Este capítulo presenta una visión externa de la Red, que permite observar su evolución, quién la dirige y hacia dónde se quiere que vaya. Aquí desempeñan un papel importante muchas organizaciones que trabajan por ella y en ella, en cuestiones técnicas, realizando estándares o documentos como los RFC o en cuestiones políticas en pro de unos ideales, que mencionaremos brevemente.
Después se atiende a la sociología de Internet, es decir, aspectos de ética, moralidad, legalidad, conductas radicalizadas, el recurrente tema del sexo y la pornografía y la censura de contenidos.
Se ve también cómo la gente tiende a organizarse y participar, de qué modo lo hace y cómo se puede integrar usted en todo esto, siendo el único que determine cuál va a ser su papel en ella.
Por último, se echa una mirada de nuevo hacia afuera para ver qué puede hacer Internet por el mundo real, ya sea por medio de iniciativas humanitarias o con el compromiso social por los que están o pueden estar marginados de la sociedad de la información.
Román Gubern explica los errores
de la "aldea global" de McLuhan
Por Verónica Abdala
Página 12
El
semiólogo español inauguró ayer con una conferencia un posgrado en Gestión en
Cultura y Comunicación. En ese marco habló incluso del fenómeno de los reality
shows, que comparó con las telenovelas
El teórico canadiense Marshall
McLuhan "se equivocó", sentenció el hombre de cabello blanco y mirada
transparente que presidía el auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca
Nacional. El investigador en comunicación e historiador español Roman Gubern
disfrutó de esa frase, que parecía impactar en el plexo de la concurrencia.
"El concepto de Aldea Global que propuso McLuhan –avanzó Gubern–, suponía
flujos de comunicación unidireccionales, en que, como en cualquier aldea, todos
podían hablar con todos." Eso no ocurrió así. Actualmente, a cuarenta años
de la famosa idea de McLuhan, uno de los profetas de la comunicación de masas,
"asistimos a la monodireccionalidad que impone el Norte frente al Sur.
Somos parte de un mundo en que se impone una monocultura que funciona en base a
intereses mercantiles, antes que políticos o sociales, cuantitativos antes que
cualitativos, y en la que parecen no tener cabida los elementos que pudieran
desarrollarse por fuera de la lógica de mercado".
Gubern –que integró el
staff docente del Massachusetts Institute of Technology, la Universidad de
California, y el Institute of Technology de Pasadena, preside la Asociación
Española de Investigadores de cine y es titular de una cátedra de Comunicación
Audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona– explicó el calibre del
error de McLuhan ayer por la mañana, en el marco de la conferencia Las
comunicaciones en la Aldea Global, que inauguró un curso de posgrado en Gestión
en Cultura y Comunicación, organizado por el INDAC (Instituto Nacional de
Administración Cultural) y Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales). Participaron de la presentación del curso, que se desarrollará a lo largo
del año, el secretario de Cultura y Comunicación, Darío Lopérfido, que destacó
la necesidad de jerarquizar el rol del Estado en tanto propulsor de políticas
culturales, el antropólogo argentino radicado en México Néstor García Canclini,
que se refirió brevemente a la reubicación de las problemáticas de cultura en
tiempos de globalización, la directora de la Flacso, Guillermina Tiramonti, y
el sociólogo Luis Alberto Quevedo, que introdujo al semiólogo español.
Gubern se refirió, en el
marco de la ponencia, al "nuevo escenario tecno-cultural" que
sobrevino a las mega fusiones empresariales que se concretaron en las últimas
dos décadas, tanto entre las grandes compañías de comunicación estadounidenses,
como entre algunas importantísimas empresas norteamericanas de comunicación y
entretenimiento con firmas japonesas. Esta integración en el campo de la
producción cultural dio origen a lo que el denomina "el nuevo eje Los
Angeles-Tokio", y que supone "una expropiación del imaginario
norteamericano" por parte de los japoneses, que así se propaga y se
consume sin aparentes obstáculos, en el resto del mundo. "El 80 por ciento
del material audiovisual que se consume en Europa, es estadounidense, mientras
que sólo el 2% de lo que se consume en Estados Unidos es producido en
Europa", ilustró Gubern, para quien el peligro reside en que "todo
aquello que no se inserta en la lógica de la ganancia y que puede ser
redituable para los empresarios que lideran el campo de las comunicaciones,
queda por fuera, para ser desechado".
