegar justamente a partir de esa falla que la precede.

Es importante en la propuesta postmoderna el pasaje de lo uniano a lo múltiple, la búsqueda de la diferencia pura como lo que daría cuenta de la realidad del mundo. Un mundo múltiple, no inscripto en ningún relato que lo enuncie. La coexistencia de la diversidad. “El saber postmoderno no es solamente el instrumento de los poderes. Hace mas útil nuestra sensibilidad ante las diferencias, y fortalece nuestra capacidad de soportar lo inconmensurable. No encuentra su razón en la homología de los expertos, sino en la paralogía de los inventores.”(Pág.11). Notablemente, esto no impide volver a lo equitativo como ideal, porque falta la especificidad de lo particular de un sujeto que decide, y asume las consecuencias de un acto. En la soledad y angustia de esa decisión los sistemas totalizadores se corrompen, principalmente aquellos que han servido para eludir la toma de posición. En ese punto cada cual ha construido su propio sistema de creencias. La exposición totalizante de los saberes produce la ilusión de la decisión sobre la base de lo ya dado por otros, así se trataría de una diversidad dada de antemano  (“si tienes todas las opciones, ¡por qué quejarse”), olvidando que la elección de un sujeto siempre es en sesgo a lo que ya está en el Otro. La coexistencia de lo diverso no puede separarse en la clínica psicoanalítica de la responsabilidad del sujeto por su acto, y las consecuencias que de él se derivan.

Un debate que se da de hecho entre los dos ámbitos radicalmente diferentes: de lo general de los planteos filosóficos a lo particular de cada una de las experiencias psicoanalíticas, lo que no significa que ese debate no implique extraer conclusiones para ambos. En esa caída de los relatos de Lyotard se puede verificar algo del “malestar en la cultura” de Sigmund Freud, la diferencia pasa por el tratamiento que se le da a esa disyuntiva y que determina esto posteriori. Es famosa la cita que hace Freud del poema de Heine que dice que “el filósofo con su bata y su gorra de dormir tapa los agujeros del techo universal”, la intención filosofía, al menos en su enunciado, no tiene por qué ser la obturación; el problema es como enfrentar aquello que se devela. Los enunciados universales fabrican finalmente un nuevo relato, quizá más lúcida, pero sin consecuencias en la causa de lo que se plantea, es solo una nueva sutura que podría luego servir para volver a obturar.

En razón de lo expuesto, el criterio posmodernista es objetar las elites por su carácter avasallador y dominante, se inclina por lograr un enlace natural que permita a la mayoría disfrutar de una mejor vida; donde el individuo sé yuxtaponga represente, dramatice y se legitime con su comunidad. Sin embargo, es necesario establecer que los motivos del postmodernismo son políticos y estéticos.

En los escritores de esta corriente, se percibe combinación de géneros, por el carácter heterogéneo e híbrido de sus lectores; destacándose también, las protestas heterodoxas y pluralistas. Un ejemplo muy actual, está en la informática con su máxima expresión: Internet.

Otro autor posmodernista, Jean Baudrillard(1985) no está de acuerdo con los significados de los sistemas de consumo, los cuales considera “obscenos”; dado que la destrucción de las culturas autóctonas, por las actividades que ejecutan los grupos, cuyos miembros usando sus fuerzas combinadas “racionales”   destruyen la realidad primaria.

Arthur Kroker(1986) expresa que es una cultura del  excremento; siendo aupado por John Barth (1980)quien considera que las últimas manifestaciones de la literatura son la zanja de desperdicios de unos escritos de relleno cuya inflación, de acuerdo con Newman(1985), una estructura económica inflacionaría; la cual se une con lo manifestado por Jameson (1987) sobre la lógica cultural de un capitalismo tardío.

En ese mismo marco conceptual se encuentra Jacques Derrida (1997), quien expresa que el postmodernismo es deconstructivo o exterminador, pues sus representantes bajo un relativismo o nihilismo, utilizan en sus enfoques subjetivos que producen silogismos imposibles de descifrar, por ende imposibilitan la comunicación. Ejemplo de esta idea, puede percibirse en “The Castle”, escrito por  Frank Kafka (1954); Allí el lector es atrapado en una falsa representación, cuando al tratar de caracterizar al protagonista, se encuentra que dado a los múltiples escenarios, momentos y situaciones en los cuales se le sitúa, no puede lograr una descripción estable del mismo.

En consecuencia, el lenguaje utilizado por los posmodernistas es polimorfo por naturaleza; ello determina que no pueda representar adecuadamente al conocimiento, porque en sí el conocimiento posee un lenguaje codificado. Por ello, cualquier idea de conocimiento que sea expuesta como verdadera tiene la autoridad que Roland Barthes (1974) desmitifica. Por lo tanto, el individuo no tiene una guía de pensamiento, hecho que lo coloca en un lar desordenado, que no puede permitirle arribar a consideraciones plausibles, pues sus ideas son inconsistentes, carentes de sustancia innovadora y creativa. Hecho comparable, según José Álvarez (1998), a la esterilidad intelectual derivada de las actividades onanistas ejecutadas con preservativos ajenos.