La posibilidad de
escaparle a esa "monodireccionalidad y estandarización" de contenidos
y de tecnología, "que se produce en el Norte y se consume en el Norte y en
el Sur", reside en la capacidad de encontrar "brechas, intersticios"
que permitan una suerte de marginalidad del sistema dominante. A eso alude el
concepto de "cultura intersticial", al que el investigador dio
especial importancia. "Tiene conexión con el orgullo que en los años 60
acarreaba el hecho de quedar fuera del sistema, aunque a su vez se diferencia
mucho de aquella filosofía, porque los tiempos son otros", explicó. La
producción independiente en el campo del cine y la televisión, por ejemplo,
significa la posibilidad de escaparle a uno de los mayores peligros que a su
entender supone esta monodireccionalidad, y es que "los países del sur del
mundo, subdesarrollados o en vías de desarrollo, ven su realidad a través de
los ojos del norte, lo que supone una colonización vía satélite de la mirada de
estos países, y su sumisión a la visión de los países más poderosos". A la
hora de ampliar su concepto de Cultura Intersticial, Gubern explicó: "es
lo que queda por fuera de la 'Cultura Spielbergiana' (por Steven Spielberg), lo
que no se somete al sistema de contenidos que proponen la televisión
estadounidense y el imaginario de Hollywood, las posibilidades de consumo
cultural que sobreviven por fuera de la lógica de mercado. En ese sentido
–dijo– considero que Internet, un medio que algunos se empeñan en demonizar
injustamente, es una buena herramienta para acceder, producir y difundir,
contenidos distintos, de producción artesanal o alternativa".
En referencia a la
posible utilidad de la red de redes, Gubern citó al semiólogo italiano Umberto
Eco: "La red es como una gran librería desordenada, es útil, pero su
utilidad es limitada", objetó.
Y la enmarcó en lo que
llamó "la pantallización" de la sociedad. "Un empleado promedio
puede llegar a pasar más de doce horas diarias frente a una pantalla, si
sumamos las que pasa frente a la computadora en el trabajo más las que en su
casa dedica a ver televisión. Eso supone un reemplazo de la experiencia física
real por la experiencia filtrada, mediatizada, que esconde el riesgo de
confundir el mundo real con la virtualidad e irrealidad de las imágenes. No
olvidemos que la experiencia del cara cara es fundamental para el ser humano, y
sobre todo para los niños y los jóvenes", alertó. "La sobreoferta de
información, a su vez, supone un empobrecimiento de la comunicación y de la
posibilidad real de estar en contacto con lo que ocurre a nuestro alrededor. En
otras palabras: más oferta es igual a mayor desinformación e
incomunicación", puntualizó frente a un auditorio que seguía atentamente
sus palabras, y que tras su exposición se animó tímidamente a las preguntas.
"¿Qué opina de los
reality shows, como 'Gran Hermano'?, inquirió una mujer de mediana edad, acaso
con la esperanza de que la reflexión de Gubern pudiese iluminar algún aspecto
de este presente en que, aparentemente, pocos se salvan de querer mirar o ser
mirados. "Para mí, los reality shows son la continuación directa de las
telenovelas que hicieron furor en los 70 y los 80", analizó el semiólogo,
que confesó haber "pasado dos minutos" en la mañana por los canales
de Direct TV que transmiten en directo desde la casa. "La efectividad de
las telenovelas, se basaba en la seducción que implica el poder espiar las
pasiones ajenas. Lo que ocurre ahora es que esas pasiones ficcionales fueron
reemplazadas en la actualidad por las pasiones de la vida real, en que las
lágrimas y el semen son de verdad". El alcance de este juego en que
"muchos pagan el derecho de espiar por el ojo de la cerradura a unos
pocos, porque suponen que ese mundo es más auténtico que el que veían
antes" son imprecisos. "¿Llegará el momento en que el público
argentino espere que hasta la muerte de la televisión sea una muerte de
verdad?", preguntó, y nadie se atrevió a contestar.